Imagen 1. Fitz, Henry Lane. (c 1855). Bahía de Nueva York (óleo sobre tela). Boston. Museum of fine arts. Collection of American Paintings (48.446).
ESTRUCTURA DE LA LOGÍSTICA DEL EJÉRCITO DE LOS EUA

James Harrington (1), el filósofo inglés, comparaba al ejército con una bestia que se arrastra sobre su vientre, afirmando que quien la alimenta la controla y que de ahí nace el poder para ser capaz de tener el dominio del Estado. Su afirmación puede ser debatible, pero su comparación del ejército con una bestia que necesita ser alimentada es correcta, además esta bestia necesita ser vestida, transportada, tener servicios médicos y que se le den armas. En tiempos de paz esta tarea es llevada a cabo sin dificultad ni urgencia. Pero durante la guerra el apetito de la bestia se extiende cientos o miles de veces, mientras consume insumos que van desde alimentos a balas, de quinina a carros, de mulas a barcos, y mientras más violenta se pone la bestia, el tiempo que debe pasar entre un alimento y otro va disminuyendo.
1 – NdT: James Harrington (Upton, Northamptonshire, 3 de enero de 1611 – Westminster, 11 de septiembre de 1677) fue un teórico político inglés asociado al ideario republicano clásico. Se le considera uno de los precursores de la concepción representativa moderna. Es reconocido especialmente por su obra Oceana, editada en 1656 durante el breve período no monárquico que se abrió entre la ejecución de Carlos I y la restauración de su hijo Carlos II, y está dedicada a Oliver Cromwell. Sus ideas republicanas (concernientes a la rotación de cargos, a la separación de poderes, al congreso bicameral, etc.) influenciaron al partido Whig de Inglaterra y fueron decisivos para el establecimiento político de las colonias inglesas de Norteamérica en el Siglo XVII, así como para las revoluciones norteamericana y francesa del Siglo XVIII.
En 1846, la tarea de proveer al ejército era compartida por la Intendencia general y los Departamentos de Aprovisionamiento y Artillería. El Departamento de Aprovisionamiento era responsable de proveer las raciones y la administración de los almacenes en los que estas se guardaban hasta que se necesitaran; el Departamento de Artillería estaba encargado de proveer a las tropas con las armas de guerra, municiones, sables, etcétera. La Intendencia General era la encargada de vestimenta, equipamiento y transporte. Fue esta última responsabilidad la que hizo que la Intendencia General se convirtiera en una pieza clave para mantener el aprovisionamiento del ejército; con frecuencia fue el blanco de las críticas, no solo por las deficiencias dentro de su propia área, sino también de los asuntos relacionados con los Departamentos de Aprovisionamiento y Artillería. La transportación era el punto más crítico del abasto, pues una vez que se conseguían los materiales y se empacaban, estos debían ser almacenados y embarcados al campo de batalla o “escenario” de la guerra. Como consecuencia de esto, había baja calidad en los materiales mal empacados, desperdicio y otras deficiencias de las cuales no siempre era responsable la Intendencia General, lo cual era una desgracia, pues sus fallas en sí mismas ya constituían una carga lo suficientemente pesada para cualquier hombre al mando.
El Departamento de Intendencia General fue creado por decreto en 1818. Antes de esta fecha había oficiales encargados de estas tareas, unidos al ejército en el campo de batalla y se hacía responsables a los oficiales de campo. Durante los periodos de paz permanecían inactivos. La reorganización de 1818 creó el puesto para un oficial con tareas continuas, que residía en Washington. Esto propició que se pusieran en contacto directo el intendente general y el secretario de guerra, y aunque en teoría los estimados de sus necesidades surgían de los generales de campo, el intendente general no era responsable de elaborarlas.
El primer intendente general fue Thomas Sidney Jesup (2), el mismo Jesup que estuvo en 1846 al comienzo de la guerra con México y que siguió en servicio hasta 1860.
2 – Thomas Sidney Jesup fue 2º teniente del 7º de infantería en mayo 3, 1808; mayor, 19º infantería, abril 6, 1813; teniente coronel, 3º infantería en abril 30, 1818 y general brigadier y general de Intendencia, mayo 8, 1818. Obtuvo dos condecoraciones en la Guerra de 1818 por Chippewa y Niágara, y fue ascendido a general mayor en mayo 8, 1828 por “diez años de fiel servicio con el mismo grado”.

De hecho, bajo su mando, él mismo construyó el Departamento y aunque en ocasiones tenía fallas para proveer las necesidades, en el lapso de 1846-1848 debe reconocerse que tuvo que trabajar y financiarlo en un período durante el cual el Congreso trataba muy parsimoniosamente con el ejército y que funcionó razonablemente bien sirviendo a un ejército pequeño, que no tenía más que esporádicos encuentros con los indios. A pesar de esto, es un hecho que hubo graves deficiencias en el departamento de Jesup, las cuales por lo general se rehusaba a aceptar. Es muy probable que su incapacidad para aceptar críticas se debiera en parte a que tenía mucho tiempo detentando el cargo y al hecho de que durante la guerra con México en el ejército él era el segundo en mando después de Scott.
El Departamento de Aprovisionamiento era el responsable de proporcionar la comida para el ejército y de administrar las bodegas donde las provisiones se guardaban hasta que el Departamento de Intendencia General se las llevaba para embarcarlas. Al comienzo de la guerra los depósitos estaban en Nueva York, Nueva Orleans, Baltimore, y San Luis. Estos quedaban muy lejos de los campamentos y campos de batalla para poder ser eficaces, y comenzando con San Antonio, Texas, se fueron creando nuevos almacenes conforme el ejército se iba internando en México. Entre estos estuvo Isla de Brazos, Camargo, Tampico, Santa Fe, Monterey (California) y otros.
Igual que el caso del Departamento de Intendencia, en 1846 el Departamento de Aprovisionamiento estaba estructurado de la misma manera en que se encontraba en 1818. Su jefe el general brigadier George Gibson (3), como Jesup, había estado al mando desde su creación.
Los métodos de adquirir y manejar armas y municiones eran similares a los que se emplearan por otros departamentos de aprovisionamiento. El Departamento de Artillería fue el que menos críticas tuvo. Su oficial en jefe fue el coronel George Bomford.
3 – George Gibson fue capitán, 5º Infantería en mayo 3, 1808; y superintendente general de la División del sur en abril 29, 1816, y comisario general de aprovisionamiento de abril 18, 1818 a septiembre 29, 1861 (fecha de su muerte). Fue ascendido a general brigadier en 1826 y a general mayor por sus servicios en la guerra mexicana. De 1777 a 1842 había una oficina de compras (comisariado general de compras), pero después de 1842 las funciones de esa oficina se trasladaron al Comisariado General de Aprovisionamiento.
4 – Teniente coronel George Bomford fue 2º teniente de ingenieros, julio 1, 1805, y coronel y jefe de artillería en mayo 30, 1832. Murió en marzo 25, 1848. En 1847 el teniente coronel George Talcott, Jr., asumió muchas de las funciones del Jefe de artillería y fue sucesor de Bomford en marzo de 1848. El Departamento de Artillería, primero establecido por decreto del 14 de mayo de 1812, no funcionó como un departamento autónomo de 1821 a 1832; fue fusionado con el de Artillería por un decreto de marzo 2, 1821. El 5 de abril de 1832, otro decreto separó al Departamento.

Un serio obstáculo para procurar los artículos para todos estos departamentos fue la prosperidad general que había en el país. Había mercado suficiente para los productores americanos, fabricantes y transportistas. Como consecuencia, la oferta era poca y los precios altos. Esto era particularmente crítico respecto a los barcos tanto los oceánicos como los de río, una situación especialmente difícil pues, dadas pocas excepciones, todo, incluidos los soldados, debía ser transportado a México por vía marítima o fluvial.
A mediados del siglo XIX en Estados Unidos no existía ningún complejo industrial militar ni un “Pentágono” como lo conocemos ahora, por tanto no existían los problemas de interrelación entre ambos. Por el contrario, la producción en Estados Unidos estaba dispersa en varias unidades pequeñas e independientes, dispersas a lo largo de todo el país. De esto deriva en que el problema del ejército para proveerse era hacer contratos con varios productores, juntar los artículos en bodegas y transportarlos a sus distintos destinos.
Durante la guerra con México las tareas de la Intendencia General eran las más difíciles, dado que era la primera vez que el ejército norteamericano realizaba una invasión a gran escala dentro de un país enemigo, la primera vez que ocupaba un territorio extranjero y la primera vez que se requería cruzar desiertos y montañas dentro de un país extraño.
Cuando los obstáculos se libraban, la Intendencia General era un héroe anónimo. Pero cuando había errores, y esto sucedía con frecuencia, las topas se quejaban porque tenían mucho frío, mucho calor, mucha hambre o andaban muy andrajosos; los generales estaban siempre reclamando por las penurias que sufrían; sus jefes civiles exigían la virtud de la economía y prevenían en contra del desperdicio; los proveedores de alimentos veían a la Intendencia General como un enemigo, pues recortaba sus ganancias.
La relación con el Departamento de Guerra era particularmente difícil pues la administración Polk mantuvo una política de tacañería. El presidente quería obtener un gran imperio con una guerra breve y de bajo costo. Además, a comienzos de 1847, el Secretario de Guerra escribió al encargado de la Intendencia General: “Me parece que en algunos aspectos la lista de necesidades es grande y espero que usted reconsiderará sus exigencias pues creo que son por mucho mayores de lo que el servicio requiere… Hay otros artículos especificados en su lista que creo son superfluos”. (5)
5 – William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, D.C., a general mayor Thomas S. Jesup, Intendencia General, febrero 8, 1847, Fondo Thomas Sidney Jesup, Duke.
PERSPECTIVA DE JESUP SOBRE LOS PROBLEMAS DE SUMINISTRO
Thomas S. Jesup no era un genio ni un tonto. Sabía su negocio y trabajaba muy duro, aunque algunas veces se inclinara en resolver los problemas asegurándoles a sus subordinados que no había problema alguno. Envía una carta desde los cuarteles de Nueva Orleans al coronel Henry Whiting (6) quien acompañaba al ejército de ocupación en México:
6 – Coronel Henry Whiting fue corneta, Regimiento ligero de dragones, octubre 20, 1808; mayor y superintendente, febrero 23, 1835; coronel y asistente al intendente general, abril 21, 1846. Estuvo con el ejército de Taylor y fue ascendido a general brigadier por Buena Vista. Murió el 16 de septiembre de 1851.
El tema del transporte no debe darle a usted la más mínima preocupación. Usted cuenta con amplios medios en el país y debe usarlos. La transportación que requiere y usa el ejército en México es tan grande como para causar no solamente un gran problema al servicio público, sino para provocar un gasto sin paralelo al tesoro, como el que jamás hayamos tenido en ningún otro período de nuestra historia, o en ningún otro ejército en el mundo. Ni una sola rueda ha sido usada por México salvo para la artillería. El enemigo no usa ninguna; y para lograr hacer efectivas nuestras operaciones debemos hacer lo mismo que ellos hacen. Para el empaque de provisiones no debe haber ninguna dificultad; el segundo oficial del comisario del departamento está en México. Requiérale que tenga sus provisiones en paquetes de tamaño y forma que puedan ser transportados rápidamente. De hecho ha tenido el tiempo suficiente para tener la logística de su departamento adaptada a las circunstancias del país en el cual se desarrolla la guerra ¿Ha realizado usted las debidas peticiones al general al mando al respecto? Si no lo ha hecho, hágalo de una vez y deje que el general o el departamento de aprovisionamiento se hagan responsables de las dificultades que surjan de su petición. Todos los conductores para los propósitos de la compañía y el regimiento deben ser elegidos de las filas del ejército. (7)
7 – General mayor Thomas S. Jesup, Intendencia General, Nueva Orleans, a coronel Henry Whiting, asistente a la Intendencia general, Cuartel General del ejército de ocupación, México, enero 13, 1847 (copia), Cartas recibidas, correspondencia del coronel Henry Whiting, Oficina del Intendente General, RG 92, Nat. Arch.
Pero los problemas de Jesup eran de diferente magnitud. Describe sus dimensiones y los reporta con una gran complacencia, seguro del éxito alcanzado al resolverlos, en esta carta al secretario de Guerra:
Para tratar…. algunos de los asuntos relacionados con este informe, es mi deber regresar en el tiempo a un periodo anterior, o que coincide con el comienzo de la guerra en México. Esa guerra a la que nos vimos obligados repentinamente por los actos del enemigo, nos encontró completamente desprovistos en cuanto a hombres, así como en lo que se refiere en equipo y medios de transporte. Las cantidades que he pedido para llenar las bodegas con suplementos militares se me han negado, y hasta el 8 de mayo de 1846, las adquisiciones para el departamento se limitaban a las requisiciones de nuestro pequeño destacamento en tiempo de paz. (…)
Los gastos del departamento muestran cuán vasta ha sido la suma de estos asuntos. A partir de los informes recibidos y las cuentas examinadas, dan como resultado que se han comprado 11,549 caballos para la artillería, caballería y dragones; exclusivamente para transportación: 22,907 mulas, 16,288 bueyes, 6,886 carros, 54 barcos de vapor, 4 naves, 2 barcos, 8 fragatas, 34 goletas y 201 barcazas, botes salvavidas y de remo; además de 200 o 3000 carros y carretas, cuatro o cinco mil mulas de carga y varios cientos de barcos de vela y vapor que se han contratado. Estos elementos, junto con las provisiones pedidas, se colectaron en un territorio que excede a la totalidad de la extensión de Europa. Los resultados de la correcta utilización de los mismos por los generales al mando han resultado en una brillante serie de logros sin parangón en la historia militar. Cada movimiento ha sido sin duda un movimiento de ataque. Con nuestras bodegas más cercanas tan lejos de las fuentes de provisiones como Argel de Toulon o Marsella. Hemos logrado más en los seis primeros meses en nuestras operaciones en México que lo que Francia, la primera potencia militar en Europa, ha conseguido hacer en África en diecisiete años. Y tan gravosos como incuestionablemente han sido los gastos, no ha habido en los últimos dos siglos otra causa en la que tanto se haya logrado por ninguna otra nación en tan corto tiempo, con un ejército tan pequeño y con un costo tan bajo. (…)
Los estimados para el presente año fiscal fueron hechos para un ejército de 36,400 hombres, tomando en cuenta las circunstancias del servicio en ese tiempo, y las medidas entonces contempladas por el gobierno, era lo mínimo indispensable para ese ejército. Se ha requerido al departamento que provea además a 15,000 hombres; de la misma manera se le ha pedido que supla las deficiencias de otros departamentos, que provea de caballos y equipo a la caballería y artillería de los voluntarios, ninguna de las cuales estaba contemplada en el presupuesto. Además de los altos precios de los granos en Europa, y la gran demanda de veleros para transportarlos, aumentaron grandemente los precios del forraje y otros insumos así como del transporte y envío. La consecuencia de esto será que se necesite un reordenamiento para permitir al departamento cubrir las peticiones para cerrar el año, lo cual estimo que será del orden de $5, 600,000 dólares. (8)
8 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Ciudad de Washington, a William L. Marcy, secretario de guerra, Washington, D.C., nov. 24, 1847, Documentos ejecutivos del senado, No. 1, 30 Congreso, 1er sesión, pp. 544, 548-550.
CRÍTICAS DE MILITARES A LA INTENDENCIA GENERAL
Los guerreros en el campo de batalla, desde el soldado hasta el general, no siempre compartían los resultados de los logros de la Intendencia General. En agosto de 1846, a solo unos meses del comienzo de la guerra, el general brigadier John A. Quitman se quejaba:

