Capítulo II: La campaña de Corpus Christi a Buenavista.

Imagen 1. Anónimo: General Zacarías Taylor en el campamento, grabado coloreado, s/f, (US. National Park Service, Brownsville Texas. The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Print Collection, The New York Public Liary. «Zachary Taylor [signature] at the period of his commanding in Mexico. «New York Public Library Digital Collections 5111194).

Zacarías Taylor en Corpus Christi

Durante los nueve meses que precedieron a la guerra con México, mientras la administración del presidente Polk hacía los esfuerzos finales para concretar sus ambiciones de expansión territorial por vía diplomática, el general brigadier Zacarías Taylor estableció la base desde la cual realizaría la invasión a México.

El 15 de agosto de 1845, Taylor reportaba sus actividades al presidente Polk:

Después de un cuidadoso examen hecho personalmente de las bahías de Aransas y de Corpus Christi, me he establecido en este último punto, al oeste del Río Nueces, que es la más favorable para los objetivos que tenemos, y he instalado a las tropas y provisiones de manera tan rápida como nos lo han permitido nuestros transportes. (…)

Estoy muy agradecido (…) de que las tropas estén en mejores condiciones de las que hubiera esperado, tomando en cuenta que han estado expuestas a una muy mala calidad de agua en la costa. (1)

La euforia militarista del General Worth

A pesar de todas las malas pasadas y contratiempos, la moral de muchos de los hombres, aunque sin duda no de todos, era elevada. En una carta escrita el 1 de noviembre de 1845, se expresaba el espíritu guerrero, el hambre por la batalla solo por pelearla, así como por defender al país en una guerra “a la que definitivamente por donde se vea fuimos forzados”. El general brigadier William Jenkins Worth (2) rápidamente llegó a ser una de las figuras más controversiales y luminosas de la guerra. Escribió esta explosiva carta, tras haber estado en servicio en el ejército regular por muchos años, donde contemplaba nuevos horizontes que se abrían ante él. En efecto, estaba documentando del análisis de Tocqueville sobre las aspiraciones guerreras del ejército de una nación democrática y observa:

En los ejércitos democráticos, el deseo de seguir avanzando es casi universal: es ardiente, tenaz, perpetuo; se refuerza con otros deseos, y solamente se apaga cuando se muere. Pero es fácil ver que ese sentimiento de avance debe ser más lento en los ejércitos de las naciones democráticas en tiempos de paz (…)

Lo que nos hace llegar a esta singular conclusión: de todos los ejércitos, los que más febrilmente desean la guerra son los democráticos, y, de todas las naciones, las que más desean la paz son las naciones democráticas; lo que hace este hecho aún más extraordinario es el hecho de que estos efectos contrarios se producen al mismo tiempo por un principio de igualdad. (3)

 La revelación de las ambiciones de Worth queda al descubierto en el siguiente texto:

Venir aquí, como hemos venido todos, con presteza y altas aspiraciones además de las naturales esperanzas profesionales, de una vez por todas a participar en una guerra que, por donde le veamos, nos vimos obligados, y cuyos resultados nunca se han puesto en duda en lo que respecta al honor de nuestro país o a la calidad de los elementos a su servicio. Puede imaginarse bien, mientras se entiende la depresión que conlleva, la seguridad de que esto es “todo y el fin de todo” –que todas esas agradables fantasías se evaporarán en el humo-. Gracias a Dios esto no es suficiente para volverse loco, la primera oportunidad en el pasado y, probablemente, la última dentro de 30 años o más en la que el ejército tendrá la oportunidad de actuar más allá de la aventura, y que además exista una conjunción de la posición legal apoyada en la Constitución y el respaldo popular para poder jugar un papel protagónico en la gran puesta en escena de este drama nacional ¡Se debe desplegar rápidamente y con vigor una fuerza sobre el Río Grande!

Se ha logrado reunir con asombrosa fuerza y rapidez desde los más remotos rincones de nuestro vasto dominio, de donde han venido guiados por su valentía. – Tal vez existan dudas que podrían haber sido solucionadas si ambos gobiernos hubieran hablado directamente en lugar de atenerse a años de notas y tratos protocolarios llevados a cabo por los diplomáticos–, pero el tiempo pasa -si no es que se ha agotado ya-. El gran resultado no ha sido ni será alcanzado -como el tiempo y las circunstancias demostrarán, nuestro valiente y viejo general no se siente autorizado para dar ni un paso adelante- ¡Que desgracia que las instrucciones no hayan sido más específicas y de acuerdo al tono y sentimiento del día! ¿Por qué México es tan importante ahora? 

La raza anglosajona ha robado tierras desde tiempo inmemorial, así que ¿por qué no debería de hacerlo ahora? Cuando les echan el ojo a otras tierras, lo mejor que se puede hacer es ponerse en acción: en esta instancia, en la que hemos lanzado nuestras águilas sobre las riveras del Río Grande, los mexicanos deberían haberse ido a Washington y solicitado el honor de pagar por firmar los papeles.

Pero bueno, aquí estamos, asimilando nuestro disgusto lo mejor que podemos en medio de todo esto, -500 o 1/8 de la lista de enfermos y se espera que ese número aumente por lo menos al doble en cuanto llegue nuestra gente del norte gracias a la execrable agua, pero ¿qué es eso para nosotros, “los cuales tenemos por meta la muerte”? Mi conclusión es que la democracia norteña se niega a medir el efecto de un (innombrable) objeto específico, habiendo logrado lo que se podría decir así: “Accedimos a anexarnos Texas en tanto que se conserve como era, no como va a ser –estando seguros de eso, díganles a sus tropas que no pasen del Río Nueces-”. Pero el Rubicón ya ha sido pasado, un paso más hacia Roma no aumenta la indignidad, si ninguno de nosotros la ha acometido contra nuestros vecinos – ¡Oh! Qué gloriosa conveniencia-. ¡Todas las circunstancias, conspirando juntas en los asuntos internos de México, hacen que la confusión sea peor! Para muchos de nosotros es la última oportunidad. Antes que otro, estaremos aún lejos de ser alabados – si no es que, por casualidad, aunque es probable, Inglaterra decida apoderarse de esa olla (para usar una frase culinaria) hirviendo, hasta que hayan resuelto sus propios asuntos y quieran usar los puertos mexicanos (…) para echar a perder nuestro sur y al mismo tiempo tener el derecho de vía a California y ¡Colocarse encantadoramente en nuestro flanco de marcha hacia Oregon!

Debo agregar antes de despedirme que nuestras tropas están fuertemente motivadas, y como siempre, dispuestas a hacer su trabajo. Le aseguro que estará orgulloso de ellas. (4)

Imagen 4. Avery L. (1863). “Brownsville ahora ocupada por el ejército al mando del General Mayor N. P. Banks mostrando el ferry de Santa Cruz” (Litografía) en Frank Leslie’s illustrated newspaper, Brownsville 1863 Dec. 5, p. 173. (Duke University Archives.The University of Texas at Arlington Library, Special Collections.E405.1.T53).

El avance hacia el Río Grande

El belicista Worth pronto sería complacido. En enero de 1846 aproximadamente la mitad de las tropas estadounidenses estaban en Corpus Christi. (5) Recibieron la orden de avanzar el 8 de marzo y se movieron hacia el Río Grande (o Bravo). El objetivo inmediato de Taylor era Punta Isabel en el Golfo de México, situado como a 240 kilómetros al sur de Corpus Christi (315 km por la ruta que él tomó) y a menos de 16 kilómetros de la desembocadura del Río Grande. Estaba protegido por la Isla del Padre, pero no servía como puerto dada su poca profundidad. Aun así, Punta Isabel y la isla Brazos proveían los mejores puntos para anclar y, durante la guerra, fueron bases de aprovisionamiento para el ejército de Taylor en la campaña del Norte de México. (6)

Después de once días de camino los norteamericanos tuvieron su primer contacto con el ejército mexicano en Arroyo Colorado, encontrándose con la avanzada de Taylor, el cual los amenazó con atacarlos ante cualquier intento de cruzar el río. El general Taylor dio la orden de cruzar a sus tropas el día veinte sin oposición alguna, tomando el convoy de sus provisiones para proseguir la marcha. El 23 de marzo llegaron al camino que iba de Matamoros a Punta Isabel. Ahí se dividieron: Worth con gran parte de la infantería regresó a Matamoros, mientras que Taylor guió los convoyes con las provisiones a Punta Isabel. Una vez que estableció su base ahí, regresó para unirse a Worth. 

Enfrentamiento en Matamoros

Imagen 5. Anónimo. (1846). Matamoros visto desde el Fuerte Brown. Philadelphia, Carey and Hart. Recuperada de: https://library.uta.edu/usmexicowar/collections/image/usmw-E405-1-T53_p128.jpg

El 28 de marzo los norteamericanos llegaron al Río Grande y comenzaron la construcción del “Fuerte Texas” (después llamado Fuerte Brown) (7), lo cual les llevó un mes bajo la dirección del capitán Joseph King Fenno Mansfield, jefe de ingenieros (8). Al otro lado del río estaban las tropas mexicanas comandadas por el general Pedro de Ampudia (9).

En una carta, escrita por el teniente John P. Hatch a su hermana, se relatan las actividades y los problemas que vivían:

Hace una semana que llegamos a este lugar, y hemos acampado muy tranquilamente en la rivera del Río Grande. No ha habido quién se nos oponga y probablemente no lo habrá. El general Taylor de seguro va a tomar el pueblo en cuanto se lance el primer disparo, mientras tanto las acciones de ambos ejércitos son muy cómicas, ambos están ocupados en levantar baterías a ambos lados del río tan pegadas que casi podemos conversar entre nosotros pero no se ha disparado ni un solo tiro. Los hombres trabajan sin ninguna intención de llegar a un arreglo. Muchos de los oficiales y de los hombres se bañan en el río. Algunas veces, grupos de cada bando se bañan en diferentes lados del río. Aún no sabemos qué será lo que traman los mexicanos contra nosotros. Muchos piensan que en cuanto reciban tropas nos van a atacar. Actualmente tienen más hombres que nosotros pero están esperando tres mil, pues creen que necesitan pelear en proporción de tres a uno contra nosotros. Desde luego nosotros no aceptaremos menos que eso, pues estamos seguros de que los podremos hacer trizas de una manera tal que jamás se atreverán a mirar a la cara a otro norteamericano. Anteayer colocaron a sus tropas en las baterías que han construido y ahí las tuvieron concentradas. Dos sacerdotes arrojaron agua bendita sobre ellos y las tropas se arrodillaron. Creo que hicieron esto dado que no poseen más que cañones de nueve libras. Los nuestros, de dieciocho libras, llegaron hoy y serán colocados en la batería que fabricamos contra ellos. Intentamos atacar el pueblo a la mínima provocación. 

Hoy uno de nuestros hombres que había desertado, regresó y acabo de oír su relato. El general Worth había mandado por él hace unos días, y le dijo que le haría un gran trabajo a su Patria si escogía regresar, pero que se lo dejaba a su libre decisión y que no regresara a menos que de verdad quisiera hacerlo. El desertor dijo que quería ir a Matamoros para espiar a las tropas y saber cuántos eran, ver cómo iba a defenderse, ver cuántas pistolas tenían, y la cantidad de sus provisiones. El general le dijo que tendría la reputación de desertor, y correría el peligro de que le dispararan ya fuera a su salida o a su regreso, además del riesgo de ser colgado como espía. Él dijo que correría los riesgos. Hoy regresó, dijo que tienen 3,500 soldados, 500 son de caballería y son tropas muy preparadas, lo que sobra son buenos para nada, un miserable montón de muertos de hambre. Tienen más o menos 30 piezas de artillería, ninguna más grande que un “nueve libras”, la mayoría de ellas de dos o cuatro; tienen dos morteros. Sus soldados comen una vez al día y es muy poca la comida. (…) Nos dice que no nos atacarán hasta que tengan 7 mil hombres, y que entonces nos harán rendir y no dejarán que ninguno escape. Sin embargo, él cree que cualquiera de nuestros regimientos los podría vencer sin problemas. No creo que jamás puedan juntar 7 mil hombres y, aunque los tuvieran, creo que les da miedo atacarnos. Si se precipitan se van a arrepentir. Ayer tuvimos dos alarmas que nos dieron una muestra de lo ansiosos que están nuestros hombres por entrar en batalla. La primera fue por la tarde, un soldado estaba a punto de desertar y fue descubierto por dos guardias. Ambos estaban a poca distancia de él, uno arriba y otro abajo, le dispararon cerca de 20 tiros y lo mataron. Al escuchar los disparos muchos pensamos que por fin estábamos a punto de pelear. Los hombres dieron tres ¡hurras! Y corrieron por sus equipos, se formaron de inmediato, muy dispuestos a combatir. La otra alarma fue por la noche, un hombre hizo lo mismo y alcanzó igual suerte. No hubo voz de alarma esta vez pero los hombres reaccionaron igual.

6 de abril, ayer por la noche hubo un pequeño encuentro entre nuestros soldados y un barco de soldados mexicanos que pasó a este lado, suponemos que herimos a uno de sus hombres y se retiraron. No hubo alarma en nuestro campamento, pero los mexicanos estaban en guardia, ordenaron a los hombres que se pusieran en guardia pensando que seguramente los íbamos a atacar. Comienzo a creer que cualquier incidente así de pequeño puede desencadenar el fuego en no poco tiempo (…) Tenemos muy pocos oficiales en la tercera brigada, y una gran cantidad de tareas que atender. La fatiga de la guardia y los deberes caen sobre nosotros como sobre cualquier otro regimiento que carece de suficientes oficiales. (10)

El 12 de abril, el general Ampudia demandó que las tropas se retiraran hasta el Nueces y, ante la negativa de Taylor, el clima de guerra se recrudeció. Sin embargo, aunque Taylor seguía creyendo que los mexicanos no harían nada, ordenó el bloqueo de provisiones a Matamoros. Mientras tanto daba tiempo para seguir construyendo el Fuerte Texas y las defensas de Punta Isabel.

El sitio al Fuerte Brown

Imagen 6. Anónimo, Grabado del mayor Jacob Brown con pluma blanca en el sombrero dirigiendo el combate desde Fuerte Texas donde muere al ser herido (Brownsville Historical Society, 66000811).

La suposición de que el general Ampudia no haría nada resultó correcta, pero fue reemplazado por el general Mariano Arista (11), quién era más agresivo. El 24 de abril la caballería mexicana cruzó del otro lado del Río Grande y Taylor envío un pequeño destacamento de dragones contra ellos. El día 25 los americanos fueron rodeados y, después de una breve pelea en la que muchos murieron, se rindieron. Aunque fue una pelea pequeña, y la primera batalla de la guerra. 

El 30 de abril los mexicanos volvieron a cruzar el río, esta vez abajo de Matamoros poniendo en peligro el Fuerte y Punta Isabel. Para hacerles frente, Taylor dejo 500 hombres en él y condujo el resto de sus efectivos (cerca de 200 hombres) para resguardar Punta Isabel (12). El 4 de mayo los mexicanos comenzaron a bombardear el Fuerte. El comandante mayor Jacob Brown (13) fue herido de muerte (el Fuerte se llamó Brown en su honor, y la ciudad Brownsville posteriormente) y el mando fue asumido por el Capitán E.S. Hawkins (14).

Una vez concluido el sitio escribió un informe, del cual tomamos los siguientes fragmentos:

Imagen 7. Anónimo (1846). “Punta Isabel desde Brazos Santiago ocupado por los norteamericanos”. En Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Filadelfia, Carey & Hart, p. 29 , Recuperado de: https://library.uta.edu/usmexicowar/collections/image/usmw-E405-1-T53_p015.jpg

Tengo el honor de informar que por la mañana del día 6 del presente, después de tres días de bombardeo, su valiente comandante, el Mayor Brown, fue gravemente herido y murió a las 2:09. De inmediato asumí el mando, y tengo el honor de informar el resultado de los bombardeos que empezaron a las 7:04 de la tarde, al tiempo que el Capitán Walker (15) se retiró, con un reporte del resultado hasta esa hora. A las 9:04 de la noche escuchamos artillería a nuestras espaldas como a unas 300 o 400 yardas de distancia, y aparentemente extendiéndose por una milla a lo largo de la rivera. Los disparos fueron muy irregulares, esto continuó hasta pasadas las 11 de la noche. Todo el personal estaba con las armas dispuestas, las baterías y defensas a la orden y así siguieron toda la noche. El día 5 a las 5 de la mañana el fuego recomenzó desde las baterías enemigas, el cual fue respondido por nuestra batería de 18 libras y 6 libras, dispuestas en semicírculo en el bastión sureste. El fuego duró cerca de una hora, durante el cual recibimos 50 ráfagas de metralla del enemigo. Las baterías de ambos bandos cesaron fuego al mismo tiempo. Nuestra reserva de municiones era suficiente.

A las 8 de la mañana, Valdez, un mexicano, vino y reportó que una partida de dragones había sido hecha retroceder desde el campamento, y también que había una partida para el fuerte; que había visto treinta desertores del ejército de Arista, que aseguraban que los mexicanos no tenían provisiones para subsistir, que estaban cansados y que querían regresar a sus casas. Que era conocido en el campamento que Arista había recibido un comunicado desde México en el que se le informaba que había estallado otra revolución en México y que no recibiría más ayuda del gobierno. A las 9 de la mañana se informó que un reconocimiento de oficiales, escoltados por hombres montados del enemigo, estaba caminando por la parte de atrás a menos de 800 yardas del Fuerte y que otros grupos de hombres a caballo y de infantería estaban a esa misma distancia y que se extendían desde la laguna hasta el río. El Teniente Hanson (16), del 7º de infantería, pidió permiso para tomar a los dragones e ir a investigar. Se le concedió y en una hora regresó, reportando que el enemigo estaba estableciendo una batería en el cruce de caminos; esta noticia creó gran alarma, y se reunieron a una distancia, escondidos para seguir observando. Todos los hombres se enfocaron en reforzar las defensas. Muchos destacamentos de caballería y de infantería ocuparon hoy nuestro antiguo campamento. A las 11 de la noche se escucharon disparos por la parte trasera, provenientes de la laguna hacia el río. Las tropas están todas ocupando sus sitios esta noche.

Miércoles 6 de mayo. El cañoneo comenzó a las 5 de la mañana desde lo bajo del fuerte hacia la batería de mortero. Hubo muchos disparos hasta las seis de la mañana, cuando cesó el fuego. Durante la última hora todos los disparos estuvieron bien dirigidos, dando en el fuerte y a nuestras tiendas y equipos, destrozándolos e hiriendo muchos caballos. A las 6:30 los cañones de 18 libras fueron disparados, ante lo cual el enemigo abrió el ataque frontal y en retaguardia. El cañoneo continuó hasta las 10 de la mañana, cuando nuestro valiente comandante recibió la herida que lo mató, vimos una gran cantidad de infantería y de caballería en nuestra retaguardia. A las 7 un mortero explotó sobre nosotros y dos en la retaguardia. A las 10 una pequeña tropa de infantería disparó contra nosotros; pero estaban muy retirados y no respondimos al fuego. A las 10:30 a.m. algunos grupos de infantería y caballería nos rodearon por la parte de atrás. Varias ráfagas fueron disparadas desde la posición del teniente Bragg (17), que los hizo dispersarse rápidamente. Nos enteramos de que hubo muchos muertos. Después de eso y hasta las 12 del día recibimos lluvia de metralla por parte de nuestro enemigo. A las 2 hubo cinco detonaciones. A las 4:30 p.m. se izó una bandera blanca. Dos hombres vinieron y se encontraron con dos de los míos para traerme una carta del General Arista (documento A), al que me daba una hora para responder.

Este documento era de tal importancia que creí necesario convocar a un consejo con todos los comandantes y exponérselos. Ellos estuvieron de total acuerdo conmigo en la respuesta, cuya copia anexo como documento B en esta carta. Este documento fue despachado en el tiempo marcado, y poco después de haberlo recibido las baterías enemigas comenzaron a bañarnos con balas hasta el ocaso. La noche fue tranquila, pero se mantuvo una estrecha vigilancia. Cada hombre se mantuvo en su puesto y atento, dado que se esperaba un ataque por la mañana. (…)

Imagen 11. Anónimo. (ca. 1846). Grabado que muestra el momento en que el Mayor Jacob Brown cae mortalmente herido por una granada durante el sitio de Fuerte Texas. Brownsville Historical Society. Recuperado de:  https://www.nps.gov/paal/learn/historyculture/siegeofforttexas.html

Sábado 9 de mayo (…) 2 p.m. El mayor Brown murió y en un muy corto tiempo tuvimos que reorganizarnos. Al cuarto para las 6, la caballería mexicana y algunos de infantería fueron vistos a nuestra retaguardia, al mismo tiempo recibíamos fuego abierto de metralla en nuestro rededor. Desde la hora en la que empezó la batalla, y conforme fue aumentando, los cañones de 18 y 6 libras fueron apuntados en dirección al transportador superior. Cuando se hizo imposible distinguir entre el fuego aliado y enemigo cesó el fuego. (18)

Batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma (19)

Imagen 12: Paldi, Ange. Batalla de Palo Alto, 8 de mayo de 1845. Batalla de Resaca de la Palma 9 de mayo de 1846. Litografía de Klauprech & Menzel después Ange Paldi, 5o Inf., U.S.A., 1847, Biblioteca del Congreso EU, LC-USZ62-125

Taylor llegó a Punta Isabel el 2 de mayo.  Durante los siguientes cinco días sus tropas trabajaron en la fortificación (20), después comenzaron a marchar hacia Matamoros (21). Acercándose a Palo Alto, una laguna de cerca de 26 kilómetros en Tamaulipas, enfrentaron a las fuerzas mexicanas comandadas por el general Arista. El 8 de mayo Taylor atacó y pasaron toda la tarde combatiendo. El enemigo se retiró, solo para tomar una buena posición defensiva al día siguiente en La Resaca de la Palma o Resaca de Guerrero, una hondonada a unos 13 kilómetros de Palo Alto. Taylor ordenó de nuevo el ataque e hizo que los mexicanos se retiraran del campo de batalla. 

Imagen 13. Anónimo. (1846). El general Zacarías Taylor (Viejo rudo y rápido). Como lucía en la batalla de Palo Alto. New York, C. J. Pollard, 1846, a partir de un boceto de un teniente de artillería. (Library of Congress, 2003674499).

El teniente Jeremiah Mason Scarrit, miembro del cuerpo de Ingenieros, estuvo en ambas batallas (22). En su reporte al General Joseph G. Totten (23), jefe de ingenieros, escrito el 12 de mayo, cuando los detalles aún estaban frescos en su mente, nos da una descripción completa de las tácticas y estrategias usadas:

Imagen 14. Anónimo. (1882): “Tinta de la Batalla de Resaca de la Palma”. En Coffin, Charles Carleton, Building the Nation: Events in the History of the United States from the Revolution to the Beginning of the War Between the States, Volume 3, New York, Harper, p. 321. (Brownsville Historical Society).

Sin duda para este momento ya habrá sabido de nuestras batallas los días 8 y 9 en las que fungí como asistente del general Taylor con solo uno de nuestros grupos presentes. Pensé que sería grato para los oficiales tener un relato minucioso. Matamoros estaba suficientemente asegurado el primero de mayo como para permitir que nuestras tropas se moviern. Se dejaron bajo el comando del mayor Jacob Brown, con el 7º de Infantería, 4 cañones de 18 lb, 2 de 6 lb y 2 obuses y un total de 500 hombres. El capitán Mansfield fue dejado en el fuerte. El ejército llegó a Punta Isabel con 2,200 efectivos y nos quedamos ahí hasta las 3 del día 7, reforzando las defensas y aprovisionando nuestro convoy. El día 7 nos desplazamos con nuestro contingente original, acompañados por un convoy de cerca de 200 carros y llevando 2 cañones de 18 lb en carros tirados por bueyes que permanecieron con el convoy. La noche del día 7 acampamos a 8 millas de Punta Isabel. El día 8 cuando estábamos a cerca de 15 millas de Punta Isabel, y a una milla de la posición llamada “Campamento de Worth”, nuestra línea de batalla estaba formada, el contingente estaba parado y el convoy cerrado – esto se hizo porque se nos avisó que a raíz de nuestro avance el enemigo había sido visto enfrente y venía hacia nosotros-. Siguiendo estas órdenes las fuerzas avanzaron hasta que llegaron a la poza en el campamento del general Worth, ahí se detuvieron y se refrescaron, descansando y tomando agua y el convoy se detuvo. Desde esta posición podíamos ver al enemigo a una distancia de dos millas y cómo sus largas filas negras se movían aparentando ser una fuerza avasalladora sobre nuestro pequeño destacamento. Cuando los hombres descansaron y se alinearon de nuevo  avanzamos por nuestro flanco derecho hasta estar a una milla y media de ellos. Sus baterías abrieron fuego contra nosotros. Paramos y formamos una escuadra, acostados sobre la hierba, y contestamos con el fuego de nuestras pistolas. El dibujo que adjunto les dará una idea de las posiciones que tenían ambas fuerzas cuando comenzó la pelea. Los mexicanos tenían aproximadamente 800 soldados de caballería situados a ambos flancos, 10 piezas de artillería dispuestas como se ve en el dibujo, en la cual tenían ocho de 4 lb y dos de 9 lb. Tenían cerca de 4,000 soldados de artillería e infantería y dos mil rancheros que ni se aparecieron, supongo que estaban en el bosque. Nosotros contábamos con 1,800 bayonetas, 250 de caballería, dos baterías de cuatro contingentes de armas cada una y dos de 18 lb que se pusieron en línea. Los cañones de 18 lb abrieron fuego a la caballería a la izquierda con tiros contundentes.

Duncan (24) pudo avanzar 50 yardas y Ringold más o menos la misma distancia al frente, abriendo diferentes puntos en la línea. La distancia fue tan buena que se podían hacer tiros precisos desde ahí. La caballería enemiga en la izquierda muy pronto se halló en una situación incómoda y difícil de mantener, así que se retiró por el flanco izquierdo, seguida por las dos piezas de artillería que estaban cercanas. La cabeza de esta columna pronto fue vista a través del bosque efectuando un ataque conjunto a nuestro flanco derecho y al convoy. Su caballería siguió la línea abierta. El 5º de infantería se internó en el bosque con el propósito de defender nuestro flanco derecho y el 3º se retrasó para poder cubrir el convoy. El 5º avanzaba en formación de cuadrado para cuando los lanceros llegaron al bosque. Se reagruparon, pero fueron rechazados y perdieron diez hombres, se retrasaron para que entraran los hombres de mosquete y continuaron su marcha hacia nuestro convoy. Los del 3º llegaron y la retirada comenzó. En lo que esto sucedía dos contingentes de armas de Ringold habían entrado al bosque a la izquierda del 5º. Llegaron a su posición justo cuando la larga línea de caballería comenzaba su retirada. Estos contingentes de armas le hicieron mucho daño a sus dos piezas de artillería que nunca abrieron fuego y apresuraron la retirada de la caballería. Mientras pasaba eso, el capitán May (25) atacaba sus líneas, pero sus baterías eran muy fuertes, dado que las defendía la infantería y la caballería, así que consideró que no había posibilidades de triunfo porque solo los atacaban 65 dragones. Ese era el estado de las cosas hasta el cierre de la primera parte de la batalla, cuando el humo de las armas y del pasto incendiado en la pradera creó una densa nube que no dejaba ver. La batalla comenzó a las 2 y eran cerca de las 4. El fuego de ambos lados cesó y tuvimos una interrupción de una hora más o menos. 

Imagen 15. Anónimo, (1846). “Caída del Mayor Ringgold”. En Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Philadelphia, Carey & Hart, forro de cuartas. Recuperado de: https://archive.org/details/ourarmyonriogran00thorrich/page/n7/mode/2up

El general Taylor reconoció que la batalla de Palo Alto se había ganado gracias a la innovación tecnológica de los cañones móviles (flying artillery). El creador de esta innovación, el mayor Ringold, falleció dos dias después de la victoria, como consecuencia de las heridas que recibió durante la batalla, y se convirtio en uno de los primeros héroes norteamericanos de la guerra.

Como su caballería no regresó a su posición tras de ser repelidos, avanzamos con el 5º al lugar ocupado por su flanco izquierdo y llevamos ahí los dos cañones de 18 lb, avanzando Ringold y su batallón como se representa. Comenzamos de nuevo el fuego que ellos respondieron. Duncan, viendo que el humo impedía su visión de la batalla, se desplazó de la izquierda hacia adelante obteniendo una posición perfecta para abrir fuego mortal sobre sus líneas. Ellos movieron a su caballería a la derecha, pero las ráfagas de Duncan eran tan fuertes que no las resistieron retrocediendo confundidos. También se intentó un asalto de la caballería sobre la artillería, pero con un par de descargas de los cañones de 18 lb y de los mosqueteros se retiraron. Cayó la noche y el fuego cesó a las 7.

Recogimos a nuestras tropas que acamparon con nuestros cañones de 18 lb y el convoy muy bien resguardado en la parte de atrás. No se nos causó mucho daño. Perdimos a tres hombres en el campo de batalla y 47 fueron heridos, de los cuales seis o siete murieron por la noche. Tenemos dos oficiales severamente heridos y uno ligeramente. El mayor Ringold recibió un disparo en las pantorrillas sin que le tocara el hueso, pero murió. Al capitán John Page le volaron la mandíbula inferior, aún vive pero sería mejor que muriera (26). Luther (27) recibió una herida menor en la pierna. Los dragones perdieron 9 caballos. Dos de tres oficiales se quedaron sin caballo, y también tuvimos varios daños menores. Bliss (28) se quedó sin caballo, pero no fue herido. Del daño hecho al enemigo no supimos esa noche y nadie se lo imaginaba. Creíamos que era como para haber revuelto ligeramente el estómago de cualquier mexicano, pero confiadamente esperábamos que siguiera dando batalla al día siguiente o durante la noche. 

No estamos satisfechos con nuestra actuación, el convoy nos ha frenado y detenido cualquier avance. El sentir y la opinión era que al día siguiente el convoy debería continuar su marcha. Me sentí muy satisfecho de corroborar que si cualquier ejército hubiera intentado un avance habría sido vencido. Todo lo que nos separaba era una pradera de media milla cubierta con pasto muy alto que hacía que fuera difícil atravesarla. La artillería era tan numerosa y servía tan bien en ambos lados que ninguna columna hubiera sobrevivido un intento de avance (…)

La mañana del día 9 el general Taylor me ordenó asegurar el convoy de la mejor manera posible. Los dos cañones de 18 lb se embarcaron y los de 12 lb quedaron a mi disposición. A las doce el convoy estaba listo. Podía resistir cualquier ataque de caballería proveniente de cualquier dirección. Se hubiera necesitado una caballería muy potente para hacerle frente. El ejército se había puesto en marcha muy temprano, y estaba avanzando cautelosamente hacia el punto en el que al enemigo se le había visto por última vez. (…)

Imagen 16. Anónimo. (1848). ”El general Taylor dirigiendo la batalla de Palo Alto”. En Mansfield D., Edward, The Mexican War: a History of its origins, New York, A. Barnes & Co., 1848. (Library of congress, 2001700089).

El general Taylor dio la orden de avanzar más rápido. Tomó alguna parte de su convoy y dejó el resto en posición de ataque, dando la orden de marchar. Cuando habíamos caminado más o menos 8 millas el general recibió un informe de su avanzada de que el enemigo había tomado posiciones entre el chaparral (que abunda en este país). El camino por el que íbamos era el único que había. Teníamos cerca de 100 hombres que fungían como tiradores -50 de cada lado del camino. A la batería de Ridgley (sic) (29) se le ordenó que tomara posición en campo abierto– el 5º se distribuyó a la izquierda para vigilar el bosque y apoyar a la artillería, y el 3º, 4º y 8º fueron dispuestos en la misma manera con el mismo propósito. A Duncan se le entregó el escuadrón de May y recibió la orden de atacar las baterías, lo cual realizó de una manera excelente ya que trajo preso al general La Vega (30) y sus armas. Los mexicanos se reagruparon y retomaron sus puestos – el 5º las retomó y las retuvo-. Creo que el 4º y el 8º tomaron un cañón cada uno. Después de la pérdida de sus cañones, los mexicanos permanecieron tenazmente en la derecha, pero tenían a dos baterías de artillería en su flanco y al 8º en el frente. Se rompieron y no hicieron mayor resistencia. Capturamos 8 cañones -50 soportes de armas-, una gran cantidad de municiones -cerca de 400 mulas con su cargamento- y todo el equipo de su campamento, cartas privadas de Arista, etc. En resumen, la ruta fue asegurada y no quedó nada de su ejército, salvo su gran velocidad y el cansancio de nuestros hombres. Hicimos prisioneros a cerca de 14 oficiales y 400 hombres. Y matamos en el campo de batalla a cerca de 300. Los mexicanos calculan que perdieron cerca de 1000 hombres y 48 oficiales en ambas batallas. Nuestras pérdidas totales son de 100 entre muertos y heridos. (…) Hubo una gran demostración de valentía y el más grande espíritu de entusiasmo entre los hombres y los oficiales, pero la artillería ligera fue nuestro amuleto para el éxito. No tengo ninguna queja sobre esta batalla porque demostró plenamente la eficiencia de nuestra artillería y el valor de nuestros hombres. (31)

Imagen 17. Chamberlain, Samuel (1996). “Los Dragones de Harney cruzando el Río Grande”, en My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor)- Texas State Historical Association.

Edmund Kirby Smith (32) quien se iba a distinguir en la Guerra Civil como general confederado, escribió un recuento de las consecuencias militares inmediatas:

Borren de su mente cualquier preocupación por nuestra seguridad. La guerra casi se termina, nuestros dos mil hombres podrán marchar fácilmente hasta la Ciudad de México, nunca he visto un pueblo tan corto, tan fácil de sufrir un colapso nervioso como los mexicanos. Gastaron todas sus energías y sus recursos en un solo esfuerzo que habían estado preparando por todo un año. Invirtieron todo inútilmente y quedaron indefensos en segundos. En la batalla del día 8 que duró de las 14:30 hasta el anochecer, los mexicanos reconocieron la pérdida de 500 hombres, además de la deserción de un grupo grande de caballería y dos piezas de artillería. Nuestras pérdidas fueron de 40 a 50 entre heridos y muertos. Esta gran disparidad en las pérdidas es debido a lo bien que funcionó nuestra fuerza destructiva de artillería que acertaba en el corazón de sus filas. El día 9 los atacamos en sus atrincheramientos cuando ellos, con un refuerzo de 2000 hombres, esperaban confiadamente poder destruirnos. Asaltamos sus posiciones, capturamos su artillería y derrotamos una fuerza de 7,180 soldados -500 incluyendo su sacerdote se ahogaron cruzando el Río Grande-. Nuestros hombres no dieron cuartel y pelearon con perfecta decisión –era una pelea mano a mano-, un desafío de fuerza personal en muchos casos. Cuando las bayonetas ya no funcionaban, usaban los puños, pero en coraje, así como en fuerza, fuimos por mucho muy superiores y les dimos una lección que nunca olvidarán. Perdimos 180 hombres en ambas batallas entre muertos y heridos en las dos acciones de Palo Alto y Resaca de la Palma. Los mexicanos reconocen una pérdida de 2,500 hombres en la misma. (33)

La ocupación de Matamoros 

Imagen 18.  Anónimo. (1848). “La catedral inconclusa de Matamoros”. En  Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Philadelphia, Carey & Hart, p. 142 Reciérada de: https://archive.org/details/ourarmyonriogran00thorrich/page/n169/mode/2up

Después de las Batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma el general Arista, tras fallar en la búsqueda de una tregua, evacuó Matamoros, dejando indefenso al pueblo cuyas autoridades civiles se rindieron. El teniente Jenks Beaman describió la ocupación y rendición, y al hacerlo reveló los sentimientos mezclados como los celos, que existían entre los soldados regulares y los voluntarios, así como las quejas de que su heroísmo sería ignorado en lo general.

Tras de la batalla del día 9 de mayo, tan gloriosamente ganada, nos quedamos en el campamento hasta las 2 p.m. del día 12 cremando a los muertos y cuidando a los heridos (de ambas partes) y mandamos a nuestros prisioneros y botín de guerra a Punta Isabel. Después de eso nos reunimos con nuestro viejo grupo y nos preparamos para marchar hacia Matamoros, por el que habíamos peleado tan duro. Acampamos y por la mañana del 17 el general Taylor nos ordenó que estuviéramos listos para marcharnos a las dos hacia el río para cruzar con el propósito de tomar Matamoros. Pensamos que el enemigo nos daría una dura batalla, ya que la ciudad está fortificada. Tuvimos que cruzar el río en lanchas ligeras y bajas, pero cerca de las 11 (antes de partir) una petición de reunión sonó del lado mexicano. A la cual respondimos y un bote con tres oficiales del general Arista vino hasta nosotros.

En nombre de su general reconocían que habían sido duramente golpeados y habían sido enviados por él a pedir un armisticio, pero el general Taylor lo rechazó diciéndoles que ellos habían comenzado la guerra y que él había esperado por dos meses mientras ellos se hacían de recursos, mientras que les prometía que él no haría el primer disparo, y ahora que ellos habían comenzado la batalla en dos combates sangrientos, el debería atacar Matamoros como un movimiento defensivo (para proteger sus posiciones en Texas). Entonces le preguntaron bajo qué términos trataría a la ciudad si se rendía. El respondió: “Deben dejar todas sus armas y municiones, todas las propiedades públicas que pertenezcan a su gobierno, a excepción de las provisiones necesarias para que lleguen a Monterrey”. Prometieron dar una respuesta para las 3 de la tarde, tiempo hasta el cual esperamos, y no hubo respuesta. Marchamos por el río como 3 millas y nos detuvimos, pues comenzaba a anochecer. En la madrugada del 18 teníamos muchas piezas de artillería, 600 hombres y el resto cruzando. 

A las 8 de la mañana el alcalde, el prefecto y otras autoridades vinieron para hablar con el general Taylor -y reportaron que la noche previa el general Arista y sus tropas habían abandonado la ciudad-, pidieron que en la toma de la ciudad se respetaran las casas de los ciudadanos. El general Taylor les dijo que no solo serían respetadas, sino que se les protegería, que tomaría posesión militar de la plaza y que tomaría todas las propiedades correspondientes al gobierno de México, pero que los ciudadanos conservarían intactas sus propiedades personales, que si era necesario dar algunas órdenes a la población, se las daría a través de ellos, pero que esperaba que no hubiera necesidad. Dio también instrucciones a las tropas de que cruzáramos hacia Matamoros. Entramos a la ciudad y requisamos todas sus bodegas, arsenales y edificios públicos, en los cuales incautamos 3000 armas y una gran cantidad de municiones. 

En este país el comercio de tabaco y puros es monopolio del gobierno, y como consecuencia estos artículos son contrabandeados y se decomisan. Por eso encontramos las bodegas llenas de ellos. Digan a Joel que se imagine su bodega repleta de piso a techo de cajas de puros, y se hará una idea de la cantidad de puros que encontramos en una sola casa, la cual capturamos y la ofrecimos a nuestros soldados, y mientras ellos no se los acaben fumándolos podríamos decir que esta guerra se terminó en lo que dura una fumada. 

Acabamos de recibir la declaración oficial de guerra y la manera en la que los voluntarios lo están tomando queda más allá de cualquier descripción. Gracias a Dios el ejército solo se vio golpeado cuatro veces en las dos ocasiones y hemos tomado las bodegas y la ciudad de cerca de 10,000 habitantes antes de que ninguno de ellos nos llegara siquiera a tocar. Se espera que ahora el Congreso nos dé el crédito de estar listos y deseosos de hacer nuestro trabajo, aun a costa de nuestras vidas, y deje a la institución militar que se haga cargo por su cuenta de este asunto. E.U. está en deuda con la institución, dados los triunfos en las batallas de los días 8 y 9, en las cuales el número de muertos y heridos entre las filas enemigas es casi igual al número total de nuestras tropas. El día 9 se cruzaron las bayonetas y muchos hombres fueron muertos por espada, bayoneta y lanza, y esa es una manera de pelear mucho más difícil en la realidad que en cualquiera de los libros que hayamos leído. Tras haber tomado el control de la ciudad el general Taylor mandó un comando de 200 hombres a caballo a perseguir a Arista, lo cual hicieron por cerca de 70 millas. Cuando estaban a cerca de 10 millas de alcanzarlo en su retirada, junto con 4,000 de sus hombres, los nuestros alcanzaron a su retaguardia e hicieron prisioneros a cerca de 20 hombres (con sus armas). Luego de eso se regresaron pues tenían órdenes de hacer lo menos que pudieran para “agarrar al Tártaro”. 

Matamoros es una ciudad muy grande, mucho más de lo que yo esperaba. Podría albergar a 15 o 20 mil habitantes pero en la actualidad hay menos, si acaso 6 u 8 mil, y todos los que quedaron son de las clases más bajas. Todas las damas y personas ricas de la ciudad la abandonaron en cuanto se comenzaron a presentar los primeros signos de la guerra. (34)

De Matamoros a Camargo 

Taylor se vio obligado a esperar en Matamoros antes de seguir con el movimiento de tropas del Río Grande a Camargo, donde establecería su siguiente base de operaciones. Había muy pocos botes y pilotos que conocieran el río, la madera era escasa, y la que había se usaba para los barcos de vapor. Las abundantes lluvias habían dejado los caminos intransitables, y habían hecho que el río se desbordara en varios puntos. El general Taylor también tenía sus dudas sobre la guerra y sobre sus consecuencias. El 14 de julio escribió:

Me siento confiado en que nuestros ambiciosos proyectos de conquista y expansión contra una fuerza tan débil solo sean restringidos y se circunscriban a nuestra incapacidad para realizar dichos planes. Porque en seis u ocho meses, si es que el gobierno mexicano puede resistir tanto, estaremos tan ansiosos por firmar la paz como lo están ahora ellos, pues, para entonces, habremos invertido en nuestra empresa todo el dinero del que dispone el Tesoro. Cuando nuestro gobierno tenga que recurrir a préstamos y al cobro de impuestos para sostener la guerra optará por un camino que nunca le ha gustado a nuestro pueblo.” (35)

Pero a pesar de todos los problemas de transporte y de sus dudas Taylor avanzó. El 6 de julio el grueso de sus tropas comenzó a dejar Matamoros; el 14 el batallón de avanzada ocupó Camargo. El primer movimiento en esa dirección ocurrió el 6 de junio, cuando el teniente coronel Henry Wilson (36) con sus cuatro Compañías de Infantería (el 1º de Infantería), la Compañía de Price de los Rangers de Texas (37) y dos de los regimientos de la Compañía de artilleros de Bragg, bajo el mando del teniente George H. Thomas (38), marcharon hacia Reynosa (96.5 km). Esto supuestamente fue en ayuda de la ciudad ante los ataques de los comanches y de un tal Canales (39). Wilson entró a la ciudad sin oposición. Pero unos días antes Canales había llamado a la población a mantener su lealtad a México, y muchos habían escapado, mientras que otros se mantenían a distancia cuando Wilson ocupó la plaza. Esto pasaba el 11 de julio. El Ejército Mexicano no ofreció resistencia. Pero para los regimientos del ejército de Taylor, que no tenían modo de ser transportados en barcos de vapor, el avance estuvo lleno de dificultades.

Un corresponsal del New Orleans Picayune la llamó “una marcha de terror”. John R. Kenly “El voluntario de Maryland” describe estos horrores:

15 de agosto, (1846) (40). Dejamos Matamoras (sic) para marchar con el ejército hacia Camargo que está a una distancia de 130 a 150 millas, por lo que se hacía llamar “el camino de la montaña”. Nuestra marcha fue más bien a través del desierto que entre las montañas. Desde que dejamos el Río Grande en Matamoras (sic) hasta que llegamos al Río San Juan el día 23 de agosto, no vimos ni oímos ni un riachuelo, fuente, cascada, o señal de agua. La única fuente de agua la hallábamos en los pozos o “tanques” como los llaman ellos, y que son depósitos que se hacen con las lluvias y que sirven como abrevaderos de ganado. Sufrimos mucho y nuestra marcha fue más bien una caminata de rezagados que el avance bien organizado de una brigada. 

La distancia de Matadoras (sic) a Camargo fue, según mis cálculos, de 130 millas y de las cuales caminamos 78 millas en una marcha de tres días continuos. Esta hubiera sido una buena marcha si los caminos hubieran sido buenos, pero nuestro desplazamiento fue penoso y nos dio muy poco crédito en lo que respecta a movilizaciones. La excusa era que nuestros guías habían engañado a nuestro oficial, porque ellos mismos ignoraban la escasez de agua y el estado del camino por el cual viajábamos. Caminábamos a medio día con un sol abrasador sobre nuestras cabezas, y una arena candente bajo nuestros pies. En esta parte del país no ha llovido por meses, y el polvo que levantaban los hombres hacía una nube densa de la cual no se podía escapar. Cuando alcanzamos una charca, que no era más que un revolcadero para los cerdos, hombres y caballos se lanzaron a ella desesperadamente, sin orden ni concierto. Se olvidó todo rastro de organización y rango.

A mediodía del tercer día (…) me desplomé en el camino y vi a los hombres excavar frenéticamente con sus bayonetas para ver si había agua bajo la superficie, pero nada, el suelo esta tan seco como el resto del terreno a nuestro alrededor. Nos fuimos retrasando varias millas cada día, algunos acampábamos hasta después de caída la noche, invitando a ser víctimas de un ataque y despreciando los mandatos de los oficiales superiores en medio de la gran desmoralización que reinaba entre todos.

Se escuchaban maldiciones e imprecaciones por todos lados y una actitud de revancha, que no creí que se pudiera dar entre las tropas norteamericanas. Durante la marcha he visto a hombres caer convulsionándose, agarrando la arena con las manos, dejándose caer hasta que la naturaleza y las sombras de la noche los recomponen en conciencia y fuerza. Hombres de Kentucky, Ohio, y Baltimore estaban todos mezclados, los mejores y más fuertes caminantes iban al frente, los más débiles se quedaban atrás. Ninguno de nuestros oficiales los animaba, tal vez no se necesitaba, para todos los que marchábamos encontrar los tanques o el río era lo único que importaba. Aunque el único objeto de esta brigada fuera marchar hasta Camargo. (41)

Hacia Monterrey 

Imagen 19. Whiting, Daniel Powers. (1847). Valle de Saltillo desde una colina del palacio del Obispado en Monterey (sic) (viendo hacia el suroeste). New York: G & W Endicott, 1847. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., 2003664238).

Después de evacuar Matamoros sin pelear, el ejército mexicano se desplazó hacia Monterrey, donde serían comandados por el general Mejía (42) (quién sería reemplazado por el General Pedro de Ampudia en septiembre), lo cual era necesario para reforzar una posición decisiva contra el invasor. Monterrey, la capital del Estado de Nuevo León, era el punto central de la política y la economía del norte de México, y por eso era el siguiente objetivo de los norteamericanos. Después de la ocupación de Camargo, el General Taylor hizo una pausa mientras organizaba el transporte y se reponían las provisiones. En agosto ordenó el avance. (43)

Imagen 20. Whiting, Daniel Powers. (1847). Montañas de Monterey (sic) desde el camino de Saltillo hacia la ciudad… La división del general Worth avanzando, tomando posición bajo el fuego del enemigo… en la mañana del 21 de septiembre de 1846. New York: G & W Endicott, 1847. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 USA, 2003664232). 

Aún arrastrado por la victoria de Resaca de la Palma, y sin esperar resistencia, el ejercito avanzó solo para darse cuenta de que había subestimado a los mexicanos. En una carta escrita a su madre, E. Kirby Smith da un vistazo al espíritu de las tropas cuando estaban en el campamento:

El 8º Regimiento y la Artillería han recibido órdenes de partir hacia Monterrey esta tarde. (44) Al 5º y al 7º se les ordenó esperar para salir mañana. Estas dos brigadas bajo la dirección del general Worth constituyen la 2ª División. La 3ª, 4ª, 1ª y 2ª están bajo el mando del general Twiggs (45) y forman la 1ª Brigada, se moverán (46) en cuanto llegué Twiggs. Todos estamos muy ocupados haciendo nuestros preparativos para cruzar las montañas. Estamos bien de salud y con la moral alta. El campamento retumba con el murmullo de nuestras voces –los chistes y las bromas nos rodean-, al mismo tiempo que la despreocupación y la imprudencia sobre el futuro están también presentes, pero esto es inherente a la vida de un soldado. Todos parecen estar muy ocupados con sus mulas, sus caballos y sus “amigos mexicanos” (47), como si estuvieran preparando un viaje de placer. No nos preocupa encontrarnos con una gran batalla en Monterrey, aunque para el general, que está cruzado de piernas en su tienda y tan gruñón como un oso viejo, ya hay síntomas de que se acerca una batalla muy grande. Estamos a punto de dejar un lugar bonito en el que acampamos, que se extiende por más de una milla entre los bancos del Río San Juan, pero lo hacemos sin arrepentirnos ya que iremos tras los vientos de la montaña y las acogedoras brisas de la sierra. Los mexicanos aún no se recuperan del pánico del día 9 y aunque creemos que han estado haciendo preparativos para recibirnos en Monterrey, hemos reunido una gran cantidad de municiones y refuerzos. Creo que realmente entraremos a la ciudad sin oposición. (48)

El teniente Ulysses S. Grant, del 4º de infantería, discutía las dificultades logísticas de la marcha desde Camargo hasta Monterrey, y las mulas de carga mexicanas no eran el menor de sus problemas:

Cuando llegamos a Camargo encontramos una serie de tiendas afuera de esta aldea mexicana. Estaba determinado a actuar como comisario y jefe del régimen. Los equipos que he probado, y que son suficientes para transportar toda clase de suministros desde Corpus Christi hasta el Río Grande por las planicies de Texas, fueron inadecuados para las necesidades de reabastecimiento del ejército en una zona montañosa. Para cubrir esta deficiencia se contrataron mulas de carga a mexicanos que las cargaban y guiaban. También hice uso para carga de algunos de los vagones que estaban destinados al 4º de Infantería (49). Sin la ayuda de los mexicanos hubiera sido imposible manejar ese convoy, pues no había hombres suficientes. Como si esta dificultad no fuera suficiente, las tropas debían de iniciar su marcha muy temprano en la madrugada. Después de que se habían puesto en marcha, debían ser empacadas, cargadas todas las tiendas y utensilios de cocina. Las teteras, postes de tienda de campaña y chucherías eran inconvenientes para transportarse en esa forma. Tomaba muchas horas para prepararnos cada mañana, y para cuando ya estábamos listos las mulas, que habían sido cargadas desde temprano, ya estaban cansadas de estar paradas cargando con todo. Algunas veces alguna corría y relinchaba dando de coces, tirando todo su cargamento; otras se echaban y se revolcaban tratando de quitarse la carga, y otras con los postes corrían y hacían destrozos. No recuerdo haber usado exclamaciones profanas en mi vida, pero deberé de perdonar si alguien lo hizo al tener que manejar un convoy de carga con mulas mexicanas. (50)

Imagen 21. General mayor Z. Taylor frente a Monterey (sic), 20 de septiembre de 1846. Litografía de N. Currier, 1848, (Biblioteca del Congreso, LC-USZ62-4919).

El mayor Luther Higgins del 1er Regimiento de Voluntarios de Ohio describe la marcha de Camargo a Monterrey (250 kilómetros), así como la ciudad y sus alrededores tal y como eran vistos desde su campamento, a las afueras de Monterrey:

En mi última carta desde Camargo, les informé que nuestro ejército estaba a punto de desplazarse hacia Monterrey, en cuyo lugar esperábamos encontrarnos con las fuerzas mexicanas. Dejamos Camargo el domingo 6 de septiembre, nos detuvimos tres días en Cerralvo, y acampamos en las afueras de Monterrey el sábado 19 de septiembre. Los primeros días de la marcha fueron interesantes; el camino transcurría entre una maleza de espinas, roto de vez en cuando por abismos de cientos de metros de profundidad. Solos en estos barrancos, a millas de distancia de cualquier cosa, los acalorados y fatigados soldados hallaban el agua ofensiva en todos sus sentidos. En Mier, el pueblo tan celebrado en la historia de la disputa de los límites con Texas (51), tuvimos por primera vez la vista de las montañas y al día siguiente acampamos en un transparente riachuelo de las montañas llamado Arroyo Mier, cuyas aguas hacían que los corazones latieran con deleite. Conforme nos acercábamos a las montañas, el paisaje mejoraba y nuestros campamentos los instalábamos sobre bancos en agradables arroyos, bajo la sombra de olivares, cuyas ramas estaban llenas de flores y frutos. La mayor parte de esta vasta región entre el Golfo y las montañas está muy despoblada. A lo largo de varias jornadas de marcha no vimos ningún rancho o ranchero. El único rastro de seres humanos o de su religión era la cruz, que está plantada sobre casi cada monte y en cada valle. En muchos de estos símbolos sagrados había inscripciones en español, pidiendo la oración de los clérigos por los que habían muerto o habían sido asesinados en esos sitios.

En Marín, a dos días de camino de Monterrey, nuestro ejército había estado concentrado marchando en divisiones (…) Marchamos el siguiente día hasta San Francisco, un pequeño pueblo como a 10 millas de Monterrey, que se veía igual a todos los que habíamos pasado en nuestro viaje. Todos los habitantes que no eran tan pobres como para poder huir, lo habían hecho.

El día siguiente (sábado 19 de septiembre) fue la última marcha que muchos de nuestros valientes hombres hicieron. Nuestro regimiento iba a la retaguardia, y antes de que hubiéramos dejado San Francisco oímos el reporte de que había artillería pesada en el camino a Monterrey. Suponiendo que nuestra avanzada ya estaba enfrentando al enemigo todos gritamos: ¡Avancemos en seguida! Y los hombres corrieron por seis millas, acelerando el paso en cada reporte, hasta que nos encontramos con unos dragones que venían en retirada, los que nos dijeron que el fuego venía desde la ciudad, que y los hombres del grupo montado de Texas (52) eran los que estaban luchando, los cuales se habían lanzado sin conocer el rango de las armas del enemigo. El ejército norteamericano invasor, cerca de 6,000 efectivos, -caballos, a pie y artillería- acampó aquella mañana en una bella arbolada de robles a tres millas de la ciudad, el lugar hubiera sido perfecto para tener un día de campo, no habría habido uno igual ni siquiera en nuestro propio pueblo, Dayton. Me han informado que este campamento donde se colocaron las fuerzas invasoras (y desde el cual escribo ahora) es uno de los lugares más apreciados por la élite de Monterrey. (…)

Monterrey alberga a más de 15,000 habitantes y está situada al pie de unas montañas rugosas llamadas “La sierra Madre”. Un brazo del Río San Juan divide la ciudad en partes desiguales. La porción más grande y mejor está entre el río y la base de las montañas. Una colina que asciende suavemente, cubierta en partes con chaparral, y aquí y allá, antes de entrar a la ciudad, se ven dispersos maizales y campos de caña de azúcar. El camino por el que nuestro ejército se aproximó desciende desde aquí hasta el centro de la ciudad. Este camino tiene una elevación a medio camino entre nuestro campamento y la ciudad, de forma que sólo se puede ver parte de la ciudad. Rodeada por una arboleda lo único que podemos observar a través de sus ramas es una aguja o muro blanco.

Frente a la ciudad y cerca de un cuarto de milla afuera, en medio de una planicie, permanece solitario un inmenso fuerte que cubre 3 o 4 acres de terreno. Está construido con materiales sólidos, bastiones, zanjas, etc., y es un edificio tan consistente que, en opinión de nuestros ingenieros militares, solo puede ser tomado en lo que ellos llaman aproximaciones constantes. Este fuerte está dispuesto para 32 cañones, y cubre cada avenida que va a la ciudad desde el lado este. Desde sus murallas se puede disparar cualquier tipo de metralla y fue desde este fuerte (al que nuestros muchachos llamaron después “el viejo caballero de colores” por su digna apariencia) donde se hizo fuego a nuestra avanzada el día en que llegamos.

Por la parte trasera u oeste de la ciudad se levanta, pico tras pico, la imponente Sierra Madre. En el norte de la ciudad hay un profundo desfiladero a lo largo del cual va el camino hacia Saltillo y hacia México. Este paso y los accesos a la ciudad por ese lado están defendidos por baterías que se han colocado entre los picos que salen de la Sierra y en una fortaleza elevada y fuerte, que está a medio camino entre el paso y el pueblo, conocida como “El Obispado”. Es solamente a través de este paso que el Ejército Mexicano puede recibir refuerzos o retirarse de manera segura. La ciudad se protege al sur con una serie de pequeños fuertes (creo que son seis), que se extienden de la falda de las montañas hasta la planicie.

