Imagen 1. Castro, Casimiro- García, Francisco. “Veracruz amurallado”, en México y sus alrededores: colección de monumentos, trajes y paisajes dibujados al natural y litografiados. México, Decaen editor, 1856. (General Research Division, The New York Public Library. Digital Collection ID: 1519712). Recuperado de: http://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e2-16bd-a3d9-e040-e00a18064a99
El puerto más importante y fortificado de México quedó destruido después de tres días de bombardeo sobre la población civil del 22 al 24 de marzo de 1847 en la primera operación anfibia en la historia del Ejército de los Estados Unidos, y quizá el primer bombardeo a una ciudad. Aislados y sin refuerzo alguno, en el centro del país tuvieron que rendirse después de resistir heroicamente.

Problemas estratégicos después de la campaña de Monterrey
Para fines de septiembre de 1846, el general Zacarías Taylor tenía a México atrapado con una firme pinza formada por Monterrey y Nuevo México, esto significaba la “caída del fruto” con un mínimo esfuerzo. En California de la misma manera los objetivos de Polk se estaban cumpliendo. Muchos de los que regresaban a casa pensaban que la guerra estaba por terminar, pero los orgullosos y tenaces mexicanos no daban señales de aceptar la derrota. Con el general Antonio López de Santa Anna consolidando su poder más la línea de aprovisionamiento de Taylor sostenida precariamente entre Monterrey y Brazos Santiago, en la costa de Texas, la posición de los invasores en Nuevo León no era de manera alguna envidiable. Un corresponsal del New Orleáns Picayune evaluaba la situación:
Jamás hubo nación más equivocada como nosotros lo hemos estado con respecto a México. Esto lo digo principalmente sobre sus recursos militares. La gente es guerrera y tiene una gran cantidad de parque. Nuestras batallas contra ellos los han hecho mejorar como soldados. La invasión es aborrecida y ha unido a todas las causas en una resistencia en contra de nosotros. Las batallas de Palo Alto, Resaca de la Palma y Monterrey fueron libradas con su guardia de frontera. De aquí en adelante, si queremos seguir tierra adentro en esta dirección, nos encontraremos con su verdadero ejército, hecho de rudos campesinos y soldados de la mejor clase. Así que creo que no hemos herido a su nación, sino que les hemos hecho un bien, desafiando a los viejos oficiales, causando que su ejército sea puesto bajo las órdenes de oficiales jóvenes, más ambiciosos, valientes y generales más expertos. De hecho, lejos de que la guerra esté por terminar, apenas ha comenzado.
Tenemos una posición crítica. Nuestras provisiones en Camargo a 180 millas deben seguir estacionadas ahí. Esta línea no tiene protección. Las tropas conformadas por campesinos, que son cerca de 2,500, están tras de nosotros en un movimiento de guerrilla, y si deciden actuar nos van a cortar las provisiones. Aunque este es un valle muy rico sus recursos no son los adecuados para nuestras necesidades, a excepción de la carne. Nuestro ejército, o más bien la parte efectiva de él, es minúscula para enfrentarse con una fuerza superior. Está debilitado físicamente, pues ha estado en campaña por más de 13 meses, con ropa desgastada y además expuestos a muchas carencias. Hay muchos voluntarios pero, con excepción de aquellos regimientos comandados por oficiales del ejército, carecen de disciplina. Supongo que la capacidad se mostrará cuando lleguen los demás 9,000 hombres, aunque hemos escuchado que los mexicanos planean hacernos frente con una fuerza de 30,000. Estoy convencido, así como también lo están todos los oficiales, de que hemos cometido un error irreparable en abandonar el Río Grande y adentrarnos en esta dirección.
Para terminar con esta guerra se debe realizar un ataque mucho más importante, más cercano a la capital; y ese es Veracruz que debe ser tomado por la ruta de Alvarado. Estamos a más de 700 millas de la ciudad de México, con un inmenso desierto por delante que atravesar. En una palabra, para hacer una paz económica con México se deben rehacer algunas cosas, y nuestro gobierno debe comenzar de nuevo: despidiendo a los voluntarios, creando una fuerza de soldados de 30 a 40 mil efectivos. Tenemos la amenaza de una guerrilla activa que está en nuestra contra. Ubiquémonos donde debemos: las montañas y estrechos son la posibilidad de lograr nuestro éxito o nuestro desastre. Nuestro ejército, como se encuentra ahora, puede ser comparado al ejército francés en España cuando José fue expulsado. (1)
1 – Correspondencia del New Orleans Picayune, citado por Nile´s National Register, vol. 71, 14 de noviembre de 1846, pp. 164-165.
El general mayor Thomas S. Jesup (2), quién no era un admirador de Taylor, señalaba la precaria dispersión del ejército norteamericano como una violación de un principio básico de guerra:
2 – Jesup había sido general en el Cuartel General desde el 8 de mayo de 1818. Para conocer más sobre Jesup y su carrera ver capítulo VIII. Jesup y Taylor discutieron sobre la falta de apoyo al último por parte del Cuartel General en las campañas del Río Grande y del Norte de México.
El ejército en México está disperso en pequeños destacamentos, en lugar de estar concentrado como debiera; lo cual da una muy buena oportunidad para el “Napoleón del Sur” -como él mismo se llama-, para deshacer muchos núcleos sucesivamente; que solamente si se hacen de forma rápida y enérgica se tendrá éxito; si es que este Napoleón sureño posee algunas de las virtudes del Napoleón del norte. Pero creo que esta versión mexicana es muy deficiente comparado con muchas de las cualidades que caracterizaban al jefe Corzo. (3)
3 – General mayor Thomas S. Jesup, Brazos Santiago a coronel Henry Stanton, asistente del Cuartel General, Washington, D.C., 28 de diciembre de 1846. Fondo Thomas Sidney Jesup, DLC.
La administración Polk no tenía ninguna intención de actuar a la defensiva. En lugar de eso decidió llevar la guerra al corazón de México y dictar la paz desde la capital del enemigo. Aunque estaba lejos de Washington y ciertamente no estaba dentro del círculo de estrategas, el general mayor John Anthony Quitman no dudaba en expresar al gobierno sus puntos de vista en una carta que escribió al secretario del Tesoro:
Su posición prominente en la administración y nuestra larga e íntima relación me llevan a dirigirme a usted sin reservas al respecto de algunos asuntos del más alto interés para el país y para la presente administración (…) Se me ha informado muy recientemente que oficiales de alto rango han recomendado el cese de operaciones ofensivas en el futuro, optando por permanecer solamente en las provincias mexicanas conquistadas, estando siempre a la defensiva. Esta política sería en mi opinión desastrosa y también perniciosa para el país. Y daría como resultado la prolongación y la acumulación de gastos de guerra. Por no mencionar el desprecio a nuestro espíritu nacional que vendría de parte de Europa y hasta de México.
El insulto a la nación es al fin una causa de guerra ¿La ocupación de un territorio sin valor, aun desde el punto de vista mexicano, hará que se reaccione como si se le hubiera hecho una afrenta nacional? ¿No haría esta política que la guerra se prolongara? Pronto lo sabrá México. Bajo estas perspectivas de ataque, seguro necesitará no solo defender sus puntos de avance sobre nuestro frente, tal vez de manera silenciosa y segura esperar el crecimiento de sus recursos hasta que hubiera algún golpe de suerte a su beneficio. Todos los puntos ocupados son igualmente accesibles para ellos, por lo que pueden escoger su propio ritmo para atacarnos de cualquier manera, ya sea por medio de una fuerza devastadora y dejar a nuestros resguardos aislados, o derrotar nuestros destacamentos poco a poco. Supongamos que siguiendo esta política ocupáramos Tampico pasando por ciudad Victoria, Linares, Monterrey o Saltillo y Monclova hasta Santa Fe. Se requeriría de 25,000 hombres: 5,000 en Tampico, 5,000 en Victoria, 5,000 en Monterrey y Saltillo y 5,000 de Monclova a Santa Fe y al menos 5,000 para proteger las bodegas y transportación en la retaguardia, aún así Tampico y Monterrey estarían expuestos a quedar a merced del ejército mexicano antes de que pudiéramos enviarles refuerzos desde cualquier otro punto. Sin embargo, si tuviéramos un ejército eficiente de solo la mitad de esta fuerza, avanzando sobre Potosí u otro de los puntos vulnerables en el avance de nuestro recorrido, cubriría de manera más efectiva todo el frente estratégico en la retaguardia de este movimiento, forzando al enemigo a concentrar sus fuerzas y encontrarnos en el campo de batalla, o dejar descubierto el camino hacia la capital. No pretendo de modo alguno designar a Potosí como el mejor lugar para nuestras operaciones, sino solo dar mi opinión de que la guerra debe seguir penetrando en el país con el mayor número de líneas de acción posibles, y con una fuerza adecuada, digamos 12,000 hombres bien equipados.
De acuerdo con la información que he logrado reunir, no dudo que esa fuerza pudiera tomar Potosí, aunque fuera peleando contra 30,000 mexicanos. El único obstáculo en el camino es lo que se dice sobre la deficiencia en la provisión de agua. No dudo que esto sea una exageración. Estoy seguro de que eso se puede resolver en una enorme variedad de formas, las cuales no pretendo detallar para no cansarlo. Al enemigo que tenemos enfrente no lo lograremos impresionar y hacer a que respeten nuestro poder y carácter nacional si no es mediante fuertes golpes. Solo nos respetarán temiéndonos. Además, esta forma de proseguir la guerra va más de acuerdo con el carácter de la fuerza provisional que tenemos en el campo y con la ardiente y enérgica disposición del pueblo de los Estados Unidos, y estará más en concordancia con nuestras pretensiones de ser una de las principales potencias del mundo civilizado. Además de que los altos costos que conlleva una guerra están calculados para tener los más serios efectos sobre la administración en el poder, a menos que estos sean compensados con espectaculares resultados. El campo está abierto si se planean las cosas con cuidado (…) Si esta campaña se desperdiciara en la inactividad costaría lo mismo, y perderíamos lo mismo, que si se pusiera un ejército adecuado en el campo de batalla. Tenga por seguro que México nunca firmará la paz bajo ninguna condición, hasta que haya recibido unos fuertes golpes. (4)
4 – General mayor John A. Quitman, Campo Allen cerca de Monterrey, a Robert J. Walker, secretario del Tesoro, Washington. D.C. 18 de noviembre de 1846, Western Americana MSS, Beinecke.
Se consideraron muchas rutas posibles para el avance: la que iba de Monterrey pasando por San Luís Potosí se rechazó debido a la distancia y las dificultades del terreno. Taylor mismo consideró ese avance. Así lo escribe:
No intento llevar adelante más operaciones (…) Más allá de Saltillo, creo que son casi imposibles (…) De Saltillo a San Luis Potosí, el siguiente lugar de importancia en el camino hacia la ciudad de México, hay 300 millas -140 con muy pocas posibilidades de agua y donde no se podrán obtener provisiones ni para hombres, ni para los caballos-. He informado al Departamento de Guerra que serían necesarios 20,000 hombres eficientes para asegurar el éxito si nos desplazáramos hacia ese sitio (una ciudad con una población de 60,000 habitantes, donde el enemigo podría reunir y mantener, junto con los ciudadanos, un ejército de 50,000). Dicho número considero no sería reunido por nosotros, aun teniendo los carros necesarios para alimentarlos y transportar muchos otros implementos, particularmente artículos y municiones de guerra. (5)
5 – “Carta del general Taylor”, general Mayor Zacarías Taylor, Monterrey, a (n.d), 9 de noviembre de 1846, New York Express, citado en el Boston Advertiser, 25 de enero de 1847.
Génesis de la expedición de Scott