He perdido completamente la paciencia con la tardanza de cada movimiento. El Departamento de Intendencia General está muy mal manejado. El Departamento Médico está peor. No hay herraduras ni clavos, no hay hierro para hacerlos; y aunque tenemos seis mil hombres no hay medicinas. Las tropas en servicio por doce meses están armadas con mosquetes de segunda mano, y sus sacos de dormir, cantimploras, mochilas y cajas de municiones son inadecuados para el servicio. (9)
9 – General brigadier John A. Quitman, Camargo, a general F. Huston, agosto 24, citado por John Francis Hamtramck Claiborne, Life and correspondence of John A. Quitman…, Nueva York, Harper & Brothers, 1860, vol. 1, pp. 241n-242n.
Un miembro de la Compañía de Ingenieros en la desembocadura del Río Grande se quejaba de la mala calidad de la comida y la ropa a fines de 1846:
Cuando nuestra ropa llegó nos sorprendimos mucho, pues estoy seguro de que nuestros conciudadanos no hubieran dado eso ni siquiera a los pobres de la ciudad, estaba rota e incompleta…
En un corto tiempo llegamos al Brazos, y desde entonces… nos hemos alimentado de solamente puerco, tocino, y pan duro, el cual no solamente estaba rancio sino mohoso y lleno de insectos, gusanos y hasta con piojos. (10)
10 – “The Sappers and Miners”, Nueva London Advocate, citado por Nile´s National Register, vol. 71, enero 9, 1847, p. 304.
La calidad de los abastos no era la única causa de queja. Un observador que viajaba con el ejército de Scott en México escribía:
De hecho he sido testigo en varias ocasiones de la destrucción de propiedad de la Intendencia a lo largo de toda la ruta, yendo desde la incompetencia de los jefes de vagón, el descuido y embriaguez de los conductores y la necesidad de organización y responsabilidad en las tropas. (11)
11 – Semmes Campaign, pp. 202-203.
El general Taylor fue uno de los más fuertes críticos del Departamento de Intendencia general y del general encargado cuando declaraba el 21 de junio de 1846: “Estoy sumamente disgustado por la manera en la que las cosas se van sucedido. Estoy considerando que hay una falla completa del departamento de intendencia por todas partes.” (12)
12 – General Zacarías Taylor, Matamoros, México, a Cirujano R. C. Wood, Fuerte Polk, Texas, junio 21, 1846, Bixby letters, p. 13.
Diez meses más tarde el ataque del general fue aún más violento y más personal: “En lo que se refiere a Jesup, no creo que esté completamente cuerdo.” (13)
13 – Ídem, Monterrey, a ídem, Nueva Orleans, abril 4, 1847, ibíd., p. 96.
LA DEFENSA DE JESUP A SUS POLÍTICAS
Jesup admitió que su departamento dejaba algo que desear y afirmaba que conocía las razones, tanto de sus debilidades como las soluciones a ellas:
El Departamento de Intendencia está lejos de ser eficiente; los oficiales son individualmente eficientes, pero no son lo suficientemente numerosos para las labores altamente demandantes y laboriosas que se les adjudican (14). Recomiendo profundamente que sean nombrados cuatro jefes de intendencia adicionales de entre las filas del ejército y se nombren también diez asistentes, que serán elegidos entre los subalternos del ejército autorizados legalmente; y además recomiendo que un jefe de provisiones reglamentario sea asignado a cada regimiento, el cual será seleccionado de los subalternos de los respectivos regimientos, con la misma paga adicional y emolumentos que les son otorgados hoy a los adjuntos. Esta fuerza adicional hará que el departamento sea capaz de realizar su labor como es debido. (15)
14 – Después de las actas de mayo 13, 15, 19; junio 18 y 26, el Departamento de Intendencia quedó como sigue: general mayor de intendencia, dos asistentes, dos delegados, cuatro jefes y veintiocho asistentes. Trece de los asistentes fueron traídos de las filas del ejército.
15 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Brazos Santiago, Texas, a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, ciudad, diciembre 27, 1846, Documentos ejecutivos, Casa de representantes, No. 60, 30 Congreso, 1er sesión, pp. 568-569.
La aceptación de la ineficiencia en su departamento, de parte del general al mando de la Intendencia, no significaba que tuviera un espíritu humilde y tampoco que él aceptara dócilmente las críticas. Con ocasión de su defensa, en la mejor tradición militar, es un motivo para la contraofensiva. En noviembre de 1846, en una carta en la que discutía sus problemas con el coronel Henry Whiting de Nueva Orleans lo hace en contra de Taylor “y otros”:
Estoy de hecho lejos de mi camino en un viaje de inspección por asuntos del Departamento. Hemos sido denunciados por el general Taylor, por muchos otros oficiales y otras personas, creo yo injustificadamente; y es mi propósito el investigar los hechos y reportarlos al Departamento de Guerra. Entonces solicitaré la investigación más meticulosa, no solamente por mi conducta, sino por la de todo el departamento. Estoy muy ansioso de asumir la responsabilidad que propiamente nos corresponda tanto a mí como a mi departamento, pero quiero decir que también otros deberán cargar con sus propias responsabilidades. Recibí del coronel, (ahora general) Twiggs una requisición por mil noventa y dos caballos y equipo; hasta donde recuerdo, esa es la única requisición que he recibido del ejército en México. Ahora cualquiera con la más ligera experiencia profesional o conocimiento sabe que es tarea del gobierno el indicar el objetivo a alcanzar en una campaña, es pues labor del general que esté al mando pedir los implementos necesarios para lograr ese objetivo. Si espera que otros adivinen lo que él quiere y falla en dar órdenes, o hacer sus peticiones a tiempo, toda la responsabilidad es suya, y cualesquiera que sean las consecuencias debe de afrontarlas. (16)
16 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Nueva Orleans, a coronel Henry Whiting, asistente a la Intendencia General, Cuartel del ejército de ocupación, Camargo o Monterrey, México, noviembre 4, 1846 (copia), cartas recibidas, correspondencia del coronel Henry Whiting, oficina del intendente general, RG 92, Nat. Arch.
Cerca de un año después Jesup fue aún más cáustico, dado que no solamente defendió a su propio Departamento sino que cuestionó la capacidad de “varios” de los generales en el campo de batalla:

En respuesta a la queja del general Scott, en su despacho del 25 de diciembre, de que la caravana del teniente coronel Johnson (17) había regresado sin un solo cobertor, abrigo, chaleco o par de pantalones, pues el pequeño depósito en Veracruz había sido agotado por las tropas bajo los mandos de los generales Patterson, Butler y Marshall, (18) respectivamente, todos los cuales acababan de llegar, tengo el honor de declarar que si los hechos son como lo ha declarado el general Scott, la responsabilidad reside en otras partes, pero no en mí. (…)
17 – Teniente coronel Joseph Eccleston Johnston fue 1er teniente, jefe de ingenieros, julio 7, 1838; capitán en septiembre 21, 1846, y teniente coronel, Voltigeurs, abril 9, 1847 a agosto 28, 1848. Obtuvo condecoraciones por Cerro Gordo y Chapultepec. Durante la Guerra Civil fue general del ejército de los Estados Confederados.
18 – Thomas Marshall de Kentucky fue general brigadier de voluntarios de julio 1, 1846 a julio 20, 1848.
Si los voluntarios y nuevos regimientos fueron a México sin el abastecimiento adecuado fue culpa de aquellos quienes los comandan. Según lo que entiendo, el general Butler (19) fue específicamente nombrado para supervisar la organización, equipamiento y movilización de las tropas de voluntarios. Era su deber, no el mío, el ver que estuvieran adecuadamente vestidos y equipados; y ni él ni el general Patterson, ni el general Marshall, tenían ningún derecho a tomar para sus hombres ninguno de los artículos que yo había guardado en Veracruz para uso de los regimientos del general Scott.
19 – William Orlando Butler fue general mayor de voluntarios de junio 29, 1846 a agosto 15, 1848.
He hecho en el tiempo adecuado los arreglos para los nuevos regimientos y en noviembre hubiera mandado a Veracruz un gran cargamento de ropa, pero en octubre recibí un reporte del capitán Irwin (20), encargado de intendencia del ejército del general Scott, fechada el 27 de septiembre en la Ciudad de México y del cual extracto lo siguiente: “Tengo un millar de personas dedicadas a confeccionar ropa, la calidad de la tela no es tan buena como la nuestra y el precio promedio es cincuenta por ciento más alto. Aunque supusiéramos que el camino desde aquí hasta Veracruz está despejado por completo, creo que el gobierno perdería muy poco, casi nada si compramos aquí. En poco tiempo estaré en disposición de llenar cada requisición que me hayan hecho, con ropa que aunque no sea exactamente de nuestro uniforme, sí será confortable y buena.”
20 – James R. Irwin fue capitán y asistente de intendencia en julio 7, 1848. Murió el 10 de enero de 1848.
Esta información, señor, proviene de un hombre que sabe cómo proveer a un ejército, poniendo en una requisición todos los recursos del país y aprovechando todo aquello que le rodea, sino que además está mejor calificado para dirigir un ejército grande que la mayoría de sus generales en el campo. El reporte del capitán Irwin retrasó mi tarea aquí (Washington), pero, en diciembre, ordené que de Filadelfia saliera una remesa de ropa suficiente para todo el ejército, incluidos los soldados regulares y los voluntarios. (21)
21 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Washington, ciudad, a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, ciudad, febrero 18, 1848, Documentos ejecutivos Casa de representantes, No. 60, 30 Congreso, 1er sesión, pp. 1251-1252.

RENTA DE TRANSPORTES
El Departamento de Intendencia peleó su guerra en diferentes flancos. Proveer a las tropas era su tarea principal, pero esto frecuentemente incluía una labor de resistencia contra los contratistas y un lento sistema burocrático. Prácticamente todos los contratistas querían obtener las mayores ganancias y algunos entregaban productos de mala calidad.
Las embarcaciones para transportar al ejército a México fueron una de las primeras y más arduas tareas que la Intendencia General tuvo que enfrentar.
Al principio de la guerra las dificultades que hubo para negociar con los dueños de las embarcaciones fueron reportadas al adjunto a la oficina del general por uno de los más reconocidos propietarios de embarcaciones en Norteamérica, George Law de Baltimore:
Se nos avisó desde Nueva Orleans del regreso ahí del Alabama de su viaje a Galveston, había sido rentado por la Intendencia General por tres meses, pagando $16,000 por mes. Habiéndosele contratado para cargar combustible y agua y de cuyo contrato los dueños esperan ganar por lo menos $30,000. En cuanto a los dueños que residen en Nueva Orleans, no tienen ninguna intención de venderlo, pues actúan como si fueran los esposos del barco, ganando una comisión por cada renta y cargamento. No obstante los dueños que residen en Baltimore, para los que resulta incosteable poseer una propiedad en un sitio tan lejano y fuera de su control tienen el poder de vender y lo usarían sin que los de Nueva Orleans pudieran objetar nada. De preferencia el departamento debería de comprarlos en lugar de seguir pagando ese precio por alquilarlos. Hay un español que anda tras la goleta y ha hecho una oferta la cual probablemente será aceptada en el transcurso de mañana. He pedido a los señores Henderson y Cía., que detengan la venta lo más que puedan, esperando que el gobierno haga algún movimiento al respecto, les aseguro que el velero es adecuado para el servicio, como pueden darse cuenta por el certificado del mayor Bache (22), quien recientemente ha regresado de un crucero por el mar, explorando las costas del sur. (23)
22 – Posiblemente mayor Hartman Bache, ingenieros topógrafos. Alexander Dallas Bache fue Superintendente del Guardacostas de los Estados Unidos de 1843 a 1867.
23 – George Law, Baltimore, a general brigadier Roger Jones, general adjunto, Washington, D.C., mayo 20, 1846 (copia), Cartas recibidas, correspondencia del coronel Henry Whiting, Oficina del intendente general, RG 92, Nat. Arch.
Jesup se quejó con el secretario de Guerra acerca de la poca cooperación de los dueños de los barcos, pues intentaba formar una flota de veleros para la expedición de Scott a Veracruz:
Uno de los vapores que el presidente y usted decidieron que comprara (el Natchez), se perdió en la costa de Cuba en la expedición del 11 de octubre y pienso que es muy poco probable que el otro (el Alabama), pueda ser adquirido en un precio justo. Sé que los dueños lo están reteniendo para rentarlo al gobierno; y dado que no existe ningún otro barco en el Golfo que se pueda comparar, están esperando para dictar ellos sus propias condiciones. Se me ha dicho que el barco no se venderá por menos de noventa mil dólares. Ese precio es demasiado elevado por él, y si se puede conseguir un barco similar en el norte no recomendaría comprar este para nada. El Southerner, que ahora hace el recorrido entre Nueva York y Charleston, es un barco nuevo-y mucho mejor que el Alabama-, es idéntico en su tonelaje a los de la compañía Cunard. Se me informó el día de hoy que se le podría adquirir por cien mil dólares y a menos que tuviera algún accidente, no requeriría de reparaciones en tres años. El Alabama es un barco viejo, muy caro a noventa mil dólares o incluso a ochenta mil que el otro de cien mil. He escrito a Nueva York y también una carta a Charleston, para estar seguro de conseguir la suma más barata en la cual pudiera comprarse. Si las operaciones en el sur comienzan antes de que lo compremos, el Alabama deberá ser rentado.
Si hubiésemos previsto las condiciones de navegación en las costas de México, en sus puertos y en el Río del Norte y hubiéramos construido barcos de vapor apropiados hace meses, nos hubiéramos ahorrado un millón de dólares para estas fechas. Ahora tenemos un número suficiente de barcos que funcionan muy bien para el río, pero no se pudieron conseguir barcos más ligeros y deben ser construidos. Si no podemos obtener ni el Southerner o el Alabama, se deberán fabricar barcos similares para navegar por el Golfo.
La distancia que deberemos de cruzar es muy grande, la navegación es muy difícil y la cantidad a transportar de personas y materiales es enorme. La distancia del Mississippi al Río del Norte es más grande que de este último al Océano Pacífico y que del primero al Atlántico. (24)
24 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Nueva Orleans, a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington ciudad, noviembre 7, 1846, Documentos ejecutivos Casa de representantes, No. 60, 30 Congreso, 1er sesión, p. 564.
El teniente Daniel Harvey Hill hizo comentario sobre el mismo problema en su diario:
Nuestras dificultades parecen incrementarse a diario, es casi imposible conseguir transportes; en Nueva Orleans, el inmenso aumento de los precios del algodón ha hecho que muchos de los barcos sean enviados a Europa para comerciar. Además muy pocos dueños de barcos están dispuestos a permitir que sus veleros zarpen con órdenes como las que se requieren y que nos llegaron con referencia a la expedición a las costas de Veracruz. (25)
25 – Diario de Daniel Harvey Hill, entrada de febrero 11, 1847, So. Hist. Col. NCa.
La pelea con los contratistas de transporte marítimo continuó todo el tiempo que duró la guerra y se peleó en los mismos frentes, aunque el objetivo cambió de llevar soldados hacia México a regresarlos a casa. El mayor D. D. Tompkins jefe de intendencia en Nueva Orleans nos habla de sus tratos con los dueños de barcos:
Nadie sabe las dificultades que he tenido que enfrentar, el verano pasado, cuando se me llamó para conseguir el transporte para las tropas que regresan de México. Había un plan elaborado por los “Traficantes de Barcos” de esta ciudad para obligar al gobierno de los Estados Unidos, a través de mi persona, a pagar un precio exorbitante por los veleros. Vi de manera tan clara este asunto, que de una vez por todas decidí enviar a Mobile, un agente de mi confianza, y de hecho lo hice, para averiguar, pero tan pronto se supo todo, el asunto se vino abajo y el precio de los veleros fluctuó en el libre mercado, yendo como he dicho de $60 a $100,000. (26)
26 – Mayor Daniel D. Tompkins, Intendencia General, Nueva Orleans, a general mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Washington, ciudad, noviembre 2, 1848 (copia), libro de cartas Daniel D. Tompkins, oficina del intendente general, RG 92, Nat. Arch. El mayor Tompkins fue 3er teniente, artillería, julio 1, 1820; capitán y Asistente de intendencia, julio 7, 1838; mayor y jefe de intendencia, julio 22, 1842. Fue ascendido a teniente coronel por sus servicios en la guerra contra México.
PRODUCTOS DE MALA CALIDAD
Si la especulación con los precios era mala, los productos de ínfima calidad eran una situación peor. Los bienes y servicios vendidos al ejército fueron frecuentemente de pésima calidad. Los panaderos en Nueva Orleans fueron acusados de “fraude al gobierno”. El capitán Amos. B. Eaton (27) revela estos fraudes en una carta escrita desde Matamoros:
27 – Amos Beebe Eaton fue 2º teniente, 4º infantería, julio 1, 1826 y capitán y comisario de subsistencia, julio 7, 1838. Fue ascendido a mayor por Buena Vista. De junio 29, 1864 hasta su retiro, mayo 1, 1874, fue general brigadier y comisario general de subsistencia.