Añadido a esta inmensa defensa externa, en casi cada calle y plaza de la ciudad se colocaron barricadas y cada casa (que está construida en la manera tradicional mexicana con paredes anchas y techos de piedra) se convierte en una fortaleza. Estas fortificaciones de Monterrey (de su posición y fuerza, de las cuales nosotros aprendimos a través una dolorosa experiencia), estaban ocupadas por al menos 10,000 soldados de las tropas mexicanas y defendidas por 50 o 60 piezas de artillería pesada. Como se vería, Monterrey es una de las plazas más fortificadas del continente. (53)

La Batalla de Monterrey:

Imagen 22. Anónimo. (1886), “Monterrey y sus alrededores” en Grant Ulysses, Memoirs of general U.S. Grant, complete, Charles L. Webster & Co., New York, vol 1, cap. 8. Recuperado de: http://www.gutenberg.org/files/4367/4367-h/4367-h.htm#ch8

Las fuerzas norteamericanas, con 6,000 efectivos, llegaron a las afueras de Monterrey por la mañana del 19 de septiembre. Taylor pasó el resto del día planeando el ataque sobre la ciudad, que estaba fuertemente protegida y defendida por un ejército mexicano de 7,000 hombres. El plan finalmente elegido fue atacar por un flanco, dirigido desde el oeste por el general Worth mientras que Taylor atacaría por el frente. La batalla comenzó el lunes 20 de septiembre y duraría tres días.  Fue donde los mexicanos resistieron con más tenacidad, peleando casa por casa y defendiendo su ciudad de los invasores.

Los capitanes William S. Henry (54) y Electus Backus (55) describen sus experiencias como participantes en el ataque frontal. El relato de Backus está en su diario: 

Imagen 23: Whiting, Daniel Powers. (1847). Asalto final al obispado de Monterrey (un idealizado y medieval castillo) New York, G. & W. Endicott, (Hartford, Connecticut Historical Society Museum, DAE-11324871).

20 de septiembre de 1846. La apariencia y comportamiento del general (Taylor) esta mañana no mostraban más que seguridad -él ha llegado al punto deseado y tiene a sus enemigos en posición-. Despachó al general Worth a las 11 para apoderarse del camino a Saltillo y cortar la vía de escape y provisiones del enemigo y capturar puntos que se encuentren en las alturas al oeste del pueblo. Nuestros ingenieros fueron infatigables para recabar informes durante el día, pero numerosos cuerpos de lanceros observaban sus movimientos y los hicieron obrar con cautela. Una inmensa planicie al norte de la ciudad se llenó con la artillería de la ciudadela y con tres reductos; al extremo oriente de la ciudad, en las calles había barricadas defendidas por artillería, infantería y lanceros.

21 de septiembre de 1846. Las tropas estaban casi en armas y listas para ejecutar las órdenes de ataque, en cuya destreza y juicio habían colocado toda su confianza. El 1º y 3er Regimientos de Infantería y los del Batallón de Baltimore (56), bajo el mando del Coronel Garland (57), fueron los primeros en ponerse en movimiento y avanzar hacia la ciudad pero pronto dejaron el camino principal para irse por el este. Nuestro frente estaba formado al final de la planicie, tal vez a ¾ de milla de la ciudad, y las armas de la ciudadela abrieron fuego sobre nosotros inmediatamente, causando algunos daños. Poco después las baterías del lado este del pueblo comenzaron su ataque; avanzamos rápidamente en línea hacía la ciudad. El mayor Mansfield y el capitán Williams (58) estaban frente a nosotros; más adelante, con el Sr. Kinney (59) como guía, esforzándose por llegar al punto más accesible, dos o tres compañías de asalto fueron mandadas en avanzada para protegernos. El Sr. Kinney mandó un mensaje al coronel Garland para que cambiara su dirección de avance más a la derecha. En este cambio parcial de dirección observé que el Batallón de Baltimore (la parte izquierda del frente) no mantuvo su posición. No supe nada de ese batallón el resto del día –me quedé con la impresión de que nunca recuperaron su organización después de que se rompió su formación-. Vi a varios hombres del batallón en el pueblo, tanto oficiales como soldados, pero actuaban sin orden.

Imagen 24: Swinton, F., (1847). Monterey (sic), desde la colina Independencia, detrás del palacio del Obispado…23 de septiembre de 1846. New York, G. & W. Endicott (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 USA, 98513322).

Tras nuestro cambio de dirección, nos aproximamos a una batería incompleta que nuestra avanzada había rescatado del enemigo. Habiéndolos pasado, entramos a la ciudad por una calle que iba al sur y la cual nos condujo cerca de una de las baterías mexicanas en el lado sur del arroyo. Nuestro movimiento hacia el sur en esta calle fue por el lado derecho. El 3º de Infantería estaba al frente, seguido por el 1º. Cerca del principio de esta calle fuimos interceptados por una zanja llena de agua corriente, la cual nos hizo dar un ligero cambio de dirección. En este punto las baterías del enemigo, que estaban ya sobre el arroyo, eran visibles y estaban a una distancia de 150 o 200 yardas. El Fuerte Diablo estaba a 200 yardas de distancia más hacia el este y se conectaba con esta batería con un cuerpo de infantería que le servía de resguardo, así como los edificios adyacentes. En este punto el 3º recibió una descarga de metralla de las baterías y de un pequeño destacamento desde las trincheras, que le produjo terribles estragos en sus filas. El 1º se detuvo cuando su derecha alcanzó la zanja y fue forzado a irse hacia el frente (a su izquierda) y fueron obligados a seguir adelante. Al mismo tiempo recibieron fuego abierto de mosquetes al frente de ellos, proveniente de casas y matorrales. Nuestro siguiente movimiento sacó al enemigo de sus escondites y los hizo retroceder. Cuando nos habíamos movido cien yardas o más, y limpiado nuestro frente, busqué a un oficial de mayor rango del regimiento para recibir órdenes, y como no había otro con más rango que yo tuve que dirigir a las tropas para cruzar la zanja por nuestra derecha y avanzar. En pocas yardas encontramos a nuestro enemigo en una Tenería desde donde abrieron fuego contra nosotros, pero fueron rápidamente dispersados o destruidos.

Una vez que aseguramos la Tenería me subí a la azotea y mandé a los hombres que me siguieran. Por primera vez tuve la visión completa del enemigo y sus posiciones. Cerca de 120 yardas a nuestro frente (este) había una gran destilería con un gran techo plano que miraba hacia el norte y ahí había unos 200 mexicanos que tenían una defensa de sacos de arena dirigidos al norte. A unas 30 yardas de distancia de esta destilería estaba un reducto defendido por cinco piezas de artillería y por infantería que eran protegidas por la Infantería puesta en la destilería. Todas estas defensas veían hacia el norte y las habíamos pasado tan lejos como para estar oblicuamente en una posición de retaguardia. Fuerte Diablo estaba directamente a mi derecha (sur), a una distancia de 250 yardas, pero había suficientes arbustos como para que nos cubrieran de su mira. Habiendo puesto a mis hombres en la azotea, la cual estaba protegida por un lambrín de dos pies de alto, les mande dirigir su fuego sobre el enemigo que estaba en la destilería que no tenía cubierta en su lado izquierdo. El efecto fue visible en segundos. El techo se vació con unos cuantos tiros y el enemigo se retiró a través del arroyo hacia Fuerte Diablo -poco después un grupo de tal vez 30 mujeres y niños salieron de la destilería y fueron al mismo lugar-. Cerca de 20 hombres guiaban y seguían esta caravana, nuestros hombres fueron avisados de no disparar a las mujeres, pero en la confusión una fue asesinada por accidente. En este momento el mayor Mansfield llegó a mi posición y me dijo que era necesario que retrocediéramos y le contesté que habíamos llegado muy lejos con nuestro pequeño ejército. Él regresó hasta donde estaba el 3º, donde yo había visto por última vez al coronel Garland, y un momento después el mayor Lear (60) del 3º llegó hasta mi posición y me dijo que era necesario que retrocediéramos. Al regresar a su regimiento, y tras haber dado unos cuantos pasos, recibió un disparo en la cara, por el cual murió algunas semanas más tarde. El mayor Mansfield fue herido casi en las mismas circunstancias. Ahora escucho el mandato: «Retírense en orden”, pero sin saber de qué autoridad provenía retuve mi posición. Pronto vi a las tropas cayendo y ordené a mis hombres que bajaran de la azotea. El capitán Lamotte (61) recibió una herida muy severa en el brazo izquierdo, cerca del hombro, y quedó tendido en la parte trasera de un pequeño edificio cerca de la Tenería. Le pedí al capitán Scott (62) que tomara mi pañoleta y vendara la herida, sabiendo que él tenía ciertas habilidades en operaciones quirúrgicas. Decidí retirarnos tan pronto pudiéramos recoger al capitán Lamotte.

Imagen 25. Anónimo. (1847). Daguerrotipo del palacio del obispado, nótese la artillería ligera estacionada frente al edificio. Monterrey, octubre de 1846, New York: G & W Endicott, 1847

Mientras realizábamos esta operación el fuego proveniente del reducto 1 y del Fuerte Diablo recomenzó, me quedé satisfecho de que nuestras tropas estuvieran avanzando hacia el reducto. Por lo tanto, salté hacia la Tenería, seguido del capitán Scott y nuestros hombres. Descubrimos que había una abertura en el reducto, que nos ofrecía un tiro seguro hacia una multitud de hombres, artillería y mulas. Una pieza de artillería se dirigió hacia nosotros y nos disparó una o dos veces sin dañarnos. Nuestros hombres comenzaron a disparar hacia el reducto. El efecto fue electrizante. Antes de que cargáramos nuestros mosquetes, el enemigo estaba en plena retirada hacia Fuerte Diablo (63). Los perseguimos hasta el arroyo para cortar su retirada o capturar prisioneros. Para mi sorpresa, encontré que el arroyo era profundo y tenía mucha corriente en el punto en el que lo cruzamos; 60 yardas más abajo el agua no es tan profunda ni tiene tanta corriente y es mucho más ancho. Uno de mis sargentos trató de brincar el arroyo y cayó en él, pero pudo trepar hasta el banco contrario. Le tiré su mosquete y formé a los hombres para pasar tras él. Lo mandé a que avanzara más y lo alenté a que sacara a algunos mexicanos que habían caído detrás de unos arbustos cercanos. Lo hizo así y cerca de 20 mexicanos se rindieron. En este momento mis hombres me alertaron de que había un gran grupo de mexicanos detrás de nosotros; le ordené al sargento Kearney que regresara y que me dijera por donde se acercaban. Mis hombres apuntaron hacia la dirección del reducto 1 y entonces descubrí que a los que estaban señalando eran a los voluntarios que justamente se acercaban al reducto celebrando ruidosamente. Mis prisioneros escaparon, con excepción de tres o dos a los que mande a la retaguardia. Los voluntarios de Mississippi y de Tennessee dejaron rápidamente el fuerte capturado y avanzaron a mi posición. (64) 

El capitán William S. Henry relata la batalla en su libro Impresiones de la Guerra con México, publicado en 1847:

Imagen 26: Chamberlain, Samuel Emery. (1996). “Defensa final desesperada del obispado”, en My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor),  Texas State Historical Association.

23 de septiembre. Desde nuestro campamento tuvimos el placer de escuchar que el general Worth abrió fuego sobre la ciudad desde el castillo a las 7 de la mañana. Circuló un reporte de que el enemigo había intentado huir. Todos los hombres se pusieron en armas y marcharon a encontrar al enemigo. Teníamos tantos puntos de mando en nuestra posesión que de un momento a otro esperábamos que capitularían. Fue una gran alegría ver como Worth los atacaba, además con sus propias armas y municiones. El rápido detonar de armas pequeñas en la parte este de la ciudad nos dio la señal que la batalla había comenzado. El Regimiento de Caballería de Texas, comandado por el Coronel Wood, desmontó y junto con los de Mississippi estaban en plena tarea. Los de Mississippi al amanecer tomaron Fuerte Diablo (desde el cual se nos lanzó ese fuego destructivo el 21 y el 22). Lo tomaron sin resistencia, ya que el enemigo lo abandonó llevándose sus armas por la noche. El general Quitman estaba a cargo. Estas tropas pelearon valientemente derrotando al enemigo tras ellos, casa por casa, cargándoselos con sus rifles donde quiera que un mexicano apareciera.

A la Batería de Bragg se le ordenó entrar a la ciudad y al 3º de Infantería se le ordenó apoyarlos. Cuando nos cruzamos con los destacamentos armados de la Ciudadela, la Batería cruzó el campo de fuego a pleno galope y ninguno fue herido. El 3º tomó una ruta más larga y llegó encubierto. Al llegar, la ciudad había sido despejada de enemigos en un área de dos cuadras alrededor de la Catedral, la cual está situada en la plaza principal, y en la cual habían estado concentrados. Los generales Quitman (65), Henderson y Lamar (66), el Coronel Wood y el Coronel Davis actuaron con gran valentía; muchos de sus hombres fueron muertos o heridos. La Batería de Bragg y el 3º de Infantería se mezclaron con ellos y compartieron las experiencias de batalla por el resto de la jornada. Aunque el fuego fue muy severo no se comparó al del día 21, a excepción de una calle que corre directamente desde la Catedral. Para cruzar esa calle se debía pasar por una verdadera lluvia de balas. Una de las piezas de artillería de Bragg estuvo peleando en esta calle con muy pocos resultados, pues el metal era muy ligero. El sargento Weightman, primer Sargento de Bragg, manejó esta pieza como un héroe y recibió un disparo en el corazón mientras preparaba sus armas. La artillería estaba dirigida hacia los mexicanos, caería en su barricada y en cuanto eso sucediera podríamos cruzar sin temor a ser heridos. Tan rápido como eran disparadas sus balas (que nos causaban el mismo efecto que si fueran nueces) se desaparecieron de la calle. Nuestros hombres cruzaron en escuadrones. “¡Vamos muchachos!” unos comenzaban a disparar de inmediato, otros se esperaban hasta que el enemigo hubiera gastado tontamente sus balas y entonces cruzaban. 

El general Taylor estaba con su equipo caminando tranquilamente por la ciudad sin tomar en cuenta el peligro. Fue muy imprudente exponerse así. Cruzó caminando la calle en la que había habido esa tremenda balacera, con riesgo a cada segundo de que alguien le disparara. Yo corrí con varios de mis hombres y le dije que era muy peligroso que se expusiera de esa manera, a lo que me contestó “toma esa hacha y derriba esa puerta”. Cuando comenzamos a golpear la puerta el residente amedrentado puso la llave en la cerradura y abrió diciéndonos que si no teníamos objeción nos ahorraría el trabajo. Resultó que era una enorme botica. El propietario doctor San Juan (hay más San Juanes en este país que piedras) era un galeno muy respetable y nos ofreció limas y agua fresca. Tomé las primeras, pero rechacé la segunda pensando que podría estar envenenada. Uno de los hombres, evidentemente menos precavido, se hizo una enorme limonada y me aseguró que era de primera categoría, convidándome a tomarla. El doctor nos dijo que Ampudia estaba en la plaza con 4,000 hombres y que había 2,000 en la ciudadela. La casa en la contraesquina había sido abierta, era una tienda de comestibles, y los hombres hallaron pan y algunas vituallas. Al abrir otra puerta encontramos a cinco mujeres de aspecto fino, varios niños y uno o dos hombres. Estaban arrodillados cada uno con un crucifijo y pidiendo misericordia tan pronto como me vieron su ruego fue: ¡capitano, capitano! Los tranquilice tomándoles de las manos y asegurándoles que no había ningún peligro. Pareció que se alegraron mucho de que no les cortáramos la cabeza. Aunque hemos peleado ferozmente y la sangre de nuestros hombres corre por las calles, no he sabido que se hayan cometido atrocidades contra la población civil por parte de nuestros soldados o voluntarios. (67)

El general Taylor, habiendo encontrado que las posiciones eran de poca importancia, ordenó que nos retiráramos al campamento cuando los voluntarios se hubieran ido. La marcha se ordenó pensando que el general Worth atacaría la ciudad por la tarde. El mortero se le mandó ayer. Era un asunto difícil sacar a los voluntarios de la ciudad ya que se estaban divirtiendo mucho. El enemigo ondeó una bandera de tregua hoy pidiendo el cese del fuego, hasta que las mujeres y niños pudieran salir de la ciudad, a lo cual el general se rehusó. Ya era tarde para suponer que habría tal muestra de consideración. La bandera es un buen síntoma, significa que su tiempo se acerca. No creo que resistan ni siquiera otro día. Supimos que muchos dejaron sus parapetos en las alturas y salieron con sus cargas de mulas esta mañana. Aún el general Worth no ha tomado posesión del camino a Saltillo, me pregunto si muchos de ellos no se fueron de sus lugares desde ayer. Aunque han peleado con bravura, fuerza y tenacidad que no creía que tuvieran. 

En el camino al campamento me sorprendió mucho oír a un irlandés decir: “Tengan fe, muchachos, llevamos justo tres días, los mismos que la batalla de Waterloo; los franceses pelearon contra las fuerzas conjuntas de Europa, ¡Nosotros somos las fuerzas conjuntas de Europa y América! Tenemos un poco de todos los países aquí y el conjunto no puede ser vencido”. (68)

Ataque de Worth desde el flanco occidental sobre Monterrey

Imagen 27: Currier, N. Batalla de Monterrey. Los norteamericanos enfrentando férrea resistencia de los mexicanos para ocupar la plaza principal, 23 de septiembre de 1846, grabado de N. Currier, 1846, (Biblioteca del Congreso, LC-USZC4-1642I

El teniente Edmund Bradford, del 4º de Artillería, estaba con el ejército de Worth que atacó el flanco occidental mexicano. Nos da una descripción muy vivida de la batalla (69)

Ahora que por fin me puedo sentar, trataré de dar una descripción de las batallas. El 19 todo el ejército tenía a la vista Monterrey y acampó a 2 1/2 millas de la ciudad. Se enviaron muchas brigadas de reconocimiento en diferentes direcciones para ubicar la posición del enemigo. El general Taylor llamó a una junta a todos los comandantes de División y Brigada. A la mañana siguiente la 1ª División (compuesta por dos Batallones de Artillería, 200 texanos a caballo, el Batallón de Arty y los 5º, 6º, y 8º de Infantería) se nos ordenó que tomáramos provisiones para dos días y una cobija para cada hombre. La División estaba al mando del general Worth. Dejamos el campamento como a las 12 y avanzamos hacia Monterrey casi una milla. Entonces nos apartamos del camino a la derecha, pasando por matorrales y maizales hacia la parte izquierda de la ciudad. Estábamos al cubierto del fuego del fuerte, situados al frente de la ciudad, en un pequeño lomerío. A las 5 de la tarde la columna se detuvo. El general Worth y un grupo de texanos fueron a hacer una ronda de reconocimiento de nuestra posición. A una milla de distancia sobre una alta colina vimos una batería del enemigo que dominaba el camino por el cual marchábamos. Bajo la batería en la misma colina había una fortificación llamada el Obispado. Debajo de esta, había otra colina de casi la misma altura en la que también en la cumbre estaba la batería del enemigo y un fuerte de piedra un poco más abajo, ambos dominaban el camino. Tras pasar algún tiempo en el camino escuchamos fuego proveniente de la partida de reconocimiento. Los texanos respondieron el fuego y el tiroteo duró como media hora. Durante ese tiempo hubo muchos disparos desde la cima de la colina pero afortunadamente pasaron muy arriba. 

Justo en la puesta del sol una fuerte lluvia comenzó mojándonos hasta los huesos, y así tuvimos que seguir toda la noche. Por fortuna mi cobija estaba seca y me pude enredar en ella. No se nos permitió hacer fogatas para cocinar o para calentarnos. 

La mañana siguiente, el 21, nos levantamos antes del amanecer y comenzamos nuestra marcha. Supimos que teníamos que subir las dos colinas y desarmar al enemigo, después de ello cortar su retirada y provisiones por el camino a Saltillo. En cuanto inició el día escuchamos al enemigo tocando diana con gran seguridad. En cuanto estuvimos a tiro de la primera colina el enemigo nos comenzó a disparar. Estuvimos bajo fuego por lo menos media hora y durante todo el trayecto ni siquiera una bala nos pasó cerca como para hacernos daño. Podíamos oír como zumbaban las balas arriba de nuestras cabezas y perderse en la colina a nuestra derecha. Como a las 7 de la mañana escuchamos fuego de mosquetes delante de nosotros, entre los mexicanos y nuestra avanzada. Nuestro batallón se organizó inmediatamente en formación de batalla y arremetió contra el lugar. Pude ver perfectamente al enemigo corriendo en todas direcciones. En la carga pasamos sobre cadáveres de hombres y animales, lanceros, tiradores, etc., estaban por todos lados. Las fuerzas del enemigo se calculaban en 300 hombres de caballería, apoyados por una columna de infantería. Mientras se retiraban abrimos fuego contra ellos causándoles gran daño. Yo por lo menos maté a 30 mexicanos. Cinco o seis fueron muertos en el campo de batalla, entre ellos estaba su coronel de Caballería que supuestamente era uno de los hombres más valientes del ejército mexicano. En nuestro lado solo un texano fue herido. Ni uno solo de los soldados fue alcanzado. 

Se formó a la División en el camino, y los capitanes Smith (70) y Scott (71) mandaron a sus compañías a explorar. A la Primera Brigada se le ordenó avanzar por el maizal para que tuvieran un ángulo de tiro lateral sobre cualquier tropa que tuviera la ocurrencia de salir del Castillo. Mientras estábamos en el campo de batalla, el enemigo abrió fuego con dos contingentes armados desde la segunda colina. Indicamos a los hombres tirarse al piso. Así permanecimos por 1 1/2 horas, con las balas pasando por unos pies arriba de nuestras cabezas. Nos lanzaron granadas que cayeron cerca de mis hombres, pero no hirieron a ninguno. En ese momento recibimos la orden de ponernos lejos del alcance del fuego. Mientras hacíamos esto fuimos un blanco seguro por casi media hora y aseguro que ellos tomaron ventaja de esto. Un tiro dio en la tierra a mi derecha aproximadamente a 20 pies de donde estaba y rebotó sobre mi compañía enfrente de mí. Otro herido fue el capitán Henry McKavett (72) en el costado izquierdo, un tiro lo atravesó y murió instantáneamente. Tomamos entonces otra posición esperando otro ataque del enemigo. La batería del coronel Duncan tomó formación en el camino con el Batallón de Arty a su derecha, haciéndola de defensa. La batería del teniente Mackall (73) fue colocada a la izquierda y como retaguardia se colocó al 8º de Infantería a la izquierda del teniente Mackall; a la izquierda del 8º se estacionó la 2ª Brigada, compuesta por el 5º y 6º de Infantería comandados por el general Smith. A tres compañías del Batallón de Arty y dos Compañías de texanos se les ordenó unirse al capitán Smith para trepar a la segunda colina. El ataque inició las 12 ½ p.m.

Después de que hacía media hora que habían partido, al 7º de Infantería se le ordenó ir a apoyarlos. A la 1 p.m. Vimos el fuego en lo alto de la colina y los mexicanos bajando. Pensamos que nuestros hombres habían sido repelidos y mandamos otro regimiento. El enemigo se mantuvo tirando por media hora sin que nuestros hombres dispararan ni una sola bala. Cerca de la 1:45 nuestras tropas comenzaron el fuego y los mexicanos subieron corriendo por la colina. Entonces hicimos un disparo como nunca había oído en mi vida. En unos pocos minutos el capitán Smith estaba en la cumbre. Los persiguió con tal velocidad que ni tiempo tuvieron de recargar ninguna de sus armas. Su cañón fue rápidamente capturado y usado en contra de ellos. El primer disparo fue dirigido hacia el otro cañón (que habían colocado en el Fuerte) y el disparo lo hizo pedazos. 

Justo al mismo tiempo, la 2ª Brigada estaba atacando el Fuerte expulsando a los enemigos de él. Las armas se dirigieron al Castillo en la colina opuesta, un fuego incesante se intercambió entre ambos fuertes. En lo álgido de la pelea perdimos un hombre y unos cuantos fueron heridos. Entre los heridos estuvieron tres oficiales, aunque sus heridas fueron superficiales. En la mañana del 22, el capitán Scott, el teniente Ayers (74) y mi compañía del Batallón de Arty, tres Compañías del 8º de infantería y los texanos recibimos órdenes de atacar la primera colina y el castillo. Comenzamos a subir a las tres de la mañana y alcanzamos la falda de la montaña al amanecer. Supongo que nos descubrieron desde el castillo ya que nos tiraron cuatro piedras en diferentes ocasiones. Al momento que empezamos a subir la colina una densa niebla envolvió la cima, lo cual impidió al enemigo descubrir nuestra posición. Cuando estábamos a menos de cincuenta yardas de la cima el enemigo inició el fuego, los nuestros no comenzaron a disparar sino hasta que casi estábamos arriba, entonces comenzamos los disparos y la carga al mismo tiempo. El enemigo se retiró muy rápido y los perseguimos hasta medio camino hacia el castillo y después nos regresamos a nuestra posición. Pusimos la bandera norteamericana en medio de una lluvia de balas provenientes del castillo y lanzamos tres hurras. Los mexicanos hicieron una salida aventurada desde el castillo pero fueron rápidamente repelidos. 

A mi compañía se le ordenó que se movilizara para ayudar al capitán Vinton (75), quién había comandado la avanzada que estaba estacionada a 150 yardas del castillo. Al movernos mataron a uno de los míos. Tan pronto como tomamos posición ordené a mis hombres que se tiraran pecho tierra para protegerlos tanto como fuera posible. Así duramos 8 horas durante las cuales los tiros del enemigo pasaban sobre nosotros en todas direcciones. Una vez el enemigo se movió de posición para tener un mejor ángulo de tiro sobre nosotros. De inmediato me moví de posición y ordené a mis hombres hacer lo mismo. Una bala de cañón de 6 lb pasó tan cerca de mí que la tierra de su impacto me cubrió. 

Estando separados del cuerpo mayor del ejército, y sin saber que pasaba, comencé a temer que se nos pidiera retirarnos. Entonces escuché la voz del teniente Roland diciendo (76): “cúbranme caballeros, voy a disparar”. Y aseguro que jamás había oído sonido tan agradable. En pocos momentos escuché el zumbido de una detonación sobre mi cabeza y, por los gritos de alegría en la cima de la colina, supe que ese disparo había surtido efecto. El enemigo regresó el fuego con disparos de 6 lb desde el castillo pero sin hacer ningún daño.

Después de que el tiroteo había durado una hora, escuchamos el sonido de las trompetas de su caballería que venía cuesta arriba para atacarnos. El avance había sido mandado para acercarse a la base de la colina y cargar contra nosotros. Cuando el ala derecha de mi compañía se replegó pude ver un cuerpo de lanceros que venían en camino. De inmediato abrimos fuego contra ellos y los hicimos retroceder; la compañía en mi izquierda seguida de la mía nos lanzamos cuesta abajo de la colina para irnos sobre el castillo. Mientras descendíamos pude ver la parte alta del castillo llena de hombres. El teniente Ayers del 3º de Art. fue el primer oficial en llegar al castillo y yo fui el segundo. El teniente Ayers bajó la bandera mexicana. Los hombres llenaron el castillo en un instante y comenzaron a disparar contra los mexicanos que huían. Yo corrí alrededor del castillo hasta el fuerte que estaba enfrente, y ahí encontré un obús muy grande. Reuní a varios de mis hombres y lo trasladamos a donde estaba la batería. Nos dimos cuenta de que estaba clavado, pero le quitamos los clavos y en momentos estuvo bueno para disparar contra el enemigo con sus propias municiones. En pocos minutos habían desaparecido por completo. Capturamos un obús, un cañón de 18 lb, dos de 6 lb y una gran cantidad de municiones, lanzas, etc. Encontramos y enterramos a 20 mexicanos. De nuestro lado las pérdidas no fueron tan graves. No tenemos más de seis muertos y entre 15 y 25 heridos. Tomamos preso a un capitán mexicano que fue herido en un pie. La bandera norteamericana se izó inmediatamente. En mi Compañía tuve un muerto y un herido, uno de ellos fue alcanzado justo en el centro de la frente, vino hasta mí y me pidió permiso para poder retirarse. Le di mi mascada y le dije que la colocara alrededor de su cabeza y fuera al médico. Esa noche el hombre regresó perfectamente a salvo. La bala estaba mal y sólo le rozó la piel.

Al día siguiente, el 23, marchamos hacia la ciudad avanzando muy cuidadosamente, temiendo a cada paso ser baleados desde las casas. Mi compañía junto con otras dos formábamos la reserva. En cuanto llegamos a la ciudad fuimos rompiendo las puertas de cada casa que veíamos a nuestro paso para poder penetrar en ellas en caso de que fuéramos forzados a retirarnos. Cuando habíamos avanzado en la ciudad, por mas o menos una milla, el enemigo abrió fuego sobre nosotros. Los hombres se refugiaron en las casas y entonces comenzó la pelea casa por casa. Nos agarramos de todas las barretas y piquetas que pudimos encontrar. La piedra de la que están hechas las casas es tan suave que podemos cavar una pared de dos pies de ancho en sólo 20 minutos. Al caer la noche nuestras tropas habían avanzado a solo una cuadra de la plaza principal donde está la Catedral. Justo antes de anochecer, un mortero de 10 pulgadas fue plantado por el mayor Munroe (77) en un cementerio en los límites de la ciudad. El fuego recomenzó por la noche, una metralla cayó en el patio de la casa en la que yo estaba y explotó tirando todo el polvo sobre mí. La segunda metralla cayó en la plaza y le dio al enemigo. La mañana siguiente, el 24, los disparos comenzaron como era costumbre alrededor de las 8 de la mañana. Una bandera de tregua fue mandada por el general Ampudia al general Taylor, pidiéndole una capitulación. Durante todo el día el general Taylor y el General Ampudia estuvieron arreglando los términos. A las 3 de la tarde el General Taylor hizo su última oferta y le dio una hora a Ampudia para pensarlo. El general accedió a que los mexicanos marcharan con sus mosquetes, sables y seis piezas de artillería de campo. Al final de la hora pensábamos que seríamos obligados a recomenzar la pelea, pero cuando la bandera regresó supimos que Ampudia había aceptado los términos. Esa noche a las 10 las estipulaciones fueron firmadas. En lo que a ellos respecta, cesarían todas las hostilidades por un término de ocho semanas o hasta que ambos generales hubieran podido establecer contacto con el gobierno de sus países. Tampoco el ejército podía pasar de cierta línea entre Monterrey y Saltillo. Ampudia mencionó que un ministro había sido enviado a Estados Unidos para negociar un tratado de paz. (78)

Imagen 28. Whiting, Daniel Powers. (1847).  El general Ampudia negociando la capitulación de Monterrey con el general Taylor, 24 de septiembre de 1847 (Litografía) New York, G. & W. Endicott, (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C, 98516160).

Heroísmo en el campo de batalla de Monterrey 

No todo el heroísmo en Monterrey fue de los guerreros. Un soldado americano fue testigo de un modo de entrega más alto o diferente: 

Hambriento y helado trepé con dificultad a una esquina del fuerte para ponerme al sol y al mismo tiempo guarecerme de las bombas que volaban a mi alrededor. Me asomé y, como a unas doscientas o trescientas yardas de distancia, vi a una mujer mexicana cargando agua y comida para los heridos de ambos bandos. La vi levantar la cabeza de un pobre tipo y darle agua y después tomó su propia pañoleta de su cabeza y vendó sus heridas. Así atendió a dos o tres de la misma manera. Regresó para llevar más agua y comida. Cuando regresaba escuché el sonido de dos o tres pistolas y la pobre y bondadosa criatura cayó; tras algunos estertores todo terminó ¡Estaba muerta! Miré al cielo y pensé, “¡Dios mío esto es la guerra!”. No puedo creer más que el tiro haya sido un disparo accidental. Al día siguiente mientras caminábamos de un fuerte al otro pasamos junto a su cadáver. Estaba de espaldas y aún tenía en las manos un pedazo de pan y un cacharro con agua. La enterramos entre lluvia de metralla, esquivando las balas de cañón y las granadas, esperando tener algún momento para poder cavar alguna tumba para enterrar a uno de los nuestros. (79)

La batalla de Monterrey fue de las más sangrientas de la guerra, con alta participación de la resistencia civil. Casi no hay grabado de la época que no señale esto.  Los norteamericanos descubrieron que la ocupación de México no iba a ser un paseo donde encontrarían señoritas y vítores aclamando por la liberación de la tiranía y dando la bienvenida a su libertad y democracia.  En Monterrey tuvieron que pelear casa por casa para ocuparlo y entre esta batalla y la de Buenavista, días después, casi pierden la guerra por la tenacidad de los norteños mexicanos.

El armisticio después de la batalla de Monterrey

Imagen 30.  Anónimo. (1847). Daguerrotipo del 1o y 2o Regimiento de soldados a pie de Illinois en las calles de Saltillo, enero 1847. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress LC 706/18472u).

El 25 de septiembre el ejército norteamericano entró en Monterrey, según informa el reportero del Yankee Doodle.

En algunos cuarteles Taylor fue criticado por permitir al enemigo un armisticio. El presidente Polk estuvo entre los críticos. Pensaba que los mexicanos deberían haber sido obligados a entregar sus armas y la ciudad de Monterrey. Convocó una reunión de su gabinete y el secretario de Guerra expidió una carta ordenando la terminación del armisticio. La orden le llegó a Taylor el 2 de noviembre. Obedeció enviando a Santa Anna, ahora comandante en jefe del Ejército Mexicano (80), una nota en la que le informaba que el armisticio se terminaría el 13 de noviembre. Pero Taylor resintió la crítica presidencial y estaba en desacuerdo con sus razonamientos, creía que seguir pensando en el norte de México era inútil. Él declara todo esto en una carta mandada el 9 de noviembre y publicada en el New York Express:

No creo que las autoridades en Washington estén satisfechas con mi conducta en relación con los términos de la capitulación que hice con el comandante mexicano, que no dudo ya conozcan pues sé que se han divulgado por medio de un órgano oficial y copiado en varios periódicos. En este momento he recibido una respuesta (a mi oficio, anunciando las condiciones de la rendición de Monterrey y las circunstancias que se dieron para ello) del secretario de Guerra, diciendo que “el presidente lamenta que no se hubiera considerado aconsejable insistir en los términos que yo había propuesto en mi primera carta al comandante mexicano, en lo que se refería a la rendición de la ciudad”, añadiendo que las circunstancias “que han sido dictadas no justifican el cambio”. 

Además, los términos de la capitulación son vistos como demasiado liberales de nuestra parte por el presidente y sus consejeros, así como por algunos otros más, que están lejos, particularmente por aquellos que no ven la situación en la que estamos (de otra forma tendrían otra opinión en relación a este asunto) y, aún reconsiderando, no veo nada que me haga arrepentirme de lo que hice. La proposición del general Ampudia, que influyó en mucho en el camino que decidí tomar, estaba basada en que nuestro gobierno le había propuesto colocar las dificultades existentes en una negociación (lo que yo sabía que era el caso aunque no conociera los resultados), la cual estaba entonces en curso con las autoridades competentes y de las cuales él (general Ampudia) no tenía duda de que resultarían favorables, dado que su gente estaba a favor de la paz. De esta manera, yo consideré que el derramamiento de sangre no solo era innecesario sino inadecuado. Su ejército era considerablemente más grande que el nuestro, y desde el tamaño y posición de la plaza no podíamos agotar nuestros recursos solamente en ella; no así una gran proporción de sus tropas, si no es que todas, que habían sido dispuestas para ese efecto y, sin embargo, en una sola noche abandonaron la ciudad, se internaron en los pasos montañosos y efectuaron su retirada. Hicimos lo que deberíamos haber hecho. Fuimos puestos en la disyuntiva de tomar la ciudad por asalto (lo cual hubiéramos logrado sin duda), pero en lo cual hubiéramos perdido probablemente cincuenta o cien hombres, además de los heridos, lo cual quiero evitar en todo sentido ahora que existe una perspectiva de paz aunque sea distante. También quise evitar la muerte de mujeres y niños, la cual hubiera sido muy grande de haberse efectuado un asalto. Además, ellos tienen una grande y fuerte ciudadela cercana a la ciudad, la cual si se hubiera tomado a bayoneta hubiera implicado un gran sacrificio de vidas; y con nuestro limitado número de artillería pesada se hubieran requerido veinte o veinticinco días para tomarla por aproximaciones sucesivas.

Que ellos hayan rendido una plaza tan fuerte como Quebec, bien fortificada, construida bajo la supervisión de ingenieros expertos, resguardada con 42 piezas de artillería, con municiones suficientes y custodiada por 7,000 soldados y 2,000 tropas irregulares en conjunto, con algunos miles de ciudadanos capaces de usar las armas (de lo cual no tengo la menor duda ahora), y dispuestos a defender su ciudad contra un invasor que además es la mitad en número, con pocas provisiones y con un ligero convoy de artillería, son algunos de los elementos a tomar en cuenta de entre los incontables sucesos que han ocurrido.

Estoy decidido a no conducir de este modo la guerra más allá de Saltillo, además esa plaza ha sido abandonada por las fuerzas mexicanas, las cuales han sido concentradas en San Luis Potosí; y no quiero perder tiempo en ocupar Saltillo, ya que el cese de hostilidades referido va a expirar pronto. Esto lo he notificado a las autoridades mexicanas por órdenes del Presidente de los Estados Unidos. (81)

Imagen 30. Clay, Edward Williams. (1847). Notables operaciones militares con un tazón de sopa preparada a la carrera. New York, H. R. Robinson Imp. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., LC-USZ62-62676). 

Sosiego para reagruparse

Aunque el armisticio terminó oficialmente el 15 de noviembre, las hostilidades no reanudaron de inmediato. Hubo una pausa en la guerra mientras las estrategias se consideraban tanto en México como en Washington y se daban las órdenes de reagruparse en los campamentos. Una semana antes de la fecha señalada para la terminación del armisticio, Taylor envió la Ordenanza 139 que mandaba la ocupación de Saltillo (violando la línea de no agresión) por las siguientes tropas: la Batería del teniente James Duncan, el Batallón de Artillería (ocho compañías), el 8º de Infantería, el 5º de Infantería y la Compañía del capitán Blanchard de los Voluntarios de Luisiana, todos bajo el mandato del general Worth. Taylor envió a Saltillo además a los Regimientos de Voluntarios del 1º de Ohio y el 1º de Kentucky, y puso al general mayor William Orlando Buttler a cargo de todas las tropas del frente desde Saltillo hasta Punta Isabel (82). El ejército se reunió en Saltillo en diciembre con otra fuerza, la comandada por el general brigadier John Ellis Wool, que había avanzado desde San Antonio vía Monclova y Parras. Desde Saltillo el avance siguió hacia Encantada, Agua Nueva y el Paso de Rinconada.

Tras haber ordenado al 2º de Dragones (exceptuando a dos compañías) reunirse con Butler en Saltillo, Taylor dejó en Monterrey el 4º y 7º Regimientos de Infantería, dos compañías del 3º de Artillería y dos compañías de fusiles a caballo. Después avanzó con el 1º de Infantería a Montemorelos en su camino hacia Ciudad Victoria. Él era seguido de cerca por la Brigada de Voluntarios de Quitman de la División Old Field (ahora fragmentada), compuesta por los Regimientos de Georgia, el 1º de Mississippi y el 1º de Tennessee. En Montemorelos los regimientos del 2º de Infantería y el 2º de Tennessee se les unieron para marchar hacia Ciudad Victoria. El 4 de enero, Taylor entró a esa ciudad pero no se quedó por mucho tiempo. En lugar de ello regresó a Monterrey, después de que la administración de Polk decidió que una parte de su ejército –muchos de sus soldados y algunos de sus voluntarios- debería ser trasladada para la nueva expedición de Scott, para ir en la campaña contra Veracruz. De Monterrey Taylor se fue a Saltillo, donde se involucró en la operación que desembocó en la batalla de Buenavista. En febrero de 1847, a pesar de la orden terminante de que permaneciera a la defensiva, Taylor avanzó, esta vez contra Agua Nueva, al sur de Saltillo. Ahí se quedó esperando los acontecimientos.

El avance del general Wool

Imagen 31. Anónimo, (1847) Daguerrotipo del general John E. Wool y su estado mayor entrando por la calle Real de Saltillo, enero de 1847. (Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University Digital collection, 2001692).

Al mismo tiempo que Taylor estaba en campaña otra fuerza norteamericana, “El Ejército del Centro”, comandado por el general brigadier John Ellis Wool, había invadido México, partiendo de San Antonio con el objetivo inicial de atacar Chihuahua, para situarse al oeste del escenario de operaciones de Taylor y al sur de Nuevo México. Pero las noticias de que se preparaba un ejército para atacar a Taylor hicieron que cambiaran los planes originales. Un corresponsal del Boston Evening Post enviado para cubrir toda la campaña de Wool, o como se ha dado en llamar más correctamente: ”La marcha de Wool”, nos la narra. 

El general Wool desembarcó del Golfo el 2 de agosto (1846) en La Vaca, Texas, con el 1º y 2º Regimientos a pie de Illinois, comandados por los coroneles John J. Hardin (83) y Wm. H. Bissell (84), poco después tomó camino rumbo a San Antonio de Bejar, a 150 millas al norte. Ahí se le unió el Regimiento Montado del coronel Yell de Arkansas y el del coronel Marshall (85) de Kentucky; también la Compañía de artillería ligera del Capitán Washington (86), de Carlisle Pennsylvania con ocho piezas de artillería, así como el Batallón de Infantería del mayor Bonneville (87), el coronel Harney (88) se unió a esta división junto con cuatro compañías de dragones (…) Los dos meses que pasamos en esta agradable región fueron bien empleados para el entrenamiento de las tropas.

El 26 de septiembre, dos días después de la capitulación de Monterrey, el avance comandado por el capitán Harney (89) se desplazó por el Río Grande, seguido después por el general brigadier Wool, quien nombró al coronel Churchill como inspector y al coronel Bissell para la retaguardia, cosa que comenzarían a hacer hasta el 14 de octubre. Todo el ejército en este momento constaba de 2,600 efectivos, nosotros en la avanzada marchamos por el Río Grande doscientas millas en doce días, descansando uno en el que el general Wool se nos unió.

(…) Cruzamos el límite actual entre nuestro país y México el día 12 de octubre, y pusimos nuestra planta en suelo enemigo. De ahí marchamos una distancia de 400 millas a la ciudad de Parras en el límite sudoeste de este estado (Coahuila), y que se encuentra junto a un lago llamado del mismo nombre; avanzamos ocupando pacíficamente en nuestra ruta las ciudades de Presidio del Río Grande, Nava, San Fernando, Santa Rosa, Monclova, la vieja capital de este estado, y Parras, a la cual llegamos el 6 de diciembre. Estas ciudades tienen una población de cinco a quince mil habitantes excepto Nava que tiene dos mil. Monclova y Parras son ciudades prósperas, y poseen muestras finas de arte español y refinamiento. Pasamos algún tiempo en ellas con gusto y beneficio, ya que vimos mucho de las costumbres y educación mexicanas y disfrutamos de un aparente cordial intercambio con los ciudadanos. (…) 

El terreno que bordea el Río Grande donde cruzamos y nos internamos por una distancia considerable dentro del país es del lado oeste, y hacia el sur, bajo, plano y muy fértil, regado por riachuelos o canales. Cuenta con una gran población y con las ciudades de Presidio, Nava, y San Fernando; las dos últimas situadas a 40 y 50 millas del oeste del río, y me sorprendieron por su prosperidad.

La tierra entre el Nueces y el Río Grande por cerca de mil millas, a excepción de algunas praderas fértiles, está dividida entre desiertos arenosos y terreno agreste, ambos tan difíciles de acceder como las selvas de la India. Será terreno solo apto para salvajes y bestias por muchísimos años, si no es que para siempre (…)

Los efectos de nuestro avance prolongado y la estricta disciplina aplicada por nuestro general, además de los ejercicios de entrenamiento, fueron muy saludables para la condición física del ejército, después de estar acostumbrados a la vida sedentaria en el terrible clima del Mississippi. La campaña al menos tuvo un efecto renovador. El ejército acampó tres semanas en Monclova, período en el cual la retaguardia llegó y al general Wool se le ordenó apoyar la acción en Monterrey con el general Taylor, en lugar de seguir sobre Chihuahua como era el plan original. Tardamos once días en llegar a Parras, doscientas millas más adentro del país, donde las provisiones son abundantes. Aquí estuvimos detenidos once días en un amistoso intercambio con los residentes del sitio y muchos de ellos no son faltos de moral e inteligencia. Los estafadores norteamericanos que nos acompañan, caballeros sin escrúpulos, empeñados en negociar y cazar fortunas, me causaron más disgusto que el más despreciable de los mexicanos. Muchas personas de las clases altas de México merecen mi más alta estima.

Pero estos placenteros días se fueron rápidamente y acontecimientos más conmovedores estaban por suceder. El general Worth que estaba en Saltillo, a 120 millas al noroeste de nosotros, con mil soldados, recibió el día 16 de diciembre un comunicado, el cual acreditaba que Santa Anna estaba a tres días de camino con 30,000 soldados, y seguía avanzando. Worth envió mensajeros a Monterrey y Parras para pedir refuerzos, prometiendo que resistiría un día contra cualquier ejército y pidiéndonos que lo reforzáramos al cuarto día. El General Taylor se había ido a Ciudad Victoria, pero el general Lane se quedó en Saltillo con dos Regimientos. El General Wool recibió la noticia la tarde del día 17 y en menos de dos horas todo el ejército estaba en marcha. El 21 nosotros reforzamos a Worth pero no se presentó ningún enemigo. Por tres noches sin parar avanzamos, completamos el recorrido en tres jornadas y media. El ejército era levantado a primera hora de la mañana para proseguir con la marcha. La caballería y los de artillería nos llamaban “los sonámbulos” y se quejaban de que estábamos haciendo que sus caballos se fatigaran. El espíritu demostrado por estos hombres, su presteza, alegría y paciencia eran admirables. Estando en espera del enemigo a cada hora, como estaban, su comportamiento inspiraba confianza a los demás y a todos los oficiales. Mientras tanto los voluntarios, comparados con los soldados, no eran tan disciplinados; de repente adquirieron rapidez y prestancia para acatar órdenes, aunque no todos fueran como la vieja guardia de Napoleón.

Imagen 32. Anónimo. (1846). Daguerrotipo del general John E. Wool. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-DIG-pga-05575).

Esta marcha fue el preludio para la Batalla de Buenavista. El 21 de diciembre acampamos en Agua Nueva, un pequeño rancho o villa veintiún millas al sur de Saltillo y cercano al gran paso entre las montañas que conduce a San Luis Potosí, sede de los poderes mexicanos. Aquí pasamos la Navidad, esperando que apareciera el enemigo en este paso o en dos más pequeños que estaban a pocas millas de distancia a cada lado de nosotros. Pasamos el Año Nuevo en la Encantada, a 9 millas de distancia de Saltillo, aún veíamos y disfrutábamos el derroche de las frecuentes llamadas de falsa alarma. Poco después tomamos nuestras posiciones en Rancho Buenavista situado a 5 millas de la ciudad y nos preparamos para defender el paso a dos millas de distancia de nuestro campamento. (90)

Preludio a la batalla de Buenavista 

Imagen 33. Anónimo. (1848). “Antonio López de Santa Anna (1794-1876)” en Mayer Brantz, History of the War between Mexico and the United States, New York-London: Wiley and Putnam, p. 7. Recuperado de: https://archive.org/details/mayerbrantzwar00mayerich/page/n7

La amenaza que trajo presuroso a Worth al lado de Taylor para apoyarlo fue Santa Anna. Tras la Batalla de Monterrey, Santa Anna había consolidado su posición como amo del país; en septiembre comenzó a armar en San Luis Potosí un ejército que llegaba a 25,000 hombres. San Luis Potosí está directamente debajo de Tampico donde las tropas estadounidenses se preparaban para ser transportadas hacia Veracruz, y además es medio camino entre Veracruz y Monterrey. De esta forma Santa Anna podía escoger su objetivo de ataque. La elección se tomó después de que los mexicanos interceptaron una carta del general Scott al general Taylor, la cual fue entregada a Santa Anna. En ella no solamente se revelaba toda la estrategia norteamericana sino también que las fuerzas de Taylor habían sufrido una fuerte debilitación. El general mexicano decidió aplastar a Taylor antes de que desembarcara en Veracruz. El 2 de febrero de 1847 emprendió la marcha al norte, el 21 llegó a La Encarnación, a cincuenta y seis kilómetros de los cuarteles de Taylor en Agua Nueva.

Taylor, quién al principio dudó que los mexicanos estuvieran realmente aproximándose, comprendió que su posición en Agua Nueva era indefendible, y se retiró hacia el rancho Buenavista donde su disminuido ejército realizó una fuerte defensa de la plaza. 

Santa Anna rápidamente venció a una pequeña guarnición que había sido dejada en Agua Nueva para guardar provisiones que no podían trasladar (fueron quemadas) y se enfrentó, cara a cara, con su ejército a Taylor el 22 de febrero. Conminó al general norteamericano dándole una hora para rendirse, y cuando la demanda fue rechazada atacó. Fue el principio de la batalla más feroz de la guerra, una que los norteamericanos estuvieron a punto de perder: 

Por la mañana del 21 (febrero de 1847) se confirmó que una gran fuerza estaba movilizándose para atacarnos y se ordenó ponernos en marcha de inmediato. Todas las tropas guardaron sus tiendas y estuvieron listas para avanzar. Se hicieron muchas conjeturas sobre cuál sería nuestro destino, y algunos decían que nos retiraríamos hacia Saltillo. Todo el ejército estaba en movimiento a excepción de la caballería de Arkansas, bajo el mando del capitán Yell, que se le ordenó quedarse en Agua Nueva a proteger el cargamento que se dejó ahí en espera que hubiera alguna manera de ir por él. 

El coronel McKee, del 2º de Kentucky, con una sección de artillería se quedó en Encantada con el fin de apoyar al coronel Yell en su retirada en caso de que el enemigo lo atacara. Aproximadamente a tres millas de Encantada, se ordenó al Primer Regimiento de Illinois, comandado por el coronel Hardin, que se quedara a vigilar el paso. El general Wool avanzó hasta Buenavista y ahí acampó. El general Taylor siguió hacia Saltillo junto con el escuadrón del 2º de dragones del teniente coronel May y las baterías del 3º de Artillería del capitán Sherman (91), y del capitán Bragg. 

Durante la tarde el coronel Yell se reunió con la caballería de Kentucky, el escuadrón del 1º de dragones bajo las órdenes del coronel Marshall, y los vagones para transportar lo que había quedado en los almacenes, con órdenes para el coronel Yell de que si el enemigo venía sobre él destruyera todo lo que quedaba. De acuerdo con esto, los vagones fueron cargados lo más rápido posible, pero alrededor de media noche se encendieron fuegos de alarma en todas las posiciones, menos en Rancho San Juan que estaba a 10 millas de distancia. Un hombre fue mandado para allá pero no volvimos a saber de él. 

Una alarma como esa no la habíamos visto jamás. Los vagones corrían en todas direcciones; algunos estaban enganchados, pero los cargadores no esperaron, sino que huyeron suponiendo que el enemigo estaba justo encima de nosotros. Algunos de los hombres perdieron sus caballos y estaban en un dilema. Habíamos abierto algunos barriles de col agria por la tarde y observamos a un viejo alemán llenando dos costales con ella. Por cierto, había perdido su caballo, estaba en una situación muy embarazosa, pero de ninguna manera iba a perder su col. Vimos cómo se ponía los dos sacos alrededor del cuello, y le preguntamos por qué no se iba y buscaba mejor algo con que vestirse; “Desde luego” dijo, “¡Esto es mejor que la ropa y si pudiera dar con mi vieja montura iría tan rápido como un relámpago!”

Mientras tanto el campamento era incendiado junto con una gran cantidad de trigo, lo cual produjo una gran luminosidad sobre la negrura de la noche. Se veía terriblemente enorme y sublime; si el ejército mexicano estuviera a 600 yardas forzosamente se habrá tenido que detener para admirar la escena.

Las tropas fueron formadas frente al campamento, lo suficientemente alejadas par no ser descubiertas por alguien que viniera de ese lado, pero teniendo un adecuado ángulo de tiro. En esta posición duramos cerca de dos horas (…)

Se dio la orden de avanzar organizadamente, pero no hubo ninguno que lo hiciera. Allá iban los voluntarios, ¡Desorden total!, cualquier grito de detenerse era totalmente ignorado, si los mexicanos nos hubieran alcanzado, no hubiéramos resistido su embate. Cuando llegamos a Encantada, el coronel McKee salió y nos acompañó en la entrada. 

Llegamos a Buenavista alrededor de las 4 a.m., y en pocos minutos cada hombre se había envuelto cómodamente en su cobija. 

Cerca de las 9 se dio la alarma de que el enemigo estaba a la vista. Esto a juzgar por el movimiento del Primer Regimiento de Illinois que estaba estacionado en el paso, donde habían construido un parapeto o trinchera desde la punta de la cual se burlaban los valientes idiotas mientras se acercaba el enemigo (…)

En un momento el ejército entero se puso en línea y marchó a encontrarse con el enemigo. Era muy grande la ambición y el valor manifestado esa mañana, mientras que el tambor y el flautista tocaban esa melodía vieja y entusiasta “Yankee Doodle”; que inspiraba a cada hombre con renovado vigor y coraje para la lucha. La larga espera de los muchachos de la División Central (que ahora se llamaba “Columna Dormida”) se estaba terminando rápidamente y estaban deseosos de convertirse por ello en hombres. No tengo la menor duda de que el general brigadier Wool veía con orgullo a esa pequeña banda con la que había compartido el arduo trabajo y el sufrimiento de una marcha de seis meses, atravesando con ellos por un inhóspito país. (92)

La ascendencia de Taylor como comandante 

Si bien había desorden en la víspera de la batalla, no había miedo. Esto se debía parcialmente a la confianza del ejército en Taylor. Aunque en Washington había una ola de críticas pues se sospechaba (y era cierto) de las ambiciones presidenciales de éste. Sus compañeros en el ejército deploraban sus tácticas y su falta de habilidad en la estrategia de guerra, pero los hombres tenían confianza en el “Viejo rudo y presto” (Old rough and ready), una seguridad que los militares y aún el mismo Taylor compartían. Hay una anécdota de una junta de guerra con Taylor por la noche del 23 de febrero que fue enviada al Cincinnati Chronicle:

Yo creo que el general Taylor ha ganado más influencia sobre sus hombres que ningún otro general que haya existido, a excepción de Napoleón. Cuando Taylor guía en la batalla ¿Quién piensa en algo más que en el triunfo? Hay una convicción en los hombres de que el “Viejo Rudo y presto” actuará infaliblemente. Eso da fuerza a sus armas e impulsa sus corazones para atreverse a hacer más de lo que harían si no contaran con esa seguridad. Fue ese el espíritu que animó a nuestro pequeño ejército cuando vieron el brillo de las armas de los innumerables hombres de Santa Anna que guiaba a sus miles de hombres a través de los pasos de las montañas hacia Buenavista (…)

Uno de los rumores que corrían en el campamento era que Taylor, en la junta nocturna del día 23 de febrero con sus oficiales, discutió si sería mejor que regresaran a Monterrey o si deberían enfrentar al enemigo por la mañana, el comando estaba indeciso y de alguna forma, dividido. Tras un largo debate en el cual las opiniones de la mayoría se inclinaban por no tomar una acción bélica, “Viejo Rudo y presto” se levantó de su asiento y dijo: “Muy bien caballeros, el Consejo de guerra está convocado para reunirse mañana después de la batalla. Por la mañana vamos a examinar al enemigo.(93)

La batalla de Buenavista (La Angostura)

Imagen 34. Robinson, Henry R. (1847).  Batalla de Buenavista (de un borrador tomado en el lugar por el mayor Eaton, asistente de campo del General Taylor. New York: Robinson, 1847. (Library of Congress, Washington D.C., reg. 02525).

El general brigadier Wool escribió un largo reporte de la Batalla de Buenavista (llamada de La Angostura por los mexicanos). En una parte (que se omite en lo que sigue) rinde un tributo especial a la artillería: “Sin nuestra artillería no hubiéramos mantenido nuestra posición ni una hora”. Después escribió una carta, que fue publicada en el American Whig, en la que dice que si una parte del ejército de Taylor no hubiera sido transferida al general Scott antes de la Batalla de Buenavista, dejándole solamente un regimiento de soldados regulares de infantería, “el ejército del general Santa Anna hubiera sido aniquilado”. 

Cerca de las 9 de la mañana, nuestro piquete que estaba estacionado en La Encantada, a 3 1/2 millas de distancia, descubrió el avance del enemigo. De inmediato se le envió un comunicado al general al mando que estaba en Saltillo y ordené a las tropas en Buenavista que se agruparan para el enfrentamiento. 

La batería del capitán Washington se colocó a lo largo del camino, protegida en su izquierda por unas lomas y a su derecha por profundos barrancos. El 2º de Infantería de Kentucky, comandado por el coronel McKee, estaba apostado en una colina inmediatamente atrás de la batería de Washington. Las seis baterías del 1er Regimiento de Illinois comandadas por el coronel Hardin tomaron posición en una loma alta a su izquierda y dos compañías, bajo el mando del teniente coronel Weatherford (94), ocupaban el puesto defensivo de la derecha de la batería de Washington. El 2º Regimiento de Illinois (95) estaba colocado a la izquierda del Regimiento de Kentucky. La Brigada de Indiana, comandada por el general brigadier Lane (96), se colocó en la cresta de una colina inmediatamente atrás de la línea del frente y el escuadrón del capitán Steen (97) se quedó en reserva atrás de la brigada de Indiana. La caballería del Regimiento de Kentucky bajo el mando del coronel Marshall y el Regimiento de Arkansas bajo el mando del coronel Yell fueron apostados a la izquierda de la segunda línea atrás de las montañas. Poco después, las compañías de rifles de estos dos regimientos se desmontaron y con la caballería del Regimiento de Kentucky y el batallón de rifles de la Brigada de Indiana comandados por el mayor Gorman, bajo el mando del coronel Marshall, fueron mandados a tomar lugar en la extrema izquierda y al pie de las montañas. 