Otro punto a favor que facilitó la invasión a México por Veracruz fue la ocupación del puerto de Tampico en noviembre de 1846 por el comodoro David Conner (6). La ocupación militar de ese puerto fue hecha en seguida. El 4 de enero, Taylor entró a Ciudad Victoria después de marchar a Monterrey, aunque regresó pronto a su base de operaciones en las cercanías de Saltillo para encontrarse con una avanzada de Santa Anna, hecho que culminó en la batalla de Buena Vista de la que ya se habló. Taylor entonces abrió la posibilidad de abastecer al ejército por una vía no terrestre a través del puerto de Tampico, y asimismo hacerlo base de operaciones para sus acciones. Pero un ataque directo a la ciudad de México desde Tampico era poco factible (7) debido a la difícil topografía de la Sierra Madre Oriental. Esto llevó a otra posibilidad: un ataque anfibio contra Veracruz y luego seguir la histórica ruta de Hernán Cortés. Esto parecía una jugada muy arriesgada. Arthur Campbell, un prominente miembro del opositor partido Whig en Washington, expresó así sus dudas:
6 – Conner era comandante en jefe del escuadrón de Casa (1846-1847); fue sustituido por el comodoro Matthew C. Perry el 21 de marzo de 1847.
7 – Tan tardíamente como septiembre de 1846, sin embargo, el secretario de Guerra Marcy consideró seriamente el avance por tierra desde Tampico. Ver William L. Marcy, Departamento de Guerra, Washington, a general Zacarías Taylor, 1 de septiembre de 1846, Western Americana MSS, Beinecke. Marcy escribe: “Se pretende hacer un descenso desde el Golfo de México, tan pronto como la estación haya avanzado, para mantener con seguridad y salud a nuestras tropas. La atención está puesta en Tampico como uno de los lugares para iniciar el ataque. Puede ser importante considerar ese lugar y mantenerlo en posesión, así como el territorio aledaño como campo de operaciones. Aunque nuestra información no es completa y precisa como quisiéramos en relación con el interior del país y la vecindad de Tampico, aún esto nos induce a creer que es una importante posición para mantenerlo ocupado y para facilitar el futuro curso de la guerra”.
Polk está al frente de los asuntos y permanecerá ahí al menos por dos años más, y es tan obstinado como el viejo Calvino o John Knox. No tengo la menor duda de que él y sus consejeros están ansiosos por conseguir la paz, pero no sin antes quedarse con una enorme porción de México para pagar los gastos de la guerra, en otras palabras, para preservar su popularidad. Esto es algo que México aún no está dispuesto a entregar, no será fácil forzarlo más que por medio de las armas. No se engañen al pensar que un ejército puede marchar desde Tampico hasta México sin tener ninguna fuerza opositora en su camino por el interior del país. Aunque entiendo que la cabeza del Departamento de Guerra diga que eso puede ser factible. Los pasos montañosos entre Tampico y el interior de México lo hacen casi imposible. No poseemos un mapa correcto de México, dado que muy pocos de nuestros científicos han viajado tan lejos al interior de este país. Según la opinión de varios buenos jueces de aquí, por su naturaleza, México es el país más difícil del mundo para que un ejército invasor lo cruce. Hacer marchar a las tropas desde Monterrey hasta México capital sería, quizás, semejante a la campaña de Napoleón hacia Moscú, aun si tuviéramos posesión de Veracruz se presentarían las mismas dificultades, aunque no tan extremas. Este es el punto de vista de algunos de nuestros asesores aquí, y ahora ante tales eventos. Supongo que el general Taylor y sus hombres saben más de México que todas las demás personas en los Estados Unidos juntas. Y ellos pueden idear caminos y formas para llevar a los mexicanos a firmar un convenio en los términos en los que estoy seguro de que Polk y su gabinete no pueden. (8)
8 – Arhur Campbell, Washington a David Campbell, “Montcalm”, Abingdon, Virginia, 15 de noviembre de 1846, Fondo David Campbell, Duke.
La invasión de Veracruz parecía ofrecer las mejores posibilidades de éxito. Como lo escribió el teniente William T. Withers (9) desde Monterrey: “Queremos Veracruz y tendremos Veracruz, si es que esta guerra continúa. Una vez que estemos en posesión de ella podremos tener una visión más clara del asunto. Si no podemos tomarla, no veo cómo podremos llegar a la ciudad de México.” (10) El presidente Polk y el secretario de Guerra Marcy llegaron a la misma conclusión: la vía marítima debería de ser la forma en la que se llegaría a la ciudad de México (11). El general mayor Winfield Scott, general en Jefe, finalmente tendría su oportunidad de dirigir la campaña, aunque ni Polk ni Marcy fueran sus adeptos. (12) La mayoría de los soldados de Taylor, y más aún sus voluntarios, serían transferidos a la expedición comandada por Winfield Scott.
9 – Teniente William T. Withers fue 2º teniente del 2º Regimiento de Voluntarios de Kentucky.
10 – Teniente William Th. Withers, Cuartel General 1ª División, Monterrey, a Dr. Montgomery W. Boyd, noviembre 10, 1846, Western Americana MSS, Beinecke.
11 – Fue con muchas reticencias que Marcy y Polk llegaron a esa conclusión. Aunque Scott estaba listo para partir a su expedición en el Golfo, Marcy se opuso a la idea de cualquier avance tierra adentro desde Veracruz hacia la ciudad de México.
12 – Winfield Scott nació cerca de Petersburg Virginia en 1786, fue capitán de artillería ligera el 3 de mayo de 1808; teniente coronel 2º Artillería, 6 de julio de 1812; coronel, 12 de marzo de 1813; general brigadier, 9 de marzo de 1814, y general mayor, 25 de junio de 1841. Desde el 5 de julio de 1841 al 1 de noviembre de 1861 fue general en jefe. Ascendido a general Mayor por su participación en Chippewa y Niágara en la Guerra de 1812; y a general teniente por sus servicios en la Guerra contra México. En Washington, Scott tenía más prestigio político que cualquier otro militar de su tiempo. En 1839 obtuvo treinta y nueve votos electorales en la convención Whig para la presidencia de la República. Con 1.90 m de estatura y de complexión gruesa, su presencia era impresionante. De carácter fuerte y seductor, para algunos arrogante, hablador y obsesivo con los detalles. En las primeras etapas de la guerra, Scott discutía con Polk y Marcy sobre asuntos administrativos y estratégicos y las consideraciones políticas sin duda creaban disensión, con el resultado de que Scott, quejándose que estaría sujeto a “fuego por la retaguardia”, no asumió el mando en 1846. Fue Marcy quien finalmente convenció a Polk de que Scott debería dirigir la expedición a Veracruz en 1847. Taylor estaba surgiendo velozmente como un candidato Whig a la elección presidencial de 1848, y todo le favorecía tras la estrepitosa caída de Thomas Hart Benton, un dirigente demócrata en el Congreso. Nadie en el bando demócrata parecía ser contendiente serio. Aunque Scott era un influyente Whig, no tenía la popularidad de Taylor y era un comandante hábil. Scott, sin embargo, desde el inicio de la campaña, se quejó de no contar con el apoyo de la administración de Polk.
Scott se dio a la tarea de conformar su ejército. Reveló sus planes en una carta enviada al comodoro David Conner, quién estaba al mando del escuadrón que bloqueaba la costa del Golfo de México:
Sin duda, usted habrá sido informado por el Departamento de la Marina de que he sido enviado a México y de la probabilidad de nuestra llegada, la cual será en cuanto sea posible, teniendo como objetivo planear operaciones contra el enemigo. He previsto con sumo placer ese movimiento. Haré todo lo que esté en mi poder para que mis servicios sean cordiales y efectivos. Estoy seguro de que usted me dará una bienvenida amistosa. Este será el comienzo de una correspondencia, que de mi parte será muy frecuente, en la que trataremos estos temas. Espero que también usted escriba frecuentemente de todos los temas que puedan hacer que nuestro servicio en equipo funcione perfectamente.

Desde 1841 Winfield Scott era jefe de las fuerzas armadas de los Estados Unidos; el presidente Polk, al inicio de la guerra, no lo había tomado en cuenta. Solo cuando aumentó la popularidad del general Taylor, lo designó para que dirigiera el ataque a la ciudad de México. Scott era conocido con el apodo de Viejo todo Fastidio y Pompa (Old Fuss and Feather), por su apego al reglamento y su propiedad en el vestir; su personalidad contrastaba con la de Taylor, apodado Viejo Rudo y Rápido (Old Rough and Ready) por los soldados.
Usted está al tanto sobre el punto en el cual nuestra asociación se volverá más cercana. Estaré listo para descender, en los primeros días del mes, dentro de dos meses. Se harán todos los esfuerzos para zarpar de Brazos Santiago y de Tampico a tiempo, con las tropas necesarias. He calculado 12 o 15 mil, además de las fuerzas que usted aportará del escuadrón de bloqueo, lo que sería lo más deseable; pero deberá esperarme, si puedo zarpar a tiempo, para reunirnos a principio de febrero con diez, ocho o cinco mil hombres. Los refuerzos terrestres se esperan de la costa del atlántico con hombres de Ohio y Mississippi, todos voluntarios nuevos para que se unan a los soldados, y a los demás voluntarios que vienen de las fuerzas del general mayor Taylor.
He seleccionado el día 15 del mes entrante para la reunión de todos los que tienen que ver con esta expedición que voy a conducir desde los dos puntos que he mencionado arriba; pero no espero que más de tres regimientos puedan estar listos tan rápido. Deberé de ir reuniendo después más hombres de las fuerzas que ya están en el Río Grande y más allá. Sé que ha regresado el vómito negro entre la tropa, a principio de abril en el sitio desde el que deberán comenzar nuestras operaciones, por lo cual no se deben esperar un gran número de tropas terrestres, aunque hubieran sido deseables. Este número dependerá en gran medida de la fuerza opositora que esperemos encontrar al desembarcar, y con ello me refiero al ejército efectivo real, no a unos cuantos guardias y armas que tiene cualquier ciudad o fuerte.
Me embarcaré hoy mismo en Brazos, por eso escribo tan precipitadamente. De ahí deberé ir a Camargo por unos días, pero, desde donde sea que esté, no será difícil que me encuentre. Tal vez considere más apropiado enviar por un vapor nuestra correspondencia. Mis recursos de ese tipo están en Brazos, aún no puedo precisarle cómo. Aunque ocasionalmente puedo encontrar un vapor para este propósito, al menos hasta que deje Tampico.
De acuerdo con la información que me acaba de llegar, creo que es muy probable que logre hacer el camino entre la isla Lobos y la principal, que está a 50 o 60 millas de Tampico, para hacer una junta general de los veleros y demás transportes que llevarán a las tropas y los artículos destinados para la expedición en cuestión. Si hay un buen muelle, como se me ha reportado, servirá excelentemente para mis planes. Por favor, deme informes sobre este particular, de otra forma estaré restringido para actuar, hasta cierto punto antes de saber de usted. (13)
13 – General mayor Winfield Scott, Cuartel General del Ejército, Nueva Orleans, a comodoro David Conner, Marina de los Estados Unidos, comandante del bloqueo a la Costa de México, 23 de diciembre de 1846, Casa de Representantes, documento ejecutivo No. 60, 30 Congreso, 1er Sesión, pp. 842-843.
Winfield Scott asume el mando
A mediados de febrero, Scott pudo dejar Brazos Santiago. El día 19 llegó a Tampico donde recibió una “estruendosa bienvenida” de parte de las tropas que aguardaban el siguiente movimiento -un movimiento del cual los mexicanos parecían estar bien informados-. Un reportero describió la escena en Tampico:
El general Mayor Scott y su equipo se embarcaron en Río Grande en el vapor Massachusetts y llegaron a Tampico por la tarde del 19 de febrero. Por supuesto, tuvo una “estruendosa bienvenida”. Desembarcando a la mañana siguiente, se dirigió al cuartel del general Patterson (14), donde recibió la atención adecuada a un comandante en jefe, y la bienvenida de sus amigos. Encontró 9,000 hombres en Tampico, listos para embarcarse. Cuatro brigadas bajo el mando de los generales Twiggs, Pillow, Shields (15) y Quitman se embarcarán los días 20 y 21.
14 – El general Mayor Robert Patterson fue capitán del 32º de infantería durante la Guerra de 1812. Regresó al servicio militar como general mayor de Voluntarios el 7 de julio de 1846. En diciembre de 1846, cerca de 1,500 voluntarios bajo su mando (dos Regimientos de Infantería de Illinois y un Regimiento de caballería de Tennessee) avanzaron de Matamoros a ciudad Victoria y desde ahí a Tampico, donde Patterson estuvo por un tiempo al mando, después el mando lo asumió la Marina que instaló un pequeño destacamento de soldados regulares. En la expedición de Scott a Veracruz él comandaba la División de Voluntarios.
15 – General brigadier James Shields, general brigadier de voluntarios el 1 de julio de 1846. Fue gravemente herido en Cerro Gordo. Durante la Guerra Civil fue general brigadier de voluntarios del Ejército de la Unión.
El escenario en y alrededor de Tampico está agitado al extremo. Hay revisiones diarias de las tropas en regimientos y brigadas; a diario, llegan barcos con alimentos, mercancía, y equipo militar, etc. El pueblo norteamericano está lleno de excitación y al pendiente de los próximos acontecimientos. Todo anuncia acción de la más alta intensidad. Todo tranquilo, en lo que respecta al enemigo en el interior. (…)
Para darles una idea de lo que se espera que se hará, les informaré de lo que sucede en cuanto a municiones: primero, hay alrededor de 100,000 municiones; cohetes, granadas y una enorme provisión de toda clase de combustibles; 40 morteros y columbiads (un cañón de cámara larga diseñado para lanzar cargas pesadas a altos grados de elevación), algunos de ellos de un calibre de 10 pulgadas para balas de 20 a 24 lb; tres baterías de campo, consistentes en cañones de 6 y 12 lb, y 12 obuses de 24 lb. Junto con todo esto van los ingenieros militares de excavación, mineros y la estructura flotante que servirá como muelle o atracadero.
No existe un solo mexicano que no sepa que nuestras tropas se dirigen a Veracruz, mientras que en los Estados Unidos estamos en la ignorancia. Santa Anna se las da de mantenerse muy al día de nuestros movimientos. Yo casi me atrevo a decir que al momento sabe tanto de nuestros planes e intenciones, de nuestro número de efectivos y del tamaño de nuestra fuerza como cualquiera de los que están en las oficinas generales de la ciudad de Washington. Los mensajeros que informan de este acontecimiento son enviados a través del territorio enemigo, casi sin custodia, como si llevaran forraje, recuas o carros sin ninguna buena o fuerte vigilancia, al punto de que fácilmente caen en nuestras manos.
Toda la fuerza que está aquí, a excepción de los voluntarios de Luisiana (16), el Batallón de Baltimore y una compañía de artillería, se pondrán en camino hacia Veracruz en poco tiempo. Los que he nombrado permanecerán aquí bajo el mando del coronel Gates (17) para proteger la ciudad.
16 – Parte del Regimiento de Voluntarios de Luisiana, comandado por el coronel Louis G. DeRussy, fue despachado en la costa de México, opuesta a la Isla de Lobos, el 6 de febrero de 1847. Después de haber sido casi capturado por los mexicanos, el regimiento finalmente llegó a Tampico para unirse al Ejército de Scott.
17 – El coronel William Gates fue coronel del 3º de Artillería el 13 de octubre de 1845. Fue dejado al mando del puerto de Tampico y ahí permaneció por el resto de la guerra.
Todo indica que habrá un movimiento sobre Veracruz, que lejos de haber sido abandonada por los mexicanos, parece que está haciendo esfuerzos para defenderse. Hombres, mujeres y niños se dice que están trabajando en las tareas de defensa, haciendo zanjas, removiendo bancos de arena etc. Han llegado tropas de refuerzo y se sabe que Santa Anna ha destinado $75,000 de su propio bolsillo para solventar las exigencias inmediatas del lugar. (18)
18 – Lumsden, uno de los editores del New Orleans Picayune, escribiendo desde Tampico, 20 de febrero de 1847, citado en “Guerra con México”, en Nile´s National Register, Vol. 72, 20 de marzo de 1847, pp. 35-36.
El general Scott dejó Tampico casi inmediatamente (20 de febrero) por la Isla de Lobos a 16 km de distancia de la costa y a cerca de 96.6 km al sur de Tampico. Aquí la flota norteamericana se estaba preparando para la última etapa del viaje a Veracruz. Desde la Isla de Lobos, Scott escribió al secretario de Guerra Marcy:
Dejé Brazos el 15 y Tampico el 20, habiendo realizado varios asuntos oficiales en este último lo que me retrasó treinta horas.
Una pequeña parte del transporte convenido en Nueva Orleáns, de acuerdo con mis órdenes del 28 de diciembre de 1846, a recibirse por las tropas en Brazos y en Tampico se ha reportado en ambas plazas. Sin embargo, ninguno de los diez transportes ordenados en su memorándum del día 15 de ese mes lo ha hecho, y todos eran esperados en Brazos el 15 de enero.
He dado órdenes en ambos sitios para suplir las deficiencias, tomando barcazas y veleros pequeños -que puedan estar en camino-, me he apresurado a esta reunión general, donde, como he escuchado, ha habido un brote de viruela entre los voluntarios. También estaba ansioso por saber que ha sido de los voluntarios del 2º de Mississippi (19). Regimiento que, sé, ha zarpado sin sus armas en enero desde Nueva Orleans por Brazos, de acuerdo con mi orden número 6 del día 30 de ese mes, pero por una completa incomprensión o fatalidad, y por obedecer la primera y no la última orden recibida, encontré a uno de los transportes de este regimiento a las afueras de Tampico y los otros dos restantes aquí. Ninguno había dejado Brazos, donde los tres barcos habían estado largo tiempo, mientras estábamos en dificultades, confiados en recibir otras tropas.
19 – Para ver las desgracias de este regimiento en su camino a la guerra, ver Capítulo I.
A los numerosos destacamentos de Mississippi se les había ordenado retroceder a Brazos, como yo mismo me percaté, pero considerando los accidentes y retrasos en esta terrible costa, los barcos no podían encontrarse a tiempo con las tropas para el desembarco. De hecho se nos ha venido el tiempo encima, tomando en cuenta el regreso habitual de la fiebre amarilla a estas costas, por lo que no puedo esperar más de un día o dos al brigadier suplente, general Worth, estando retrasado como lo he dicho y con solo una parte de soldados, y un gran cuerpo de viejos voluntarios que están en Tampico (…) No puedo esperar más de 48 horas por nadie, a excepción del brigadier suplente general Worth, las compañías de Artillería Montada de Duncan y Taylor (20) y por nadie más; dos tercios de las armas y sus reservas y la mitad de los botes rompe olas están aún sin ser notificados; aunque el general adjunto Jones se reportó conmigo el día 23 del presente, comunicándome que todos ellos se habían embarcado, para entonces ya estaban yendo en camino a Brazos. Así escribió, como lo entendí, que yo podría disponer de los 10 transportes de lastre de los puertos del Atlántico que habían sido ordenados por usted tal y como habíamos acordado.
20 – El capitán Francis Taylor comandaba la Compañía K del 1º de Artillería.