Debo reportar a ustedes que he examinado una gran cantidad de pan duro proveniente de las panaderías de Nueva Orleans y que fue enviada a A.C.S. a este lugar hace unos días, en lo que se puede decir que se ha cometido lo que podría llamarse un fraude al gobierno, al haber incrementado la tara de los barriles en los que está empacado.
Este lote de pan consistía en 1,140 barriles indicando un contenido de 83,445 libras de las cuales el teniente Simmons (28), de la A.C.S. en este lugar, se ha hecho responsable de hacer los recibos.
El peso neto en estos barriles según dice la etiqueta (tomado de diferentes panaderías) no es el que se indica, ya que cada barril está marcado con un “17” siendo que el contenido neto y correcto de este lote de 1,140 barriles debería ser de 22 ½ libras. He llegado a este resultado después de vaciar y pesar el contenido de varios barriles… de diferentes panaderías.
Por lo que se le están pagando al panadero un excedente de 51/2 libras de pan en cada barril de lo que ha mandado, por lo que hay un faltante total de pan de 6,270 libras. (29)
28 – Probablemente teniente Seneca Galusha Simmons, 1º infantería.
29 – Capitán Amos B. Eaton, comisario de subsistencia, Matamoros, a teniente coronel, Joseph P. Taylor, asistente al comisario general de subsistencia, Matamoros, diciembre 5, 1846, Fondo Amos Beebe Eaton, Beinecke.

El teniente coronel Aeneas Mackay (30), delegado de Intendencia General en San Luis, declaró que las mochilas que había pedido supuestamente deberían haber estado hechas de “tela de lino bien pintada”, pero un comité de investigación en Camargo encontró que las mochilas y cantimploras que le entregaron estaban inservibles:
30 – Mackay fue teniente coronel y delegado del intendente general, abril 21, 1846, ascendido a coronel por sus servicios en la guerra contra México. Ingresó en el ejército como asistente al delegado comisario de Artillería en marzo 12, 1813.
Tuve el honor de recibir su carta del 10 de abril, en la que venía un reporte de un comité de investigación de Camargo México acerca de un pedido de mochilas y cantimploras catalogadas como inservibles.
Este reporte presenta los hechos tal y como sigue: 14 cajas que contienen mil ochocientas sesenta y cuatro mochilas se examinaron y se encontró que eran de material de muy baja calidad, muy mal hechas, demasiado pequeñas para las necesidades de un soldado y además se dice que el algodón del que están hechas está pintado y que el colorante se decolora y mancha al contacto con el agua. Además de que no son impermeables, dado que no se les pintó al óleo. Muchas de ellas están maltratadas y rotas como consecuencia de que fueron enviadas sin empaque. Además reportan el examen de seis cajas con 567 cantimploras y las han encontrado totalmente inservibles. (31)
31 – Teniente coronel Aeneas Mackay, delegado del intendente general, San Luis, a coronel Henry Stanton, asistente al intendente general, Washington, mayo 22, 1847 (copia), Western Americana MSS, Beinecke.
PROBLEMAS CON EL EMPAQUE
Empacar los implementos de manera deficiente quizá no fuera algo que se hacía a propósito o con la intención de defraudar, pero las pérdidas causadas fueron enormes. Al respecto de este problema, el jefe de Intendencia, general Jesup, escribió al general brigadier George Gibson, comisario general de abastecimiento:

La cantidad de subsistencias que se daña es enorme. Esto va desde que se les coloca en barriles inadecuados, de que dichos barriles y otros empaques son de tamaño inconveniente para la transportación. Todo lo que se use en el ejército debe ser colocado en sacos o paquetes que vayan de ochenta a cien libras, pero sin llegar a exceder ese peso, de forma tal que puedan ser convenientemente transferidos con rapidez a los carros, botes o mulas. El pan, harina, frijoles, azúcar, café, sal y tocino deben colocarse en sacos de hule de la India; el puerco salado, la carne salada, vinagre y demás, deben colocarse en medios barriles o barricas. Esto tal vez cueste un poco más, pero ahorrará a lo largo de la campaña mil veces este costo, pues se salvaguardarán los materiales que ahora están perdiéndose. La eficiencia del ejército se aumentará de la misma manera, previniendo los retrasos que siempre suceden cuando se reducen los suministros, o cuando se hace necesario el cambio de medio de transporte. Además al reducir los paquetes se debe gastar en la compra de costales y de esa forma se pierden los barriles en los que se había depositado previamente el cargamento. Me gustaría mucho que usted considerara este tema. Me siento muy interesado en este cambio, dado que a mi departamento se le cobra doblemente cuando la mercancía se daña, ya que debemos pagar doble transportación. Estimo que cada ración de provisiones cuesta al ejército un rango que va de los setenta y cinco centavos a un dólar. Con esto se podrá imaginar la importancia que tiene que todo lo que se requiere para el ejército sea entregado en buen estado, y que además se tomen las medidas para su conservación. (32)
32 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Brazos Santiago, Texas, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, enero 2, 1846 (sic. 1847), cartas recibidas, oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
LOS PROBLEMAS DE TRANSPORTACIÓN DE TAYLOR
La Intendencia General era la responsable de proveer y transportar las provisiones, pero como insiste Jesup, los comandantes debían de determinar las necesidades de sus tropas. Los comandantes aceptaron la responsabilidad. Entonces Taylor hizo un cálculo de sus necesidades en Camargo y encontró que el principal problema al que se enfrentaba era el transporte:
Es necesario prevenir si se van a continuar las operaciones actuales. Los medios de transporte actuales del ejército son muy inadecuados. En el estrecho en el cual estamos, se tuvo que recurrir a recuas de mulas del país enemigo. Funcionaron bien, y deberán servir para todas las tareas, si estamos bien provistos estamos en posición de hacer la guerra tal y como lo está el enemigo. Pero esto está fuera de discusión. Tenemos reglas que no se rompen ni por soldados ni por oficiales excepto en casos extremos. Nuestro equipo de campamento es confortable pero aún estorboso; nuestras raciones aún son abundantes y de buen tamaño, pero todo esto debe ser transportado. Dentro de poco tiempo avanzaremos sobre Monterrey con una columna de seis mil hombres y alrededor de cinco mil animales. Este cálculo incluye las mulas de carga y las de tiro. Para proveer alimentación y forraje (entendiendo por este último solamente granos, dado que como se sabe no hay pasto ni maleza en el camino, ya que el continuo calor ha acabado con todo), se requerirá entonces de medios de transporte en gran cantidad. Al menos mil carros deberán estar en ruta entre el Río Grande y Monterrey. Hoy por hoy tenemos menos de doscientos. Si los carros están equipados (que cuenten con arnés desde luego), las mulas pueden adquirirse aquí a un precio muy bajo. No se me ha informado qué carros son los que vienen. A cien de ellos se les ha dado la orden de parar en el Brazos, donde tenemos mulas (que se han comprado recientemente), para ponerlas a los carros. El resto se enviará aquí para formar la caravana de la manera más rápida posible.
Cerca de cien mil raciones de alimento han sido enviadas a Serralvo. Esto se ha hecho por paquetes y carros en lo que las tropas se desplazan. Tan pronto como lleguen, y comience el movimiento, estas tareas serán llevadas a cabo por la columna y las remesas adicionales que se han enviado a Serralvo y a otras bodegas deberán de detenerse, en la medida, hasta que se hagan nuevas evaluaciones y queden libres los medios de transporte de sus tareas especiales. (33)
33 – Coronel Henry Whiting, asistente a la Intendencia General, campamento en Camargo, México, a general mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Washington, ciudad, agosto 28, 1846, Documentos ejecutivos Casa de representantes, No. 60, 30 Congreso, 1er sesión, pp. 679-680.
LAS SUBSISTENCIAS DEL EJÉRCITO DE TAYLOR
Después de la caída de Monterrey, el abasto de provisiones se transformó en un asunto de primera importancia. El asistente de la Intendencia General en el ejército de Taylor, el coronel Henry Whiting, reportó al Departamento de Intendencia general en Washington sobre los problemas de logística en el ejército de ocupación:
Tan pronto como el armisticio se llevó a cabo, El general Taylor ordenó que se solicitaran cerca de cuatrocientas mil raciones de alimento. De inmediato se tomaron las acciones para atender esta petición. Todas las mulas de carga que aún tenía el ejército fueron enviadas a Camargo, al mismo tiempo se trajeron mil cien cargas (de cerca de trescientas libras cada una), mientras que en la caravana que consistía de 150 carros (un número necesario dada la población de las tropas) fue despachada en destacamentos de cincuenta al mismo lugar, con el mismo objetivo. El capitán Arnold (34) salió del Brazos con una nueva caravana de 125 carros cerca del 1 de octubre y llegó a Monterrey al comienzo de este mes. Se hicieron arreglos con ciertas personas para emplear mulas de carga en la cantidad necesaria para transportar desde Camargo dos mil cargas. Estas hubieran estado listas para salir, habiendo recibido la orden con cinco días de antelación, pero se les retuvo hasta que se supiera si la carga iba a estar lista para ser transportada. Todo esto se ha hecho con el conocimiento y aprobación del general y todos los recursos del departamento se usaron diligentemente todo el tiempo, con excepción de las mulas de carga. Aunque se hubiera requerido el doble del número para llevar a cabo el mismo trabajo, fue imposible reunirlas. Pero después de consultar con el general y con el departamento de aprovisionamiento, se pensó que no había bodegas adecuadas para guardar más que las dos mil cargas (dado que solo algunos artículos se pueden empacar de forma conveniente).
34 – Capitán Ripley Allen Arnold, 2º dragones, fue capitán y asistente de intendencia de mayo 11, 1846 a marzo 10, 1847. Ascendido a mayor por Palo Alto y Resaca de la Palma.
Antes de que las últimas instrucciones del gobierno vieran posible que se suspendiera el armisticio, el general Taylor creyó prudente respaldar su petición de la caravana, anticipándose a los movimientos que darían como consecuencia su terminación. De acuerdo a esto se giraron instrucciones a Matamoros para comenzar la adquisición de las mulas, 500 para ser entregadas en una sola exhibición por las autoridades locales, dado que se les habían sido requeridas con anterioridad. Este paso solamente fue el preliminar a los demás que deberían ser seguidos de manera tan rápida como se pudieran obtener los animales, en la medida de nuestras necesidades. Al mismo tiempo se le mandó al capitán Crosman (35) hacer las compras en Camargo con el mismo objetivo. El capitán Hill (36) había recibido instrucciones precisas para preparar todos los carros de mulas que pudiera reunir.
35 – Capitán George Hampton Crosman. Fue capitán y asistente de intendencia, julio 7, 1838, mayor e intendente, marzo 3, 1847; condecorado por Palo Alto. Por sus servicios en el Departamento de Intendencia (Ejército de la Unión) durante la Guerra Civil fue ascendido a general brigadier y a general mayor.
36 – Capitán James Madison Hill, fue capitán, 8º Infantería, septiembre 28, 1840 a junio 18, 1846; fue capitán y asistente de intendencia, julio 7, 1838. Murió el 29 de junio, 1849.
Hago esta declaración con el fin de que el Departamento conozca lo qué se ha hecho para responder las peticiones del general en jefe. Debe entenderse que el ejército que está aquí y sus seguidores consumen doscientas mil raciones por mes. (37)
37 – Coronel Herny Whiting, asistente al intendente General, campamento cerca de Monterrey, a coronel Herny Stanton, asistente al intendente general, Washington, D.C., noviembre 5, 1846, Documentos ejecutivos Casa de representantes, No. 60, 30 congreso, 1er sesión, pp. 683-684.

