Imagen 1. Whiting Powers, Daniel, capitán 7o Infantería- Swinton G. Frederick, litógrafo. (1847) Vista a ojo de pájaro del campamento del ejército de ocupación, comandado por el general Taylor cerca de Corpus Christi, Texas, (desde el norte)octubre 1845. New York, G & W Endicott (Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZC4-4557)
LA ORGANIZACIÓN DE UN EJÉRCITO
Los Estados Unidos de Norteamérica es una nación con un carácter agresivo desde sus orígenes y que desde su nacimiento ha participado en conflictos armados una o dos veces, mínimo, por cada generación. Para el otoño de 1845 contaba con un ejército muy reducido. Con tres mil millas (4,828 km) de frontera norte, en amenazante disputa con el reino de la Gran Bretaña, tenía fortificaciones en la costa; fuertes en Florida extendidos en un gran arco, desde las cataratas de San Antonio al norte por mil quinientas millas (2,414 km) a través de territorio de los indios originarios, hasta Nueva Orleans; y el recién anexado Texas, donde más de la mitad del ejército permanecía acuartelado ante el temor de una reconquista mexicana. Su ejército regular sólo tenía catorce regimientos: dos de dragones, cuatro de artillería y ocho de infantería. El número de militares no comisionados, comooficiales, músicos, soldados rasos en activo y disponibles, entonces era en total de 6,562.(1)
El ejército norteamericano en tiempos de paz, en 1845
En función de estos pocos efectivos militares podemos entender la declaración que hiciera Joel R. Poinsett, secretario de guerra, en 1842: “Hay un natural y bien fundamentado recelo para la existencia de un ejército numeroso en nuestro país”.(2)
Después de la guerra de 1812 el Congreso norteamericano presionó para lograr una reducción de las fuerzas armadas, que en 1842 fue llevado a su mínima expresión, limitando a 42 soldados rasos en las compañías de artillería e infantería, contra los 64 soldados que el Barón Von Steuben había recomendado para el ejército de George Washington en plena guerra de independencia. (3)
Cuando el secretario de guerra, William L. Marcy, recomendó en diciembre de 1845 que las compañías de infantería y artillería a sesenta y ocho soldados y ochenta dragones, creyó necesario explicar que, si se realizaban estos cambios, el ejército aún sería menor que el que se tenía en 1821, y tan sólo poseerían 1,740 hombres más que en 1808.
Imagen 2. Anónimo. (1849). Joel R. Poinsett, ministro plenipotenciario en México (1825-1830). Secretario de Guerra (1837-1841). Daguerrotipo, tarjeta de presentación (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 1816794).
Desprecio por las fuerzas del ejército regular
Sin contar la parsimoniosa actitud, con respecto a la institución militar, que se tomó durante la administración de Polk, no nos sorprende el hecho de que Marcy obrara con cautela. Los norteamericanos del siglo XIX en plena década de los “pujantes cuarentas” no solamente desconfiaban de la existencia de un ejército, sino que además miraban con desprecio a los soldados regulares, los cuales eran vistos muy inferiores del rango “caballeresco” que tenía un oficial. George Ballentine, un escocés que acababa de enlistarse en el ejército norteamericano, se dio cuenta de que este concepto prevalecía, aun cuando las tropas presumiblemente eran enviadas a hacer un importante servicio. El joven Ballentine era un fabricante de telas de Paisley, en el norte de Escocia, que había servido en el ejército inglés y que había venido a Filadelfia buscando empleo en una fábrica de alfombras. Al no encontrar trabajo intentó, sin mucha suerte, embarcarse en un ballenero para finalmente enlistarse en el ejército a finales del verano de 1845. Después de pasar una desagradable temporada en el cuartel de reclutamiento en la Isla Governor de la bahía de Nueva York, describe su embarque:
Eran alrededor de las cinco y media de la tarde del 31 de agosto cuando subimos a bordo de un balandro de la Guarnición que nos desembarcó en la aduana cerca de la batería. Ahí fuimos recibidos por un grupo de vagos que nos rodearon curiosos por mirar a los soldados que imaginaban eran enviados a Texas a pelear contra los mexicanos; el menor movimiento de las tropas era transformado rápidamente en un rumor ante el temor de la aproximación de la guerra contra México. (…) El bote estaba lleno de pasajeros, de los cuales unos cuantos sostenían conversaciones amistosas con los soldados y les mostraban su educación con actitudes civilizadas y amables. Pero; no obstante, podría decirse que una buena parte de ellos nos veían como a una casta inferior y sentían que se contaminaban si nos tocaban. Me llama la atención que Jonathan tome tan a la ligera sus habilidades militares, jactándose de las maravillosas ejecuciones de su batallón, diciendo que pueden destruir toda la creación fácilmente con un solo golpe. Esas son sólo frases, ya que realmente está muy avergonzado de los individuos que conforman su compañía. En respuesta a una observación casual hecha por uno de los compañeros de viaje sobre nuestra apariencia a bordo, pude llegar a escuchar a un viejo de aspecto agrio y tono de borracho decir: “¡Ay, Ay! Son un elegante grupo de candidatos para la prisión del Estado” (…)
La compañía a la cual pertenezco ahora (…) después de haber recibido a 60 reclutas entre los que estaban oficiales sin rango y soldados, de los cuales dos eran ingleses, cuatro escoceses, siete alemanes, dieciséis americanos y los que restaban irlandeses. Esa era la composición cuando yo entré, pero en el ejército norteamericano un batallón cambia rápidamente en sus integrantes.(4)
Imagen 3. Anónimo. (ca. 1555-1857). Secretario de Guerra William L. Marcy, daguerrotipo. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZ62-99520).
En vísperas de la guerra con México el ejército regular era pequeño y visto con desprecio, aún así el espíritu guerrero surgía por todos lados. Durante la campaña presidencial de 1844 James K. Polk, el candidato del partido Demócrata, abogó como parte de su programa expansionista por la anexión de la República de Texas, haciéndola tema central. Henry Clay, el candidato Whig (5), tomó otro camino, lo que le costó la derrota. La victoria de Polk hizo claro que los votantes aprobaron su política de expansión.
Imagen 4. Brady Mathew B. (1849). Daguerrotipo de James Knox Polk, 11o presidente de los Estados Unidos (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 424556).
John Tyler, el presidente saliente, atento del resultado de la elección y buscando capitalizar un beneficio para él, se dio prisa en actuar. En diciembre de 1844, en su mensaje anual al Congreso, le pide a este que adopte una resolución conjunta que invite a la República de Texas a formar parte de la Unión Americana. La Cámara aprobó tal resolución en enero y el Senado en febrero. El 4 de julio de 1845 la Convención de Texas votó la anexión 55-1. El 29 de diciembre, Texas fue formalmente anexado a los Estados Unidos.
Dado que, desde 1843, México había amenazado con considerar la anexión de Texas como «el equivalente a una declaración de guerra contra la República Mexicana”, cuando los Estados Unidos invitaron Texas a anexarse a la Unión se rompieron las relaciones diplomáticas. El ministro mexicano abandonó Washington en marzo de 1845. Mientras tanto se expresaron airadas demandas de guerra en la Ciudad de México, y se iniciaron planes para reforzar a las fuerzas armadas estacionadas en Matamoros sobre el Río Grande.
Reaccionando a las amenazas mexicanas, y conforme a su propia política, el nuevo presidente de los Estados Unidos, James Knox Polk, ordenó la creación de contingentes regulares del ejército comandados por el general brigadier Zacarías Taylor, destacados en Corpus Christi Texas (6). Este era el núcleo del ejército que debía avanzar del Río Nueces al Río Grande y desde allí llevar la guerra a Monterrey y a Buena Vista (La Angostura). Pero esto era sólo el núcleo, ya que el ejército que iba a pelear la guerra contra México estaba apenas formándose.
Primeros ofrecimientos de soldados voluntarios
Aún antes de empezada la campaña, el Ministerio de Guerra en Washington recibió muchas cartas de soldados voluntarios potenciales. En el otoño de 1845, la mayoría de los soldados voluntarios provenían de Indiana, Ohio, y Kentucky. Una de las cartas fue del gobernador James Whitcomb, de Indiana, informando al secretario de Guerra que un oficial veterano que había servido en la guerra de 1812 había organizado una compañía de voluntarios conocidos como «Los Fusileros de Indiana»:
Por una carta recibida del capitán William Walker de Evansville (7),me informan que «los Fusileros de Indiana”, una compañía de voluntarios del lugar, y ahora bajo sus órdenes, ha sido recientemente organizada con el objetivo de ofrecer sus servicios a la Unión Americana en la guerra entre este país y México.
Por lo que, habiendo pedido al ejecutivo de este Estado, en mi persona y en el de la compañía, solicitamos se haga llegar esta oferta cuanto antes al Departamento correspondiente. El declara que «sólo esperan órdenes, y están listos para marchar en defensa de su país en cinco minutos”.