Tal vez ninguna expedición sufrió jamás tanto retraso como esta -por falta de previsión, arreglo o energía de mi parte, como me atrevo a afirmar– bajo circunstancias tan críticas para este ejército; como para todos los implicados, sabiendo desde el principio, como lo sé, que sería fatal para nosotros intentar operaciones militares en la costa después de la primera semana de abril, estando ya a fines de febrero.
Con todo esto, el ejército está animado de corazón, aunque paralizado como estoy, por no contar con lo que se nos prometió y lo que necesitamos, seguiré adelante esperando tomar Veracruz y su Castillo a tiempo para salir persiguiendo al enemigo, de la pestilencia de la costa. (…)
Encuentro esta bahía, en comparación a otras más al norte, mucho mejor de lo que yo hubiera imaginado. Ha habido viento por cuarenta horas, lo que ha ocasionado que se extiendan las velas de los buques que estaban fuera de Brazos y Tampico listos para navegar. Lo siguiente será llevar la flota a Antón Lizardo (21), a donde estoy mandando barcos rompe olas con el propósito de que estos últimos sean puestos en camino bajo el cuidado de la Marina y estén listos a mi llegada.
21 – Antón Lizardo es una bahía profunda a 22.5 km al sureste de Veracruz y como a 322 km. De la Isla de Lobos.
El capitán Saunders (22), del buque de guerra de los Estados Unidos St. Mary, me ha hecho los más valiosos servicios en general, además de atracar y buscar más voluntarios. La isla les ha proporcionado el beneficio de poder hacer ejercicios militares, y de tener agua tolerablemente bebible. Los pocos botes rompeolas que han zarpado están admirablemente adaptados para todos los propósitos para los cuales fueron creados. (23)
22 – Capitán John L. Saunders.
23 – General mayor Winfield Scott, Cuartel General del Ejército, Barco Massachusetts, frente a Lobos, a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, D.C., 28 de febrero de 1847, Casa de Representantes, Documento ejecutivo No. 60, 30 Congreso, 1er Sesión, pp. 896-898.
Una nota mucho más festiva fue enviada desde Isla de Lobos por el corresponsal del Philadelphia North American, quien sin la presión de tener que ganar una guerra se deleitaba con las delicias tropicales:
Esta carta está escrita desde la más deleitable isla tropical que se haya descubierto por cualquier aventurero en cualquier clima.
La Isla de Lobos es un pequeño y encantador sitio formado enteramente de coral, que mide como dos millas de perímetro, a doce millas de las costas mexicanas, y cerca de sesenta millas de Tampico y ciento treinta de Veracruz. Está cubierto (o lo estaba antes de que llegáramos) con una variedad de arbustos y árboles, los más altos de los últimos aproximadamente de veinticinco pies, tan cubiertos de enredaderas que cuesta trabajo pasar entre ellos. Los árboles, arbustos o plantas que crecen aquí no los había visto antes. Los matorrales se esparcen en grandes pedazos de tierra, sus troncos forman puntales que perforan la tierra y se enraízan mientras que sus copas forman un enramado siempre verde con los más bellos árboles: limón, lima, higo, palma, caña y cientos de especies de árboles que crecen con toda la frescura y belleza de las Indias. Hay agua suficiente si se cava de cuatro a seis pies. El sabor es entre salado y dulce, pero nos estamos acostumbrando a ella, y casi nos gusta tanto como la que traemos en los barcos. Los pescados y mariscos se dan en profusión; a esto se agrega un delicioso aire marítimo que hace de este sitio disfrutable catorce horas de las veinticuatro del día.
Me imagino que será difícil convencerles, a los que lean estos garabatos junto a un buen fuego de chimenea, que nosotros nos estamos literalmente rostizando durante algunas horas del día. El sol es tan fuerte que nuestras caras y brazos se ampollan si los exponemos aunque sea unos minutos. Hoy, he calculado 92 ºF a la sombra. El dicho generalizado entre los voluntarios es el de: “Si esto es en invierno, ¿qué será en verano?” (24)
24 – Correspondencia del Philadelphia North American, fechado en Isla de Lobos, Golfo de México, 7 de febrero de 1847, en Nile´s National Register, Vol. 72, 13 de marzo de 1847, pp. 21-22.

Carácter del ejército de Scott
Pero ¿quiénes eran los hombres que se disponían a la batalla? ¿cuáles eran sus pensamientos mientras esperaban marchar a la guerra? ¿cuáles eran sus miedos y esperanzas? El capitán John R. Vinton (25), del 3º de Artillería, tenía algunos recelos, era en muchos sentidos un oficial modelo, un soldado de carrera, que moriría antes de Veracruz el 22 de marzo. En una reveladora carta a su madre, escrita desde el muelle de la Isla Lobos donde abordaría el barco insignia de Scott, el vapor Massachusetts, nos relata:
25 – Capitán John R. Vinton de Rhode Island tuvo una larga y honorable carrera en el ejército regular. Se graduó en West Point como 3er teniente, Cuerpo de Artillería en julio de 1817; 2º teniente en octubre de 1817, transferido al 4º Artillería en 1821, al 3º Artillería después ese mismo año. Fue capitán en diciembre 28,1835. Después de Monterrey fue ascendido a mayor.
Estamos en esta pequeña isla libres de peligro, anclados en espera de vientos u olas. Cuarenta extraños veleros están también anclados esperando órdenes para desplazarnos hacia Veracruz, las cuales serán dadas tan pronto como la división de retaguardia llegue, quizá dentro de dos días. Cinco mil efectivos serán desembarcados de golpe, tal vez en Antón Lizardo, o en la Isla de Sacrificios (26), una segunda línea seguirá a esto para poder hacer el movimiento con seguridad, sin importar qué fuerza posea el general mexicano contra nosotros. Nuestro ejército es muy poderoso y no creo que Veracruz pueda resistir al ataque o bombardeo por dos días sin capitular. El general Scott, con quién tengo una constante y amable relación, y su equipo están en este velero, de forma tal que puedo escuchar todos los planes y proyectos de primera fuente. Nada puede ser más agradable que esto para alguien como yo tan interesado en las operaciones militares. Nunca he visto un combate, así que todo lo que vayamos a hacer en esta operación será nuevo para mí. El clima es muy agradable, nuestras tropas gozan de buena salud y ánimo, lo que parece auspiciar un éxito. Solo me temo que los mexicanos no nos vayan a enfrentar y ganemos todo sin ninguna controversia después de lo caro y largo que ha resultado nuestra preparación, se verá como un gasto exagerado, además no nos dará a los oficiales la oportunidad de obtener ningún reconocimiento ni honor. (…)
26 – La Isla de Sacrificios es una pequeña isla en el Golfo a 5 km al sur de Veracruz, fue usada por los antiguos mexicanos para sacrificios rituales.
Confío absolutamente en la providencia suprema de Dios. Voy al campo de batalla completamente seguro de que sea lo que sea, será para bien. Me siento orgulloso de poder servir a mi patria en este tiempo en que me necesita, y que suceda lo que suceda, aunque sea lo peor, la muerte misma, mi recompensa, la encararé con alegría, llevando de lleno el sentimiento romano de Dulce et decorum est pro patria mori (27) (dulce y digno es morir por la patria). (28)
27 – Horacio, Odas, III, 2, 13.
28 – Capitán John R. Vinton, Vapor Massachusetts, desde la Isla de Lobos, a su madre, 27 de febrero. 27 de 1847, Fondo John R. Vinton, Duke.
Operaciones anfibias
La flota zarpó el 2 de marzo de 1847, llevando entre doce o trece mil soldados a bordo. Tres días después estaban en las cercanías de Antón Lizardo, un punto a 22.5 km al sureste de Veracruz. Esta fase de la operación anfibia fue recogida por el capitán Electus Backus en su diario:
2 de marzo de 1847. Salida de la Isla de Lobos.
Cerca de 30 veleros de la flotilla zarparon el día de hoy hacia Antón Lizardo. Había brisa fresca del este y en un intento por ponerse en camino, el Otelo giró hacia atrás, y casi choca en el puerto con un barco grande. Después de eso, anclamos para pasar la noche pero como encontramos que nuestro velero iba a la deriva, el barco que estaba a la retaguardia se alejó 60 u 80 brazas de cable para no mantenerse alejado de nosotros.

3 de marzo
El viento jalaba ligeramente hacia el suroeste, cerca de 20 veleros en el puerto comenzaron a sobrecargarse. Un barco grande partió un poco delante de nosotros; al quererlo pasar a barlovento, caímos en su arrastre y estuvimos en grave peligro por varios minutos. Recogimos las velas, quedamos atrás y nos libramos de él. Viento ligero y desconcertante. Muchos veleros que zarparon ayer aún están a la vista. El vapor Alabama llegó del norte y nos pasó en su camino hacia Antón Lizardo.
4 de marzo de 1847
Cerca de las 2:00 a.m. el viento sopló hacia el noroeste hinchando las velas. Tuvimos un poco de lluvia por la mañana. A las 12:00 el sol salió y poco después teníamos una espléndida vista de las montañas hacia el suroeste a una distancia de unas 15 o 20 millas. Era una hermosa panorámica de 10 o 12 velas a la vista, casi todo el día haciendo como 8 nudos. Al ocaso estábamos a 25 millas al norte de Veracruz y el viento era ligero.
5 de marzo
Esta mañana a las 4:00 a.m. un enorme barco de vapor pasó delante de nosotros pero no saludó. Cuando amaneció hicimos tierra a solo cerca de 4 millas de Antón Lizardo.
Hemos desembarcado casi todo el escuadrón. A las 9:00 a.m. pasamos el arrecife y estábamos dentro de la bahía. Hay cerca de 30 barcos anclados y casi la misma cantidad preparándose a hacerlo. Nos llegó un reporte esta tarde de que el general Taylor le ha dado una paliza a Santa Anna.
6 de marzo
Unos cuantos hombres desembarcaron esta mañana y les dispararon, eso los hizo regresarse. Hay cerca de 70 barcos en el puerto. Los generales Scott, Worth y Smith (29) con un equipo de oficiales zarparon hacia la Isla Sacrificios en el vapor Champion, con el fin de hacer un reconocimiento y recibir un saludo desde San Juan de 15 cañonazos. (30)
29 – El general brigadier Persifor F. Smith fue general brigadier de los Voluntarios de Luisiana, 15 de mayo de 1846; coronel del Regimiento Montado de Fusileros, 27 de mayo de 1846; ascendido a general brigadier después de Monterrey y a general mayor posterior a Contreras y Churubusco. Murió el 17 de mayo de 1858.
30 – Diario de Electus Backus, MS, Burton.