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LOS PROBLEMAS DE LOGÍSTICA EN LAS FILAS DE SCOTT
La situación de Scott era más problemática que la de Taylor, dado que enfrentaba tremendos problemas de logística causados por las dificultades inmensas en la línea de aprovisionamiento en un terreno montañoso y un verano tropical. Él llama la atención sobre todos estos asuntos describiendo sus necesidades en dos cartas del mes de abril de 1847. La primera de ellas fechada el 23 dice:
Acabamos de ocupar Perote, y dentro de poco ocuparemos Puebla. Deberemos de tomar posesión de México de manera segura, sin que nos cueste más de cien hombres. Nuestros peligros y dificultades están todos en la retaguardia entre este lugar y Veracruz:
1: La época del año, calurosa, y pasando Cerro Gordo, arena y enfermedad.
2: La imposibilidad (casi) de establecer un puesto intermedio pudiera ser en el Puente Nacional, o cualquier otro punto, por las enfermedades y la necesidad de suficientes provisiones fácilmente accesibles.
3: El peligro de que nuestras caravanas sean atacadas y destruidas por los exasperados rancheros, cuyos hogares se encuentran muy dispersos sobre una gran superficie de terreno, a quienes es casi imposible con nuestra reducida caballería someter, perseguir y castigar.
4: La consecuente necesidad de escoltar las caravanas por setenta millas cuesta arriba y setenta millas cuesta abajo, con una reducida caballería, la cual día a día se vuelve más y más ineficiente en este intolerable trabajo.
He explicado claramente la situación de este ejército de avanzada para que se comprenda cuán infinitamente importante es de manera expedita, mientras el clima aún lo permite, traer hacia zonas más templadas todas las provisiones necesarias para los departamentos de artillería, intendencia, comisarías, y medicina. El jefe de cada una conmigo mismo ha sido instruido para que escriba, dirigiéndose al jefe que le corresponda en Veracruz y deseo que les den estricta atención a estas requisiciones y se aseguren de que tan pronto sea posible sean cubiertas.
Yo mismo he traído a este lugar las provisiones de cada artículo que consideré indispensables, apartando la cantidad respectiva a los jefes en Veracruz y aquí, entre las que se cuentan: medicinas y artículos de hospital, ropa para las tropas, sal, municiones, herraduras y café. Otros artículos de menor importancia son: mochilas, cobijas, pan duro, tocino y teteras. (38)
38 – General mayor Winfield Scott, Jalapa, a coronel Henry Wilson, comandante y gobernador de Veracruz, abril 23, 1847, Fondo Henry Wilson, Beinecke.
La segunda carta de Scott fue escrita el 28 de abril:
Esperamos encontrar en nuestra línea de operaciones materia prima para pan, carne de res, de cordero, azúcar, café, arroz, frijol y forraje, aunque no sea en los lugares acostumbrados o en abundancia (39). Por todo esto tenemos que pagar (40), o de otro modo los propietarios nos lo van a esconder, acaparar y hasta pueden destruirlo, dado que permanece un odio imbatible a nivel nacional hacia nosotros. Deberé seguir haciendo todo lo que esté en mi poder para conquistar y vencer ese sentimiento, aunque no pueda asegurar ningún éxito. Si no puedo forzar la economía hasta lo último para adquirir dichas cosas, solicito que sean recolectados y enviados con regularidad por el personal de los departamentos adecuados, de otra forma solamente se agravarán las cosas y se arruinará al país y nosotros moriremos de hambre. (41)
39 -Con la transportación por tierra fuertemente restringida, hubo una tendencia para almacenar grandes cantidades de productos en Veracruz. Incluso hubo una saturación de provisiones, mientras que el ejército dependía en lo local para su alimentación. (Cf. mayor Washington Seawel, Nueva Orleans, a general brigadier George Gibson, Washington, junio 23, 1847, cartas recibidas, oficina del comisario general de subsistencias, RG 192, Nat. Arch). Seawell cita una carta del teniente Johnson, jefe de los almacenes en Veracruz que le decía: “si usted quisiera considerar mi opinión sobre este asunto, le recomendaría que no envíe más productos aquí a menos que sean requeridos desde este lugar, hay grandes cantidades, pero poca demanda y medios para transportarlos al interior. El teniente Blair me escribe que tiene en Jalapa frijol, arroz, azúcar y sal en abundancia; que puede proveer con eso a Perote, y que Puebla puede ser surtida desde ahí mismo. Me dice también que se pueden conseguir grandes cantidades de harina en el interior y me solicita que le envíe pan, carne, jabón y velas. El ejército, sabemos, subsiste (al menos en lo que a carne se refiere) principalmente con carne fresca. A partir de estos hechos me parece que hay muchas provisiones almacenadas en este lugar. El abasto principalmente de pan, carne, sal, café, azúcar, jabón y velas; con pequeñas proporciones de otros artículos enviados aquí gradualmente, así como cubrir las necesidades ordinarias, serían en mi opinión suficientes”.
40 – Aunque los precios a veces eran excesivos, los comisarios de Scott fueron capaces de comprar muchos de los artículos necesarios para la subsistencia del ejército después de que dejaron Veracruz. El capitán John B. Grayson, comisario asistente de subsistencia, enumera los precios pagados por algunos de los artículos de la lista de raciones después de la ocupación de la Ciudad de México. Escribe: “el precio de la ración aquí es de 32¢. Estamos pagando por la harina ahora 9¢ la libra. Café 23 y 24¢, azúcar 10¢, arroz 10¢, jabón 16¢, velas 30¢, vinagre 40¢ el galón, jamón 28¢, pan duro de 13¢ a 14¢, carne salada 16¢, carne fresca 10¢. Frijol, no he comprado, pero supongo que está entre $3 a 4 dólares el bushel. La sal es el artículo más extravagante, variando de 10¢ a 13¢ la libra, mi desembolso para el último trimestre asciende a medio millón de dólares”. (capitán John B. Grayson, comisario asistente de subsistencia, ciudad de México, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, Washington, D.C., octubre 16, 1847, Western Americana MSS, Beinecke).
41 – General mayor Winfield Scott, Jalapa, a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, D.C., abril 28, 1847, Documentos ejecutivos Casa de Representantes, No. 60, 30 Congreso, 1er sesión, p. 944.
LOS MEDIOS DE ABASTECIMIENTO DE KEARNY
El abastecimiento para la invasión de Kearny fue insignificante comparado con la de los ejércitos de Taylor y de Scott. Los estimados eran para una expedición de alrededor de 2,500 hombres. Pero el largo trayecto a través de las planicies y la amenaza de los indios era un asunto preocupante. Encontrar transporte era de hecho más difícil que encontrar comida y ropa. El Missouri Republican describió las dificultades sobre este particular el 18 de agosto de 1846:
Sabemos por una fuente confiable que hay carencias considerables en el Fuerte Leavenworth, en lo que respecta a los oficiales de los Estados Unidos, consideran que la requisición de provisiones no puede ser enviada al general Kearny. Los jefes de aprovisionamiento han realizado grandes esfuerzos en esta plaza y en el Fuerte (42), por medio de sus agentes y asistentes para establecer los medios de transportación. Todos los carros que pueden ser construidos o comprados se han traído al punto y enviado al Fuerte. Un gran número de carros y artículos, de hecho todo de lo que se pudo echar mano, se ha comprado en el lugar; aún con todas estos esfuerzos, solamente se han conseguido provisiones suficientes para seis meses para los hombres que el general Kearny tiene consigo (43). Él confiaba recibir provisiones para doce meses y la cantidad requerida era necesaria para la subsistencia de sus tropas, aunque todas las personas y comerciantes familiarizados con Nuevo México coinciden en decir que la provisión para tales fuerzas militares no va a poder conseguirse en las provincias cercanas.
42 – Fuerte Leavenworth.
43 – De acuerdo a un memorándum del teniente William E. Prince se enviaron a Santa Fe de Fort Leavenworth, quitando lo que cada columna llevaba con ella de Fuerte Bent, las siguientes cantidades de provisiones: harina, 1,229,772 lb; pan duro, 51,530 lb; cerdo, 396,000 lb; tocino 140,045 lb; carne, 700 cabezas con un peso promedio de 500 lb cada uno; frijol, 921 búshels; arroz, 49,277 lb; café, 60,417 lb; azúcar 107,672 lb; velas de sebo, 1820 lb; velas de esperma 1,876 lb; jabón, 20,266½ lb; sal, 508 búshels; melaza, 3,372 gal; vinagre 3,055 gal; pepinillos, 800 gal. Ver, “Provisiones enviadas de Fuerte Leavenworth, Missouri, a Santa Fe, Nuevo México, exclusivamente de un envío tomado con cada columna para llevar del Fuerte Bent, de acuerdo con el reporte del teniente William E. Prince, A.C.S.”, anexo al del mayor R. B. Lee, San Luis, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, Washington, D.C., diciembre 9, 1846, cartas recibidas, Oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch. (N.B.: El bushel es una unidad de medida inglesa de granos que equivale a 32 lb).
Adicionalmente a las tropas que están con el general Kearny, está el regimiento del coronel Price de cerca de 1,000 hombres, el batallón extra del teniente coronel Willock de cerca de 500 hombres, el batallón de los mormones (44) del teniente coronel Allen de cerca de 500 hombres, los cuales con todo y los operarios de los carros hacen un total de cerca de 2,500 hombres que aún están por llegar ahí. Para todos ellos solamente se ha mandado una pequeña porción de provisiones. Con certeza no son suficientes para proveerles en su marcha. En unos cuantos días, el regimiento de infantería que ahora se está formando estará también listo para marchar y también deberán de ser provistos. De acuerdo al número de hombres que aún faltan por salir resulta evidente que la cantidad de provisiones que debe ser enviada necesariamente, aunque solamente sea para aprovisionar por seis meses, es mucho más grande que la cantidad que se acaba de mandar como anticipo. Para cruzar las praderas, se necesita que los grupos salgan para mediados o a más tardar finales de septiembre. Los grupos que salgan en esas fechas tendrán grandes problemas para realizar el viaje. La temporada ha sido inusualmente seca y hay una gran escasez de agua. Si los incendios comienzan temprano, lo cual puede ser el caso debido a la sequía, los grupos serán incapaces de cruzar.
44 – El batallón creado con mormones exiliados de Nauvoo, Illinois, que se reunieron en Council Bluffs, habían planeado emigrar a California, pero por la invitación del gobierno de los Estados Unidos, se enlistaron en el ejército y fueron a Fuerte Leavenworth. De ahí a Santa Fe, eventualmente continuaron hasta California, adonde llegaron en enero de 1847. El primer comandante del batallón fue el capitán James Allen, del 1º de dragones.
En vista del número de hombres que van a salir, la dificultad de darles transporte, la cantidad de provisiones indispensablemente necesarias para la subsistencia de las tropas, el hecho de que las tropas no puedan cruzar las praderas desde el 1 de octubre hasta cerca del 1 de abril son las principales causas de tal apremio. Confiamos en que estas deficiencias puedan ser sorteadas por la energía y trabajo de los oficiales que tienen la tarea a cargo. Como una evidencia de la gran demanda de carros, equipos y conductores que existe, los colonos han acordado en pagar cincuenta centavos por cada libra que se transporte de sus mercancías. Creemos que el gobierno podrá pagar eso y más dado que el costo de los carros, equipos, conductores, la depreciación de bienes, pérdida de caballos y carros se añadan a la cuenta. Si la requisición de provisiones no es enviada, causará serios trastornos al general Kearny y sus tropas, si no es que acaba por completo con el propósito de la expedición.(45)
45 – “Santa Fe Expedition” en St. Louis Missouri Republican, agosto 18, 1846.
La intranquilidad del Republican estaba bien fundada. En octubre, el teniente William N. Grier escribía desde Santa Fe al comisionado de aprovisionamiento en San Luis:
Me pesa informarle que me encuentro preocupado porque la cantidad de tropas que llegan a diario a este punto es mucho mayor que la cantidad de provisiones destinadas para su uso. El asistente del comisario del Fuerte Leavenworth escribe con fecha del 11 de agosto que se había guardado en el Fuerte Leavenworth un aprovisionamiento para seis meses para una porción del ejército del oeste en espera de ser transportado. Me temo que (por lo que he podido saber por todos aquellos que llegan a diario) las provisiones destinadas para el ejército que está en este territorio no llegarán a su destino este invierno.
Los estimados para el aprovisionamiento fueron, creo yo, realizados para seis meses. El ejército que está aquí debe subsistir por un año. De hecho será necesario hacer grandes compras de harina en este sitio, yo ya he comprado cerca de 60,000 libras de harina en un precio muy razonable-cerca de tres centavos por libra-, pero ahora están pidiendo un precio más alto. Estos costos seguirán aumentando en tanto que las necesidades del ejército aumenten. No existe nada parecido a algo como postores para contratos para proveer harina aquí y la ganancia que se está teniendo solamente hará que surjan. Cuando llegué aquí traje cerca de $5,000 dólares en plata de mi cuenta en el banco de San Luis. (…)
Las tropas llegaron aquí antes que las caravanas de provisiones y las provisiones que tengo a mano en mi almacén son muy limitadas hoy en día. El batallón de los mormones llegó esta tarde y no reanudarán su marcha hasta que llegue una caravana de provisiones –probablemente en seis u ocho días-. (46)
46 – Teniente (sic. capitán) William Grier, Santa Fe, a mayor Richard B. Lee, comisario de subsistencias, San Luis, octubre 9, 1846, cartas recibidas, Departamento del Oeste, archivos del Comando del Ejército de los Estados Unidos, RG 98, Nat. Arch. El capitán William Nicholson Grier fue 1er teniente, 1º Dragones, abril 14, 1838 y capitán, agosto 23 1846. Ganó una condecoración en Santa Cruz de Rosales.
Aunque la situación puede haberle parecido seria al capitán Grier en Santa Fe, el comisionado de abastecimiento en San Luis no compartía su preocupación. En una carta al general brigadier George Gibson en Washington el mayor Richard B. Lee (47), comisionado en San Louis, se defendió culpando a los indios, a la falta de disciplina por parte de las tropas y a la insuficiencia en el resguardo militar. No parece ser que realmente le preocupara, pues al parecer estaba seguro de que en los alrededores de Santa Fe abundaba la carne: 47 – Para profundizar sobre el mayor Richard B. Lee, ver el capítulo III.
Adjunto un resumen de las provisiones enviadas desde el Fuerte Leavenworth al ejército en Santa Fe para un aprovisionamiento de solamente tres meses para ser llevados en la marcha con cada columna del ejército. De esta manera podrán percibir que cualquiera que sea la queja en la existencia o desabasto de provisiones no se puede culpar de robo al departamento de subsistencias.
Cada grupo que llega desde Santa Fe trae noticias desfavorables acerca del progreso del avance de las caravanas de la intendencia general, lo cual, añadido a la pérdida de catorce carros capturados por los indios y a lo avanzada que está la temporada del año, va a traer como consecuencia algunas fallas y el corte de raciones de las provisiones dadas al ejército, pero dado que el territorio es abundante en carne de vacunos y ovejas no se deben temer resultados desastrosos. (…)
Como saben, ciento veinte mil dólares en especie, principalmente en oro, se han enviado recientemente al departamento de pagos en Santa Fe. Estos fondos fueron mandados sin escolta militar y adicionalmente a la incertidumbre de poder cruzar con éxito las praderas esta temporada, la oportunidad se exhibe a los rufianes de ambos lados de la frontera y a los indios como un suculento botín.(…)
Es justo que ponga a su consideración la necesidad de enviar con rapidez a Santa Fe en los comienzos de la primavera un extra de las provisiones más esenciales como azúcar, café, harina y rebanadas de tocino. (48)
48 – Mayor Richard B. Lee, comisario de subsistencia, San Luis, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, Washington, D.C., diciembre 9, 1846, cartas recibidas, oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
La opinión en Santa Fe siguió siendo desalentadora, aunque no había indicios de necesidades apremiantes. Un corresponsal del St. Louis Reveille se quejaba:
En mi interior a veces me siento un poco preocupado a consecuencia de la escasez que vemos en los barriles vacíos, cajas y costales en las bodegas del comisario. La carga que contenían los diez carros que tuve el gusto de traer desde el Fuerte Bent están casi terminadas y no hemos tenido ninguna otra entrega; no sabemos cuándo la habrá, aunque sabemos que hay grandes cantidades de provisiones en camino. Tenemos mucha carne fresca que nos provee un contratista francés de San Luis llamado Gosselin (sic) (49) que creo ha estado en este territorio por tres o cuatro años. El departamento del comisario está bajo el mando del capitán Garrison (50) recientemente nombrado en el puesto por el presidente, según lo que sé.
49 – Herbert Gosselin.
50 – Capitán Amos F. Garrison fue capitán y asistente al comisario de subsistencia de voluntarios, junio 26, 1846 a noviembre 30, 1848.
Alguna de la harina de estas tierras provista por el comisario es de muy mala calidad, demasiado fibrosa (tal vez preparada así de forma fraudulenta al cernirle las partes más finas), esto afecta a las entrañas de muchas personas. A este motivo además de los malos alojamientos, y el estar expuesto a los elementos, se deben muchas de las enfermedades en el ejército. (51)
51 – Teniente Richard s. Elliot, alias John Brown, “Letters from New Mexico”, Santa Fe, Nuevo México, noviembre 3, 1846, en St. Louis Reveille, enero 11, 1847.
DEFICIENCIAS EN LA TRANSPORTACIÓN MARÍTIMA
Algunos de los soldados entraron a pie a México, pero la mayoría lo hizo por vía marítima y los veleros alquilados o comprados por el gobierno frecuentemente eran inadecuados para este uso. Las deficiencias y la reparación de los veleros fueron discutidas a profundidad en una carta del coronel Henry Stanton (52) a su superior, el intendente general, el 13 de diciembre de 1846:
52 – Coronel Henry Stanton de Vermont, 3er teniente de Artillería Ligera, junio 29, 1813, coronel y asistente de intendencia, julio 7,1838, y ascendido a general brigadier en enero 1, 1847, por sus servicios durante la guerra contra México, murió en agosto 1, 1856.
Me pesa mucho enterarme, como lo he hecho, por los periódicos de Nueva Orleans que mis temores y predicciones en relación con el desafortunado Neptuno se hayan cumplido de una forma tan desastrosa y rápida. Su destino se une a la demoledora lista de desastres que han ocurrido a los veleros de su clase y tipo, a lo largo de nuestras costas durante los meses pasados, y más que todas las órdenes, lo que me molesta más es que en varias ocasiones he expresado mis quejas acerca de la compra o empleo, ya sea en navegación ultramar o costera, de los barcos de rueda y de vapor. No puedo sino permitirme con renovadas esperanzas, que el último velero que se me describe va a comprar el departamento está ahora en servicio. En lo que a mi depende se encuentra en las mismas condiciones.
El Edith, me apena saberlo, no es apto para la navegación dado que tiene un defecto en las calderas. En vista de que se trata de una propiedad del gobierno, lo cual es particularmente desafortunado, y de una revisión casual a su caldera después de su compra, no estoy tranquilo de que los hombres de Massachusetts sean los primeros en subir a la cubierta del Edith.
Los barcos de hélices Washington, Ocean, y Ashland están ahora en reparaciones pagadas por sus últimos propietarios, estas reparaciones se terminarán en los próximos días. En cuanto eso suceda zarparán; el último con carbón y ropa hacia el Brazos, y los dos primeros con carbón hacia Tampico. Según creo yo hasta este momento en el que les estoy avisando. Ahora inicio lo que debería y podría haber comenzado hace semanas, si hubiera tenido las instrucciones y requisitos para preparar la gran expedición (53). Los 140 botes de cerca de 20 toneladas de carga, ¡Apenas se me dio la orden para su construcción el día primero, y tienen que estar listos en un mes!¡y botados! Espero poder estar listo a tiempo. No fue sino hasta ayer que me sentí con libertad para iniciar a tomar las medidas necesarias para preparar y proveer los muchos transportes para la gran cantidad de requisiciones que han hecho los Almacenes de Artillería e Ingenieros. (54)
53 – Para la expedición de Scott, ver el capítulo IV.
54 – Coronel Henry Stanton, asistente al intendente general, Washington, D.C., a general mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Nueva Orleans, diciembre 13, 1846, Fondo Thomas Sídney Jesup, Duke.
Aunque pudieran conseguirse veleros adecuados, los problemas aún no se resolvían. En la Isla de Brazos, las aguas poco profundas hicieron necesario proveer iluminación, y el pago por demoras mientras los veleros estaban atracados, llegó a ser un asunto importante en cuanto a los gastos. Esta y otras dificultades fueron discutidas en un memorando escrito por el capitán John G. Tod, quien fue enviado a la Isla de Brazos por Jesup para que investigara la situación en noviembre de 1846:
Aproveché la oportunidad que se me brindó en mi reciente visita al Brazos de San Iago (sic Santiago) para recabar la información para hacer las observaciones que considero serán benéficas, si no al menos interesantes para el departamento.
Los bancos en el Brazos tienen en promedio 8 pies de profundidad. Los veleros que tengan 7 pies pueden entrar al puerto, lo cual para el futuro deberá ser una condición sine qua non para todos los navíos o veleros que se empleen en el departamento.
La distancia de los bancos a la boca del Río Grande y de los bancos al Brazos es de nueve millas.
Del banco del Brazos a la bodega de la isla la distancia es de cerca de dos millas, ahí se descarga lo que traigan los veleros. Usando una o dos barcazas como un muelle flotante se arma una plataforma, donde se pone la carga de los barcos ligeros con gran facilidad.
Los veleros en el puerto son descargados por los barcos de vapor, y a su vez descargan posteriormente en el almacén de la isla, en algunos casos se le lleva hacia la boca del Río. El barco de vapor Cincinnatise usa para transportar las provisiones del depósito o de los veleros en el puerto a la boca del Río.
El cálculo del costo de este transporte para el departamento, tomando en cuenta el calaje, el combustible, etc. y el número de barriles que transporta desde la bodega en la isla, a la boca del Río Grande, resulta que está en $ 2.50 por barril de carga. Ese es el costo promedio para el gobierno tomando al Cincinnati como parámetro.
La descarga mar adentro depende mucho de cómo esté el viento y el clima, ese es un problema que hace difícil el cálculo correcto de una cuenta de los gastos.
El barco Sophia Walter fue descargado por completo por el vapor Sea. El costo para el departamento, tomando en cuenta solamente lo que corresponde al vapor Sea, se encontró que era de $3,500 (digo tres mil quinientos dólares). Esto, encuentro que es un precio promedio más elevado que el costo normal. La demora de los embarques parece demasiado grande. El costo promedio para el gobierno por el almacenaje, y llevar las cargas de los barcos dentro de la Isla es de cerca de un dólar por mes. Aún no encuentro cómo se puede remediar esto. El almacén en la Isla de Brazos está situado en un plano arenoso, el cual fácilmente se cubre de agua cuando azota un fuerte norte. Particularmente si ocurriese después de que soplara el viento desde el noreste, dado que nuestros nortes a lo largo de esta costa suceden después de vendavales que vienen del este y que se pueden encontrar en esta temporada que continúa hasta abril, lo cual podemos asegurar dado que calculamos la salida y puesta del sol.
Hay provisiones inmensas de puerco, res, pan, harina, maíz, pastura, avena carros, provisiones en cajas, y todo lo demás, apilados a lo largo de la costa y en torno a la Punta o estrecho, es lo que forma el almacén. Observé algunas estacas que se erigieron lo suficientemente altas para proteger lo que se ha almacenado en ellos y evitar que sea alcanzado por el agua. En otros casos el puerco y la res y otros artículos que no se pueden dañar tan fácilmente se colocan en el nivel más bajo y los artículos que se pueden dañar si se les almacena encima. Se les cubre con lienzos resistentes para hacerles un techo con las orillas abiertas.
Necesariamente debe de haber alguna pérdida y daño durante estos manejos. Hay unas cuantas bodegas pero muy pocas en comparación a la proporción de cosas que hay desembarcadas. Hay algunas bodegas grandes en St. Joseph (cerca de Corpus Christi), dado que esa bodega está mal no veo porque las casas no pueden ser trasladadas al Brazos y erigidas ahí.
La profundidad del agua en la boca del Río Grande es de 31/2 pies cuando está baja la marea, y de cerca de 5 cuando sube, algunas cuantas mareas nos han dado 6 pies sobre la superficie del banco (de arena), pero por seguridad no se deben calcular más de 5 pies de profundidad para los veleros para dejarlos entrar al río. La bodega del río está situada como a dos millas del banco de arena.
Un contingente de casi cien carros (de bueyes y mulas) sale de la bodega en la Isla de Brazos, llevando provisiones hacia el almacén en el río. Es un camino muy pesado sobre un pedazo de arena por una distancia de nueve millas.
Cientos de carros están estacionados en la bodega de la isla; y me percaté que muchos de ellos estaban descargando en los veleros en el puerto. Algunos de estos, se me dijo, no tenían la misma carga que habían sacado de Nueva Orleans, dado que se les mermó antes de que fueran adquiridos para el departamento. (…)
No es tan difícil para los barcos llevar la carga unas cuantas millas. La pérdida de tiempo para cargarlos y la descarga han ocasionado la necesidad de emplear demasiados botes, lo que significa que el departamento hace un fuerte gasto. Ahora que si los veleros fueran puestos a trabajar de noche en cuanto a lo que se refiere en recibir las cargas en el puerto, harían el doble del trabajo. (55)
55 – Memorándum del capitán John G. Tod, noviembre 16, 1846, en Fondo Thomas Sidney Jesup, DLC.
La escasez de barcos parece haber sido un mal crónico, dado que Jesup llamó la atención sobre este aspecto en los comienzos de la guerra y demandó, ineficazmente mientras la guerra seguía, su solución inmediata.
Se ha dicho por varios individuos, que pretenden estar al tanto de la situación y que hablan debido a su experiencia personal al respecto de las necesidades del sistema de descarga de los veleros en Punta Isabel, que la demora es algunas veces equiparable a tres mil dólares por día. Esto debe evitarse. Los transportes ya sea que sean de vela o de vapor estén regulados para que no más de dos estén en puerto al mismo tiempo, y los cargamentos deben ser descargados en cuanto lleguen para evitar cualquier demora. Si hay alguna falla en esto debe ser remediada de inmediato. (56)
56 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Washington, D.C. a coronel Henry Whiting, asistente al intendente general, Cuartel del ejército, en el Río del Norte, México, julio 1, 1846 (copia), cartas recibidas, correspondencia del coronel Henry Whiting, Oficina del intendente general, RG 92, Nat. Arch.