Gratamente completando esta petición, suplico que nos tomen en cuenta en el caso de existir hostilidades entre nuestro amado país y México, o cualquier otra potencia. No tengo ninguna duda del espíritu manifestado entre nosotros, y de que la oferta ahora tan puntual y patrióticamente hecha, con sólo avisarles irán con entusiasmo a la batalla por la causa que pida su país. (8)
Humphrey Marshall era un veterano hombre de armas, cuya carrera comenzó como cadete en West Point (academia militar estadounidense) en 1828; en 1833 se retiró del servicio activo, pero posteriormente el 9 de junio de 1846 se le nombró coronel del batallón de Caballería de Voluntarios de Kentucky denominado «los Cazadores de Kentucky», regimiento resistente y vistoso:
En respuesta a su pregunta, procederé a dar mi opinión tan brevemente como pueda.
1º Kentucky en caso de necesidad podría aportar a diez mil buenos hombres, pero serían inexpertos como es el caso de la milicia cuando recién entra al servicio activo. Esto implica que el gobierno deberá gastar mucho para entrenarlos correctamente. 2º En diez días Kentucky podría aportar 1500 hombres tan bien entrenados y dispuestos como cualquier regimiento del ejército estadounidense, bien equipados y tan aptos para el servicio militar como cualquier soldado del país. Yo podría estar listo para embarcarles este número de efectivos directamente por solicitud del gobierno general. Para probar lo que digo, debe recordarse que desde 1839 es una práctica común que nuestros voluntarios se entrenen en uno o varios puntos en los campamentos estatales militares del primero hasta el 6 de julio cada año. Allí son preparados según las últimas tácticas en la Escuela del Batallón y, cuando su número lo permite, también son preparados en las evoluciones de línea, y realizan las tareas del soldado en servicio. Esta práctica ha producido estos importantes resultados. Nuestro cuerpo de soldados voluntarios generalmente está provisto de equipo, tiendas, mochilas, cantimploras, utensilios de campo, sacos de dormir –en cada equipaje y con frecuencia, con carros de equipaje-para que entiendan el empleo de todas estas cosas, pueden montar un campamento; entender las llamadas de campo; hacer las tareas de centinelas, como fijar y retirar guardias y todo el deber de guardia; y lo demás que debe saber un soldado, por lo que están lo suficientemente preparados para enfrentar cualquier situación. Los oficiales se familiarizan con el trabajo y la disciplina en la Escuela de la Compañía y la Escuela del Batallón y por la práctica frecuente son diestros para realizar sus deberes. No se sorprenda si le digo que de nuestras compañías de voluntarios puedo seleccionar un regimiento completo que yo no dudaría en poner al lado de cualquier otro regimiento promedio del ejército regular estadounidense en cada área de las tareas militares. Los oficiales generalmente son caballeros bien educados, hombres cabales y de fortaleza moral que los colocan por encima del ejército regular. Nuestras compañías de voluntarios constituyen, como he dicho, la fuerza que Kentucky presenta en respuesta a la solicitud del general(9) que comanda en el Nueces. (10)
Imagen 5. Anónimo (1846). Tarjeta de presentación del general Humphrey Marshall- (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-US Z62-78472).
Respuestas a la declaración de guerra
Imagen 6. Anónimo (1847). Panfleto invitando a unirse al ejército de los Estados Unidos a pelar contra México (Biblioteca de la Universidad de Texas, Arlington, División de colecciones especiales, Colección Jenkins Garrett).
El 25 de abril de 1846 ocurrió una escaramuza entre la caballería mexicana y la de los Estados Unidos. El 8 y 9 de mayo, norteamericanos y mexicanos lucharon en Palo Alto y Resaca de la Palma. El 11 de mayo el presidente Polk envió una recomendación de declaración de guerra al Congreso. Este respondió ratificándola y haciendo un llamado a los estados para solicitar 50,000 voluntarios. (11)
Cuando se extendió la noticia de que los Estados Unidos estaban en guerra explotó un ardiente espíritu militarista en el país, provocando una respuesta entusiasta a la llamada de voluntarios. John Blount Robertson, quién se unió al Primer Regimiento de Voluntarios de Tennessee, recuerda el momento:
¿Quién no recuerda el intenso interés logrado por el acercamiento de nuestro pequeño ejército al Río Grande? Cada oído estaba atento para recoger el rumor más débil sobre el tema. El anuncio de la ocupación pacífica de la fortaleza frente a Matamoros había calmado parcialmente nuestras ansias, y habíamos comenzado a reírnos de nuestros miedos, cuando de repente el pertinaz repiqueteo nos indicó claramente que la hora había llegado: «¡Ha comenzado!» Era el grito siniestro de la Revolución. Y una vez más: «¡Ha comenzado!», no necesitó mayor comentario: esto fue como un tornado que arrasó con todo; los viejos, los jóvenes, hombres y mujeres, sintieron su influencia y tomaron su espíritu. Hasta que por fin la vejada y exacerbada indignación de veinte millones de personas iba a encontrar cauce. ¡La sangre había sido derramada, Thornton había sido capturado, Taylor estaba rodeado, la guerra había comenzado! Esto de por sí era suficiente para levantar el entusiasmo a su nivel más alto: miles de rumores sirvieron también para intensificar nuestros miedos, haciendo la ansiedad más dolorosa e intensa. ¡A las armas! ¡A las armas! Surgió el grito de la boca y del corazón de cada hombre americano libre. Nuestro suelo había sido invadido y la sangre americana había sido derramada; además por un agresor que, por mucho tiempo había rechazado otorgarnos una justicia imparcial y que, en vez de concedernos la indemnización de nuestros agravios, se había aprovechado de nuestro espíritu de paciencia para infligir nuevas heridas. Era suficiente; algunos no dejaron de preguntarse en conciencia sobre la legalidad de la guerra; los políticos no se detuvieron para argumentar su política; como patriotas, sólo les bastaba saber que su país estaba en la guerra. (…)
Cada ciudad y pueblo [de Tennessee] fueron despertados por «la aguda flauta y el inspirador tambor»; las colinas y los montes, las planicies y los valles se llenaron con miles de hombres, y las compañías fueron llenadas tan rápido, que pronto se hizo difícil hasta comprar un lugar para enlistarse. (12)
Chatham Roberdeau Wheat de Memphis, Tennessee, poseído por un espíritu de exaltación, le escribe con un tono entre melodramático y cómico a su amigo George Maney. Su actuación subsiguiente demuestra totalmente su sinceridad. Wheat estaba lejos de ser un voluntario medio. Era un soldado de nacimiento o quizás un cruzado nato. Era universitario, estudiaba leyes, cuando estalló la guerra contra México. Se enlistó y peleó en el ejército de Scott:
No puedo abstenerme para escribirle una o dos líneas -ahora que la ráfaga de guerra ha sonado sobre mis oídos- (…) Methinks, puedo ver el destello de sus nobles ojos con la honesta indignación por los insultos que hemos recibido, y su brazo levantado en alto con la severa resolución de blandirlo con la mejor sangre de su corazón. Había determinado no enlistarme bajo ningún otro comandante más que con usted, pero por las noticias de esta mañana me percato que ninguna caballería de Tennessee (13) será admitida. Debido a esto hoy por la mañana me he enlistado bajo las órdenes del capitán Porter (14). La compañía está compuesta principalmente por parroquianos del bar y estudiantes de leyes. Dan Robinson (Godfrey) es uno de ellos, y por el modo que tiene de apretar la mandíbula solo significa una cosa: ¡Muerte a los mexicanos! Morgan Cook desplaza su compañía por las calles –nosotros estaremos listos por la noche- tenemos una elección por la noche.
¡Ah! Como lamento no estar con usted. Me gustaría morir a su lado, George, ser envuelto en la bandera de la estrella solitaria y ser enterrado por las tropas victoriosas. No pido mayor gloria – mientras nuestros espíritus abren las alas en vuelo a un más brillante y mejor mundo donde nos enlistaremos bajo el mando del gran capitán San Miguel, mezclándonos con los habitantes del cielo-, y cuando nuestros compañeros sobre la tierra obtengan el triunfo, nosotros, junto con Washington y los héroes que nos han precedido, colgaremos nuestras banderas en las almenas del cielo y dejaremos oír el grito de nuestras voces que se oirán en toda la bóveda celeste.