La isla de Sacrificios mencionada por Backus está a cinco kilómetros de Veracruz, era el punto desde el cual sería lanzado el ataque el día 9 de marzo. La fase de reconocimiento de la operación duró dos días, la cual es descrita por el mayor George Archibald McCall (31):
31 – Mayor George Archibald McCall, 3º Infantería, se distinguió bajo el mando del general Worth durante la Guerra Seminola en Florida. Fue asistente adjunto con el rango de Mayor el 7 de julio de 1846, y ascendido a mayor el 26 de diciembre de 1847. Fue condecorado al inicio de la guerra por su participación en Palo Alto y Resaca de la Palma. Durante la Guerra Civil fue general brigadier de voluntarios en el Ejército de la Unión.
Ayer el general en jefe, así como los generales de su Ejército: Twiggs, Worth, Patterson, Quitman, Pillow y el general Totten de Ingeniería, junto con sus equipos y los demás ingenieros, hicieron un reconocimiento en un pequeño vapor a lo largo de la costa desde este sitio hasta el puerto. Mientras estábamos frente al Castillo, después de haber desembarcado, y que nos instalamos para disfrutar de la hospitalidad del oficial naval que comandaba el vapor, nuestro pequeño velero fue “saludado” por los mexicanos con una de sus armas pesadas: un Paixhan (cañón – obús). Encontrándonos entonces a una distancia de una milla y media y las cargas caían cerca. El comodoro Conner que era parte de la tripulación y que comandaba la navegación del barco, ordenó que el vapor se detuviera al llegar al final como si fuera un desafío para que ellos probaran su puntería. Entonces nos quedamos así hasta que habían disparado ocho o nueve cañonazos. Algunos de sus disparos habían pasado a 30 pies sobre nuestras cabezas para luego explotar, otras estallaban antes de llegar, hasta que empezaron a calcular la carga y la distancia del arma con exactitud considerable, esparciendo los pedazos de granada alrededor del barco. El comodoro con su manera muy educada, indicó al general en jefe que “pensaba que sería mejor que nos fuéramos ahora”, y el general estuvo de acuerdo, así que continuamos nuestra travesía, seguidos de tres o cuatro proyectiles de despedida. El Castillo es ciertamente una construcción muy fuerte y dudo mucho si será posible tomarlo con una fuerza desde el mar, que instalemos frente a él. Nuestro trabajo debe hacerse con proyectiles, pues ellos no han mostrado tener armas del calibre del que poseen en El Castillo.
Las estimaciones de su fuerza varían mucho y no hay manera de tener un cálculo correcto de cuántos tendrán para enfrentarnos. Pero no nos preocupa mucho ese punto.
Hay probabilidades de que pisemos tierra hoy por la noche en el lado opuesto a la Isla de Sacrificios, en un punto entre dos y tres millas más abajo del puerto. Existe una cadena de dunas a una media milla de este punto, que corre por la parte de atrás del pueblo a una distancia de 500 o 400 yardas de él. En este sitio como primer paralelo se establecerán nuestras baterías. (32)
32 – Mayor George A. McCall, vapor Alabama, frente a Antón Lizardo a (M), 7 de marzo de 1847, citado en George Archibald McCall, Letters from the Frontiers, Philadelphia, J.B. Lippincott & Co., 1868, pp. 475-476.
Desembarco en Veracruz

Esta sería la operación militar más ambiciosa jamás realizada por el ejército norteamericano en su historia, la fase más crítica que comenzaba el 9 de marzo fue el establecimiento de la cabeza de playa a menos de tres millas al sur de Veracruz. El oficial (luego almirante) William G. Temple narra en sus memorias:
Como anticipación a la llegada de transportes salientes a Veracruz, la fragata Potomac y los veleros de guerra Albany y John Adams se estacionaron en la vecindad de Isla Verde (a más o menos cinco millas de la ciudad), con órdenes de poner un oficial al mando de cada uno, tan pronto como llegaran a su destino para que anclaran en Antón Lizardo; o si el número de oficiales era insuficiente, se debería de proveer al jefe de transportación con las direcciones de navegación necesarias para pasar dentro del arrecife Blanquilla hasta el sitio del desembarco. La escuadra naval bajo el mando del comodoro Conner, así como los transportes en los que estaban a bordo las tropas y equipos bajo el mando del general Mayor Scott fueron concentrados para desembarcar entre la Isla de Salmadina y Punta Antón Lizardo, a una distancia de diez o doce millas al este de Veracruz.
Tan pronto como esos vehículos tuvieron a bordo alguna de las lanchas que llegaban, salieron los botes bajo la dirección de algún teniente de escuadrón, con sus equipos inspeccionados y todas sus pertenencias listas para la misión; después de lo cual eran bajados en el lado protegido de tierra de la isla, ordenados y numerados por divisiones -cada una de las cuales consistía en 10 botes, de diferentes tamaños-.
Al mismo tiempo se realizaba un rápido desembarco, ya que era muy importante hacerlo antes de que llegara un “norte”, pues podría retrasar la operación por varios días (…) La elección del lugar de desembarque estaba localizado en Antón Lizardo, entre Punta Antón Lizardo, opuesto a lugar donde el escuadrón y los transportes estaban anclados, y la playa que estaba frente a la Isla de Sacrificios. La principal objeción al primer lugar era la distancia (cerca de quince millas) que las tropas tendrían que caminar antes de llegar al punto de ataque, mientras que al mismo tiempo el camino conducía a través de arena profunda, e incluía el paso por dos o tres arroyos con corriente considerable.
Para un simple desembarco, sin embargo, se eligió también la playa cerca de Sacrificios. La selección de este último punto obviaba la dificultad antes mencionada, estando a menos de dos millas de las murallas de la ciudad, aunque también tenía sus desventajas. El poco espacio de maniobra para un anclaje seguro hacía peligroso en la aún temporada de nortes reunir aquí a muchos de los navíos. Por eso se sugirió transferir todas las tropas de los transportes a barcos de guerra y vapores, y tras de su desembarco ordenar a esos barcos ir a Antón Lizardo a buscar provisiones como se fueran requiriendo, lo cual haría espacio para otros hasta que se completara el desembarco. (N.B.: aunque subsecuentemente al desembarco, sin embargo, a los transportes se les ordenó ir a Sacrificios en un gran número, pero una ráfaga de viento del norte los lanzó a la playa.)
En vista de todas estas consideraciones la playa cerca de Sacrificios fue elegida como el punto idóneo, y el desembarco fue marcado para efectuarse el 8 de marzo. Las ordenanzas generales se enviaron con antelación el día 7 por el comodoro y el general en jefe, prescribiendo los arreglos necesarios.
Los botes de desembarco fueron distribuidos para usarse entre los siguientes buques: La fragata Raritan,quince; la Fragata Potomac, veinte; el velero de guerra Albany, diez; el velero de guerra St. Mary, diez; el vapor Princeton, diez. Cada barco se encargó de aprovisionar el bote que se le había proporcionado con una tripulación de siete marinos y un oficial para comandarlos. Cada división de 10 botes era comandada por un teniente; en algunos casos el puesto era compartido por dos del mismo grado; la dirección general quedaba siempre en manos de un oficial mayor. El capitán Forrest, comandante de la fragata Raritan, fue el encargado de ser el superintendente de toda la operación.
Los oficiales que habían sido seleccionados para esta misión fueron enviados a la costa un día antes del desembarco con los botes adjudicados a sus respectivas embarcaciones. Habiendo sido arreglados y numerados en la playa, para evitar confusión debido al diverso tamaño de estas cuando tuvieran que ser abordados por su tripulación a la luz del día. Los barcos fueron estibados en la popa con sus amarras enrolladas listas para usarse, y los encargados de cada barco instruidos para el caso de que el desembarco se efectuara en medio de fuerte oleaje se soltara el ancla de popa fuera de la marejada, y usar las amarras mientras el bote bajaba, a fin de que las tropas saltaran a tierra, así el bote pudiera ser regresado a través de la marea sin haber recibido ningún daño por encallar en la playa (esta prevención, sin embargo, resultó innecesaria en el desembarco, debido al pacifico estado del mar; pero en otra ocasión, cuando se debían descargar artículos pesados en medio de las olas, resultó muy efectiva. Debe recordarse cuando se leen estas instrucciones que los botes entonces eran construidos con ambas puntas iguales).
Dos de los botes más grandes fueron asignados para transportar a los oficiales y una compañía de 19 hombres; dos de los medianos a una compañía de 18 hombres, y dos de los pequeños 18 oficiales y hombres. Cada uno de estos botes tendría un pelotón (media compañía) y a oficiales con su propia tripulación. Los pelotones fueron designados para suplir cualquier deficiencia de remeros en sus respectivos botes, pero al mismo tiempo también deberían de desembarcar con sus compañías.
Se les ordenó a las tropas estar listas para la distribución entre los buques de guerra y los barcos de vapor, para trasladarse desde Antón Lizardo hasta Sacrificios.
La primera línea bajo el mando del general Brigadier Worth era la primera brigada de soldados regulares y la compañía del capitán Swift de zapadores y mineros (33), abordarían la fragata Raritan y los vapores Princeton y Edith. Las baterías de campo del capitán Taylor y del teniente Talcott (34) (que también estaba con ellos) se repartirían entre los vapores Massachusetts y Alabama.
33 – El capitán Alexander Joseph Swift, Compañía A, Cuerpo de Ingenieros, fue enviado a Francia a estudiar ingeniería militar antes de que comenzara la guerra con México; al volver se convirtió en primer comandante de la recién formada Compañía A de soldados Ingenieros. Murió en Nueva Orleans el 24 de abril de 1847.
34 – El teniente George Henry Talcott, 1er teniente de Ordenanzas, 1838; capitán el 3 de marzo de 1847, y mayor el 9 de abril de 1847. Fue condecorado después de la batalla de Molino del Rey.
La segunda línea, bajo el mando del general mayor Patterson, consistente en la primera brigada de voluntarios, comandada por el general brigadier Pillow, y el Regimiento de Voluntarios de Carolina del Sur (todos los de la segunda brigada habían llegado ya). El Regimiento de Carolina del Sur, viendo que estaban apretujados en los veleros que se les habían asignado, pidieron y recibieron permiso del capitán Sands del vapor Vixen para ser recibidos en el velero, para ser transportados a bordo de la fragata Potomac y en los vapores Alabama y Virginia.
La reserva, a cargo del general brigadier Twiggs, consistente en la segunda brigada de soldados regulares, sería transportada a bordo de los veleros Albany, St. Mary, el bergantín Porpoise, y los vapores Massachusetts, Eudora y Petrita. (…)
A cada hombre se le ordenó poner en su mochila: pan y carne (cocida) para dos días, y los veleros de guerra tenían la orden de abastecer a las tropas con agua y provisiones mientras estuvieran a bordo.
Un sistema de señales había sido implementado por el general en jefe, mediante el cual los transportes indicarían el número de botes requeridos de acuerdo con el número de tropas que tenían a bordo. Izarían una bandera en la proa por cada bote que requirieran para recibir a la primera línea, para jalarlos al momento que fueran llegando. A toda asta para la segunda línea, y a media asta para la reserva.
Todos los arreglos preliminares estuvieron concluidos por la tarde del día 7, pero a la mañana siguiente hubo indicaciones de un norte y la acción fue pospuesta. Al amanecer del día 9, los oficiales y hombres designados a esa misión fueron enviados de los buques de guerra a los botes de desembarco. Estas divisiones de botes al cargo del Raritan y del Princeton se asignaron para transportar a la primera línea, yendo por ellos cada vez que el transporte tenía las banderas ondeando en la proa, llevándolos a los veleros de guerra y a los barcos de vapor de acuerdo con la distribución antes mencionada. De esta manera todas las divisiones manejadas por el Potomac fueron asignadas a transferirse a la segunda línea y todas las del Albany y el St. Mary a la reserva.
Cada una de las fragatas recibió a bordo entre 2,500 y 2,800 hombres, con sus armas y equipo; los veleros recibieron cerca de 900 hombres y los más pequeños recibieron números en proporción.
Los 15 botes pertenecientes al Raritan fueron llevados al barco de vapor Spitfire para ser remolcados hacia Sacrificios. El vapor Vixen fue con el Potomac, llevando consigo los veinte botes que le pertenecían. El Albany mandó sus diez botes al Eudora y los diez del St. Mary fueron enviados al Petrita. El Princeton remolcó sus diez botes. Al mismo tiempo en los veleros se encontraban dos tenientes y dos cadetes navales a bordo de los remolcadores, con la finalidad de cuidar de sus botes con la ayuda de dos marinos por cada uno, quienes estaban designados para permanecer ahí mientras los remolcaban.
Esta parte de la acción se efectuó con mucho éxito cerca de las 11:00 a.m. En unos cuantos momentos después el escuadrón y los transportes que habían sido designados para ese propósito se pusieron en camino hacia Sacrificios, con el general en jefe a bordo del vapor Massachusetts y el comodoro del escuadrón en la fragata Raritan.
El clima fue bueno, hasta había una suave brisa del suroeste y el mar estaba tranquilo. El pasaje a Sacrificios demoró entre dos y tres horas. Cada velero llegó y ancló en el pequeño espacio designado para él sin el menor desorden o confusión, aunque había muchos atracando en ese momento sin contar el numeroso grupo de transportes que se habían quedado atrás.
El desembarco comenzó instantáneamente. Cada velero pidiendo sus botes del vapor que los había remolcado y enviándoles para recibir la primera línea. Se le ordenó al Princeton que tomara posición delante de la marca de descenso lo más cercano a la playa que fuera posible, y los botes de desembarco se dirigieron hacia allá después de haber abordado todos los soldados para realizar la reunión en la popa y para que se formaran en doble fila de acuerdo a los regimientos y compañías a los que pertenecían, tal como se les había prescrito para la batalla; los dos botes de la delantera llevaban en cada uno un cuarto de la tripulación del Princeton, los otros dos llevaban otra parte y, así, cada uno llevaba en el frente la bandera de cada regimiento.
Al mismo tiempo, mientras este trabajo de transportación y ordenamiento se realizaba, a los vapores Vixen y Spitfire, y a los botes Petrol, Bonita, Reefer, Falcon y Tampico, se les ordenó anclar en línea paralela tan cerca de la playa como pudieran, para cubrir el desembarco con sus armas si era necesario. Estos veleros estaban armados con cañones de 32 lb, y eran de tan poco calaje (de cinco a ocho pies) que eran capaces de tomar buenas posiciones, con un buen rango de disparo hacia la costa.