MULAS Y CABALLOS MEXICANOS

La impresión muestra a un guerrillero mexicano sosteniendo una pica larga, cabalgando a caballo, saltando sobre rocas donde ha sido asesinado otro guerrillero; más arriba en el camino, a la izquierda, se encuentra otra guerrilla, con más guerrilleros a caballo subiendo por el camino; en el extremo derecho, los soldados se dedican a la batalla.
Una vez que habían desembarcado en México, el ejército dependía totalmente de caballos y mulas (en su mayoría de mulas) para cargar sus provisiones y jalar sus carros. El intendente general Jesup dedicó toda su atención a este asunto en las primeras semanas de la guerra, pero dos meses después sus órdenes eran muy estrictas.
El 22 de mayo pasado he pedido que manden al capitán Irwin a la Bahía de La Bacapara supervisar la formación de un almacén en San Antonio de Bexar para alojar aproximadamente cinco mil hombres, principalmente hombres de caballería; he informado a usted que debe formarse una caravana adecuada para que atiendan este asunto y yo mismo, posteriormente en mis instrucciones al coronel Whiting, he dado instrucciones precisas de cómo deberá integrarse…
Tengo cierta preocupación de que la caravana no se haya organizado aún. He contado de manera muy fuerte con ella para ayudar en la transportación del ejército del general Taylor, y ahora llamo su atención hacia este tema; desearía que si no han formado una caravana completa lo hagan de inmediato. Adicionalmente a esta se debe instruir al general Irwin para que compre en Texas al menos doscientos bueyes, caballos y recuas de mulas con sus respectivos carros, arneses y riendas. Los caballos, mulas y bueyes de ese estado están aclimatados y acostumbrados a la pastura, y nos serán más útiles que aquellos que van en camino desde el oeste. Me temo que a los voluntarios no se les ha provisto con los suficientes transportes; dudo que los carros y mulas lleguen al campo de operaciones a tiempo para el movimiento del ejército. Envíen al capitán Cross (57) quien también está en Texas para que compre todos los carros, mulas, y caballos de tiro que pueda encontrar y que los tenga tan rápido como sea posible en el Río Grande.
57 – Capitán Osborn Cross fue capitán y asistente de Intendencia, julio 7, 1838; mayor y superintendente, julio 24, 1847. Estuvo en el Departamento de Intendencia (Ejército de la Unión) durante la Guerra Civil y fue ascendido a general brigadier.
El mayor Eastland (58) me informa que hay un buen número de mulas fuertes que pueden adquirirse en esta temporada del año en Luisiana. Cómprenlas y envíenlas a Texas donde pueden ser rápidamente reenviadas; todo lo que puedan conseguir además de caballos de tiro estará bien. Ordenen agentes a Mississippi a comprar todo lo que encuentren para que sea enviado por tierra o por mar, como lo consideren mejor. Manden todos los carros y arneses que puedan comprar. Estoy tan inquieto a este respecto que les he enviado una carta duplicada por esta vía exprés… ¿Qué tanto podemos aprovechar las mulas y los caballos de México? (59)
58 – Mayor Thomas B. Eastland, mayor y superintendente de voluntarios, junio 26, 1846 a marzo 3, 1849.
59 – General mayor Thomas S. Jesup, intendente general, a teniente coronel Thomas F. Hunt, Delegado del intendente general, Nueva Orleans, julio 19, 1846, Documentos ejecutivos Casa de representantes, No 60, 30 congreso, 1er sesión, pp. 601-602.
En agosto de 1846, Jesup supo que las mulas mexicanas habían servido excelentemente para las necesidades del ejército, pero los caballos no (60). Durante lo que quedó de la guerra muchas de las mulas que se requirieron y algunos caballos fueron comprados en México.
60 – Coronel Henry Whiting, asistente al intendente general, Matamoros, México, a general mayor Thomas S. Jesup, intendente general, Washington, ciudad, agosto 17, 1846, ibíd., p. 678.

El general Scott hizo el siguiente cálculo del número de mulas y carros necesarios para el avance del ejército desde Veracruz a la ciudad de México y sugirió la manera de hacerse de ellos.
Una buena porción de la caravana de asalto para la reducción del Castillo de Veracruz, desde hace más de un mes, no ha llegado, no puedo dar una fecha definida para el avance del ejército hacia el interior de México a través del Camino Nacional hacia la capital. Tengo una poderosa razón para esperar que la artillería pesada y los morteros (o la mayoría de ellos) deberán estar aquí a tiempo para permitir al ejército tomar el castillo, digamos entre los próximos diez, o a lo sumo quince días. Cuando deberé tomar la línea de operaciones que he descrito antes.
Para esa marcha hacia el interior, se necesitará una caravana muy grande de carros, equipo y mulas de carga para proveer al ejército; sin embargo debo restringir los artículos que deben de transportarse aquí. Para un ejército de al menos diez mil hombres se necesitará, tan pronto sea posible en abril, de medios de transporte como indico a continuación: de 800 a 1,000 carruajes, con grupos de cinco mulas cada uno; de dos mil a tres mil recuas de mulas; trescientos a quinientos animales de tiro para que se desplace el grupo de asalto, incluyendo las herramientas para exploración y asentamiento.
Algunos de los animales de tiro, para todos los usos descritos con anterioridad, o sea dos tercios, esperamos obtenerlos en las cercanías o en nuestra línea de operaciones; además de los carros y cuantos animales de tiro sean posibles deben ser traídos desde nuestras fuentes de suministro: Tampico, el Brazos y Nueva Orleans.
Para hacer el cálculo citado, estamos dependiendo de los recursos con que contamos a lo largo de nuestra línea de operaciones: para forraje, a más allá de cinco millas de la costa; para cosas de panadería, a treinta leguas, de tres a cuatro días; y para las raciones de carne de cinco a seis días. A pesar de esta dependencia será necesario transportar con nosotros pan duro, tocino, café, azúcar y sal, además de tiendas, en proporción de tres por compañía; algunas tiendas de pared para los oficiales, el grupo de generales y para el equipo de campo y jefes de regimientos; una provisión entera de municiones de artillería y armas cortas; medicinas, algunas vituallas de hospital y las cosas que sean necesidades personales de los oficiales, dejando un gran número de carros para el transporte de los enfermos hacia el siguiente puesto; animales de carga además de los de tiro, para acrecentar la subsistencia de forraje hasta a diez millas lejos de nuestra línea de operaciones. La pérdida de animales de tiro sin duda será rápidamente repuesta a lo largo de toda la línea de operación a través de la captura y compra.
Además de los cálculos para la transportación terrena, tendremos necesidades adicionales para reforzar a por lo menos diez mil hombres (nuevos regimientos y reclutas), que se espera que se reúnan conmigo durante el mes de mayo si no es que para fines de abril. (61)
61 – General mayor Winfield Scott, cuartel general del ejército, campamento Washington frente a Veracruz, “memorando al general mayor Jesup, intendente general”, marzo 19, 1846, ibíd., p. 913.
Era natural que los mexicanos vieran al invasor gringo como una presa fácil (los contratistas americanos lo fueron) y no solamente cobraran tanto como podían, sino que además realizaban tratos fraudulentos. Un ejemplo flagrante de esto se encuentra en el tráfico de caballos salvajes descrito por el mayor Luther Giddings:
Como consecuencia de la poca oferta de mulas, se hizo necesario abandonar una gran cantidad de equipaje (por el general Taylor) en Camargo. Pero no se escuchó ninguna queja sobre ese particular, de hecho, las tropas escogieron lo que querían para arreglar su partida. Tal era su entusiasmo, que se hubieran ido muy a gusto solo con la camisa puesta antes que haberse perdido el fandango, como el que organizaron después de la esperada batalla de Monterrey.
Aprovechándose de nuestras necesidades, un grupo de comerciantes de caballos nativos visitaban a diario nuestro campamento ofreciendo caballos y mulas a precios que nunca se habían oído en esta región. Estos jinetes con armadura de cuero son los sinvergüenzas más descarados que haya visto jamás y de milagro no vendían junto con sus animales al mismo comprador. Los caballos salvajes generalmente escapaban en corto tiempo hacia el chaparral donde vivían, pues “el unicornio no puede servirlo, o ser sujetado por la rienda” (62); o si era domado por fuertes riendas, frecuentemente era reclamado por otros mexicanos, quienes sin duda dividían la ganancia de la compra con los vendedores. En el deseo prevalente de mantener la paz con los habitantes, en muchos de los casos, estas falsas reclamaciones de propiedad eran resueltas a favor del demandante con solo su palabra, y la propiedad se le restituía tal vez solamente para volver a ser vendida y reclamada de nuevo por los mismos villanos en contubernio. De hecho se supo que un granuja había vendido cinco veces el mismo caballo a diferentes personas, habiendo escapado el animal exitosamente de cada uno y siendo recapturado con el mismo lazo. (63)
62 – Es una referencia a la versión inglesa de la biblia del Rey Jaime del libro de Job 39,9-12. Este pasaje muestra que el unicornio, sea lo que sea, no puede ser domado, o usado en el campo como un buey.
63 – Gidings, Sketches of the Campaign, pp. 100-101.