Esta disposición fue autorizada por la comandancia general que había regresado de Saltillo, trayendo con ellos al 2º escuadrón de dragones del teniente coronel May y a las baterías de artillería de los capitanes Sherman y Bragg, así como al Regimiento de Fusileros del Mississippi. 

El enemigo se detuvo justo atrás de tiro de cañón y dispuso sus fuerzas a ambos lados del camino; comenzó a colocar su infantería ligera en las montañas a nuestra izquierda. Al mismo tiempo, al haber indicios de un intento de penetración a nuestro flanco derecho, forzó al comando general a ordenar al 2º de Kentucky de Infantería y a la Batería del capitán Brags con un destacamento de hombres a caballo, a tomar posición en la derecha de las crestas, a alguna distancia en avanzada de la batería del Capitán Washington. 

La Batería del capitán Washington fue dejada en reserva en la retaguardia de la segunda línea.

El enemigo, entonces, llevó su infantería a su derecha entre las partes altas de la cordillera, mostrando una intención evidente de voltear nuestra izquierda para poder dominar nuestra posición básica -las colinas en la izquierda de la artillería de Washington- y además abrir un paso libre para Saltillo. 

El coronel Marshall (98) con su regimiento, los Fusileros de Arkansas, bajo el mando del Teniente coronel Roane, y el batallón de fusileros de Indiana, bajo el mayor Gorman (99), fueron encargados de atacar ese frente y de checar nuestro movimiento a la izquierda. El general brigadier Lane con el 2º Regimiento de Indiana y una sección de la Artillería del capitán Washington, bajo las órdenes del teniente O’Brien (100) (capitán del departamento de aprovisionamiento), fue mandado al extremo izquierdo del campo de batalla, el cual terminaba en una profunda zanja que se extendía de la montaña al camino, con órdenes de impedir al enemigo llegar a la base de la montaña.

Imagen 35. Carl Nebel. (1851). “Batalla de Buenavista” en Kendall, Wilkins, George – Nebel, Carl.  The War between the United States and Mexico illustrated, embracing pictorial drawings of all the principal conflicts … with a description of each battle- New York & Philadelphia: Plon Brothers of Paris for D. Appleton & Co. and George S. Appleton.

A las dos de la tarde, mientras que el enemigo colocaba su infantería ligera hacia arriba en la montaña y en las zanjas, abrieron fuego sobre nuestros hombres con un obús colocado en el camino, entre las tres y las cuatro, el coronel Marshall se enfrentó con la infantería mexicana a un lado de las montañas, el fuego continuó a ambos lados con ciertos intervalos, hasta que oscureció. En esta escaramuza no sufrimos pérdidas, mientras que para el enemigo, y lo sabemos por las subsecuentes inspecciones al campo de batalla, fueron considerables. Después del cese al fuego, el comando General regresó a Saltillo para ver los asuntos de esa plaza llevándose al Regimiento de Mississippi y al 2º escuadrón de dragones para enfrentarse con el general Miñon (101) y su caballería. 

Las tropas permanecieron armadas toda la noche. Cerca de las 2 de la mañana del día 23, nuestros vigías fueron alcanzados por los mexicanos y al amanecer estos reanudaron el ataque con su infantería ligera y con nuestros rifles que estaban apostados del lado de la montaña. 

El enemigo logró por la noche y a primeras horas del día ocupar la cima de las montañas, pasando a nuestra izquierda y a nuestra retaguardia. Además, reforzó su extrema derecha con 1,500 o 2,000 soldados de infantería.

Al mayor Trail (102), del 2º de Voluntarios de Illinois, con sus fusiles, se le ordenó apoyar al coronel Marshall, el cual estaba encargado de mantener la derecha del enemigo vigilada.

El enemigo abrió fuego a nuestra izquierda desde la batería situada en el lado de la montaña cerca de donde había comenzado a subir su infantería ligera; todo indicaba que el ataque mayor sería a nuestra izquierda. El 2º de Infantería de Kentucky y la Batería de Artillería de Bragg fueron mandados hacia la extrema derecha por órdenes dadas al mayor Mansfield; a la Batería de Sherman se le ordenó venir desde atrás para apostarse con el Regimiento del Coronel Bisell (2º de Voluntarios de Illinois) en la meseta que se extiende desde el centro de la línea hacia el pie de las montañas, cuyos flancos estaban ahora llenos con la infantería mexicana y nuestros fusileros entre los cuales el fuego se había vuelto muy enérgico. Al mismo tiempo el comando general regresaba de Saltillo con el regimiento de Mississippi y el 2º escuadrón de dragones. Poco después llegó y tomó su posición al centro del campo de batalla, desde donde podría ver y dirigir la operación todo el día. 

A las 8 de la mañana, un gran cuerpo de batalla del enemigo, compuesto por infantería, lanceros y tres piezas de artillería, se movió de lo alto del camino al centro, donde estaba la batería del capitán Washington y el 1º de Voluntarios de Illinois, pero ágilmente fue dispersado por estos últimos. La rapidez y precisión del fuego de la artillería los dispersó en unos minutos con bajas considerables en su lado y pocas o ninguna en el nuestro. 

En conexión con este movimiento, una gruesa columna de la infantería y caballería del enemigo además de la batería del lado de la montaña se movió hacia nuestra izquierda que era defendida por el general Brigadier Lane, con el 2º Regimiento de Indianápolis y la sección del teniente O’Brien de Artillería quienes contestaron fieramente el fuego de la Artillería del enemigo, haciendo honor a las palabras, con gran efectividad. El general Lane, de acuerdo con mis órdenes, deseando mover su infantería a poca distancia, le indicó a su línea marchar hacia delante. Esta orden fue obedecida debidamente por el teniente O’Brien, la infantería, sin embargo, en lugar de avanzar, retrocedió en desorden y a pesar de los sumos esfuerzos de su general y sus oficiales, dejaron a la artillería sin apoyo y huyeron del campo de batalla. Algunos de ellos fueron reunidos por el coronel Bowles (103), quien con un pequeño grupo llegaron a las filas de los fusileros del Mississippi y durante el día prestaron un excelente servicio en ese valeroso regimiento. Me pesa mucho decir que la mayoría de ellos (de los que escaparon) no regresaron al campo de batalla pues huyeron hasta Saltillo. 

El teniente O’Brien, al quedarse sin el apoyo de la infantería e incapaz de hacer un frente contra la numerosa columna que avanzaba en torno a él con un fuego destructivo, retrocedió hacia el centro, dejando atrás a uno de sus contingentes cuyos caballos y cañones fueron muertos o destruidos por el enemigo. Viéndose aislados del centro por la huida del 2º Regimiento de Indiana, el consecuente avance de las tropas mexicanas de infantería y caballería sobre el terreno que antes ocuparan, los fusileros bajo el mando del coronel Marshall retrocedieron de su posición en la montaña, donde habían combatido tan exitosamente con el enemigo al otro lado del arroyo seco que estaba inmediatamente atrás de nuestra posición. Aquí muchos huyeron desordenadamente hacia la retaguardia. Algunos fueron reunidos después y traídos nuevamente a la acción al lado de sus valientes compañeros, otros fueron detenidos en la Hacienda de Buenavista y ahí castigados por sus oficiales. 

El enemigo inmediatamente trajo una batería de tres piezas, tomó posesión en el extremo izquierdo de nuestra línea, bajo la montaña, y comenzó un fuego dirigido hacia nuestro centro, el cual regresamos con buen efecto sobre la columna de avance de los mexicanos, que constaba de cerca de 6,000 hombres de Infantería y Lanceros. Eso hizo que se mantuvieran en el lado alto de la meseta, cercanos al lado de la montaña, en lugar de ir hacia la izquierda y avanzar contra nuestro centro donde era más intenso el fuego de nuestra bien dispuesta artillería, continuaran su recorrido perpendicular a nuestra línea en la extrema izquierda, cruzando sobre el lecho del arroyo seco en la dirección tomada por nuestra línea de retirada de los fusileros, manteniendo libre todo el pie de la montaña. Los coroneles Marshall y Yell, con sus Compañías de Caballería el coronel May, con el 1º y 2º escuadrones de dragones, así como el Escuadrón del capitán Pike (104) del Regimiento de Arkansas, junto con una brigada de infantería, formada por los del Regimiento de Mississippi y el 3º de Indiana (coronel Lane), y un fragmento del 2º Regimiento de Indiana, bajo las órdenes del coronel Bowles, y la artillería de Bragg, más tres piezas de la Artillería de Sherman, lograron vigilar la marcha de esta columna. El Regimiento de Mississippi, solamente con un obús, bajo el mando del capitán Sherman, arremetió contra 4,000 soldados del enemigo y los detuvo en su avance hacia Saltillo. Un gran cuerpo de lanceros de este batallón formó una columna en una de las gargantas de las montañas avanzando sobre la infantería mexicana para realizar el descenso sobre la Hacienda de Buenavista, cerca de la cual nuestro convoy de provisiones y equipaje se había estacionado. Los mexicanos se encontraron con nuestras valientes tropas montadas al mando de los coroneles Marshall y Yell, quienes los vencieron, separando la columna de ataque. Una parte se regresó a las montañas, donde fueron cubiertos por su infantería, y otra parte se fue a través de la hacienda. Estos se encontraron con el fuego destructivo de los hombres que habían abandonado el campo de batalla al comienzo de esta, mismos que habían sido reunidos por sus oficiales. Los Dragones del coronel May y la sección de Artillería bajo el teniente Reynolds (105) llegaron en este momento, completaron el cerco de esta sección de la caballería enemiga. La columna que había pasado a nuestro lado izquierdo, y que se había desplazado a más o menos dos millas a nuestra espalda, ahora se encontraba con la realidad y estaba replegándose dejando al descubierto su lado derecho a un fuego pesado y destructivo de nuestra infantería y artillería, quienes se habían colocado en línea paralela a la marcha de retirada de la columna, por lo cual muchos fueron forzados a volver a las montañas y otros se dispersaron.

El general Santa Anna viendo la situación de esta parte de su ejército, y sin lugar a dudas considerándolo como un corte a sus líneas, envió una bandera al comando mayor general para conocer lo que se deseaba. El general me pidió que fuera el emisario de su respuesta, a lo cual acepte con gusto yendo inmediatamente hacia la batería del enemigo al pie de la montaña para entrevistarme con el comandante en jefe mexicano. Pero a resultas de una negativa de cese de fuego sobre nuestras tropas, a quienes las noticias de una tregua no se habían comunicado y que estaban peleando duramente con la infantería mexicana, declaré las negociaciones suspendidas y regresé sin haber visto al general Santa Anna o comunicado la respuesta de la Comandancia General.

La columna mexicana estaba retirándose rápidamente ahora, perseguida por nuestra artillería, infantería y caballería; a pesar de que nuestros disparos eran certeros, ellos lograron retirarse, en gran parte debido a la configuración del terreno aunque debían pasar el cruce del lecho del arroyo seco y subir a la meseta por la cual habían antes bajado. 

Mientras esto estaba sucediendo, en la parte izquierda y trasera de nuestra línea, en el centro que estaba bajo el ojo directo de nuestra Comandancia General, aunque habían sufrido varias bajas por muertos y heridos, aún así permanecían y repelían cada intento de ataque hecho sobre ellos. 

Las fuerzas mexicanas, ahora concentradas en la izquierda, hicieron un valeroso movimiento para atacar nuestro centro, avanzando con todas sus tropas desde la derecha y el frente. En este momento se ordenó al teniente O’Brien que avanzara su batería y vigilara este movimiento. Él lo hizo en una manera bravía y gallarda manteniendo su posición hasta que su fuerza de soporte había sido completamente desviada por un vigor infinitamente superior. Casi todos sus hombres y caballos habían sido heridos o muertos y se encontró en la necesidad de abandonar a su grupo cayendo estos en manos del enemigo. Desde este punto el enemigo marchó hacia el centro donde el golpe fue recibido por el coronel McKeel, el 1º de Illinois bajo el coronel Hardin, y el 2º, bajo el coronel Bisselly, bajo el mando inmediato de la comandancia superior. Esta fue la parte más tremenda, la más crítica de toda la acción; en ese momento en el que nuestras tropas estaban casi cediendo bajo la gran fuerza de un poder superior al cual estaban contendiendo, las baterías de los capitanes Sherman y Bragg llegaron justo a tiempo desde la retaguardia y bajo la inmediata dirección de la Comandancia General, y por medio de un fuego bien dirigido, hizo que el enemigo se retirara, sufriendo grandes pérdidas y casi terminándose las municiones. Una parte de los lanceros del enemigo tomó a nuestra infantería por un flanco y los llevó hacia abajo de la loma frente a la batería del capitán Washington, quién los salvó gracias al ataque certero y cronometrado.

Este fue el último gran esfuerzo del general Santa Anna: el fuego entre nuestra artillería y la del enemigo, empero, continuó toda la noche. (106)

Estado de ánimo después de la batalla de Buenavista

Imagen 36. Anónimo. (1838).  Daguerrotipo mostrando la batería del mayor Lucien B. Webster en las montañas al norte de Buenavista, México, después de una importante victoria Americana en la guerra con México (Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University Digital collection, 2001686).

Un oficial del ejército de Taylor describe la amargura después de la batalla:

En una cierta hora de la noche regresamos al campo de batalla donde habíamos tenido nuestro primer enfrentamiento, ahí vimos los cuerpos destrozados de nuestros compañeros y aunque aún estábamos alertas por la fiereza del combate, no creo que haya existido algún hombre que por un momento no se le parara el corazón al contemplar esa terrible escena, si no hubiera sido por su sombrero de paja y algunas cosas de ropa que los maleantes le habían dejado, nunca hubiera reconocido el cuerpo del joven Eggleston. A él le dispararon, lo acuchillaron y abusaron de él…

Después de la batalla anduve rondando el campo de batalla. Había brigadas que se encargaban de quemar a los muertos, pero había aún cientos de cuerpos yaciendo sin nada que los cubriera o con la poca ropa que los bandidos les habían dejado por considerarlos artículos sin valor. Vi cuerpos destazados por doquier y las expresiones en sus rostros mostraban casi cada pasión y sentimiento humanos. Algunos parecía que hubieran defendido sus vidas con valentía hasta el último momento, mientras que otros habían usado sus últimas palabras para pedir clemencia (…) pasando esta parte del terreno ensangrentado, subí a la meseta que estaba literalmente cubierta con los cuerpos de los que hasta hacía unas horas eran nuestros compañeros, Dios sabe que la escena era suficientemente espantosa, pero estaba despojada de algunos de sus horrores por el hecho de que ninguno de los cadáveres de soldados mexicanos había sido robado o desnudado, ni había la más mínima evidencia de que los cuerpos hubieran sido acuchillados, ni abusados de ninguna manera después de haber muerto. Esto de hecho habla a favor de los “bárbaros voluntarios de los Estados Unidos del Norte”, como nos nombran los mexicanos. (107)

Durante la noche del 23, Santa Anna retiró sus tropas del campo de batalla y se preparó para la larga marcha de regreso. La guerra continuaría y sería concluida por el ejército de Scott en batallas que tendrían como escenario el camino de Veracruz a la Ciudad de México. Pero en el norte la guerra había concluido. La batalla más dura, y quizá la más espectacular por el número de efectivos, y el escenario habían terminado, los hombres que sobrevivieron servirían como un ejército de ocupación en el norte del país y los norteamericanos se dieron cuenta de que su invasión a México no sería ningún romántico paseo como planteaba la propaganda de reclutamiento de un par de años antes.


Relación de imágenes:

Imagen 1. Anónimo: General Zacarías Taylor en el campamento, grabado coloreado, s/f, (US. National Park Service, Brownsville Texas. The Miriam and Ira D. Wallach Division of Art, Prints and Photographs: Print Collection, The New York Public Liary. «Zachary Taylor [signature] at the period of his commanding in Mexico. «New York Public Library Digital Collections “ (5111194).

Imagen 2. Anónimo. (1976). Campaña de Taylor (marzo 1846- febrero 1847. University of Texas, (Board of Regents, The University of Texas System. Perry-Castañeda Library Map Collection), 

Imagen 3. Anónimo. (1846). General William J. Worth durante el bombardeo al palacio del Obispo en Monterrey, 22 de septiembre de 1846, (grabado). New York. N. Currier (Beinecke, Frederick, 999952).

Imagen 4. Avery L. (1863). Brownsville ahora ocupada por el ejército al mando del General Mayor N. P. Banks mostrando el ferry de Santa Cruz. (Litografía) Frank Leslie’s illustrated newspaper, Brownsville 1863 Dec. 5, p. 173. (Duke University Archives. The University of Texas at Arlington Library, Special Collections.E405.1.T53).

Imagen 5. Anónimo. (1846). Matamoros visto desde el Fuerte Brown. Philadelphia, Carey and Hart.

Imagen 6. Anónimo, Grabado del mayor Jacob Brown con pluma blanca en el sombrero dirigiendo el combate desde Fuerte Texas donde muere al ser herido (Brownsville Historical Society, (66000811).

Imagen 7. Anónimo (1846). Punta Isabel desde Brazos Santiago ocupado por los norteamericanos. Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Filadelfia, Carey & Hart, p. 29.

Imagen 8. Anónimo. (1864). General Pedro de Ampudia (daguerrotipo). University of Texas at Austin

Imagen 9. Anónimo. (s/f). Antonio Canales Rosillo (daguerrotipo). Saldívar, Gabriel, Historia compendiada de Tamaulipas, Editorial Beatriz de Silva, Tampico, 1945, p. 188.

Imagen 10. Anónimo. (1847). General Mariano Arista (grabado), Latin American studies.

Imagen 11. Anónimo. (ca. 1846). Grabado que muestra el momento en que el Mayor Jacob Brown cae mortalmente herido por una granada durante el sitio de Fuerte Texas. Brownsville Historical Society.

Imagen 12: Paldi, Ange. (1847). Batalla de Palo Alto, 8 de mayo de 1845. Batalla de Resaca de la Palma 9, de mayo de 1846. Litografía de Klauprech & Menzel después Ange Paldi, 5o Inf., U.S.A., 1847, Biblioteca del Congreso EU, LC-USZ62-125

Imagen 13. Anónimo. (1846). El general Zacarías Taylor (Viejo rudo y rápido). Como lucía en la batalla de Palo Alto. New York, C. J. Pollard, 1846, a partir de un boceto de un teniente de artillería. (Library of Congress, 2003674499).

Imagen 14. Anónimo. (1882): Tinta de la Batalla de Resaca de la Palma. Coffin, Charles Carleton, Building the Nation: Events in the History of the United States from the Revolution to the Beginning of the War Between the States, Volume 3, New York, Harper, p. 321. (Brownsville Historical Society).

Imagen 15. Anónimo, (1846). Caída del Mayor Ringgold. Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Philadelphia, Carey & Hart, forro de cuartas. 

Imagen 16. Anónimo. (1848). El general Taylor dirigiendo la batalla de Palo Alto. Mansfield D., Edward, The Mexican War: a History of its origins, New York, A. Barnes & Co., 1848. (Library of congress, 2001700089).

Imagen 17. Chamberlain, Samuel (1850). Los Dragones de Harney cruzando el Río Grande. My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor)- Texas State Historical Association.

Imagen 18.  Anónimo. (1848). La catedral inconclusa de Matamoros. Thorpe, T.B., Our Army on the Rio Grande, Philadelphia, Carey & Hart, p. 142 r 

Imagen 19.Whiting, Daniel Powers. (1847). Valle de Saltillo desde una colina del palacio del Obispado en Monterey (sic) (viendo hacia el suroeste). New York: G & W Endicott, 1847. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., 2003664238).

Imagen 20. Whiting, Daniel Powers. (1847). Montañas de Monterey (sic) desde el camino de Saltillo hacia la ciudad… La división del general Worth avanzando, tomando posición bajo el fuego del enemigo… en la mañana del 21 de septiembre de 1846. New York: G & W Endicott, 1847. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 USA, 2003664232). 

Imagen 21. Currier, N. (1848). General mayor Z. Taylor frente a Monterey (sic), 20 de septiembre de 1846. Litografía de N. Currier. (Biblioteca del Congreso, LC-USZ62-4919).

Imagen 22. Anónimo. (1886), Monterrey y sus alrrededores. Grant, Ulysses, Memoirs of general U.S. Grant, complete, Charles L. Webster & Co., New York, vol 1, cap. 8. 

Imagen 23: Whiting, Daniel Powers. (1847). Asalto final al obispado de Monterrey (un idealizado y medieval castillo) New York, G. & W. Endicott, (Hartford, Connecticut Historical Society Museum, DAE-11324871).

Imagen 24: Swinton, F., (1847). Monterey (sic), desde la colina Independencia, detrás del palacio del Obispado…23 de septiembre de 1846. New York, G. & W. Endicott (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C. 20540 USA, 98513322).

Imagen 25. Anónimo. (1847). Daguerrotipo del palacio del obispado, nótese la artillería ligera estacionada frente al edificio. Monterrey, octubre de 1846, New York: G & W Endicott, 1847

Imagen 26: Chamberlain, Samuel Emery. (1850). Defensa final desesperada del obispado, My Confession: Recollections of a Rogue. Austin. Goetzman H. William (editor),  Texas State Historical Association.

Imagen 27: Currier, N. (1846), Batalla de Monterrey. Los norteamericanos enfrentando férrea resistencia de los mexicanos para ocupar la plaza principal, 23 de septiembre de 1846, grabado de N. Currier, 1846, (Biblioteca del Congreso, LC-USZC4-1642I

Imagen 28. Whiting, Daniel Powers.(1847).  El general Ampudia negociando la capitulación de Monterrey con el general Taylor, 24 de septiembre de 1847 (Litografía) New York, G. & W. Endicott, (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C, 98516160).

Imagen 29.  Anónimo. (1847). Daguerrotipo del 1o y 2o Regimiento de soldados a pie de Illinois en las calles de Saltillo, enero 1847. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress LC 706/18472u).

Imagen 30. Clay, Edward Williams. (1847). Notables operaciones militares con un tazón de sopa preparada a la carrera. New York, H. R. Robinson Imp. (Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C., LC-USZ62-62676).

Imagen 31. Anónimo, (1847) Daguerrotipo del general John E. Wool y su estado mayor entrando por la calle Real de Saltillo, enero de 1847. (Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University Digital collection, 2001692).

Imagen 32. Anónimo. (1846). Daguerrotipo del general John E. Wool. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-DIG-pga-05575).

Imagen 33. Anónimo. (1848). Antonio López de Santa Anna (1794-1876). Mayer Brantz, History of the War between Mexico and the United States, New York-London: Wiley and Putnam, p. 7.

Imagen 34. Robinson, Henry R. (1847).  Batalla de Buenavista (de un borrador tomado en el lugar por el mayor Eaton, asistente de campo del General Taylor. New York: Robinson, 1847. (Library of Congress, Washington D.C., reg. 02525).

Imagen 35. Carl Nebel. (1851). Batalla de Buenavista. Kendall, Wilkins, George – Nebel, Carl.  The War between the United States and Mexico illustrated, embracing pictorial drawings of all the principal conflicts … with a description of each battle- New York & Philadelphia: Plon Brothers of Paris for D. Appleton & Co. and George S. Appleton.

Imagen 36. Anónimo. (1838).  Daguerrotipo mostrando la batería del mayor Lucien B. Webster en las montañas al norte de Buenavista, México, después de una importante victoria Americana en la guerra con México. (Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University Digital collection, 2001686).


Notas a pie:

1 General brigadier Zacarías Taylor, comandante del Ejército de Ocupación, Corpus Christi, al general adjunto del Ejército Roger Jones, Washington, D.C., 15 de agosto de 1845 (copia), Cartas enviadas, Cuartel General Zacarías Taylor, AGO, RG 94, Nat. Arch. Zacarías Taylor fue 1er teniente del 7º de Infantería el 3 de mayo de 1808; capitán el 30 de noviembre de 1810 y mayor 26º de Infantería el 15 de mayo de 1814. Fue dado de baja con honores el 15 de junio de 1815, pero de nuevo adscrito como mayor del 3º de Infantería el 17 de mayo de 1816, y después de numerosas transferencias, ascendido a coronel del 1º de Infantería el 4 de abril de 1832. Ascendido a general brigadier por servicios distinguidos en la guerra contra los Indios Seminolas (1837), y general mayor por las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma. General mayor para el 29 de junio de 1846, renunció el 4 de marzo de 1849 para lanzarse a la candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos, y murió en el cargo el 9 de julio de 1850.

2 William Jenkins Worth fue 1er teniente del 23º de Infantería, el 19 de marzo de 1813; coronel del 8º de Infantería, el 7 de julio de 1838; Ascendido a general brigadier, el 1 de marzo de 1842 por sus servicios como comandante en Florida, y ascendido a general mayor después de la batalla de Monterrey. Murió el 7 de mayo de 1849.

3 Alexis de Tocqueville, La Democracia en América, ed. Richard D. Heffner, Nueva York, Mentor Books, 1961, p. 276.

4 General brigadier William J. Worth, Corpus Christi, al cirujano general Thomas Lawson, Washington, D.C., el 1 de noviembre de 1845, Fondo Thomas Lawson, DLC.

5 Orden de Taylor No. 14, Corpus Christi, el 26 de septiembre de 1845, creación del denominado “Ejército de Ocupación”. El 8º de Infantería y las compañías de artillería sirviendo como de infantería fue la 1ª Brigada bajo el mando del general Worth (el 28 de septiembre de 1845 se incorporó otra orden la cual estaba constituida por varios regimientos de artillería al Batallón de Artillería comandado por el teniente coronel Thomas Childs). La 2ª Brigada fue creada de los 5º y 7º Regimientos de Infantería. Y del 3º y 4º Regimientos de Infantería constituyendo la 3ª Brigada. El 2º de Dragones mantuvo su comandancia aparte, como también las cuatro compañías de artillería con sus baterías. 

6 A lo largo de la costa desde la desembocadura del Río Nueces (cerca del Río Grande o Bravo) se encuentra la Isla del Padre, una angosta franja de arena separada de la tierra firme por la Laguna Madre. La punta sur de la Isla, llamada Punta Isabel, cierra la Laguna y está frente a Brazos Santiago, que separa a las Islas del Padre y de Brazos. La Isla de Brazos es un islote de arena, donde su única población fue repetidamente destruida por las mareas y los huracanes. Cuando los transportes del general Taylor llegaron la encontraron habitada solamente por una familia y su ganado. En el otro lado de la Isla de Brazos se encuentra otra franja de tierra llamada Boca Chica, pero tenía sólo 50 metros de ancho y como el puerto de Brazos Santiago tenía poca profundidad, por lo cual sólo podían entrar embarcaciones ligeras. Los alrededores de la Isla de Brazos se adaptaron con muelles. Al principio solamente se construyeron en la Isla de Brazos, donde las provisiones se almacenaban al aire libre. Pero poco a poco se fue construyendo un conjunto de bodegas. En Punta Isabel (algunos kilómetros arriba) había fortificaciones que comenzaron a construir los hombres de Taylor, cubrían 200 hectáreas, y pronto recibieron el nombre de Fuerte Polk.

7 Tomó batallones alternativos de cada brigada (alrededor de 2400 hombres) y 30 días para construir el fuerte. Las paredes eran de barriles llenos de arena apilados en filas de siete y reforzados con vigas; además apilaron arena hasta una altura de 3 m. La Ordenanza de Taylor No. 62, del 17 de mayo de 1846, lo nombraba Fuerte Brown, “en recuerdo del valiente comandante que noblemente cayó en su defensa”.

8 Joseph King Fenno Mansfield era capitán del cuerpo de Ingenieros, el 7 de julio de 1838, y fue ascendido a mayor por la toma de Fort Brown; después a teniente coronel posteriormente la Batalla de Monterrey y a coronel por la Batalla de la Angostura. Durante la Guerra Civil fue general brigadier del ejército unionista y el 6 de mayo de 1861. Murió el 18 de septiembre de 1862 por heridas recibidas en la Batalla de Antietam.

9 General Pedro de Ampudia, nacido en la Habana, inició su carrera como cadete de infantería en un Regimiento Español, el 14 de abril de 1818. Comandó al Ejército Mexicano en Monterrey y dirigió una brigada en la Angostura. En la Batalla de Cerro Gordo rechazó el primer ataque norteamericano en el Cerro del Telégrafo. Para la Batalla de Cerro Gordo ver capítulo V.

10 Teniente John P. Hatch, Campamento opuesto a Matamoros, a su hermana, abril. 3, 1846, Fondo John Porter Hatch, DLC.

11 (San Luis Potosí, 1802 -en el Atlántico, 1855) Militar y político mexicano. Dirigió el ejército del Norte en la guerra contra EE UU. ministro de Guerra y Marina (1848-1851) y presidente constitucional (1851-1853).

12 El 7º de Infantería, con las Compañías I del 2º de Artillería, y E del 3º de Artillería, permanecieron para formar la guarnición de Fuerte Texas; el capitán Mansfield, del cuerpo de Ingenieros, también permaneció en el Fuerte con el mayor Jacob Brown. EL resto del ejército de Taylor se desplazó el 1 de mayo. El mayor George A. McCall con un destacamento de elite de tropas ligeros (formado de varias unidades) al mediodía, las otras tropas hacia las 2 p.m. Los que estaban bajo el mando del coronel David E. Twiggs eran los siguientes en este orden: una compañía del 2º de Dragones, 5º de Infantería, Ringold de Artillería, 4º de Infantería, 3º de Infantería, dos compañías del 2º de Dragones. El general Worth había presentado su renuncia en protesta por la falta de promoción y ascenso y porque Twiggs ocupara su lugar. Taylor le concedió permiso de ausentarse hasta el 31 de mayo. El coronel William G. Belknap por tanto quedó al mando del la 1ª Brigada. En la marcha, Belknap comandaba el 8º de Infantería, la artillería de Duncan y el Batallón de Artillería, y dos compañías del 2º de Dragones.

13 El Mayor Jacob Brown de Massachusetts fue mayor del 7º de Infantería, el 27 de febrero de 1843. Murió el 9 de mayo de 1846 por las heridas recibidas el día 6.

14 El capitán Edgar S. Hawkins fue Capitán del 7º de Infantería, 10 de noviembre de 1829, y mayor del 1º de Infantería el 16 de febrero de 1847. Ascendido a mayor por la defensa del Fuerte Brown.

15 El capitán Samuel Hamilton Walker, fue capitán del agrupamiento montado de los Rangers de Texas el 11 de abril de 1846; teniente coronel el 24 de junio de 1846; capitán del agrupamiento montado de fusileros el 27 de mayo de 1846. Murió en Huamantla. Ver el capítulo V.

16 Teniente Charles Hanson, fue 1er Tteniente del 7º de Infantería el 16 de marzo de 1844; capitán el 16 de febrero de 1847, y murió en la Batalla de Padierna.

17 Teniente Braxton Bragg, de Carolina del Norte, fue 2º teniente del 3º de Artillería el 1 de julio de 1837; 1er teniente el 7 de julio de 1838; capitán el 18 de junio de 1846. Fue ascendido a capitán por la defensa del Fuerte Brown; ascendido a mayor después de la toma de Monterrey y a teniente coronel después de la Batalla de la Angostura. La batería de Bragg era la Compañía E, del 3º de Artillería; funcionaba como artillería ligera, pero no fue designada sino hasta 1847. Durante la Guerra Civil, Bragg fue general en el ejército de los Estados Confederados y dirigía las fuerzas de Tennessee.

18 Capitán Edgar S. Hawkins, puesto de comando, Fort Taylor, Texas (Fuerte Brown), al capitán W.W.S. Bliss, A.A.A.G., Ejército de Ocupación, Texas el 10 de mayo de 1846, Congressional Globe, 29 Cong., 1ª sesión, apéndices, pp. 681-682.

19 Batalla de Resaca de Guerrero para los mexicanos.

20 Distintos batallones de cada brigada trabajaron en la construcción de trincheras bajo la supervisión de sus oficiales; el turno matutino trabajaba de las 6:30 a.m. hasta las 12:30 p.m. los vespertinos lo hacían desde esa hora hasta las 18 h.

21 Matamoros está al otro lado del Río Bravo de Fuerte Brown, pero Taylor no buscaba solamente regresar a Fuerte Brown –estaba avanzando hacia el enemigo-. Ver Ordenanza No. 58, Punta Isabel, 7 de mayo de 1846: “El ejército avanzará a las 3 del día de hoy en dirección a Matamoros. Se sabe que el enemigo ha ocupado recientemente la ruta con efectivos –si aún están en posición-, el general les dará batalla. El comandante general (…) desea insistir al batallón de Infantería que su mayor dependencia tiene que estar en la bayoneta.”

22 Teniente Jeremiah Mason Scaritt de New Hampshire, graduado quinto en su generación en West Point y 2º teniente del 6º de Infantería, 1 de julio de 1838; 2º teniente de Ingenieros, 7 de julio de 1838; 1er teniente, 1 de julio de 1839, y ascendido a capitán por la Batalla de Monterrey. Murió el 22 de junio de 1854.

23 Coronel Joseph Gilbert Totten, graduado de West Point como 2º teniente del cuerpo de Ingenieros, 1 de julio de 1805; coronel y jefe de ingenieros el 7 de diciembre de 1838. Durante la guerra con México fue ascendido a general brigadier después de la Batalla de Veracruz.

24 La batería Duncan era la Compañía A del 2º Cuerpo de Artilleros. James Duncan fue capitán del 2º Cuerpo de Artilleros el 16 de abril de 1846; Ascendido a mayor por la Batalla de Palo Alto; a teniente coronel por la de Resaca de la Palma y a coronel por la Batalla de Monterrey. Murió el 3 de julio de 1849 en Mobile, Alabama. 

25 Capitán Charles Augustus May fue 2º teniente del 2º Cuerpo de Dragones el 8 de junio de 1836, y capitán el 2 de febrero de 1841. Ganó tres reconocimientos en la guerra contra México por Palo Alto, Resaca de la Palma y Buenavista.

26 Capitán John Page fue 2º teniente del 8º de Infantería el 13 de febrero de 1818; fue transferido al 4º de Infantería en 1821 y capitán el 30 de abril de 1831. Murió el 12 de julio de 1846 por las heridas recibidas en la batalla de Palo Alto.

27 Probablemente teniente Roland Augustus Luther, 2º Cuerpo de Artilleros.

28 Ascendido a capitán, William Wallace Smith Bliss, era el yerno y asistente adjunto desde 1839. Fue el noveno en su clase cuando se graduó en West Point en 1833. Como adjunto era imprescindible para Taylor en el ejército. Ganó dos condecoraciones por las Batallas de Palo Alto, Resaca de la Palma y por la Angostura.

29 Teniente Randolph Ridgely de Maryland, primer teniente del 3er cuerpo de Artilleros el 17 de julio de 1838; adjunto al regimiento de 1838 a 1841 y asistente adjunto general el 7 de julio de 1846. Fue ascendido a capitán después de las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma. El 27 de octubre de 1846 murió en Monterrey como resultado de una caída de su caballo.

30 General R. Díaz de la Vega comandaba la 2ª Brigada del Ejército Mexicano en Resaca de la Palma.

31 Teniente J. M. Scarritt, Punta Isabel, a coronel J. G. Totten, Washington, 12 de mayo de 1846, Cartas recibidas en la Oficina del Jefe de Ingenieros, RG 77, Nat. Arch.

32 Teniente Edmund Kirby Smith era 2º teniente del 5º de Infantería, 1 de julio de 1845; 2º teniente del 7º de Infantería, 22 de agosto de 1846. Recibió reconocimientos por su participación en la batalla de Cerro Gordo, Padierna y Churubusco. En la Guerra Civil fue general del ejército de los Estados Confederados.

33 Teniente Edmund Kirby Smith, Matamoros, a la Sra. Frances K. Smith, 20 de mayo de 1846, Fondo Edmund Kirby, So. Hist. Col., NCa.

34 Teniente Jenks Beaman, Campamento del Ejército de Ocupación en Matamoros, México, a la Sra. C.R. Mallory, West Poultney, Vermont, 29 de mayo de 1846, Fondo Jenks Bearman, Biblioteca Houghton, Universidad de Harvard, Cambridge, Mass. De aquí en adelante éste fondo será citado como Houghton. Jenks Bearman era originario de Vermont. Fue 2º teniente del 4º de Infantería, 31 de diciembre de 1842, y 1er teniente el 27 de noviembre de 1846. Murió en Veracruz el 6 de mayo de 1848.

35 General Mayor Zacarías Taylor, Matamoros al Dr. Robert C. Wood, Fuerte Polk (Punta Isabel), Texas, 14 de julio de 1846, en Letters of Zachary Taylor from the Battlefields of the Mexican War; Reprinted from the Originals in the Collection of Mr. William K. Bixby, of St. Louis Mo. Rochester, Nueva York, The Genessee Press, 1908, p. 28.

36 Teniente Coronel Henry Wilson 32º de Infantería el 17 de mayo de 1813, y teniente coronel del 1º de Infantería el 14 de junio de 1842. Fue ascendido a coronel por la Batalla de Monterrey. Después de la ocupación de Veracruz fue comandante y gobernador de dicha ciudad. 

37 Compañía independiente de Voluntarios de Texas (Compañía Montada), comandada por el capitán John T. Price.

38 Teniente George H. Tomas fue 2º teniente del 3º de Artilleros en 1 de julio de 1840, y 1er teniente el 30 de abril de 1844. Ganó reconocimientos por su participación en Monterrey y la Angostura. Durante la Guerra Civil fue general mayor (Ejército de la Unión), y se hizo famoso como “La Roca de Chickamauga”.

39 General Antonio Canales Rosillo (Monterrey, Nuevo León, 1802 – Camargo, Tamaulipas, 1852) fue un líder militar mexicano que sirvió como comandante en jefe del ejército de la República del Río Grande (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) durante la efímera existencia de la república separatista en 1840. Canales abandonó la causa por la República del Río Grande y recibió el puesto de general brigadier del Ejército Mexicano, sellando de esta manera el destino de la república secesionista.

40 La mayoría de los voluntarios abandonaron Matamoros para el 30 de julio, pero parte del Batallón de Baltimore no lo hizo sino hasta el 15 de agosto.

41 Kenly, Maryland Volunteer, pp. 61-63.

42 El general Francisco Mejía fue general en jefe del Ejército del Norte en sustitución del general Mariano Arista, destituido al ser culpado por la derrota de las batallas de Palo Alto y de Resaca de la Palma. Nació en Valladolid (Morelia) en 1822. En el gobierno del Presidente Lerdo fue ministro de Hacienda (1872-1876). Era diputado por Michoacán cuando murió en 1901.

43 Ordenanza del general Taylor No. 99, Camargo, 17 de agosto de 1846.

44 La tarde del 18 de agosto, una brigada formada por el Batallón Duncan de Artillería (8 compañías) y seis compañías del 8º de Infantería recibió la orden de marchar el diecinueve a Cerralvo con rumbo a Monterrey. También por la tarde del dieciocho, el general Taylor pasó revista a todos los soldados regulares. El dieciocho el Batallón de Artillería cruzó el Río San Juan y acampó en su margen izquierdo; la siguiente mañana el 8º de Infantería lo hizo, y para esa tarde (el diecinueve) toda la Brigada estaba levantando sus tiendas para continuar la marcha. Fue hacia la puesta del sol cuando el Batallón de Artillería y la batería de Duncan se desplazó. Sobre el avance ver cartas de Taylor a Wood, 19 de agosto de 1846, Bixby letters, pp. 43-44.

45 General brigadier David Emanuel Twigss de Georgia, fue capitán del 8º de Infantería el 12 de marzo de 1812; teniente Coronel del 4º de Infantería el 15 de julio de 1831; coronel del 2º de Dragones el 8 de junio de 1836, y general brigadier el 30 de junio de 1846. Después de Monterrey fue ascendido a general mayor. Durante la Guerra Civil (1861-1862) fue general mayor en el Ejército de los Estados Confederados; murió el 15 de julio de 1862. En la ordenanza 49 del general Taylor del 22 de abril de 1846, describe a Twiggs como sigue: “El mando del coronel Twiggs, comprende a la Caballería (2º Dragones) y la 2ª Brigada de Infantería (5º y 7º Regimiento) y podemos llamarla “El ala derecha del ejercito de Ocupación”. 

46 La descripción de Smith del ejército de Taylor difiere algo de la organización que nos presenta en una ordenanza de Taylor en el mismo día que la carta de Smith fue escrita. De acuerdo con la ordenanza No. 98 de Taylor, los soldados regulares estaban agrupados en dos divisiones. La Primera División estaba comandada por Twiggs, y consistía del 1º, 3º y 4º Regimientos (de Infantería), las baterías de Bragg, Ridgely y Webster, y cuatro compañías del 2º de dragones al mando de May. Adjunto también a esta división estaba el Batallón Baltimore y la compañía de a pie del capitán William R. Shivor de voluntarios de Texas. Al mando de Twiggs estaban cerca de dos mil hombres. La Segunda División, bajo el mando del General Worth, incluía al 5º, 7º y 8º Regimientos de Infantería, Los Batallones de Artillería (“la infantería piernas rojas” comandada por Childs), y las baterías de Duncan y Mackall. También estaba una compañía de elite de tropas ligeras comandada por el capitán Charles F. Smith, la compañía Blanchard de voluntarios de Luisiana y la de McCulloc de Rangers de Texas. La División de Worth incluía cerca de dieciocho mil hombres. El 20 de agosto, Taylor emitió otra ordenanza (Ordenanza General No. 100) que juntaba a los voluntarios en dos divisiones. Una comandada por el general mayor William Orlando Butler; la otra por el general mayor Robert Paterrson. Las tres brigadas de la Primera División de Voluntarios eran comandadas por el general brigadier Thomas Marshall, general brigadier Thomas L. Hamer y general brigadier Joseph Lane. Los comandantes de brigada de la 2ª División de Voluntarios eran el general brigadier James Shields, general brigadier Gideon J. Pillow y general brigadier John A. Quitman. (Todos los generales brigadieres fueron nombrados por un acta del Congreso aprobada el 26 de junio de 1846). La 1ª División de Voluntarios, conocida como la “División de campo” se desplazó con el Ejército regular a Monterrey. Incluía al 1er Regimiento de Voluntarios de Mississippi (Rifleros de Mississippi comandados por el coronel Jefferson Davis), los Regimientos 1º de Kentucky, 1º de Tennessee y el 1º de Ohio; en total dos mil hombres. Además la brigada Montada de Henderson de Rangers de Texas, que incluía los regimientos de Hays y Wood, unos mil hombres, participando como una brigada independiente, pero después en la campaña adscrita a la División Worth. El ejército con el que Taylor atacó Monterrey será de cerca de diecisiete mil hombres. Los voluntarios dejados atrás “para entrenamiento y servicios de campamento”, fueron sometidos a un “sistema rígido de policía y disciplina”. Los regimientos de voluntarios que venían en el avance, se redujeron a quinientos hombres cada uno, exclusivamente los oficiales; dejaron atrás a “todos los enfermos e inválidos, y a todo aquél que no se veía capaz para soportar las fatigas y privaciones de la campaña”.

47 N del T en castellano en el original.

48 Teniente Edmund Kirby Smith a su madre, 18 de agosto de 1846. Fondo Edmund Kirby Smith, So. Hist. Col., NCa.

49 Las disposiciones de transportación para la marcha eran: un carro para cada cuartel de división y de brigada; cuatro mulas para los oficiales de campo y equipo de cada regimiento o batallón; una mula por cada ocho oficiales no comisionados, músicos y soldados. Tres carruajes estaban asignados a cada regimiento para la transportación de agua, pero cuando el Ejército llegó a Cerralvo, el general Taylor decidió que no eran necesarios y ordeno que los regresaran al Cuartel General. Dos carruajes se asignaron a cada regimiento para la transportación de artículos que no podían ser llevados por las mulas. 

50 Ulysses S. Grant, Personal Memoirs of U.S. Grant, Nueva York, Charles L. Webster & Company, 1885, vol. I, pp. 104-106. Mientras el Ejército de Taylor se desplazaba hacia Monterrey y la Caballería mexicana de Torrejón podía verse a la distancia, los conductores de mulas mexicanos se mostraron menos dispuestos para seguir adelante. Kenly escribe (Maryland Volunteer, pp. 94-95): “Pasamos el pueblo de Agua Fría, y vimos delante a la caballería del enemigo; era sin duda la misma fuerza que nos había precedido en el camino de Cerralvo; nos dijeron que era la Caballería del general Torrejón. Me di cuenta de que nuestros arrieros habían cambiado su apariencia y su comportamiento en los pasados dos o tres días. Por algún conocimiento de su idioma, me hice entender por ellos y pude comprender algo de lo que decían, se expresaban en términos agradables del jefe por el que estaban adscritos a nuestro batallón. Éste estaba primero alegre y comunicativo, pero desde nuestra parada en Marín estaba taciturno y sombrío. Estaba cerca de él cuando capté su mirada y la de sus compañeros, el cambio al ver a la caballería de Torrejón. En mi interior tuve lástima de él. Estaba muy alarmado; ¿Qué podía decirle para animarlo? No me sorprendió oír durante el día que un buen número de estos muleros habían hecho un esfuerzo para escapar, dejando sus mulas y cargamento para salvarse, corriendo hacia el monte; pero el coronel Kinney, de Corpus Christi, que era su contratista, (…) los siguió y los trajo de regreso”.

51 La referencia aquí es a la expedición Texana a Mier en 1842. En noviembre de 1842, ordenada por el Presidente Sam Houston, una fuerza de 750 hombres dejó San Antonio al mando del general Alexander Somervell en una incursión más allá del Río Bravo en México. El siguiente mes, parte de esta expedición estuvo en México, eligió a William S. Fisher como jefe, peleó y finalmente se rindió ante una fuerza mexicana muy superior en Mier. Cuando los prisioneros eran conducidos a la Ciudad de México, algunos escaparon pero fueron recapturados en menos de una semana. Una décima parte de ellos fue ejecutada y los demás fueron remitidos a la Fortaleza de Perote. Algunos murieron ahí, otros escaparon y el último de ellos fue liberado en 1844. Thomas J. Green, uno de los oficiales, escribió una narración en su diario de esta expedición.

52 Mientras el Ejército se desplazaba hacia Monterrey, la Brigada de Henderson, comenzando el 18 de septiembre, formaba la avanzada del Ejército. Cf. Ordenanza de Taylor No. 120, 18 de septiembre de 1846.

53 Mayor Luther Giddings, Campamento del 1er Regimiento de Voluntarios de Ohio, cerca de Monterrey, México, a “Messrs. Comly”, editores del Dayton Ohio Journal, citado en el Nile´s National Register, vol. 71, 14 de noviembre de 1846, p. 167. 

54 Capitán William S. Henry de Nueva York fue ascendido a 2º teniente del 3º de Infantería el 1 de julio de 1835 y capitán el 18 de mayo de 1846. Obtuvo una mención por la Batalla de Monterrey.

55 Capitán Electus Backus, 1º de Infantería, fue ascendido a mayor después de la Batalla de Monterrey. Murió el 7 de junio de 1862.

56 El general Taylor ordenó (Ordenanzas Generales No. 111, 31 de agosto de 1846) al Batallón Baltimore que se uniera al 1º de Infantería antes de la Batalla de Monterrey. El Batallón se convirtió en parte de la Brigada de Voluntarios del general Quitman.

57 Teniente coronel John Garland, 4º de Infantería, ganó dos reconocimientos en la Guerra contra México; fue ascendido a general brigadier después de la Batalla de Padierna y Churubusco.

58 Capitán William George Williams, Brigada de Ingenieros Topógrafos, murió por las heridas recibidas en la Batalla de Monterrey.

59 El mayor Henry L. Kinney era jefe del Cuartel de División de los Voluntarios de Texas, pero parece que era omnipresente. Fue en sus tierras donde Taylor estableció su campamento en Corpus Christi en 1845. Cuando el convoy de mulas se desplazó de Camargo a Monterrey, Kinney estaba a cargo de él. Al nombrar a Kinney como “encargado general de los conductores de los transportes de mulas”, en la Ordenanza de Taylor No. 103, indicaba que Kinney recibiría ordenes sólo del comandante general y del cuartel general. Kinney también fue guía, comprador de carne y asistente tanto de Taylor y Scott en sus campañas. Aún adquiría bastimentos para el ejército al término de la guerra.

60 Mayor William W. Lear, 3º de Infantería, murió el 31 de octubre de 1846 de las heridas recibidas en la batalla de Monterrey.

61 Capitán Joseph Hatch Lamotte fue 1er teniente del 1º de Infantería el 11 de julio de 1833, y capitán el 7 de julio de 1838. Fue ascendido a mayor después de la batalla de Monterrey.

62 Capitán John M. Scott, 1º de Infantería, fue ascendido a mayor por la batalla de Monterrey.

63 Hay controversia en torno al crédito de la toma de la Tenería entre los reclamos de Backus y sus soldados y los de la Brigada de Voluntarios del general brigadier Quitman. Entre los voluntarios también hay disputas entre el coronel William B. Campbell, del 1er Regimiento de Voluntarios de Tennessee, y el Coronel Jefferson Davis, de los Rifleros del Mississippi, sobre el papel que jugaron sus respectivos regimientos en la acción. Para esta disputa, ver coronel William B. Campbell, campamento cercano a Monterrey, a Allen A. Hall, Nashville, 25 de septiembre de 1846, citado en Nashville Whig, octubre de 1846; Bailie Peyton, Nueva Orleans a coronel William B. Campbell, 5 de noviembre de 1846; Ídem a Jefferson Davis, 3 de noviembre de 1846 (copia); Jefferson Davis a Bailie Peyton, 1 de noviembre de 1846 (copia), todo en Fondo David Campbell, Duke. 

64 Diario de Electus Backus MS, Burton.

65 General Brigadier John Anthony Quitman fue nombrado general brigadier de los voluntarios el 1 de julio de 1846; ascendido a general mayor después de la batalla de Monterrey el 14 de abril de 1847. Murió el 17 de julio de 1858.

66 Teniente coronel Mirabeau B. Lamar fue inspector general de los Voluntarios de Texas.

67 Esto no es totalmente preciso. Entre noviembre de 1846 y febrero de 1847 las fuerzas norteamericanas se estacionaron en los alrededores de Monterrey y Saltillo. Entre los soldados y la población civil surgieron conflictos que ocasionaron grandes tragedias. El 10 de febrero de 1847, cerca de Agua Nueva, ocurrió la matanza más cruel: un grupo de voluntarios de Arkansas, llamados los Saqueadores (Racksackers), encontró a decenas de civiles escondidos en una cueva. Empezaron a matarlos haciéndoles escalpes, es decir, arrancándoles la cabellera con todo y piel, costumbre probablemente copiada de los indios del noreste de los Estados Unidos. Samuel Chamberlain, quien llegó a la caverna con otro grupo de soldados para poner fin a esta macabra matanza, en su diario deja una imagen y la descripción siguiente: “En el suelo de roca ardía un fuego que proyectaba su luz trémula y exigua sobre el lúgubre escenario: cerca de treinta mexicanos yacían masacrados en el piso; la mayoría había sido escalpada. En las grietas, los charcos de sangre se coagulaban. Un olor nauseabundo invadió el lugar…” Samuel Chamberlain, My Confession: Recollections of a Rouge, Nueva York, Harper & Brothers, 1957, p. 202.

68 William Seaton Henry, Campaign Sketches of the War With Mexico, Nueva York, Harper & Brothers, 1847, pp. 206-209.

69 NdT: Cuando el autor se refiere al Castillo habla del edificio del Obispado.

70 Capitán Charles Ferguson Smith, fue 2º teniente del 2º de Artillería el 1 de julio de 1825; instructor de tácticas de infantería en West Point 1829-1831; comandante de cadete, 1838-1842; capitán del 2º de Artillería, 7 de julio de 1838. Recibió tres condecoraciones por sus servicios en la guerra contra México (por Palo Alto y Resaca de la Palma, Monterrey, Padierna y Churubusco). Durante la Guerra Civil fue general mayor de voluntarios (Ejército de la Unión), 21 de marzo de 1862 y murió el 25 de abril de 1862.

71 Capitán John Benjamin Scott, 4º Artillería, fue ascendido a mayor por las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma.

72 Capitán Herny McKavett, 8º de Infantería.

73 Teniente William Whann Mackall, 1º Artillería, fue adjunto de regimiento, 1840-1841, y capitán el 20 de agosto de 1847. A partir del 29 de diciembre de 1846 fue ascendido a capitán y asistente adjunto general al nombrado general mayor Worth. Durante la Guerra contra México ganó dos condecoraciones, por las batallas de Monterrey y Padierna-Churubusco.

74 Teniente George Washington Ayers, 1er teniente, 3º Artillería, 20 de diciembre de 1845. Ascendido a capitán por la batalla de Monterrey, y muerto en la Batalla de Molino del Rey, 8 de septiembre de 1847.

75 Capitán John Rogers Vinton, 3º Artillería. Para más referencia del capitán Vinton, ver Capítulo IV.

76 Teniente John Frederick Roland, 2º Artillería, ascendido a capitán el 3 de marzo de 1847. Obtuvo dos condecoraciones por las batallas de Palo Alto-Resaca de la Palma y Monterrey.

77 Teniente John Munroe, nacido en Escocia, fue capitán del 4º de Artillería, 2 de marzo de 1825; Mayor, 2º Artillería, 18 de agosto de 1846. Ganó condecoraciones por las batallas de Buenavista y la Angostura. Murió el 28 de abril de 1861.

78 Teniente Edmund Bradford, “Plaza Monterrey, México”, a Srta. Caroline Bradford, Philadelphia, 27 de septiembre de 1846. Fondo Bradford, Western Americana MSS, Beinecke. Bradford era 1er Teniente, 4º de Artillería. Durante la Guerra Civil fue mayor y asistente inspector general del Ejército de los Estados Confederados. 

79 “Touching Incidents”, en Louisville Journal, citado en Nile´s National Register, Vol. 71, 19 de diciembre de 1846, p. 242.

80 Antonio López de Santa Anna, habiendo regresado a México del exilio en Cuba, fue nombrado el 17 de septiembre de 1846 comandante en jefe del “Ejército Libertador” y convocó a tomar las armas contra el ejército de Taylor. El 28 de septiembre, después de encomendarse a la Virgen de Guadalupe, Santa Anna personalmente encabezó la campaña.

81 “Carta del general Taylor”, general mayor Zacarías Taylor, Monterrey, a (nd), 9 de noviembre de 1846, New York Express citado en el Boston Advertiser, 25 de enero de 1847,

82 Sobre las órdenes a Butler, ver ordenanzas del general Taylor No. 159, 12 de diciembre de 1846.

83 Coronel John J. Hardin, 1er Regimiento de Voluntarios de Illinois, murió en la Batalla de Buenavista (Angostura).

84 Coronel William H. Bissell, 2º Regimiento de Voluntarios de Illinois.

85 Coronel Humphrey Marshall. Ver Cap. I sobre Marshall y su regimiento.

86 Capitán John Macrae Washington, 4º Artillería, fue mayor del 3º de Artillería, 16 de febrero de 1847 y ascendido a teniente coronel después de la Batalla de Buenavista (Angostura).

87 Mayor Benjamin L. E. Bonneville, Mayor del 6º de Infantería. Nació en Francia y se graduó en West Point. . Obtuvo una condecoración por la Batalla de Padierna y Churubusco.

88 Coronel William Selby Harney, 2º Dragones, fue ascendido a general brigadier por la Batalla de Cerro Gordo.

89 Coronel Sylvester Churchill de Vermont fue Mayor de 3º Artillería, el 6 de abril de 1835, y coronel e inspector general, el 25 de junio de 1841. Fue ascendido a general brigadier después de la Batalla de Buenavista (Angostura).

90 Teniente Nathaniel Niles, corresponsal del Boston Evening Post, citado en Nile´s National Register, vol. 72, 8 de mayo de 1847, p. 156.

91 Capitán Thomas West Sherman, 3º Artillería, fue ascendido a mayor después de Buenavista.

92 Jonathan W. Buhoup, Narrative of the Central Division or Army of Chihuahua, Commanded by Brigadier Wool…Pittsburgh, M.P. Morse, 1847, pp. 111-114. Buhoup estaba en el Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas.

93 “General Taylor y el Ejército”, Exeter, New Hampshire News Letter, 3 de mayo de 1847. Citando una carta de un oficial de los Voluntarios de Ohio al editor del Cincinnati Chronicle.

94 Teniente coronel (después coronel) William Weatherford sucedió al coronel John J. Hardin (muerto en Buenavista) como comandante del 1er Regimiento de Voluntarios de Illinois.