Cuando todo estuvo preparado, los botes abandonaron el Princeton y los demás avanzaron en escuadrón, en línea de ataque y en grupo, llegando a la playa donde las tropas desembarcaron sin la menor oposición. Los botes de inmediato regresaron a los veleros para llevar a la segunda línea del ejército y después regresar por la reserva. Sin esperar para formarse de nuevo en orden de batalla, continuaron desembarcando a las tropas sobre la playa en viajes sucesivos, hechos tan rápido como podían ir y venir. En algunos puntos los botes llenos encallaron en un banco de arena a unas 20 yardas de tierra firme y las tropas tuvieron que lanzarse al mar, que les llegaba a la altura de la cintura, para poder llegar a tierra. Esto ocurrió en pocas ocasiones, sin embargo, y además de la inconveniencia de unos cuantos mojados, no ocurrió ningún accidente durante toda la operación. No apareció el enemigo para disputar el terreno. El general Worth tuvo la satisfacción de formar su comando sobre las dunas de arena antes de que se pusiera el sol. El desembarco comenzó en la mitad de la tarde y antes de las 10 de la noche ya estaban ahí 10,000 hombres con sus pertrechos y comida para muchos días, depositados a salvo en la playa.
El barco de vapor New Orleáns con el regimiento de Voluntarios de Louisiana, que eran 800 efectivos, llegó a Antón Lizardo justamente cuando el escuadrón se había puesto en marcha hacia Sacrificios. Se unieron a los otros marinos del escuadrón (que formaron un batallón bajo el mando del capitán Edson de la Marina) (35). Ellos también fueron desembarcados con los otros. Más barcos de guerra fueron llegando consecutivamente, de tal suerte que el 24 de marzo el campo de batalla estaba formado por un total de 12,603 hombres.
35 – Capitán Alvin Edson, en Veracruz, comandaba tres compañías de marineros, temporalmente adjuntas al 3º de Artillería.
Mientras tanto, los transportes fueron ordenados a salir de Antón Lizardo, mientras el clima lo permitiera. Los botes de desembarco (aún manejados por el escuadrón) se utilizaban constantemente para desembarcar artillería, caballos, provisiones, etc. Para el bien de la unidad y funcionamiento de esta obra, un oficial permanecía en la playa teniendo en sus manos la superintendencia general de todo, y todos los oficiales a cargo de los botes de desembarco estaban obligados a reportarse con él para que les diera nuevas órdenes en cuanto desembarcaran. Adicionalmente a esto, la tarea de desembarcar diversos artículos fue asignada a diferentes veleros, así que la división de botes de un barco atendía el desembarco de caballos, otra la comida, otra las provisiones de guerra, y así. Al ocaso de cada día los botes eran amarrados para pasar la noche en la proa de cada uno de sus respectivos navíos, y si había la amenaza de un norte eran llevados a resguardar a la Isla Sacrificios.
Para desembarcar caballos y mulas estas se llevaban en un velero pequeño de calaje ligero, eran lanzados al agua tan cerca de la playa como se pudiera. Si venían en un barco grande primero se les colocaba en el Petrita que los recogía, llevándolos lo más cerca posible de la playa, y en ambos casos se les hacía nadar. De esta manera cerca de 500 fueron transportados en un solo día con una división de botes.
Para descargar la artillería de campo, dos botes se amarraban juntos y con una plataforma de tablones en ángulo recto a la línea central del bote, eran llevados junto al transporte que tenía las baterías a bordo y se bajaban dos piezas de artillería. Una vez asegurado, con las cajas de municiones y su vehículo para transportarlo, se partía hacia la playa. Este plan, sin embargo, se abandonó al primer intento y los cañones junto con sus equipos fueron, a la postre, bajados directamente en los botes (en uno solo). El fondo se protegía con tablones, que eran colocados de manera longitudinal. Al momento de alcanzar la playa se colocaban dos tablones en la proa, con la separación suficiente para que las armas funcionaran montadas sobre sus ruedas. A las tablas se les ponía un tope para evitar que las ruedas se salieran del carril y cayeran al agua, de esta forma las armas fueron desembarcadas y arrastradas tan rápidamente que ningún cartucho se mojó en sus cajas de municiones.
Como los fondos de los botes estaban hechos de pino blanco y eran relativamente frágiles, se requirió de mucho cuidado para desembarcar y evitar volcaduras. Adicionalmente a esos tablones en el fondo de los botes se ordenó posteriormente que se mantuvieran siempre a flote, anclados fuera del área donde rompen las olas, separados de manera segura. Las armas se sacaron de los botes por medio de tripiés, y fueron puestas en una cuaderna con ruedas para ser transportadas. (36)
36 – William G. Temple, “Memoria del desembarco de las Tropas de Estados Unidos en Veracruz en 1847”, en Philip Syng Physick Conner, The Homme Squadron Under Commodore Conner in the War with Mexico, Filadelfia, inédito, 1896, pp. 63-69.
Veracruz sitiado

Una vez que había asegurado su posición en la playa, el general Scott volvió la vista a sus planes sobre Veracruz. La ciudad estaba amurallada, protegida por cerca de cinco mil hombres y, hasta donde lo sabían los invasores, bien provista de armas y comida. Cualquier ataque directo desde la bahía era con seguridad una tarea ardua porque la fortaleza de San Juan de Ulúa lo resguardaba todo. Scott se decidió por efectuar un ataque frontal sitiando la ciudad y reducir su artillería bombardeándola. Esto era más lento, pues lo más recomendable era sacar a las tropas de la playa lo antes posible para evitar que surgiera una epidemia. Además el bombardeo causaría un gran caos en la ciudad, así como sufrimiento y muertes de civiles, pero se salvarían más vidas de soldados norteamericanos y se reducirían las posibilidades de fracaso. Scott tuvo sus críticos: ¿era necesario el bombardeo que causó una gran mortandad en la población civil?, ¿no se hubiera podido por medio de maniobras navales forzar la entrada a Veracruz? David Glasgow Farragut, héroe naval de la Guerra Civil, y otros más así lo creen. (37) Scott, sin embargo, defiende su decisión en sus memorias:
37 – Cf. R.R. Pegram, Norfolk, a P.S.P. Conner, 28 de febrero de 1884. Fondo Philip Syng Physick Conner, Hist. Soc. Pa.

La ciudad de Veracruz y su Castillo, San Juan de Ulúa, estaban ambos fuertemente protegidos (…)
Las murallas y fortificaciones de Veracruz se encontraban en 1847 en muy buenas condiciones. Posterior a su captura por los franceses bajo el mando del Almirante Baudin y el príncipe Joinville en 1838 (38), el Castillo fue ampliado, casi reconstruido y su armamento duplicado. Además, a los franceses se les permitió reconocer la ciudad y el Castillo, y escoger sus posiciones de ataque sin oposición alguna. Los mexicanos no querían la guerra contra ese país y se les dio la orden de no disparar la primera bala. De este mandato los franceses estaban muy al tanto. Cuando nos acercamos al Castillo vi que tenía capacidad para poder hundir por completo la flota norteamericana.
38 – Esto fue durante la llamada “Guerra de los Pasteles” entre Francia y México. Los franceses bloquearon el puerto de Veracruz durante siete meses, después de que el Almirante Baudin bombardeó la ciudad.
Inmediatamente después de pisar tierra hice con el coronel Totten (pronto general brigadier), y otros oficiales del equipo, un reconocimiento del terreno alrededor de la ciudad, dado que ya habíamos reconocido el frente marino. A esto siguió un bloqueo estricto, para que no pudiera haber comunicación entre los fortines y el interior. El bloqueo hecho por el comodoro Conner estuvo lejos de ser completado. Se debían tomar serias resoluciones. Desde el principio mi esperanza era capturar el Castillo cubierto por y a través de la ciudad. Este plan nunca lo puse a discusión (…)
En un pequeño comité, en el que estaban el coronel Totten, jefe de ingenieros; el teniente coronel Hitchcock, que actuaba como inspector general; el capitán R.E. Lee (39); el ingeniero y (aún) primer teniente Henry L. Scott (40), que actuaba como adjunto del general, tuve una discusión sobre el bombardeo y las maneras de sitiar la ciudad de forma consecutiva. Una discusión en el lecho de muerte difícilmente hubiera sido más solemne, además de que estaba muy impactado –sabiendo que el Sr. Polk tenía puesta una cuerda en mi cuello, como frecuentemente decía por aquel tiempo-, abrí el tema de la siguiente manera: “Caballeros, desde luego debemos tomar la ciudad y el Castillo antes del regreso del vómito -si no de manera sorpresiva, sí por el método lento y científico del asedio-, una vez hecho esto, escapar llevando la conquista hacia el interior, que es más saludable. Estoy muy inclinado a intentar esto último, a menos que ustedes puedan convencerme de que la otra opción es más recomendable. A partir de nuestro concienzudo reconocimiento, creo que mi sugerencia es practicable con un muy moderado riesgo de nuestra parte. El segundo método, el asalto, sin duda sería igualmente exitoso, pero con el precio de una terrible masacre para ambas partes, incluyendo a los no combatientes -hombres, mujeres y niños mexicanos-, porque los asaltos deben ser hechos en la noche, los asaltantes no deben perder tiempo tomando prisioneros sin incurrir en el riesgo de capturarse a ellos mismos, hasta que todos los edificios de la ciudad hayan sido ocupados. Los horrores de esta masacre, con sus terribles consecuencias, son mucho más peligrosos. Además de estas objeciones, es necesario tomar en cuenta la probable pérdida de tal vez dos mil a tres mil de nuestros mejores hombres en el asalto, y solo he recibido la mitad del número que se me prometió ¿Entonces cómo esperamos penetrar al interior?”
39 – Capitán Robert E. Lee, Compañía A, Ingenieros, había sido jefe de ingenieros en la columna de Wool durante el avance de San Antonio a Saltillo en 1846. Recibió tres condecoraciones por sus servicios en la campaña de Scott en 1847.
40 – Teniente Henry Lee Scott de Carolina del Norte, ascendido a capitán el 16 de febrero de 1847. Fue asistente del general Scott y uno de sus más efectivos abogados. Recibió dos condecoraciones durante la guerra contra México. De 1855 a 1861 fue teniente coronel y asistente de campo del general Scott; el 14 de mayo de 1861 nombrado inspector general y coronel, pero se retiró junto con Scott el 30 de octubre de 1861. Murió el 6 de enero de 1886. Para la defensa de H. L. Scott del desempeño del general Scott en la Guerra con México, cf. Henry Lee Scott, Nueva York, a (N), 10 de junio de 1853, 26 pp. Western Americana MSS, Beinecke.
Por estas razones, añadí y cito literalmente:
“Aunque sé que nuestros compatriotas difícilmente reconocerán una victoria si no va acompañada de una gran lista de carnicería (reporte de muertos y heridos). Estoy fuertemente decidido –tanto por política como por humanismo- a olvidarme de sus fuertes aplausos y vítores y tomar la ciudad con la menor pérdida de vidas. Esta determinación estoy consciente, como dice Dogberry (41) de sí mismo, me hará ver como un tonto”.
41 – Dogberry es el nombre del alguacil de Messina en la comedia de William Shakespeare “Much Ado but nothing” (mucho ruido y pocas nueces). Después de una importante batalla de la que ha salido victorioso, Don Pedro de Aragón regresa, acompañado de un grupo selecto de sus hombres, a casa de su amigo Leonato, una hermosa villa de la campiña italiana. Entre los hombres que le escoltan, se encuentran su íntimo amigo Benedicto que sólo encuentra diversión en tener disputas dialécticas con Beatriz, la sobrina de Leonato, su envidioso hermano Don Juan y un joven llamado Claudio que se ha llenado de honor en la batalla y que se enamora perdidamente de Hero, la hija del anfitrión. La boda entre Hero y Claudio se concierta enseguida, mientras su ingeniosa prima Beatriz continúa discutiendo constantemente con Benedicto y renegando de los hombres. Hero, que no cree que tal cosa sea cierta, busca emparejarla con Benedicto, y les hace creer a ambos que el otro está enamorado, descubriendo así en ellos sus verdaderos sentimientos. Justo entonces, un engaño planeado por el envidioso Don Juan hace que el honor de Hero quede en entredicho y la ofensa a Claudio haga peligrar la amistad de Don Pedro con Leonato. La intervención del torpe pero oportuno alguacil Dogberry descubre toda la verdad sobre Don Juan y finalmente todo se soluciona felizmente.
Mi determinación a favor de proceder a sitiar la ciudad, lejos de ser combatida, causó la aceptación general. De acuerdo con el coronel Totten, el jefe de ingenieros y sus asistentes, procedieron a abrir trincheras y a establecer baterías, tantas como fueran necesarias y después, barriendo de una manera general, se entraría a cada puesto y vigía del enemigo. (42)
42 – Winfield Scott, Memoirs of Lieut-General Scott, New York, Sheldon & Company, 1864, vol. 2, pp. 421-425. Scott quizá haya tenido presente el resultado de los experimentos hechos en Old Point Comfort, los cuales parecen indicar que las murallas de las fortalezas pueden resistir proyectiles disparados sobre un blanco. Cf. Joel R. Poinsett, Departamento de Guerra, Washington, D.C., a presidente Martin Van Buren, 5 de diciembre de 1849. Cartas enviadas de la Secretaría de Guerra al presidente, RG 107, Nat. Arch. Poinsett escribe: “Sería adecuado señalar aquí que la captura del Castillo de San Juan de Ulúa en Veracruz, ha llevado a muchas personas a suponer que los revestimientos de piedra pueden ser destruidos por disparos de obuses. Eso es incorrecto. Después de ese evento, realicé experimentos en Old Point Comfort disparando sobre un blanco contra un muro de piedra erigido para ese objetivo, y las balas se rompieron contra él, haciéndole muy poco daño”. Se estaba refiriendo a la captura de San Juan de Ulúa por los franceses durante la Guerra de los Pasteles.
El bombardeo a la población civil de Veracruz
El teniente Thomas Williams, del 4º de Artillería, resume las operaciones del ejército del 13 de marzo. Para entonces Scott había establecido su cerco en torno a la ciudad:
El ejército desembarcó a tres millas al sur de la ciudad de Veracruz sin oposición alguna entre los días 9 y 10. El desembarco fue hecho a plena luz del día, bajo el resguardo de las armas de nuestra flota. El día estaba bien y como el sol brillaba sobre las armas de nuestros hombres, estas resplandecían. Nuestra línea de cerco alrededor de la ciudad fue completada el día 11. Ahora solo esperamos el desembarco de nuestros morteros y armas pesadas para tenerlas a la mano y completar el trabajo. Si nuestras baterías siguen en posición por una semana o diez días nos haremos de la ciudad y del Castillo.