Veamos el otro lado de la moneda: que vivamos y entremos victoriosos y triunfantes a la Ciudad de México ocupando los palacios de Moctezuma, donde podremos dejar caer nuestros miembros fatigados sobre un lecho, bajo un pabellón de oro puro aderezado con diamantes y zafiros, y llamar a sus orgullosas hijas para que sean nuestras sirvientas, para sentirnos en una vieja taberna como de las que hemos leído y así, bebiendo profusamente, renovar nuestros ímpetus de lucha para regresar con fuerzas renovadas “a la batalla de nuevo”, entonces como grandes señores, regresaremos cubiertos de gloria y cubiertos nuestros pechos con brillantes estrellas, podremos entonces pedir la mano de la esposa del soldado. ¡El resto puede imaginárselo! En cualquier caso, seremos vencedores, vencedores aún muertos ¡Qué sublime! ¡Cómo complace sólo pensarlo! (15)
Una vez que terminó la guerra contra México, Wheat ejerció la abogacía en Nueva Orleans, desempeñándose en la Legislatura de Estado de Luisiana, pero la ley y la política no eran bastante para él. Se unió a López, un filibustero cubano, y a William Walker en Nicaragua; incluso luchó con Garibaldi y, finalmente, en la Guerra Civil, como comandante en el famoso regimiento de “Tigres de la Luisiana”, donde fue herido en la primera batalla de Bull Run y muerto en Gaines Mill en 1862. Aunque en su funeral fue envuelto con la bandera de las barras y las estrellas, y no con la de la estrella solitaria, su espíritu sin duda consiguió «alistarse bajo la capitanía de San Miguel»
Con sentimientos menos exaltados, pero con ferviente sinceridad, se expresa William Dickinson, de Sahdy Grave, Virginia, en una carta donde presenta una comunidad que celebraba ya la victoria, aun cuando la guerra apenas comenzaba y las víctimas aún no habían sido cuantificadas:
Me he unido a la compañía de voluntarios que está reuniéndose en casa de Henry Court (Henry Co., Va) para ir a matar mexicanos cuando se nos requiera. Tengo la esperanza de que haya una oportunidad para que vayamos. Yo estaría dispuesto a lo que fuera y salir mañana por la mañana. (…) Tendremos un gran festejo en casa de Henry Court el día 4 (de julio de 1846). Habrá una gran barbacoa, ascensión de globo, etcétera, para conmemorar esa fecha y en honor de los brillantes logros de nuestras tropas bajo el mando del general Taylor sobre el ejército mexicano. (16)
Dickinson se percató que el hecho de enlistarse suponía una serie de sacrificios materiales. Tal era el caso de Jubal Early (17), quién aceptó un cargo por recomendación del gobernador de Virginia:
Uno de nuestros conciudadanos, el señor Juble (sic) A. Early, ha sido designado por el gobernador como mayor del regimiento de voluntarios de este estado, y comenzará hoy a trabajar en Richmond en la compañía de los señores Shumaker y William A. Martin, dado que no tuvimos éxito en la formación de nuestro contingente. El señor Shoemaker [sic] (18) es un talentoso y joven abogado de las Rocallosas y también tiene una oficina que le han puesto por órdenes del gobernador. El señor Martin es un joven que estudia medicina bajo la tutela del Dr. Egan pero dejó sus ocupaciones para enlistarse. Es un hombre de un talento extraordinario. Estuve presente cuando se despidió de su madre y hermanos, y no recuerdo haber escuchado jamás palabras más elocuentes en una despedida. Realmente tengo una gran emoción de poder partir a la batalla en compañía de estos hombres. Va a ser muy duro,sobre todo para el señor Early, ya que él tenía una excelente carrera como abogado hasta antes del llamado a enlistarse para la guerra; pero lo entusiasmó mucho el hecho de formar una compañía para marcharse a pelear, ya que esta experiencia no es nueva para él, dado que participó brevemente en la guerra de Florida. (19)
Durante los primeros meses de la guerra no había dificultad para reclutar soldados voluntarios. Los anuncios, las reuniones y desfiles lograban fácilmente ese cometido.
Imagen 7. Anónimo. (1555). General Lewis Wallace, ca 1855 (daguerrotipo), autor de Ben Hur (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC- 2016649637)
En Nueva York había anuncios que decían “¡México o la muerte!” o “¡Vayamos por los palacios de Moctezuma!”. La Cámara Baja de la legislatura de Nueva York, al final de su sesión el 13 de mayo, adoptó la resolución por la cual el gobernador estaba autorizado a convocar a 50,000 voluntarios. (20)
En Filadelfia participaron veinte mil ciudadanos en un mitin. En Ohio, en menos de dos semanas, cerca de tres mil hombres se enlistaron. Cincinnati respondió enviando 900 voluntarios, 500 de ellos eran alemanes que pertenecían ya a alguna compañía. Illinois, Kentucky, Carolina del Norte y del Sur sobrepasaron sus cuotas. El Partido Whig de Nashville anunció que era necesaria una leva en Tennessee pero que sería una leva que dejaría a muchos en casa (21). En Nueva Orleans muchas de las compañías de bomberos se enlistaron, y franceses, alemanes y españoles se unieron para formar regimientos. En Indianápolis Lew Wallace, que escribiría su famosa novela Ben Hur (1880) en el palacio del gobernador español-mexicano desde el cual gobernaría el territorio de Nuevo México, logró una compañía en sólo dos días. Muchos talleres y fábricas en Louisville suspendieron actividades temporalmente pues no tenían operarios, ya que se habían unido al ejército como voluntarios (22).
El número de soldados voluntarios al comienzo de la guerra era tan grande que causó al mismo tiempo confusión y problemas. Algunos gobernadores como William Owsley, de Kentucky, aceptaron los servicios de los soldados voluntarios “en prevención de la llamada de Washington” y dejaron que regimientos como el de Louisville partieran con “exceso” de hombres. En Ohio el número de hombres era suficiente para conformar un regimiento entero en número muy superior al que se había solicitado para marchar a la guerra. La oficina adjunta al general tuvo que regresar a muchos a sus casas. Tres prospectos de compañías de Baltimore se embarcaron hacia Washington dispuestos a la batalla, determinados a presentarse ante el mismísimo secretario de Guerra. Tuvieron muchísimos problemas para encontrar alojamiento en la capital, pero se las arreglaron. Una compañía de Illinois organizada en el condado de Clark, a las orillas del río Wabash, no tuvo tanta suerte. Marcharon 150 millas (241.4 km) para su cita en Alton con la impresión de que el secretario del Gobernador les había requerido y aceptado. Su capitán era William B. Archer, un hombre veterano y bien entrenado que había peleado en la guerra de 1812 y en la guerra contra Halcón Negro. Un corresponsal del San Luis Missouri Republican lo llamaba simplemente: “Un hombre chapado a la antigua que valía su peso en oro”. Ya en Alton, la compañía de Clark se dio cuenta de que el gobernador Thomas Ford no los quería, se disculpó diciendo que mientras él estaba en San Luis recibiendo a las compañías que venían de Illinois, su secretario había estado haciendo lo mismo en la capital, y cuando se reunieron compararon sus notas y se dieron cuenta de que tenían ya demasiados hombres. Archer, sin embargo, se dio cuenta de que había un cariz de discriminación política en el asunto y se fue con sus voluntarios al centro de Alton y frente al hotel, con “cientos de personas observándolos”, dijo a sus hombres que el Gobernador Ford les había “expulsado” del servicio. Después de eso, Archer se enlistó como soldado raso en el Segundo Regimiento de Voluntarios de Illinois.
Los opositores al reclutamiento
Imagen 8. Anónimo. (1847). Daguerrotipo de un soldado regular norteamericano. (Graham Pilecki Historical Collection).
Desde los inicios de la guerra hubo disensión. En Michigan, tan distante de México, cuyo clima tropical les parecía a sus norteños habitantes un lugar fuera de este mundo, consideraban que serían más útiles si eran requeridos para luchar contra los ingleses, con los que recientemente habían peleado y que estaban en la frontera con Canadá, para evitar quedarse sin efectivos por haberlos enviado a la guerra con México. Dos días antes de la declaración de guerra, G. Mott Williams escribía desde Washington a su padre en Detroit:
Estamos en guerra con México como seguramente ya te habrás enterado. Y es probable que Inglaterra tenga que ver en esto. La gente pensante está preocupada acerca del estado de nuestras relaciones con esa potencia y el asunto de Oregón se complica como nunca antes lo estuvo. Nadie alcanza a ver el fin de este problema en el cual nos hemos embarcado. Bajo estas circunstancias yo disuadiría cualquier intento de reunir voluntarios, ya sea de nuestra gente o de la de los estados vecinos, para enviarlos a servir en Texas y México. Es posible, en primer lugar, que queramos de regreso a todos los hombres antes de que hayan pasado doce meses y además de que hay un gran problema en México, el clima, del cual estoy seguro de que será más malo con nuestra gente que la fuerza de doce naciones como México. (23)
Mientras la guerra transcurría el entusiasmo por enlistarse decaía. Las causas fueron muy variadas. (24)La más obvia era que aquellos que estaban muy ansiosos por pelear se habían enlistado muy rápidamente, pero existían también otras razones. La guerra en sí misma no era universalmente popular. La oposición política, que había sospechado “la guerra de Polk” desde el principio, vio sus dudas confirmadas ganando popularidad después de que los deseos imperialistas del presidente emergieron claramente. Los antiesclavistas del norte vieron en la guerra una manera de extender el sistema de esclavitud y de dar poder a la esclavocracia sureña. Muchos sureños comenzaron a reflexionar en las palabras de John C. Calhoun, que consideraba al territorio de México como una fruta prohibida para el sur. Los opositores a la guerra en su conjunto no eran despreciables (25).