LA ALIMENTACIÓN DE LOS SOLDADOS
El más grande reto para la logística fue el de alimentar a los soldados. Algo de la comida, en especial la carne, fue comprada a los mexicanos, pero mucha de ella debía ser comprada y empacada en los Estados Unidos y ser enviada a las tropas. La comida era simple. Una declaración del comisario de provisiones que se dio a todas los almacenes en febrero 15 de 1847, listaba el puerco, tocino, harina, frijoles, arroz, azúcar, café, sal, vinagre, jabón y velas, y señalaba que se proveería de carne fresca de res. (64)
64 – Teniente coronel Joseph P. Taylor, asistente al comisario general de subsistencia, Matamoros, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, Washington, D.C., febrero 15, 1847, cartas recibidas, Oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
Se realizaron esfuerzos para incluir como “artículos extras” algunos alimentos “anti escorbuto” tales como la col agria, limas, o cebollas encurtidas. Con esto, sin embargo, hubo algunos problemas específicos. Por ejemplo, en San Ángel, el comisario del regimiento del 7º de Infantería reportó una pérdida de setecientas limas porque se echaron a perder muy pronto después de ser recibidas y fueron inútiles (65). El mayor Thomas W. Lendrum, comisario de subsistencias en Baltimore, reportó al comisario general durante mayo de 1847, que no le era posible adquirir en el mercado ni col agria ni cebollas encurtidas, que lo mejor que podía hacer era sustituirlos por pepinos encurtidos. (66)
65 – Teniente Henry Little, San Ángel, a general brigadier George Gibson, Washington, D.C., septiembre 3, 1847, ibíd.
66 – Mayor Thomas W. Lendrum, Baltimore, a general brigadier George Gibson, Washington, D.C., mayo 26, 1847, ibíd.; ver también, capitán Amos B. Eaton, ciudad de Nueva York, a ídem, junio 5, 146, ibíd., sobre la carencia de pepinillos y cebolla en la ciudad de Nueva York en junio de 1846.
En su descripción de la División Central o ejército de Chihuahua, el admirador del general brigadier Wool, Jonathan W. Buhoup, hace algunos comentarios sobre la calidad de las raciones de los soldados después de que el ejército de Wool penetró en México.
Para beneficio de todos aquellos que no sepan en qué consiste una “ración de soldado”, les decimos que hemos recibido tres cuartos de libra de puerco, tocino o carne por día. Generalmente, casi al mismo tiempo, tuvimos una libra extra de carne de res por día durante cuatro días; tres cuartos de libra de cerdo y tocino el quinto día, y una libra de pan o harina, y café, sal y jabón respectivamente. Pero la carne que recibimos aquí es muy mala, muy “pobre”, como dicen los soldados, que si se le tirara contra una superficie lisa se quedaría pegada. (…)
En Monclova la comida comenzó a mejorar en calidad, pues llegó una caravana con el mayor Borland (67) que trajo provisiones. Ahora hemos comenzado a mezclar una parte de harina estadounidense con otra parte de harina mexicana (68). Nuestras raciones de café se incrementaron y también tuvimos tres cuartos de libra de tocino por hombre. Con estas provisiones adicionales la llevamos bastante bien. Fue sorprendente de hecho ver cómo los hombres economizaban, procurando hacer que su pequeña ración de tocino durará lo más posible. Usualmente hervían un pedazo pequeño de tocino con la carne o el cerdo que recibían, con el fin de sazonarlos un poco, y entonces dividían esa pieza de tocino entre cinco o seis hombres. (69)
67 – Mayor Solon Borland, Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas.
68 – En junio de 1846 el teniente coronel J.P. Taylor, asistente al comisario general de subsistencia, sugirió al comisario general que se debía proveer a la tropa con pequeños molinos de mano para que molieran maíz mexicano. Taylor escribió: “El ejército debe ser lanzado con sus propios recursos para la subsistencia mientras avanza en el interior de México, el grano se encuentra, según me ha informado el capitán Sanders (del cuerpo de Ingenieros), en abundancia en los alrededores de Saltillo y Monterrey. No sería recomendable proveer a la tropa con pequeños molinos de mano para moler su maíz. Los mexicanos usan piedras para ese fin y en Texas cada familia tiene un pequeño molino de acero, no más grande, creo, que un molino de café para hacer sus alimentos” (Cf. Taylor a Gibson, junio 20, 1846, cartas recibidas, oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.). Antes de que el capitán Amos B. Eaton dejara la ciudad de Nueva York para ser el comisario de subsistencia del general Taylor, compró algunos molinos para el ejército de Taylor. Dos se rompieron al instalarlos, el otro finalmente llegó a Saltillo (Cf. Eaton a Gibson, julio 13, agosto 4, 1846, ibíd., e ídem a teniente Thomas Donaldson, Saltillo, marzo 22, 147, Fondo Amos Beebe Eaton, Beinecke). Es poco creíble que Eaton haya tenido éxito con sus molinos, pues las tropas rechazaban la harina de maíz. El regimiento de Wool nos da una ilustración de esto. La harina era tan escasa cuando Wool acampó en San Antonio que el general dudó en usar la harina de maíz, que de otra manera hubiera rechazado (W.J. Newton, San Antonio, a general brigadier George Gibson, noviembre 23, 1846, cartas recibidas, comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.). Es verdad que Wool tuvo que confiar durante al menos una parte de su larga caminata de 9,000 millas a Saltillo en el maíz mexicano. La respuesta a esto fue el violento rechazo a su consumo por parte de los soldados; hubo incluso un conflicto que terminó en una demanda para que se abolieran la “ley del maíz”, seguida por una trifulca general. Aunque parezca cómico, las normativas fueron suspendidas (Buhoup, Narrative, pp. 67-72).
69 – Buhoup, Narrative, pp. 35, 79-80.La cantidad de carne y tocino variaba de acuerdo a las circunstancias. Los voluntarios montados de Arkansas, por ejemplo, cuando acamparon cerca de San Antonio, recibían tres séptimos de carne y cuatro séptimos de tocino; cuando la provisión se suspendió por causa de las lluvias, la ración fue totalmente de carne; pero en otras ocasiones, cuando la ración de carne no se tenía, toda era de tocino. Véase G. W. Parkes, caballería montada de Arkansas, campamento Wool, cerca de San Antonio Texas, a (nn), septiembre 14, 1846, cartas recibidas, oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
EL PAPEL DE LOS CONTRATISTAS DE CARNE DE RES
La compra de la carne de res para alimentar al ejército era tarea de los contratistas de carne contratados por el ejército en México. (70) Una de dichas transacciones ocurrió cuando el contratista de Scott le compró al agente del general Santa Anna, presumiblemente con el consentimiento de este último cerca de Veracruz en abril de 1847. El mayor Henry L. Kinney (71), contratista de carne de Scott, escribe sobre esta transacción:
70 -Véase, Registro de contratistas de carne, 1821-1855, comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch. Este registro contiene listas y tablas de los contratistas de carne hechas entre junio 1, 1846 y abril 1, 1848 por los representantes del comisario general de subsistencias y varios contratistas de carne. Se tiene un registro de 24 contratistas. Estos fueron hechos en San Antonio, Puerto La Vaca, Fuerte Bent, Santa Fe (2), Reynosa, Tampico (2), Veracruz (6), Puebla (3), Cerralvo (2), ciudad de México (2), Córdoba, Nopalucan y Cedros. Obviamente la lista está incompleta, pero los datos son representativos. Entre los contratistas encontramos a: W. J. Riddle de San Antonio; L. T. Clinkenbeard en Fuerte Bent; W. S. Smith y Herbert Gosselin en Santa Fe; H. L. Kinney, Wood, Bigelow y R. H. Leitch en Veracruz; Kinney de nuevo en Córdoba; Benjamín Woodson en Cerralvo; H. W. Birdsall en Puebla, y otros. La duración de los contratos era de un mes a un año o más, algunos eran “opcionales” por un breve periodo de tiempo. Los precios pagados por la carne variaban de 2¢ (contrato con E. D. Smiths contrato en Reynosa que era famoso por su ganado fino) a 10¢ por libra pagados en la Ciudad de México y Puebla. En Veracruz, Kinney hizo contactos para proveer las divisiones de Twiggs y Worth a 6¢ la libra; el mismo día Wood & Bigelow firmaron un contrato para proveer la división de voluntarios del general Patterson a 4¢ la libra. Después del 28 de diciembre de 1846, Gosselin, en Santa Fe, envió carne de cordero en lugar de res; el cordero también se compró (a 12½¢ la libra) en Puebla y en la ciudad de México.
71 – Para una mayor discusión sobre el papel del mayor Kinney en la guerra ver el capítulo II.
Anteayer envié parte de la caballería de Tennessee, con el consentimiento de su coronel de que debería pagárseles por sus servicios por ayudar a traer ganado para el consumo de las tropas de los Estados Unidos en este lugar.
He hecho un contrato con el agente del general Santa Anna (propietario del ganado), para proveer a nuestras fuerzas aquí con ganado, así también como con caballos y mulas. Nuestro contrato se hizo en presencia del general Worth, con el conocimiento y aprobación del general Scott. El agente del general Santa Anna (Dr. Manuel García) me informó unos días después que había nombrado al Dr. Nicolás Dorich su representante, que él entregaría el ganado y los caballos y que él recibiría el pago por ellos. El Dr. Nicolás Dorich solicitaba que yo mandara nuestros hombres para traer el ganado, con el entendido de que los gastos en los que yo incurra serán deducidos del precio convenido por el ganado. Ya se les ha pagado para estas fechas por los animales que nos han entregado. Algunos grupos de mexicanos que merodean han impedido la entrega del ganado por parte de los agentes, en consecuencia me he visto obligado a usar nuestros propios hombres para ayudar a traer las reses y poder proveer a su comandante con carne fresca. (72)
72 – Mayor Henry L. Kinney, contratista de carne, a teniente coronel Henry Willson (sic Wilson), “Gobernador de Veracruz”, abril 29, 1847, Fondo Henry Wilson, Beinecke.