Si la línea del cerco fuera una curva sería de cinco millas de largo, pero como va sobre las colinas y entre los bosques es un poco más larga.
Nuestra fuerza es de más o menos doce mil hombres entre soldados regulares y voluntarios. Los voluntarios son comandados por el general mayor Patterson de Filadelfia, los soldados por los generales Worth y Twiggs. La fuerza del enemigo en la ciudad y El Castillo es según nuestras últimas informaciones de cinco mil hombres. Dos tercios de esa tropa son soldados regulares. Están bien provistos con baterías pesadas y todos los materiales para defenderse. Nos han informado que están muy mal alimentados y que se quedarán sin agua. Ya cortamos algunos de sus últimos abastecimientos. Desde que llegamos, el enemigo nos ha disparado algunos proyectiles y tiros. A diario se da uno o dos incidentes con las tropas ligeras. Por esto y por balas de cañón, nuestras bajas han sido poco numerosas, aunque un amigo mío estuvo entre los muertos. Su cabeza fue casi arrancada del cuerpo por una bala de cañón.
La ciudad de Veracruz está rodeada por dunas de arena con una altura desde la cual podemos verla completamente. Estas dunas están ocupadas por la línea de sitio.
A las 3 de la mañana nos despertaron los sonidos de los cañonazos y de los mosquetes. Supusimos que era un ataque, pero resultó ser que era hecho desde las murallas de la ciudad con el propósito de alumbrar el terreno de avance, ya que el enemigo temía que lo atacáramos. Hemos recibido varios rumores de que se acercan tropas desde Alvarado que marchan para liberar la ciudad, etc., etc. (43)
43 – Teniente Thomas Williams, Cuartel general del Ejército, Campamento Washington, cerca de Veracruz, a John R. Williams, Detroit, 13 de marzo de 1847, Fondo John R. Williams, Burton.
El general brigadier David E. Twiggs, comandante de la Segunda División, escribió un relato de la actuación del grupo que comandaba en el rápido pero adecuado movimiento de la formación del cerco en torno a Veracruz:

Tengo el honor de reportar los incidentes en los cuales mi brigada ha estado involucrada desde el comienzo de la operación de desembarco hasta ahora.
La brigada tomó camino desde la mañana del día 11 –siendo guiados por el regimiento montado de fusileros-. Después de que pasamos la posición de la 1a Brigada, el 1er Escuadrón de Fusileros, compuesto por las Compañías de los capitanes Loring (44) y Mason (45), bajo el mando del mayor Sumner del 2º de Dragones, fueron enviados en avanzada como guardia. Al cruzar la vía del tren, la avanzada tomó directamente el camino hacia las colinas, pero al ser este imposible de pasar para la artillería, el resto de la brigada, con los cañones, fue obligada a efectuar una desviación hacia la izquierda. Al pasar la posición de la brigada del general Pillow, el capitán Alburtis (46) del 2º de infantería y un soldado de los fusileros fueron abatidos por un disparo, así como dos soldados heridos. El mayor Sumner, que había pasado a alguna distancia atrás de la posición ocupada por los voluntarios, fue atacado por las tropas ligeras del enemigo, a las cuales rechazó y persiguió hasta cerca de un pequeño rancho, donde el resto de la brigada se le unió procediendo a limpiar el terreno para que fuera ocupado por mi brigada.
44 – El capitán William Wing Loring de Carolina del Norte y Florida fue 2º teniente del Batallón de Voluntarios de Florida, 16 de junio al 16 de agosto de 1837, durante la Guerra India en Florida; capitán del Batallón Montado de Fusileros, 27 de mayo de 1846; mayor el 16 de febrero de 1847 y teniente coronel el 15 de marzo de 1848. Obtuvo dos condecoraciones en la Guerra contra México, y durante la Guerra Civil fue general mayor en el Ejército de los Estados Confederados.
45 – El capitán Stevens T. Mason de Virginia fue capitán del Regimiento Montado de Fusileros el 27 de mayo de 1846. Murió el 15 de mayo de 1847 por las heridas recibidas en la Batalla de Cerro Gordo.
46 – El capitán William Alburtis de Virginia fue ascendido a capitán por su valentía en acciones durante la Guerra India en Florida (en 1841), y 1er teniente, 2º Infantería, el 1 de julio de 1839. Murió antes del sitio de Veracruz en 11 de marzo de 1847. Cf. “Journal of Francis Collins, an Artillery Officer in the Mexican War, ed. Mary Clinton Collins”, en Quarterly Publications of the Historical and Philosophical Society of Ohio, Vol. 10 (abril y julio de 1915), pp. 50-51. Collins escribe en su diario: “Al tiempo que el capitán Alburtis moría, nuestra división estaba detenida, esperando que se retiraran algunas obstrucciones en el frente. Aprovechando esta oportunidad él (Alburtis) estaba sentado sobre un tronco leyendo una carta que había recibido de su casa hacía poco tiempo; mientras hacía esto una bala de cañón lo decapitó”.
El avance hizo que los grupos de ataque del enemigo quedaran delante de él, recibiendo sin pérdida alguna sus disparos, hasta que llegaron al camino a Orizaba. Al pasar por el camino, un grupo de hombres a caballo estaban parados a nuestra izquierda. Se ordenó a la compañía montada de fusileros del capitán Sanderson (47) que los atacara, mientras los apoyaba la compañía del capitán Simonson (48) del mismo regimiento. Hizo que se retiraran matando a dos capitanes, uno de lanceros y el otro de la guardia auxiliar de Jalapa, llamado J. Platos. En este evento el soldado Weller de la compañía del capitán Sanderson fue herido gravemente en el muslo por un disparo de escopeta.
47 – El capitán Winslow F. Sanderson fue capitán del Regimiento Montado de Fusileros, 27 de mayo de 1846. Obtuvo una condecoración en la guerra contra México.
48 – El capitán John Smith Simonson, durante la Guerra de 1812, fue capitán en el Regimiento de Voluntarios de Nueva York y capitán del Batallón Montado de Fusileros, ascendido a Mayor por la batalla de Chapultepec durante la guerra contra México.
Habiendo desalojado a todos estos enemigos, la brigada ocupó su posición en la línea, extendiéndose por el camino a Jalapa a lo largo de la playa hasta donde la fuerza de la brigada lo permitía, acampando al descubierto hasta la mañana del día 13 cuando tomamos la línea de marcha hacia el mar. El mayor Sumner de nuevo, comandando la avanzada, compuesta en el ala izquierda por los del regimiento de fusileros, se desvió considerablemente hacia la izquierda para evitar algunas lagunas. Llegué cerca del medio día al camino real que conduce hacia la ciudad de México. Al llegar aquí, la compañía del teniente Roberts (49) de la montada de fusileros descubrió un grupo de hombres a caballo. Después de un breve enfrentamiento, el enemigo fue dispersado, mis hombres no fueron heridos. La cabeza de la columna llegó a su posición en la playa de la villa de Vergara, que está aproximadamente a dos y media millas de Veracruz, a unos cuantos minutos después de las 12 del día.
49 – El capitán Benjamin Stone Roberts había sido 1er teniente en el 1er Regimiento de Dragones, pero renunció en 1839; fue 1er teniente en el Batallón Montado de Fusileros el 27 de mayo de 1846, y capitán el 16 de febrero de 1847. Obtuvo dos condecoraciones en la guerra contra México. Durante la Guerra Civil fue condecorado por su participación en las Batallas de Valverde, Nuevo México, donde era coronel del 5º Regimiento de Infantería de Nuevo México en la Batalla de Cedar Mountain, y del 2º en la Batalla de Bull Run, del lado de la Unión.
Recomiendo se preste especial atención a la conducta del mayor Sumner del 2º de Dragones. Su habilidad y temple inspiraron a los que estaban bajo sus órdenes con el más alto espíritu, dándole el reconocimiento de los viejos soldados. Los oficiales y hombres de todas las compañías inmiscuidas en esta operación se desempeñaron de la manera más satisfactoria.
Un mensaje importante, el cual tengo el honor de transmitir al Cuartel General del Ejército, proveniente del capitán Taylor, fue interceptado anoche por el capitán Magruder del 1º de Artillería (50), que estaba al mando de una de las compañías de apoyo enviadas la mañana de ayer a apoyar el avance de mi brigada hacia la ciudad. Se le disparó al mensajero, y suponemos que fue herido. Su caballo, sombrero y capa, así como el correo, quedaron en el suelo del lugar donde se le atacó. El capitán Magruder merece un reconocimiento por su celo y buena conducta en este hecho. (51)
50 – El capitán John Bankhead Magruder fue capitán del 1º Artillería. Ganó dos condecoraciones en la guerra contra México por Cerro Gordo y Chapultepec; también fue general mayor del Ejército de los Estados Confederados durante la Guerra Civil.
51 – General brigadier David E. Twiggs, Cuartel de la 2ª Brigada del Ejército, Campamento en Vergara, cerca de Veracruz, a capitán H. L. Scott, A.A.A.G., 16 de marzo de 1847, Documentos ejecutivos del Senado, No. 1, 30 Congreso, 1er Sesión, pp. 245-246.

Con sus fuerzas en posición, el general Scott pidió la rendición de la ciudad el 22 de marzo. Después de que los mexicanos rechazaron el ultimátum la artillería abrió fuego. En medio del bombardeo, el teniente Edmund Bradford a la luz de una linterna hacía muchas observaciones del sitio en su diario. Estas fueron transcritas a su vez en una carta a su hermana el 27 de marzo:
El día 19 el enemigo disparó a unos hombres que estaban haciendo trincheras. 167 disparos sin herir a uno solo. Es casi un milagro cómo lograron escapar, dado que algunos de los tiros cayeron en medio de las compañías y explotaban lanzando los fragmentos en todas direcciones. Cada vez que cae una granada, los hombres se tiran al suelo y permanecen así hasta que explota, de esta manera se cuidan de que un fragmento los hiera. Las trincheras están abiertas a menos de media milla de la ciudad (…)
El día 20 a la compañía en la que estoy se le ordenó hacer trabajo de vigilancia. Fuimos de nuestro campamento a una posición aproximadamente a 800 yardas de la ciudad. La compañía estaba oculta del enemigo por una cadena de dunas, y aunque nosotros sí podíamos ver todo lo que ocurría en la población, ellos no nos veían. El fuego en las trincheras se mantuvo muy fuerte todo el día, proveniente de ambos lados: del Castillo y de la población, pero no hirió a nadie. Temprano por la mañana un grupo de mexicanos salieron de la ciudad con ganado. Fueron descubiertos por los voluntarios que les dispararon hiriendo a dos de ellos, haciéndolos que se regresaran de inmediato hacia la población. Cerca de las 5 de la tarde, un velero francés de tres mástiles que había burlado el bloqueo intentó hacerlo de nuevo, fue perseguido y capturado por los barcos Porpoise y el vapor Hunter de la Marina de los Estados Unidos. Llegando a Sacrificios un norte hizo encallar tanto al vapor Hunter como al velero francés. Ambos quedaron inservibles.
Debido al severo norte que sopló todo el día, los disparos tanto del Castillo como de la ciudad comenzaron hasta las cinco de la tarde y se contuvieron toda la noche con intervalos. El comodoro Perry (52) llegó a bordo del Mississippi para apoyar al comodoro Conner a comandar su escuadrón. Los oficiales navales están contentos con el cambio, dicen que ahora si tendrán algo que hacer.
52 – Comodoro Matthew C. Perry fue vicecomandante del Escuadrón de Casa, y comandante del vapor Mississippi que partió de Norfolk el 6 de marzo de 1847. El 21 de marzo, sustituyó al comodoro Conner como comandante del Escuadrón de Casa.
El día 22 el general Scott mandó al pueblo un comunicado para que se rindieran. El general Morales respondió que: Él tenía héroes colocados por el gobierno al mando de la ciudad y del Castillo con la intención de defenderlos”, y que eso se haría mientras fuera posible, que lamentaba que, si fuera necesario, eso costara la sangre de mujeres y niños. A las 4:30 p.m. nuestros morteros abrieron fuego pesado sobre la ciudad, el cual fue contestado por un fuego intenso desde el Castillo y el puerto. El capitán Vinton del 3º de Artillería fue muerto por una granada que penetró por la parte superior de su parapeto. No había una sola herida visible en su cuerpo. A las 9:00 p.m. me llamaron, haciendo que dejara mi carta, por una orden de que debía ir con mi compañía a las trincheras, así que ahora estoy escribiendo desde las trincheras, alumbrado por una linterna. Volveré a tomar mi diario. El 23 el capitán de mi compañía, capitán Bainbridge (53), y el teniente Miller (54) fueron enviados a las trincheras para colaborar con la batería de los cañones de 24 lb. Cuando llegamos ahí encontramos que las armas no habían sido puestas en posición, y tampoco se había terminado de hacer la batería. Trabajamos toda la noche montando las armas y poniéndolas en batería. Los morteros de nuestro lado mantuvieron un fuego incesante toda la noche, el cual era respondido por el enemigo desde el pueblo. Durante toda la noche no nos importaron las granadas porque podíamos verlas en el aire mucho tiempo antes de que alcanzaran las trincheras, de esa forma fuimos capaces de evitarlas. De los tiroteos siempre nos podíamos proteger si nos manteníamos cercanos al muro de tierra de la excavación. Durante el 23 solo un hombre fue herido. Cerca de las 9:00 de la mañana del 24, una batería de seis armas pesadas, las cuales la marina había establecido en una colina que veía hacia el puerto, abrió fuego. El fuego de esta batería pronto silenció a dos baterías del enemigo y produjo un gran destrozo en edificaciones del puerto. Muchos de los hombres en las baterías de mortero fueron levemente heridos. A las 7:00 de la tarde fuimos liberados de nuestros deberes y regresamos al campamento, sin que ninguno de nuestros hombres hubiera sido herido.
53 – Capitán William P. Bainbridge de Kentucky, 4º Artillería, ascendido a mayor después de Cerro Gordo.
54 – Teniente John H. Miller, 4º Artillería, fue capitán el 3 de marzo de 1847, y ascendido a mayor por su participación en la defensa de Puebla.
El día 25 la batería de 24 lb abrió fuego contra la ciudad. Por la tarde, una bandera fue enviada al general Scott pidiéndole que dejara salir a las mujeres, niños y extranjeros de la ciudad. El general se rehusó desde luego. A las 4:30 p.m. el fuego desde la ciudad y el Castillo cesó debido al envío de una bandera. Cerca de las 2:00 a.m. del 26, nuestros cañones abrieron de nuevo fuego sobre el puerto. Los mexicanos lanzaron tres cañonazos y luego sonó un aviso de conferencia. De nuestro lado seguimos disparando hasta las 7:00 a.m. sin conocimiento de que se hubiera mandado una bandera de tregua desde la ciudad. La ciudad y el Castillo accedieron a rendirse en las mismas condiciones que habíamos otorgado en Monterrey. En esto el general no transigió, exigió que se rindieran incondicionalmente. (55)
55 – Teniente Edmund Bradford, “Campamento de ataque en la retaguardia de Veracruz”, a Caroline Bradford, Filadelfia, 27 de marzo de 1847, Fondo Edmund Bradford, Western Americana MSS, Beinecke.
El teniente coronel Francis S. Belton (56), comandante de las baterías de morteros, entra de lleno al drama del sitio, aunque veía valiosos monumentos culturales derrumbarse en torno a él, escribe:
56 – Teniente coronel Francis S. Belton, 2º teniente en el 1er Regimiento ligero de Dragones, 27 de marzo de 1812, fue teniente coronel, 3º Artillería, 13 de octubre de 1845; condecorado por su participación en Contreras y Churubusco (una medalla).
“¡Este es un sitio muy hermoso! (sic) –no hay nadie que no tenga una gran confianza-. Las líneas y trincheras son muy seguras -todo el fuego de ayer, que fue como 60 tiros de artillería y granadas durante toda la noche, no nos ha hecho ningún daño-, excepto a su preciosa iglesia que está en el cementerio. Yo estuve ahí ayer por la tarde. Un precioso altar de líneas sobrias está al centro, bajo la cúpula, la cual fue bombardeada una y otra vez. El espléndido crucifijo del altar parece ser una extraordinaria obra de arte, no lo pude ver bien porque había mucho polvo de los morteros y estuco cayendo. La corona de espinas estaba fuera de su sitio tirada. Las velas en los candelabros (que no eran de oro ni plata) estaban rotas, había cuatro orificios de bala en las puertas y otros daños alrededor. Cada muro tiene huellas de disparos, así como la magnífica portada. He sabido que los vapores que están aquí van a atacar también el pueblo que está más abajo de Punta Hornos (…) La mañana antes de nuestro primer desembarco, el Spitfire arrojó proyectiles sobre la plaza, así lo dice el periódico de Veracruz -y esto se repetirá- el Steptoe tiene cañones de 12 y 24 lb. Hay obuses en la parte norte del puerto donde está la 2ª Brigada, la 1ª y la 4ª de Artillería (…) Estaré atento para dar (si los escucho), el resultado de las negociaciones para rendirse a las 5:00. Las órdenes de rendición fueron entregadas, y el resultado fue que el general Morales dio como respuesta que tenía la encomienda de defender la plaza hasta el final. Las baterías abrieron fuego en ambos bandos, y continuó con gran fuerza por una hora y media. En el ataque participaron dos vapores (el Vixen y el Spitfire), y cuatro buques de guerra (…) Escribo a las 10 de la mañana del 23 de marzo -estuve de guardia toda la noche y se me relevó en el amanecer-. Me mantuve disparando toda la noche desde el momento en que las baterías abrieron fuego a las 5:00 de la tarde; al momento de dejar la batería esta mañana se han hecho más de 600 disparos sobre la ciudad -nueve de cada diez de ellos estallaron-. Los barcos abrieron fuego una hora antes del desayuno y le dieron al enemigo una dosis adicional. El fuego del enemigo está siendo muy lento. Por la noche tendremos 6 u 8 cañones de 24 lb y 4 o 6 cañones Paixhands de 8 pulgadas disparando desde otros dos puntos -creo que se rendirán mañana-. Estamos muy entusiastas. Estoy muy bien aunque he trabajado mucho, siento que puedo cuidar de mí mismo, sintiéndome tan a salvo en las trincheras como lo estaría en casa. Así que quita de la cabeza todas tus preocupaciones por mi seguridad. No voy a correr riesgos innecesarios (…) 13 morteros más acaban de llegar. (57)
57 – Coronel Francis S. Belton, Campamento Washington ante Veracruz”, a su esposa e hijo, 22 de marzo de 1847, Fondo Edmund Kirby Smith, So. Hist. Col., NCa.
Narración mexicana del sitio
Las experiencias y las emociones en la ciudad fueron muy diferentes a las que tuvieron los hombres del ejército de Scott. Una “Narración Mexicana de los eventos en la Heroica ciudad de Veracruz mientras era sitiada por el Ejército Norteamericano” fue publicada en Jalapa en 1847, y reimpresa por la prensa de Estados Unidos:

La ciudad de Veracruz estaba amurallada, y para atacar y exigir su rendición, los estadounidenses montan un novedoso, para su época, dispositivo militar. Tanto desde los barcos como desde tierra comienzan un bombardeo constante a la Ciudad de Veracruz. Miles de bombas se disparan contra la ciudad durante cinco días. Dado que la ciudad era amurallada los civiles no pueden salir de la ciudad que se mantiene sitiada. Cientos de civiles mueren en ese episodio, siendo el primer bombardeo sobre civiles de la historia. Los estadounidenses dispararon 6,700 proyectiles, Veracruz y San Juan de Ulúa respondieron con 18,486 disparos. Hubo 400 soldados mexicanos muertos y 200 heridos. Las bajas civiles fueron muy numerosas, posiblemente más de mil. Un grupo de notables de la Ciudad de Veracruz, entre otros los cónsules de Rusia, España e inglaterra, salen a pedir al general Winfield Scott que deje salir a los niños y mujeres de la ciudad, que respete a la población civil, cosa a la que se opone Scott y continúa el bombardeo con más saña. Al día siguiente el Puerto de Veracruz capitula. Por este episodio Scott pasó a ser llamado el “carnicero de Veracruz” y se tiene por un acto deshonroso en la historia de las relaciones México- Estados Unidos. Otro hecho que en los estándares internacionales actuales hubiera llevado a los autores a ser juzgados como criminales de guerra.
¡Qué horrible es la escena que intentaremos describir brevemente! ¿Qué corazón amigo puede contenerse sin que sus ojos no se llenen con las más amargas lágrimas de dolor? Seríamos felices si pudiéramos borrar del recuerdo de México este evento, causa de nuestra melancolía y de los grandes y lamentables infortunios que se abaten sobre nuestro país. Pero estamos obligados a denunciarlos ante el mundo entero, decir cuál es nuestra verdadera situación durante estos días de bárbaro conflicto, sin ningún alivio, que esta ciudad soportó, así como su desastroso final. (…)
Cuando la escuadra enemiga apareció transportando al ejército invasor, todos nuestros puntos de defensa estaban cubiertos con nuestros veteranos soldados y la Guardia Nacional. Desde este primer momento la labor fue constante, con la más grande alerta; los ciudadanos, aunque estaban exentos por ley, corrían para hacer una defensa común, aunque algunos iban desarmados, todos trabajaron y pusieron su parte en la defensa, esperando momento a momento el asalto, y de acuerdo a sus creencias, dispuestos aún a costa de su vida misma a defender su familia y a su país.
Pero los días y las noches oscuras pasaban y el enemigo no se acercaba a nuestras murallas, permaneciendo oculto tras de sus trincheras. No estaban ansiosos de medir sus armas con nosotros, para no aventurarse en un incierto episodio de armas, seleccionando en cambio las que les eran más adecuadas y más acordes con su carácter, asesinando de la manera más bárbara a ciudadanos indefensos e inocentes por medio de un salvaje bombardeo de la ciudad. De la manera más horrible lanzaron más de 4,100 bombas y un innumerable número de balas del calibre más grande, durante noches y días enteros, dirigiendo sus primeros tiros hacia donde estaban los hospitales de caridad, los hospitales para los heridos; y hacia otros puntos donde dirigieron su fuego donde era sabido que las autoridades se pondrían a proteger a las ciudadanía y a las panaderías fácilmente reconocibles por sus chimeneas. Durante toda la noche lanzaban una lluvia de bombas sobre toda la ciudad, cuya curva de lanzamiento estaba perfectamente calculada con el tiempo para que explotara, de forma tal que podían unir la caída y la explosión, causando el máximo de destrucción. Todos estos infames procedimientos mostraron desde el primer día la cobardía del enemigo.
Sus primeras víctimas fueron mujeres y niños, seguidos por familias enteras aniquiladas por los efectos de las explosiones o bajo las ruinas de sus propios hogares. En muy poco tiempo los hospitales se llenaron de heridos, los muertos eran sepultados en la fosa común, con excepción de los que no pudieron ser sacados de entre las ruinas de sus casas. Las bombas traspasaron las paredes del templo de Santo Domingo, matando a los infortunados heridos, aterrorizando a las enfermeras y médicos, quienes habían arriesgado todo para llegar hasta ahí, al igual que los que fueron hasta la Iglesia de San Francisco y a la Capilla de la Tercera Orden que tuvieron también la misma terrible suerte; lo mismo sucedió en los Hospitales de Belén y Loreto, donde sé de buena fuente que una bomba mató a diecinueve personas inocentes. En todos lados se ven personas desafortunadas buscando refugio de esta aterrorizante desolación, mientras que los heridos, haciendo acopio de fuerzas para ponerse en pie, volaban en pedazos, llenando las calles con su sangre.
Al segundo día del bombardeo nos quedamos sin carne ni pan, nos redujimos a una ración de frijoles que comíamos a media noche en medio de una lluvia de balas y el resplandor de los proyectiles. Para este momento, todos los edificios de La Merced a la Parroquia estaban reducidos a polvo, las calles intransitables, llenas de escombros, piedras y proyectiles; los ciudadanos se han ido progresivamente mudando al lado de la caleta, donde hasta la fecha ha habido menos destrucción. Se han refugiado en las calles y en los pórticos en tal número que solo puede uno permanecer de pie.
Al tercer día el enemigo alternativamente dispersó su fuego, y ahora cualquier lugar es un sitio de riesgo. Esta es la condición de las desoladas familias que sufren tal angustia, sin esperanza, ayuda, sueño o comida; solo ocupados en intentar sobrevivir, lo cual se ve más agravado por los pensamientos sobre sus hijos y hermanos, y su suerte incierta al permanecer en las fortificaciones; ellos sin duda también estarán pensando en sus padres, sabiendo que pueden ser víctimas de los bombardeos aun en su propia casa. Muchas de las familias cuyas casas han sido destruidas, lo han perdido todo, lo único que conservan es la ropa que llevan puesta, dado que lo que las llamas no han consumido está sepultado bajo los escombros. Cientos de personas, como cientos de padres de numerosos niños que antes contaban con un ingreso, hoy se encuentran sin siquiera un lecho, sin cobijo, ni ropa para abrigarse, y sin ningún recurso.
Las principales panaderías ya no existen, no hay provisiones, y no existe ninguna tienda. ¡Los defensores y la población se alimentan de frijoles y arroz que son colectados por las autoridades municipales! Debe tenerse en cuenta que el puerto ha sido bloqueado desde hace un año, lo que ha causado pobreza generalizada; el hecho de que los ricos y benevolentes hombres de la ciudad, que podrían haber ayudado a muchos no estuvieran aquí, para aquellos que conocen Veracruz podrán comprender que el puerto vive de su comercio, el cual está muerto desde hace varios meses. En medio de tal multitud de horrores, desolación y pena, con los hospitales llenos de heridos sin que nadie los atendiera, las casas llenas de cadáveres sin sepultar, sin comida y con daños en las murallas y en los sólidos y bien defendidos fortines, con una cada vez mayor carencia de municiones y balas de cañón, dando constante respuesta al enemigo; la Comandancia General rodeada de tales llamamientos e infortunios sintió enardecer su coraje, y declaró su decisión de defender el sitio mientras existieran siquiera diez hombres vivos para poder sostener su defensa. Se llamó a los oficiales en línea y a las autoridades municipales para consultarles y la mayoría juzgó propio salvar las vidas de ciudadanos inocentes asediados por el enemigo, sabiendo que con su muerte no mejoraría su situación.
Aún no sabemos cuántos de los nuestros estén muertos o heridos pero, según los mejores datos que hemos obtenido, creemos que entre ambos, muertos y heridos, no hay menos de mil personas. El daño causado a las viviendas y edificios asciende a cinco o seis millones de dólares y no serán reparados en muchos años. (58)
58 – Anónimo, (1847). “Mexican Narrative events at the Heroic City of Veracruz, while besieged by the American Army”, publicado en Jalapa, 1847, citado en Nile´s National Register, vol. 72, 8 de mayo de 1847, p. 149.
Un corresponsal del New Orleáns Delta confirmó los horrores del bombardeo al dar detalles del fuego que se había abatido sobre la ciudad:
Los mexicanos estiman sus bajas entre 500 a 1,000 entre muertos y heridos, pero todos pensamos que sus bajas de soldados son comparativamente menores que la destrucción ocurrida entre mujeres y niños. Entre los muertos está el general Félix Valdés, un oficial de cierta celebridad.
En el día de la rendición, a los mexicanos solo les quedaban dos días de municiones, y tres días de provisiones, considerando detener el fuego por las noches.
Durante el bombardeo nuestro ejército disparó el siguiente número y tamaño de tiros:
Baterías del Ejército
3,000 cartuchos de 10 pulgadas 90 lbs. cada uno
500 balas de cañón 25 lbs. cada uno
200 cartuchos de obús de ocho pulgadas 68 lbs. cada uno
Batería de la Marina
1,000 tiros de Paixhan 68 lbs. cada uno
800 balas de cañón 32 lbs. cada uno
Flotilla de veleros pequeños
1,200 tiros y casquillos en promedio 62 lbs. cada uno
Haciendo un total de 6,700 tiros y casquillos pesando 463,600 lbs.
La destrucción de la ciudad fue espantosa, la mitad de ella está destruida. Las casas fueron reducidas a polvo y los muebles destrozados dispersos en todas direcciones, las calles están deshechas y los edificios más sólidos seriamente dañados. (59)
59 – Anónimo. (1847). “Guerra con México”, en New Orleans Delta, Ibíd., 17 de abril de 1847, p. 100.
Para el inspector general del general Scott, el teniente coronel Ethan Allen Hitchcock, el bombardeo fue una demostración de la eficiencia militar, aunque haya sido una carnicería sin sentido de mujeres y niños indefensos:
Estoy en el campamento (Washington) a dos y media millas de Veracruz, y de un momento a otro esperamos el regreso de nuestros comisionados, los generales Worth y Pillow, y el coronel Totten con la declaración firmada de los mexicanos de su rendición tanto de la ciudad como del celebrado Castillo de San Juan de Ulúa (…) El día 24 una batería pesada de seis cañones desembarcó y abrió fuego, y al día siguiente, el 25, otra batería pesada de 24 lb inició fuego, mientras que más morteros se ponían en posiciones de disparo durante la noche del 25. El fuego fue muy destructivo –causó verdaderos estragos- nada puede sobrepasarle en horrores. El enemigo comenzó a disparar el día después de que llegamos y continuó haciéndolo a diario, pero con muy poco efecto. Cesaba el fuego usualmente al caer la noche, y la noche del 25 escasamente dispararon. Nuestros morteros al contrario (13) les dieron un perfecto baño de disparos en cada parte de la ciudad, el solo pensamiento de ello me hace estremecer ahora. Los casquillos estaban rellenos con varias libras de pólvora y en la noche se les podía ver ardiendo cruzar el cielo, saliendo de los morteros –algunas veces 3 o 4 de una sola vez-, trazando un arco inmenso hasta llegar muy alto y entonces descendiendo sobre la ciudad, y probablemente cayendo cuatro de cada cinco en alguna casa, causando en ellas una terrible explosión, matando a familias enteras de mujeres y niños. Es horrible pensar en ello.
El enemigo mandó una bandera blanca de tregua la mañana del día 25, y todo el día de ayer y hoy se han ocupado en negociaciones. Entendemos que tanto la ciudad como el Castillo han accedido a rendirse bajo nuestras condiciones. (…)
Debo añadir que tuvimos la pérdida de dos oficiales del ejército (el capitán Alburtis y Jno. R. Vinton), el oficial (Shubrick) (60), y de 5 o 6 soldados, así como muchos marinos. Nuestro asedio a la plaza y nuestros procedimientos de acción se han conducido bajo la dirección de ingenieros científicos, y todo ha procedido de acuerdo con las reglas del arte de la guerra. De ahí que la pérdida haya sido tan baja -desde luego lo digo comparativamente- no tener pérdidas en esta infame guerra es una ventaja. No hemos actuado como buenos vecinos con respecto a nuestro hermano más débil. (61)
60 – Oficial de la Marina Thomas B. Shubrick, Marina de los Estados Unidos el 3 de marzo de 1841, sirvió con la Batería Naval en el sitio contra Veracruz y fue muerto por una bala de cañón el 25 de marzo de 1847.
61 – Teniente coronel Ethan A. Hitchcock, Campamento Washington cerca de Veracruz, a la Srita. Elizabeth Nicholls, Georgetown, D.C., 27 de marzo de 1847, Fondo Ethan Allen Hitchcock, DLC.