Una razón más para unirse al ejército era el motivo del llamado a las armas, pues la guerra no era una lucha de supervivencia o una defensa de los intereses nacionales y, de hecho, no afectaba el patrimonio de muchos estadounidenses. Como consecuencia, muchos hombres jóvenes pensaban en solo ir por un corto período de tiempo (un año por lo general) en el cual compartirían su parte de la victoria, pero sin comprometerse a estar hasta que terminara el combate. En diciembre de 1846, en Virginia se sabía lo que David Campbell (26), un eminente Whig, escribió a su primo que estaba en el ejército de Scott (27):
En mi última carta, creo que te mencioné que ha habido una convocatoria para regimientos de voluntarios de 960 hombres cada uno y se pide que se organicen y marchen de inmediato. (28) De seguro que Nueva York ya habrá mandado su regimiento, pero ningún otro estado lo ha hecho, al menos que los de Luisiana ya hayan organizado el suyo, y tengo muy serias dudas sobre Virginia. Los voluntarios serán enviados a la guerra, ese es el propósito.
La nueva convocatoria a Virginia para tener un regimiento de voluntarios y enviarlo a la guerra ha sido tomada como una gran ofensa por muchos viejos granjeros demócratas, y creo yo que también en otros estados ha sido tomada igual. Ellos dicen que la guerra ha sido mal conducida –están de acuerdo que el ejecutivo es incompetente para conducirla- y no ven razón para que los que se enlistaron primero no terminen el trabajo. Este es un punto de vista que tiene que ver con los medios -y para todos aquellos que de ninguna manera quieran enlistarse- y que tomarán como una razón para rehusarse a hacerlo. (29)
Muy desanimados por el frío y el mal tiempo los voluntarios fueron cayendo “a cuentagotas” pero, como observó David Campbell, el entusiasmo “crecía” y diecinueve o veinte compañías se pudieron reunir con “muchos problemas y gastos”, estando finalmente organizadas y listas en Virginia para enero de 1847 (30).
En Carolina del Norte, sin embargo, tal y como lo recuerda una mujer de Greensboro en su diario, el reclutamiento se sumió en la desesperanza a principios de 1847:
Martes, 5 de enero de 1847 (…) Hoy hubo una reunión general y los señores Gorrell y Henry pronunciaron sendos discursos. El general Logan los recibió en la calle, y llamaron a todos los voluntarios a seguirlos. Mientras recorría la calle de arriba abajo, vi a 6 o 7 personas de aspecto desagradable que lo seguían con el pobre de Jim Lame al frente. ¿Cuántas pobres criaturas estarán o serán sacrificadas en el altar del orgullo y la ambición? ¡Oh Señor! Por favor bendice a nuestro país y júzganos ahora y no hasta el juicio final. Que nuestro presidente y nuestras autoridades reciban iluminación desde el cielo -y que la paz se restaure rápidamente en nuestro país- (…)
Sabbat, 10 de enero de 1847. Hoy el capitán Henry(31) y el coronel Scales (32) vinieron al pueblo acompañados por cerca de 70 hombres en su paso hacia México. La compañía la forman personas de Stokes, Rockingham y Guilford. Los formó y les tomó juramento el teniente Fremont (33), quién cenó con nosotros. Él estuvo en la batalla de Monterrey y fue quién tuvo entre sus brazos al teniente Ringold (sic) (34) cuando fue herido, recibiendo un balazo en un brazo. Es un joven muy apuesto. La compañía vino marchando (con música de tambores y flautas que sonaban mal y muy triste). Fue la primera cosa de este tipo que ocurrió en nuestras calles en un Sabbat. A mi manera de ver creo que fue una forma sin sentido de desacralizar el sábado. Ojalá y llegue el día en que el día del Señor vuelva a ser santificado como debería de serlo (35).
La resistencia a enlistarse se topó con incesantes esfuerzos por aumentar el reclutamiento. Carteles y banderolas apelaban tanto al patriotismo como al interés material. En Massachusetts este póster llamaba a unirse, bajo el mando del coronel Caleb Cushing, al Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.
¡HOMBRES DE OLD ESSEX! ¡HOMBRES DE NEWBURYPORT!
Una llamada a los valientes, aguerridos y con corazón de león
¡CUSHING!
¡El los llevará a la victoria y a la gloria!
Dejemos que el Condado de Essex tenga una compañía en el Regimiento que será para su GLORIA y ORGULLO.
La compañía marchará hacia confortables cuarteles en una semana y se embarcará en dos o tres. El pago es de $7 a $10 por mes -21 dólares por adelantado- y el Congreso propone un bono de 24 dólares en efectivo, y 160 acres de tierra.
NEWBURYPORT, FEB. 1, 1847 (36)
La respuesta a esas convocatorias era a menudo desalentadora para los reclutadores. Tal es el caso de un crítico joven de Massachusetts que escribe al Cambridge Chronicle, explicando las razones de su negativa a enlistarse:
No tengo la menor intención de “unirme” a ustedes o de alguna manera contribuir a esta guerra injusta contra México. No tengo el menor deseo de participar en esta gloriosa carnicería de mujeres y niños, como las que se hicieron en Monterrey, y tampoco tengo ningún deseo de ponerme bajo la dictadura de un insignificante tirano militar o de cualquiera de aquellos caprichosos a quienes yo jure obediencia ¡No señor! Mientras pueda trabajar, pedir o ir a un dispensario, no iré a México para ser hundido en el lodo, a morir de hambre, medio quemado por el sol y comido por los moscos y ciempiés, picado por escorpiones y tarántulas -obligado a marchar hasta el agotamiento, y al final puesto para que me disparen, todo por ocho dólares y una ración de comida podrida-. Definitivamente ¡No lo haré!
Y en lo que respecta al esperado “botín” no tengo la mínima duda de que será pagado con rapidez. Muchos pobres diablos lo han recibido ya en Palo Alto, Ransaca de la Plunder (sic Resaca de la Palma), Monterrey y Buena Vista. Y no dudo en que llegarán a ser muchos más; dicho botín se pagará en forma de disparos, bombardeos y vómito en Veracruz. Lo siento mucho pero no se me antoja que los horrorosos buitres, gusanos y chacales mexicanos se coman mis huesos, he esperado por mucho tiempo mi hora final para cerrar mis ojos en paz entre mis amigos y seres amados.
En cuanto a usted (oficial de reclutamiento) me imagino que es una especie de tipo sin importancia pero su empleo le ofrece la oportunidad de hacer un buen negocio, “si es que acaso se da cuenta”. Ha llegado el día de la carnicería humana, el progreso ha creado caminos a través de ella en el último medio siglo y rápidamente se acerca el día en el que el soldado profesional será clasificado en el mismo nivel que el bandido, beduino, y el matón. Haría usted bien en retirarse del negocio y en respuesta a su oferta e información, si usted deseara integrarse a la manufactura de la lana (el cual es mi negocio) le proveeré con toda la información y asistencia que esté en mis manos. Estoy satisfecho siendo lo que soy. Creo que un hombre está más noblemente empleado en una tejeduría y vistiendo a los otros seres humanos que guiando un ejército para asesinar. (37)
Imagen 9. Anónimo (1847). Cartel de convocatoria a soldados voluntarios en New Hampshire (New Hampshire Historical Collection, rbpe0930170b).
En Pennsylvania la incapacidad de los reclutadores para enlistar hombres para la guerra contra México hizo que circularan cosas como esta:
Oficina del inspector de brigada Wilkes-Barre, 23 de noviembre de 1846
A los ciudadanos soldados de la 2ª Brigada, 8ª División de la Milicia de Pennsylvania:
El presidente de los Estados Unidos ha encontrado necesario para la continuación de la guerra con México pedir un regimiento de voluntarios de Pennsylvania. El norte y el oeste han acogido con entusiasmo esta petición y se han coronado con laureles en la lucha. Su bravura y patriotismo nunca fueron superados en el campo de batalla; se regocijan con el privilegio que se les ha concedido, y no dudamos de que los soldados de Pennsylvania brillen con el mismo grado de entusiasmo. Estamos convencidos de que estarán siempre listos para servir a su patria,su historia reciente así lo confirma, y su futuro comportamiento no manchará su bien ganada reputación.
Es adecuado señalar ahora que la ley provee los gastos de ropa (en efectivo) y sostenimiento de los oficiales sin grado, músicos y soldados rasos, una vez que han sido admitidos para el servicio de los Estados Unidos. Con este propósito 21 dólares serán adelantados a todos los oficiales sin rango, músicos y soldados rasos, esto es aparte de su sueldo. Por lo que respecta a su subsistencia, una vez que hayan llegado al punto de reunión, y como viáticos desde la plaza de salida hasta el destino se darán 50 centavos por cada 20 millas de distancia. En caso de quedar fuera de combate el gobierno, como lo ha hecho en situaciones similares, se hará cargo completamente de ustedes. La convocatoria es para 10 compañías, para constituir un regimiento de voluntarios de infantería. No dudamos que de cada parte de la Confederación se oirá la voz de “¡Estamos dispuestos!”