95 Comandado por el coronel William H. Bissell.

96 General brigadier Joseph Lane.

97 Capitán Enoch Steen, 1º de Dragones, fue ascendido a mayor después de Buenavista.

98 Teniente coronel John Selden Roane, Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas, fue nombrado coronel del regimiento después de que el coronel Archibald Yell muriera en Buenavista. General brigadier en el Ejército Confederado durante la Guerra Civil.

99 Mayor Willis A. Gorman, 3er Regimiento de Voluntarios de Indiana, nombrado coronel del 4º Regimiento de Voluntarios de Indiana, herido en Buenavista. Fue general brigadier de los Voluntarios (Ejército de la Unión) en la Guerra Civil.

100Teniente John Paul Jones O´Brien, 2º teniente, 4º Artillería, el 1 de julio de 1836; 1er teniente, 7 de julio de 1838; capitán y asistente al Cuartel General, 18 de enero de 1847 al 16 de mayo de 1849. Por sus servicios en Buenavista fue ascendido a mayor.

101 General Juan José Miñón.

102 Mayor Xerxes F. Trail.

103 Coronel William A. Bowles, 2º Regimiento de Voluntarios de Indiana.

104 Capitán Albert Pike, Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas; fue general brigadier en el Ejército Confederado durante la Guerra Civil.

105 Teniente John Fulton Reynolds, 3º de Artillería, fue ascendido a capitán después de la batalla de Monterrey y a mayor por Buenavista. Durante la Guerra Civil fue general mayor de los Voluntarios (Ejército de la Unión) y murió el 1º de julio de 1863 en la batalla de Gettysburg.

106 General Brigadier John E. Wool, Cuartel General, Campamento Taylor, Agua Nueva “veinte millas al sur de Saltillo”, a Mayor W.W. S. Bliss, asistente adjunto general, marzo. 4, 1847, Documentos Ejecutivos del Senado, No. 1, 30 Cong., 1er sesión, pp. 145-149.

107 G. N. Allen, Mexican Treacheries and Cruelties; Incidents and Sufferings in the Mexican War…, Boston y Nueva York, inédito, 1847, p. 4.

Capítulo I: La formación de un ejército.

Imagen 1. Whiting Powers, Daniel, capitán 7o Infantería- Swinton G. Frederick, litógrafo. (1847) Vista a ojo de pájaro del campamento del ejército de ocupación, comandado por el general Taylor cerca de Corpus Christi, Texas, (desde el norte) octubre 1845. New York, G & W Endicott (Library of the Congress, Washington D.C.  LC-USZC4-4557)

LA ORGANIZACIÓN DE UN EJÉRCITO

Los Estados Unidos de Norteamérica es una nación con un carácter agresivo desde sus orígenes y que desde su nacimiento ha participado en conflictos armados una o dos veces, mínimo, por cada generación. Para el otoño de 1845 contaba con un ejército muy reducido. Con tres mil millas (4,828 km) de frontera norte, en amenazante disputa con el reino de la Gran Bretaña, tenía fortificaciones en la costa; fuertes en Florida extendidos en un gran arco, desde las cataratas de San Antonio al norte por mil quinientas millas (2,414 km) a través de territorio de los indios originarios, hasta Nueva Orleans; y el recién anexado Texas, donde más de la mitad del ejército permanecía acuartelado ante el temor de una reconquista mexicana. Su ejército regular sólo tenía catorce regimientos: dos de dragones, cuatro de artillería y ocho de infantería. El número de militares no comisionados, comooficiales, músicos, soldados rasos en activo y disponibles, entonces era en total de 6,562. (1)

El ejército norteamericano en tiempos de paz, en 1845

En función de estos pocos efectivos militares podemos entender la declaración que hiciera Joel R. Poinsett, secretario de guerra, en 1842: “Hay un natural y bien fundamentado recelo para la existencia de un ejército numeroso en nuestro país”. (2)

Después de la guerra de 1812 el Congreso norteamericano presionó para lograr una reducción de las fuerzas armadas, que en 1842 fue llevado a su mínima expresión, limitando a 42 soldados rasos en las compañías de artillería e infantería, contra los 64 soldados que el Barón Von Steuben había recomendado para el ejército de George Washington en plena guerra de independencia. (3)

Cuando el secretario de guerra, William L. Marcy, recomendó en diciembre de 1845 que las compañías de infantería y artillería a sesenta y ocho soldados y ochenta dragones, creyó necesario explicar que, si se realizaban estos cambios, el ejército aún sería menor que el que se tenía en 1821, y tan sólo poseerían 1,740 hombres más que en 1808.

Imagen 2. Anónimo. (1849). Joel R. Poinsett, ministro plenipotenciario en México (1825-1830). Secretario de Guerra (1837-1841). Daguerrotipo, tarjeta de presentación (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 1816794).

Desprecio por las fuerzas del ejército regular

Sin contar la parsimoniosa actitud, con respecto a la institución militar, que se tomó durante la administración de Polk, no nos sorprende el hecho de que Marcy obrara con cautela. Los norteamericanos del siglo XIX en plena década de los “pujantes cuarentas” no solamente desconfiaban de la existencia de un ejército, sino que además miraban con desprecio a los soldados regulares, los cuales eran vistos muy inferiores del rango “caballeresco” que tenía un oficial. George Ballentine, un escocés que acababa de enlistarse en el ejército norteamericano, se dio cuenta de que este concepto prevalecía, aun cuando las tropas presumiblemente eran enviadas a hacer un importante servicio. El joven Ballentine era un fabricante de telas de Paisley, en el norte de Escocia, que había servido en el ejército inglés y que había venido a Filadelfia buscando empleo en una fábrica de alfombras. Al no encontrar trabajo intentó, sin mucha suerte, embarcarse en un ballenero para finalmente enlistarse en el ejército a finales del verano de 1845. Después de pasar una desagradable temporada en el cuartel de reclutamiento en la Isla Governor de la bahía de Nueva York, describe su embarque: 

Eran alrededor de las cinco y media de la tarde del 31 de agosto cuando subimos a bordo de un balandro de la Guarnición que nos desembarcó en la aduana cerca de la batería. Ahí fuimos recibidos por un grupo de vagos que nos rodearon curiosos por mirar a los soldados que imaginaban eran enviados a Texas a pelear contra los mexicanos; el menor movimiento de las tropas era transformado rápidamente en un rumor ante el temor de la aproximación de la guerra contra México. (…) El bote estaba lleno de pasajeros, de los cuales unos cuantos sostenían conversaciones amistosas con los soldados y les mostraban su educación con actitudes civilizadas y amables. Pero; no obstante, podría decirse que una buena parte de ellos nos veían como a una casta inferior y sentían que se contaminaban si nos tocaban. Me llama la atención que Jonathan tome tan a la ligera sus habilidades militares, jactándose de las maravillosas ejecuciones de su batallón, diciendo que pueden destruir toda la creación fácilmente con un solo golpe. Esas son sólo frases, ya que realmente está muy avergonzado de los individuos que conforman su compañía. En respuesta a una observación casual hecha por uno de los compañeros de viaje sobre nuestra apariencia a bordo, pude llegar a escuchar a un viejo de aspecto agrio y tono de borracho decir: “¡Ay, Ay! Son un elegante grupo de candidatos para la prisión del Estado” (…) 

La compañía a la cual pertenezco ahora (…) después de haber recibido a 60 reclutas entre los que estaban oficiales sin rango y soldados, de los cuales dos eran ingleses, cuatro escoceses, siete alemanes, dieciséis americanos y los que restaban irlandeses. Esa era la composición cuando yo entré, pero en el ejército norteamericano un batallón cambia rápidamente en sus integrantes. (4)

Imagen 3. Anónimo. (ca. 1555-1857).  Secretario de Guerra William L. Marcy, daguerrotipo. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZ62-99520).

En vísperas de la guerra con México el ejército regular era pequeño y visto con desprecio, aún así el espíritu guerrero surgía por todos lados. Durante la campaña presidencial de 1844 James K. Polk, el candidato del partido Demócrata, abogó como parte de su programa expansionista por la anexión de la República de Texas, haciéndola tema central. Henry Clay, el candidato Whig (5), tomó otro camino, lo que le costó la derrota. La victoria de Polk hizo claro que los votantes aprobaron su política de expansión.

Imagen 4. Brady Mathew B. (1849). Daguerrotipo de James Knox Polk, 11o presidente de los Estados Unidos (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 424556). 

John Tyler, el presidente saliente, atento del resultado de la elección y buscando capitalizar un beneficio para él, se dio prisa en actuar. En diciembre de 1844, en su mensaje anual al Congreso, le pide a este que adopte una resolución conjunta que invite a la República de Texas a formar parte de la Unión Americana. La Cámara aprobó tal resolución en enero y el Senado en febrero. El 4 de julio de 1845 la Convención de Texas votó la anexión 55-1. El 29 de diciembre, Texas fue formalmente anexado a los Estados Unidos.

Dado que, desde 1843, México había amenazado con considerar la anexión de Texas como «el equivalente a una declaración de guerra contra la República Mexicana”, cuando los Estados Unidos invitaron Texas a anexarse a la Unión se rompieron las relaciones diplomáticas. El ministro mexicano abandonó Washington en marzo de 1845. Mientras tanto se expresaron airadas demandas de guerra en la Ciudad de México, y se iniciaron planes para reforzar a las fuerzas armadas estacionadas en Matamoros sobre el Río Grande.

Reaccionando a las amenazas mexicanas, y conforme a su propia política, el nuevo presidente de los Estados Unidos, James Knox Polk, ordenó la creación de contingentes regulares del ejército comandados por el general brigadier Zacarías Taylor, destacados en Corpus Christi Texas (6). Este era el núcleo del ejército que debía avanzar del Río Nueces al Río Grande y desde allí llevar la guerra a Monterrey y a Buena Vista (La Angostura). Pero esto era sólo el núcleo, ya que el ejército que iba a pelear la guerra contra México estaba apenas formándose.

Primeros ofrecimientos de soldados voluntarios

Aún antes de empezada la campaña, el Ministerio de Guerra en Washington recibió muchas cartas de soldados voluntarios potenciales. En el otoño de 1845, la mayoría de los soldados voluntarios provenían de Indiana, Ohio, y Kentucky. Una de las cartas fue del gobernador James Whitcomb, de Indiana, informando al secretario de Guerra que un oficial veterano que había servido en la guerra de 1812 había organizado una compañía de voluntarios conocidos como «Los Fusileros de Indiana»:

Por una carta recibida del capitán William Walker de Evansville (7), me informan que «los Fusileros de Indiana”, una compañía de voluntarios del lugar, y ahora bajo sus órdenes, ha sido recientemente organizada con el objetivo de ofrecer sus servicios a la Unión Americana en la guerra entre este país y México. 

Por lo que, habiendo pedido al ejecutivo de este Estado, en mi persona y en el de la compañía, solicitamos se haga llegar esta oferta cuanto antes al Departamento correspondiente. El declara que «sólo esperan órdenes, y están listos para marchar en defensa de su país en cinco minutos”. 

Gratamente completando esta petición, suplico que nos tomen en cuenta en el caso de existir hostilidades entre nuestro amado país y México, o cualquier otra potencia. No tengo ninguna duda del espíritu manifestado entre nosotros, y de que la oferta ahora tan puntual y patrióticamente hecha, con sólo avisarles irán con entusiasmo a la batalla por la causa que pida su país. (8)

Humphrey Marshall era un veterano hombre de armas, cuya carrera comenzó como cadete en West Point (academia militar estadounidense) en 1828; en 1833 se retiró del servicio activo, pero posteriormente el 9 de junio de 1846 se le nombró coronel del batallón de Caballería de Voluntarios de Kentucky denominado «los Cazadores de Kentucky», regimiento resistente y vistoso:

En respuesta a su pregunta, procederé a dar mi opinión tan brevemente como pueda. 

1º Kentucky en caso de necesidad podría aportar a diez mil buenos hombres, pero serían inexpertos como es el caso de la milicia cuando recién entra al servicio activo. Esto implica que el gobierno deberá gastar mucho para entrenarlos correctamente. 
2º En diez días Kentucky podría aportar 1500 hombres tan bien entrenados y dispuestos como cualquier regimiento del ejército estadounidense, bien equipados y tan aptos para el servicio militar como cualquier soldado del país. Yo podría estar listo para embarcarles este número de efectivos directamente por solicitud del gobierno general. Para probar lo que digo, debe recordarse que desde 1839 es una práctica común que nuestros voluntarios se entrenen en uno o varios puntos en los campamentos estatales militares del primero hasta el 6 de julio cada año. Allí son preparados según las últimas tácticas en la Escuela del Batallón y, cuando su número lo permite, también son preparados en las evoluciones de línea, y realizan las tareas del soldado en servicio. Esta práctica ha producido estos importantes resultados. Nuestro cuerpo de soldados voluntarios generalmente está provisto de equipo, tiendas, mochilas, cantimploras, utensilios de campo, sacos de dormir –en cada equipaje y con frecuencia, con carros de equipaje-para que entiendan el empleo de todas estas cosas, pueden montar un campamento; entender las llamadas de campo; hacer las tareas de centinelas, como fijar y retirar guardias y todo el deber de guardia; y lo demás que debe saber un soldado, por lo que están lo suficientemente preparados para enfrentar cualquier situación. Los oficiales se familiarizan con el trabajo y la disciplina en la Escuela de la Compañía y la Escuela del Batallón y por la práctica frecuente son diestros para realizar sus deberes.
No se sorprenda si le digo que de nuestras compañías de voluntarios puedo seleccionar un regimiento completo que yo no dudaría en poner al lado de cualquier otro regimiento promedio del ejército regular estadounidense en cada área de las tareas militares. Los oficiales generalmente son caballeros bien educados, hombres cabales y de fortaleza moral que los colocan por encima del ejército regular. Nuestras compañías de voluntarios constituyen, como he dicho, la fuerza que Kentucky presenta en respuesta a la solicitud del general (9) que comanda en el Nueces. (10)

Imagen 5. Anónimo (1846). Tarjeta de presentación del general Humphrey Marshall- (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-US Z62-78472).

Respuestas a la declaración de guerra

Imagen 6. Anónimo (1847).  Panfleto invitando a unirse al ejército de los Estados Unidos a pelar contra México (Biblioteca de la Universidad de Texas, Arlington, División de colecciones especiales, Colección Jenkins Garrett).

El 25 de abril de 1846 ocurrió una escaramuza entre la caballería mexicana y la de los Estados Unidos. El 8 y 9 de mayo, norteamericanos y mexicanos lucharon en Palo Alto y Resaca de la Palma. El 11 de mayo el presidente Polk envió una recomendación de declaración de guerra al Congreso. Este respondió ratificándola y haciendo un llamado a los estados para solicitar 50,000 voluntarios. (11)

Cuando se extendió la noticia de que los Estados Unidos estaban en guerra explotó un ardiente espíritu militarista en el país, provocando una respuesta entusiasta a la llamada de voluntarios. John Blount Robertson, quién se unió al Primer Regimiento de Voluntarios de Tennessee, recuerda el momento:

¿Quién no recuerda el intenso interés logrado por el acercamiento de nuestro pequeño ejército al Río Grande? Cada oído estaba atento para recoger el rumor más débil sobre el tema. El anuncio de la ocupación pacífica de la fortaleza frente a Matamoros había calmado parcialmente nuestras ansias, y habíamos comenzado a reírnos de nuestros miedos, cuando de repente el pertinaz repiqueteo nos indicó claramente que la hora había llegado: «¡Ha comenzado!» Era el grito siniestro de la Revolución. Y una vez más: «¡Ha comenzado!», no necesitó mayor comentario: esto fue como un tornado que arrasó con todo; los viejos, los jóvenes, hombres y mujeres, sintieron su influencia y tomaron su espíritu. Hasta que por fin la vejada y exacerbada indignación de veinte millones de personas iba a encontrar cauce. ¡La sangre había sido derramada, Thornton había sido capturado, Taylor estaba rodeado, la guerra había comenzado! Esto de por sí era suficiente para levantar el entusiasmo a su nivel más alto: miles de rumores sirvieron también para intensificar nuestros miedos, haciendo la ansiedad más dolorosa e intensa. ¡A las armas! ¡A las armas! Surgió el grito de la boca y del corazón de cada hombre americano libre. Nuestro suelo había sido invadido y la sangre americana había sido derramada; además por un agresor que, por mucho tiempo había rechazado otorgarnos una justicia imparcial y que, en vez de concedernos la indemnización de nuestros agravios, se había aprovechado de nuestro espíritu de paciencia para infligir nuevas heridas. Era suficiente; algunos no dejaron de preguntarse en conciencia sobre la legalidad de la guerra; los políticos no se detuvieron para argumentar su política; como patriotas, sólo les bastaba saber que su país estaba en la guerra. (…)

Cada ciudad y pueblo [de Tennessee] fueron despertados por «la aguda flauta y el inspirador tambor»; las colinas y los montes, las planicies y los valles se llenaron con miles de hombres, y las compañías fueron llenadas tan rápido, que pronto se hizo difícil hasta comprar un lugar para enlistarse. (12)

Chatham Roberdeau Wheat de Memphis, Tennessee, poseído por un espíritu de exaltación, le escribe con un tono entre melodramático y cómico a su amigo George Maney. Su actuación subsiguiente demuestra totalmente su sinceridad. Wheat estaba lejos de ser un voluntario medio. Era un soldado de nacimiento o quizás un cruzado nato. Era universitario, estudiaba leyes, cuando estalló la guerra contra México. Se enlistó y peleó en el ejército de Scott:

No puedo abstenerme para escribirle una o dos líneas -ahora que la ráfaga de guerra ha sonado sobre mis oídos- (…) Methinks, puedo ver el destello de sus nobles ojos con la honesta indignación por los insultos que hemos recibido, y su brazo levantado en alto con la severa resolución de blandirlo con la mejor sangre de su corazón. Había determinado no enlistarme bajo ningún otro comandante más que con usted, pero por las noticias de esta mañana me percato que ninguna caballería de Tennessee (13) será admitida. Debido a esto hoy por la mañana me he enlistado bajo las órdenes del capitán Porter (14). La compañía está compuesta principalmente por parroquianos del bar y estudiantes de leyes. Dan Robinson (Godfrey) es uno de ellos, y por el modo que tiene de apretar la mandíbula solo significa una cosa: ¡Muerte a los mexicanos! Morgan Cook desplaza su compañía por las calles –nosotros estaremos listos por la noche- tenemos una elección por la noche.

¡Ah! Como lamento no estar con usted. Me gustaría morir a su lado, George, ser envuelto en la bandera de la estrella solitaria y ser enterrado por las tropas victoriosas. No pido mayor gloria – mientras nuestros espíritus abren las alas en vuelo a un más brillante y mejor mundo donde nos enlistaremos bajo el mando del gran capitán San Miguel, mezclándonos con los habitantes del cielo-, y cuando nuestros compañeros sobre la tierra obtengan el triunfo, nosotros, junto con Washington y los héroes que nos han precedido, colgaremos nuestras banderas en las almenas del cielo y dejaremos oír el grito de nuestras voces que se oirán en toda la bóveda celeste.

Veamos el otro lado de la moneda: que vivamos y entremos victoriosos y triunfantes a la Ciudad de México ocupando los palacios de Moctezuma, donde podremos dejar caer nuestros miembros fatigados sobre un lecho, bajo un pabellón de oro puro aderezado con diamantes y zafiros, y llamar a sus orgullosas hijas para que sean nuestras sirvientas, para sentirnos en una vieja taberna como de las que hemos leído y así, bebiendo profusamente, renovar nuestros ímpetus de lucha para regresar con fuerzas renovadas “a la batalla de nuevo”, entonces como grandes señores, regresaremos cubiertos de gloria y cubiertos nuestros pechos con brillantes estrellas, podremos entonces pedir la mano de la esposa del soldado. ¡El resto puede imaginárselo! En cualquier caso, seremos vencedores, vencedores aún muertos ¡Qué sublime! ¡Cómo complace sólo pensarlo! (15)

Una vez que terminó la guerra contra México, Wheat ejerció la abogacía en Nueva Orleans, desempeñándose en la Legislatura de Estado de Luisiana, pero la ley y la política no eran bastante para él. Se unió a López, un filibustero cubano, y a William Walker en Nicaragua; incluso luchó con Garibaldi y, finalmente, en la Guerra Civil, como comandante en el famoso regimiento de “Tigres de la Luisiana”, donde fue herido en la primera batalla de Bull Run y muerto en Gaines Mill en 1862. Aunque en su funeral fue envuelto con la bandera de las barras y las estrellas, y no con la de la estrella solitaria, su espíritu sin duda consiguió «alistarse bajo la capitanía de San Miguel»

Con sentimientos menos exaltados, pero con ferviente sinceridad, se expresa William Dickinson, de Sahdy Grave, Virginia, en una carta donde presenta una comunidad que celebraba ya la victoria, aun cuando la guerra apenas comenzaba y las víctimas aún no habían sido cuantificadas:

Me he unido a la compañía de voluntarios que está reuniéndose en casa de Henry Court (Henry Co., Va) para ir a matar mexicanos cuando se nos requiera. Tengo la esperanza de que haya una oportunidad para que vayamos. Yo estaría dispuesto a lo que fuera y salir mañana por la mañana. (…) Tendremos un gran festejo en casa de Henry Court el día 4 (de julio de 1846). Habrá una gran barbacoa, ascensión de globo, etcétera, para conmemorar esa fecha y en honor de los brillantes logros de nuestras tropas bajo el mando del general Taylor sobre el ejército mexicano. (16)

Dickinson se percató que el hecho de enlistarse suponía una serie de sacrificios materiales. Tal era el caso de Jubal Early (17), quién aceptó un cargo por recomendación del gobernador de Virginia:

Uno de nuestros conciudadanos, el señor Juble (sic) A. Early, ha sido designado por el gobernador como mayor del regimiento de voluntarios de este estado, y comenzará hoy a trabajar en Richmond en la compañía de los señores Shumaker y William A. Martin, dado que no tuvimos éxito en la formación de nuestro contingente. El señor Shoemaker [sic] (18) es un talentoso y joven abogado de las Rocallosas y también tiene una oficina que le han puesto por órdenes del gobernador. El señor Martin es un joven que estudia medicina bajo la tutela del Dr. Egan pero dejó sus ocupaciones para enlistarse. Es un hombre de un talento extraordinario. Estuve presente cuando se despidió de su madre y hermanos, y no recuerdo haber escuchado jamás palabras más elocuentes en una despedida. Realmente tengo una gran emoción de poder partir a la batalla en compañía de estos hombres. Va a ser muy duro,sobre todo para el señor Early, ya que él tenía una excelente carrera como abogado hasta antes del llamado a enlistarse para la guerra; pero lo entusiasmó mucho el hecho de formar una compañía para marcharse a pelear, ya que esta experiencia no es nueva para él, dado que participó brevemente en la guerra de Florida. (19)

Durante los primeros meses de la guerra no había dificultad para reclutar soldados voluntarios. Los anuncios, las reuniones y desfiles lograban fácilmente ese cometido.

Imagen 7. Anónimo. (1555). General Lewis Wallace, ca 1855 (daguerrotipo), autor de Ben Hur (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC- 2016649637)

En Nueva York había anuncios que decían “¡México o la muerte!” o “¡Vayamos por los palacios de Moctezuma!”. La Cámara Baja de la legislatura de Nueva York, al final de su sesión el 13 de mayo, adoptó la resolución por la cual el gobernador estaba autorizado a convocar a 50,000 voluntarios. (20)

En Filadelfia participaron veinte mil ciudadanos en un mitin. En Ohio, en menos de dos semanas, cerca de tres mil hombres se enlistaron. Cincinnati respondió enviando 900 voluntarios, 500 de ellos eran alemanes que pertenecían ya a alguna compañía. Illinois, Kentucky, Carolina del Norte y del Sur sobrepasaron sus cuotas. El Partido Whig de Nashville anunció que era necesaria una leva en Tennessee pero que sería una leva que dejaría a muchos en casa (21). En Nueva Orleans muchas de las compañías de bomberos se enlistaron, y franceses, alemanes y españoles se unieron para formar regimientos. En Indianápolis Lew Wallace, que escribiría su famosa novela Ben Hur (1880) en el palacio del gobernador español-mexicano desde el cual gobernaría el territorio de Nuevo México, logró una compañía en sólo dos días. Muchos talleres y fábricas en Louisville suspendieron actividades temporalmente pues no tenían operarios, ya que se habían unido al ejército como voluntarios (22).

El número de soldados voluntarios al comienzo de la guerra era tan grande que causó al mismo tiempo confusión y problemas. Algunos gobernadores como William Owsley, de Kentucky, aceptaron los servicios de los soldados voluntarios “en prevención de la llamada de Washington” y dejaron que regimientos como el de Louisville partieran con “exceso” de hombres. En Ohio el número de hombres era suficiente para conformar un regimiento entero en número muy superior al que se había solicitado para marchar a la guerra. La oficina adjunta al general tuvo que regresar a muchos a sus casas. Tres prospectos de compañías de Baltimore se embarcaron hacia Washington dispuestos a la batalla, determinados a presentarse ante el mismísimo secretario de Guerra. Tuvieron muchísimos problemas para encontrar alojamiento en la capital, pero se las arreglaron. Una compañía de Illinois organizada en el condado de Clark, a las orillas del río Wabash, no tuvo tanta suerte. Marcharon 150 millas (241.4 km) para su cita en Alton con la impresión de que el secretario del Gobernador les había requerido y aceptado. Su capitán era William B. Archer, un hombre veterano y bien entrenado que había peleado en la guerra de 1812 y en la guerra contra Halcón Negro. Un corresponsal del San Luis Missouri Republican lo llamaba simplemente: “Un hombre chapado a la antigua que valía su peso en oro”. Ya en Alton, la compañía de Clark se dio cuenta de que el gobernador Thomas Ford no los quería, se disculpó diciendo que mientras él estaba en San Luis recibiendo a las compañías que venían de Illinois, su secretario había estado haciendo lo mismo en la capital, y cuando se reunieron compararon sus notas y se dieron cuenta de que tenían ya demasiados hombres. Archer, sin embargo, se dio cuenta de que había un cariz de discriminación política en el asunto y se fue con sus voluntarios al centro de Alton y frente al hotel, con “cientos de personas observándolos”, dijo a sus hombres que el Gobernador Ford les había “expulsado” del servicio. Después de eso, Archer se enlistó como soldado raso en el Segundo Regimiento de Voluntarios de Illinois.

Los opositores al reclutamiento

Imagen 8. Anónimo. (1847). Daguerrotipo de un soldado regular norteamericano. (Graham Pilecki Historical Collection).

Desde los inicios de la guerra hubo disensión. En Michigan, tan distante de México, cuyo clima tropical les parecía a sus norteños habitantes un lugar fuera de este mundo, consideraban que serían más útiles si eran requeridos para luchar contra los ingleses, con los que recientemente habían peleado y que estaban en la frontera con Canadá, para evitar quedarse sin efectivos por haberlos enviado a la guerra con México. Dos días antes de la declaración de guerra, G. Mott Williams escribía desde Washington a su padre en Detroit: 

Estamos en guerra con México como seguramente ya te habrás enterado. Y es probable que Inglaterra tenga que ver en esto. La gente pensante está preocupada acerca del estado de nuestras relaciones con esa potencia y el asunto de Oregón se complica como nunca antes lo estuvo. Nadie alcanza a ver el fin de este problema en el cual nos hemos embarcado. Bajo estas circunstancias yo disuadiría cualquier intento de reunir voluntarios, ya sea de nuestra gente o de la de los estados vecinos, para enviarlos a servir en Texas y México. Es posible, en primer lugar, que queramos de regreso a todos los hombres antes de que hayan pasado doce meses y además de que hay un gran problema en México, el clima, del cual estoy seguro de que será más malo con nuestra gente que la fuerza de doce naciones como México. (23)

Mientras la guerra transcurría el entusiasmo por enlistarse decaía. Las causas fueron muy variadas. (24) La más obvia era que aquellos que estaban muy ansiosos por pelear se habían enlistado muy rápidamente, pero existían también otras razones. La guerra en sí misma no era universalmente popular. La oposición política, que había sospechado “la guerra de Polk” desde el principio, vio sus dudas confirmadas ganando popularidad después de que los deseos imperialistas del presidente emergieron claramente. Los antiesclavistas del norte vieron en la guerra una manera de extender el sistema de esclavitud y de dar poder a la esclavocracia sureña. Muchos sureños comenzaron a reflexionar en las palabras de John C. Calhoun, que consideraba al territorio de México como una fruta prohibida para el sur. Los opositores a la guerra en su conjunto no eran despreciables (25)

Una razón más para unirse al ejército era el motivo del llamado a las armas, pues la guerra no era una lucha de supervivencia o una defensa de los intereses nacionales y, de hecho, no afectaba el patrimonio de muchos estadounidenses. Como consecuencia, muchos hombres jóvenes pensaban en solo ir por un corto período de tiempo (un año por lo general) en el cual compartirían su parte de la victoria, pero sin comprometerse a estar hasta que terminara el combate. En diciembre de 1846, en Virginia se sabía lo que David Campbell (26), un eminente Whig, escribió a su primo que estaba en el ejército de Scott (27):

En mi última carta, creo que te mencioné que ha habido una convocatoria para regimientos de voluntarios de 960 hombres cada uno y se pide que se organicen y marchen de inmediato. (28) De seguro que Nueva York ya habrá mandado su regimiento, pero ningún otro estado lo ha hecho, al menos que los de Luisiana ya hayan organizado el suyo, y tengo muy serias dudas sobre Virginia. Los voluntarios serán enviados a la guerra, ese es el propósito. 

La nueva convocatoria a Virginia para tener un regimiento de voluntarios y enviarlo a la guerra ha sido tomada como una gran ofensa por muchos viejos granjeros demócratas, y creo yo que también en otros estados ha sido tomada igual. Ellos dicen que la guerra ha sido mal conducida –están de acuerdo que el ejecutivo es incompetente para conducirla- y no ven razón para que los que se enlistaron primero no terminen el trabajo. Este es un punto de vista que tiene que ver con los medios -y para todos aquellos que de ninguna manera quieran enlistarse- y que tomarán como una razón para rehusarse a hacerlo. (29)

Muy desanimados por el frío y el mal tiempo los voluntarios fueron cayendo “a cuentagotas” pero, como observó David Campbell, el entusiasmo “crecía” y diecinueve o veinte compañías se pudieron reunir con “muchos problemas y gastos”, estando finalmente organizadas y listas en Virginia para enero de 1847 (30). 

En Carolina del Norte, sin embargo, tal y como lo recuerda una mujer de Greensboro en su diario, el reclutamiento se sumió en la desesperanza a principios de 1847:

Martes, 5 de enero de 1847 (…)
Hoy hubo una reunión general y los señores Gorrell y Henry pronunciaron sendos discursos. El general Logan los recibió en la calle, y llamaron a todos los voluntarios a seguirlos. Mientras recorría la calle de arriba abajo, vi a 6 o 7 personas de aspecto desagradable que lo seguían con el pobre de Jim Lame al frente. ¿Cuántas pobres criaturas estarán o serán sacrificadas en el altar del orgullo y la ambición? ¡Oh Señor! Por favor bendice a nuestro país y júzganos ahora y no hasta el juicio final. Que nuestro presidente y nuestras autoridades reciban iluminación desde el cielo -y que la paz se restaure rápidamente en nuestro país- (…)

Sabbat, 10 de enero de 1847.
Hoy el capitán Henry (31) y el coronel Scales (32) vinieron al pueblo acompañados por cerca de 70 hombres en su paso hacia México. La compañía la forman personas de Stokes, Rockingham y Guilford. Los formó y les tomó juramento el teniente Fremont (33), quién cenó con nosotros. Él estuvo en la batalla de Monterrey y fue quién tuvo entre sus brazos al teniente Ringold (sic) (34) cuando fue herido, recibiendo un balazo en un brazo. Es un joven muy apuesto. La compañía vino marchando (con música de tambores y flautas que sonaban mal y muy triste). Fue la primera cosa de este tipo que ocurrió en nuestras calles en un Sabbat. A mi manera de ver creo que fue una forma sin sentido de desacralizar el sábado. Ojalá y llegue el día en que el día del Señor vuelva a ser santificado como debería de serlo (35).

La resistencia a enlistarse se topó con incesantes esfuerzos por aumentar el reclutamiento. Carteles y banderolas apelaban tanto al patriotismo como al interés material. En Massachusetts este póster llamaba a unirse, bajo el mando del coronel Caleb Cushing, al Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.

¡HOMBRES DE OLD ESSEX! ¡HOMBRES DE NEWBURYPORT!

Una llamada a los valientes, aguerridos y con corazón de león 

¡CUSHING!

¡El los llevará a la victoria y a la gloria!

Dejemos que el Condado de Essex tenga una compañía en el Regimiento que será para su GLORIA y ORGULLO.

La compañía marchará hacia confortables cuarteles en una semana y se embarcará en dos o tres. El pago es de $7 a $10 por mes -21 dólares por adelantado- y el Congreso propone un bono de 24 dólares en efectivo, y 160 acres de tierra.

NEWBURYPORT, FEB. 1, 1847 (36)

La respuesta a esas convocatorias era a menudo desalentadora para los reclutadores. Tal es el caso de un crítico joven de Massachusetts que escribe al Cambridge Chronicle, explicando las razones de su negativa a enlistarse: 

No tengo la menor intención de “unirme” a ustedes o de alguna manera contribuir a esta guerra injusta contra México. No tengo el menor deseo de participar en esta gloriosa carnicería de mujeres y niños, como las que se hicieron en Monterrey, y tampoco tengo ningún deseo de ponerme bajo la dictadura de un insignificante tirano militar o de cualquiera de aquellos caprichosos a quienes yo jure obediencia ¡No señor! Mientras pueda trabajar, pedir o ir a un dispensario, no iré a México para ser hundido en el lodo, a morir de hambre, medio quemado por el sol y comido por los moscos y ciempiés, picado por escorpiones y tarántulas -obligado a marchar hasta el agotamiento, y al final puesto para que me disparen, todo por ocho dólares y una ración de comida podrida-. Definitivamente ¡No lo haré! 

Y en lo que respecta al esperado “botín” no tengo la mínima duda de que será pagado con rapidez. Muchos pobres diablos lo han recibido ya en Palo Alto, Ransaca de la Plunder (sic Resaca de la Palma), Monterrey y Buena Vista. Y no dudo en que llegarán a ser muchos más; dicho botín se pagará en forma de disparos, bombardeos y vómito en Veracruz. Lo siento mucho pero no se me antoja que los horrorosos buitres, gusanos y chacales mexicanos se coman mis huesos, he esperado por mucho tiempo mi hora final para cerrar mis ojos en paz entre mis amigos y seres amados.

En cuanto a usted (oficial de reclutamiento) me imagino que es una especie de tipo sin importancia pero su empleo le ofrece la oportunidad de hacer un buen negocio, “si es que acaso se da cuenta”. Ha llegado el día de la carnicería humana, el progreso ha creado caminos a través de ella en el último medio siglo y rápidamente se acerca el día en el que el soldado profesional será clasificado en el mismo nivel que el bandido, beduino, y el matón. Haría usted bien en retirarse del negocio y en respuesta a su oferta e información, si usted deseara integrarse a la manufactura de la lana (el cual es mi negocio) le proveeré con toda la información y asistencia que esté en mis manos. Estoy satisfecho siendo lo que soy. Creo que un hombre está más noblemente empleado en una tejeduría y vistiendo a los otros seres humanos que guiando un ejército para asesinar. (37)

Imagen 9. Anónimo (1847). Cartel de convocatoria a soldados voluntarios en New Hampshire (New Hampshire Historical Collection, rbpe0930170b).

En Pennsylvania la incapacidad de los reclutadores para enlistar hombres para la guerra contra México hizo que circularan cosas como esta:

Oficina del inspector de brigada Wilkes-Barre, 23 de noviembre de 1846

A los ciudadanos soldados de la 2ª Brigada, 8ª División de la Milicia de Pennsylvania:

El presidente de los Estados Unidos ha encontrado necesario para la continuación de la guerra con México pedir un regimiento de voluntarios de Pennsylvania. El norte y el oeste han acogido con entusiasmo esta petición y se han coronado con laureles en la lucha. Su bravura y patriotismo nunca fueron superados en el campo de batalla; se regocijan con el privilegio que se les ha concedido, y no dudamos de que los soldados de Pennsylvania brillen con el mismo grado de entusiasmo. Estamos convencidos de que estarán siempre listos para servir a su patria,su historia reciente así lo confirma, y su futuro comportamiento no manchará su bien ganada reputación.

Es adecuado señalar ahora que la ley provee los gastos de ropa (en efectivo) y sostenimiento de los oficiales sin grado, músicos y soldados rasos, una vez que han sido admitidos para el servicio de los Estados Unidos. Con este propósito 21 dólares serán adelantados a todos los oficiales sin rango, músicos y soldados rasos, esto es aparte de su sueldo. Por lo que respecta a su subsistencia, una vez que hayan llegado al punto de reunión, y como viáticos desde la plaza de salida hasta el destino se darán 50 centavos por cada 20 millas de distancia. En caso de quedar fuera de combate el gobierno, como lo ha hecho en situaciones similares, se hará cargo completamente de ustedes. La convocatoria es para 10 compañías, para constituir un regimiento de voluntarios de infantería. No dudamos que de cada parte de la Confederación se oirá la voz de “¡Estamos dispuestos!” 

Nuestro deber es formar una de estas compañías- y ninguna compañía está completa si no tiene por lo menos 80 soldados– aunque 64 serán los aceptados. El capitán de la artillería de Wyoming, cap. E. L. Dana (38), ha ofrecido ya sus servicios, pero el número requerido permanece bajo. Mi objetivo es incluir pronto en mi brigada a los voluntarios que tengan algún deseo de ofrecerse para prestar sus servicios sin demora al capitán Dana, para ser miembros regulares de su compañía. Una vez hecho esto y llenos los lugares, existen esperanzas concretas de que esta compañía será aceptada. 

La lucha no puede prolongarse más: ¡El águila americana debe abrir y LO HARÁ, sus alas sobre los valles y montañas de México! ¡No se ha disparado una sola bala que no haya servido, ni una explosión ha sido en vano que no redunde en crédito a nuestras armas! “por tradición rudos y preparados” y los batallones han inscrito en sus armas “¡En guardia y otra vez en guardia!”. Cuando la lucha haya terminado, y el honor de nuestro país haya sido reivindicado, podrá ser dicho por los ciudadanos soldados de la 2ª Brigada de la 8ª División que en parte les pertenece el honor de esa guerra que extendió a México los beneficios de la civilización y de la libertad civil y religiosa (39).

Un discurso de W. P. Richards de Science Grove, Carolina del Norte, urgiendo a los “Voluntarios de Davidson” para que incrementaran el reclutamiento parece haber sido un esfuerzo desesperado del orador (quien se autonombraba el Tom Paine (40) de Carolina del Norte) para compensar el decreciente entusiasmo por la guerra:

A los Voluntarios de Davidson

Compatriotas Voluntarios: 

¿Están listos? Su patria necesita ahora de sus servicios, los llama a que cumplan apresuradamente con su demanda: a cumplir con sus obligaciones como verdaderos y nobles voluntarios de todo corazón. El Regimiento de Carolina del Norte ha sido convocado por el gobierno, y ahora es el momento de que demuestren que son auténticos voluntarios que están preparados y deseosos de defender su país (41). ¿Acaso van a huir cobardemente cuando más se les necesita? ¿caso existirá algún cobarde en la compañía de voluntarios de Davidson? ¿un hombre que abandonará a su país cuando lo ve en peligro? ¿un traidor a la causa de su propio país? ¡No, jamás, no es posible, ningún ciudadano de Davidson es tan mezquino! 

¿Acaso tengo que preguntar qué es lo que tienen que hacer para ofrecerse como voluntarios para pelear por su patria donde y cuando se les necesite dentro de los límites de México? No, no es necesario que les repita que Parades (sic Paredes) ese mexicano monárquico y tirano que por medio de las armas dominó nuestro propio suelo, asesinando a nuestros conciudadanos, atacó a los ejércitos de nuestro país y se declaró en guerra contra nosotros injustamente. En defensa propia nuestro Congreso ratificó la guerra que ya existía entre México y Estados Unidos por culpa de México; y llamó a sus valientes y patriotas hijos a la defensa de la patria en una causa justísima. Ustedes noblemente responderán a ese llamado. Serán voluntarios bajo el mando legal del Congreso por decreto de su gobernador. Esta ley pide que cada voluntario sirva por un año a partir de haber sido llamado al servicio o lo que dure la guerra, a menos que sea relevado antes de ello. Pero el gobierno ha pensado llegar a llenar su ejército con estos voluntarios, que son buenos y verdaderos, siendo voluntarios por lo que dure la guerra y no solo por doce meses. La pregunta que podrían tener algunos, que no precisamente están llenos de valentía, se referiría al tiempo en el cual deben ser voluntarios. Algunos se conformarán con ser voluntarios por un año solamente, pero ningún voluntario verdadero ninguno que se llame patriota puede atreverse nunca a conformarse con esto. (…)

Se los digo para alentarlos para impulsarlos a que apoyen a su país y a sus intenciones. Su honor y cada cosa que les sea preciada en sus intachables mentes están en juego.

Si van podrán conocer todo el suroeste, sin los gastos que el viaje implica, e independientemente de los beneficios del soldado común, recibirán un estupendo botín en forma de tierras de muy buena calidad. ¿Por qué menciono esto? Porque precisamente México tendrá que pagar el costo de la guerra. No tiene dinero, pero tiene tierras: por ejemplo California y Nuevo México, entre otras. Ese será el costo que pagar por la locura y la barbarie mexicanas. Habrá grandes extensiones de tierra sin dueño y las urnas electorales instruirán al Congreso que una porción de estas deba considerarse como paga a los que defendieron su país. Así que el voluntario que ahora es pobre y sin un centavo,  que permanezca en su puesto, debe esperar que cuando termine la guerra (que no excederá más de 12 a 18 meses) será el poseedor de un magnífico lote de excelente tierra (42).  

Filadelfia tenía un problema distinto. Habían ocurrido disturbios anticatólicos en 1844 (43), y se temía que enviar padres de familia a la guerra pudiera encender esta situación de nuevo. En una carta de Morris Longstreth a James Buchanan sobre este particular, se revela que el temor a las fricciones religiosas estaba siendo usado para hacer que los voluntarios dudaran en dejar a sus familias solas: 

Mientras visitaba Filadelfia hace uno o dos días, me encontré que la alegría y el entusiasmo habían sufrido una terrible caída a raíz de que las personas consideran que la convocatoria para llevar voluntarios al frente de guerra, podría poner en riesgo la paz pública, repitiéndose los deplorables sucesos de mayo y julio de 1844. Me di cuenta de que hombres notables por su juicio y sagacidad consideraban que la serpiente de la discordia religiosa estaba “detenida mas no muerta” y que “The Sun”, “Eagle” y otros periódicos del lugar seguían igual de agresivos al denunciar a los extranjeros y católicos, de la misma manera en la que lo habían hecho antes de que sucedieran los fatales acontecimientos. En pocas palabras, se teme que la partida de los voluntarios vaya a ser la se ñal para un nuevo enfrentamiento. Estas opiniones y puntos de vista son las que pude recoger al charlar con algunos caballeros católicos. 

Mi apreciación no está dirigida a molestarle en esta ocasión, pero he sido aconsejado por un distinguido miembro de la Barra de Abogados de Filadelfia para comunicarle esto, junto con la certeza que los voluntarios están formados en su mayoría por hombres con familia; y que, al ser soldados ciudadanos, enfrentarlos contra enemigos internos o externos es un desperdicio –así como es censurable el llevarlos a un clima lejano e insalubre, a menos que en verdad sea una urgente necesidad-. El contingente de Pennsylvania puede fácilmente ser formado con hombres solteros y jóvenes, deseosos de ir a la guerra y que son siempre, según lo aseveran los conscriptos franceses, los que más fácilmente se unen a la Legión Extranjera (44).

Protestas contra los oficiales de reclutamiento

Si las protestas de algunas de sus víctimas son motivo de duda, los reclutadores no fueron siempre tan escrupulosos. Una carta del bostoniano Nathan Burdit al coronel Caleb Cushing, de Massachusetts, levantó no solo la pregunta de cómo era que el capitán de una compañía obtenía sus voluntarios sin importar las capacidades y habilidades de cada uno de ellos:

Me permito distraer su atención para señalar algunos hechos relacionados al reclutamiento de mi hijo George W. Burdit dentro de la Compañía H del Regimiento a sus órdenes. Dicha Compañía está actualmente bajo el mando inmediato del capitán Barker, que persuadió personalmente a mi hijo para que se enlistara. El capitán Barker le aseguro primero que podría dejarle su pago con su esposa para que ella, mientras él estaba en campaña, pudiera disponer de parte de ese dinero. 

En seguida le dijo que no se le exigiría portar un mosquete, pues él tiene un problema en el hombro, lo que lo inhabilita para realizar ejercicios de formación. Por tanto, se le apuntó como corneta, labor para la cual no estaba capacitado. Como último recurso se le puso de flautista aunque nunca en su vida había tocado una sola nota, además de que no puede levantar el brazo a la altura de su cabeza, hecho del que cualquier médico en la ciudad le puede dar fe. Aun con todo esto mi hijo estaba deseoso de ir, confiando plenamente en el honor de su capitán en lo que respecta a la transferencia de su pago para que su esposa lo pudiera usar, ya que ella no tiene ninguna otra manera de mantenerse. Cuando él le comunicó al capitán este asunto, le dijo que era un insensato y que tenía que llevar su mosquete como todos. Contradicciones como éstas no pueden darse en un caballero que representa a los Estados Unidos. (…)

Vi al capitán Barker ayer y me dijo que si mi hijo podría obtener de su suegra, Mrs. Badger, un consentimiento escrito para que sus dos hijos se enlistaran, considerando que como él no era apto, el capitán los aceptaría a cambio. Eso solo da a entender que el capitán nunca consideró a mi hijo capacitado para el servicio. Entonces por qué no darlo de baja de una vez. Yo no había querido intervenir en el asunto hasta asegurarme que el médico regular lo examinara y lo rechazara como sucedió ya con el cirujano naval (45).

Una queja de un hombre reclutado que insistía en que fue forzado a enlistarse en el regimiento de voluntarios de Virginia es un hecho conocido entre los historiadores militares. Los ejércitos europeos se habían formado por mucho tiempo con hombres enrolados en los barrios bajos. James Miller, un escocés al que embaucaron mientras estaba en Nortfolk bastante intoxicado por el alcohol, protestó ante el teniente coronel Thomas B. Randolph cuando se dio cuenta de lo que le había pasado:

He oído que usted es un hombre de probada reputación y justicia, esto me ha hecho atreverme a pedirle que me exonere de la extenuante e injusta opresión a la que me tiene sometido el capitán John P. Young perteneciente a su regimiento (46), quién me separó de mi empleo legal, me forzó a embarcarme hasta este distante país, y ahora me retiene contra mi voluntad como soldado dentro de su compañía.

En afán de iluminarle sobre el ultraje del que soy objeto en mi libertad y derechos, permítame abusar de su paciencia, mientras le detallo de forma simple, y sin adornos literarios, los hechos de mi caso tal y como ocurrieron: Yo James Miller nacido en Renfordshire, Escocia. Con tan solo 13 años, emigré a Nueva Escocia, y me establecí en el pueblo de New Glasgow. Serví como aprendiz en el negocio de la carpintería de barcos. En el pasado mes de agosto de 1846 dejé Nueva Escocia para irme a Filadelfia en donde sólo me quedé por seis semanas, porque me embarqué como segundo ayudante y carpintero en el barco Ann Hood con destino a Nueva Orleans; pero a causa de un desperfecto, tuvimos que atracar en el puerto de Norfolk Virginia para reparar los daños, así que dejé mi cargo con permiso del capitán y me empleé en un buque de la marina estadounidense en Gosport.

Estando ahí, el día 1 de diciembre, conocí al capitán Young que en ese entonces estaba intentando reunir un grupo de voluntarios para servir al gobierno en la guerra que existía contra la República de México. Estando bajo la influencia de una gran cantidad de alcohol e incitado por la persuasión del capitán Young firme un papel pidiendo ser enlistado en el ejército. Al momento de firmar yo creía que el término de dicho convenio era de un año. No más de diez días después, habiendo meditado profundamente sobre el compromiso en el que me había metido y enterándome de lo indefinido del término del mismo, sin saber exactamente cuánto iría a durar la guerra, informé al capitán Young sobre lo que había pensado y sobre las circunstancias en las que se habían dado las cosas, y que ahora, que estaba en mi juicio, había decidido dar marcha atrás, así que le pedí que no se me considerara más como parte de la compañía, antes de que se terminara el trámite de reclutamiento. 

Subsecuentemente, yo ya no quise formar parte del grupo que estaba reuniendo, ni participar en la organización de la compañía, ni la elección de sus oficiales, ni nada. Ni siquiera comí, ni bebí, dormí, ni me aparecí por ahí para que no se me inmiscuyera. Pero no se me tomó en cuenta. Fui varias veces al cuartel a pasar solo el tiempo necesario para que se dejara en claro que yo ya no quería estar con la compañía, declarando en repetidas ocasiones que declinaba la oferta y que no había llenado todos los trámites para ser parte de ella. Cuando la compañía se organizó, y habiendo elegido a sus oficiales, en este hecho que es tan importante porque contempla la reputación, orden, paz y bienestar del soldado, no participé de ninguna manera. El capitán Young fue elegido y puesto a la cabeza. El llevó la compañía a Richmond sin que le importara mi petición o la de muchos otros hombres que estaban en el mismo caso. Creyendo que estaba liberado de todo este asunto, continué trabajando por los próximos diez días en el buque de la Marina. Transcurrido ese tiempo, el capitán Young regresó y me pidió que volviera con él a Richmond con el objeto de ser reclutado en el servicio del ejército de los Estados Unidos, pero ante mi rotunda negativa a tomar este último paso, me trató con lujo de violencia y con las más bajas maneras me forzó a acompañarlo a Richmond, sin que hubiera de mi parte ninguna intención de firmar la orden, pero con el propósito de intentar presentar un habeas corpus (47) para liberarme de ese compromiso (…)

Regresé a mi trabajo en el barco y en una semana no hubo ninguna novedad. El primer día de la semana siguiente se apareció en el puerto de Portsmouth el teniente John Cook buscándome. Fue con mis compañeros y cuando me localizó se vino directamente hasta donde estaba, llegó acosándome, diciendo: “Bueno Miller, escapaste de Richmond, pero ahora debes venir conmigo arrestado”. Le aclaré que no había escapado, sino que me había ido siguiendo los consejos de un amigo abogado y que él no tenía ninguna autoridad de controlar mis actos o impedir mis movimientos, y que no iba a obedecerle. El juró por Dios que iba a vencerme y en seguida me tomó por el cuello de mi abrigo. Con esfuerzo me lo quite de encima pero instantáneamente sacó un revólver vociferando juramentos de que me llevaría vivo o muerto. Haciendo caso de la preocupación de mis amigos ahí presentes, y obligado por la necesidad, me entregué como prisionero para ser llevado por el teniente a la cárcel; sin embargo, el carcelero rehusó encarcelarme, así que me llevaron a la taberna y me encargaron a dos hombres de la compañía para que me custodiaran por esa noche. 

A la mañana siguiente me arrastraron hasta un barco atracado en Fort Monroe y me dejaron en una celda por 16 días, al cabo de los cuales fui transportado a Richmond. En todo momento yo repetía mi decisión de no enlistarme. Ahí fui llevado a presencia del capitán Smith (48) que me preguntó mi nombre y si yo era un músico. Respondi que era un “voluntario forzado”, y que no respondería más preguntas que no entendiera. El Cap. Smith llamó al teniente Cook y le dijo que no tenía nada más que tratar conmigo. Inmediatamente después de esto el teniente Cook me llevó (49) ante la guardia de la ciudad.

Al día siguiente con un habeas corpus fui puesto ante un juez que me consignó. Mis esperanzas se esfumaron y se me dijo que si no hubiera sido por una orden que salió de la oficina adjunta del general, la cual ignoro cuál fue, se me hubiera dejado en libertad. Mi abogado prometió hacer un esfuerzo más para liberarme pero todo se vino abajo cuando, a la mañana siguiente, fui forzado apresuradamente a embarcarme a las cinco de la mañana. De ahí pasé a otro barco y acabé en esta tierra sin ley y sin ninguna esperanza de quedar en libertad por lo cual apelo a su magnanimidad y amor a la justicia (50).

La desilusión de los reclutas

Un inspirado e incuestionablemente cínico recuento del reclutamiento, en el sentido de sus múltiples promesas, puede ser encontrado en “Una completa y emocionante historia de los Voluntarios de Nueva York”, probablemente escrita por Albert Lombard y publicado en 1848. En ella se incluye una descripción de la clase de hombres que se obtenían por estos métodos y la triste historia de sus desilusiones:

Al comienzo de 1846 se recibió una convocatoria del gobierno para crear un Regimiento de Voluntarios para “la Guerra contra México”. De acuerdo con esto, el primer regimiento fue seleccionado y el coronel Ward B. Burnett (51), el teniente coronel Charles Baxter, y el Mayor J.C. Burnham fueron designados oficiales de campo. Seleccionaron diez lugares para reclutamiento y convocaron a “hombres capaces, deseosos de vivir o morir en defensa de nuestro país”, prometiendo tres meses extra de paga, o seis meses en adelanto o seis meses de ropa, cosa que nunca cumplieron a sus desesperados y pobres soldados. Lo que sí les dieron fueron los seis meses de ropa. Desde luego que a los valientes oficiales les fue un poco mejor. (…) 

La leva comenzó y, para la mitad de diciembre, ochocientos hombres se habían enlistado para bien o para mal. Se les envió a Fort Hamilton a engordar a base de pan y cerdo, con “suaves” tablones para dormir y un helado suelo donde recostarse.

Entre esa tropa estaba la más extraordinaria mezcla jamás reunida en un regimiento durante la guerra. Como oficiales había peluqueros, sastres, deportistas, cantineros, políticos, y unos cuantos caballeros; entre los oficiales sin rango había una gran variedad de hombres decentes, incluido yo mismo, a todos los cuales se nos prometió llegar a ser generales brigadieres o algo parecido, antes de que regresáramos de la guerra. 

A los soldados rasos también se les prometió carne asada y dos dólares al día, mucho whisky, “Jesuses de oro”, “bonitas muchachas mexicanas”, “inversión segura y un retorno rápido”, además de todo lo que se les pudiera imaginar para hacerlo más atractivo. 

Los soldados rasos en general eran hombres activos y listos, con la excepción de tal vez de unos doscientos totalmente incompetentes para el servicio, y para cualquier otra cosa -un fraude para el Departamento de Guerra y una maldición para los oficiales que los reclutaron-. Pero todo sea por cumplir con las convocatorias. Y ¡Vámonos a México! Hasta el médico del ejército se hacía de la vista gorda, mandado por el Departamento de Guerra. En verdad que se pasaron de la raya en la compañía cuando el coronel Bankhead (sic Burnett?), al revisar a cada hombre, rechazó a algunos chicos que eran incapaces hasta de llevar un fusil y también a algunos otros que era “mejor ni llevarlos”. Fueron readmitidos gracias a la magnanimidad de los oficiales. 

De eso se componía nuestro regimiento: chicos rechazados, hombres enfermos y hechos pedazos, unos medios ciegos, otros discapacitados; otros eran “muchachos” de sesenta años que fueron seleccionados por órdenes especiales del primer comandante en jefe del 1er Regimiento de Nueva York, destinados a México y entre los cuales había también caballeros del Tombs, pillos de la isla Blackwell y unos cuantos de “Five Pointers”. Nunca se ha visto un grupo así entre gente decente. No hay disculpa para los oficiales. Su conducta es indignante al dejar a los hombres, aunque estén propiamente aseados, y sus despojos mugrosos tirados a los perros, dejarlos ponerse ropa nueva y juntarse con gente decente. Lo repito fue indignante, insultante y degradante para los limpios soldados. 