La ocupación de Veracruz

El bombardeo duró del 22 al 26 de marzo. Los términos de la rendición fueron acordados al día siguiente. En una carta a su hermana, el teniente Meter V. Hagner (62), después de haber descrito brevemente la rendición y partida de las tropas mexicanas, hizo una descripción de Veracruz al segundo día de haber sido ocupada:
62 – Teniente Peter V. Hagner fue 1er teniente, Ordenanza, 22 de mayo de 1849. Obtuvo condecoraciones por Cerro Gordo y Chapultepec. En 1865 fue de nuevo condecorado por sus servicios en el Departamento de Ordenanzas del Ejército de la Unión, durante la Guerra Civil.
En mis cartas pasadas te dije que habíamos tomado posesión de la ciudad de Veracruz y de sus dependencias. El día 29 las guardias en los diferentes fuertes y en el Castillo marcharon hacia una zona llana cercana a la ciudad, seleccionada por el general, y ahí, entre dos de las divisiones del ejército con las armas a la vista, dieron su palabra –no pelear durante la guerra- y después se marcharon con rumbo al sur. El capitán H. y sus hombres fueron los designados para recibir las armas. Se puso una bandera blanca de tregua en el gran terreno abierto y sobre la cabeza de columna de los mexicanos, mientras que nosotros regresábamos a nuestra posición. Estábamos en alto y las armas a la vista. Entonces realizamos un inventario -compañía por compañía-: alrededor de 4,000 mosquetes, espadas, banderines, instrumentos musicales, etc., etc. Luego marchamos hacia el puerto y tomamos posesión de los fuertes evacuados –disparamos algunos saludos- y marchamos para revista ante el general que estaba en un balcón en la plaza. Después de eso comenzaron las tareas para poner las cosas en orden.
El general Worth actuando como gobernador está poniendo las cosas en orden lo antes posible en este sucio pueblo español que ahora está destruido en una tercera parte –lleno de basura-, las calles obstruidas por las barricadas, o destrozadas por nuestros cañonazos, las casas están terriblemente dañadas en cada calle, algunos moradores sucios y desharrapados a medio vestir, aunque la mayoría abandonó la ciudad o se escondió, tan rápido como nuestras líneas se acercaron a ellos. No parece existir ningún mal sentimiento hacia nosotros de su parte. Tan rápido como se reponen de su miedo, se agrupan en torno de nosotros y nos miran tan amigablemente como se pudiera esperar. Los oficiales de ordenanza han tenido que visitar todos los fuertes y el Castillo para levantar inventarios de sus municiones y provisiones. No tenía idea de que los mexicanos pudieran tener tal cantidad de armas y municiones.
Hay 12 fortines alrededor de la ciudad, conectados por murallas, están armados con más de 100 piezas de artillería pesada, bronce y hierro, muchos cartuchos, balas, y balas de cañón para cada fuerte. Además de esto, hay 250 cañones viejos, y 25 o 30 buenos – dispersos por la ciudad-, con municiones, armas pequeñas y equipos militares por todas partes. Esto nos mantuvo ocupados hasta la noche, después fuimos a cenar a un restaurante y regresamos a nuestro campamento.
Hoy he estado completando mi visita a la ciudad y también al famoso Castillo de San Juan de Ulúa. Es un buen fuerte, viejo, de hecho muy viejo, pero en muy buen estado de conservación militarmente hablando, que ha sido infinitamente cuidado en su preservación por hábiles ingenieros. Barricadas, pilas de sacos de arena en cada esquina. Aquí hay montadas 130 piezas de artillería pesada, y una enorme provisión de municiones y materiales. Esta gente parece que se ha pasado gastando todo lo que tenía por años comprando armamento y, sin embargo, las han abandonado con solo una lucha a medias. Nos dispararon por tres semanas, y nosotros les disparamos por 78 horas. Cuando ellos se rindieron, todo lo que tenían a la mano -230 armas montadas, en fuertes fortificaciones-, nosotros teníamos 23 cañones en las trincheras detrás de sacos de arena, los cuales tuvimos que jalar a través de arena profunda bajo su fuego por cerca de dos millas. Pero por desgracia para ellos su ciudad estaba siendo atacada y ofrecía muchos puntos débiles. Nosotros teníamos solamente los hombres y el material suficiente, y por buenas maniobras se logró protegerlos perfectamente. Obtuvimos muchos trofeos de guerra, puedes ver muchas de estas viejas piezas de bronce españolas – piezas de ordenanza-, se les llama también viejos bombarderos, que probablemente daten de 1620. Obtuvimos también muchas buenas piezas de nuestros propios mosquetes, hechos en la fundición de West Point por muchos años, junto con una gran cantidad de parque, y además pistolas inglesas igualmente bien surtidas de munición.
Han sido muy indulgentes, y la consecuencia es que, con excepción de las armas y las municiones, han dejado muy poca propiedad pública útil. La ciudad está pavimentada con piedras de coral y caliza, quizá sea más limpia y salubre, pero está deplorablemente sucia, rápidamente será insalubre, a menos que podamos prevenirlo de una manera eficaz.
Los edificios públicos son grandes y lujosos. Tomamos posesión de algunos según los vamos necesitamos para hacer bodegas. Las casas son como todas las casas españolas, prisiones en el exterior, frías y aireadas. Todo ha sido respetado y está tranquilo –así como bien preservado-. Aún en este segundo día, como lo es cada ciudad en este país. La gente difícilmente puede creer lo que pasó, yo creo que tan pronto se enteren de que esta ocupación va a ser continua, volverán alegremente. La ciudad tiene muy pocos o ningún jardín, y, dado que nuestras fuerzas estuvieron cercándolos por tres semanas, casi se han secado, aparentemente tienen una gran cantidad de arroz y de cordero. Los pobres dicen que están sufriendo -el general ha ordenado que se les entreguen provisiones-. Nosotros vamos a sus restaurantes y pagamos un dólar –por una comida muy raquítica-; en los mercados pagamos una bagatela por una cebolla. No quiero llegar a eso a menos que sea absolutamente necesario (…) Pronto nos deberemos desplazar hacia el interior. He sabido que es un territorio agradable y con un clima más benéfico, eso espero. (63)
63 – Teniente Peter V. Hagner, “Campamento frente a Veracruz”, a Mary M. Hagner (su hermana), Annapolis, Md, 30 de marzo de 1847, Fondo Peter Hagner, So. Hist. Col., NCa.

Relación de imágenes:
Imagen 1: Castro, Casimiro- García, Francisco. (1856). “Veracruz amurallado”. En México y sus alrededores: colección de monumentos, trajes y paisajes dibujados al natural y litografiados. México, Decaen editor. (General Research Division, The New York Public Library. Digital Collection ID: 1519712). Recuperado de: http://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e2-16bd-a3d9-e040-e00a18064a99
Imagen 2: Anónimo. (1848). “Croquis del sitio de Veracruz por las tropas de EU” en Alcaraz, Ramón et al, Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos, México. Tipografía de Manuel Payno, p. 261. Recuperado de: https://archive.org/details/apuntesparalahis00alca/page/n261
Imagen 3: Currier, Nathaniel. (1847). General Winfield Scott en Veracruz, 25 de marzo de 1847 (grabado), New York, Currier & Ives. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. LC-DIG-pga-09393).
Imagen 4: Currier, Nathaniel, (1852). Un huevo malo: sólo fastidio y plumas (cartón), New York, Currier & Ives. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 90708867).
Imagen 5: Barton C. (1847). Isla de Lobos, sitio de reunión del Ejército de los E.U. bajo el mando del general Scott, previo al ataque a Veracruz, New York, P.S. Duval. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 2003655767).
Imagen 6: Anónimo. (s/F). Mapa del sitio de Veracruz. New York, Academia West Point, Recuperado de: https://www.usma.edu/sites/default/files/inline-images/academics/academic_departments/history/Mexican%20and%20Sp%20Am%20wars/mexican%2520war%2520map%2520_Scott9March.jpg
Imagen 7: Croome, W., (1851).“Plan de ataque a Veracruz y San Juan de Ulúa”. En Frost, John, Pictorial History of Mexico and the Mexican War, Philadelphia, Richmond, Harrold & Murray, 1851, p. 472. Recuperado de: https://archive.org/details/pictorialhistory01fros/page/472/mode/2up
Imagen 8: Croome, W. (1851). “El G. Scott dirigiéndose a abordar el barco del comodoro”. En Frost, John, Pictorial History of Mexico and the Mexican War, Philadelphia, Richmond, Harrold & Murray, p. 469. Recuperado de: https://archive.org/details/pictorialhistory01fros/page/468/mode/2up
Imagen 9. Wagner – Mc Guigan. (1851). “Desembarco de tropas en Veracruz”. En Frost, John. Pictorial History of Mexico and the Mexican War, Philadelphia, Richmond, Harrold & Murray, (inserto). Recuperado de: https://library.uta.edu/usmexicowar/collections/image/usmw-GO28_6-9101245.jpg
Imagen 10: Barton, Charles C. (1847). Desembarco del ejército de los E.U, bajo el mando del general Scott en la playa cerca de Veracruz, 9 de marzo de 1847. Philadelphia, P. S. Duval (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 2003655756)-
Imagen 11: Anónimo, (1847). Bombardeo sobre Veracruz, marzo de 1847. Ataque de los buques bombarderos sobre la ciudad y Castillo de San Juan de Ulloa (sic). Philadelphia, Sarony & Major. Recuperado de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/07/Battleveracruzlanding.jpg
Imagen 12: Anónimo, (1847). Victorioso bombardeo sobre Veracruz por las fuerzas unidas del Ejército y la Marina de los E.U. marzo 24 y 25 de 1847. Philadelphia, Sarony y Major. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., 2003664143).
Imagen 13: Walke, Henry A.- Perry, Matthew C. (1848). Batería de la Marina de los E.U. durante el bombardeo a Veracruz el 24 y 25 de marzo de 1847, Philadelphia, Sarony & Major, 1848. También en Naval Scenes of the Mexican War, Philadelphia. Recuperado de: http://www.baxleystamps.com/litho/walke_litho_8-1.jpg
Imagen 14: Anónimo, (s/f). Comodoro David Conner (tarjeta de visita). (The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Print Collection, The New York Public Library. ID. 1217007). Recuperado de: http://digitalcollections.nypl.org/items/510d47df-2c27-a3d9-e040-e00a18064a99
Imagen 15: Anónimo (s/f). Daguerrotipo retocado del Comodoro Mathew C. Perry. (Library of Congress Prints and Photographs DIvision Washington, D.C. 2016866868)
Imagen 16: Needham H.,(1847). Escena en Veracruz durante el bombardeo, marzo 25 de 1847. Connecticut, Hartford, E. VB. & H. C. Kellog, 1847, (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., 95509314).
Imagen 17: Croome, W., (1851) “Asedio a Veracruz, viñeta”. En Frost, John, Pictorial History of Mexico and the Mexican War, Philadelphia, Richmond, Harrold & Murray, p. 464. Recuperado de: https://archive.org/details/pictorialhistory01fros/page/464/mode/2up
Imagen 18: Currier, Nathaniel. (1852). Capitulación de Vera Cruz (sic): Los soldados mexicanos desalojando la plaza y entregando sus armas al Gen. Scott. Marzo 29, 1847, New York, Currier & Ives, (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 90714167).
Imagen 19: Anónimo. (1854). “La flota norteamericana saludando al Castillo después de la rendición de Veracruz”. En Frost John, The American generals from the founding of the Republic to the present time, Boston, Dayton and Wentworth, 1854, p. 840. Recuperado de: https://archive.org/details/americangenerals02fros/page/840/mode/2up

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