Nuestro deber es formar una de estas compañías- y ninguna compañía está completa si no tiene por lo menos 80 soldados– aunque 64 serán los aceptados. El capitán de la artillería de Wyoming, cap. E. L. Dana (38), ha ofrecido ya sus servicios, pero el número requerido permanece bajo. Mi objetivo es incluir pronto en mi brigada a los voluntarios que tengan algún deseo de ofrecerse para prestar sus servicios sin demora al capitán Dana, para ser miembros regulares de su compañía. Una vez hecho esto y llenos los lugares, existen esperanzas concretas de que esta compañía será aceptada.
La lucha no puede prolongarse más: ¡El águila americana debe abrir y LO HARÁ, sus alas sobre los valles y montañas de México! ¡No se ha disparado una sola bala que no haya servido, ni una explosión ha sido en vano que no redunde en crédito a nuestras armas! “por tradición rudos y preparados” y los batallones han inscrito en sus armas “¡En guardia y otra vez en guardia!”. Cuando la lucha haya terminado, y el honor de nuestro país haya sido reivindicado, podrá ser dicho por los ciudadanos soldados de la 2ª Brigada de la 8ª División que en parte les pertenece el honor de esa guerra que extendió a México los beneficios de la civilización y de la libertad civil y religiosa (39).
Un discurso de W. P. Richards de Science Grove, Carolina del Norte, urgiendo a los “Voluntarios de Davidson” para que incrementaran el reclutamiento parece haber sido un esfuerzo desesperado del orador (quien se autonombraba el Tom Paine (40) de Carolina del Norte) para compensar el decreciente entusiasmo por la guerra:
A los Voluntarios de Davidson
Compatriotas Voluntarios:
¿Están listos? Su patria necesita ahora de sus servicios, los llama a que cumplan apresuradamente con su demanda: a cumplir con sus obligaciones como verdaderos y nobles voluntarios de todo corazón. El Regimiento de Carolina del Norte ha sido convocado por el gobierno, y ahora es el momento de que demuestren que son auténticos voluntarios que están preparados y deseosos de defender su país (41).¿Acaso van a huir cobardemente cuando más se les necesita? ¿caso existirá algún cobarde en la compañía de voluntarios de Davidson? ¿un hombre que abandonará a su país cuando lo ve en peligro? ¿un traidor a la causa de su propio país? ¡No, jamás, no es posible, ningún ciudadano de Davidson es tan mezquino!
¿Acaso tengo que preguntar qué es lo que tienen que hacer para ofrecerse como voluntarios para pelear por su patria donde y cuando se les necesite dentro de los límites de México? No, no es necesario que les repita que Parades (sic Paredes) ese mexicano monárquico y tirano que por medio de las armas dominó nuestro propio suelo, asesinando a nuestros conciudadanos, atacó a los ejércitos de nuestro país y se declaró en guerra contra nosotros injustamente. En defensa propia nuestro Congreso ratificó la guerra que ya existía entre México y Estados Unidos por culpa de México; y llamó a sus valientes y patriotas hijos a la defensa de la patria en una causa justísima. Ustedes noblemente responderán a ese llamado. Serán voluntarios bajo el mando legal del Congreso por decreto de su gobernador. Esta ley pide que cada voluntario sirva por un año a partir de haber sido llamado al servicio o lo que dure la guerra, a menos que sea relevado antes de ello. Pero el gobierno ha pensado llegar a llenar su ejército con estos voluntarios, que son buenos y verdaderos, siendo voluntarios por lo que dure la guerra y no solo por doce meses. La pregunta que podrían tener algunos, que no precisamente están llenos de valentía, se referiría al tiempo en el cual deben ser voluntarios. Algunos se conformarán con ser voluntarios por un año solamente, pero ningún voluntario verdadero ninguno que se llame patriota puede atreverse nunca a conformarse con esto. (…)
Se los digo para alentarlos para impulsarlos a que apoyen a su país y a sus intenciones. Su honor y cada cosa que les sea preciada en sus intachables mentes están en juego.
Si van podrán conocer todo el suroeste, sin los gastos que el viaje implica, e independientemente de los beneficios del soldado común, recibirán un estupendo botín en forma de tierras de muy buena calidad. ¿Por qué menciono esto? Porque precisamente México tendrá que pagar el costo de la guerra. No tiene dinero, pero tiene tierras: por ejemplo California y Nuevo México, entre otras. Ese será el costo que pagar por la locura y la barbarie mexicanas. Habrá grandes extensiones de tierra sin dueño y las urnas electorales instruirán al Congreso que una porción de estas deba considerarse como paga a los que defendieron su país. Así que el voluntario que ahora es pobre y sin un centavo, que permanezca en su puesto, debe esperar que cuando termine la guerra (que no excederá más de 12 a 18 meses) será el poseedor de un magnífico lote de excelente tierra (42).
Filadelfia tenía un problema distinto. Habían ocurrido disturbios anticatólicos en 1844 (43),y se temía que enviar padres de familia a la guerra pudiera encender esta situación de nuevo. En una carta de Morris Longstreth a James Buchanan sobre este particular, se revela que el temor a las fricciones religiosas estaba siendo usado para hacer que los voluntarios dudaran en dejar a sus familias solas:
Mientras visitaba Filadelfia hace uno o dos días, me encontré que la alegría y el entusiasmo habían sufrido una terrible caída a raíz de que las personas consideran que la convocatoria para llevar voluntarios al frente de guerra, podría poner en riesgo la paz pública, repitiéndose los deplorables sucesos de mayo y julio de 1844. Me di cuenta de que hombres notables por su juicio y sagacidad consideraban que la serpiente de la discordia religiosa estaba “detenida mas no muerta” y que “The Sun”, “Eagle” y otros periódicos del lugar seguían igual de agresivos al denunciar a los extranjeros y católicos, de la misma manera en la que lo habían hecho antes de que sucedieran los fatales acontecimientos. En pocas palabras, se teme que la partida de los voluntarios vaya a ser la se ñal para un nuevo enfrentamiento. Estas opiniones y puntos de vista son las que pude recoger al charlar con algunos caballeros católicos.
Mi apreciación no está dirigida a molestarle en esta ocasión, pero he sido aconsejado por un distinguido miembro de la Barra de Abogados de Filadelfia para comunicarle esto, junto con la certeza que los voluntarios están formados en su mayoría por hombres con familia; y que, al ser soldados ciudadanos, enfrentarlos contra enemigos internos o externos es un desperdicio –así como es censurable el llevarlos a un clima lejano e insalubre, a menos que en verdad sea una urgente necesidad-. El contingente de Pennsylvania puede fácilmente ser formado con hombres solteros y jóvenes, deseosos de ir a la guerra y que son siempre, según lo aseveran los conscriptos franceses, los que más fácilmente se unen a la Legión Extranjera (44).
Protestas contra los oficiales de reclutamiento
Si las protestas de algunas de sus víctimas son motivo de duda, los reclutadores no fueron siempre tan escrupulosos. Una carta del bostoniano Nathan Burdit al coronel Caleb Cushing, de Massachusetts, levantó no solo la pregunta de cómo era que el capitán de una compañía obtenía sus voluntarios sin importar las capacidades y habilidades de cada uno de ellos:
Me permito distraer su atención para señalar algunos hechos relacionados al reclutamiento de mi hijo George W. Burdit dentro de la Compañía H del Regimiento a sus órdenes. Dicha Compañía está actualmente bajo el mando inmediato del capitán Barker, que persuadió personalmente a mi hijo para que se enlistara. El capitán Barker le aseguro primero que podría dejarle su pago con su esposa para que ella, mientras él estaba en campaña, pudiera disponer de parte de ese dinero.
En seguida le dijo que no se le exigiría portar un mosquete, pues él tiene un problema en el hombro, lo que lo inhabilita para realizar ejercicios de formación. Por tanto, se le apuntó como corneta, labor para la cual no estaba capacitado. Como último recurso se le puso de flautista aunque nunca en su vida había tocado una sola nota, además de que no puede levantar el brazo a la altura de su cabeza, hecho del que cualquier médico en la ciudad le puede dar fe. Aun con todo esto mi hijo estaba deseoso de ir, confiando plenamente en el honor de su capitán en lo que respecta a la transferencia de su pago para que su esposa lo pudiera usar, ya que ella no tiene ninguna otra manera de mantenerse. Cuando él le comunicó al capitán este asunto, le dijo que era un insensato y que tenía que llevar su mosquete como todos. Contradicciones como éstas no pueden darse en un caballero que representa a los Estados Unidos. (…)
Vi al capitán Barker ayer y me dijo que si mi hijo podría obtener de su suegra, Mrs. Badger, un consentimiento escrito para que sus dos hijos se enlistaran, considerando que como él no era apto, el capitán los aceptaría a cambio. Eso solo da a entender que el capitán nunca consideró a mi hijo capacitado para el servicio. Entonces por qué no darlo de baja de una vez. Yo no había querido intervenir en el asunto hasta asegurarme que el médico regular lo examinara y lo rechazara como sucedió ya con el cirujano naval (45).