La consecuencia fue que, por falta de atención e indolencia por parte de los oficiales, todo el regimiento se infestó de piojos antes de irse de Fort Hamilton (…) 

El Regimiento de Nueva York consistía en cerca de 800 hombres. De ellos 300 eran nativos americanos y el resto holandeses, irlandeses, franceses, ingleses, polacos, suecos, chinos, indios, etc. No había ni cien hombres y oficiales en el Regimiento nacidos en Nueva York. (…) 

En la última mitad de noviembre de 1846, un grupo de nuevos reclutas recibía instrucción en Centre Hall, donde se formaron en una fila tan recta como pudieron. Cuando el orgulloso sargento dio la orden de “formación”, “flanco derecho”, “flanco izquierdo”, “firmes”, “de frente”, “vista al frente”, todo fue inútil. Es más fácil alinear a una serpiente marina. Muchos de ellos eran reclutas recién llegados y algunos apenas estaban aprendiendo, eran de todos tipos y tamaños. Tal vez lo que estaban pensando los soldados en ese momento era en la carne asada y en la promesa de “tres meses de adelanto” en Fort Hamilton. En eso hizo su gallarda presencia nuestro coronel, que más bien parecía un pony canadiense rasurado a rape. Se dijeron tres hurras: “¡Larga vida a nuestro coronel!” “¡Hurra por la carne asada!” “¡Vamos Jimmy!” “¡Abajo Santer Ranner (sic. Santa Ana)!”, etc., etc. Pasaron varios minutos antes de que el coronel lograra hacer silencio total y comenzara a hablar en estos términos: “¡Compañeros soldados y camaradas!” (curiosos camaradas digo yo, a juzgar por su apariencia exótica ese día), “nos hemos reunido por primera vez” (larga pausa), “estoy contento de ver gente tan fina” (¡Tres hurras! ¡Hurra por México!) “¡Si señor! ¡Con tales compañeros estoy muy orgulloso de dirigirme a México!” (tremendo festejo de risas y aplausos), “Ustedes van a compartir todo conmigo, mi cama será su cama, mi comida será su comida, todos los aspectos de la guerra, aun los más desagradables los vamos a compartir” (¡tres hurras, esa es la manera, ese es el espíritu de cómo lo hacemos aquí en Five Points! ¡Bien, vamos!), “Ahora mis bravos compañeros, yo quisiera que todos aquellos que no tengan nada que comer, ni nada más en la vida, sepan que al llegar a Fort Hamilton tendrán de todo” (¡Hurra por eso, me apunto!), “he conseguido buenos cuarteles y ustedes podrán tener una buena cama, y una gran cantidad de carne asada y patatas” (¡nueve hurras por eso! ¡Hurra, hurra por la carne asada y las patatas!), “Yo ahora con su permiso me voy a retirar, buenas noches” (¡Tres hurras por el coronel Burnett y la carne asada! ¡Hip, hip, hurra, hurra, hurra, ha, ha!). Entonces el sargento dice: “¡Atención compañía! ¡Flanco derecho, rostro al frente!” (Música), “¡Marchen!” y allá se van todos bamboleándose al marchar, arriba y abajo. Esa fue la primera revista. 

Al día siguiente, más o menos 200 reclutas partieron hacia el Fuerte, pero en lugar de suaves camas encontraron duras tablas, una manta raída y un trozo de madera como almohada; en lugar de carne asada y patatas, se consideraban afortunados si conseguían un pedazo de cerdo crudo y algunos mendrugos. ¡Oh los horrores de la guerra! La cruda e inhumana decepción de los oficiales. Sin embargo, a muchos les fue mejor de lo que estaban acostumbrados. Estaban bien advertidos de que no había alojamiento para ellos y de que enviar a sus hombres en el frío del invierno era inhumano, era lo menos que decían.

El tiempo pasó y los reclutas comenzaron a usar frases como: “Vamos amigo, ¿No querrías enlistarte? ¡Te la pasarás de maravilla! ¡Carne asada, helado y tres meses de sueldo por adelantado! Puedes abandonar a tu amada esposa e hijos con mucho dinero para que lo disfruten en tu ausencia, ¡En verdad son tiempos gloriosos! ¡Ven y tomate un trago conmigo y brindemos por el viejo Zack! ¡Tiempos de gloria! Abundancia de comida y bebida, y si eres un buen compañero, te haremos sargento. Nada mejor que la vida de un soldado -música todo el día-, holgazanear -sólo un poco de entrenamiento- y al final, ¡Mucha diversión! ¡Vamos muchacho! Tomate otro trago y te enseñaré dónde es tu sitio de reunión. Los oficiales son personas muy educadas, unos verdaderos caballeros, todo lo que tenemos que hacer es un agradable viajecito en barco hasta Veracruz (el tío Sam pagará tu pasaje) bombardear la ciudad, comerte el Castillo y regresar a casa de nuevo, cargado a tope de oro y cubierto de gloria”. Y así pasaron los días y el sargento trataba de convencernos, llevándonos a lugares de reunión para lucimiento de capitanes y tenientes, quienes a su vez volverían a tratar de adoctrinar y convencer a todos estos pobres diablos acerca del dinero, la gloria y los beneficios que obtendrían, de su buena apariencia, y además de lo buenos y amables que serían, y si los reclutas se llegaran a enfermar no les costaría nada la atención médica. Todo el cuento de la carne asada y las patatas no eran nada comparado con estas promesas, a todos se les ofrecía la obtención de un grado militar, hasta teniente si eran lo suficientemente afortunados como para dejar este cuerpo terrenal. (Pobres de los que no lo hicieron antes de dejar el Fuerte porque hubiera sido lo mejor para sus hijos.) (…)

Otra forma de reclutamiento nunca antes “puesta en el presupuesto”, y que demostró la gran ingenuidad yankee, fue la publicación de anuncios para “mecánicos y trabajadores que deseen ir al sur, con buenos sueldos y pasaje gratis”, que hizo que llegaran muchos hombres a la cita, y que fueran engatusados con el cuento de las gloriosas batallas y los tres meses de sueldo adelantados y todo un nuevo guardarropa que les serían entregados en cuanto firmaran su adhesión los pobres diablos. Eran inducidos a firmar y educadamente a dar un paseo al puerto de Hamilton donde gozarían de la hospitalidad de una grande y gloriosa institución, el criadero de alimañas que haría de ellos grandes hombres.

Después de entrar al fuerte era muy difícil siquiera salir, se le trataba a uno muy amablemente, y el recluta se hallaba en una situación incómoda, descubriendo poco a poco cómo se le había confundido y embaucado…hasta que se daba cuenta que podía meterse en un lío si se le ocurría siquiera decir una palabra o pedirle al coronel Burnett algunos centavos para su familia que estaba en necesidad o, peor aún, por alguna porción de aquellos famosos “cinco mil dólares” que la ciudad enviaba para ayuda y bienestar de “los pobres soldados”. (…)

Los hombres que fueron lo suficientemente afortunados para vivir jamás olvidarían la promesa de los 21 dólares que fue por lo que ellos se enlistaron –muchos para dejar un patrimonio a sus familias pobres por la cercanía del invierno- ¡Déjenme reclamar tal vez a algunos que de manera indirecta o directa llevaron a la bancarrota a varias familias honorables por decepción! ¡Fraude! El que hayan guardado recursos para fines privados y de especulación otorgados por los liberales, honorables, muy humanitarios y compasivos corporativos de la ciudad de Nueva York para ayudar y dar consuelo a esos pobres hombres que se habían ofrecido como voluntarios para pelear y morir por ellos y sus empresas.

Si es cruel sacar a rastras a negros de sus casas, ¡mucho más es hacerlo con blancos bajo falsas promesas y forzarlos a abandonar a sus esposas e hijos sin dejarles un centavo o alguna protección en la estación más fría del año, solo para ir a morir en una tierra extraña con un clima pegajoso! “Pero” se preguntará el lector ¿Por qué accedieron a enlistarse dejando a sus familias desamparadas? Y la respuesta es que muchos se enlistaron precisamente para ayudarlas, pues estaban desempleados, y se les ofrecieron “tres meses de salario por adelantado”, asegurándoles que sus familias podrían gozar de parte del sueldo que se les pagaba mientras estuvieran ausentes. Ellos que eran pobres e incultos pero patriotas y con nobles sentimientos hacia sus esposas e hijos, sacrificaron todo con la sola idea de dejarlos asegurados… Yo sin temor a equivocarme declaro que el regimiento entero fue llevado al combate de manera fraudulenta, fue un fraude para los soldados, un fraude para la misma ciudad de Nueva York y un fraude contra el gobierno de los Estados Unidos y el Coronel Ward B. Burnett y su pandilla son los responsables de esto (52).

La calidad de los oficiales

Imagen 10. Anónimo (1843). Daguerrotipo del teniente Ulysses S. Grant en 1843, a los 21 años de edad, recién graduado de West Point (Keya Morgan Collection 2012648872).

Los hombres sin duda fueron reclutados con grandes promesas y con el intento deliberado de no cumplirlas, por lo que en muchos casos el material humano correspondió a la calidad fraudulenta de cómo habían sido convocados, aun así la mayoría de los que acudieron a la guerra fueron víctimas de su propia ignorancia y del engaño.

¿Qué tipo de soldados eran?

La respuesta nos la dan ellos mismos y sus contemporáneos. Por lo general, los soldados regulares sabían que eran fuertemente criticados por los voluntarios, ya que se les consideraba una fuerza de combate competitiva.

Los oficiales eran una mezcla. Muchos de ellos eran veteranos de la guerra de 1812, que pelearon contra los indios en los fuertes de la frontera; otra parte eran jóvenes recién egresados de West Point; otros, hombres que habían recibido el puesto como pago a un favor político, a excepción de los puestos que otorgaba el general para los miembros de su grupo “era un proceso establecido para la promoción: comenzar como capitán de regimiento, luego se pasaba a ser coronel y así sucesivamente de batallón en batallón”. Pero las promociones se retardaron y muchos hombres jóvenes abandonaron el ejército para buscar mejor fortuna como civiles. John Bell cuando fue secretario de Guerra, a principios de 1840, mandó una recomendación al presidente: 

En este momento, en las condiciones en las que está el ejército de los Estados Unidos, los grados de mando están, salvo en excepciones, en manos de veteranos que no poseen ni la capacidad física ni mental necesaria para un servicio eficiente. Esto me da pie a cerrar mi argumento a favor de revisar la selección de los altos mandos. La promoción vía sucesoria en los elevados grados es algo manifiesto, lo que resulta en que al final, a la cabeza del ejército, y en los principales mandos, está un grupo de imbéciles que llegaron ahí por edad o por años de servicio (53).

Imagen 11. Anónimo. (1846). Teniente George B. McClellan, con su padre y hermano, con 20 años de edad. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington DC.  mss31898, box D27; reel 81).

Esta recomendación, sin embargo, fue pasada por alto. Cuando sobrevino la guerra contra México, los veteranos estaban en los más altos mandos y aún continuaban pensando como en los tiempos de antaño. En lugar de ponerse al día, como fueron algunos intentos antes de la guerra, por aplicar las tácticas de batalla que se usaban entonces en Francia, los oficiales se negaban a escuchar cualquier innovación. El mismo Zacarías Taylor no confiaba en la artillería ligera hasta que fue testigo de sus ventajas en el campo de batalla, gracias a eso aprendió.

Los jóvenes egresados de West Point, muchos de ellos tenientes y capitanes, rápidamente ascendieron de rango y fueron frecuentemente muy brillantes. Unos pocos de ellos perdieron la vida y algunos se retiraron al término de la guerra para nunca más volver a pelear, pero otros pasaron a ser comandantes de las fuerzas de los Ejércitos de la Unión (norte) o del Confederado (sur), durante la Guerra de Secesión. Entre los cuales estuvieron Ulysses Grant, Robert E. Lee, Braxton Bragg, Buell, Meade, Joseph E. Johnston, Hooker, Thomas y muchos otros. Como grupo estaban muy conscientes de su entrenamiento y tendían a pavonearse con arrogancia viendo a los mandos superiores, en especial a los oficiales de las tropas de voluntarios, con un cierto aire de desprecio. Uno de ellos, Cadmus M. Wilcox, describió a un graduado de West Point (se colige una auto-descripción): 

Habiendo sido muy bien entrenado en las tres armas de servicio, es a la vez competente y eficiente al entrenar a sus hombres, ya sea en caballería, infantería o artillería; es cuidadoso de los detalles al construir baterías y fortificaciones, que dirige con inteligencia, gracias a que recuerda muy bien las enseñanzas de los libros de texto que usó en la academia. Se le inculcó la subordinación, deferencia y respeto por sus oficiales durante sus cuatro años de instrucción y entrenamiento en West Point, y a los usos del servicio que astutamente adapta él mismo (54).

Aunque al final subraye el concepto de “deferencia y respeto” dados a sus superiores, Wilcox también describe las burlas que él y sus compañeros hacían de los errores de los improvisados oficiales voluntarios: 

Mientras estaba en Camargo vi lo que se reportó a su tiempo en los diarios como las fortificaciones del general Pillow (55), con un foso adentro. Habiendo salido hace poco de West Point con todo lo que nos habían enseñado, aún muy frescos, mis compañeros y yo lo encontramos ridículo, y uno de ellos, el teniente James Stuart (56), de Carolina del Sur, montado en un caballo salvaje de Texas y galopando a todo lo que daba, derrumbó tanto el parapeto como la zanja. Probablemente el general Pillow no tuvo que ver nada en su construcción (57).

Prejuicios de los soldados regulares

No todos los graduados de West Point menospreciaban a los que consideraban sus inferiores. Ulysses S. Grant (58),por ejemplo, consideraba a los voluntarios que peleaban la guerra contra México como excelentes soldados. Pero él representaba una minoría; mientras que el joven George B. McClellan (59), quien pasó de West Point directamente a una compañía de ingenieros en México, que fue destinado a preceder a Grant como general en jefe de los ejércitos de la Unión durante la Guerra Civil y que además contendió contra Abraham Lincoln en la carrera presidencial de 1864, refleja de una manera más cercana la pobre opinión que tenían de los voluntarios los egresados de West Point. Los improvisados soldados eran un motivo de burla para los profesionales, que además eran “americanos” por nacimiento, a diferencia de los demás que en su mayoría eran inmigrantes: 

He resuelto incorporarme al Cuerpo de Ingenieros, pero si de alguna forma resultaran ciertas las recientes noticias provenientes de Texas, muy probablemente deberé ir al frente de batalla, y, lo que, es más, estaré en Texas para fines del mes entrante. La noticia a la que hago alusión es algo que se publicó en el periódico de ayer, en la que se dice que el general Taylor fue vencido, y que perdió 700 hombres (60) –cerca de un tercio de su ejército-. Si ese número es cierto, al menos 100 de ellos eran oficiales, si no es que eran de los soldados rasos (que en su mayor parte son inmigrantes irlandeses y holandeses) (excepto los Dragones que casi todos son americanos) (61), y como consecuencia lógica, los oficiales deberán por sí mismos hacer la labor. De hecho, ningún egresado de esta academia será un cobarde para enfrentar al enemigo. Yo creo que el señalamiento que hago sobre la composición del ejército es un tanto exagerado y no es que esté del todo mal… El ejército de ocupación -1,900 efectivos- está frente a Matamoros, que está defendido por cerca de 7 u 8,000 mexicanos, lo cual nos da un mal presagio sobre una tropa que jamás en su vida ha ni siquiera olido la pólvora. Todos tenemos amigos entre los oficiales, pero la primera cosa que sabemos perfectamente es que la mitad de ellos están locos y que ¡Vamos a ir todos hacia el sur a disfrutar de la misma diversión! (…)

El costo de esto será que ellos tendrán que contar con toda la reserva de voluntarios tal y como lo haría cualquier ejército invasor, y deberán confiar absolutamente en los soldados. Si 7,000 hubieran estado disponibles con el general Taylor en Río Grande, la guerra se hubiera terminado de un soplido, hubiera hecho pedazos a Arista (62), y ese hubiera sido el final de todo (63).

La concentración del ejército de ocupación

Si,al decir de McClellan, los voluntarios no iban a librar a Taylor del peligro al concentrarse cerca de Corpus Christi para la “defensa de Texas”, en el verano de 1845; los soldados no estaban bien preparados para el tipo de campaña requerida en la guerra contra México. Por muchos años habían estado dispersos en territorios extensos y en destacamentos muy pequeños. Fue un acierto haber reunido al ejército para organizarlo en batallones y regimientos y entrenarlos antes de que comenzaran las grandes batallas (64).

Aun así el general Brigadier Taylor consideró esto muy a la ligera. Algunos oficiales que no se habían visto en años estimaron la concentración como una mera reunión social, una oportunidad de fraternizar. 

Las escenas en Corpus Christi fueron descritas por John P. Hatch, 2º teniente del 3er Batallón de Infantería, quien llegó hasta capitán, que estuvo presente en las batallas de (Contreras-Churubusco y Chapultepec), y que después fue general brigadier de los voluntarios de los Estados Unidos durante la Guerra Civil:

Encontré aquí a muchos de mis compañeros y amigos de clase… daba risa ver algunos de los oficiales de los dragones con el cabello largo colgándoles por la espalda e inmensos bigotes y barbas de cinco o seis pulgadas de largo, vestidos en el estilo más fantástico imaginable. Casi todos los oficiales prefieren usar ese tipo de arreglo, no dejan que la navaja toque sus caras. He sido muy afortunado en venir, pues es muy probable que no los vuelva a ver en 20 años. Muchos oficiales veteranos jamás habían visto tal cantidad de tropas reunidas. Debimos de ser cerca de 3 mil hombres. Mi regimiento (el tercero) es uno de los mejores, sino es que el mejor. Sentimos mucho orgullo interno por pertenecer a él. Hubo un muy buen clima entre todos los oficiales, todos se mezclaron con todos, el lugar donde estamos es muy amplio, con mesas, platos, muebles, vajilla. Todos la pasamos muy bien y nos divertimos mucho, la carne es muy buena y el pescado es de la mejor calidad (65). 

Dos semanas más tarde continúa su narración en otra carta:

Los diferentes segmentos del ejército varían mucho en sus niveles de disciplina. Algunos de ellos no habían estado juntos durante muchos años. El quinto regimiento, por ejemplo, no se había reunido en 9 años, y por ello no habían tenido entrenamiento como el resto de los oficiales, por lo que, sin práctica, se les olvidaron todas las tácticas que les habían enseñado. Tenemos un buen campo de entrenamiento como a un cuarto de milla de aquí, 150 o 200 acres que han sido limpiados por los soldados y les quedó muy bien. El 3º y el 4º han estado practicando ahí juntos, y la semana que viene esperamos al 8º de artillería para que practique con nosotros (66).

Rechazo a la guerra de miembros del ejército regular

El entusiasmo por la campaña contra México no siempre prevaleció entre los oficiales del ejército. No era una cosa rara la aceptación de obedecer tácitamente, o la determinación para hacer lo que fuera necesario, independientemente de sus propios sentimientos. El teniente coronel Ethan Allen Hitchcock (67), quien actuó como inspector en la campaña de Scott en la Ciudad de México, fue más abierto en su postura en contra de la guerra. En una carta, en la que deja ver la influencia de sus estudios de Spinoza y Swedenborg, Hitchcock hace unas fuertes declaraciones antibélicas a su pastor en Nueva Inglaterra, Theodore Parker, sobre su malestar por lo que llama “abominable guerra”: 

Aprovecho esta oportunidad… para decirle que coincido con usted en su punto de vista sobre esta abominable guerra en la que nuestro país se ha involucrado con México. Desde mis propias observaciones y por el conocimiento derivado a partir de fuentes confiables, yo podría, si tuviera el tiempo, darle información que sería nueva para usted y que le harían confirmar las opiniones que se ha atrevido a expresar públicamente. Confieso humildemente que no quiero ser víctima de esta guerra sin antes expresar mi protesta contra ella, ya que la considero injusta de nuestra parte, innecesaria y perversa; que atenta contra los mandatos de la Constitución otorgándole ciertos poderes al Congreso. Estoy aquí no por opción, sino porque estando en el ejército es mi deber obedecer las órdenes que dicten los mandos superiores, hasta que el pueblo mismo cambie a esas autoridades. Nuestro gobierno como tal, solamente puede existir bajo este principio. Como individuo condeno y abomino esta guerra, como miembro del gobierno debo proseguirla hasta que a alguien le regrese a la cabeza el sentido de la justicia, aunque creo que sentiría con menos carga esta obligación si me pudiera conducir libremente y con justicia en este aspecto. (68) 

Frivolidad militar

Imagen 12. Gardner, Alex-(1864). General Ethan Allen Hitchcock, tarjeta de visita- (Library of Congress, digital Collection, Washington D.C.. LC-MSS-44297-33-188). 

Los soldados voluntarios se quejaban continuamente de lo que ellos percibían como favoritismo entre el ejército regular. El coronel William B. Campbell del 1er Regimiento de voluntarios de Tennessee, en una carta escrita cerca de Jalapa, declaraba que los voluntarios aparte de sus propios méritos nunca recibirían justicia de los oficiales del ejército regular: 

Jamás volveré a tomar un mando en el ejército si no es en el servicio regular, pues existe un enorme celo y oposición hacia los voluntarios. Mientras todo el control y el mando del ejército y todos sus departamentos estén en manos de los oficiales regulares, jamás se hará justicia a los voluntarios. La totalidad de los oficiales parece que se olvidan de que la victoria en la batalla de Buena Vista (La Angostura) fue de los voluntarios, reconocer eso destruiría al ejército; pareciera que no se alegraran del triunfo de nuestras armas, salvo que sea del ejército regular. Los soldados voluntarios tienen los peores lugares, tienen menos comodidades y privilegios que los soldados regulares, y de cualquier logro que se obtiene, el mérito se lo llevan los soldados regulares. Jamás volveré a entrar como soldado voluntario a menos que sea para defender mi tierra natal o mis más sagradas posesiones (69).

Desde el lado de los soldados regulares, otro furioso crítico acusó al general mayor Scott de favorecer a la élite de West Point a expensas de otros soldados de carrera. Samuel Henry Starr se enlistó como soldado raso y fue promovido a sargento de la Compañía G del 4º de Artillería el 26 de octubre de 1837, luego fue transferido a la Compañía A de Ingenieros en junio de 1846. A pesar de su pesimista reporte, se le nombró teniente 2º el 13 de julio de 1848, luego 1er teniente en 1851, y capitán en 1858, para luego retirarse con el rango de coronel en 1870. Recibió tres condecoraciones durante la Guerra Civil.

He dejado de lado la idea de ganar esa espada por considerarlo imposible pues, aunque pudiera, sin ayuda y solo, rodear a todo el ejército mexicano, y hacerlo mi prisionero de guerra, incluyendo a Santa Ana, no tendría ningún mérito, pues aquí nada cuenta si uno no es graduado de West Point. Hay mucha insatisfacción de la toma de Veracruz. Muchos, como yo, piensan que todos sus esfuerzos fueron en vano, al no haber sido tomados en cuenta por el Comandante en Jefe, tal vez porque quería llevarse él todo el mérito, y llegar a cuestas de los conquistados hasta la silla presidencial (70). 

Los nuevos reglamentos del ejército regular

Tan grave como cualquier otro problema, el más serio era el de los números. Era obvio que a fines de 1846 tenía que hacerse algo urgente para reforzar al ejército regular. A pesar de las medidas rigurosas para el reclutamiento, como reducir los requerimientos físicos y pagar $ 2.00 por persona a aquellos que se inscribieran como reclutas, los resultados no eran satisfactorios (71). En diciembre, el secretario de Guerra admitió en su reporte anual que el ejército estaba con 7,000 hombres por debajo de los niveles autorizados (72). Ante un Congreso al que solo lo movían los motivos económicos parecía más viable pedir que los estados siguieran aportando más regimientos de voluntarios que pudieran ser regresados rápidamente al término de la guerra (73). Cuando el presidente solicitó diez regimientos adicionales de soldados regulares, las discusiones políticas ensombrecieron rápidamente el panorama. Un Whig escribió: “Los regimientos se llenarán con demócratas de Polk” (74). Después de un largo período de indecisión, sobre todo en el Senado, el Congreso aprobó el 11 de febrero de 1847 la llamada “Propuesta de los 10 regimientos”. Por medio de esta se autorizaban 10 regimientos para servir durante la Guerra, pero no más allá de su término (75). A cada recluta se le prometieron 100 acres de tierra si terminaba su labor con honor. Dado que pocos oficiales sacrificarían sus carreras para ser transferidos a un regimiento que desaparecería al final de la guerra, los 10 regimientos fueron comandados, en general, por oficiales novatos (76). Algunos de ellos eran “hombres muy jóvenes, y con muy poca preparación” (77); otros habían sido catalogados en los informes de la última guerra como “reservas” que habían servido en la milicia y renunciado para integrarse a la vida civil, pero que de nuevo estaban listos para ser comisionados.

Además de que los reclutas eran “generalmente hombres muy apuestos” (78), los soldados regulares experimentados se referían a ellos como “crudamente frívolos”. En un comentario acerca de la calidad del 3er Regimiento de Dragones, que era uno de los diez nuevos regimientos, el coronel William H. Harney, comandante de la Brigada de Caballería, escribió al adjunto del general Scott:

 78 – Ibíd.

El tercero de dragones fue puesto bajo mi mando el diez de julio en Puebla. Los oficiales y los hombres eran perfectamente ignorantes de cualquier asunto relacionado con la instrucción militar y la disciplina. Desde entonces he hecho lo humanamente posible para inducir a los oficiales para que aprendan sus deberes, y para que instruyan a sus hombres, pero hasta ahora los resultados han sido muy pobres. Los oficiales están cerca de ser unos caballeros y los hombres son tan buenos como cualquier soldado del ejército regular, pero los oficiales requieren de disposición para aprender sus deberes, y parece que no tienen ningún orgullo por su profesión ni por sus compañías. Bajo estas circunstancias, llevará mucho tiempo hacer eficientes a estos oficiales y soldados (79). 

Raphael Semmes, entonces un teniente de la Marina, destinado a ser el comandante de Alabama en la Guerra Civil, se dio cuenta de que los oficiales de los “nuevos regimientos” eran más astutos para la política que para las maniobras militares:

El general Franklin llegó a Puebla al mando de dos mil quinientos hombres, incluyendo un destacamento de trescientos marinos, bajo el mando del teniente coronel S.E. Watson. Estos hombres, con excepción de los marinos pertenecían todos a los diez nuevos regimientos que han sido autorizados por el Congreso tan pronto dio comienzo la guerra (sic. 11 de febrero de 1847). Muchos de los oficiales de estos regimientos eran evidentemente gente de ciudad, que necesitaban de arduos entrenamientos y disciplina para poder llegar a ser considerados útiles. Sus uniformes parecían haber sido hechos por el sastre del pueblo. Cuando llegó el momento de reunirlos miraban a sus caballos con recelo y no sabían cómo portar sus armas ni sus sables, como caballeros muy inteligentes, que más bien parecía que estaban en una carrera de caballos o en una demostración, pero que evidentemente tenían poca familiaridad con barracas o campos de batalla. Lo más vergonzoso era tener que desacreditar las elecciones que los oficiales veteranos habían hecho al seleccionar estos regimientos –con el consecuente disgusto general-.No es que esos oficiales esperaran que los civiles se quedaran fuera, sino que se esperaba que por lo menos reunieran un mínimo de capacidad. Olvidaron por un momento que no eran políticos, destinados a ser alabados, sino patriotas que estaban defendiendo a su país, que habían sido removidos de los precintos de las urnas para enviarlos a un cuartel. (80)

A pesar de las fricciones con los “frívolos” soldados regulares, se constituyeron en una fuerza de pelea admirable. Tras largas horas de entrenamiento, y con una adecuada organización, se formaron regimientos como la 2ª División del general Worth, que estuvo en la batalla de Monterrey y que sorprendió hasta a los voluntarios. Uno de estos era el capitán John R. Kenly, de la compañía E del batallón de Baltimore y Washington (81), quién escribió:

Por la mañana escuche que a la División del general Worth (82) se le había ordenado regresar a acción en el lado oeste del pueblo (Monterrey) y que estaban ya en marcha. Fui a su campamento y los vi partir; los hombres tenían una moral alta, y esa división de tropas regulares presentaba un aspecto que nunca se borrará de mi memoria. Era entre militar y marcial, se veían tan limpios, sus armas y aparejos tan bellamente ordenados, que todo mi entusiasmo por los soldados fue grandemente gratificado. El batallón de artillería (83) llamó particularmente mi atención: “la artillería de las piernas rojas” (como eran llamados por la franja roja que corría por un costado de sus pantalones azules). Jamás un uniforme lució tan bien en un desfile militar (84). 

Profesionalismo de los soldados regulares

El general Mayor Winfield Scott, en una carta al general William L. Macy, secretario de Guerra, describe la contundente eficiencia de un regimiento de soldados regulares al realizar las funciones diarias de campo, en amplio contraste con la falta de cuidado y menor eficiencia de los voluntarios de su ejército: 

Los controvertidos voluntarios

Los soldados voluntarios (86), con prácticamente ningún entrenamiento, poca disciplina y mala organización, se encontraron de repente sufriendo las privaciones y peligros de la guerra y eran el ojo del huracán. Los soldados regulares los denominaban como “viles voluntarios”, y sus oficiales no los defendían de esos ataques. Porque sus servicios eran necesarios creían que podían ser peleoneros, petulantes, sin interés de aceptar ninguna disciplina, con apariencia de vagos, y algunas otras cosas más; todo eso era puesto en contrapunto frente al aburrimiento del campamento, los horrores de marchas absurdas, las enfermedades a las que se exponían, los errores de sus comandantes y su propio coraje en batalla.

Aparentemente no se les describe mucho. La ley del 13 de mayo de 1846 dedicada a los regimientos de voluntarios especificaba que no deberían tener los mismos uniformes que los otros cuerpos militares del ejército de los Estados Unidos. En lugar de la casaca azul y los pantalones de soldado, las vestimentas variaban de una compañía a otra y de un regimiento a otro (87). El batallón Baltimore (88) tuvo suerte porque estaba ligado a un regimiento del ejército y usaron orgullosamente su uniforme azul. Mientras que otros tenían “curiosos uniformes y sombreros”. Un observador, que solo firmó como “Dan”, en una carta al Charleston Mercury describió al Regimiento de Palmetto, Carolina del Sur, como un “desfile de pillos” y llegó a decir: “imaginen a 700 hombres, componiendo 10 compañías, cada una, a excepción de las de Charleston y Richland adornada con rojo, azul, verde, a cuadros y camisas blancas sobre sus “inmundicias”, capotes de Kilmarnock o sombreros de algodón blanco como cascos o cortados al modo antiguo, queriendo buscar protección de las consabidas tormentas, mientras que sus piernas lucían una variedad de botas, zapatos y calcetines! (89) “ Los “cazadores de Kentucky” (90) se llevaron la categoría de vestimenta más pintoresca, al igual que su título. 

Imagen 13. Anónimo, (1850). “Voluntario”.  En Taylor Hughes, John. Doniphan´s expedition. Cincinnati. J.A. & U.P. James, p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/198

El regimiento de caballería del coronel Humphrey Marshall consta de 100 hombres fuertes y marciales. Por lo general son hombres muy atléticos que montan espléndidos caballos, y su pintoresca vestimenta les da un aire romántico. El sombrero en particular es muy singular, es un castor deslucido en forma de tricornio adornado con estrellas y un lazo dorado. Usan la barba sin recortar, y traen botas arriba de los pantalones hasta arriba de la rodilla, armados con grandes espuelas en los tobillos pintadas de rojo. (91) Tal vez los voluntarios más llamativos por su apariencia eran los comandados por el coronel Alexander W. Doniphan (92).

Un joven observador, recién llegado a Nueva Orleáns, los describe como si hubieran llegado de una odisea que los hubiera llevado de Missouri hasta Santa Fe, de ahí al Río Grande a El Paso, después a Chihuahua, de ahí a Saltillo, Matamoros y finalmente a Nueva Orleáns:

La más grande atracción en el pueblo es el coronel Doniphan y su regimiento de voluntarios de Missouri que se hacen llamar “los Leones”, pero en mi opinión parecen más osos de las rocallosas que personas de Nueva Orleáns o cualquier otra clase de leones que yo haya podido ver. El coronel Doniphan parece un conductor. Mide seis pies y cuatro pulgadas, pesa cerca de 240 a 260 libras, tiene los dedos de cerca de 9 pulgadas, y sus pies van en proporción. Tiene el cabello rojo arena y se le hace como espinas de puerco espín. Sus hombres dicen que no le teme ni al diablo ni a Dios que lo crearon. Muchos de sus hombres parecen más bien gigantes que hombres, pues miden de seis pies a seis pies y cuatro pulgadas y media de alto, si puedes imaginar a un hombre de ese tamaño con una piel de venado, camisa de cazador y pantalones cosidos con el mismo material y una careta de piel de oso. Si puedes imaginar una gran porción de los hombres de ese regimiento, son una mezcla que nunca antes has visto y que no se parece a nada que conozcas. (93) 

Imagen 14. Grant, Jewet. (1850). “Coronel Alexander W. Doniphan, grabado ca 1846”, en Taylor Hughes, John, Doniphan´s expedition. Cincinnati, J.A. & U.P. James, p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/n5

El acuartelamiento de los nuevos soldados voluntarios

Imagen 15. Anónimo. (1846). Daguerrotipo del cuerpo de Voluntarios de New Hampshire desfilando en su partida hacia México (New Hampshire Historical Collection, 1974.045.08.011).

Mediante un comunicado de guerra, enviado apresuradamente al Congreso, y que se hizo decreto de ley el 13 de mayo de 1846, se le concedió al presidente Polk la autoridad para utilizar el ejército, la milicia, y las fuerzas navales contra México. En él, a la vez, se hacia una petición por “no menos de 50 mil voluntarios”; y el general de brigada John E. Wool (94), que había ganado fama en la batalla de Plattsburg, en la Guerra de 1812, fue nombrado para coordinar los varios puntos de acuartelamiento en el valle del Mississippi, al cual llegaron miles de voluntarios de Alton, Cincinnati, Louisville, y otros centros de reclutamiento.

En un reporte mandado al secretario de Guerra Marcy, escrito a finales de la primera semana de junio, Wool revelaba el tremendo desorden en que se estaba transformando la llegada de los voluntarios a los campamentos de reclutamiento: 

Cerca de mil voluntarios provenientes del estado de Ohio están ya reunidos en esta plaza (Cincinnati), y se espera que lleguen 500 a 600 hombres esta semana. La cuota requerida se dará probablemente en unos 10 días. La mayoría de los voluntarios ya está acá, pero no están organizados en compañías, como se supone que debería ser de acuerdo con la orden dada por el Gobernador del Estado para enlistarlos en el ejército de los Estados Unidos. Al parecer las compañías se están formando según se fueron apuntando los hombres. Cuando se completa la compañía, por su número, no por su organización, se les recluta como miembros del ejército al servicio de Estados Unidos. Una vez que se han concentrado, el Gobernador los organiza en regimientos y me los entrega. Ese es el estado en el que se encuentran los voluntarios de Ohio, por lo que seguramente tomara dos semanas más de lo planeado el poder llevar todo este trámite de organizarlos como regimientos y que estén listos para entrar al servicio. 

Los tres regimientos de Kentucky estarán listos en Louisville mañana, según me lo han reportado, y serán inspeccionados y reclutados por el coronel Croghan (95), tras de lo cual saldrá para Memphis con el fin de inspeccionar y reclutar las tropas de Tennessee donde se reporta que tres regimientos ya están formados.

Después de revisar las tropas en ese sitio el coronel Croghan procederá a enlistar el regimiento de Mississippi, que se reunirá en Vicksburg. El coronel Churchill ha sido enviado a reclutar las tropas de Indiana y de Illinois. Jefes de cuartel y comisarios han sido enviados con provisiones de los diferentes Estados a los diversos puntos de acuartelamiento para aprovisionar las tiendas del cuartel general y en cuanto lleguen los voluntarios darles alojamiento.

El coronel Yell (96) que está en su ruta a Arkansas me llamó esta mañana, para decirme que el presidente le había instruido para que se pusiera a mis órdenes y recibiera órdenes sobre el manejo de su contingente. Le hice ver que mis indicaciones no incluían a su Regimiento y que yo suponía que el recibiría instrucciones directas de Washington. Sin embargo, le recomendé que era mejor que preparara  su regimiento para ponerse en marcha tan pronto como pudiera. Mientras eso sucede voy a escribir a Washington para hablar sobre el particular. 

He escrito al general adjunto y le he informado de la conversación que tuve con el coronel Yell.

Debo partir para Louisville mañana por la tarde, y deberé ir a otras muchas partes donde se requiera mi presencia, y cuando haya acabado ahí regresaré a Cincinnati a tiempo para recibir al Regimiento de Ohio….

P.D. No he tenido noticias del teniente coronel Talcott (97) sobre la provisión de armas y equipos que se deben de dar a los voluntarios. Esto se debe solucionar y enviarse a los diferentes campos de acuartelamiento lo antes posible. Muchos de los voluntarios están muy ansiosos por partir hacia México. (98)

Los soldados voluntarios no cumplían con la imagen del militar perfecto. Samuel Ryan Curtis, adjunto del gobernador de Ohio, estaba consternado y se desanimó cuando conoció a los nuevos reclutas en Columbus:

Era tal reunión de chicos torpes y poco elegantes como nunca se había visto… Deberías de verlos cuando se les dio la primera orden: “¡flanco derecho!”. Si conoces a mi pequeño Henry cuando le doy la misma orden, bueno, él es un “veterano” comparado con estos. Espero que no le muestres esto a nadie. Nuestros Voluntarios de Ohio lo tomarían como un reproche. Y no quiero ofenderles con esto. No dudo que ellos tengan tanta experiencia como yo la tenía cuando apenas entré a West Point. Creo que debí de ser la burla de todos los cadetes mayores. Me acuerdo perfectamente de esa época. Yo estaba en la parte este de la barraca norte y podía hacer una reverencia de más de nueve pulgadas con la espalda firme y recta. No hay duda de ello. (99)

Una visión germana de las tropas fue dada por Alexander Konze (100), un inmigrante alemán y reconocido escritor de la prensa de habla alemana en Milwaukee, que se unió a los voluntarios que habían sido llamados a su reclutamiento. Su visión sobre sus compañeros de armas fue benévola, pero no pudo evitar hacer una comparación entre el desorden y la torpeza de los soldados americanos y la pulcritud y disciplina de la vida militar alemana.

Pero no se desanimó ya que, después de todo, algunos americanos por lo menos se estaban dejando crecer la barba: 

Como es sabido, Alton es el campo donde se concentran los voluntarios de Illinois y créanme el lugar está muy bien elegido, es de fácil acceso por vía fluvial por los ríos de Mississippi y de Illinois, en la cercanía de una gran ciudad como San Luis, y el panorama es bonito. Todo esto lo convierte en un muy buen sitio de reunión. Han llegado cerca de treinta compañías y el regimiento Baker de Springfield (101) está por llegar hoy. Muchas divisiones están acuarteladas en el pueblo mismo y muchos soldados han ido a un campo que está a cerca de una milla de Alton.

La vida dentro y fuera del pueblo tiene mucha actividad, uno se encuentra en este sitio donde miles de jóvenes, la mayoría sin educación alguna, han sido confinados en un área relativamente chica y, sin embargo, no existe ninguno de los excesos ni libertinaje que hacen de los campos de reclutamiento europeos un espectáculo desagradable para el espectador. Los castigos se aplican muy rara vez y las costumbres de las personas los controlan más que lo que lo hacen las leyes y las normas estrictas en cualquier otra parte. Es la bendición de tener una Constitución libre, bajo la cual cada hombre aprende como auto gobernarse y no depende de un hombre que esté más alto para que domine sus pasiones con miedo esclavizante. Viéndolo exclusivamente desde el punto de vista militar, el prospecto luce mucho menos brillante. Mis compañeros de armas están muy alejados, por no decir que no tienen ninguna experiencia en el uso de armas y sus uniformes son meros remedos. Hay coroneles que andan por ahí en abrigos desgastados y con pantalones inadecuados de un color que ya no se distingue. Muchos capitanes dirigen sus tropas usando zapatos y una vez pude ver a uno con las mangas arremangadas, presentando sus hombres a su coronel. Los oficiales, a los cuales ha guiado la ambición, son los menos adecuados para merecer respeto pero están más conscientes de esta ventaja, no se cansan de preparar sus espadas, de probar su filo y limpiarlas. La forma tan provinciana de verse y de comportarse de estos “señores de la guerra” solo puede ser descrita por este observador. Sin embargo, existen oficiales y compañías que ya pintan para tener un aire marcial, y de manera general la psique de los soldados es poderosa y decidida. Algunas veces yo mismo me siento menos, como cuando un leñador de siete pies de alto se para junto a mí, pero me consuela saber que en la batalla tendré la ventaja de que estará a mi lado.

Los uniformes, que son diferentes en cada compañía, consisten en chaquetas cortas o abrigos, usualmente azules o grises con vivos amarillos o rojos. La ropa más bien parece de verano, no hay telas gruesas, no he visto prácticamente otra arma que mosquetes, aunque algunas compañías están provistas de rifles largos y dagas que sólo tendrían sitio en un museo de curiosidades. Por cada seis hombres hay una tienda que desde lejos se ve bonita, pero que sería mucho más si fuere más espaciosa y no tan caliente. La colina donde se han instalado las tiendas está llena de robles así que es un lugar muy bien sombreado. El campamento presenta un aspecto que no sería despreciable a ningún pintor a excepción hecha de que el artista sea amante de la música, dado que las desentonadas notas de flauta y tambores que hacen estos hombres lo harían salir huyendo.

El destino de las tropas de Illinois, tal y como se sabe hoy, parece ser el Río Grande y se espera que el senador Semple (102) se haga cargo de ellas esta semana. La compañía de la cual formo honrosamente parte es la primera de Belleville del condado de Santa Clara y se les llama los Rangers de Texas. De entre sus 94 miembros solamente hay 19 americanos por nacimiento, el resto son alemanes; de entre los oficiales solo el primer teniente es americano, dado que nuestro excapitán Morrison ha sido ascendido al grado de mayor. La capitanía la ha ocupado Julios Raiht que es alemán, así que las fuerzas heroicas con las que se pretende defender Texas honrarán el nombre de Alemania para humillación de los nativos. De entre los miembros de la compañía hay personas espléndidamente educadas, de las cuales el mayor Morrison (103) se expresó muy bien cuando me dijo: “Se sientan a discutir temas de metafísica”. 

Antes de terminar, me gustaría decir algo que me parece de relevancia en este momento histórico. Los americanos están comenzando a dejarse crecer el bigote y algunos de ellos logran poseer unos envidiables. Yo veo en esto un buen síntoma de que está desapareciendo el puritanismo extremo que es la maldición de esta tierra. Mis más grandes saludos a los muchachos de Milwaukee.” (104)

Falta de disciplina entre los soldados voluntarios

Imagen 16. F &S Palmer. (1846). “As you were…” (A pesar de…), caricatura de los soldados voluntarios de Texas, señalando la diversidad cultural y poca preparación de los soldados voluntarios de Texas  (Library of the Congress, Digital Collection,  Washington D.C.  LC-USZ62-1272)

En general las opiniones acerca de la conducta de los soldados voluntarios varían mucho, sin embargo hay una constante: su falta de disciplina. Esto era probablemente inevitable dado que era un ejército de civiles, creado cuando el individualismo rampante era patente, mucho más que solo ser un valor político. Un oficial señaló que muchos de los reclutas del batallón de Baltimore “Han sido marinos, bomberos, pescadores, etc., que no están acostumbrados a ninguna disciplina, son inquietos, solo quieren estarse divirtiendo y son muy difíciles de controlar en el campo…”. (105) Era imposible transformar a un “americano libre” en un soldado solo por el hecho de haberlo enlistado. Ellos deberían “pelear como tigres hasta no ver la bandera de las barras y las estrellas ondear sobre las murallas de México…” (106), pero, como no había aún mucha pelea que dar, estaban muy impacientes.

Aún antes de que dejaran sus campamentos ya circulaban varios chismes de “su propensión a la indisciplina”, lo cual apareció en los periódicos de Cincinnati y Louisville  y fue reimpreso por diarios como el Nile’s Nacional Register:

Campo Washington (Cincinnati). Estamos satisfechos de decirles que uno o dos regimientos de voluntarios saldrán esta semana. En cuanto más rápido se marchen, mejor. La situación que ha existido en el campamento es una verdadera desgracia para todos aquellos que la han presenciado. El domingo había un clima de insubordinación (ayudado por el alcohol), sin que cualquiera que quisiera imponer la ley y el orden fuera tomado en cuenta. Las tropas a las que se les había pagado por la mañana dos meses de salario adelantado no hacían sino pensar en donde podrían gastar su dinero.

Nos duele mucho ver la predisposición al desorden y a los excesos, manifestada por los ciudadanos soldados voluntarios en servicio. Las compañías en Louisville han dado muchas muestras de tener un carácter inapropiado, en donde cuchillos, pistolas y otros instrumentos (armas) sureños han tenido que ser decomisados. El señor Marshall (107) casi pierde la vida en un intento por detener una de estas peleas.

El Louisville Journal del 29 de junio dice: “hubo otro penoso incidente entre ciudadanos y voluntarios ayer por la tarde en la calle Green. Se sabe que un hombre llamado Davis fue tan seriamente golpeado por los voluntarios que se teme por su vida. La policía llegó rápido al lugar de los hechos y numerosos ciudadanos se unieron a ellos. Pierce Buttler (108) y el coronel McKee (109) contuvieron a la multitud, que se dispersó después. Uno de los voluntarios, el principal actor en esta gresca, fue puesto en la cárcel”. (110) 

Selección de los oficiales de los soldados voluntarios

El que hubiera un sentido de igualdad, ausente en el ejército regular, contribuyó a la indisciplina; los oficiales eran superiores en rango, pero no en aptitudes. Este hecho era aumentado porque el ascender a través del escalafón, de acuerdo con las leyes estatales, debería de hacerse por la elección de los propios hombres que formaran el batallón, y si hubiera una sospecha de que este derecho sería anulado las protestas no tardarían en surgir.

El St. Louis Republican protestó sobre un ex miembro del Congreso, Sterling Priece, que organizó un regimiento en Missouri y fue acusado de presionar para ser elegido coronel, amenazando al regimiento con disolverlo si no lo elegían. Había revancha política en esto (111), pero los oficiales de los tres regimientos de Illinois también descubrieron que la administración de Polk y los miembros del Congreso consideraban las comisiones militares sinónimo de dádiva. El diario de St. Louis presenta así el caso:

La elección de los oficiales frecuentemente daba como resultado inconformidades y protestas por fraude, que no solamente sostenían aquellos que habían perdido y que habían sido nominados por sus compañeros. Por ejemplo, en el 2º Regimiento de Voluntarios de Indiana el coronel Joseph Lane, que era quien mandaba ahí, fue promovido a general brigadier y asignado para controlar la brigada de Indiana. La elección se realizó en el campamento Withcomb, cercano a New Albany, en donde el capitán W.L. Anderson, de los “Grises de Spencer”, recibió la más alta cantidad de sufragios; pero debido a que los votos de la compañía del capitán Walter no fueron contabilizados, ya que no llegaron a tiempo, el capitán William A. Bowles fue elegido coronel. Las tres compañías se negaron a firmar sus certificados de elección, otra más se hizo cuando los soldados llegaron a México (Brazos Santiago) y Bowles fue electo, pero no pudo tomar posesión hasta que recibió su nombramiento (113). Un acontecimiento de índole electoral que fue muy significativo fue la “revuelta” de una compañía del condado de Covington, Mississippi. Cuando la elección del primer teniente no les favoreció, abandonaron el ejército y regresaron a sus casas, solo para ser regresados por un frente ciudadano de su condado. El general Scott les concedió permanecer solo como “aficionados” que eran más o menos independientes. Fue una solución innovadora y a la compañía se le llegó a conocer como “los hagan lo que quieran”. Su historia fue relatada por Kenneth McKenzie, nativo de Mississippi y parte de los “Muchachos del Condado de Covington”, quien se unió a la revuelta, pero no fue a México con la compañía. Así lo describe en una carta a Duncan Mc Laurin de Carolina del Norte:

No sabes cuantos de nuestros voluntarios se enlistan por menos de 12 meses, mucho antes de que acabe la guerra. Creo que puedo aclararte el asunto. Te daré los detalles de cómo se formó nuestro cuerpo. Nos encontramos muchas veces en nuestro propio condado e hicimos lo que pudimos, luego fuimos al campo militar de Laurence, Monticello e hicimos algunas cosas más. Supimos que 30 hombres estaban listos para unírsenos en Gallean, el campo de Copiah. Ahí se cubrió la cuota para formar la compañía. Por orden expresa del Gobernador Brown se nos envió a Jackson sin ningún oficial al mando. Ahí se nos indicó que elegiríamos a nuestros oficiales. Elegimos como capitán al asistente del general Benjamín C. Buckl pero por aclamación los “Muchachos del Condado de Covington” escogimos al primer teniente, pero la elección dolosamente fue anulada, nos revelamos y deshicimos la compañía a causa del fraude realizado por la máxima autoridad del estado, el Gobernador Brown. Yo mismo fui testigo de su actitud deshonesta y estaba plenamente consciente de ello. Regresamos a casa completamente en insatisfechos. Se había reunido un fondo de varios miles de dólares para beneficio de los voluntarios de Covington, el cual los mencionados aceptaron. Yo iba a aceptar ese dinero, pero me detuvo el que lo supieran mis amigos y mis padres. Ahora los chicos están por su cuenta pero fueron retenidos por el general Scott para acallar sus protestas, y cuando quieran renunciar deben venir a Nueva Orleáns a expensas del gobierno (114). No estoy de cuerpo presente con ellos, pero de forma espiritual sí y te digo de corazón que he derramado lágrimas en silencio por sus vidas y por sus sufrimientos y por todos los que han dejado (115).

Veamos un escrito hecho después del incidente por el hermano de Kenneth McKenzie, Daniel C. McKenzie, quien se encontraba en México:

Después de que te escribí desde Tampico, el general Scott llegó con una solicitud mediante la cual se nos permitía entrar a cualquier porción del ejército de voluntarios como “simpatizantes” por cualquier lapso de tiempo que deseáramos, con la oportunidad de intercambiar con otros y tener todos los beneficios de los oficiales sin rango; por ejemplo, podríamos comprar cualquier cosa en la tienda del cuartel como comida, lo cual no les está permitido a los soldados rasos. Pagaríamos por nuestro transporte, no recibiríamos paga y no tendríamos que realizar ninguna labor de soldados, al menos que nos enfrentáramos cara a cara con el enemigo… Solamente he estado en una batalla en México que fue la de Veracruz, en esa escaramuza yo diría que la pase muy mal. 16 georgianos y 7 de nosotros tuvimos que contender contra un regimiento de criaturas morenas comandadas por el general Juan Morales. 116

Valoración de los voluntarios como soldados

Característicos de los juicios descalificativos hacia los voluntarios, son los que dan el teniente Thomas Williams del 4º de Artillería y el Mayor Luther Giddings de los Voluntarios de Ohio. Williams los juzgó no dándoles ningún mérito:

El ejército está en buenas condiciones y dispuesto a seguir adelante. Algunos de los voluntarios, sin embargo, no saben distinguir ni siquiera las partes de su mosquete, pero los soldados se encargarán de todo. Si los bravos voluntarios corren al primer disparo nunca regresarán a casa como héroes, aunque estos asuntos de reputación se arreglan fácilmente hoy gracias a los escritores. 
Es un hecho notorio del ejército aquí que los voluntarios de Baltimore que han sido aplaudidos y que han recibido las gracias de la legislatura de Maryland, por su conducta en Monterrey, sean tan poco aptos para el combate. La mayoría salió corriendo y dejó el cadáver de su coronel ahí tirado. Los militares jamás hubieran hecho eso. ¡Como pudieron hacer eso! Ellos que quieren tener todo lo que constituye a un verdadero soldado. Estoy seguro de que los civiles concuerdan conmigo en que el abrigo no hace al hombre.
Este es el sentimiento popular, y los demagogos lo propagan para ganar votos. Si el país no deja de enviar voluntarios se va a crear una deuda enorme comparable a la que tenemos con Gran Bretaña. Son inútiles, inútiles, inútiles –son un caro desperdicio- buenos para nada. (117)

Los Rangers de Texas

El Mayor Luther Giddings, del 1º de Voluntarios de Ohio, veía a los Rangers de Texas (118) de una manera diferente. En un libro, que se publicó cinco años después de que terminara la guerra, escribió:

El ejército de voluntarios está compuesto principalmente de jóvenes que recién han alcanzado la edad en la que el entusiasmo de la juventud y el vigor de la virilidad se juntan. La “Guardia Juvenil” de Napoleón no tenía en sus filas tanta energía, valor y arrojo, que el que se encuentra en este grupo. Ha habido soldados en varios regimientos a quienes he conocido cuando éramos todos jóvenes, quienes contemplaban el prospecto de una campaña ardua con mayor gusto del que jamás encontraron en recitar Tucídides o Juvenal. Para muchos de ellos, una batería era un lugar más deseado que estar ante un pizarrón y estoy convencido de que muchos de mis ex compañeros de clase se han lanzado a la tarea con mayor ahínco que el que tuvieron para demostrar el pons asinorum de Euclides.
Muchos espíritus aventureros, que fracasaron en obtener un puesto decente en la infantería y que estaban decididos a participar en la guerra, aunque fuera como soldados rasos; atraídos por la escasa disciplina, y porque el servicio en la caballería Texana era demasiado peligroso, se hicieron Rangers. Había dos regimientos de tropas texanas en el ejército, comandados por los coroneles Hays (119) y Wood (120), pertenecientes a la brigada del general Henderson (121). Su conocimiento del carácter del enemigo, su familiaridad con la frontera adquirida por largas luchas, les daban un gran valor durante la invasión. El carácter de los Rangers de Texas es bien conocido por amigos y detractores. Dado que es un soldado a caballo no tiene comparación con ningún otro país, ni con ninguna otra época. Ni los Caballeros, ni los Cosacos, Mamelucos, ni los Mosstroopers escoceses son como ellos, pero de algún modo tienen elementos de todos. (122)

Imagen 17.  Anónimo: Ranger de Texas (caricatura). En Harper`s Review, julio de 1861. Recuperado de: http://www.sonofthesouth.net/leefoundation/civil-war/1861/july/texas-rangers.htm

De todos los voluntarios los Rangers fueron los más controvertidos, pero en lo que todos coincidían era en que se trataba de hombres desaliñados, indisciplinados, brutales hacia los mexicanos, devastadores como guerrilleros e invaluables como exploradores. Brantz Mayer en su “Historia de la Guerra entre México y Estados Unidos”, publicada en 1848, describe a estos texanos montados:

RANGERS DE TEXAS… Eran los más rebeldes e inquietos hijos de la frontera, que siempre vivieron en una especie de guerra entre los ataques de los indios y los asaltos de los pillos mexicanos que arrasaban los asentamientos del oeste de Texas en las cercanías de Guadalupe, La Vaca, y San Antonio. Se organizaron en compañías para su mutua defensa a lo largo de la frontera. Vivían continuamente preparados para la batalla o estar en un campamento, y estaban siempre peleando contra el enemigo más allá de las fronteras de la civilización.

Como es de suponer, estos hombres que habían pasado su vida en el bosque, en el llano, o alrededor del fuego, en invierno no podían presentar el aspecto gallardo de las tropas en un desfile; además son descuidados en su aspecto y adaptan su ropa estrictamente a lo que es funcional para la batalla. Su preocupación primordial es proveerse de un caballo fornido y ágil, capaz de aguantar la fatiga y el clima del sur. Su sable español es cubierto cuidadosamente por una funda de piel y a sus lados tiene una serie de cordones de donde penden todos los artefactos que necesita para sobrevivir en el bosque. No se le permite llevar equipaje, un lazo trenzado y un cavaros de crin es enrollado alrededor de su silla de montar, para desenrollarlo más tarde al dormir y puesto en el suelo para formar círculos que no dejan pasar a las alimañas porque al rozar con su áspera textura desisten de su intento. Mientras que su caballo amarrado con un lazo más largo puede caminar alrededor sin apartarse nunca de su amo. 

Polainas de gamuza fuerte, camisa cazadora y capa lo protegen de las espinas de cactus y maleza. Sus armas tienen su atención casi tanto como su caballo, su largo y pesado rifle carga de 50 a 60 balas. En su cintura lleva un cuchillo y a veces un juego de pistolas son agregadas a esta poderosa armadura. En su lado derecho carga la bolsa de las municiones y el cuerno de la pólvora, y la tira de la cual cuelgan estas está acolchonada en el hombro para aligerar la presión de las pistolas. Como es un tirador muy preciso puede disparar aún en plena cabalgata y acertar. Se puede decir que es un escogido, pero no en el que se usa en el lenguaje militar. De ninguna manera escogió ser soldado, sino un hombre rudo que ha encontrado su lugar en la frontera y que se alía con otros a causa de la peligrosa vida a la que se enfrenta. (123)

Un grupo de historiadores hispanos a principios del siglo XXI lanzó el Proyecto “Negándose a Olvidar”, para colocar en la memoria pública de Estados Unidos las matanzas de mexicanos, tejanos e indígenas,registradas a manos de los «Rangers de Texas»; sobre todo las mejor documentadas, que fueron las que hubo entre 1910 y 1920, con investigaciones que revelan la existencia de un oscuro capítulo histórico de limpieza étnica.

Los Rangers mataron a cientos, posiblemente a miles, de mexicanos y tejanos de origen hispano residentes del sur de Texas. Algunas de las víctimas eran bandidos que delinquían en el lado estadunidense, pero muchas de ellas fueron personas inocentes. Los especialistas persuadieron a la Comisión Histórica de Texas de erigir marcadores conmemorativos en los sitios en que ocurrieron las principales matanzas del conflicto que enfrentó a texanos contra los “tejanos”, como se les conoce a los residentes de Texas de origen mexicano.

Esta parte de la historia importa porque el Estado nunca ha asumido la responsabilidad de las masacres. Hay una gran disparidad sobre el número de víctimas del genocidio, debido a la naturaleza extralegal de la violencia y a los intentos de sus autores por no dejar ningún registro oficial incriminatorio.