El capitán Amos B. Eaton, comisario de subsistencia, reportó sobre varios problemas para hacerse de comida en Monterrey y Victoria, incluyendo el del contrato de carne fresca:
He recibido su carta del 27 de diciembre. El 17 del mismo mes en nuestros primeros días de marcha desde Victoria. Llegamos aquí el día 25. Mientras que estuvimos en Victoria no hubo más que pequeñas dificultades en el departamento de aprovisionamiento, mismas que se resolvieron. La mayor fue provocada por la tontería del teniente Britton (73) al enviar pocas provisiones a Montemorelos, en lugar de enviar allá cantidades adecuadas y raciones de distintos artículos. Por ejemplo el 16 de diciembre mandó 200,000 raciones de frijol y arroz y solamente 38,000 raciones de azúcar. Cuando las tropas se desplazaron a Victoria, todas las tropas de Montemorelos se movieron de ahí y desde luego las provisiones se fueron con ellos, esto significó llevarse buenas cargas de raciones de verduras, donde no había manera para proveer con estos artículos. Previo a la llegada del último convoy de Matamoros, he comprado algo de sal y azúcar para remediar las deficiencias. La sal fue la peor sal de la comarca, no muy limpia pero aún así servirá, a un precio de $8 dólares por carga (4 ½ costales); el azúcar fue el “piloncillo” propio del país, un muy buen artículo, con un costo de $14 por carga de 320 libras. Esta azúcar es muy comible especialmente cuando es hervida con el café. (74)
73 – Teniente Forbes Britton fue 1er teniente, 7º infantería, en julio 7, 1838 y capitán, febrero 16, 1847.
74 – Sobre las compras de piloncillo para cubrir las deficiencias del ejército de Taylor, ver: capitán Amos B. Eaton, campamento Agua Nueva, a capitán M. R. Patrick, A.C.S., Saltillo, febrero 6, 1847, Fondo Amos Beebe Eaton, Beinecke. Eaton instruyó al capitán Patrick: “deseo que usted o el teniente Donaldson compren el mejor piloncillo que encuentren en Saltillo, y con eso mantengan nuestra provisión de azúcar hasta que recibamos nuestros suministros de Monterrey. Si este artículo no se puede obtener en Saltillo, y la proveeduría de Monterrey no tiene azúcar, le ordeno que compre el piloncillo suficiente para que cubra la carencia de azúcar norteamericana. Es mejor conseguir este producto que quedarnos sin su provisión”. El capitán Stephen Hoyt, A.C.S., comisario del Regimiento de voluntarios de Massachusetts, compró piloncillo en Matamoros y también mientras iba en camino de Camargo a Monterrey con la autoridad de su oficial al mando. Ver: capitán Stephen Hoyt a general brigadier George Gibson, junio 30, 1847, cartas recibidas en la oficina del comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
Cuando se ordenó finalmente a las tropas ir de Victoria hasta Tampico, no requirieron más provisiones, pues contaban con las suficientes para subsistir hasta ese punto. Al segundo convoy de Matamoros después de que descargó algunos barriles se le ordenó que permaneciera aquí. En el camino se han roto los contenedores y la harina está en malas condiciones. (…)
Mientras estaba en Victoria obtuve el permiso del comandante general para hacer nuevos arreglos para obtener carne fresca siempre y cuando no pusiera en riesgo la calidad ni la cantidad de la que pudiera obtener. Convenientemente hice contratos con el Sr. Isaiah B. Bigelow y el Sr. Gallagher, el primero asignado al general Patterson y el último a la división del general Twiggs. Adjunto una copia de uno de estos contratos, en el cual podrán percibir que los precios se han reducido considerablemente y que si se trabaja con prestancia se puede entregar en diez días. Estoy seguro, por muchas cuentas y cálculos, de que la carne no le costó al contratista en promedio más de 2 centavos por libra, si obtiene un centavo de rédito es una ganancia muy justa.
Me parece de manera muy clara que la mejor estrategia es hacer contratos limitados, de modo tal que la persona involucrada esté él mismo presente, supervise y maneje su propio negocio; de esta forma los resultados serán ventajosos, lo que no era así previamente. Hay muchas personas que están familiarizadas con la manera de obtener y enviar la carne en este país que desearían poder obtener un contrato de duración limitada y de la misma manera ellos seguirían estando incluidos y vigilando sus propios negocios. Propongo que se haga un contrato separado para este caso específico y tal vez otro para las tropas que están en Saltillo y en sus alrededores. (…)
No hay ningún jamón en este lugar, si es que hay alguno. Desearía que me enviaran algo a mí o al cuartel de aprovisionamiento general para que no se perdiera en el camino. Si esto puede hacerse, desearía que este nuevo jamón se trajera de Baltimore, ahora que contamos una pequeña fuerza de hombres y transportación abundante en esta dirección podemos permitirnos pedir todos los artículos que forman la ración (o casi todos) sin que suene a un improperio. (75)
75 – Capitán Amos B. Eaton, comisario de subsistencia, campamento cercano a Monterrey, México, a coronel Joseph P. Taylor, asistente al comisario general de subsistencia, Matamoros, enero 27, 184, Fondo Amos Beebe Eaton, Beinecke.
LA INSPECCIÓN DE LAS PROVISIONES
La inspección de las provisiones era una importante, y frecuentemente frustrante, tarea. Algunos meses después de su reporte desde Monterrey, el capitán Eaton que ahora estaba en la Isla de Brazos reportó en una inspección al mayor Seawell, que era el comisionado de aprovisionamiento en Nueva Orleans:
La carga del velero Exit se ha entregado y envío adjunto el duplicado de los recibos correspondientes a sus facturas.
En repetidas ocasiones nos ha invitado a que se haga una rígida inspección de las provisiones compradas por usted, creyendo que dicha inspección realizada aquí ayudaría enormemente a los oficiales de compras en sus esfuerzos por recibir solamente la más alta calidad. De manera rápida me di a la tarea de responder a su petición en lo que aún sigo al frente de esta bodega, así que inspeccioné cada artículo con mis propios ojos.
Los artículos recibidos del Exit son en general buenos; el puerco y el azúcar (en general pues lo que he revisado es solo un barril de cada uno) son de buena calidad (76); el tocino aparentemente está bien ahora, pero eso depende de si ha sido ahumado apropiadamente y con la madera adecuada, es difícil de determinar eso en este momento. La preservación y buen estado del tocino dependen en gran parte de eso.
76 – Desgraciadamente este no era siempre el veredicto que se emitía sobre el puerco que se daba a las tropas. El teniente Darius N. Couch, por ejemplo, se queja con el general brigadier Gibson del puerco suministrado en Punta Isabel en julio de 1847. Couch escribe: “el gran desperdicio de puerco se debe a que la mayoría del que se suministra es del que conocemos como alimento para puercos. Este producto a partir de mi propia observación veo que se desperdicia entre 5 a 6 décimas partes en su preparación” (teniente Darius N. Couch, Punta Isabel, a general brigadier George Gibson, comisario general de subsistencia, Washington, D.C., julio 4, 1847, cartas recibidas, comisario general de subsistencia, RG 192, Nat. Arch.
El jabón es regularmente bueno; no se compara con ninguno de las otras muchas marcas que hay ahora en el almacén, en especial con el de “W.Hull e hijos” de Nueva York. ¿Tendrán estos caballeros una agencia en Nueva Orleans?
Las velas son de Nueva Bedford, donde los niveles de competencia resultan fuertes, lo que ha inducido a un decrecimiento en la calidad del material; son tan buenas como las velas baratas, lo mejor que hay en esta bodega viene de los fabricantes “Samuel Judd e hijos” ¿No tendrán también estos caballeros una agencia de ventas en Nueva Orleans?
Los frijoles son, en totalidad, inferiores y más o menos más de la mitad del lote (69 barriles-207 búsheles) son tan patentemente inferiores que considero que ni siquiera deberían de haberse vendido al ejército de los Estados Unidos para uso de las fuerzas armadas, la mayoría de estos deberían ser prohibidos por el comité de aprovisionamiento; de hecho se los estoy regresando… Tengo, según creo, 500 barriles de frijoles de calidad similar a la que estoy retornándoles, los cuales nunca debieron ser enviados… Los que estoy regresando están rancios y son inservibles, aunque debe haber un barril o dos que si se mandan hoy mismo a consumo pueden llegar a servir. (77)
77 – Capitán Amos B. Eaton, comisario de subsistencia, Isla Brazos, a mayor Washington Seawell, comisario de subsistencia sustituto, Nueva Orleans, julio 16, 1847, Fondo Amos Beebe Eaton, Beinecke. Seawell fue ascendido a mayor por sus servicios en la Guerra India de Florida, y a mayor del 2º de infantería, marzo 3, 1847.
Aunque la inspección debiera ser muy rigurosa, debía ser también prudente: todo lo que se pudiera salvar debería salvarse. El capitán Eaton, aunque estaba consciente de su rigor en la inspección, también sabía que el deseo de la administración de Polk era la de economizar, aún a costa de consumir las mercancías de dudosa calidad que proveía el departamento:
Confío en que usted no vaya a concluir demasiado rápido que el pan que se le entregó es inadecuado para el consumo. Cada barril de tocino que tiene debe ser revisado, sacado de los barriles y raspado a profundidad quitándosele las partes malas y después puesto a ahumar (dado que se puede hacer rápidamente un horno en uno de esos departamentos que están atrás de su bodega) o mandar que se coloque uno o dos puños de cal fina espolvoreada dentro de los barriles sobre el tocino mientras aún está empacado. Una gran cantidad de tocino es desperdiciada cuando la carne en las partes profundas está perfectamente bien y apropiada, solamente porque tiene algunos insectos, o en algunos la grasa ha salido de sus sitios, lo que hace que el barril se vea feo.
Le he enviado algo de tocino de nuestro último embarque, del que creo que tenemos 1,600 barriles el cual debe ser tratado del modo en el que le indico. El pan viejo que tiene debe ser inspeccionado de inmediato de una manera rigurosa antes de tirarlo como inservible. El comité de aprovisionamiento miraría con malos ojos todo lo que les ponga enfrente. Lo que le quiero decir es que debe hacer una cuidadosa inspección, barril por barril, ya sea de manera personal o bajo su supervisión inmediata.
La mayoría de nuestras provisiones en el territorio, y tenemos muchas, son viejas; debemos ahorrar al gobierno de los Estados Unidos todo lo que podamos sin perjuicio de la salud de los soldados. (78)
78 – Ídem a William Scott Colquhoun, agente de subsistencia, Matamoros, julio 13, 1847, ibíd. Colquhoun fue un empleado civil; había sido teniente del 7º de infantería en diciembre 31, 1822, pero fue despedido en 1829.

AGUA IMPURA PARA BEBER
El agua junto con la comida era un problema y el departamento de provisiones podía hacer muy poco al respecto. Hay muchos relatos de sufrimiento y enfermedad a causa del agua impura e insalubre.

George Furber, “el voluntario por doce meses” como él mismo se denominó, describe un campamento el día de Navidad de 1846 en Santa Teresa, en la marcha de Matamoros hacia Victoria: (79)
79 – Estas eran las tropas del general mayor Patterson, pero el resentimiento de los hombres por los maltratos recibidos en esta marcha se dirigía principalmente contra el general brigadier Gideon L. Pillow, el segundo al mando.
Continuamos la marcha, sin encontrar agua hasta cerca de las tres de la tarde, cuando llegamos a un miserable grupo de ranchos, en una pequeña, seca, y desolada colina. Aquí hicimos un alto para los hombres y los caballos.
Los rancheros estaban en las colinas; en el pequeño valle había tres grandes hoyos cada uno de cerca de 25 pies de largo y cerca de seis o siete pies de profundidad hechos para contener agua ¡Había que ver cómo estaba esa agua!
Tenía una espesa capa de lama verdosa encima, había miles de ranas verdes, se veía que habían estado en esos hoyos desde la temporada de lluvias; estaba muy caluroso; pero eso no era todo, el agua misma estaba verdosa por la lama y no se asentaba, ni podía separársele el moho aunque se le colara; el olor era nauseabundo, el sabor diez veces peor. Muchos aunque sufrían no podían ni acercarse a ella; otros de estómagos más fuertes, como el que escribe, tomamos algo, y en muchos otros actuó como un enema instantáneamente. Los caballos probaron solo un poco de ella y se negaron a beber más. (80)
80 – Furber, Twelve Months Volunteer, pp. 280-281.
A lo largo de la costa del Golfo, cerca de Veracruz, excavaron hoyos, hundieron barriles y sacaron “desagradable agua salada” que se filtraba a través de la arena mojada. Le mezclaron vino, brandy, jugo de limón, o café para neutralizar su irritante sabor amargo. (81)
81 – Capitán John W. Lowe, campamento cercano a Veracruz, a O. T. Fishback, Batavia, Ohio, octubre 14, 17, 1847, Fondo John Lowe, Dayton.
DISPUTAS POR LA VESTIMENTA

La vestimenta también fue un problema para el ejército. Al comienzo de la guerra los soldados fueron desde luego adecuadamente provistos, pero el gobierno federal no envió vestimenta a los voluntarios hasta fines de enero de 1848. Esto significaba que los soldados individualmente tenían que comprar su ropa de las existencias en el almacén de su pensión para ropa. Al principio recibieron un uniforme de su estado o de su orgullosa comunidad. Debido al uso rudo, particularmente del calzado, este se desgastó. Los voluntarios frecuentemente no estaban en capacidad o estaban imposibilitados para reemplazarlos.

Un incidente raro fue “el motín de campo Vergara”, del Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.
El 18 de octubre de 1847, hubo un amotinamiento de una parte del Regimiento de Massachusetts que estaba acampando con nosotros en campo Bergarra (sic) y que causó mucha excitación. Daré las causas del motín, dejando al lector que juzgue si fue justo o no. El general Cushing ordenó al regimiento que se deshiciera de sus “ropas de voluntario” y tomara el “uniforme regular”. Parte de la ropa vieja de los soldados estaba aún en buenas condiciones y no querían deshacerse de ella por el temor de tener que comprar posteriormente ropa nueva. Cerca de toda una compañía se negó a cumplir con la orden, dando como razón que no lo harían porque su ropa estaba aún en buenas condiciones. El general Cushing de inmediato mandó publicar una lista con los nombres de esos hombres, llamándolos “cobardes e indignos de marchar con su columna hacia el interior”, ordenando que se les confinara en el castillo de San Juan de Ulúa, sitio al cual fueron enviados al día siguiente. (82)
82 – Jamieson, Journal, pp. 27-28.
Esto, sin embargo, era atípico. Ordinariamente los soldados estaban ansiosos de poseer equipo nuevo de cualquier tipo y la necesidad frecuentemente era demandante.
El 23 de septiembre de 1846, un corresponsal del Kentucky Observer reportó que los hombres del regimiento del coronel Humphrey Marshall: “iban descalzos y algunos de ellos literalmente sin pantalones, muchos están sin sombrero y abrigo.” (83)
83 – “Del observador de Kentucky de octubre” en Nile´s National Register, vol. 71, octubre 24, 1846, p. 122.
En el mes de abril de 1847, el general Jesup escribía a bordo de un barco de vapor: “Cerca de mil hombres del general Scott fueron reportados completamente descalzos la mañana que dejé Veracruz. Marzo 31 de 1847.” (84)
84 – General mayor Thomas S. Jesup, vapor Alabama, bajo Nueva Orleans, a coronel Henry Stanton, asistente al intendente general, Washington, ciudad, abril 7, 1847 (copia), Fondo Thomas Sidney Jesup, DLC.
En abril de 1848 las quejas aún persistían. Esta vez el capitán Kenton Harper, en Parras, se quejaba en una carta al coronel John F. Hamtramck: “Muchos de los hombres carecen de ropa. Tengo a diecinueve descalzos desde hace unos días, he hecho los trámites para proveerlos de zapatos. Pantalones es lo que más se necesita.” (85)
85 – Capitán Kenton Harper, Parras, a coronel John F. Hamtramck Jr., abril 4, 1848, Fondo John Francis Hamtramck Jr., Duke. El capitán Harper del Regimiento de voluntarios de Virginia era comandante en Parras.
Los generales y la Intendencia General hicieron lo que pudieron y debe haber sido raro que quedaran soldados sin pantalones; la falta de botas, aunque era muy frecuente, era la excepción más que la regla. Se establecieron estaciones donde la ropa usada podía ser cambiada por nueva. La ropa que se capturó se distribuyó en Jalapa (86). Las chaquetas de lana, pantalones, capas, camisas de franela, calzoncillos, calcetines de lana, botines, abrigos largos, camisas de algodón y cobijas se enviaron a los soldados regulares al depósito en Camargo en octubre de 1846. (87)
86 – General mayor Robert Patterson, por teniente William H. French, A.A.A.G., Jalapa, Ordenanzas generales No. 11, mayo 1, 1847.
87 – “Memorándum de devoluciones de ropa recibida y enviada del almacén de Camargo de ropa por Lewis T. Jamison, almacenista sustituto, octubre 26, 1846”, cartas recibidas, ejército de ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch. Jamison había sido capitán, 5º Infantería, en octubre 31, 1836, pero renunció en diciembre 31, 1838. Ver también, Ordenanzas de Taylor No. 133, 135, campamento cercano a Monterrey, octubre 18, 25, 1846. Los almacenes de ropa fueron establecidos en Punta Isabel y Camargo. Taylor creía que la provisión de ropa enviada a Camargo (por el memorándum de octubre), sería suficiente para darle a cada soldado regular lo siguiente: chaqueta de lana, pantalón, camisa de lana, calcetines y botas (la disponibilidad de botas era de cuatro pares al año, después se aumentó a cinco pares); la intendencia también envió capas, frazadas de franela, teteras y charolas. Al final solo se enviaron los uniformes.

Un problema muy diferente de vestimenta se presentó después de que el ejército ocupó la Ciudad de México. Tal vez los americanos trataban de impresionar a los nativos, particularmente a las señoritas de cabello oscuro que algunos de ellos habían soñado conocer en los palacios de Moctezuma, pero al inspector general de Scott, Ethan Allen Hitchcock, esto le causaba poca gracia. Se queja en el siguiente reporte acerca de la vestimenta no oficial que usaban los gringos:
Tengo el honor de reportar que la vestimenta del ejército parece estar continuamente en desacuerdo con el patrón prescrito. Algunas objeciones han sido necesarias debido a la ausencia de materiales adecuados en este país, particularmente en los colores de la ropa, pero esto no da excusa a los oficiales, que usan en los pantalones listones de oro o plata aun si ser dignos de ello, y no hay ninguna razón por la que la insignia del hombro o el rango hayan sido omitidas. El mal en este último caso ha encontrado su camino a cargo de los oficiales no comisionados y en particular entre los asistentes de hospital, algunos de los cuales están usando cintas sobre sus hombros y adoptando vestimentas estrafalarias de todo tipo.
Algunos de los seguidores del ejército, como los conductores de carruaje y algunos de los cargadores, están adoptando vestimentas que hacen difícil distinguirlos de los oficiales, esta confusión se ve aumentada porque los mismos oficiales están abandonando la normatividad. (88)
88 – Teniente coronel Ethan Allen Hitchcock, ciudad de México, a general mayor Winfield Scott, ciudad de México, diciembre 6, 1846, Fondo Ethan Allen Hitchcock, DLC.