Una queja de un hombre reclutado que insistía en que fue forzado a enlistarse en el regimiento de voluntarios de Virginia es un hecho conocido entre los historiadores militares. Los ejércitos europeos se habían formado por mucho tiempo con hombres enrolados en los barrios bajos. James Miller, un escocés al que embaucaron mientras estaba en Nortfolk bastante intoxicado por el alcohol, protestó ante el teniente coronel Thomas B. Randolph cuando se dio cuenta de lo que le había pasado:
He oído que usted es un hombre de probada reputación y justicia, esto me ha hecho atreverme a pedirle que me exonere de la extenuante e injusta opresión a la que me tiene sometido el capitán John P. Young perteneciente a su regimiento (46), quién me separó de mi empleo legal, me forzó a embarcarme hasta este distante país, y ahora me retiene contra mi voluntad como soldado dentro de su compañía.
En afán de iluminarle sobre el ultraje del que soy objeto en mi libertad y derechos, permítame abusar de su paciencia, mientras le detallo de forma simple, y sin adornos literarios, los hechos de mi caso tal y como ocurrieron: Yo James Miller nacido en Renfordshire, Escocia. Con tan solo 13 años, emigré a Nueva Escocia, y me establecí en el pueblo de New Glasgow. Serví como aprendiz en el negocio de la carpintería de barcos. En el pasado mes de agosto de 1846 dejé Nueva Escocia para irme a Filadelfia en donde sólo me quedé por seis semanas, porque me embarqué como segundo ayudante y carpintero en el barco Ann Hood con destino a Nueva Orleans; pero a causa de un desperfecto, tuvimos que atracar en el puerto de Norfolk Virginia para reparar los daños, así que dejé mi cargo con permiso del capitán y me empleé en un buque de la marina estadounidense en Gosport.
Estando ahí, el día 1 de diciembre, conocí al capitán Young que en ese entonces estaba intentando reunir un grupo de voluntarios para servir al gobierno en la guerra que existía contra la República de México. Estando bajo la influencia de una gran cantidad de alcohol e incitado por la persuasión del capitán Young firme un papel pidiendo ser enlistado en el ejército. Al momento de firmar yo creía que el término de dicho convenio era de un año. No más de diez días después, habiendo meditado profundamente sobre el compromiso en el que me había metido y enterándome de lo indefinido del término del mismo, sin saber exactamente cuánto iría a durar la guerra, informé al capitán Young sobre lo que había pensado y sobre las circunstancias en las que se habían dado las cosas, y que ahora, que estaba en mi juicio, había decidido dar marcha atrás, así que le pedí que no se me considerara más como parte de la compañía, antes de que se terminara el trámite de reclutamiento.
Subsecuentemente, yo ya no quise formar parte del grupo que estaba reuniendo, ni participar en la organización de la compañía, ni la elección de sus oficiales, ni nada. Ni siquiera comí, ni bebí, dormí, ni me aparecí por ahí para que no se me inmiscuyera. Pero no se me tomó en cuenta. Fui varias veces al cuartel a pasar solo el tiempo necesario para que se dejara en claro que yo ya no quería estar con la compañía, declarando en repetidas ocasiones que declinaba la oferta y que no había llenado todos los trámites para ser parte de ella. Cuando la compañía se organizó, y habiendo elegido a sus oficiales, en este hecho que es tan importante porque contempla la reputación, orden, paz y bienestar del soldado, no participé de ninguna manera. El capitán Young fue elegido y puesto a la cabeza. El llevó la compañía a Richmond sin que le importara mi petición o la de muchos otros hombres que estaban en el mismo caso. Creyendo que estaba liberado de todo este asunto, continué trabajando por los próximos diez días en el buque de la Marina. Transcurrido ese tiempo, el capitán Young regresó y me pidió que volviera con él a Richmond con el objeto de ser reclutado en el servicio del ejército de los Estados Unidos, pero ante mi rotunda negativa a tomar este último paso, me trató con lujo de violencia y con las más bajas maneras me forzó a acompañarlo a Richmond, sin que hubiera de mi parte ninguna intención de firmar la orden, pero con el propósito de intentar presentar un habeas corpus(47) para liberarme de ese compromiso (…)
Regresé a mi trabajo en el barco y en una semana no hubo ninguna novedad. El primer día de la semana siguiente se apareció en el puerto de Portsmouth el teniente John Cook buscándome. Fue con mis compañeros y cuando me localizó se vino directamente hasta donde estaba, llegó acosándome, diciendo: “Bueno Miller, escapaste de Richmond, pero ahora debes venir conmigo arrestado”. Le aclaré que no había escapado, sino que me había ido siguiendo los consejos de un amigo abogado y que él no tenía ninguna autoridad de controlar mis actos o impedir mis movimientos, y que no iba a obedecerle. El juró por Dios que iba a vencerme y en seguida me tomó por el cuello de mi abrigo. Con esfuerzo me lo quite de encima pero instantáneamente sacó un revólver vociferando juramentos de que me llevaría vivo o muerto. Haciendo caso de la preocupación de mis amigos ahí presentes, y obligado por la necesidad, me entregué como prisionero para ser llevado por el teniente a la cárcel; sin embargo, el carcelero rehusó encarcelarme, así que me llevaron a la taberna y me encargaron a dos hombres de la compañía para que me custodiaran por esa noche.
A la mañana siguiente me arrastraron hasta un barco atracado en Fort Monroe y me dejaron en una celda por 16 días, al cabo de los cuales fui transportado a Richmond. En todo momento yo repetía mi decisión de no enlistarme. Ahí fui llevado a presencia del capitán Smith (48)que me preguntó mi nombre y si yo era un músico. Respondi que era un “voluntario forzado”, y que no respondería más preguntas que no entendiera. El Cap. Smith llamó al teniente Cook y le dijo que no tenía nada más que tratar conmigo. Inmediatamente después de esto el teniente Cook me llevó (49) ante la guardia de la ciudad.
Al día siguiente con un habeas corpus fui puesto ante un juez que me consignó. Mis esperanzas se esfumaron y se me dijo que si no hubiera sido por una orden que salió de la oficina adjunta del general, la cual ignoro cuál fue, se me hubiera dejado en libertad. Mi abogado prometió hacer un esfuerzo más para liberarme pero todo se vino abajo cuando, a la mañana siguiente, fui forzado apresuradamente a embarcarme a las cinco de la mañana. De ahí pasé a otro barco y acabé en esta tierra sin ley y sin ninguna esperanza de quedar en libertad por lo cual apelo a su magnanimidad y amor a la justicia (50).
La desilusión de los reclutas
Un inspirado e incuestionablemente cínico recuento del reclutamiento, en el sentido de sus múltiples promesas, puede ser encontrado en “Una completa y emocionante historia de los Voluntarios de Nueva York”, probablemente escrita por Albert Lombard y publicado en 1848. En ella se incluye una descripción de la clase de hombres que se obtenían por estos métodos y la triste historia de sus desilusiones:
Al comienzo de 1846 se recibió una convocatoria del gobierno para crear un Regimiento de Voluntarios para “la Guerra contra México”. De acuerdo con esto, el primer regimiento fue seleccionado y el coronel Ward B. Burnett (51), el teniente coronel Charles Baxter, y el Mayor J.C. Burnham fueron designados oficiales de campo. Seleccionaron diez lugares para reclutamiento y convocaron a “hombres capaces, deseosos de vivir o morir en defensa de nuestro país”, prometiendo tres meses extra de paga, o seis meses en adelanto o seis meses de ropa, cosa que nunca cumplieron a sus desesperados y pobres soldados. Lo que sí les dieron fueron los seis meses de ropa. Desde luego que a los valientes oficiales les fue un poco mejor. (…)
La leva comenzó y, para la mitad de diciembre, ochocientos hombres se habían enlistado para bien o para mal. Se les envió a Fort Hamilton a engordar a base de pan y cerdo, con “suaves” tablones para dormir y un helado suelo donde recostarse.
Entre esa tropa estaba la más extraordinaria mezcla jamás reunida en un regimiento durante la guerra. Como oficiales había peluqueros, sastres, deportistas, cantineros, políticos, y unos cuantos caballeros; entre los oficiales sin rango había una gran variedad de hombres decentes, incluido yo mismo, a todos los cuales se nos prometió llegar a ser generales brigadieres o algo parecido, antes de que regresáramos de la guerra.
A los soldados rasos también se les prometió carne asada y dos dólares al día, mucho whisky, “Jesuses de oro”, “bonitas muchachas mexicanas”, “inversión segura y un retorno rápido”, además de todo lo que se les pudiera imaginar para hacerlo más atractivo.