Múltiples historias de asesinatos individuales se han ido pasando a través de las familias originarias pero este periodo no ha llegado a los libros aún, es una tarea la recuperación de esta vergonzosa memoria para el futuro.

Virtudes y defectos de los soldados voluntarios

S. Compton Smith fue cirujano (124) en el ejército del general Taylor en México. Después de la guerra realizó un juicio muy justo sobre las virtudes y defectos de los voluntarios, incluyendo a los Rangers:

Las primeras fuerzas de soldados voluntarios que, en obediencia a los mandatos en los diferentes estados, se apresuraron para reforzar las tropas del general Taylor se conformaron de muy distintos elementos de las que se enviaron hacia el final de la guerra.

Las primeras estaban impulsadas por motivos generosos, no por sentimientos mercenarios. Eran los mejores hombres del país, en su mayoría jóvenes, muchos de los cuales provenían de las mejores familias, eran instruidos y refinados.

Era posible encontrar entre las filas del ejército a caballeros que portaban sus rifles como soldados rasos, y no era raro que un soldado raso saludara a su comandante mientras hacía una ronda, cosa que de estar en circunstancias normales jamás hubiera sucedido, ya que se movían en diferentes mundos. Ellos eran valientes y llenos de decisión, que no se ensoberbecían por sentir que todos los ojos y esperanzas de la nación estuvieran puestos en ellos. Cada uno de ellos tenía muy claro su sentido de responsabilidad para con su nación y sabía que sería el único en que podía descansar su propia responsabilidad. Así eran los regimientos armados de Texas y Mississippi, los de Luisiana y los de los estados sureños, los de Kentucky, Tennessee Illinois y Ohio. También es cierto que muchos otros regimientos que llegaron a México después de la batalla de Monterrey estaban muy bien dispuestos, compuestos por buenos elementos que los comandaban bien. De todos los voluntarios sureños del ejército del general Taylor, los de Mississippi y los hombres de los Rangers de Texas se distinguían entre todos. Ellos estuvieron en todas las batallas; Palo Alto, Resaca de la Palma, Monterrey y Buena Vista (La Angostura). Estas tropas eran inmisericordes. Escasamente una décima parte de ellos fueron enviados de regreso a sus casas, y los que así les aconteció fue porque estaban mal físicamente. Los primeros Rangers de Texas de los que hablo eran auténticos, los más valientes pioneros de esas tierras; son los hombres de Goliat y San Jacinto, cuyo deporte favorito eran las batallas a campo abierto con los incansables comanches. Ellos han medido sus armas con los mexicanos y tienen respeto por ellos. Los texanos saben de las debilidades de los contrarios y saben cómo tomar ventaja de ello. Pero muchos de los Rangers que llegaron después eran aventureros y vagabundos, cuyo único objeto era el pillaje. Como los pillos de Falstaff “de hecho nunca fueron soldados, sino rechazados, hombres sometidos a servicio injustamente, hijos y hermanos todos ellos, jóvenes – bodegueros, rebeldes, proxenetas sinvergüenzas cuyo comercio se había venido abajo, diez veces más execrables que lo peor de lo peor”. (125)

La pandilla de sinvergüenzas bajo el mando de “Mustang Grey” (126) era de esta calaña. Esta partida mató a casi toda la población de varones en el Rancho de Guadalupe donde ¡no se encontró ningún arma, defensa o resistencia! Su único objetivo era asesinar. (127)

Los caminos hacia la guerra

Cuando todo el ejército: regulares y voluntarios, oficiales y soldados rasos, héroes y villanos, estuvo, por fin, reunido debía ser trasladado al escenario de la guerra. Las tropas fueron enviadas directamente río abajo hasta el Golfo de México o directamente desde los puertos del este hacia a Brazos de Santiago, Tampico o Veracruz. Algunos fueron por tierra, atravesando Texas o por el camino de Santa Fe hasta Nuevo México y de ahí a través del desierto hasta la costa del Pacífico; otros tomaron la larga ruta rodeando Cabo de Hornos hasta California. 

Ocasionalmente, tuvieron experiencias singulares: “Durante el viaje atrapamos dos tiburones al llegar al Golfo, y después de destazarlos los sazonamos bien para comerlos. No había probado un pescado con mejor sabor en mi vida.”(128) Otros incidentes, aunque ordinarios, despertaron la curiosidad de los miembros del ejército: “Te escribí a Nueva Orleans que deberíamos llegar a Arkansas el día 14… La primera noche que estuvimos en el Golfo, se me informó que una mujer de las que acompañaban a la compañía se había enfermado, ¡pobre! Le di mi cuarto, y a la mañana siguiente ¡Había tenido un bebé! Este fue el segundo nacimiento que tuvimos mientras estábamos en camino. Ambas madres están bien y siguen haciendo sus trabajos de limpieza para mis hombres”. 

128 – T. M. Cook a William H. Leevis, 12 de octubre de 1847, Western Americana MSS, Beinecke.

Carne de tiburón y recién nacidos eran algo excepcional. Algo más común era la navegación hasta Nueva Orleans río abajo. Ciertamente no era un crucero de lujo pero, para algunos curiosos, la vida ribereña tenía cosas interesantes que mostrar. Desde luego había cierta insatisfacción debida en mucho al conflicto entre oficiales y soldados rasos. Cada uno de estos bandos tenía resentimientos contra el otro, y todos se auto justificaban. La fuente de la irritación estaba más en el sistema que entre los hombres. (129)

Llegar a Nueva Orleans era el fin del camino fluvial, las tropas eran acomodadas en la ciudad hasta que se les consiguieran transportes para que los llevaran por mar a Tampico, Veracruz o a los puertos texanos. La discordia tendía a incrementarse durante el trayecto. La razón era muy simple: los hombres querían ir al pueblo y los oficiales les negaban el permiso. Hubo también algunas quejas sobre las condiciones del campamento, pero estas fueron las menos, privarlos de la tentación de la ciudad era la queja may.

Imagen 18.:  Wells Champney, J. (1875) “Barco de vapor Gran República (1846)”. En King, Edward, The Great South; A Record of Journeys in Louisiana, Texas, the Indian Territory, Missouri, Arkansas, Mississippi, Alabama, Georgia, Florida, South Carolina, North Carolina, Kentucky, Tennessee, Virginia, West Virginia, and Maryland. Hartford Connecticut. American Publishing Co. xiv, [17]-802, [4] p., ill. number (North Carolina Collection, University of North Carolina at Chapel Hill C917 K52).

El capitán John W. Lowe, de la Compañía C del 5º Regimiento de los Voluntarios de Ohio (130), nos cuenta las peripecias de un oficial en un bote ribereño lleno de soldados cuando la Compañía C levantó el campamento y se embarcó en el Trenton, el 22 de septiembre de 1847. Él escribió esta carta el 26 de septiembre, solo cuatro días después de que había comenzado el trayecto: 

Los muchachos son muy descuidados y van a sufrir mucho por sus imprudencias; esta mañana se me enfermaron doce hombres, principalmente de fiebre y disentería, nada muy serio. Aún estamos en Memphis Tennessee, pero me temo que las cosas se pondrán peor cuanto más avancemos al sur. No hemos tenido ninguna noticia de cómo vayan las negociaciones para la paz desde que nos fuimos de ahí (Cincinnati), así que no puedo hacer ninguna especulación de cuando vayamos a regresar. 

(…) mis tareas son muy complicadas y ponen a prueba mi paciencia y me ocupan todo el tiempo. No te imaginas lo que tengo que soportar sabiendo que tengo a mi mando 80 muchachos salvajes, torpes y descuidados, a los que debo cuidar con la misma dedicación que si cuidara a miembros de nuestra familia. He estado sentado en mi despacho ¾ de hora y he recibido no menos de 15 a 20 llamadas de cómo se están comportando estos muchachos. Primero fue Bill Davis: “capitán quiero mi estuche para rasurar, se lo presté al teniente Howard (131) y lo perdió”. Lo hice salir y llegó otro: “El capitán Townsley está ardiendo en calentura, ¿Podría dar la orden de que lo trasladen a la enfermería?” Una vez que hice esto llega otro: “El capitán Turner no desayunó esta mañana y quiere algo de comer” atendí también eso; y llegó George Croshaw: “capitán me daría una hoja de papel, quiero escribir a mi casa” “con gusto George, aquí está… pero Ritchey ¿qué quieres tú?” “Bueno, capitán, es que el dolor de diente me está matando, ¿Quiere autorizar al doctor a que me lo saque?” “Si John aquí está el doctor, él lo arreglará” “¿Qué quieres tú, Wilson?” “capitán alguien me robó mi plato y mi taza” “Bueno sobre eso no puedo hacer nada, debes cuidarte tu solo” “Bueno, Blair, ¿Qué quieres tu?” “El agua del Mississippi y yo no nos llevamos, creo que me voy a enfermar” “Ve y consigue un vaso de agua y te daremos algo…” ¿Qué se puede hacer al respecto? Mi puerta está cerrada, y tomo de nuevo mi pluma para escribirte cuando suena de nuevo “Adelante, ¿Qué sucede?” “Ah, capitán, es que quiero pedirle prestados un par de dólares para comprarme calcetines cuando lleguemos a Memphis”…”Ah… ¿no tienes calcetines?”… “No, señor” “Acaso no te adelante 8 dólares en Cincinnati para que te compraras ropa?” “Sí, señor, pero lo que compre fueron pistolas”.

Y esto es cosa de todos los días. Me la tomo con filosofía porque esto me evita estar pensando en casa, pero cuando deseo estar a solas para meditar un poco es realmente engorroso. Los chicos son muy rudos pero no tan problemáticos como lo esperaba. Hay un asunto del que debo avisarte: antes de que dejáramos Cincinnati compré un sello para marcar a fuego y poner mi nombre en los postes de mi tienda, mangos de hacha, cajas, etc. El sello sólo dice J.W. Lowe, Los chicos lo encontraron en mi ausencia y marcaron sus mochilas (en las partes de piel) la parte de enfrente de sus capas y los mangos de sus cuchillos, así que si te llega un reporte de que alguien fue asesinado con alguna cosa que tenga mi nombre no concluyas que se trata de tu esposo, sino que era de alguien de mi compañía. Esto te va a evitar pasar por muchas penas. (132)

Abusos durante la ruta

El capitán Lowe escribió de los abusos que hubo por la irresponsabilidad de quienes estaban a su cargo. Alexander Konze, un voluntario alemán de Wisconsin, hablando por los soldados rasos, más que disgustado, estaba furioso:

Nuestro viaje río abajo del Mississippi fue rápido y exitoso, aunque tuvimos que lidiar con algunos contratiempos. El espacio reducido en el que se nos confinó, el calor en el barco, el agua caliente del río que teníamos que beber para calmar nuestra sed y, encima de todo, la conducta inapropiada de los oficiales sobre sus subordinados, todo esto hizo que el viaje no fuera tan placentero. Nuestros valiosos superiores, quienes recién han aprendido algo de ciencias militares, tan limitados como podría esperarse de un filisteo, parece que al fin de cuentas se percataron de que el soldado común está muy por debajo de ellos y por lo cual no merece que se molesten en nada que le concierna. Estos caballeros, que alcanzaron esas posiciones gracias al voto de los propios soldados, se la pasan gozando de la vida en grandes salones mientras que sus camaradas son sometidos a toda clase de desagradables privaciones. Permítaseme relatar un hecho específico que ejemplificará lo que digo.

Mientras que a los soldados se les prohibía tomar cualquier clase de alcohol en los barcos, aunque estuvieran en el bar, los oficiales se ponían “contentos”, aunque no necesitaran descansar ni distraerse como nosotros. La única cosa que sus graciosas majestades nos dejaban beber era “limonada”, hecha con hielo, agua y las rodajas de limón y cáscaras sobrantes de lo que se había usado para hacer las verdaderas limonadas de los oficiales, y para tener esta asquerosa bebida el soldado común debía de pagar 10 c. por vaso. El mismo precio que los oficiales pagaban por el mejor ponche de clarete o madeira. Eso, puede imaginarse, haría que mis sueños republicanos se disolvieran rápidamente pero el trato con mis compañeros y algunas cosas que sucedían me confortaban un poco. En Nueva Orleáns, nosotros, pobres diablos, nos repusimos del viaje por el Mississippi. Las deliciosas frutas sureñas, los vinos fuertes, las deliciosas ostras… ¡qué bien sabía todo esto a un paladar acostumbrado solo a consumir puerco!

Acampamos en un lugar que estaba como a cuatro millas de la ciudad, cerca del campo de batalla donde Packenham(sic)(133) cayó con sus valientes compañeros. Nuestro comandante, el general Wool (134), para proteger a la flor de la juventud de Illinois de los peligros de la vida de un pueblo porteño, decidió que ninguno de los voluntarios debería de abandonar el campo. Y pomposamente anunció que se acababan los días de campo, que era hora de que nos enfrentáramos de manera seria a la vida de los guerreros. Tomamos la advertencia de su vieja excelencia de tal manera de corazón que muchos de nosotros nos dedicamos a pasar más tiempo en la ciudad que en el campamento; mientras que los oficiales, que eran forzados a una dieta de hambre con café y pan, en verdad de lo que estaban hambrientos era de la “carne” que se ofrecía en la ciudad de Nueva Orleans y no hacían, ni querían por nada, obedecer estos mandatos. Después del aburrimiento de los primeros días, nos coronamos de laureles porque matamos un lagarto que era lo suficientemente grande para haber causado estropicios en el campamento. Finalmente abordamos varios barcos y partimos hacia La Bacca (sic, La Vaca). (135)

Diario de un soldado voluntario en su camino a la guerra

Imagen 19. Anónimo (1846). “Lo último de nuestro ejército” (caricatura). En Yankee Doodle-(New York, noviembre de 1846, p. 114 (American Antiquarian Society, Worcester, Massachusetts).  Ironiza sobre la necesidad vital de los soldados norteamericanos de comunicar por escrito a sus familiares sus experiencias en la guerra.

John Kreitzer, un soldado raso del primer regimiento de (infantería) de voluntarios de Pennsylvania, salió de Filadelfia el 9 de diciembre de 1846. Su diario (136), quizá demasiado idílico, es el recuento de tal vez uno de los más placenteros viajes hacia el campo de batalla a través de Pennsylvania, en tren, carreta y bote hasta llegar por el Mississippi a Nueva Orleans:

Miércoles, 9 de diciembre de 1846

(…) a las 8 en punto los vagones avanzaron despidiéndonos con vítores a los que nosotros respondimos. Los vagones aumentaron su velocidad y la ciudad del amor fraterno se perdió de vista. Durante el trayecto no sucedió nada interesante a excepción de que donde los vagones se detenían la gente tenía los bares y tiendas cerrados, gracias al primer destacamento y en especial a la “Pandilla Rowdy”, conocida también como “Los Asesinos”, por su comportamiento indigno de un soldado. Llegamos a Lancaster a las 2 y fuimos recibidos por el padre Wilt, que nos acompañó hasta que llegamos a Harrisburg. A las 7 fuimos escoltados a la armería de Harrisburg Riffle & Co., donde se nos sirvió algo de comer gracias a los ciudadanos del lugar. Después de hacerle justicia a los alimentos y a nosotros mismos nos formamos y marchamos al canal donde nos esperaban los barcos, pero debido a algunas dificultades regresamos a la armería donde por primera vez nos tocó dormir en el suelo. Algunos de nuestros compañeros solo durmieron un rato y se fueron de parranda a las calles de Harrisburg, Eurico. Ahí Danner y yo nos fuimos a la cama a descansar.

Jueves, 10 de diciembre de 1846 

(…) Dejamos Harrisburg en cuanto amaneció. En nuestro viaje pasamos los pueblos de Greensburg (137) y llegamos al transbordador de Clark, donde tuvimos que jalar el bote con una cuerda para cruzar el río. Estaba nevando como nunca he visto en mi vida… Hoy ha hecho mucho frío, ha nevado mucho, y sin embargo las personas son muy amables en estas heladas regiones, y lo hubieran sido más de no haber sido por la serie de crímenes que cometieron “Los asesinos” a todo lo largo del canal. Las personas dicen que llegan y toman lo que necesitan sin pagarles nada y si se atreven a protestar los amenazan de muerte.

Viernes, 11 de diciembre de 1846

Esta mañana llegamos al muelle de Lewistown. Se nos formó en doble fila y fuimos al Ayuntamiento donde el señor Insenbise nos dio una estupenda comida… Cuando acabamos el desayuno dimos tres hurras por los ciudadanos de Lewistown y tres por nuestro patrocinador. Después de eso nos fuimos al barco y desde que zarpó hurra tras hurra no dejaron de oírse hasta que al dar la vuelta en el canal perdimos de vista el pueblo… Hoy uno de los nuestros cayó al río, estaba tan frío que el pobre Henry temblaba como una hoja cuando lo sacamos. 

Sábado, 12 de diciembre de 1846

 (…) Hoy además de que nevó, hubo ventisca. No pude estar en cubierta porque el río estaba lleno de patos salvajes y eso se me hizo muy raro. Tanto como ver las cimas de la Montaña Azul y Jack Mountain cubiertas de nieve. Pasamos junto a otro bote donde iba la tropa del capitán Moorehad (sic) (138) y trataron de rebasarnos, pero nuestros compañeros pusieron a toda máquina y logramos vencerlos dejándolos atrás. (…)

Viernes, 18 de diciembre de 1846

Hoy todos en el barco nos despertamos muy temprano preparándonos para las elecciones. Cada hombre hará su tarea para elegir a nuestro capitán para ascenderlo a coronel, si es que podemos lograrlo. Si no deberemos someternos a la mayoría. La elección abrió a las 6 en punto y las peleas estuvieron a la orden del día. Nuestros compañeros peleaban como perros si alguien se atrevía a decir algo en contra de nuestro capitán. Todo el día se reservó para este asunto. Por la tarde, cuando la votación cerró, todo parecía que favorecería al capitán Small (139). Eso era lo que pensaba la mayoría de los oficiales. Pero, para nuestra desgracia, cuando se leyeron los resultados el triunfo lo obtuvo Francis M. Wincoop (sic Wynkoop) (140), Samuel W. Black para coronel y J.W. (sic Francis L.) Bowman para Mayor. Por la tarde los compañeros se dedicaron a beber, pelear y vagabundear por las calles para aliviar su pena. (…)

Domingo, 20 de diciembre de 1846

Esta mañana nos formamos y fuimos a la iglesia Presbiteriana donde escuchamos un excelente sermón. Los soldados asistieron con gran decoro (…)

Lunes, 21 de diciembre de 1846

Esta mañana nos levantamos una hora más temprano. Todos estuvimos muy ocupados empacando nuestras cosas para irnos de Pittsburgh a las 12 del día. Nos embarcamos en uno de los mejores barcos que navegan por el río, llamado el “Mensajero”. La compañía B (141) también vino con nosotros. Cuando todo estuvo listo, el sonido de la fiesta de despedida era ensordecedor, los cañones lanzaron cuatro tiros que hicieron temblar la tierra (…)

Martes, 22 de diciembre de 1846

Esta mañana al despertar no supe dónde estaba, escuché el motor del barco hacer su sonido a través del hielo y de pronto supe que estaba en el ancho Río Ohio. Todo ha pasado tan rápido y no ha habido ningún problema serio. El río es muy grande y está lleno de hielo, lo que es favorable para nosotros. Hay muy pocos patos salvajes que ver en estas latitudes. Hace mucho frío y ha estado nevando la mayor parte del día. Pero aún así los compañeros están muy ansiosos de ver el escenario de la batalla, lo cual es realmente grandioso. Aunque la tierra está cubierta de nieve hay partes de la orilla que no deben dejar de verse. La tarde la terminamos jugando cartas (…)

Miércoles, 23 de diciembre de 1846

Esta mañana vinieron algunos compañeros a avisarnos que había un grupo de ciervos en la rivera. Nos apresuramos y alcanzamos a verlos retirarse. El cielo está lleno de patos silvestres y el hielo flota. En nuestro paso vimos muchos poblados que se ven agradables. Muchas poblaciones tienen la bandera americana ondeando en nuestro honor, y en algunos agitan pañuelos blancos a nuestro paso. Una cosa es segura, todos tienen un pariente o conocido en el ejército. Hace frío pero no tanto como ha estado haciendo. Todo lo malo va pasando y el escenario se vuelve más interesante día con día. (142)

El suplicio de los fusileros del Mississippi cerca de Nueva Orleans

En algunas ocasiones el camino hacia la guerra fue tan mortal como el mismo campo de batalla. Tal fue el caso del 2º Regimiento de Fusileros del Mississippi. Un soldado del regimiento dijo: “Sesenta de los ochocientos cincuenta hombres murieron y casi todo el resto estaba enfermo, algunos quedaron ciegos” a causa del sufrimiento que padecieron. En Nueva Orleans el doctor Thomas N. Love, médico del regimiento, lo describe en un reporte: 

Seis meses antes de que nuestro regimiento entrara en servicio, tuvimos la pérdida de 167 por muerte, y 134 por discapacidad. Esto sería suficiente para investigar las causas que causaron tal destrucción en nuestras filas. El motivo de este reporte es hacer una breve historia de las epidemias que hemos sufrido y asimismo dar una historia de la tropa, de sus condiciones, privaciones, sufrimientos, el tiempo, el clima y todas las demás circunstancias que han tenido influencia en la salud de los hombres. 

Las diez compañías de voluntarios… se concentraron en Vicksburg entre el 2 y el 16 de enero de 1847. Durante la marcha de las respectivas compañías desde el sitio donde viven hasta el de la concentración el clima fue muy agradable, casi como si fuera el verano indio. Muchos de ellos dejaron sus casas sin proveerse con suficiente ropa, con el propósito de recibir lo que el gobierno les había prometido, pero muy pocos fueron provistos con ropa de lana y escasamente uno de cada diez con una franela. El Gobernador del Estado rentó bodegas que podían usarse como barracas para las compañías tan pronto se iban formando. Estas eran muy poco confortables para los hombres que estaban acostumbrados a las camas de plumas y a las casas tibias (…)

Los oficiales citaron con el efecto de organizar a los regimientos en un campamento situado a dos y media millas de Vicksburg, el cual un educado oficial llamó “Campo McClung”. Los hombres fueron apresuradamente reclutados sin haber sido sujetos a una revisión. El resultado de esto fue que muchos de ellos eran débiles, de constitución enfermiza y aun así entraron al ejército. Tan rápido como se les reclutó marcharon al campamento, el cual demostró ser una locación muy mal escogida, estaba situado en un banco del río, expuesto a que los vientos del sur y del norte los golpearan. Mucho antes de que los hombres hubieran logrado levantar sus tiendas o descansar para proseguir la marcha, el clima se puso inclemente. Todo el campamento se cubrió de lodo y agua. Las cobijas y la ropa de los hombres estaban mojadas. Los soldados jóvenes dormían en el lodo y en la tierra helada, expuestos a la enfermedad y a la muerte. Para empeorar las cosas comenzaron a comer la dieta del campamento.

El 10 de enero sucedió uno de los cambios más drásticos en el clima que recuerdo haber visto. La noche anterior todos los vientos del cielo parecían haberse desbocado, y torrentes de lluvia caían sobre el campamento. Temprano por la mañana el viento del norte arrasaba desde el nacimiento del Mississippi, trayendo una tormenta de aguanieve y granizo. La situación de las tropas se volvió desesperada. La inclemencia del tiempo fue tal que era imposible proveer de madera o alimento necesario con regularidad, algunos se enrollaron en sus cobijas chorreantes y se agruparon uno contra el otro en sus frías y poco confortables tiendas; otros se quedaban inmóviles junto a los fuegos humeantes calmadamente soportando todas las inclemencias de la tormenta, y unos más enredados en sus cobijas congeladas vagabundeaban por las calles sin amigos, sin hogar y sin casa. Las palabras no son suficientes para dar una idea del sufrimiento de nuestros hombres, ellos sentían que estaban a punto de congelarse hasta los huesos.

Las causas que he enumerado brevemente: fatiga, exposición a los elementos, alimentación y ropa insuficiente tuvieron consecuencias desastrosas como influenza, reumatismo, neumonía, y una enfermedad peor que todas ellas, la plaga de la gripe. En estas circunstancias el regimiento se embarcó hacia Nueva Orleans, nuestros hombres estaban postrados por docenas, sin medicinas y aun sin resguardo, y se les invitó a que pidieran que sus amigos les ayudaran. La situación de las tropas se volvió tan desesperada que fueron enviados lo antes posible al campo de batalla debajo de Nueva Orleans. Todas las compañías menos dos fueron transportadas entre el 13 y el 14 de enero, dos compañías se habían instalado en Vicksburg y no hubo medio de transportarlas hasta el 18. Los ciudadanos de Vicksburg recordarían con claridad las excentricidades del capitán que hizo marchar a su compañía en medio del fango y del agua, a todas horas, lo que produjo una mortandad más elevada que en ninguna otra compañía.

Durante el transporte de las tropas al campo de batalla sus sufrimientos se incrementaron, si esto pudiera ser posible. Cada día teníamos más o menos lluvia, el viento helado llegaba de todas direcciones. Los hombres eran amontonados en botes con sus mantas y tiendas empapadas, casi a la intemperie y sin lugares donde cocinar. Era tremendo ir caminado entre ellos por la noche y escuchar los incesantes tosidos de miles, y los incesantes lamentos de los enfermos sufriendo por el frío pidiendo ayuda.

Fue en medio de una tremenda tormenta, con vientos helados, cuando ellos erigieron sus tiendas sobre el campo de batalla y sobre una tierra inundada pusieron sus camas. El sol salió por una hora y a la siguiente los soldados tuvieron que enredarse en sus cobijas por el viento. A la hora siguiente tuvieron que refugiarse en sus tiendas por la lluvia. No había un solo pie ni pedazo de tierra seco en todo el campamento. El calor de los enfermos de fiebre vaporizaba a través de las cobijas empapadas, creando un vapor sofocante dentro de las tiendas.

En estas condiciones, el tratamiento médico era inútil y no fue hasta que el sello de la muerte fijó el destino de muchos de nuestros valientes soldados, a los que los oficiales gubernamentales pretendieron ofrecer la última asistencia, dándole a un soldado moribundo un colchón de paja y un sitio más abrigado que, por mucho, era mejor que en las condiciones que nosotros lo teníamos. Muchos de nuestros enfermos se tuvieron que pagar sus tratamientos en hospitales privados y en dispensarios. Los oficiales en sus confortables cuarteles bien acondicionados, y que deberían de haber trabajado para dárnoslos, solamente otorgaban el justo permiso a nuestros soldados para que buscaran en la ciudad un alojamiento para curarse. El traslado de los enfermos a los hospitales era una cosa tremenda.

En una ocasión más de 50 fueron llevados al hospital del Dr. Luzenberg (143). Primero se les llevó en cabriolé al río, ahí se les metió apretujados en una cabina de un bote, luego de ahí los llevaron de nuevo en cabriolé al tren metidos en los vagones y, por fin, cuando llegaron al hospital era casi la medianoche, muchos sufriendo de un reumatismo severo, así que cada intento por moverlos se transformaba en gritos de agonía.

El siguiente paso era trasladar a la tropa a los transportes, para lo cual habíamos esperado algunos días, aquí nuestra lista de enfermos seguía en aumento. La situación de la tropa era aún así mejor que en el campamento. Después de tres barcos, se habían juntado casi 800 hombres y sus tiendas, cobijas y ropa estaban aún empapadas. El clima era tan inclemente que era imposible secarlas. Los camastros se hacían de ramas de pino que estaban tan frías y duras como el mármol. En ellas se confinaban nuestros enfermos. No se permitían colchones de paja, además de que eran un artículo de lujo y estaban muy escasos y se cobraban hasta a un dólar por pieza. He visto a soldados enfermos delirantes enfurecer con locura y dando órdenes bajo el terror de la enfermedad, para al final desvanecerse sobre los rudos flancos de su transporte.

Al final todos nuestros enfermos fueron llevados del barco al hospital, y el 30 de enero partimos rápidamente en barco dejando la escena de la desolación, con la débil esperanza de que habíamos dejado atrás la calamidad. De hecho, dejamos a 80 de nuestros hombres que estaban destinados a nunca volver con nosotros. Pero la esperanza pronto se terminó. La nube negra de la enfermedad aún se abatía sobre nosotros. Los espacios de los barcos ofrecían escenas desastrosas aun para los más templados. La evaporación de las cobijas empapadas y tiendas se transformaba en grandes gotas en el techo. Los barcos pronto se llenaron con los enfermos. Los olores eran intolerables. Los enfermeros eran jóvenes e inexpertos. El mar se embraveció y los compañeros de los enfermos no pudieron seguirles dando cuidados, se quedaron sin nada que comer. A lo largo de la noche el barco, que se movía, hacía chocar a los enfermos contra los bordes de sus camastros haciéndolos que se hirieran. Los gritos salvajes de los delirantes, los lamentos de los enfermos, la tristeza y estertores de los moribundos mantenían un continuo ambiente de confusión. Tuvimos un largo y tedioso viaje de regreso, cuatro semanas en las que estuvimos confinados en este barco y antes de haber llegado a Brazos debimos de sepultar en las aguas oscuras los cadáveres de 28 de nuestros compañeros. (144)

Las penurias que sufrieron los voluntarios en los campamentos cercanos a Nueva Orleans, en su camino hacia la guerra, se revirtieron en cargos contra los oficiales militares por discriminación de los ciudadanos-soldados. El Matamoros American Flag (145) publicó un artículo en el que llegaba más lejos,  decía que los sufrimientos de los voluntarios eran una afrenta para la democracia:

Un escritor en un reciente número del Jeffersonian de Nueva Orleans se queja de las distinciones hechas entre voluntarios y tropas regulares en los reclutamientos en esa ciudad. Comenta: 

“No bien ha llegado cualquier compañía, regimiento, o parte de una compañía de reclutas regulares cuando ya están siendo acomodados en confortables casas, en barracas donde sus necesidades de bienestar y salud son satisfechas; pero, por el otro lado, nuestros voluntarios que van presurosos al llamado de su Patria son colocados en albergues abiertos, sin suelo, a la intemperie, sin ninguno de los beneficios, ni facilidades para una vida adecuada.” 

Las quejas del escritor están sin duda justificadas por los hechos existentes, nosotros mismos lo hemos atestiguado, lo cual nos lleva a plantear la pregunta ¿De dónde ha salido el mandato para hacer tales distinciones? No queremos pensar que existan motivos egoístas o mercenarios que posiblemente podrían influir al voluntario a cambiar la comodidad y facilidades de su hogar por las privaciones y peligros de la guerra, que podría justificar tal distinción. Nos complace informar que el asunto está llamando la atención pública. Nuestro sistema militar entero es defectuoso, rayando en la corrupción, y en cuanto más rápido el Congreso lo disuelva y coloque en su lugar una institución que concuerde más con los principios originales de nuestro gobierno, será mejor. (146)

El viaje por mar a México

Imagen 20. Walke H. LT (1874). La fragata de vapor norteamericana “Mississippi” al mando del Comodoro M.C. Perry cerca de Vera Cruize (sic), Marzo 21 de 1847. New York Sarony & Major  (Library of the Congress Digital Collection: LC-USZC4-6214). 

Los periódicos, diarios y cartas hacen un recuento de los días en el Atlántico o el Golfo de México. Tienen mucho en común: mareos, tormentas, sobrecogimiento ante la grandeza y límites infinitos del océano y la vida marina vista desde los muelles. Por supuesto, también estaban las quejas. Los cuarteles estaban llenos y los hombres se aburrían, aunque estaban emocionados esperando su gran aventura. El voluntario William Watts Hart Davis, era un joven de Pennsylvania que fue a Massachusetts durante 1846 para estudiar leyes en Cambridge. En diciembre se enlistó en el Regimiento de voluntarios de Massachusetts. Ayudado por la influencia política de su padre, un delegado demócrata en Filadelfia, y de que John W. Forney, un prominente editor de periódicos, le diera una comisión, llegó a ser el ayudante del coronel Caleb Cushing. Una carta escrita desde Boston describe a su madre cómo se embarcó su regimiento: 

El regimiento subió a bordo de un transporte el martes a medio día, estaremos listos para zarpar en un tiempo muy corto. Yo viajaré en el barco Remittance, un buque de 700 toneladas. El hospedaje será muy bueno. Tenemos dos amplias cabinas en la cubierta superior con buenas literas para dormir. Somos casi 300 a bordo, lo que nos hace sentir como una gran familia. Cuando todo esté solucionado y dispuesto en orden, nos colocarán en nuestras habitaciones. Estaremos tan confortables como uno podría esperar si se encuentra en un barco. Fue una hermosa vista ver a los soldados subiendo a bordo. Marchamos por compañías, algunas portan armas otras no. Una multitud nos siguió por las calles y había miles alrededor del barco donde nos vitorearon pidiendo por nuestro triunfo y nuestra seguridad. Nuestro destino es Los Brazos en la desembocadura del Río Grande, aunque no desembarcaremos ahí, solamente esperaremos órdenes. Enseguida esperamos que nos manden a Tampico, Tuxpan o Veracruz, donde supongo que pisaremos tierra y nos uniremos a la campaña activa y tal vez hasta asistamos a la rendición de Veracruz… Tuvimos una dificultad con una compañía el día que embarcamos. Tuvimos que hacer uso de la fuerza para evitar que usaran el mismo barco para transportarse. Cuando se negaron a irse, el coronel Cushing ordenó un destacamento de 80 hombres con mosquetes cargados e ir contra ellos si era necesario, los forzaron a moverse bajo amenaza. Viendo que las cosas tomaban un aspecto peor del que se imaginaron, cambiaron su parecer, permitiéndoseles subir al barco. Todo el problema se suscitó por un malentendido y fue creciendo por los ánimos de gente sin escrúpulos.

Nuestra compañía es la de mayor rango en el barco y nuestro capitán (Crowningshield)(147) ha sido propuesto para comandar a los hombres a bordo, lo cual es todo un honor. Yo me quedé a bordo del barco la noche del jueves y estuve al cargo hasta el día siguiente al mediodía. Durante la noche del jueves algunos hombres se portaron mal y mandé a dos sargentos esposados a la celda para mantener el orden. Se les aplicará el consejo de guerra y serán severamente castigados. Yo dirijo a nuestra compañía cuando estamos a bordo. Mi residencia aún está en la costa y ahí seguirá hasta uno o dos días antes de que zarpemos, cuando me mudaré al barco con todas mis pertenencias. Estoy ocupado en mis labores de la oficina y no tengo tiempo para atender las tareas de mi compañía. El teniente coronel (148) viene en nuestro barco, el coronel (149) va en un buque más chico. (150)

De una manera más inocente y sensible el joven Davis da su impresión del viaje por mar, sus novedades, miserias y emociones. 

Dejamos Boston el 23 de febrero y anclamos esa misma tarde en Nantucket nueve millas más abajo de la ciudad. La mañana siguiente nos hicimos a la mar con fuertes vientos del oeste y nos topamos con otro barco que llevaba dos compañías a bordo. Navegamos juntos por dos días y después los dejamos y no los he vuelto a ver. El clima fue bueno y el viento agradable hasta la mañana del sábado cuando comenzó a soplar fuertemente desde el noroeste, y para medio día se había transformado en un vendaval que duró 36 horas. No te imaginas la furia del viento. Nuestro barco era como una cáscara de nuez a expensas del viento y las olas… Durante lo más álgido de la tormenta casi perdimos a un hombre. El teniente Cremony (151) salió para asegurar un trozo de carne en la cabina superior. El barco se agitó tanto que no se pudo detener. Todo lo que había en la cabina cayó al mar. Se salvó de milagro de caer al agua, pero se golpeó muy fuerte y regresó cojeando a nuestra cabina.

Naturalmente te preguntarás en qué me entretengo mientras estamos en el mar. Me divido entre mis tareas habituales, leer y hacer mi diario. Mis tareas son considerables pero no son arduas, algunos piensan que debo dirigir todo, desde el gobierno del barco hasta la comida. Ahora estoy leyendo mis libros de texto militares, de esta forma sabré perfectamente mis deberes cuando lleguemos a las costas mexicanas y no deberé preguntarle a nadie sobre qué hacer o cómo hacer las cosas. Los tambores despiertan a los hombres al amanecer, y las tareas terminan a las 10 cuando todos deben retirarse y apagar las luces La música suena muy hermosa sobre las aguas como si fuera traída sobre las alas de amables céfiros.

Mañana es domingo y se hará un servicio religioso a los hombres, leyéndoles algo. Todos se presentarán en uniforme, limpios y aseados. Será algo muy solemne el tener un servicio a bordo en medio del mar, muy diferente que tenerlo en tierra. Estos servicios continuarán mientras estemos navegando. (…)

Tenemos 19 oficiales y 300 hombres a bordo, lo que nos hace parecer una gran familia que habitara en una cabaña de madera. Los hombres hacen su comida y lavan sus ropas, lo que los capacitará en las labores domésticas muy pronto. 

Los oficiales se sientan todos en la misma mesa, y aunque no tenemos las mejores viandas creo que engordaremos un poco. Te daría risa vernos sentados a la mesa todos juntos cada vez que el barco hace un movimiento brusco, debemos de agarrar la mesa con una mano mientras que con la otra debemos tomar el plato para evitar que el contenido caiga gentilmente sobre nuestro regazo. Algunas veces debemos de tomar nuestros platos y tazas y sentarnos en diferentes lugares como única forma de tener una comida en paz… Estamos solo a dos días de navegación de la isla de Santo Domingo, esperamos verla el domingo por la tarde o el lunes por la mañana. Pasaremos entre Santo Domingo y Cuba y de ahí nos enfilaremos directo hasta nuestro destino. Estamos navegando por Los Brazos y pasamos por la isla de Lobos que está debajo de Tampico. (152)

De esta manera fue reunido y entrenado, con muchas carencias y limitaciones, un ejército que no estaba formado ni por monstruos ni por santos, sino por norteamericanos ordinarios que fueron llevados al escenario de la guerra. La cual ya había iniciado antes de que se enrolaran.


Relación de imágenes:

Imagen 1: Whiting Powers, Daniel, Capitán 7o Infantería- Swinton G. Frederick, litògrafo. (1847)  Vista a ojo de pàjaro del campamento del ejército de ocupación, comandado por el general Taylor cerca de Corpus Christi, Texas, (desde el norte) octubre 1845. New York, G & W Endicott (Library of the Congress, Washington D.C.  LC-USZC4-4557).

Imagen 2: Anónimo (1849).Joel R. Poinsett, Ministro plenipotenciario en México (1825-1830). Secretario de Guerra (1837-1841). Daguerrotipo, tarjeta de presentaciòn (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 1816794).

Imagen 3: Anónimo. (ca. 1555-1857).  Secretario de Guerra William L. daguerrotipo. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZ62-99520).

Imagen 4:  Brady Mathew B. (1849) Daguerrotipo  de James Knox Polk, 11o presidente de los Estados Unidos (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 424556). 

Imagen 5: Anónimo (1846). Tarjeta de presentaciòn del general Humphrey Marshall- (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-US Z62-78472).

Imagen 6: Anónimo (1847).  Panfleto invitando a unirse al ejército de los Estados Unidos a pelar contra México (Biblioteca de la Universidad de Texas, Arlington, División de colecciones especiales, Colección Jenkins Garrett).

Imagen 7. Anónimo. (1555).General Lewis Wallace, ca 1855 (daguerrotipo), autor de Ben Hur (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC- 2016649637)

Imagen 8: Anónimo. (1847). Daguerrotipo de un soldado regular norteamericano. (Graham Pilecki Historical Collection).

Imagen 9: Anónimo (1847). Cartel de convocatoria a  soldados voluntarios en New Hampshire (New Hampshire Historical Collection,  rbpe0930170b).}.

Imagen 10: Anónimo (1843). Daguerrotipo del teniente Ulysses S. Grant en 1843, a los 21 años de edad, recién graduado de West Point (Keya Morgan Collection 2012648872).

Imagen 11. Anónimo. (1846). Teniente George B. McClellan, con su padre y hermano, con 20 años de edad. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington DC.  mss31898, box D27; reel 81).

Imagen 12: Gardner Alex- (1864). General Ethan Allen Hitchcock, tarjeta de visita- (Library of Congress, digital Collection, Washington D.C.  LC-MSS-44297-33-188). 

Imagen 13. Anónimo, (1850).  ”Voluntario”  En Taylor Hughes, JoHn. Doniphan´s expedition. Cincinnati, J.A. & U.P. Jame. p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/198

Imagen 14. Grant, Jewet. (1850). “Coronel Alexander W. Doniphan, grabado ca 1846”. En Taylor Hughes, John. Doniphan´s expedition. Cincinnati, J.A. & U.P. James. p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/n5

Imagen 15: Anónimo. (1846). Daguerrotipo del cuerpo de Voluntarios de New Hampshire desfilando en su partida hacia México (New Hampshire Historical Collection, 1974.045.08.011).

Imagen 16. F &S Palmer. (1846). “As you were…” (A pesar de…), caricatura de los soldados voluntarios de Texas,, señalando la diversidad cultural y poca preparación de los soldados voluntarios de Texas  (Library of the Congress, Digital Collection, Washington D.C.  LC-USZ62-1272)

Imagen 18:  Wells Champney, J. (1875) “Barco de vapor Gran República (1846)”. En King, Edward, The Great South; A Record of Journeys in Louisiana, Texas, the Indian Territory, Missouri, Arkansas, Mississippi, Alabama, Georgia, Florida, South Carolina, North Carolina, Kentucky, Tennessee, Virginia, West Virginia, and Maryland. Hartford COnnecticut. American Publishing Co. xiv, [17]-802, [4] p., ill. number (North Carolina Collection, University of North Carolina at Chapel Hill C917 K52).

Imagen 19: Anónimo (1846). “Lo último de nuestro ejército” (caricatura). En Yankee Doodle-(New York, noviembre de 1846, p. 114 (American Antiquarian Society, Worcester, Massachusetts).

Imagen 20: Walke H. LT (1874). La fragata de vapor norteamericana “Mississippi” al mando del Comodoro M.C. Perry cerca de Vera Cruize (sic), Marzo 21 de 1847. New York Sarony & Major  (Library of the Congress Digital Collection: LC-USZC4-6214).


Notas a pie:

1 Las fuerzas legalmente registradas eran 7,590, pero el número de hombres en servicio era casi mil menos que lo reportado.

2 Joel R. Poinsett, Departamento de Guerra (Washington DC) al presidente Martin Van Buren, 5 de diciembre de 1840. Cartas enviadas de la Secretaría de Guerra al presidente, Record Group 107, National Archives. En adelante Record Group será abreviado como RG y National Archives como Nat. Arch.

3 Von Steuben recibió su formación militar sirviendo a Federico el Grande de Prusia. El mandato de 64 soldados y oficiales no comisionados continuó hasta la guerra de 1812, cuando el número se incrementó a 100. La escuela francesa de táctica de guerra, que se puso de moda con Napoleón, enfatizaba que la disciplina podía hacer a una compañía de ese tamaño controlable con sólo un capitán. Por sugerencia del secretario de Guerra Marcy, el Congreso en 1846 de nuevo ordenó que fuera constituida así. Cf. “Nueva Organización”, en Nile´s National Register, vol. 70, 11 de julio de 1846, pp. 292-293.

4 Ballentine George, Autobiography of an English Soldier in the United States Army, Stinger & Townsend, New York, 1853, pp. 30-31,35.

5 NdT: El Partido Whig fue un partido político que existió durante el siglo XIX en los Estados Unidos. Es el antecesor en cierta medida de lo que hoy es el Partido Republicano. Fue creado para servir de oposición a la política de Andrew Jackson y se denominó Whig por analogía a los Whig británicos, que se habían opuesto al poder real durante la Restauración inglesa. Para 1844 los Whig estaban empezando a recuperarse del desastre de dos años antes y designaron a Henry Clay, que perdió frente al demócrata James K. Polk en una apretada votación, con la anexión reciente de Texas. Los Whig del Norte y del Sur, estaban fuertemente opuestos a la guerra con México, en la cual muchos (incluyendo al congresista Whig, Abraham Lincoln) veían una apropiación injusta de territorio. Estaban divididos, en cambio, y al igual que los Demócratas, ante la ley contra la esclavitud Wilmot Proviso de 1846. En 1848 los Whig, viendo el poco éxito de la candidatura de Clay y la apuesta por las políticas económicas tradicionales, eligieron a Zacarías Taylor, un héroe de la guerra con México. Taylor triunfó sobre el demócrata Lewis Cass y el candidato del partido anti-esclavista Tierra Libre, que había elegido al anterior presidente Martin Van Buren. La candidatura de Van Buren dividió el voto demócrata en Nueva York, dándole el voto a los Whig; al mismo tiempo, el partido Tierra Libre le costó, probablemente, muchos votos a los Whig en el Medio Oeste. De haber vivido, Taylor pudo haber iniciado la Guerra de Secesión diez años antes, ya que se oponía firmemente al Compromiso de 1850, en el que se reconocía a California como estado libre, y había anunciado que tomaría acciones militares para evitar la secesión. Pero el 4 de julio de 1850 Taylor contrajo una grave indigestión (probablemente el resultado del tifo o el cólera) y cinco días después se convirtió en el segundo presidente en fallecer en el cargo. El vicepresidente Millard Fillmore asumió la presidencia y apoyó el compromiso.

6 En 1845, El Ejército de los Estados Unidos consistía en catorce regimientos con diez compañías cada uno. Una parte considerable se encontraba en el Fuerte Jesup (25 millas -40.2 km- al suroeste de Natchitoches, Condado de Sabina, Luisiana) cuando vino la orden de avanzar sobre Corpus Christi. Las unidades se estacionaron ahí al mismo tiempo que los regimientos 3º y 4º de infantería y el 2º de dragones. Para noviembre de 1845, casi la mitad del ejército se encontraba en Texas. El secretario de Guerra Marcy explicaba en su informe anual que era “la malevolencia del Gobierno de México” el que “había puesto en marcha … extensivos preparativos para invadir y subyugar a Texas”, una vez que la República había aceptado los términos de anexión a los Estados Unidos, estos se veían obligados a actuar. Taylor recibió instrucciones de “rechazar las agresiones mexicanas y proteger al país de las invasiones de los indios, para mantener al Río del Norte (Río Grande) como la frontera occidental, y tomar posiciones … con respecto a esta frontera”.

7 William Walker de Evansville se desempeñó durante la guerra mexicana como capitán del 2º regimiento de voluntarios de Indiana. Murió en la batalla de Buena Vista o de la Angostura.

8 James Whitcomb, Indianápolis, a William L. Marcy (Washington, DC), 11 de septiembre de 1845, Cartas recibidas, Secretaría de Guerra, Series Registradas, RG 107, Nat. Arch.

9 Se refiere al general Brigadier Zacarías Taylor y sus fuerzas que habían sido enviadas a Corpus Christi en el verano de 1845.

10 Humphrey Marshall, Louisville a Thomas J. Read, Louisville, 14 de septiembre de 1845, Cartas Recibidas, Secretaría de Guerra, Series Registradas, RG 107, Nat. Arch.

11 El número de soldados voluntarios no fue hecho de una sola vez. Como en las previas guerras contra los indios, se deseaba llamar tropas de los estados que estuvieran más cercanos al área de conflicto. El 19 de mayo, una circular del Departamento de Guerra hizo un llamado a once estados para que enviaran voluntarios. De estos habría veintidós regimientos, un total de 3,945 caballos y 13,208 soldados a pie. Los once estados y la distribución de sus tropas es como sigue: Tennessee (789 caballos, 1554 soldados a pie); Kentucky (1789 caballos, 1554 a pie); Illinois (2331 a pie); Indiana (2331 a pie) y Ohio (2331 a pie); a cada uno se le pidieron tres regimientos. Arkansas (789 caballos, 388 a pie); Texas (789 caballos, 388 a pie); a cada uno se le pidió que proveyera un regimiento y medio. Mississippi (777 a pie), Alabama (777 a pie) y Missouri (789 caballos), cada uno se le solicitó un regimiento. Además, se enlistaron 39 regimientos con un total de 24,486 voluntarios de infantería, pero no fueron llamados a servicio hasta que recibieran nuevas órdenes. Estos estaban distribuidos en los estados como sigue: Nueva York, 7 regimientos; Pensilvania 6; Virginia 3, Maryland y Luisiana, 2 cada uno; Maine, Massachusetts, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Michigan, Iowa y Wisconsin con un regimiento cada uno; Nueva Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Vermont, Delaware, Florida y Alabama, cada uno con medio regimiento.

12 Blount Robertson John, Reminiscences of a Campaign in Mexico by member of the Bloody-First Tennessee Volunteers Regiment, Nashville, J. York & Co, 1849, pp. 57-60. 

13 Wheat está en un error, creyendo que ningún regimiento de caballería sería aceptado de Tennessee. Cuatro días después de que escribió esto, una circular del Departamento de Guerra convocaba a Tennessee con 789 soldados de caballería. Wheat se desempeñó como teniente 2º en el Regimiento de Voluntarios Montados de Tennessee, y también como capitán de la Compañía Montada de Voluntarios de Tennessee que fue adscrita al Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia.

14 Quizá se refiera al teniente Nimrod R. Porter, adjunto del Regimiento Montado de Voluntarios de Tennessee que murió el 21 de abril de 1847 en Plan del Río, México.

15 Roberdeau Chatham Wheat, Memphis a George Maney, 15 de mayo de 1846, en John Kimberly Papers, Southern Historical Collection, Biblioteca de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. En adelante este fondo será citado como Hist. Soc. Col., NCa.

16 William T. Dickinson, Shady Grove Virginia, al Mayor Langhorne Scruggs, 17 de junio de 1846, Langhorne Scruggs Papers, Biblioteca de la Universidad de Duke, Durham, Carolina del Norte. En adelante este fondo será citado como Duke.

17 Jubal Anderson Early, graduado de la Academia de West Point como segundo teniente y tercer artillero en 1837. Se desempeñó en Florida en la guerra contra los indios Seminola como primer teniente el 7 de julio de 1838, renunciando el mismo mes. Fue consejero legal en Rocky Mount Virginia de 1840 a 1846. Después de la guerra contra México fue abogado confederado (1848-1852). Durante la guerra fue mayor en el Regimiento de Voluntarios de Virginia (a partir del 7 de enero de 1847). Fue gobernador de Monterrey (mayo-junio de 1847) e inspector general de la Brigada de Cushing en 1847.

18 Lindsay M. Shumaker fue comisionado y se desempeñó como primer teniente en el Regimiento de Voluntarios de Virginia.

19 William T. Dickinson, Shady Grove Virginia al mayor Langhorne Scruggs, 30 de diciembre de 1846, Documentos Langhorne Scruggs, Duke.

20 El Senado del Estado de Nueva York, sin embargo, no tomó medidas en ese sentido.

21 Nashville, Whig, 19 de mayo de 1846.

22 Louisville Journal, 21 de mayo de 1846, citado por Nile´s National Register, vol. 70 (30 de mayo de 1846), p. 202.

23 G. Mott Williams, Washington, DC, a John R. Williams, Detroit, 15 de mayo de 1846, Documentos John R. Williams, Colección Histórica Burton, Biblioteca Pública de Detroit, En adelante este fondo será mencionado como Burton.

24Una razón dada era que el gobierno no parecía estar suficientemente decidido a llevar la batalla hasta las puertas de la Ciudad de México, pues parecía que se conformaría con mucho menos que eso. Cf. E.F. Smith, Hertford, Carolina del Norte, a Josiah Townsend Smith, Charlottesville, Virginia, 10 de junio de 1846, Documentos de Josiah Townsend Smith. E.F. Smith escribe: “No tengo nada nuevo que contarte. No ha ocurrido nada que altere la monotonía de este aburrido lugar excepto que ayer tuvimos circo –algo bien pobre-. La guerra al principio produjo un poco de entusiasmo –pero este ha decaído, porque en opinión de todos, se le ha llevado a un límite-. Pero si no, tendríamos la posibilidad de montar un batallón de caballería y ofrecer nuestros servicios al gobierno –nuestra compañía está creciendo rápidamente- pero aún no es lo suficientemente grande como para el servicio… Si el gobierno tuviera la intención de invadir México y llevar la guerra hasta las puertas de la ciudad, creo que eso incrementaría el número de reclutas y tendríamos una oportunidad”.

25 En Nueva Inglaterra la relación de reclutamiento de población blanca era de 1 por 2,500 habitantes; en los Estados Atlánticos del Sur era de 1 por 1,080; en los Estados del Noreste central era de 1 por 255; en el Sureste Central era de 1 por 140; y en el Noreste Central era de 1 por 110; en los Estados del Suroeste Central era de 1 por 33. En parte, estas diferencias por región reflejan la política adoptada por el Departamento de Guerra al inicio de la misma, como fue la decisión de no llamar de inmediato a voluntarios al servicio de algunas regiones.

26 David Campbell de “Montcalm”, Abingdon, fue gobernador de Virginia de 1837 a 1841. Apoyó a Andrew Jackson, pero cambio por Van Buren y se pasó al partido Whig.

27 William Bowen Campbell era coronel del 1er Batallón de Voluntarios de Tennessee durante la guerra con México. Estudió derecho con David Campbell y había peleado como capitán voluntario en la guerra contra los indios en Florida. En 1851, fue electo gobernador de Tennessee, el último gobernador Whig de ese estado. Durante la Guerra de Secesión, era unionista del Norte y por un tiempo fue Brigadier general en la Armada de la Unión.

28 El 16 de noviembre de 1846, el secretario Marcy hizo un llamado para nueve regimientos de voluntarios más (6750 hombres). Estos regimientos vendrían de Massachusetts, Nueva York, Pennsylvania, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Mississippi, Luisiana y Texas –un regimiento por cada Estado-. Florida (el 27 de noviembre) recibió el llamado para formar una compañía y en diciembre a Pennsylvania se le solicitó que organizara un segundo regimiento. 

29 David Campbell, “Montcalm” Virginia, a coronel William B. Campbell, 7 de diciembre de 1846, Fondo David Campbell, Duke.

30 Id. a Id, 14 de enero de 1847, Ibíd.

31 Capitán Patrick M. Henry, Regimiento de Voluntarios de Carolina del Norte.

32 Probablemente Peter Scales, 1er teniente, Regimiento de Voluntarios de Carolina del Norte.

33 Posiblemente teniente Sewell L. Fremont, 3º de Artillería

34 Mayor Samuel Ringgold, 3º de Artillería, herido mortalmente en la batalla de Palo Alto (cerca de Brownsville, Texas). Murió el 11 de mayo de 1846.

35 Cf. Diario de Juliana Paisley Gilmer MS, Greensboro, Carolina del Norte, anotaciones de 5 de enero y 10 de 1847, Duke. Ver también el diario de William D. Valentine MS, anotación del 30 diciembre de 1846. Colección Histórica, Carolina del Norte. Valentine escribe: “El día de ayer la milicia del Condado de Hertford (Carolina del Norte) se presentó en el salón de la justicia para reclutar voluntarios. Todo el día sonaron los tambores y las flautas, y pronunciaron algunos discursos llenos de patriotismo a nuestros hombres para arengarlos, invitarlos y estimularlos a que se enlistaran para la lucha. Ocho hombres, sólo ocho, se apuntaron. Recibieron el agradecimiento del condado y del Estado… Ellos merecen más de lo que quizá recibirán.”

36 (Cartel de reclutamiento) “¡VOLUNTARIOS!…”, Feb.. 1, 1847. Fondo Caleb Cushing, División de Manuscritos, Biblioteca del Congreso, Washington, D.C. De aquí en adelante lo nombraremos como DLC.

37 “Rudos y listos”, Cambridge, Mass., Chronicle, 10 de junio de 1847.

38 Capitán Edmund L. Dana, 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania.

39 Folleto, Francis L. Bowman, inspector de Brigada, 2ª Brigada, 8ª División, Milicia de Pennsylvania, Wilkes-Barre, Pa., “¡VOLUNTARIOS!….” 23 de Noviembre de 1846, en Biblioteca de la Universidad de Yale, Biblioteca Beinecke de manuscritos y libros raros. Francis L. Bowman, el autor de este folleto, fue mayor en el 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania durante la guerra mexicana.

40 Thomas Paine: Revolucionario liberal (Thetford, Norfolk, Inglaterra, 1737 – Nueva York, 1809). De religión cuáquera, tuvo una juventud aventurera y polifacética trabajando como marino, industrial y recaudador de impuestos. Ya desde esa época adquirió una intensa preocupación social por los pobres y los marginados, que lo llevó a defender ideales igualitarios y democráticos, que le situarían entre los radicales en el proceso de revoluciones liberales que le tocó vivir. En 1774, por sugerencia de Benjamin Franklin, emigró a la colonia cuáquera fundada por William Penn en Norteamérica (Pennsylvania). Allí publicó Sentido común (1776), un influyente panfleto en el que propugnaba la independencia de las Trece Colonias británicas de Norteamérica y su unificación política; aquella obra tuvo gran difusión entre los colonos, considerándose a Paine uno de los principales ideólogos y publicistas de la revolución que condujo a la guerra con Gran Bretaña, a la independencia y a la formación de los Estados Unidos de América.