ARTILLERIA DEL EJÉRCITO

Alimentar, vestir y movilizar al ejército eran incidentales respecto a proveerlo para la lucha. Para esto debían estar armados. Esto era responsabilidad del Departamento de Artillería y en general esta realizó su labor bien, aunque naturalmente hubo quejas. Mientras el ejército se estaba reuniendo en Corpus Christi, el teniente Braxton Bragg del 3º de artillería escribió al asistente adjunto general; el egresado de West Point, aunque es políticamente correcto, claramente indica que el Departamento de Artillería no sabía realmente cómo se debía equipar a la nueva artillería móvil. Así les informa:
Tengo el honor de reportar que he recibido una batería de campo de dos cañones de seis lb y dos morteros de doce lb, con arneses para caballo, equipo y provisiones completas para el campo. No se han mandado espadas con esta batería para los hombres, y tampoco equipo de montura para los hombres de caballería diferente de los de los equipos. Basado en mis investigaciones, supe que el departamento de artillería no provee de provisiones para caballos, solo para los equipos. Para equipar a la batería para servicio se requieren de 12 sables, 12 bridas, 24 mantas para montura, 12 bolsas de forraje, 50 dogales, 50 bolsas para hocico, 200 yardas de cuerda, y 12 (letra ilegible en el original) simples.
El número de caballos indispensables para servicio constante es de 50. Se necesita una lona de gran tamaño para proteger las provisiones.
Debe haberse tratado de un descuido de parte del departamento de artillería no haber mandado espadas para los hombres. El uso de mosquetes es inconsistente (de hecho imposible) con esta nueva artillería móvil. Se necesitan 60 espadas de artillería para complementar el equipamiento de los hombres.
Acompañando esta batería hay una gran cantidad de excedentes de provisiones de todo tipo, que llenan una factura de varias hojas de papel y que no puede ser enviada al campo sin un convoy de varios carros de equipaje. Será necesario dejarla con el jefe de aprovisionamientos para que la guarden o llevárselas al oficial de artillería a su bodega, a menos que el comandante general prefiera que esto se guarde con la batería. De acuerdo con su decisión sobre este punto voy a regular las cosas que debo empacar y me gustaría que se me avisara.
Según mi cálculo de caballos y equipo, incluyo a los oficiales bajo mi mando, dado que no se puede esperar que ellos mismos equipen su caballo y lo alimenten cuando no se ha dado ningún dinero para ese propósito.
Por favor infórmenme qué disposiciones se van a hacer del equipo de infantería que ahora tengo en mi posesión. (89)
89 – Teniente Braxton Bragg, comandante Compañía E, 3º Artillería, campamento cercano a Corpus Christi, Texas, a capitán William W. S. Bliss, asistente adjunto general, septiembre 12, 1845, cartas recibidas, ejército de ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch.

RIFLES CON DISPARADOR DE PEDERNAL
Al comienzo de la guerra los rifles con disparador de pedernal eran aún el arma estándar de los regimientos de infantería, aunque su rango de efectividad era de cerca de cien yardas e inservible en clima húmedo. No menos de nueve modelos de rifles de disparador de pedernal fueron producidos en las armerías del gobierno después de 1800. La mayoría de estos modelos fueron usados en la guerra contra México, el modelo más famoso fue el 1822. Los cargadores de pedernal estaban tanto en los rifles como en las otras armas de fuego en varios calibres hasta llegar al calibre .69 que era el más aceptado (90). También existían algunos rifles Hall (de los que se cargan por la recámara) calibre .53, que se habían patentado en 1811. Ambos probados en la experiencia, porque sus pedernales eran generalmente provistos adecuadamente, siendo los preferidos de los oficiales, incluyendo al general Scott, salvo algunos que preferían el rifle “Deer Slayer” (literalmente “asesino de ciervos”). La Compañía “C” de los Voluntarios de Florida hizo saber mediante una petición formal que ellos no estaban dispuestos a entregar sus armas a las que estaban acostumbrados a cambio de extraños mosquetes de percusión.
90 – “Macho y bola”: de una bala y tres (a veces dos) tiros colocados en la cámara, disparados por los mosquetes y rifles. Taylor ordenó que en el entrenamiento y en el servicio de vigilancia solo se usara la bala. Cada hombre tenía órdenes de llevar 24 cargas de munición en su cartuchera; en la marcha de Camargo a Monterrey, Taylor incrementó esto a 40 cargas por hombre.
El capitán R.G. Livingston presentó su caso al coronel Jones M. Whithers y recibió una respuesta favorable:
El abajo firmante comandante de la Compañía C de los Voluntarios de Florida habiéndose dirigido a usted y por medio de usted a la fuente adecuada, con respecto al uso de rifles para mi compañía en lugar de mosquetes, dado que los últimos son los que están ahora en sus manos, respetuosamente envío para su consideración las siguientes declaraciones o razones para cambiarlos:
Primera: Los hombres que componen esta compañía fueron criados más allá de la frontera en los campos de Florida donde hay muchas aves de cacería y el rifle es lo único con lo que se les caza.
Segundo: Mi experiencia con los hombres y el conocimiento de sus hábitos, me capacita para decir que (con excepción de dos hombres), todos ellos están adiestrados en el uso del rifle y será más efectivo si usan esta clase de armas que con ninguna otra que pudiera colocársele en las manos.
Tercero: Florida estuvo por cerca de siete años en una guerrilla con los indios seminolas que se acaba de terminar y los hombres que componen esta compañía (con excepción de dos que ya mencioné) estuvieron casi continuamente de servicio, cazando indios y usando rifles para ello casi exclusivamente, si no es que completamente, durante toda la guerra.
Cuarto: La compañía se ha organizado para servir durante la guerra con México, y además está ahora acompañada por otra compañía del mismo estado, cuyo periodo de servicio expira en cinco o seis meses y solamente quedará esta compañía de ese estado y además debe añadirse a otro mando el cual probablemente destruirá la organización militar a menos que se trate de una compañía de rifles o de infantería ligera
Quinto: La compañía ha estado organizada por un período de solo dos meses, la mayoría de este tiempo ha estado ocupada (con excepción de 10 o 15 días) en ser transportada de los Estados Unidos a este lugar y en consecuencia no ha tenido tiempo para entrenamientos. Ellos no saben ni conocen el uso del mosquete y se requeriría no menos de dos o tres meses más para entrenarlos para un servicio eficiente, mientras que con los rifles ellos pueden hacer un servicio diestro, eficiente, efectivo e inmediato, y el que firma como oficial en cargo no duda en decir que ellos pueden lograr los mismos resultados con solo cinco o diez días de entrenamiento que cualquier tropa que esté actualmente en servicio para los Estados Unidos, ya sea regular o irregular. (…)
(Añadido)
Añadiría respetuosamente a mi petición y recomendación respecto al cambio de armas deseado por el general Livingston creyendo como lo hago yo que esto ayudaría para que esta compañía fuera más productiva y eficiente.
Muy respetuosamente:
J.M. Withers,
Teniente coronel comandante del batallón. (91)
91 – Capitán R. G. Livingston, comandante de la Compañía C, Voluntarios de Florida, campamento Vergara, México, a coronel J. M. Withers, octubre 17, 1847, Fondo Caleb Cushing, DLC. El coronel Jones Mitchell Withers fue teniente coronel, 13º Infantería, abril 9, 1847; coronel, 9º Infantería, septiembre 13, 1847. Fue general mayor del Ejército de los Estados Confederados, 1861-1865.

El revólver Colt Paterson fue una de las armas utilizadas en la guerra México americana.
LOS MOSQUETES DE PERCUSIÓN
El sistema de ignición de percusión llegó a los Estados Unidos hasta 1841, justo a tiempo para adaptarlo al mosquete de percusión 1841, el rifle Jager (más familiarmente conocido como rifle Mississippi) para estar disponible para algunos regimientos incluido el de Jefferson Davis el 1º de voluntarios de Mississippi en la guerra contra México. Este fue el primer diseño de un rifle específico para el ejército de los Estados Unidos que se hizo con el sistema de percusión; era un calibre .54, originalmente hecho para disparar un cartucho de papel y una bala esférica. Tal vez la única razón por la cual el uso del rifle Mississippi no fue más extendido en la guerra fue por la duda acerca de la provisión de municiones de percusión. En una ocasión el coronel Davis tuvo que señalar al teniente John McNutt, un oficial de artillería, que los cartuchos de percusión eran necesariamente un anexo a los rifles.
El mayor Bradford (92) del 1º de voluntarios de Mississippi le llevará la presente. He mandado un correo para requerirle si es posible me envíe municiones para rifle y cartuchos de percusión. Podríamos continuar sin municiones dado que tenemos una pequeña provisión de los que habían mandado para las dos compañías de rifles que originalmente se habían formado, pero ahora que nos han llegado los rifles de percusión, los cartuchos son indispensables y no tenemos ninguno. Tengo la esperanza de que nos puedan enviar algunos, si bien no van a promover grandemente el servicio público al menos van a darme e inspirarán alguna confianza extra en los hombres. (93)
92 – Mayor Alexander B. Bradford.
93 – Coronel Jefferson Davis, desembocadura del Río Grande, a teniente John McNutt, Oficina de Artillería (sin fecha) 20 (1846), Western Americana MSS, Beinecke.
A pesar de la preferencia por los rifles, el mosquete de percusión hizo su entrada a las fuerzas armadas. Por ejemplo, en un recibo de armas para la compañía “A” del 4º de artillería, hecho el 30 de junio de 1847, el capitán J. H. Miller acusaba recibo de ochenta y siete mosquetes de percusión, y solo catorce rifles de chispa de pedernal (94).
94 – “Devoluciones de artillería y Almacenes de artillería… junio 30, 1847”, Burton.
Los rifles de caballería tenían mosquetes de percusión y revólveres Colt del ejército. El Hartford Courant estuvo entre aquellos quienes alabaron las nuevas armas de repetición de Colt:
Estas armas son sin duda de las más formidables y eficientes que hayan estado en manos de los hombres de caballería y de todas aquellas que se hayan usado o fabricado. Cada arma está diseñada para llevar seis cargas, las cuales pueden ser disparadas en pocos segundos y de nuevo puede recargarse tan rápido como un arma normal. El regimiento de rifles montados de los Estados Unidos, para quienes se han fabricado un millar de estas armas por el señor Colt, pueden en el comienzo de un enfrentamiento disparar una carga de seis mil balas hacia las filas enemigas sin hacer recargas, y después de eso recargar y disparar ¡a un promedio de seis mil cargas por minuto! Ninguna fuerza armada del mundo aunque fuera cinco veces más grande podría resistir este terrible fuego. (95)
95 – “Rifles Colt”, en Hartford Courant, citado en Cambridge Chronicle, Massachusetts, diciembre 2, 1847.
Un informe enviado por el departamento de artillería en noviembre de 1847, escrito por el teniente coronel George Talcott, Jr., no solamente expresaba la satisfacción por su desempeño, sino que detallaba los suplementos que había enviado al ejército:
A fin de presentar el reporte anual de las principales operaciones del Departamento de Artillería para el pasado año fiscal, debo entrar primero en detalles generales que han sido impuestos por la presencia de la guerra durante este período y que ha causado tal cantidad de trabajo, como para llegar al continuo y casi extremo agotamiento de todos los oficiales. (…)
La gran cantidad de armas y depósitos de armamento que ha sido necesario preparar, me han obligado a mantener a la mayoría de los oficiales del departamento de artillería en los arsenales, realizando las tareas apropiadas. Dado que muchos han sido enviados a México, pues se les podría necesitar en el servicio en el campo de batalla, constituyen solo una pequeña porción de aquellos que están ansiosos por participar en las labores, peligros y glorias de las armas en dicho país. De los treinta y seis oficiales que forman el cuerpo, un promedio de trece están de servicio en México.
La nitroglicerina, cuyo uso acaba de introducirse en este país apenas el día en el que envié mi último reporte, ha sido sometida a experimentación para probar sus bondades como sustituto de la pólvora. Los pocos experimentos realizados no han dejado ver claramente si es propicio para adaptar su uso en armas de fuego. Su fuerza explosiva, o efecto explosivo, es por mucho menor que el de la pólvora; su naturaleza en este respecto se asemeja más a lo de los fulminantes, de una forma correcta podría decirse que está bien para usos menores. (…)
Durante el presente año fiscal se han gastado la suma de… $40, 064.94 que se han aplicado a la compra de 458,666 libras de sal pétrea (NdT. nitrato de potasio) mezclada y 100,000 libras de azufre. El inventario de estos materiales, que se han provisto y han estado almacenados durante muchos años, ahora suman: 3, 368,681 libras de sal pétrea, y 734,500 libras de azufre, suficiente como para hacer 45,000 barriles de pólvora nueva. (96)
96 – Después de la Batalla de Buena Vista hubo quejas de algunos de los tiradores de que la pólvora utilizada por ellos era de inferior calidad a la que usaba el ejército mexicano.
Los gastos para la compra… de pólvora han sido de $ 100,000 dólares.
De la cual se repartieron de la siguiente forma: 468,182 libras de pólvora para cañón, 162,500 libras de pólvora para mosquetes, 83,978 libras de pólvora para rifle 100,000 libras de sal pétrea, y 5,000 libras de polvorín.
Los gastos en la armería, durante el presente año fiscal, han sido… para la manufactura de armas, accesorios, componentes, calibres, herramientas, etc. y compra de materiales para los mismos… $426,153.39… se han hecho durante el mismo período en la armería de Harper 12,000 mosquetes de percusión, con 39,809 accesorios, consistentes en desarmadores de bola, rectos, resortes, conos extra y conos de pico; y 3,054 rifles de percusión con 11,408 accesorios… se han fabricado en la armería de Springfield durante el mismo lapso, 14,300 mosquetes de percusión y 201 mosquetones, con 56,275 accesorios para los mismos. (…)
Además de las armerías y los arsenales permanentes, se han establecido en Punta Isabel, Camargo, Monterrey, Saltillo y Veracruz bodegas para proveer a las tropas en los campos que están a cargo de oficiales de este departamento. (97)
97 – Teniente coronel George Talcott Jr., Oficina de Artillería, Washington, D.C., a William L. Marcy, secretario de Guerra, Washington, D.C., noviembre 20, 1847, Documentos ejecutivos del senado, No. 1, 30 Congreso, 1er sesión, pp. 680, 683-686.
La ineficiencia, la corrupción, la falta de planeación y una economía tacaña y mezquina fueron frecuentemente una plaga pero, de alguna manera, el ejército sobrevivió. Quizá tuvieron que trabajar en veleros que parecían bañeras con fugas por todos lados, montaron caballos desobedientes e indomables, continuando en mulas mexicanas, pero de una forma u otra se las ingeniaron para hacer su trabajo. En lo que a la comida se refiere, en las lodosas villas del Río Grande, los palacios de Montezuma o el palacio del gobernador en Santa Fe, siempre hubo pan, frijoles, puerco, o cualquier otra carne que fuera posible conseguir.
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