Los soldados rasos en general eran hombres activos y listos, con la excepción de tal vez de unos doscientos totalmente incompetentes para el servicio, y para cualquier otra cosa -un fraude para el Departamento de Guerra y una maldición para los oficiales que los reclutaron-. Pero todo sea por cumplir con las convocatorias. Y ¡Vámonos a México! Hasta el médico del ejército se hacía de la vista gorda, mandado por el Departamento de Guerra. En verdad que se pasaron de la raya en la compañía cuando el coronel Bankhead (sic Burnett?), al revisar a cada hombre, rechazó a algunos chicos que eran incapaces hasta de llevar un fusil y también a algunos otros que era “mejor ni llevarlos”. Fueron readmitidos gracias a la magnanimidad de los oficiales.
De eso se componía nuestro regimiento: chicos rechazados, hombres enfermos y hechos pedazos, unos medios ciegos, otros discapacitados; otros eran “muchachos” de sesenta años que fueron seleccionados por órdenes especiales del primer comandante en jefe del 1er Regimiento de Nueva York, destinados a México y entre los cuales había también caballeros del Tombs, pillos de la isla Blackwell y unos cuantos de “Five Pointers”. Nunca se ha visto un grupo así entre gente decente. No hay disculpa para los oficiales. Su conducta es indignante al dejar a los hombres, aunque estén propiamente aseados, y sus despojos mugrosos tirados a los perros, dejarlos ponerse ropa nueva y juntarse con gente decente. Lo repito fue indignante, insultante y degradante para los limpios soldados.
La consecuencia fue que, por falta de atención e indolencia por parte de los oficiales, todo el regimiento se infestó de piojos antes de irse de Fort Hamilton (…)
El Regimiento de Nueva York consistía en cerca de 800 hombres. De ellos 300 eran nativos americanos y el resto holandeses, irlandeses, franceses, ingleses, polacos, suecos, chinos, indios, etc. No había ni cien hombres y oficiales en el Regimiento nacidos en Nueva York. (…)
En la última mitad de noviembre de 1846, un grupo de nuevos reclutas recibía instrucción en Centre Hall, donde se formaron en una fila tan recta como pudieron. Cuando el orgulloso sargento dio la orden de “formación”, “flanco derecho”, “flanco izquierdo”, “firmes”, “de frente”, “vista al frente”, todo fue inútil. Es más fácil alinear a una serpiente marina. Muchos de ellos eran reclutas recién llegados y algunos apenas estaban aprendiendo, eran de todos tipos y tamaños. Tal vez lo que estaban pensando los soldados en ese momento era en la carne asada y en la promesa de “tres meses de adelanto” en Fort Hamilton. En eso hizo su gallarda presencia nuestro coronel, que más bien parecía un pony canadiense rasurado a rape. Se dijeron tres hurras: “¡Larga vida a nuestro coronel!” “¡Hurra por la carne asada!” “¡Vamos Jimmy!” “¡Abajo Santer Ranner (sic. Santa Ana)!”, etc., etc. Pasaron varios minutos antes de que el coronel lograra hacer silencio total y comenzara a hablar en estos términos: “¡Compañeros soldados y camaradas!” (curiosos camaradas digo yo, a juzgar por su apariencia exótica ese día), “nos hemos reunido por primera vez” (larga pausa), “estoy contento de ver gente tan fina” (¡Tres hurras! ¡Hurra por México!) “¡Si señor! ¡Con tales compañeros estoy muy orgulloso de dirigirme a México!” (tremendo festejo de risas y aplausos), “Ustedes van a compartir todo conmigo, mi cama será su cama, mi comida será su comida, todos los aspectos de la guerra, aun los más desagradables los vamos a compartir” (¡tres hurras, esa es la manera, ese es el espíritu de cómo lo hacemos aquí en Five Points! ¡Bien, vamos!), “Ahora mis bravos compañeros, yo quisiera que todos aquellos que no tengan nada que comer, ni nada más en la vida, sepan que al llegar a Fort Hamilton tendrán de todo” (¡Hurra por eso, me apunto!), “he conseguido buenos cuarteles y ustedes podrán tener una buena cama, y una gran cantidad de carne asada y patatas” (¡nueve hurras por eso! ¡Hurra, hurra por la carne asada y las patatas!), “Yo ahora con su permiso me voy a retirar, buenas noches” (¡Tres hurras por el coronel Burnett y la carne asada! ¡Hip, hip, hurra, hurra, hurra, ha, ha!). Entonces el sargento dice: “¡Atención compañía! ¡Flanco derecho, rostro al frente!” (Música), “¡Marchen!” y allá se van todos bamboleándose al marchar, arriba y abajo. Esa fue la primera revista.
Al día siguiente, más o menos 200 reclutas partieron hacia el Fuerte, pero en lugar de suaves camas encontraron duras tablas, una manta raída y un trozo de madera como almohada; en lugar de carne asada y patatas, se consideraban afortunados si conseguían un pedazo de cerdo crudo y algunos mendrugos. ¡Oh los horrores de la guerra! La cruda e inhumana decepción de los oficiales. Sin embargo, a muchos les fue mejor de lo que estaban acostumbrados. Estaban bien advertidos de que no había alojamiento para ellos y de que enviar a sus hombres en el frío del invierno era inhumano, era lo menos que decían.
El tiempo pasó y los reclutas comenzaron a usar frases como: “Vamos amigo, ¿No querrías enlistarte? ¡Te la pasarás de maravilla! ¡Carne asada, helado y tres meses de sueldo por adelantado! Puedes abandonar a tu amada esposa e hijos con mucho dinero para que lo disfruten en tu ausencia, ¡En verdad son tiempos gloriosos! ¡Ven y tomate un trago conmigo y brindemos por el viejo Zack! ¡Tiempos de gloria! Abundancia de comida y bebida, y si eres un buen compañero, te haremos sargento. Nada mejor que la vida de un soldado -música todo el día-, holgazanear -sólo un poco de entrenamiento- y al final, ¡Mucha diversión! ¡Vamos muchacho! Tomate otro trago y te enseñaré dónde es tu sitio de reunión. Los oficiales son personas muy educadas, unos verdaderos caballeros, todo lo que tenemos que hacer es un agradable viajecito en barco hasta Veracruz (el tío Sam pagará tu pasaje) bombardear la ciudad, comerte el Castillo y regresar a casa de nuevo, cargado a tope de oro y cubierto de gloria”. Y así pasaron los días y el sargento trataba de convencernos, llevándonos a lugares de reunión para lucimiento de capitanes y tenientes, quienes a su vez volverían a tratar de adoctrinar y convencer a todos estos pobres diablos acerca del dinero, la gloria y los beneficios que obtendrían, de su buena apariencia, y además de lo buenos y amables que serían, y si los reclutas se llegaran a enfermar no les costaría nada la atención médica. Todo el cuento de la carne asada y las patatas no eran nada comparado con estas promesas, a todos se les ofrecía la obtención de un grado militar, hasta teniente si eran lo suficientemente afortunados como para dejar este cuerpo terrenal. (Pobres de los que no lo hicieron antes de dejar el Fuerte porque hubiera sido lo mejor para sus hijos.) (…)
Otra forma de reclutamiento nunca antes “puesta en el presupuesto”, y que demostró la gran ingenuidad yankee, fue la publicación de anuncios para “mecánicos y trabajadores que deseen ir al sur, con buenos sueldos y pasaje gratis”, que hizo que llegaran muchos hombres a la cita, y que fueran engatusados con el cuento de las gloriosas batallas y los tres meses de sueldo adelantados y todo un nuevo guardarropa que les serían entregados en cuanto firmaran su adhesión los pobres diablos. Eran inducidos a firmar y educadamente a dar un paseo al puerto de Hamilton donde gozarían de la hospitalidad de una grande y gloriosa institución, el criadero de alimañas que haría de ellos grandes hombres.
Después de entrar al fuerte era muy difícil siquiera salir, se le trataba a uno muy amablemente, y el recluta se hallaba en una situación incómoda, descubriendo poco a poco cómo se le había confundido y embaucado…hasta que se daba cuenta que podía meterse en un lío si se le ocurría siquiera decir una palabra o pedirle al coronel Burnett algunos centavos para su familia que estaba en necesidad o, peor aún, por alguna porción de aquellos famosos “cinco mil dólares” que la ciudad enviaba para ayuda y bienestar de “los pobres soldados”. (…)
Los hombres que fueron lo suficientemente afortunados para vivir jamás olvidarían la promesa de los 21 dólares que fue por lo que ellos se enlistaron –muchos para dejar un patrimonio a sus familias pobres por la cercanía del invierno- ¡Déjenme reclamar tal vez a algunos que de manera indirecta o directa llevaron a la bancarrota a varias familias honorables por decepción! ¡Fraude! El que hayan guardado recursos para fines privados y de especulación otorgados por los liberales, honorables, muy humanitarios y compasivos corporativos de la ciudad de Nueva York para ayudar y dar consuelo a esos pobres hombres que se habían ofrecido como voluntarios para pelear y morir por ellos y sus empresas.