41 El tema fue debatido en el Congreso, si los voluntarios llamados en la convocatoria del 13 de mayo de 1846 “por doce meses, o durante la guerra”, podían ser retenidos en el servicio por más de un año, hasta por diez o veinte años si fuese necesario, o si la limitante de “doce meses” fuese un imperativo, y el “durante la guerra” se aplicase sólo en el caso que la guerra durase menos de un año. Cf. “El comandante general”, en Nile´s National Register, vol. 7, 1 de diciembre de 26, 1846, p. 262.

42 Folleto W.P. Richards, Science Grove, Carolina del Norte, “A los Voluntarios de Davidson”, 25 de noviembre de 1846, Western Americana MSS, Beinecke.

43 Las raíces nativistas de Filadelfia crecieron cuando los directores de escuela de Filadelfia permitieron a sus alumnos católicos usar la versión Douay de la Biblia y fueron eximidos de las prácticas religiosas protestantes. Para la primavera de 1844, la controversia tomo un tono electoral, y en mayo culminó en protestas masivas, peleas callejeras e incendios de vecindarios en el barrio irlandés y más violencia, que las tropas de la guardia sofocaron después de la muerte de treinta personas.

44 Morris Longstreth, Whitemarsh, a James Buchanan, 31 de mayo de 1846, Fondo James Buchanan, Sociedad Histórica de Pennsylvania, Filadelfia, De aquí en adelante este fondo será nombrado como Hist. Soc. Pa.

45 Nathan Burdit, Boston, a Caleb Cushing, 13 de febrero de 1846 (sic, 1847), Fondo Caleb Cushing, DLC.

46 Regimiento de Voluntarios de Virginia, a cargo del coronel John F. Hamtramck Jr.

47 El habeas corpus es una institución jurídica que garantiza la libertad personal del individuo, con el fin de evitar los arrestos y detenciones arbitrarias. Se basa en la obligación de presentar a todo detenido ante el juez, en el plazo de 24 horas, el cual podría ordenar la libertad inmediata del aquel si no encontrara motivo suficiente de arresto.

48 No hubo ningún capitán Smith en el Regimiento de Voluntarios de Virginia.

49 Teniente John K. Cooke, Regimiento de Voluntarios de Virginia.

50 James Miller, Regimiento de Voluntarios de Virginia a teniente coronel Thomas B. Randolph, Regimiento de Voluntarios de Virginia, China, México, 10 de mayo de 1847. Fondo Jubal A. Early, DLC.

51 Ward Benjamin Burnett, graduado en West Point, fue 2o teniente del 2o batallón de artilleros en 1 de abril de 1834; renunció en 31 de julio de 1836. Él fue coronel del Primer Regimiento de Voluntarios de Nueva York en 3 de diciembre de 1846.

52 “Cuerpo de Guardia”, El Soldado Alto, con una completa y excitante historia de los Voluntarios de Nueva York, Nueva York, no publicado, 1848, pp. 7-10, 14-16, 19-20, 22, 25. En el interior de la portada con esta anotación: “Recibido en un acto del Congreso, en el año de mil ochocientos cuarenta y ocho por Albert Lombard”.

53 John Bell (Departamento de Guerra, Washington, D.C.) a John Tyler, 29 de junio de 1841. Cartas enviadas de la Secretaría de Guerra al presidente, RG 107, Nat. Arch. La advertencia de John Bell fue recogida en una declaración hecha por el teniente William Montgomery Gardner, del 2º de Infantería, en diciembre de 1847. Gardner escribe: “Hay un gran número de oficiales súper inútiles e inconsistentes, que están en servicio, que son incapaces de soportar el rigor de una campaña regular”. Cf. Teniente William Montgomery Gardner a su hermano, 4 de diciembre de 1847. Fondo William Montgomery Gardner, So. Hist. Col, NCa.

54 Cadmus M. Wilcox, Historia de la Guerra Mexicana, Mary R. Wilcox, ed., Washington, Church News Pub. Co., 1892, pp. 115-116. Cadmus Marcellus Willcox nació en Carolina del Norte, se graduó en West Point y fue 2º teniente en el 4º batallón de Infantería el 1 de julio de 1846; y 2º teniente en el 7º batallón de infantería para el resto de la guerra con México.

55 Gideon Johnson Pillow, cuñado del presidente Polk, fue general brigadier de los Voluntarios en 1 de julio de 1846 y general Mayor en 13 de abril de 1847.

56 Teniente James Stuart, 1er teniente del batallón montado de fusileros en 1 de julio de 1846 y 2º teniente en 9 de octubre de 1847. Ganó dos medallas en la guerra con México por la batalla de Padierna y Churubusco y por la de Chapultepec. 

57 Wilcox, Mexican War, pp. 113-114.

58 Grant se graduó en West Point como 2º teniente del cuarto batallón de infantería en 1 de julio de 1843; 2º teniente en el 7º de infantería en 30 de septiembre de 1845; 1er teniente en el 4º de infantería en 16 de septiembre de 1847 y adiestrador de regimiento de 1 de abril de 1847 a 23 de julio de 1848. Ganó dos medallas en la guerra contra México por las batallas de Molino del Rey y Chapultepec. 

59 George Brinton McClellan se graduó como segundo en su clase en West Point y fue 2º teniente del Cuerpo de Ingenieros en 1 de julio de 1846; 2º teniente el 24 de abril de 1847. Sus dos medallas por la guerra contra México fueron por las batallas de Padierna-Churubusco y por Chapultepec.

60 Este es un reporte exagerado y erróneo de la batalla de Palo Alto (Brownsville), que tuvo lugar el 8 de mayo de 1846. Para un relato de este acontecimiento, ver capítulo II.

61 Los prejuicios nativistas contra los alemanes y otras nacionalidades eran comunes en el ejército. Por ejemplo, cuando el capitán Kendrick del 2º batallón de artillería tuvo que seleccionar a sus hombres en la primavera de 1848 “el principio de selección es elegir americanos por nacimiento y aquellos que el inglés sea su lengua materna”. De los cuarenta que escogió, había dos alemanes, aunque más de las tres cuartas partes del cuerpo de reclutas de entre los que hizo su selección eran alemanes. Cf. Teniente Coronel John Munroe, 2º artillería, Chapultepec, a capitán George Deas, A.A.G. 1er División, 2 de mayo de 1848, Cartas recibidas, Ejército de Ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch. El prejuicio racial no era sólo contra los alemanes. Un esclavo llamado “Dan” que escapó de su amo haciéndose pasar por blanco, se enlistó en Voltigeurs en Nueva Orleans, cuando fue descubierto fue “deshonorablemente degradado del servicio del Ejército de los Estados Unidos sin paga ni reconocimiento”. Esto sucedió en Veracruz. Cf. Teniente Coronel Henry Wilson, comandante en Veracruz, al general Brigadier Roger Jones, general adjunto, Washington, D.C. 4 de abril de 1848, Cartas enviadas, Cuartel de Veracruz, 20 de noviembre, 1847- 14 de julio de 1848, libro de copias. Fondo Persifor F. Smith, Hist. Soc. Pa. “A menos que sea muy recomendado” ningún “ciudadano naturalizado” se le permitirá enlistarse en la Compañía de Ingenieros. Cf. Coronel Joseph G. Totten, Washington, D.C., a capitán A. J. Swift, Cuerpo de Ingenieros, West Point, N.Y., 19 de mayo de 1848 (copia), Fondo George B. McClelan, DLC. 

62 General Mariano Arista que comandaba a las Fuerzas Mexicanas contra Taylor en las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma, Texas.

63 George B. McClellan, Academia Militar de los Estados Unidos, West Point, a su hermana, mayo 3-13, 1846, Fondo George B. McClellan, DLC.

64 El secretario de Guerra Marcy escribió en su reporte anual de 1845: “La distribución de tropas… en pequeños destacamentos y el esqueleto de las compañías a lo largo de nuestra ampliamente extendida frontera, nos exige la adquisición de mayor conocimiento práctico para tener un alto grado de disciplina y eficiencia. Con esta oportunidad (p. ej. la posibilidad de concentrar en Corpus Christi), regimientos y batallones por mucho tiempo dispersos, reuniéndolos bajo la misma cadena de mando e instrucción en todas las tareas de campo y servicio”.

65 Teniente John P. Hatch, campamento cerca de Corpus Christi, Texas, a su hermana, 14 de octubre de 1845. Fondo John Porter Hatch, DLC.

66 Id. a id., 28 de octubre de 1845, ibíd., John Porter Hatch fue 2º teniente en el 3er Batallón de Infantería el 1 de julio de 1845; fue transferido al Montado de fusileros el 17 de julio de 1846, y fue 2º teniente el 18 de abril de 1847; de 1 de noviembre de 1847 a el 1 de mayo de 1850 fue adjunto del regimiento. Durante la Guerra Civil fue ascendido como general brigadier y luego general mayor de Voluntarios. Ganó una medalla de honor por bravura en la Batalla de South Mountain en 1862.

67 Ethan Allen Hitchcock nació en Vergennes, Vermont en 1798; su padre era un distinguido abogado, y su madre era hija de Ethan Allen. Se graduó en West Point, y en 1842 fue teniente coronel del 3er batallón de Infantería. Durante la Guerra con México, fue ascendido a Coronel por su participación en la batalla de Padierna-Churubusco y elevado a general brigadier por su participación en la batalla de Molino del Rey.

68 Teniente coronel Ethan Allen Hitchcock, barco, Massachusetts a Isla de Lobos, al Rev. Theodore Parker, West Roxbury, Mass., 27 de febrero de 1847, Fondo Ethan Allen Hitchcock.

69 Coronel William B. Campbell, campamento cerca de Jalapa, a David Campbell, 25 de abril de 1847, Fondo David Campbell, Duke. 

70 Samuel Henry Starr, Veracruz, a la Sra. Eliza Starr, Nueva York, 5 de abril de 1847, Fondo Samuel Henry Starr, Colección Bixby, Sociedad Histórica de Missouri, San Luis Mo.

71 Plazos de servicio más cortos, más flexibilidad en la disciplina, permitir servir en la misma compañía a vecinos, familiares y amigos, fueron los incentivos para incrementar el número de reclutas.

72 Las actas del Congreso al inicio de la guerra autorizaban un ejército regular de 17,812 efectivos, pero en noviembre de 1846 solamente 10,690 se encontraban en servicio: dos regimientos de dragones, uno de fusileros montado, cuatro de artillería (aunque la mayor parte de la artillería estaba peleando como infantería), ocho de infantería, y una Compañía A de Ingenieros. Las tropas de apoyo eran las siguientes: Departamento de Ordenanzas, Cuerpo de Ingenieros, Cuerpo de Ingenieros Topógrafos, Departamento Médico, Departamento de Paga, Departamento del Comisario, Departamento de Asistencia a generales, Departamento de Mando y Departamento de Compras. Para noviembre de 1847 los efectivos del ejército regular eran de 21,686, pero los oficiales en México consideraban esas cantidades como excesivas respecto a la efectividad de las tropas en servicio. En noviembre de 1848 el ejército se redujo de nuevo a 10,035 hombres. De los 6,562 efectivos a principios de la guerra (mayo de 1846), 35,000 soldados y 1,016 oficiales se sumaron por reclutamiento (5 de julio de 1848); esto hizo un total de 42,587 que sirvieron en el ejército regular durante la guerra. De estos; sin embargo, 30,954 participaron en la guerra. El número de soldados norteamericanos que intervinieron, incluyendo Regulares Voluntarios y Marinos fue de 113,230. 

73 Cf. William M. Tredway, Washington, D.C., a Jubal Anderson Early, 9 de diciembre de 1846, Fondo Jubal Anderson Early, DLC. Tredway escribe: “No creo que haya algún incremento del ejército regular. Los voluntarios lo han hecho tan bien que creo que el Congreso preferirá apoyarse en ellos que aumentar nuestras fuerzas armadas… Hay serias objeciones para sumar el número de efectivos en el ejército regular porque sería muy difícil reducirlo en tiempos de paz.” 

74 David Campbell, Montcalm, Virginia a coronel William B. Campbell, 6 de febrero de 1847, Fondo David Campbell, Duke.

75 Los diez regimientos fueron: 3er Regimiento de Dragones, coronel E. G. W. Butler; 9º Regimiento de Infantería, coroneles T. B. Ransom, J.M. Withers y H.L. Webb; 10º Regimiento de Infantería, coronel R.E. Temple; 11º Regimiento de Infantería, coroneles M.C. Meigs, E. D. Keyes y W.S. Ketchum; 12º Regimiento de Infantería, coroneles L.D. Wilson y M.L. Bonham; 13º Regimiento de Infantería, coroneles R.M. Echols y J.J. Fay; 14º Regimiento de Infantería, coronel William Trousdale; 15º Regimiento de Infantería, coronel G.W. Morgan; 16º Regimiento de Infantería, coroneles Franklin Pierce, J. W. Tibbatts; Regimiento de Voltigeurs (infantería ligera) y Fusileros, coronel T. P. Andrews. El número agregado de reclutas en los nuevos regimientos fue de 10,562; 5,200 de estos reclutas fueron organizados en el camino a México en 60 días a partir de su acuartelamiento. Un acta complementaria del 3 de marzo de 1847 autorizó la organización de los diez regimientos en “Brigadas y Divisiones, con porciones del ejército regular, y de las fuerzas de voluntarios, si así se veía, y el nombramiento de (y no excediendo) dos generales mayores, tres generales brigadier y otros oficiales.”

76 Un acta del 19 de julio de 1848 señala “que todos los oficiales del antiguo ejército, adscritos a cualquiera de los Regimientos adicionales, debe ser restituido a su Regimiento o Corporación como oficiales adicionales, reconociéndoles los grados que hayan adquirido y llenando las vacantes disponibles.”

77 Cf. Nelson McClanahan, Nueva Orleans, a John McClanahan, Jackson, Tenn., junio 19-21, 1847, Fondo McClanahan-Taylor, So. Hist. Col., NCa.

78 Ibíd.

79 Coronel William S. Harney, comandante de Brigada, Cuartel General de la Brigada de Caballería, a capitán H. L. Scott, A.A.A. general, Cuartel General del Ejército, 23 de octubre de 1847, Cartas recibidas, ejército de Ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch.

80 Raphael Semmes, The Campaign of general Scott in Valley of Mexico, Cincinnati, Moore & Anderson, 1852, pp. 202-203.

81 Kenly posteriormente fue mayor del Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia. 

82 El 18 de agosto de 1846, el general Taylor, a través de una orden emitida en Camargo, dividió su fuerza regular en dos divisiones. La segunda división bajo el Mando del general brigadier William J. Worth, formada por los Regimientos 5º, 7º y 8º de Infantería, el Batallón de Artillería del coronel Thomas Child, la Infantería ligera del coronel F. Smith y las baterías de cañones de Duncan y Mackall; también bajo el mando del general Worth estaba la Compañía de Blanchard y los Voluntarios de Luisiana y la fuerza Montada de los Rangers de Texas de McCulloch. Los efectivos de esta división eran alrededor de 1,800 hombres.

83 El general adjunto Roger Jones, en su informe de 30 de noviembre de 1847, escribe: “Mientras probablemente no más de diez compañías de las cuatro regimientos de artillería regular están sirviendo con el armamento apropiado –las otras treinta y ocho armadas y equipadas como infantería- hay dos baterías con el ejército principal en México con hombres (y algunos oficiales), y una formada por una compañía del Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia.” Cf. Documentos Ejecutivos del Senado, No. 1, 30 Cong., 1 sesión, p. 80.

84 John R. Kenly, Memoirs of a Maryland Volunteer. War with Mexico, Philadelphia, J.B. Lippincott & Co., 1873, p. 98.

85 General mayor Winfield Scott “The Brassos”, a William L. Marcy, 16 de enero de 1847, Documentos William L. Marcy, DLC, coronel Joseph G. Totten, jefe de ingenieros, tenía opiniones parecidas a las de Scott. Cf. Totten, Washington D.C., al capitán J.F. K. Mansfiel, Ejército en México, Cuerpo de Ingenieros, 7 de julio de 1846, Copiador Totten, Oficina del Jefe de Ingenieros, RG 77, Nat. Arch. Totten escribe: “en el futuro habrá una mayor proporción del ejército tan ignorante y sin experiencia como hombres pueda haber; y la falta de conocimientos militares no estará restringida al rango y grado pues será por igual en los oficiales y en una gran parte de las fuerzas armadas, incluyendo hasta generales; por esto continuemos en la búsqueda recíproca confiada de que no debemos dejar de exigir –el coraje, aunque exaltado y totalmente genuino, así como muy común entre nuestros compatriotas, nos lo recompensará-“

86 El número de voluntarios total involucrado en la guerra con México (incluyendo tropas de milicianos) fue de 73,260 -3,131 oficiales y 70,129 hombres enlistados-. Cf. Francis B. Heitman, Historical Register and Dictionary of the US Army, Washington, Government Prtg. Office, 1903, vol. I, p. 282; Thomas H.S. Hamersly, Complete Regular Army Register of the United States for one hundred years (1779-1879), Washington, D.C., T.H.S. Hamersly, 1889, p. 204 (segunda paginación). Las cifras de Hamersly difieren ligeramente de las de Heitman. De acuerdo con Hamersly, la participación de voluntarios por estados fue como sigue: Alabama, 3,026; Arkansas, 1,323; Florida, 370; Georgia 2,132; Illinois, 6,123; Indiana, 4,585; Iowa, 253; Kentucky, 4,842; Luisiana, 7,947; Maryland y el Distrito de Columbia, 1,355; Massachusetts, 1,057; Michigan, 1,103; Mississippi, 2,423; Missouri, 7,016; Nueva Jersey, 425; Nueva York, 2,396; Carolina del Norte, 935; Ohio, 5,536; Pennsylvania, 2,503; Carolina del Sur, 1,077; Tennessee, 5,865; Texas, 8,018; Virginia, 1,320; Wisconsin, 146.

87 Comentando el acta del 13 de mayo de 1846, el secretario de Guerra Marcy escribe: “La ley… establece que los voluntarios adquieran su propia ropa… la manera en que están uniformados no necesita cambiarse; como están, ni contemplar el uniformarlos, están en libertad de adoptar lo que ellos consideren apropiado; pero es recomendable que aquellos que sean convocados al servicio adquieran su vestimenta lo más cercana a lo que las circunstancias lo permitan, de acuerdo a la naturaleza del servicio que van a prestar y a las características del país y el clima donde van a servir…” (William L. Marcy a William F. Giles, Casa de Representantes, Washington, D.C., 19 de mayo de 1846, citado en Nile´s National Register, vol. 70, 23 de mayo de 1846, p. 181). En lugar de uniformes los voluntarios de algunos Estados recibían dinero para comprar ropa y equipo que necesitaran. La cantidad era de $42 por soldado en los regimientos de Illinois, esto provocó que el editor del Nile´s comentara que si el voluntario recibía la cantidad total destinada para ropa para un período de doce meses de servicio, “las arpías que siempre rondan por el campamento tras la raya de los soldados” se llevarían la mayoría del dinero, y los pobres voluntarios estarían descalzos y desnudos antes de que llegaran a la Ciudad de México (Cf. “Pay for Clothing”, Ibíd., julio11, 1847, p. 294). Aunque a los almacenes de ropa para los soldados regulares en México se les había ordenado por indicación del general Taylor no surtir de ropa, excepto uniformes oficiales, los oficiales del nuevo Regimiento de Voluntarios de Massachusetts solicitaron que les autorizaran la compra de uniformes oficiales (pagando cada quien el suyo): abrigo gris sencillo, cuello blanco, mangas blancas con dos pulgadas de ancho, y bufandas blancas. Ellos también pidieron que les surtieran espadas y cuchillos de los que usaban el ejército regular. (Cf. Caleb Cushing, Boston, al Gobernador George N. Briggs, Boston, 5 de febrero de 1847, Fondo Caleb Cushing, DLC).

88 Batallón de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia, bajo el mando del teniente coronel William H. Watson (muerto en Monterrey), eran seis compañías; cuatro reclutadas en Maryland y dos en el Distrito de Columbia.

89 “Del Regimiento Palmetto”, carta firmada como “Dan”, fechada en la Isla de San Antonio de Lizardo (Antón Lizardo, Ver), México, 9 de marzo de 1847, Charleston Mercury, 1 de abril de 1847 

90 El nombre del Regimiento de Voluntarios de Caballería de Kentucky (coronel Humphrey Marshall) fue tomado del título de una canción popular llamada “Los Cazadores de Kentucky”, que alaba a los fusileros de Kentucky que estaban con Jackson contra los británicos en la batalla de Nueva Orleáns. Era simbólico para la confianza de los americanos tradicionales poner en las cualidades de lucha de los soldados-ciudadanos –especialmente los buenos tiradores de las fronteras-. Es por tanto irónico que en la guerra con México se cuestionara, más que en cualquier otro conflicto, las cualidades de los voluntarios civiles en el ejército. Los ciudadanos, desde los revolucionarios “hombres al minuto o minute man” a los voluntarios gringos en la Guerra Mexicana, no han sido reivindicados por el folclor americano, pero las campañas de Taylor y Scott, al menos en algún grado deben su triunfo a su actuación. En los “Cazadores de Kentucky” como símbolo de la época de Jackson. (Cf. John William Ward, Andrew Jackson, symbol for an age, New York, Oxford University Press, 1962, pp. 13-29).

91 “Volunteer Army”, en Nile´s National Register, vol. 70 (22 de agosto de 1846), p. 386.

92 Soldado Alexander Doniphan, Compañía C, Voluntarios Montados de Missouri, fue elegido coronel de ese regimiento en 18 de junio de 1846. Para un relato más amplio de la actuación de Doniphan en la guerra, ver capítulo III.

93 Nelson McClanahan, Nueva Orleáns, a John McClanahan, Jackson, Tenn., junio 19-21, 1847, Fondo McClanahan-Taylor, So. Hist. Col., NCa.

94 Brigadier general John Ellis Wool fue capitán en el 13º de Infantería, 14 de abril de 1812; ascendido a coronel después de la batalla de Plattsburg (11 de septiembre de 1814); inspector general de 1816 a 1841; teniente coronel del 6º de Infantería, 20 de mayo de 1820, y general brigadier, 25 de junio de 1841. Fue ascendido a general mayor por la batalla de Buena Vista (La Angostura) en la guerra con México, y en la Guerra Civil fue general mayor por el ejército de la Unión (norte), 16 de mayo de 1862. Se retiró el 1 de agosto de 1863. 

95 Coronel George Croghan, fue inspector general desde 1825.

96 Coronel Archibald Yell, Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas. Fue muerto en la batalla de Buena Vista (Angostura).

97 Teniente coronel George Talcott, Jr., fue teniente coronel, Ordenanza, el 30 de mayo de 1832, coronel y Jefe de Ordenanzas, 25 de marzo de 1848, y ascendido a Brigadier general por sus servicios durante la Guerra con México. Sin embargo, fue degradado del ejército el 10 de julio de 1851.

98 General brigadier John E. Wool, Cincinnati, a William L. Marcy, Washington, D.C. 7 de junio de 1846, Fondo William L. Marcy, DLC.

99 Samuel R. Curtis, asistente a la Oficina del general, Columbus, Ohio, a su esposa Belinda Curtis, Wooster, Ohio, 21 de mayo de 1846. Fondo Samuel R. Curtis, Beinecke. Samuel Ryan Curtis se graduó en West Point y fue comisionado en 31 de julio de 1831 como 2º teniente al 7º de Infantería. Después de un trabajo en la frontera en el Fuerte Gibson, en territorio indio, renunció en 30 de junio de 1832. En su vida civil fue ingeniero civil y abogado; oficinista en las milicias de Ohio (coronel, 1843-1845) y, de 20 de mayo a 24 de junio de 1846, Asistente general de Ohio “con el propósito especial de convocar y organizar la cuota del estado de voluntarios para la guerra con México”. Entonces fue nombrado coronel del 2º Regimiento de Voluntarios de Ohio. Después de que el regimiento fue formado en junio de 1847, se desempeñó en el equipo del Brigadier general Wool como asistente adjunto general y gobernador civil y militar de Camargo, México.

100 Alexander Konze herido mortalmente en la batalla de Buena Vista (Angostura). Tan inspiradora fue su personalidad que después de su muerte un compañero suyo soldado, Herman Upmann, escribió desde su cama de hospital en Saltillo que “mientras esperábamos en el campo la noche del veintitrés de febrero el contra ataque de Santa Ana, el pensamiento más consolador para varios de los compañeros de Konze era que la muerte al día siguiente nos haría compañeros de Melquiades, de Sócrates y de Konze”. El teniente Nathaniel Niles, del 2º de Voluntarios de Illinois, escribió un elogio que apareció en el Boston Evening Post: “en la misma parte del campo de batalla en Buena Vista (la Angostura)… otro compañero, herido por una lanza, cuyo nombre es digno de colocarlo entre los más honrosos: Soldado Alexander Konze, de la Compañía H, 2º regimiento de Illinois… su conducta en el campo fue de lo más solidaria, amable, calmada, razonada, y era pronto para obedecer las órdenes. Su valor era contagioso, aún en el momento de su muerte, cuando rehusó rendirse. No tiene familiares excepto un hermano en América del sur. No dejó parientes en este continente. Su madre viuda vive en Bueckeburg, en Hanover, cerca de su ciudad natal Hamburgo. El recibió una espléndida educación en las Universidades de Jena y Goettingen. Había estado apenas un año en los Estados Unidos cuando se unió a nuestro regimiento en Alton…Tenía veintisiete años de edad y probablemente era el hombre más instruido del ejército. Sus conocimientos en filología eran amplios y profundos. Para él era tan familiar el latín que al examinar un día una gramática española era capaz de leer este idioma con facilidad. Muchas horas agradables pasamos juntos explorando las planicies y montañas de México, mientras él llenaba su mochila con nuevas especies de plantas para enviarlas a Alemania y con sus conocimientos de botánica a menudo lo veíamos clasificarlos por género y especie. Un corazón tan bueno y valiente jamás pisó un campo de batalla… Este hombre murió por un país del cual no era ciudadano; podemos decir que ¿El republicano hijo de Alemania, no era un verdadero americano?”

101 Cuarto Regimiento de Voluntarios de Illinois, comandado por el coronel Eduard D. Baker.

102 James Semple (1798-1866) fue senador por Illinois (1843-1847), pero no fue candidato para su reelección en 1846; después del 3 de marzo de 1847 regresó a Alton, donde se unió al negocio de bienes raíces. Un Demócrata en la política, parecía que se le iba a dar como a otros de sus compañeros una comisión como coronel. No fue así, sin embargo comandó un regimiento de Illinois y participó en la guerra con México.

103 Mayor James L.D. Morrison, después promovido a teniente coronel del 2º Regimiento de Voluntarios de Illinois.

104 Alexander Klonze, Alton, Illinois, al Editor, Milwaukee Wisconsin Banner, 2 de julio de 1846, citado en el Milwaukee Wisconsin Banner, 18 de julio de 1846 (copia tipografiada), Fondo Alexander Konze, Sociedad Histórica del Estado de Wisconsin, Madison, Wisconsin. De aquí en adelante este fondo nos referiremos como Wis. Hist. Soc. 

105 Kenly, Maryland Volunteer, p. 77.

106 James Crabb a Henry H. Keeling, 14 de julio de 1846, Western Americana MSS, Beinecke.

107 Coronel Humphrey Marshall.

108 Probablemente Pierce M. Butler, después coronel del Regimiento de Voluntarios de Carolina del Sur (“Regimiento Palmetto”).

109 Coronel William R. McKee, 2o Regimiento de Voluntarios de Kentucky. Murió en la batalla de Buenavista (La Angostura).

110 “Volunteers”, Nile´s National Register, vol. 70, 25 de julio de 1846, pp. 325-326.

111 El señalamiento de la administración del presidente Polk de los miembros del Congreso al comando de los regimientos de voluntarios fue debido a las críticas de Joel R. Poinsett, que era Secretario de Guerra: “Si las medidas de la administración Demócrata van a servirnos como precedente, el poder y el patrocinio del Ejecutivo va a ser excesivo”. Joel R. Poinsett, al gobernador Kemble, Cold Springs, Nueva York, 27 de julio de 1846, Fondo Gilpin-Poinsett, Hist. Soc. Pa. 

112 “Illinois Volunteers”, en St. Louis Missouri Republican, 7 de Julio de 1846.

113 Isaac Smith, Reminiscences of a Campaign in Mexico, Indianapolis, Chapman & Spann, 1848, p. 6.

114 Aparentemente este fue un arreglo extraordinario, pero numerosas compañías independientes de varios Estados sirvieron durante la guerra con México.

115 Kenneth McKenzie, Condado de Covington, Mississippi, a Duncan McLaurin, Richmond County, Carolina del Norte (fragmento), Fondo Duncan McLaurin, Duke.

116 Daniel C. McKenzie, a Duncan McLaurin, mayo (fecha deducida), 1847, Ibíd.

117 Teniente Thomas Williams, Cuartel general del Ejército, barco Massachusetts fuera de Isla de Lobos, a John R. Williams, Detroit, 28 de febrero de 1847, Fondo John R. Williams, Burton. El teniente Thomas Williams, 4º Artilleros, fue asistente de campo del general Scott; ascendido a capitán en la batalla de Contreras y Churubusco, y a Mayor por Chapultepec. 

118 Ranger es un término militar de origen anglosajón que define a un soldado especializado en la vigilancia, cuidado y labor policial de un territorio específico. Originalmente se especializaban en el seguimiento y captura de individuos o grupos que de por sí no constituyen ejércitos regulares, pero que tienen cierta estructura militar, y que generalmente actúan en territorios lejanos frecuentemente aislados. Por estas características, suelen ser individuos aventureros, voluntarios y nativos de la propia zona, que originalmente se dedicaban a labores de cacería y exploración, En la guerra con Texas fueron fuertemente combatidos y eran odiados por los mexicanos, pues, aunque no está aún bien documentado, eran unos genocidas limpiando el sur de los Estados Unidos de mexicanos e indígenas. Tan solo entre 1910 y 1920 se cree que entre 300 y 5 mil estadunidenses de origen mexicano fueron asesinados por los Rangers de Texas.

119 Coronel John C. Hays, 1er Regimiento Voluntario de Fusileros Montado de Texas.

120 Coronel George T. Wood, 2º Regimiento de Fusileros Montado de Texas. 

121 Gobernador James P. Henderson fue general mayor de los Voluntarios de Texas.

122 Luther Giddings, Sketches of the Campaign in Northern Mexico, Nueva York, Publicado por el autor por George P. Putnam & Co, 1853, pp. 96-97, Giddings fue Mayor del 1er Regimiento de Voluntarios de Ohio.

123 Brantz Mayer, History of the War between Mexico and the United States, Nueva York, Wiley & Putman, 1848, pp. 158-160.

124 Dr. S. Compton Smith fue un “cirujano activo”, es decir un cirujano contratado por el ejército de Taylor. 

125 John Falstaff es un personaje de ficción creado por William Shakespeare. Su carácter es festivo, cobardón, vanidoso y pendenciero. La cita es de Enrique IV acto I.

126 La Compañía Montada del capitán Mabery B. Gray.

127 S. Compton, Chile con Carne; o The Camp and The Field, Nueva York, Miller & Curtis, 1857, pp. 292-295.

128 T. M. Cook a William H. Leevis, 12 de octubre de 1847, Western Americana MSS, Beinecke.

129 Ephraim Kirby Smith, To Mexico with Scott, Letters of Captain E. Kirby Smith to his wife, Emma Jerome Blackwood ed., Cambridge, Harvard University Press, 1917. Esta carta está fechada en Corpus Christi, Texas, 18 de septiembre de 1845.

130 El 2º Regimiento de Voluntarios de Ohio fue fusionado con el 5º, pero Lowe y otros oficiales aún continuaron identificándose como el 2º de Ohio. El teniente coronel William Irving del 2º Regimiento pasó a ser coronel del 5º Regimiento.

131 Teniente William Howard fue 2º teniente en el 5º de Voluntarios de Ohio.

132 Capitán John W. Lowe, vapor Trenton en el Río Mississippi, a la Sra. Manorah F. Lowe, Ciudad de Nueva York, 26 de septiembre de 1847, Fondo John W. Lowe; Biblioteca pública del Condado de Dayton y Montgomery, Dayton, Ohio. De aquí en adelante el fondo será referido como Dayton.

133 Sir Edward Pakenham, comandante de las tropas británicas cerca de Nueva Orleans, murió en 8 de enero de 1815, mientras intentaba conquistar la posición del general Jackson.

134 General Brigadier John E. Wool con sus tropas del valle superior del Mississippi estaba en camino a la costa de Texas; de ahí debería marchar tierra adentro a San Antonio de Béjar.

135 Puerto La Vaca, Texas, en la Bahía de Lavaca, junto a la Bahía de Matagorda, como a veinticinco millas al sureste de Victoria. Alexander Konze, Campo Crockett cerca de San Antonio de Béjar, al editor del Milwaukee Wisconsin Banner, 10 de septiembre de 1846, citado en Milwaukee Wisconsin Banner, 2 de noviembre de 1846 (copia tipografiada), Wis. Hist. Soc.

136 El diario de John Kreitzer, conservado en la Biblioteca de la Sociedad Histórica de Pennsylvania, fue transcrito a mano de su original primitivo; la sociedad adquirió este diario en 1920, pero no ha podido darnos más información de su procedencia. Cualquiera que consulta el diario de Kreitzer inmediatamente se da cuenta del cercano paralelismo con el diario impreso de J. Jacob Oswandel (Notes of the Mexican War, 1846-47-48, Filadelfia, inédito, 1885). El soldado Kreitzer, un impresor por tradición y el sargento Oswandel estaban ambos en la Compañía C del 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania. Oswandel menciona a Kreitzer (pronunciando su nombre como Kritser) en su diario. En su anotación del 29 de diciembre de 1847, Oswandel dice: “Uno de nuestros miembros, llamado John Kritser, un impresor, trabaja en el (The American Star, un periódico del ejército durante la ocupación de México)”. Al comparar los diarios de estos soldados, las similitudes son tan grandes que es difícil no concluir que uno utilizó el diario del otro. El diario de Oswandel, sin embargo, es más sofisticado, más pulido que el de Kreitzer; El de Oswandel es más extenso y en sus notas incluye cartas, etc. El de Kreitzer se ve más simple, y menos especulativo. En una anotación del 24 de diciembre de 1846, Kreitzer discute sobre una “poney purse”; Oswandel al relatar el mismo suceso parece no comprender el término. Lo más probable es que Oswandel haya usado y embellecido el diario de Kreitzer.

137 Es un error, una confusión en el nombre del poblado. Greensburg está en el Condado de Westmoreland, al este o sureste de Pittsburg. El pueblo por el que pasó probablemente era Dauphin.

138 Capitán Turner G. Morehead.

139 Capitán William F. Small.

140 Coronel Francis M. Wynkoop, 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania, reclutado como soldado (28 años) en la Compañía B del 1º de Voluntarios de Pennsylvania en 1 de diciembre de 1846 en Pottsville; fue elegido coronel del regimiento en 18 de diciembre de 1846.

141 El capitán James Nagle comandó la Compañía B.

142 Diario de John Kreitzer MS, 1846-1848, anotaciones del 9-23 de diciembre, 1846, Hist. Soc. Pa.

143 Dr. Charles Luzenberg, un médico austriaco de Verona, Italia, abrió este hospital donde los soldados eran atendidos; no tenía nombramiento oficial, involucrado en la guerra por situaciones políticas. Otros médicos en Nueva Orleans, especialmente el Dr. E.D. Fenner, asistieron a los médicos del ejército. Los editores están en deuda con la Sra. Virginia Gray, Asistente Curadora del MSS, Biblioteca de la Universidad de Duke, por la información de las condiciones médicas en Nueva Orleans durante la Guerra con México. Estamos agradecidos por el permiso para leer sus excelentes fuentes sobre el tema.

144 Thomas N. Love, “Notas sobre las enfermedades que hubo en el 2º Regimiento de Fusileros del Mississippi en los primeros seis meses de su servicio” en The New Orleans Medical and Surgical Journal, vol. 5 de julio de 1848, pp. 3-6.

145 Este era un periódico de ocupación publicado después de la toma de la ciudad. Para más periódicos de soldados ver el Capítulo VI.

146 “Injustice to Volunteers” en Matamoros American Flag, 17 de enero de 1847.

147 Capitán Charles R. Crowninshield, Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.

148 Teniente coronel Edward W. Abbott.

149 Coronel Caleb Cushing.

150 Teniente William Watts Hart Davis, a su madre Sra. Amy H. Davis, “Davisville” Doylestown, Pennsylvania, 13 de febrero de 1847, Fondo W.W.H. Davis, Beinecke.

151 Teniente John C. Cremony, 2º teniente del Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.

152 Teniente William Watts Hart Davis, barco Remittance en alta mar, a su madre (Sra. Amy H. Davis), 6 de marzo de 1847, Fondo W.W.H. Davis, Beinecke.

Estudio introductorio y presentación

Imagen 1. Powell, William Henry. (1877). Asalto a Chapultepec. New York. Johnson & Miles Publishers.

Presentación

Estos relatos provenientes de fuentes por mucho tiempo inéditas, en gran parte de origen estadounidense, recogen las voces de los soldados –largamente calladas-, testigos de la más impopular y peor manejada guerra de los Estados Unidos: la primera guerra de invasión masiva y ocupación a un país extranjero. Un hecho que del lado mexicano es casi imposible abordar sin pasión. 

Este es un trabajo en el que los recopiladores originales, en 1968, en el contexto de las controversias por la participación estadounidense en la Guerra de Vietnam (1955-1975), Georges Winston y Charles Judah, no buscaban encontrar un sentido histórico de la primera guerra de invasión estadounidense, ni detenerse de manera explícita en argumentar la moralidad o justicia de la invasión a México. Procuraron, solamente, recuperar el relato de la experiencia cotidiana, el ambiente entre los soldados y sus propias historias, la furia de la batalla, la brutalidad de las caminatas forzosas, el aburrimiento de la vida en el campamento, el terror a las enfermedades tropicales, así como las frustraciones y placeres que experimentaron como conquistadores de un territorio diverso, pero hostil y extraño. Como la guerra misma, las historias de los combatientes norteamericanos incluyen todo el escalafón del ejército: desde el soldado raso hasta el general, y también muestran que así como estaba involucrado el ejército lo estaba la nación. Si el espíritu del Destino Manifiesto define el modo de ser de Estados Unidos, esto no silenció la amargura y el enconado desacuerdo de los que pusieron en duda la moralidad de la causa y del actuar del Congreso de los Estados Unidos en los campos de batalla mexicanos, al punto de llamarla despectivamente “la guerra del partido demócrata del Sr. Polk” o simplemente “la guerra de Mr. Polk”.

Durante el desarrollo de la guerra los sistemas de abasto fueron ineficientes, pues la medicina y atención a los heridos se ejerció de un modo bárbaro y primitivo. El gobierno en Washington se preocupaba más por no excederse económicamente en los estimados y presupuestos que por atender las necesidades concretas de sus generales y soldados en el campo de batalla. A pesar de esto, había un alto sentido de aventura, de lealtad a su país y a su bandera en las tropas de los generales Taylor y Scott, conforme iban adentrándose en México y se acercaban a la confrontación final en Chapultepec; o de Kearny y Frémont en su campaña por el oeste hacia Nuevo México y California.

Combinando diferentes acercamientos y perspectivas, los recopiladores hacen breves comentarios introductorios y despliegan el panorama completo de la guerra con México, desde el reclutamiento de voluntarios, la amargura de la lucha, la ocupación de este país y, finalmente, el retorno de los vencedores a su patria. La obra se caracteriza por la vitalidad y frescura que tienen las narraciones de primera mano, y que relatan las experiencias de los soldados en todas las guerras. 

Los recopiladores

George Winston Smith, originario de Illinois y en cuya Universidad se doctoró en Historia. Se incorporó a la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, en 1949, como profesor de Historia del siglo XIX (especializado en la Guerra Civil Norteamericana). Entre sus trabajos publicados tenemos: Henry C. Carey and American Sectional Conflict (1951) y Medicines for the Union Army (1962), ambas obras fundamentales para comprender la Historia de la medicina en Estados Unidos del siglo XIX. En 1962 publicó, en colaboración con Charles Judah, The Unchosen  (los no elegidos), que habla sobre los personajes que buscaron la nominación presidencial pero que fueron vencidos en las convenciones de sus partidos; y Life in the North during Civil War (1966) (La vida en el Norte durante la Guerra Civil), un libro donde aborda los conflictos ideológicos en el norte, desde la crisis de secesión de 1860 hasta la reconstrucción después de la guerra. Sus Chronicles of the Gringos (1968) fueron escritas en plena efervescencia de la invasión a Vietnam y previos al famoso discurso de Jane Fonda, dado en el campus de la Universidad de Nuevo México en mayo de 1969, que provocó una zacapela entre universitarios a favor y en contra de la invasión a Camboya. Esos fueron sus “espirituales” para hacer esta obra, como lo dijera el Dr. Edmundo O´Gorman. Winston Smith ejerció la cátedra hasta su retiro en 1980.

Charles Burnet Judah en 1968 era profesor emérito de Ciencias políticas en la Universidad de Nuevo México, se mantuvo muy activo en el período previo a la Segunda Guerra Mundial y también fue maestro, en Chicago, de George Winston Smith. Además de sus trabajos conjuntos, publicó dos novelas históricas: Tom Bone (1944), sobre un pirata inglés y sus incursiones desde la costa de Virginia y el Caribe, en especial en Jamaica, y Christopher Humble (1957), sobre las aventuras de un pionero. Fue colaborador de la revista Western Political Science Review y es el autor del libro The North American Fisheries and British Policy to 1713 (Las pesquerías norteamericanas y la política británica en 1713). Se retiró del mundo académico en 1969.

Imagen 2. Chamberlain, Samuel Emery. (1996). “Selección de acuarelas”. En My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor)- Texas State Historical Association.

Traducción e investigación iconográfica

El Dr. Luis Arturo García Dávalos es egresado del Doctorado en Historia de la UNAM y deposdoctorado por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Es miembro fundador de la Asociación Interdisciplinar para el estudio de la Historia de México AC y se ha especializado en los momentos que dan identidad a la Nación Mexicana. La traducción de este trabajo ha procurado, tras varios años de revisión, integrar un sentido histórico y se ha adaptado al castellano que se usa en México. En colaboración con la Lic. en Historia Janet Elizabeth Reyes Bolaños, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y quien ha dedicado algunas investigaciones a explorar la iconografía de Fuentes primarias como, daguerrotipos, litografías, pinturas, códices, entre otras fuentes, se hizo la investigación iconográfica para dar un complemento al sentido de los textos, y para posibilitar al lector, a través de las imágenes, un campo visual que muchas veces en los trabajos históricos es excluido. Se introdujeron al texto daguerrotipos, litografías y obra gráfica de la época de dominio público.

Cabe aclarar que todos los textos e imágenes usados son obras ya divulgadas, de dominio público, y su inclusión se hace con fines de investigación, comentario y juicio crítico, es decir, con fines didácticos,  lo cual es el objeto principal de esta obra.  En todas se cita el autor y el repositorio donde se encuentra, dando de esta manera el crédito adecuado. Nuestro fin es el conocimiento de la Historia, no la comercialización.

Fuentes escritas: Archivos consultados

Como los autores lo mencionan, acudieron a repositorios de primer nivel, la mayor parte aún desconocidos para los investigadores mexicanos. Los principales fondos consultados para su obra fueron los siguientes: 

  • NARA (National Archives and Record Administration)

Washington, DC. Archivos Nacionales, abreviado como Nat. Arch. La referencia o Record Group es abreviada como RG. Disponible en: The National Archives Catalog

  • Nile´s National Register

También conocido como el Niles’ Register, The Weekly Register, Niles’ Weekly Register, y Niles’ National Register. Fue un semanario fundado por Hezekiah Niles en 1811, y publicado por sus sucesores hasta 1849. Cubría noticias de los Estados Unidos y del mundo. Era muy famoso en su tiempo por su comprensión y confianza, es frecuentemente citado como una fuente autorizada de información histórica. Se le encuentra en la mayoría de las bibliotecas públicas norteamericanas en ediciones en papel, microfilm y electrónicas. – Vínculo.

  • Southern Historical Collection 

Biblioteca Louis Round Wilson de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. Este fondo es citado como: Hist. Soc. Col., NCa.  Se especializa en manuscritos de la historia de los estados del sur de Estados Unidos del siglo XIX y principios del XX. – Vínculo

  • Biblioteca de la Universidad de Duke

La biblioteca cuenta con un fondo especial de manuscritos sobre la Historia del sur de los Estados Unidos. El depósito se encuentra en Durham, Carolina del Norte. Este fondo es citado como Duke. Vínculo:

  • Colección Histórica Burton 

Ubicada en la Biblioteca Pública de Detroit, Michigan. Este fondo es citado como Burton. La colección Burton surgió como la biblioteca privada de Clarence Monroe Burton, un notable abogado que también fue un historiador y el fundador de la C. M. Burton Abstract Co. Su intención era reunir los documentos históricos de Detroit. Sabiendo que la historia de Detroit está unida a Michigan y el Noroeste, Canadá y la Nueva Francia, hizo de su colección el más importante archivo histórico privado en los Estados Unidos. Disponible en: Burton Historical Collection

  • Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, División de Manuscritos 

Washington, D.C. Es citado como DLC. Este fondo ahora está totalmente digitalizado en la National Union Catalog of Manuscript Collections (NUCMC) de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Disponible en: National Union Catalog of Manuscript Collections (NUCMC), Celebrating Fifty Years, 1959-2009

Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos

Se encuentra en la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut, y es citado como Western Americana MSS, Beinecke. Esta biblioteca es el principal fondo de la Universidad de Yale de obras literarias y manuscritos antiguos, así como de libros raros en los campos de la literatura, teología, historia y ciencias naturales. Además conserva manuscritos históricos y documentos originales del siglo XIX. Disponible en: Beinecke Rare Book & Manuscript Library | Home

  • Sociedad Histórica de Pennsylvania

Este fondo es citado como Hist. Soc. Pa. Fundada en 1824 en Filadelfia, La Sociedad Histórica de Pennsylvania es una de las más antiguas sociedades históricas en los Estados Unidos. Conserva 600,000 impresos y cerca de 19 millones de manuscritos e imágenes gráficas. Disponible en: Historical Society of Pennsylvania | Make History Yours

  • Dayton Metro Library

La Biblioteca Pública del Condado de Dayton y Montgomery es un fondo que conserva manuscritos originales de la historia de Luisiana, Florida y de las guerras con los indios, Secesión y México. Es citada como Dayton. Disponible en: Dayton Metro Library: Home

  • Wisconsin Historical Society

La Sociedad Histórica del Estado de Wisconsin, en Madison, Wisconsin,conserva un importante fondo de historia militar, el cual ha digitalizado completamente. Es citado como Wis. Hist. Soc. Disponible en: Wisconsin Historical Society | Explore our historical collections, research your family history, teach and learn Wisconsin history, preserve historic properties, donate, volunteer and more.

  • Biblioteca Houghton

Se ubica en la  Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts. Este fondo es citado como Houghton. La Biblioteca Houghton es la principal biblioteca de incunables y manuscritos del Harvard College.  Disponible en: Houghton Library

  • Fondo Getty, Archivos del Estado de Nuevo México

Los archivos y servicios de la División Histórica de los Archivos del Gobierno del Estado de Nuevo México conservan los documentos sobre la historia de este territorio. Está digitalizado en su totalidad con el patrocinio de la Fundación Getty. Disponible en: Digital Archive

Fuentes gráficas

El aporte de este trabajo no es solo el incluir los textos, sino también testimonios visuales de la época, ya que nos da otra comprensión de la Historia el ver imágenes producidas en el contexto del que se habla.  En un momento en que se encuentran ambas culturas, los norteamericanos, que buena parte de su vida habían vivido restringidos a sus comunidades del Noreste, ávidos de conocer lo que pasaba al sur y oeste de Norteamérica, se encuentran por la guerra situados en una región totalmente desconocida para ellos, donde la majestuosidad del paisaje y la biodiversidad se imponen. En las litografías de batallas, grabados y dibujos por norma resalta la majestuosidad del paisaje o la arquitectura.  Es el sentimiento que el francés Alexis de Tocqueville expresa:

La América del Norte apareció bajo otro aspecto. Todo en ella era grave, serio y solemne. Se hubiera dicho que había sido creada para llegar a ser los dominios de la inteligencia, como la otra -América del Sur- la morada para los sentidos. Un océano turbulento y brumoso envolvía sus orillas. Rocas graníticas le servían de protección. Los bosques que cubrían sus orillas mostraban un follaje sombrío y melancólico; no se veía crecer en ellos sino el pino, el alerce, la encina verde, el olivo silvestre y el laurel. Después de penetrar a través de ese primer recinto, se encaminaba uno bajo las sombras de la floresta central. Allí se encontraban confundidos los más grandes árboles que crecen en los dos hemisferios: el plátano, el catalpa, el arce de azúcar y el álamo de Virginia enlazaban sus ramas con las del roble, del haya y del tilo. (1) 

Es un mundo nuevo que emerge en pleno siglo XIX por la guerra como una esfinge lanzando sus enigmas. Glosando a Edmundo O´Gorman, el Noroeste y la Meseta Central de México surgen como una esfinge que desde el otro lado de Norteamérica lanza interrogaciones que son otros tantos retos a los sistemas y convicciones del Mundo Cuáquero Protestante. Su sola presencia es un poner a prueba esas convicciones y sistemas, y veremos que a 175 años de distancia aún no asimilan ese mundo. (2)

Las primeras impresiones de ese mundo son captadas primeramente a través de las narraciones y de las imágenes. Encontramos las primeras fotografías tomadas por una nueva profesión: el corresponsal de guerra. Hay una buena cantidad de representaciones, muchas hechas sobre bosquejos e impresas rápidamente como son pinturas, grabados, litografías, dibujos, etc. Muchas de ellas han sido recopiladas por repositorios de los Estados Unidos y que, por la cantidad y temas tan variados, exigiría todo un estudio aparte.  Aquí las incluimos como un recurso pedagógico, con algunos comentarios cuando creemos que es pertinente. Es importante mencionar que las imágenes que se incluyen fueron rescatadas de repositorios digitales y algunos libros que se encontraron en línea y que han trabajado este tema y de igual manera, integran en ellos fuentes visuales de la época y que por el tiempo en que se hicieron, son ya de dominio público.

Principales Archivos consultados de fuentes gráficas

  1. Internet Archive: 

Internet Archive: Digital Library of Free & Borrowable Books, Movies, Music & Wayback Machine 

Internet Archive es una organización sin fines de lucro, con el objetivo de brindar acceso universal de sitios de internet y documentos digitales a investigadores y al público interesado.  Digitaliza 1,000 libros por día en 28 ubicaciones de todo el mundo.  Fue creada en 1996 en el Presidio de San Francisco, California. Recopila una gran cantidad de archivos de videos, textos, audios, los cuales son de dominio público y algunos tienen la posibilidad de descargarse, o si no, se pueden consultar en línea. Es uno de los sitios web más importantes y democráticos del mundo, con una gran cantidad de libros digitalizados para consultar, de gran ayuda para muchas investigaciones.  

  • U.S. Quartermaster Corps, Fort Lee, Virginia:

 US Army Quartermaster Corps – Fort Lee, Virginia – Current Events 

Repositorio digital de la Intendencia del Ejército de los Estados Unidos (QMS).  Es un comando subordinado del Comando de Apoyo de Armas Combinadas del Ejército de los Estados Unidos que alberga información e imágenes sobre militares y del ejército de los Estados Unidos. Especializado en temas de abasto, uniformes y medicamentos para la guerra, es uno de los repositorios digitales más utilizados para analizar gráficamente las imágenes de soldados y generales de la guerra México americana, así como de la manera en que se daba de comer y se proveía de armamento. Se encuentra ubicado en Fort Lee, Virginia.

  • Asociación Histórica del Estado de Texas (TSHA): 

Texas State Historical Association – The Authority on Texas History 

TSHA online es un acervo digital creado y mantenido por la Asociación Histórica del Estado de Texas, en colaboración con la Universidad de Texas en Austin. Documenta y almacena de manera digital la historia de Texas. Fue organizada en Austin el 2 de marzo de 1897. Su objetivo es fomentar la apreciación, comprensión y enseñanza de la historia de Texas y alentar y promover la investigación, preservación y publicación de material histórico que concierne  a ese estado para que pueda ser consultado en línea.  

  • UTA Libraries:

A Continent Divided: The US-Mexico War 

Repositorio digital ubicado en la Universidad de Texas en Arlington;  fundado en 1895, guarda una gran cantidad de imágenes, información, textos y mapas de distintos temas, todos digitalizados. Es uno de los archivos más completos relacionados con la guerra entre México y Estados Unidos. El abogado Fort Worth Jenkins Garret donó, en 1973, a UT Arlington su colección de más de 10, 000 artículos sobre Texas y la guerra con México incluidos mapas, manuscritos, materiales gráficos de la época. En 1995 Garret y el bibliotecario de Colecciones Especiales, Kit Goodwin, compilaron una bibliografía de la colección titulada “La guerra mexicano-estadounidense de 1846-1848”, la cual fue utilizada a lo largo de la investigación de este libro. Muchos documentos que se encuentran en este repositorio fueron producidos en la época de la guerra. 

Plataforma que almacena gran cantidad de imágenes de todo tipo: litografías, pinturas, dibujos, mapas, etc., las cuales son de dominio público. Es un buscador de imágenes en línea fundado por Benn Sibermann, Paul Sciarrra y Evan Sharp en 2010.   La ventaja de este sitio es que hay imágenes subidas por particulares, que no se encuentran en otro lugar.

La Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL) es la segunda más grande de los Estados Unidos. Este sitio es una base de datos con nuevos materiales agregados todos los días. Fue fundada en 1895, contiene más de 55 millones de artículos desde libros, impresiones, fotografías, manuscritos, videos, entre otros recursos visuales, todos de libre acceso.   

Repositorio digital de acceso libre patrocinado por la Biblioteca Nacional de Francia, que resguarda documentos que se pueden ver y descargar de manera gratuita como libros, manuscritos, mapas, planos impresiones, fotografías, carteles, revistas, periódicos, etc.  

La colección de libros electrónicos UC Press 1982-2004 es una dependencia de la Universidad de California que posee casi 2,000 libros de prensas académicas sobre una variedad de temas incluyendo arte, ciencia, religión, música y ficción. Particularmente especializado en la conquista de California, Nuevo México, Utah y Arizona.

  • Biblioteca Nacional de Medicina de los EUA, Colecciones digitales NLM: 

About – Digital Collections – National Library of Medicine 

Es un repositorio gratuito en línea de recursos sobre la Historia de la Medicina en Estados Unidos. Incluye libros, manuscritos, imágenes, mapas y videos, y es la biblioteca biomédica más grande del mundo. Fue fundada en 1836. El contenido del repositorio es de dominio público.    

Repositorio digital de fotografías históricas que abarca más de 2500 años de historia mundial y que contiene imágenes de dominio público. Está ubicado en Brooklyn, Nueva York. Ofrece acceso instantáneo a la mayoría de las imágenes, las cuales pueden descargarse o consultarse en línea.  Sus fundadores, Erika y William Glover, inauguraron esta biblioteca de imágenes históricas en 1994 honrando a James Granger, quien en 1769 era un coleccionista de impresos. Algunas imágenes se cobran.   

La Galería Nacional de Retratos es una galería de arte en Washington, administrada por el Instituto Smithsoniano. Esta colección concentra imágenes de personajes famosos de los Estados Unidos.  Fue fundada por el Congreso de EU en 1962 con la misión de adquirir y exhibir retratos de hombres y mujeres que han hecho contribuciones significativas a la historia, desarrollo y cultura de los Estados Unidos.  

Yale University Press es una editorial universitaria asociada a la Universidad de Yale  que también difunde publicaciones en línea. Tiene como compromiso aumentar el alcance y vigor de las actividades intelectuales, y por eso puso al alcance la colección digital.  

La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, situada en Washington D.C., es una de las bibliotecas más grandes del mundo. Resguarda más de 158 millones de documentos, libros en 470 idiomas y tiene un portal en línea en el que se pueden consultar los documentos.  

Fuentes impresas de donde obtuvimos gráficos

  • Chamberlain, Samuel Emery. (1996). My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor)- Texas State Historical Association.

Samuel E. Chamberlain nació el 27 de noviembre de 1829 en Center Harbor, New Hampshire Estados Unidos. Fue pintor, escritor y soldado, y murió el 10 de noviembre de 1908.  A los 16 años acudió al centro de reclutamiento en San Antonio de Bejar en donde se enlistó, el 8 de septiembre de 1846, en el Primer Regimiento de los Dragones de los Estados Unidos que estuvo al mando del general John Ellis Wool, quien saldría en campaña al Noreste de México, y en 1847 relevaría en el cargo al General Zachary Taylor como comandante en jefe del Ejército de Ocupación en Monterrey. 

Samuel E. Chamberlain vivió como soldado en su estadía en México, al mando del general Wool, inesperadas aventuras, las cuales narra a través de los capítulos que conforman su obra La Confesión, que fue ocupada en este libro porque muestra y relata las principales actividades de un soldado común. En ella se describe la disciplina militar a la que eran sometidos y a la vez menciona e ilustra que también gozaban de mucho tiempo de ocio: el juego, el alcohol y los burdeles eran parte de su vida como soldado. De igual manera, ilustra los castigos a los que eran merecedores por sus acciones, como es el caso del Batallón de San Patricio al cual dedica todo un apartado del libro. 

En su obra La Confesión relata las aventuras de los soldados, principalmente en una taberna llamada El Valer en Monterrey,  y describe la relación de  estos con prostitutas, guerrilleros locales y estadounidenses. Sin embargo, fue más conocido por sus pinturas, las cuales ilustran paisajes y escenas de la guerra entre México y Estados Unidos. La colección utilizada en esta investigación se retomó del Museo de Pinturas Históricas de San Jacinto, contiene 150 ilustraciones.

  • Coffin, Charles Carleton, Building the Nation: Events in the History of the United States from the Revolution to the Beginning of the War Between the States, Volume 3, New York, Harper. 

Disponible en: https://archive.org/details/buildingnationev00incoff/page/368/mode/2up

Charles Carleton Coffin nació el 26 de julio de 1823 en Boscawen New Hampshire, Estados Unidos, y falleció el 2 de marzo de 1896. Fue un periodista, autor,político y corresponsal de la guerra civil estadounidense, un cronista de la época.    

El Libro Construyendo la Nación. Eventos en la historia de los Estados Unidos desde la Revolución hasta el comienzo de la guerra entre los Estados fue publicado en 1883 en Nueva York, por la editorial estadounidense Harper & Brothers, Franklin Square. Contiene una gran cantidad de imágenes que ilustran tanto a los personajes principales de la guerra de México con los Estados Unidos como las escenas de batallas, paisajes y episodios de esta guerra. Cuenta con 473 imágenes. 

Al ser un libro que tiene como principal interés la historia en general de la nación estadounidense y, por lo tanto, estudiar la guerra entre los dos estados, ilustra e investiga ampliamente los eventos que dieron identidad a  los Estados Unidos. Fue escrito en un momento de polémica sobre la legitimidad moral de las ocupaciones norteamericanas y la necesidad de construir una historia gloriosa y heroica de lo que llaman América. 

  • Emory, William Hemsley. Notes of a Military Reconnaissance, from Fort Leavenworth, in Missouri, to San Diego, in California, Including Part of Arkansas, Del Norte, and Gila Rivers. Washington: Wendell and Van Benhuysen.

Recuperado de: https://archive.org/details/bub_gb_ggFZAAAAMAAJ/page/n477/mode/2up/search/Santa+Fe

James William Abert nació el 18 de noviembre de 1820 en Estados Unidos y murió el 10 de agosto de 1897.  Fue soldado, explorador, coleccionista y artista topográfico. Se unió a las expediciones al oeste con John C. Frémont y estuvo a cargo del mapeo del río canadiense. En 1846 fue enviado al oeste para unirse al ejército del general Kearney en la guerra México americana, y también participó en la guerra civil americana. La fuente que se utilizó en este trabajo son sus reportes de teniente, los cuales fueron recopilados por Emory William Hemsley. En estos Abert narra los paisajes que ve en México, las aventuras que vive en este lugar y rinde cuentas de las expediciones hechas con una gran cantidad de imágenes. Este libro fue publicado el 17 de febrero de 1848 en Washington, por la editorial Wendell and Van Benthuysen,y contiene 67 imágenes.    

Por otro lado, William Hemsley Emory nació el 7 de septiembre de 1811. También oficial del ejército de los Estados Unidos y botánico, es reconocido como autoridad en descripción y clasificación de vegetales, y como cartógrafo. Es quien dirige la topografía de límites al final de la guerra con México, fijando la frontera de Estados Unidos con México en el Tratado de Guadalupe Hidalgo.  Esta guerra estimuló la producción de mapas y Emory en los mapas que hace. y que están incluídos en este libro, muestra la fauna y flora y planes de batalla en el Oeste. Es un libro muy ilustrativo y una fuente primaria para estos temas. 

Recuperado de: https://archive.org/details/americangenerals02fros/page/840/mode/2up

  • Frost, John, (1862).  Pictorial History of Mexico and the Mexican War. Richmond, Virginia, Harrold and Murray. 

Recuperado de: https://archive.org/details/pictorialhistory01fros/page/276/mode/2up

  • Frost, John, (1884). Perilous Adventures by Land and Sea. Chicago & New York, Belford, Clarke & Co. 

Recuperado de: https://archive.org/details/perilousadventur00fros/page/180/mode/2up

John Frost nació en Kennebunk, Maine en 1800. Estudió en Bowdoin y Harvard, fue profesor de historia en Filadelfia y se convirtió en escritor, uno de los más fecundos de su tiempo. El autor decidió dedicar su vida a la escritura y produjo diversos cuentos y novelas. Como historiador, su objetivo era superar la falta de material histórico dando unificación al pasado estadounidense con un aporte nacionalista de exaltación, para ayudar a construir la grandeza nacional, que creció comprando o invadiendo territorios con dudosas y a veces injustificadas acciones.

El material histórico que generó Frost fue utilizado en esta investigación iconográfica ,ya que suele contener muchas imágenes importantes de la guerra. El primer libro La Guerra Mexicana y sus guerreros fue publicado en 1848 por H. Mansfield, en Filadelfia, y contiene 47 imágenes.

El segundo libro, Los Generales americanos desde la fundación de la República, hasta el tiempo presente, fue publicado en 1850 y editado por Case Tiffany & Company y contiene una colección de la vida de los oficiales americanos, incluyendo a los oficiales de la guerra contra México. Se encuentran 149 imágenes en él. 

El tercer libro, Historia pictórica de México y de la guerra Mexicana, fue publicado en 1862 en Philadelphia por Cushing & Bailey. Es un libro que hace una historia de la reciente guerra de México y Estados Unidos y un recuento de lo que sucedió con la conquista de México por los españoles. En él se observan imágenes de monumentos antiguos de México y también de la Guerra Mexicana, en total 272.

El cuarto libro es Aventuras peligrosas por tierra y mar en Europa, Asia, África y América. Fue publicado en 1884 y editado en Chicago y Nueva York  por Clarke & Co. Contiene 142 imágenes.   

  • Furber, George C. – Stillman. (1848). The twelve months volunteer; or, Journal of a private, in the Tennessee regiment of cavalry, in the campaign, in Mexico, 1846-7.  Cincinnati, J.A. & U.P. James, 1848,  p. 45. (Colección Garrett Bay D. E404 .F97) 23 ils.  

Recuperado de: https://archive.org/details/twelvemonthsvolu02furb/page/44/mode/2up)

George C. Furber fue un voluntario de doce meses (plazo por el que se alistaban en la guerra) en el Regimiento de Caballería de Tennessee, en la campaña de México de 1846-47. Este libro, El voluntario de los doce meses,  fue publicado en 1849 en Cincinnati por J.A. & U.P. James Walnut Street y comprende cuatro temas generales: I. La vida de un soldado en el campamento, II. La descripción de Texas y México, III. Modales de los mexicanos, IV. Las operaciones de los voluntarios en doce meses.  La obra incluye la historia y aventuras de la guerra contra México,  así como grabados, dibujos, mapas e ilustraciones del autor, y recopila las memorias de un soldado en el campamento en la guerra y su vida cotidiana cuando se encuentra inmerso en esta situación. Es un libro que aportó mucho en imágenes ya que contiene 23 grabados.  

Ulysses S. Grant fue un militar y político estadounidense de primer nivel, nacido el 27 de abril de 1822 en Ohio y muerto en julio de 1885. Participó en la Guerra con México como comandante general del ejército de los Estados Unidos, y fue  el presidente número dieciocho de los Estados Unidos (1869-1877). Estudió en la academia militar de West Point, y también se incorporó a la Guerra Civil de Secesión en 1861. En la guerra México americana estuvo bajo órdenes del general Zachary Taylor y del general Winfield Scott, sin embargo, poco tiempo después logró ser comandante general. 

La fuente que se utilizó en el presente libro fue un libro llamado  Memorias de la concesión general de los Estados Unidos ,del general Ulysses Grant, memorias recopiladas por Charles L. Webster & Co., una firma de suscripción fundada en Nueva York en 1884 por Samuel Clemens. De ella fueron ocupados los mapas que ilustran los planes de batallas y recorridos de guerra y, como se ha mencionado, al ser memorias de un general que participó en la guerra son una fuente primaria para el tema. Este libro electrónico fue lanzado el 1 de junio del 2004 y desde esa fecha ha tenido actualizaciones, siendo la última el 20 de junio del 2018. Contiene 50 mapas e ilustraciones.  

  • Henry, W. S. capt., (1847). Campaign sketches of the war with Mexico, New York: Harper & Brothers.

Recuperado de: https://archive.org/details/campaignsketches00henr/page/n7/mode/2up

Este libro, Bocetos de campaña de la guerra con México, fue publicado en 1847 en Nueva York por la editorial Harper & Brothers Publishers. Son bocetos de la campaña de la guerra contra México, escritos por el teniente William Seaton Henry.  En estos escritos se puede leer, en primer lugar, que le escribe una dedicatoria en el prefacio al mayor general Zachary Taylor, mostrando que lo admira como persona, comandante y amigo. También hace descripciones de los eventos sucedidos en la guerra, así como descripciones del continente, de los habitantes, las maneras y costumbres de México que observó a su paso. Es una fuente primaria del impacto que lo diverso de lo mexicano causó en estos guerreros. En cuanto a las imágenes que contiene el libro son: mapas, ilustraciones de los lugares, ilustraciones de puertos como Veracruz, e incluso imágenes de las personas de México. Fue de gran utilidad para referencias visuales, en total contiene 14 imágenes. 

  • Nebel, Carl. (1836). Voyage pittoresque et archéologique, dans la partie la plus intéressante du Mexique, Paris, M. Moench.
  • Nebel, Carl -Kendall, Wilkins, George. (1851). The War between the United States and Mexico illustrated, embracing pictorial drawings of all the principal conflicts … with a description of each battle– New York & Philadelphia: Plon Brothers of Paris for D. Appleton & Co. and George S. Appleton,

Carl Nebel nació en Altona, hoy suburbio de Hamburgo, Alemania.  Después de estudiar ingeniería y arquitectura en Hamburgo y París, se trasladó a México, donde vivió de 1829 a 1834. En ese viaje por el centro y la costa del Pacífico, se dedicó a hacer retratos costumbristas y paisajes de un territorio desconocido entonces para la mayoría de los europeos. A su regreso a París, en 1836, publicó con gran éxito su Voyage pittoresque et archéologique dans la partie la plus intéressante du Méxique (Viaje pintoresco y arqueológico por la parte más interesante de México), con 50 litografías hechas con sus dibujos, de las cuales 20 fueron coloreadas; la introducción la hizo el gran cosmólogo Alejandro Von Humboldt.

Nebel regresó a México en 1840 y en este periodo fue cuando se dedicó a pintar los eventos más importantes de batallas de la intervención norteamericana, luego regresó con su familia a Europa en 1848. En 1851 publicó, junto con George Wilkins Kendall, algunas litografías basadas en las batallas de la Guerra de Estados Unidos con México. Esta obra llamada The War between the United States and México Illustrated  es la que se utilizó en la presente investigación y contiene doce litografías en color.  El autor falleció el 5 de junio de 1855. Sus obras son reconocidas por su calidad artística y porque en su edición se usaron las más avanzadas técnicas de impresión litográfica que había en Francia en esa época.

  • López Abraham. (1847). Calendario de Abraham López para 1848. Ciudad de México, Imprenta del autor, calle 3a de Santo Domingo.

Esta es de las pocas obras mexicanas que usamos. Abraham López fue un editor, impresor, grabador y litógrafo nacido en Toluca quien, de 1838 a 1854, produjo un calendario que llevaba su nombre y que muestra un ejemplo del quehacer de los publicistas en el mundo de la imprenta de la primera mitad del siglo XIX.  Se convirtió en un cronista fundamental de los acontecimientos que se desarrollaron en México por tratar temas como el pasado prehispánico, hasta la década de los cuarentas, y relatar también eventos en los que destaca la invasión norteamericana.  Ante este último acontecimiento, lo que presenta López, resaltándolo, es la valentía y resistencia del pueblo mexicano ante la presencia de las tropas norteamericanas invasoras. 

  • Mansfield, Edward Deering, (1848). The Mexican war: a history of its origin, and a detailed account of the victories which terminated in the surrender of the capital; with the official despatches of the generals. To which is added, the treaty of peace, and valuable tables of the strength and losses of the United States army. New York, A.S. Barnes Cincinnati, H.W. Derby. Recuperado de: https://archive.org/details/mexicanwarhistor02mans/page/194/mode/2up

Edward Deering Mansfield nació en Connecticut el 17 de agosto de 1801 y murió el 27 de octubre de 1880.Fue un soldado estadounidense graduado de West Point (Academia militar de los Estados Unidos) en 1818, y, como abogado, de Princeton en 1822. En 1836 se convirtió en profesor de derecho. Fue editor y periodista de la Crónica de Cincinnati (1836-1849) y de Atlas (1849-1852). También fue miembro de la Société française de statistique universelle

Publicó varios escritos,  entre los cuales se encuentra el libro que se utilizó en esta investigación iconográfica: La guerra mexicana: Una historia de su origen y un relato detallado de las victorias que terminaron en la rendición de la capital con los despachos oficiales de los generales. A lo que se agrega el Tratado de Paz y valiosas reglas de la fuerza y las pérdidas del ejército de los Estados Unidos, publicado en 1849 por Barnes & CO. 

Este libro nos da un panorama del comienzo de la Invasión a México, y marcó una apertura en la historia estadounidense sobre este acontecimiento. Aporta mucho en cuestión de imágenes, cuenta con 19, y algunas fueron utilizadas en el presente libro. 

La intención del autor al publicar el libro era la de informar y cuestionar los acontecimientos que sucedían en la guerra mexicana en ese momento y, sobre todo,  deternerse aanalizar el comienzo de esta, lo que lo llevó a  preguntarse en su prefacio por qué dos Repúblicas hermanas se enemistaron. Su investigación también tuvo como finalidad dejar un documento escrito que narrara los acontecimientos que estaban formando parte de la historia de su país. 

  • Mayer Brantz,  (1844). Mexico, as it was as it is. Philadelphia: G.B. Zieber & Co.

Recuperado de: https://archive.org/details/mexicoasitwasan01mayegoog/page/n40

  • Mayer Brantz. (1848). History of the War between Mexico and the United States, New York-London: Wiley and Putnam.

Recuperado de: https://archive.org/details/mayerbrantzwar00mayerich/page/n7

El autor Brantz Mayer fue un escritor estadounidense nacido en Baltimore el 27 de septiembre de 1809 y fallecido el 23 de febrero de 1879. Estudió derecho.  En 1841 fue nombrado Secretario de Legación en México, empleado por el Departamento de Estado. Mayer vino a México en 1841 en un momento crucial para ambos países vecinos, México y Estados Unidos. 

Ya había viajado por la India, China, Sumatra y Borneo (1827) situación que lo había dotado de la mentalidad de los viajeros curiosos de aquella época.

Se interesó siempre por la historia y la arqueología, fue fundador de la Sociedad Histórica de Mayland en 1844 y, en ese mismo año,  publica en Philadelphia su libro México lo que es y lo que fue editado, por G. B. Zieber & Company. En él, el autor describe sus experiencias en una tierra habitada por un extraño pueblo: el mexicano. Relata la vida del país cuando Antonio López de Santa Anna estaba en el poder, sin dejar a un lado las costumbres y la vida social de México. Este libro es resultado de su interés por la historia y la arqueología de México, se nota su observación hacia las culturas prehispánicas. En su estancia en el país recogió todos estos materiales y fuentes de información histórica y arqueológica, haciendo con ellos un análisis del pasado mexicano, y también del presente que le tocó vivir en su estadía por México. En este estudio se utilizaron representaciones gráficas de la mencionada obrade Brantz Mayer, las cuales fueron de ayuda para ilustrar algunas partes, ya que el libro de Mayer contiene 110 imágenes. 

El otro libro utilizado para esta investigación iconográfica es Historia de la guerra entre México y Estados Unidos, publicado en Nueva York en 1848 por la editorial Wiley and Putnam. Como lo menciona el título, este libro narra la historia de la guerra contra México y contiene 1 mapa de la batalla de Palo Alto y 1 imagen del general Antonio López de Santa Anna, la cual se utilizó en este libro.    

  • Newmark, Harris, (1916). Sixty years in Southern California, New York, The Knickerbocker Press. 

Recuperado de: https://archive.org/details/sixtyyearsinsout00newm/page/n55/mode/2up

Harris Newmark nació el 5 de julio de 1834 y murió en 1916. Fue un empresario estadounidense nacido en Polonia que emigró a Estados Unidos en 1853 y que se estableció en Los Ángeles.  Su libro Sesenta años en el sur de California 1853-1913 fue utilizado en este libro por la gran cantidad de imágenes que contiene, 150 ilustraciones. Editado en Nueva York en 1916,es un material que contiene las memorias del autor en su estancia en California por seis décadas. Su intención era que aquellas sirvieran para la historia de California, por ello traza patrones transitivos de la vida social en Los Ángeles.   

  • Reclus Élisée, (1893). The Earth and its inhabitants. North America, vol. III: The United States. New York. D. Appleton and Company. 

Recuperado de: https://archive.org/details/earthitsinhabita03recluoft/page/48/mode/2up/search/Taos

Jacques Élisée Reclus nació en Francia el 15 de marzo de 1830 y murió el 4 de julio de 1905. Fue un geógraforeconocido por ser el creador de la geografía social. También compartió ideales con el anarquismo y comunismo. Viajó por varias partes del mundo como Irlanda, el Caribe y Centroamérica y regresó a Francia en julio de 1857. Durante los siguientes años publicó diversos trabajos geográficos y la casa editorial Hachette de París lo contrató para hacer viajes y las guías de estos.  Por sus ideales militantes anarquistas y comunistas, Reclus fue exiliado de París en 1872.   Escribió varios libros como El hombre y la tierra, Nueva Geografía Universal, entre muchos otros.

El libro que se utilizó en esta investigación fue La Tierra y sus habitantes Norte América. Vol. III Los Estados Unidos, el cual está ilustrado con numerosos grabados y mapas y fue editado en 1893 en Nueva York por Appleton & Company. Incluye 5 mapas a color y 238 imágenes, algunas utilizadas para los fines de este libro.     

John T. Hughes nació el 25 de julio de 1827 y murió el 11 de agosto de 1862. Fue un coronel de la Guardia del Estado de Missouri y del Ejército Confederado durante la guerra civil americana. Participó en la Guerra con México en 1846 y se alistó en el Regimiento número 1 de Missouri, de la expedición del Coronel Doniphan,  del cual escribió el libro que narra su experiencia en este regimiento. 

Este libro, cuyo título completo en castellano es La expedición de Doniphan, conteniendo un relato de la conquista de Nuevo México; la expedición terrestre del General Kearney a California; la campaña  de Doniphan contra los Navajos; su marcha sin paralelo sobre Chihuahua y Durango; y las operaciones del General Price en Santa Fe. Con un resumen de la vida del Coronel Doniphan. Ilustrado con mapas de las batallas, un mapa y finas ilustraciones, fue publicado por J.A & U.P. James en 1850. En esta obra el autor describe las batallas que se pelearon en la expedición del general Doniphan como la captura de Santa Fe, las batallas del Brazito, Sacramento y el Paso.  Si hubieran existido entonces los organismos internacionales de defensa de derechos humanos hoy vigentes sería un documento fundamental para un juicio por crímenes de lesa humanidad y genocidio, con un barniz de justificación heroica. Contiene 16 imágenes. 

Thomas Bangs Thorpe nació en 1815 y murió en 1878. Fue un pintor, ilustrador y autor estadounidense. El libro que se utilizó en esta investigación es Nuestro Ejército en el Río Grande, publicado en Filadelfia por Carey y Hart en 1846. El autor Thomas Thorpe obtuvo información de varios oficiales para escribir este libro, como el mayor general Gaines y el general Worth. Es el testimonio más detallado e importante para acercarnos a conocer el inicio de la Guerra en los territorios del sur de Texas y Tamaulipas limitados por el Río Grande o Bravo. El título completo es el siguiente: Nuestro ejército en el Río Grande: Siendo un breve relato de los importantes acontecimientos desde el tiempo del inicio del movimiento del Ejército de ocupación desde Corpus Christi, hasta la rendición de Matamoros; con descripciones de las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma, el sitio del Fuerte Brown, y las ceremonias de rendición de Matamoros con descripción de la ciudad, etc. Contiene 26 imágenes. 

Ralph Emerson Twitchell fue un historiador estadounidense nacido en 1859 y muerto en 1925. Fue alcalde de Santa Fe, Nuevo México y presidente de la Comisión del Río Grande. El libro que se ocupó en esta investigación fue La Historia de la ocupación militar de Nuevo México de 1846 a 1851, editado en 1909 en Denver, Colorado, por The Smith-Books Company. En este el autor busca hacer una historia de Nuevo México haciendo un análisis de la ocupación americana en este espacio , e intenta construir una visión heroica y de bronce, contraria a la vigente entonces de etnocidio y abuso. Contiene 65 imágenes de las cuales algunas fueron ocupadas para el fin de la investigación iconográfica y algunas tomadas de la obra de William H. Emory previamente citada.

  • Walke Herny. (1848). Naval Scenes in the Mexican War by H. Walke, Lieut. U.S. Navy. New York.  Sarony & Major. 

Recuperado de: http://www.baxleystamps.com/litho/walke_no3.shtml

Herny Walke nació el 24 de diciembre de 1809 y murió el 8 de marzo de 1896. Fue un oficial de la Marina de los Estados Unidos que sirvió en la Guerra contra México y en la Guerra civil americana; en la Guerra Mexicana estuvo al mando de USS Vesuvius, un bergantín del escuadrón del Golfo, y apoyó en los desembarcos de Tuxpan y Tabasco.  La obra que se ocupó en esta investigación iconográfica es una serie de ocho litografías que representan acciones navales en la guerra contra México en el verano de 1847. Las imágenes incluidas en Naval scenes fueron editadas por el litógrafo y editor Sarony & Major entre 1847 y 1848.   

Comentario analítico de los daguerrotipos

Los daguerrotipos utilizados en esta investigación iconográfica son de los primeros que se hicieron con dicho procedimiento, yfueron una novedad durante la invasión norteamericana. Las fuentes para la historia no sólo son escritas, sino también visuales, y los daguerrotipos son una fuente primaria de esta guerra.  Se crearon por el inventor Nicéphore Niépce (1765-1833) y se perfeccionaron en 1838 por el físico y pintor francés Louis Daguerre (1787-1851) y, haciendo honor a su nombre, fueron llamados daguerrotipos. Situándonos en el contexto histórico en el que surgen los daguerrotipos se puede plantear que responden al espíritu de las revoluciones científica e industrial, estas consistían en la maquinización de actividades humanas, por ello las innovaciones tecnológicas a mediados del siglo XVIII y principios del XIX comenzaron a sustituir la mano humana por maquinaria.   

Los daguerrotipos de guerra, de cirugías, de soldados en México (entrando en Saltillo o en la batalla de Buenavista y Veracruz), son de las primeras imágenes que existieron y,  ya que coinciden con el perfeccionamiento de este aparato, logran  captar un momento de la guerra de intervención estadounidense en México sin la participación, o en menor medida, de la mano humana, sustituyendo a los grabados o pinturas que sí necesitan de la intervención del hombre. 

Se considera que las primeras fotografías de guerra que existieron fueron, precisamente, las que se hicieron en México en este periodo. Esta guerra fue la primera en ser cubierta por la prensa y por fotógrafos de la época, estos dejaron testimonio escrito y visual de los acontecimientos, y , por ello, era de importancia hacer uso de ellos en esta investigación. 

Comentario analítico de las Litografías

A diferencia de los daguerrotipos, las litografías sí necesitan de mayor intervención de la mano humana. Son procedimientos artísticos al igual que los daguerrotipos, sin embargo, estas consisten en una técnica de estampación, invento del siglo XVIII. Fueron inventadas por Aloys Senefelder en 1798 e introducidas en México en 1826 por el italiano Claudio Linati de Prevost. 

En las litografías que se utilizaron en este trabajo se puede ver la importancia del paisaje. Se nota que el paisaje es algo que los autores siempre intentaban dejar plasmado, ya que de esa manera sitúan al espectador en el contexto histórico de la época, se ven las plazas, las iglesias, los dos bandos enfrentándose, los caballos, los cañones, pero siempre acompañados del paisaje. 

Muchas litografías de Carl Nebel muestran además la importancia de la gente común mexicana:  sus caras, sus ropas, su vida cotidiana, la naturaleza existente en el país mexicano. Representa a los soldados americanos uniformados, con sus armas y organizados y con figura de héroes. Existe muchas veces una simetría en la imagen, las imágenes de Nebel responden directamente a sus intenciones, son son imágenes que representan las batallas a luz del día, aunque no se sabe si él las presenció. Lo que se puede resaltar del objetivo del autor con estas litografías era que intentó mostrar el clima, el paisaje y algunos aspectos naturales de México. Se hace mención directamente de estas litografías ya que fueron unas de las más utilizadas para esta investigación.  

Otro aspecto presente, salvo notables excepciones, es que la mayoría fueron hechas por los vencedores, así que es imposible ver alguna donde fueran embestidos con coraje por los mexicanos como fue en Buena Vista, La Angostura, Churubusco y en Molino del Rey. En todas se les ve victoriosos y luminosos ondeando el pabellón de las barras y las estrellas.

Comentario analítico de las Caricaturas

Las caricaturas tenían un impacto grande en la sociedad, ya que su objetivo era hacer una crítica satírica y cómica de la realidad. Se trata de un arte humorístico que era publicado en periódicos de los Estados Unidos, a lo que concierne al tema que se trabajó. Algunas eran tan populares que se vendían sueltas. Varias de ellas fueron encontradas en la Library of Congress y retomadas del repositorio para hacer un análisis crítico del contexto histórico investigado; muchas caricaturas utilizadas en esta investigación se pueden definir como político-sociales y tuvieron gran importancia como propaganda de ideas y críticas, tanto del modo como se estaba llevando la guerra así como a las decisiones tomadas por los propios generales de la guerra: algunos consideraban la guerra como algo demasiado sangriento, mientras muchos otros creían estar cumpliendo con la labor de conquista y expansionismo para los Estados Unidos.  Es en ellas donde se ve reflejada la disputa política previa a las elecciones de 1848, donde la guerra con México será el campo de la disputa entre los contendientes generales del ejército norteamericano. A través de las caricaturas se expresaban también las contradicciones del proyecto de invasión como las del presidente James K. Polk, quien es uno de los que más caricaturas tiene. 

Arquitectura de la obra

La obra se encuentra estructurada en diez capítulos, los cuales se dividen en dos partes: la primera parte -cinco primeros capítulos-, habla sobre los hechos y desarrollo de la guerra; la segunda parte habla sobre la vida cotidiana del ejército, así como las dificultades de abasto, salud, alimentación, administración, entretenimiento, etc. El esquema es el siguiente:

  1. Hechos de Guerra

Capítulo I: La formación de un ejército

Donde se cuenta cómo fue configurado, de qué manera, el número de efectivos, los lugares de procedencia, la manera de convocarlos, los problemas que tuvieron y la oposición interna que hubo, así como su traslado por el territorio norteamericano hasta los campamentos tanto de soldados regulares como voluntarios.

Capítulo II: La campaña del General Taylor: De Corpus Christi a Buenavista (La Angostura)

En este capítulo se presentan los relatos de la campaña, en el Norte de México, del general Zacarías Taylor, desde el momento en que asume el mando del ejército de ocupación, el inicio de la campaña por el Norte de México y las batallas del Fuerte Brown, Palo Alto, Resaca de la Palma, Matamoros, Monterrey y la Angostura o Buenavista (como la llaman los norteamericanos), donde casi es derrotado por Santa Anna. Culmina con su destitución y presenta las controversias que tiene con el presidente Polk.

Capitulo III: El destino manifiesto: La guerra en el oeste

Aquí se cuenta el avance del general Kearns, la ocupación de Santa Fe y la resistencia de sus pobladores. También se narra la ocupación de la costa oeste, de los puertos de San Francisco y los Ángeles, así como los pequeños enfrentamientos que se dieron en este extenso y despoblado territorio.

Capítulo IV: La expedición a Veracruz

Narra con amplitud la primera batalla anfibia de la historia moderna: sus preparativos, la defensa del puerto, el sitio y defensa de Veracruz y las acciones del general Winfield Scott, nuevo comandante en jefe del ejército de ocupación. Los testimonios son de un gran dramatismo.

Capítulo V: La invasión del general Scott: de Veracruz a la Ciudad de México

Cuenta el difícil y complejo avance sobre la ciudad de México. Un país dividido por la discordia un puñado de hombres lo ocupa, estando en su imaginario la expedición de Hernán Cortés en 1520-21. Culmina con la desaparición de Antonio López de Santa Anna de la escena pública  ,después de la caída de Huamantla.

  1. La vida del ejército

Capítulo VI: La vida en los campamentos

Narra la vida cotidiana y actividades de los soldados de un campamento, tanto del ejército regular como de voluntarios: alimentación, horarios, distracciones, formaciones, relaciones con los mexicanos, problemas, disturbios, etc.

Capítulo VII: Resfriado, sarampión y fiebre amarilla

Presenta la calidad y problemática de los servicios médicos que atendían a los enfermos y heridos del ejército norteamericano, los procedimientos quirúrgicos y enfermedades más comunes, así como los experimentos que en el campo de la medicina se implementaron en esta guerra, como fue el uso del éter y de algunos antisépticos.

Capítulo VIII: Aprovisionamiento del ejército

Nos cuentan cómo se compraban los alimentos, ropa, balas, rifles, cañones y cómo se trasladaban de los centros de producción a los puertos norteamericanos, para de allí llevarlos por el accidentado territorio mexicano a través de un precario sistema de aprovisionamiento. Los recopiladores lo presentan como la parte más vulnerable de la campaña militar.

Capítulo IX: Triunfos y penas de los vencedores

Se narra la vida del primer ejército de ocupación de la historia de los estadounidenses. Las actividades que realizaron como invasores, desde su triunfo en septiembre de 1847 hasta su salida después de la firma de los tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848. También se narran las actividades sociales, culturales y exploraciones que realizaron. Interesante para ver las diferencias culturales entre los combatientes.

Capítulo X: El regreso de los héroes

Pasa a contar la manera en que se fueron reincorporando los soldados, tanto regulares como voluntarios, a sus lugares de origen, el cambio y la crisis inminente en que se colocará la sociedad norteamericana por la incorporación de los nuevos territorios, y que desembocará unos años después en la Guerra Civil.

Adicionalmente, hemos incluido una introducción para mejor comprender la obra y un epílogo que incluye el tratado de Guadalupe Hidalgo y algunos comentarios, así como fuentes electrónicas para conocer más sobre este controvertido acontecimiento de la Historia humana.

Algunos comentarios en torno a la historiografía

Es notable la intención de los recopiladores de solo presentar con un mínimo de interpretación los textos, dándole solamente una leve ilación temática. Las causas pueden ser muchas, pero yo sugiero que en el fondo es un hecho difícil para ambas partes (mexicanos y estadounidenses) aún interpretar y comprender esta guerra. Para los mexicanos es un hecho vergonzoso haber perdido más de la mitad de su territorio por no haber tenido una política previa de población desde el siglo XVIII, estar desunidos y ser incapaces de conservarlo a pesar de que el General Santa Anna levantó en un breve período de tiempo tres ejércitos, de casi 20 mil efectivos, para enfrentar a los gringos. Para los norteamericanos, el modo, la oscuridad de la legitimidad de la declaración de guerra, la pésima administración y algunos hechos no tan heroicos, rayan en el genocidio que la marcaron. Pero también estas narraciones nos presentan la fuerza y el empuje de la sociedad norteamericana y, por otra parte, el orgullo, la resistencia y tenacidad de un México que aún estaba en configuración. Como sabemos, ninguna de las dos naciones volvió a ser la misma después de esta guerra que las marcó profundamente.

Al revisar las fuentes de la parte mexicana nos damos cuenta de la notable diferencia tanto en cantidad como en calidad respecto a las norteamericanas. Aquí tenemos que considerar, en primer lugar, que la sociedad norteamericana de matriz cultural protestante, donde la Biblia es uno de sus ejes fundamentales, requiere para el ejercicio de su fe judeo-cristiana la capacidad de leer. Esto hace que gran parte de sus integrantes tengan que verse necesitados a hacerlo, pues lo contrario implica la marginación social y religiosa. 

Aparte de ser la primera guerra en el exterior, la guerra entre Estados Unidos y México marcó un gran avance en el papel que los medios de comunicación desempeñan en una guerra. Con la llegada de tecnologías como el telégrafo, las imágenes en daguerrotipo y la incipiente industria periodística de Estados Unidos, la información llegó a un ávido público estadounidense a una velocidad nunca imaginada antes. Algunas imprentas estadounidenses incluso establecieron “periódicos de ocupación” en México que ayudaban a proporcionar información a las tropas estadounidenses, así como al público en general. En el territorio mexicano estos periódicos estaban alineados con los movimientos políticos, y apoyaban o se oponían a la guerra según sus alianzas. Incluso los generales actuaban como políticos en campaña, contratando publicistas que exaltaran en la prensa sus logros, que después buscarían capitalizar políticamente a su regreso a sus hogares. Durante el transcurso de la guerra, conforme el gobierno cambiaba de manos, también se daban movimientos en el equilibrio de poder en la prensa mexicana, que ya estaba presente desde 1819, desde que las Cortes de Madrid permitieron la libertad de imprenta y eso ayudó a formar la opinión pública.

Imagen 3. Caton Woodville, Richard. News from Mexico (óleo sobre tela). Bentonville Arkansas: Crystal Bridges Museum of American Art. (1848)

Otra fuente importantísima a la que se recurre en esta obra son los diarios de guerra de los combatientes donde, de una manera fresca, sin cortapisas y espontáneamente, van compartiendo sus primeras impresiones de un territorio de una gran biodiversidad que los deja invariablemente estupefactos. Asimismo, encontrarse con otra cultura y modos de ser tan diferentes es lo que vamos viendo consignado en sus diarios.

En los imaginarios de los combatientes encontramos varias motivaciones: algunas eminentemente pragmáticas, como fueron el enriquecerse y conseguir tierras; otras, animadas por el denominado “Destino manifiesto”, su racismo y xenofobia. No deja de verse la influencia de la obra publicada en esos años (1843) de William Prescott, Historia de la conquista de México, trabajo que marcará a muchos combatientes para soñarse como nuevos conquistadores que descansan en los palacios de Moctezuma, rodeados de lindas mujeres( los famosos Halls of Montezuma que canta el himno de los Marines), con la señalada diferencia de que los norteamericanos lo hicieron individualmente sin el apoyo de los tlaxcaltecas.

Estas son, pues, las “Crónicas de los Gringos”, imprescindibles para entender los conflictos y la relación entre estos dos países, vecinos en su geografía pero diferentes en sus culturas, que, a casi doscientos años de los acontecimientos, aún no se comprenden. Más aún, cuando esos extensos territorios arrebatados con las armas son reconquistados con los movimientos migratorios de los descendientes de los que vencidos en esa “perversa guerra”, como la denominaba el general norteamericano Ulysses Grant, y que, según los índices de población, cuando sea el bicentenario de los hechos bélicos, serán la primera mayoría cultural en esos territorios.

Imagen 4. Anónimo. (1989). “Literary infantry soldiers”. En Katcher, PhilipR.N. The Mexican-American War, 1846-1848 (Men-At-Arms Series, 56). Oxford: Osprey Publishing.

Método editorial

Dado que podría resultar monótono poner puntos suspensivos al inicio y fin de cada cita, los editores las han omitido. Sin embargo, las omisiones dentro de dos extractos se indican con tres puntos suspensivos entre paréntesis.

La puntuación –especialmente comas, punto y coma y puntos- ha sido añadida donde se ve necesario para clarificar los conceptos. Una excesiva puntuación (por ejemplo, cientos de comas) se han quitado. Algunos de los párrafos más grandes se han dividido. Las mayúsculas han sido alteradas reduciendo un gran número de sujetos con minúsculas. 

Siendo consistentes con la lectura, los editores han conservado la pronunciación original. Si así es el caso se pone un (sic), esto aplica especialmente a nombres en castellano o localismos. Los editores han corregido los errores de ortografía evidentes. Los editores han conservado la pronunciación de Monterrey para distinguirlo del puerto de Monterey en California.

Introducción de los recopiladores

Si la guerra de 1812 ha sido llamada con propiedad la guerra “más mal conducida” de la Historia estadounidense, la Guerra con México es un rival muy digno para llevarse el título: sin presupuesto, gastos sufragados por los mismos combatientes; en Washington prevalecieron grandes rivalidades e intereses políticos entre los protagonistas; manejos burocráticos que priorizaron, al valorar las necesidades del ejército, seguir los criterios de programas en papel más que atender los requerimientos del campo de batalla. (3)

En el frente de batalla, los viejos generales eran duros combatientes pero pensaban a la “antigua”, en los términos que lo habían hecho en 1812 o en las guerras contra los indios. Las rivalidades entre ellos eran tan enconadas que hubiera sido mucho más productivo si hubieran enfocado esa energía contra Santa Anna. También había un buen número de coroneles y generales que participaban por motivaciones políticas, determinados a cubrirse de gloria militar en batalla y reclamar una sustanciosa recompensa como héroes una vez terminada la guerra; y si su sagacidad natural diluía sus pretensiones, comandaban a sus tropas con manuales de guerra en mano y con los oídos y mentes atentos a los consejos que les daban los jóvenes egresados de West Point, que integraban sus comandancias. (4)

Lo peor de todo era que la mayoría de los hombres enlistados (regulares y voluntarios) eran terriblemente incompetentes. Algunos desertaron en la batalla, otros se amotinaron y otros se unieron al enemigo. Las atrocidades militares en contra de la población civil mexicana fueron muchas, las suficientes como para causar la preocupación de los mandos militares y el castigo era a menudo tan brutal como el crimen que lo había originado. 

Sin embargo, no todos los aspectos desagradables de la guerra se debieron a políticos envidiosos, burócratas torpes, oficiales incompetentes y tropas de mala calidad. También contribuyeron con su parte en el ejército los ambiciosos contratistas, mercaderes inconscientes que vendían armas y artículos defectuosos, auténticos ladrones y sinvergüenzas. Pero si este era el lado más sórdido de la guerra, también había otros aspectos mucho más significativos.

La mayoría de las tropas se desempeñaban bien en batalla, soportaban las enfermedades, las privaciones y la dureza de la vida militar. En el avance, la realidad era que no había más quejas que las que se esperaban, y tal vez menos de las que se justificaban. Los jóvenes oficiales, capitaneados por los egresados de West Point,dieron un toque de entusiasmo a sus inferiores. (5)

Esto fue especialmente evidente entre los ingenieros, la artillería ligera o “volante” y otros técnicos, muchos de ellos provenientes de Europa, quienes estaban marcando una nueva manera de implementar las tácticas de guerra. Los dos principales generales, a pesar de ser fuertemente criticados por sus rivales, tuvieron, sin embargo, grandes virtudes.

Taylor fue un hombre muy solícito y preocupado por el bienestar de sus tropas, cálido e informal en su trato. Como correspondencia a ello, aunque no le dieron el trato de héroe, sus soldados lo transformaron en una figura heroica capaz de llegar a ser presidente de los Estados Unidos. (6)

Winfield Scott, por mucho, menos popular que Taylor, era un mejor estratega y un excelente organizador. Ambos, Taylor y Scott, fueron lo suficientemente sabios para reconocer y utilizar el talento de los jóvenes cuadros que integraban sus comandancias. (7) 

Era compartido entre muchos oficiales y soldados un sentido de orgullo histórico por esta guerra. En la actualidad, por el hecho de que la guerra mexicana fue hecha para despojar a un vecino más débil de su territorio, muchos norteamericanos se sienten culpables, pero este es un juicio moral que está enclavado más en los valores de los años posteriores a la década de los sesenta del siglo XX que en los que prevalecían en la década de los cuarenta del siglo XIX.

Aunque, ciertamente, aún en la década de 1840 había quienes dudaban. Joel R. Poinsett ex secretario de guerra escribió al senador Cass de Michigan una carta donde dice: (8)

Estoy consciente de que existe gran ignorancia en Washington con respecto a lo relacionado con México y estoy ansioso porque nuestras armas queden sin usarse en una batalla contra un antagonista más débil, esperando que nuestros amigos nos salven del reproche de actuar precipitadamente. (9)

Esta preocupación se basa en la salvaguarda de la reputación militar pero otras voces, entre ellas las de Zacarías Taylor y Ulises S. Grant, tenían dudas de que el ejército tuviera algo que hacer en México. También había quienes se oponían a la guerra. Desde el campo de los políticos la consideraban como “la guerra del señor Polk” (10), un conflicto del Partido Demócrata esgrimido y relacionado con los intereses del Partido, las luchas de poder y su creciente esclavocracia. Desde luego, también estaba Thoreau (11) llamando a la conciencia y a la desobediencia civil.

Pero los críticos, si bien articulados, serios y frecuentemente con poder de ser escuchados, eran una minoría. En la década de 1840 el concepto de que se debía cumplir con un “Destino Manifiesto” era manejado por la mayoría de las naciones europeas así como por los Estados Unidos, y el razonamiento utilizado para el imperialismo –que era el derecho, e incluso un deber el subyugar y “civilizar” a los pueblos inferiores- era aceptado en general por los norteamericanos, incluyendo, por supuesto, muchos de los militares. 

Aún antes de que la lucha comenzara, un enviado del presidente Polk expresaba dramáticamente esta opinión en una de sus cartas: 

Los ingleses nunca pidieron permiso para lo que quisieron hacer en India, y este hecho es un ejemplo válido para que un hombre de estado americano lo tome en cuenta en la coyuntura actual. La política ha sido, tal y como la han llevado a cabo Clive, Hastings y preeminentemente Wellesley; el ir juntando silenciosamente, hasta estar seguro, el poder y la fuerza necesaria para mantenerlo. La simple regla de Rob Roy de la adquisición, pelear duro y a muerte por tal objetivo, si pelear es necesario para ganar el país, y luego negociar. La historia enseña con ejemplos que es una verdad contundente. (…) Deberemos revisar este asunto de la India con detenimiento una vez que el asunto de Texas haya terminado. (12)

Los mexicanos eran vistos como una “raza inferior” que necesitaba ser civilizada. Muchos soldados, que habían peleado en la guerra contra los Seminolas en Florida, veían a los habitantes del sur del valle de Río Grande similares a los Seminolas, a excepción de los vaqueros de Texas que aún recordaban El Álamo y Goliat. Era muy duro para el gringo (13) racionalizar el concepto de odio al enemigo, que caracterizará a las guerras del siglo XX. Sin embargo, la leyenda negra de la crueldad española prevalecía: “cobardes”, “víboras amarillas”, “crueles” y “vengativos” eran sólo algunos de los adjetivos usados. Además, la idea de liberación, aunque malentendida, era creída sinceramente por muchos. Para ellos esta era una guerra para liberar al pueblo de México de la esclavitud de una vieja aristocracia y de la mano opresora de la Iglesia Católica Romana. Esta convicción fue apoyada por algunos mexicanos. Si bien la gente de Nuevo México no dio la bienvenida a los invasores, su lealtad hacia su nación y a la patria no era lo suficientemente fuerte como para darles batalla. En California sucedió lo mismo. Aún al sur de Río Grande, algunos mexicanos estaban igual. Un teniente escribe:

Algunos rancheros pararon en el puesto de guardia y tuve una larga charla con ellos acerca de su país. Se expresaron con amargura de la insolencia de los ricos, de la tiranía de los militares y de la extorsión de los curas. He observado un amargo espíritu de descontento entre las clases más bajas. Nosotros estamos peleando contra el ejército y la aristocracia, no contra el pueblo de México. (14)

Finalmente, entre privaciones, enfermedades, odio y crueldad, floreció un cierto espíritu de romanticismo y aventura. Esto fue particularmente innegable cuando la armada de Scott tomó la histórica ruta del conquistador Hernán Cortés, de Veracruz a la Ciudad de México. No hay frase que haya resonado tanto en ellos como la evocación de los “Palacios de Montezuma” y, para algunos pocos, la evocación de la entonces recientemente publicada Historia de la Conquista de México de William H. Prescott (15), que les parecía que había salido a la luz en el momento oportuno para añadir “glamour” a las maravillas naturales y monumentos de las antiguas civilizaciones que encontraban a lo largo de la ruta, como la pirámide de Cholula, la cima nevada del pico de Orizaba y otras.

Estas son, pues, las Crónicas de los Gringos, quienes son a la vez víctimas y victimarios en la guerra mexicana. Son acercamientos hechos a través de los ojos de aquellos que vivieron la Guerra, la sufrieron, pasaron privaciones, y a la vez disfrutaron de la camaradería y la aventura en una tierra desconocida, en el sentido en que sintieron que estaban haciendo historia y sirviendo a su país. En gran parte de estas Crónicas están las propias palabras de los Gringos. 

Esta no es una historia general, una recopilación o un extensivo comentario sobre la inmoralidad de la guerra contra México. En lugar de ello se ha pretendido recrear en múltiples dimensiones, reuniendo las miradas de los soldados, gringos y aquellos que estuvieron cerca de ellos, las alegrías y tristezas, emociones y sufrimientos, temores y esperanzas de los hombres que pelearon esa guerra. En muchos aspectos las vivencias de los gringos fueron únicas y ligadas a su época, pero también al entrar en ellas existe cierta similitud atemporal con la vida de cualquier soldado que haya participado en cualquier guerra posterior.


Relación de imágenes:

Imagen 1: Powell, William Henry. (1877). Asalto a Chapultepec. New York. Johnson & Miles Publishers.

Imagen 2: Chamberlain, Samuel Emery. (1996). “Selección de acuarelas”. En  My Confession: Recollections of a Rogue (1850). Austin. Goetzman H. William (editor)- Texas State Historical Association.

Imagen 3: Caton Woodville, Richard. News from Mexico (óleo sobre tela). Bentonville Arkansas: Crystal Bridges Museum of American Art. (1848)

Imagen 4: Anónimo. (1989). “Literary infantry soldiers”. En Katcher, Philip R.N.. The Mexican-American War, 1846-1848 (Men-At-Arms Series, 56). Oxford: Osprey Publishing.


Anotaciones:

1 Alexis de Tocqueville. La democracia en América. México, FCE. p. 21

2 Edmundo O´Gorman, Fundamentos de la Historia de América, México, UNAM, Imprenta Universitaria, 1942, p. 26.

3 NdT: La Guerra Anglo-Estadounidense de 1812 (también conocida como Guerra Anglo-Americana o Guerra de 1812) se libró entre los años 1812 a 1815. Los norteamericanos conscientes de que no tenían mucho que hacer contra la poderosa Royal Navy, atacaron Canadá por tierra. La guerra inició con un balance muy pobre para los Estados Unidos, ya que sus intentos por invadir (y anexar) Canadá fueron repetidamente repelidos. La milicia estadounidense se mostró inefectiva y el alto mando incompetente, salvo en el último año. Pese a un bloqueo marítimo inicial de los británicos en el litoral oriental, que arruinó al comercio estadounidense, estos últimos consiguieron finalmente el control naval del lago Erie y el lago Champlain, previniendo así cualquier amenaza de una invasión a gran escala desde el norte. Los británicos lograron penetrar en partes de Maine y Washington D.C. haciendo arder sus edificios públicos, incluyendo la Casa Blanca y el Tesoro. Los estadounidenses destruyeron las fuerzas británicas en el noroeste y el sureste, y en los últimos días derrotaron decisivamente un importante ataque británico sobre Nueva Orleans. Con la derrota de Napoleón en 1814, y el estancamiento en los frentes, ambas naciones llegaron a un acuerdo de paz que devolvía las fronteras a su status quo de preguerra. En Canadá esta guerra se recuerda como una victoria al evitar la conquista de sus vecinos del sur, mientras que en los Estados Unidos es celebrado como el nacimiento de un nuevo espíritu de unidad nacional de la joven nación y una importante demostración de fuerza internacional, que haría que desde Londres no se volviera a poner en duda la independencia estadounidense. (Cf. Donald R. Hickey, The War of 1812: a forgotten conflict, University of Illinois, Chicago, 1995, 465 p.).

4 NdT: La Remoción India o Indian Removal fue una política del gobierno norteamericano que buscaba trasladar las tribus indígenas que vivían al este del río Misisipi a terrenos en el oeste del mismo río. Durante las décadas que siguieron a la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, el rápido incremento de la población resultó en numerosos tratados en los que se compraban las tierras de los indios. Eventualmente, el gobierno empezó a animar a las tribus indígenas a que vendieran sus tierras ofreciéndoles tierras en el Oeste, fuera de las fronteras de los entonces existentes estados del país, donde las tribus podrían volver a asentarse. Este proceso fue acelerado por la aprobación del Acta de Remoción India de 1830, que proporcionó fondos al presidente Andrew Jackson para llevar a cabo tratados de intercambio de tierras («remoción»). Se estima que unos 100.000 indígenas fueron trasladados al Oeste como resultado de esta política, emigrando la mayoría de ellos durante los años posteriores a 1830, y asentándose en lo que fue conocido como el Territorio Indio. El Acta de Remoción no ordenaba la remoción forzosa de ningún indígena, y el presidente Jackson jamás defendió públicamente el traslado forzoso de nadie que quisiera quedarse. En teoría, este traslado se suponía que iba a ser voluntario, y de hecho muchos indios se quedaron en el Este. No obstante, en la práctica la administración de Jackson puso una gran presión sobre los líderes tribales para que firmaran los tratados de remoción. Esta presión creó amargas divisiones dentro de las naciones indias, debido a que los diferentes líderes tribales defendían distintas respuestas a la cuestión de la remoción/traslado. A veces los oficiales del gobierno de Estados Unidos ignoraban a los líderes tribales que se resistían a firmar tratados de remoción y solo atendían con aquellos a los que apoyaban la política de traslado. El Tratado de New Echota, por ejemplo, fue firmado por una facción prominente de los líderes Cherokee, pero no por los dirigentes que la tribu había elegido. Los términos del tratado fueron impuestos por el presidente Martin Van Buren, lo que resultó en la muerte de una cantidad estimada de 4,000 Cherokees (la mayoría por enfermedad) en el Sendero de Lágrimas. La tribu de los Choctaw también sufrió mucho por enfermedades durante la remoción. El sufrimiento que resultó de la Remoción India fue agravado por una pobre administración, por una inadecuada toma de medidas para con los inmigrantes (los contratos para el transporte y provisiones fueron a menudo dados al mejor postor), y por el fracaso al proteger los derechos legales de los indios antes y después de la emigración. La mayoría de los indios cumplieron reacios, pero pacíficamente,con los términos de traslado de los tratados, a menudo con amarga resignación. Algunos grupos, no obstante, entraron en guerra para resistirse al cumplimiento de los tratados de remoción. Esto resultó en dos guerras cortas (La Guerra de Black Hawk de 1832 y la Segunda Guerra Creek de 1836), así como una larga y costosa segunda Guerra Seminola (1835–1842). (Cf. Mark Stewart, The Indian Removal Act: forced relocation, Compass Point books, Minneapolis 2007, 98 p.).

5 La Academia Militar de los Estados Unidos (USMA), también conocida como West Point es una escuela militar establecida en 1802. Es el instituto de formación militar más antiguo de ese país. Los alumnos de la academia reciben el nombre de cadetes, y a los graduados se los suele llamar «The long gray line» (en inglés, ‘La gran columna gris’) por el color del uniforme que los distingue.

6 Zacarías Taylor (Montebello 1784-Washington 1850) Político y militar estadounidense. Ingresó en el ejército en 1806 y dos años después ascendió a teniente de infantería. Participó en numerosos conflictos hasta alcanzar la graduación de general de brigada. En 1845, tras la anexión de Texas, el presidente James K. Polk le ordenó que se dirigiera a Río Grande al frente de un ejército compuesto por 4 000 hombres. Dicho ejército sufrió el ataque de las tropas mexicanas, lo que desencadenó la declaración de guerra estadounidense. Durante dicha contienda, Taylor fue el más destacado general estadounidense y regresó a Estados Unidos convertido en héroe nacional. Por ello fue propuesto como candidato presidencial y, tras las elecciones de 1848, fue elegido para el cargo. Su mandato, no obstante, se vio interrumpido por su fallecimiento dieciséis meses después, período durante el cual apenas pudo actuar debido a varios escándalos de corrupción que salpicaron a miembros de su gabinete.

7 Winfield Scott (Petersburg 1786-West Point 1866) Militar estadounidense. En 1838 dirigió la expulsión de los Cherokees de sus tierras de Georgia, y en 1841 fue designado jefe del ejército. General en jefe de las tropas que invadieron México (1846-1848), desembarcó en Veracruz (1847) y tomó la ciudad de México. Candidato por el Partido Liberal a las elecciones presidenciales de 1852, fue derrotado por Pierce.

8 Joel Roberts Poinsett (2 de marzo de 1779—12 de diciembre de 1851), fue un físico, botánico y estadista estadounidense. Fue miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el primer Ministro de los Estados Unidos para México (1821-1830), pues no se nombró un embajador para México hasta 1896. En 1830 volvió a Carolina del Sur para propugnar la causa unionista en disputas de nulificación, y para ejercer un cargo en la legislatura estatal de Carolina del Sur desde 1830 hasta 1831. Fue Secretario de Guerra desde el 7 de marzo de 1837 hasta el 5 de marzo de 1841. Durante su gestión se continuó la eliminación de los Amerindios del oeste del río Misisipí, se produjo la Guerra de Seminola y se redujo la fragmentación del ejército concentrando elementos en posiciones cercanas. Finalmente se retiró a su plantación en Georgetown, Carolina del Sur, en 1841.

9 Diarios de Poinsett, mayo 16, 1846, Vol. 16. Biblioteca de la Sociedad Histórica de Pennsylvania, Filadelfia.

10 James Knox Polk (Mecklemburg County 1795-Nashville 1849), político estadounidense. Elegido presidente de EU (1845), favoreció la expansión estadounidense hacia el Oeste, lo que le llevó a la Guerra contra México (1846-1848), por la cuestión texana y las aspiraciones de anexión de la Alta California. El Tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848) trasladó la frontera estadounidense al río Grande y al Océano Pacífico. Previamente (1846), Polk había firmado con Gran Bretaña el tratado de partición de Oregón. Propuso a España la adquisición de Cuba.

11 Henry David Thoreau (Concord, 1817-id. 1862). Escritor y ensayista estadounidense. Nacido en el seno de una familia modesta, se graduó en Harvard en 1837 y volvió a Concord, donde inició una profunda amistad con el escritor Ralph Waldo Emerson y entró en contacto con otros pensadores trascendentalistas. En 1845 se estableció en una pequeña cabaña, que él mismo construyó cerca del pantano de Walden, a fin de simplificar su vida y dedicar todo el tiempo a la escritura y la observación de la naturaleza. En este período surgieron Una semana en los ríos Concord y Merrimack (1849), descripción de una excursión que diez años antes había realizado con su hermano, y, finalmente, Walden (1854), que tuvo una notable acogida. En 1846, concluida su vida en el pantano, Thoreau se negó a pagar los impuestos que el gobierno le imponía, como protesta contra la esclavitud en América y la guerra con México, motivo por el cual fue encarcelado; este episodio le llevó a escribir Desobediencia civil (1849), donde establecía la doctrina de la resistencia pasiva que habría de influir más tarde en Gandhi y Martin Luther King. Cercano a los postulados del trascendentalismo, su reformismo partía del individuo antes que de la colectividady defendía una forma de vida que privilegiara el contacto con la naturaleza.

12 John Catron, Nashville, a James K. Polk, agosto 16, 1845, diarios de Polk, Vol. 90, Biblioteca del Congreso.

13 N d T: Gringo es un término usado en español y portugués, con diversos significados, a menudo malinterpretado por las personas angloparlantes. En forma general el término se aplica a extranjeros que hablan en un idioma que no se entiende por personas que hablan español. El término ha sido aplicado según las épocas y regiones a ingleses, alemanes, escandinavos, franceses y, especialmente, a los estadounidenses y canadienses. En ciertos países latinoamericanos como México, Ecuador, Perú, Centroamérica, Colombia, y Venezuela el término se aplica exclusivamente para los estadounidenses. Los recopiladores lo usan para referirse a los norteamericanos que participaron en la guerra contra México. Lo conservaremos como en el original.

14 Diario de Daniel Harvey Hill MS, octubre 20 1846. Colección histórica Sureña, Biblioteca de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill.

15 William H. Prescott (Salem, 1796-Boston, 1859). Historiador estadounidense. Especialista en historiografía hispánica. Autor, entre otros, de Historia de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel (1837), Historia de la conquista de México (1843) e Historia de la conquista del Perú (1847). Su visión de la historia y de los reinos antiguos de América, calificándolos como orientales, son de gran influencia en el imaginario de los soldados norteamericanos.

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