Si es cruel sacar a rastras a negros de sus casas, ¡mucho más es hacerlo con blancos bajo falsas promesas y forzarlos a abandonar a sus esposas e hijos sin dejarles un centavo o alguna protección en la estación más fría del año, solo para ir a morir en una tierra extraña con un clima pegajoso! “Pero” se preguntará el lector ¿Por qué accedieron a enlistarse dejando a sus familias desamparadas? Y la respuesta es que muchos se enlistaron precisamente para ayudarlas, pues estaban desempleados, y se les ofrecieron “tres meses de salario por adelantado”, asegurándoles que sus familias podrían gozar de parte del sueldo que se les pagaba mientras estuvieran ausentes. Ellos que eran pobres e incultos pero patriotas y con nobles sentimientos hacia sus esposas e hijos, sacrificaron todo con la sola idea de dejarlos asegurados… Yo sin temor a equivocarme declaro que el regimiento entero fue llevado al combate de manera fraudulenta, fue un fraude para los soldados, un fraude para la misma ciudad de Nueva York y un fraude contra el gobierno de los Estados Unidos y el Coronel Ward B. Burnett y su pandilla son los responsables de esto (52).
La calidad de los oficiales
Imagen 10. Anónimo (1843). Daguerrotipo del teniente Ulysses S. Grant en 1843, a los 21 años de edad, recién graduado de West Point (Keya Morgan Collection 2012648872).
Los hombres sin duda fueron reclutados con grandes promesas y con el intento deliberado de no cumplirlas, por lo que en muchos casos el material humano correspondió a la calidad fraudulenta de cómo habían sido convocados, aun así la mayoría de los que acudieron a la guerra fueron víctimas de su propia ignorancia y del engaño.
¿Qué tipo de soldados eran?
La respuesta nos la dan ellos mismos y sus contemporáneos. Por lo general, los soldados regulares sabían que eran fuertemente criticados por los voluntarios, ya que se les consideraba una fuerza de combate competitiva.
Los oficiales eran una mezcla. Muchos de ellos eran veteranos de la guerra de 1812, que pelearon contra los indios en los fuertes de la frontera; otra parte eran jóvenes recién egresados de West Point; otros, hombres que habían recibido el puesto como pago a un favor político, a excepción de los puestos que otorgaba el general para los miembros de su grupo “era un proceso establecido para la promoción: comenzar como capitán de regimiento, luego se pasaba a ser coronel y así sucesivamente de batallón en batallón”. Pero las promociones se retardaron y muchos hombres jóvenes abandonaron el ejército para buscar mejor fortuna como civiles. John Bell cuando fue secretario de Guerra, a principios de 1840, mandó una recomendación al presidente:
En este momento, en las condiciones en las que está el ejército de los Estados Unidos, los grados de mando están, salvo en excepciones, en manos de veteranos que no poseen ni la capacidad física ni mental necesaria para un servicio eficiente. Esto me da pie a cerrar mi argumento a favor de revisar la selección de los altos mandos. La promoción vía sucesoria en los elevados grados es algo manifiesto, lo que resulta en que al final, a la cabeza del ejército, y en los principales mandos, está un grupo de imbéciles que llegaron ahí por edad o por años de servicio (53).
Imagen 11. Anónimo. (1846). Teniente George B. McClellan, con su padre y hermano, con 20 años de edad. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington DC. mss31898, box D27; reel 81).
Esta recomendación, sin embargo, fue pasada por alto. Cuando sobrevino la guerra contra México, los veteranos estaban en los más altos mandos y aún continuaban pensando como en los tiempos de antaño. En lugar de ponerse al día, como fueron algunos intentos antes de la guerra, por aplicar las tácticas de batalla que se usaban entonces en Francia, los oficiales se negaban a escuchar cualquier innovación. El mismo Zacarías Taylor no confiaba en la artillería ligera hasta que fue testigo de sus ventajas en el campo de batalla, gracias a eso aprendió.
Los jóvenes egresados de West Point, muchos de ellos tenientes y capitanes, rápidamente ascendieron de rango y fueron frecuentemente muy brillantes. Unos pocos de ellos perdieron la vida y algunos se retiraron al término de la guerra para nunca más volver a pelear, pero otros pasaron a ser comandantes de las fuerzas de los Ejércitos de la Unión (norte) o del Confederado (sur), durante la Guerra de Secesión. Entre los cuales estuvieron Ulysses Grant, Robert E. Lee, Braxton Bragg, Buell, Meade, Joseph E. Johnston, Hooker, Thomas y muchos otros. Como grupo estaban muy conscientes de su entrenamiento y tendían a pavonearse con arrogancia viendo a los mandos superiores, en especial a los oficiales de las tropas de voluntarios, con un cierto aire de desprecio. Uno de ellos, Cadmus M. Wilcox, describió a un graduado de West Point (se colige una auto-descripción):
Habiendo sido muy bien entrenado en las tres armas de servicio, es a la vez competente y eficiente al entrenar a sus hombres, ya sea en caballería, infantería o artillería; es cuidadoso de los detalles al construir baterías y fortificaciones, que dirige con inteligencia, gracias a que recuerda muy bien las enseñanzas de los libros de texto que usó en la academia. Se le inculcó la subordinación, deferencia y respeto por sus oficiales durante sus cuatro años de instrucción y entrenamiento en West Point, y a los usos del servicio que astutamente adapta él mismo (54).
Aunque al final subraye el concepto de “deferencia y respeto” dados a sus superiores, Wilcox también describe las burlas que él y sus compañeros hacían de los errores de los improvisados oficiales voluntarios:
Mientras estaba en Camargo vi lo que se reportó a su tiempo en los diarios como las fortificaciones del general Pillow (55), con un foso adentro. Habiendo salido hace poco de West Point con todo lo que nos habían enseñado, aún muy frescos, mis compañeros y yo lo encontramos ridículo, y uno de ellos, el teniente James Stuart (56), de Carolina del Sur, montado en un caballo salvaje de Texas y galopando a todo lo que daba, derrumbó tanto el parapeto como la zanja. Probablemente el general Pillow no tuvo que ver nada en su construcción (57).
Prejuicios de los soldados regulares
No todos los graduados de West Point menospreciaban a los que consideraban sus inferiores. Ulysses S. Grant (58),por ejemplo, consideraba a los voluntarios que peleaban la guerra contra México como excelentes soldados. Pero él representaba una minoría; mientras que el joven George B. McClellan (59),quien pasó de West Point directamente a una compañía de ingenieros en México, que fue destinado a preceder a Grant como general en jefe de los ejércitos de la Unión durante la Guerra Civil y que además contendió contra Abraham Lincoln en la carrera presidencial de 1864, refleja de una manera más cercana la pobre opinión que tenían de los voluntarios los egresados de West Point. Los improvisados soldados eran un motivo de burla para los profesionales, que además eran “americanos” por nacimiento, a diferencia de los demás que en su mayoría eran inmigrantes:
He resuelto incorporarme al Cuerpo de Ingenieros, pero si de alguna forma resultaran ciertas las recientes noticias provenientes de Texas, muy probablemente deberé ir al frente de batalla, y, lo que, es más, estaré en Texas para fines del mes entrante. La noticia a la que hago alusión es algo que se publicó en el periódico de ayer, en la que se dice que el general Taylor fue vencido, y que perdió 700 hombres (60)–cerca de un tercio de su ejército-. Si ese número es cierto, al menos 100 de ellos eran oficiales, si no es que eran de los soldados rasos (que en su mayor parte son inmigrantes irlandeses y holandeses) (excepto los Dragones que casi todos son americanos) (61),y como consecuencia lógica, los oficiales deberán por sí mismos hacer la labor. De hecho, ningún egresado de esta academia será un cobarde para enfrentar al enemigo. Yo creo que el señalamiento que hago sobre la composición del ejército es un tanto exagerado y no es que esté del todo mal… El ejército de ocupación -1,900 efectivos- está frente a Matamoros, que está defendido por cerca de 7 u 8,000 mexicanos, lo cual nos da un mal presagio sobre una tropa que jamás en su vida ha ni siquiera olido la pólvora. Todos tenemos amigos entre los oficiales, pero la primera cosa que sabemos perfectamente es que la mitad de ellos están locos y que ¡Vamos a ir todos hacia el sur a disfrutar de la misma diversión! (…)
El costo de esto será que ellos tendrán que contar con toda la reserva de voluntarios tal y como lo haría cualquier ejército invasor, y deberán confiar absolutamente en los soldados. Si 7,000 hubieran estado disponibles con el general Taylor en Río Grande, la guerra se hubiera terminado de un soplido, hubiera hecho pedazos a Arista (62),y ese hubiera sido el final de todo (63).
La concentración del ejército de ocupación
Si,al decir de McClellan, los voluntarios no iban a librar a Taylor del peligro al concentrarse cerca de Corpus Christi para la “defensa de Texas”, en el verano de 1845; los soldados no estaban bien preparados para el tipo de campaña requerida en la guerra contra México. Por muchos años habían estado dispersos en territorios extensos y en destacamentos muy pequeños. Fue un acierto haber reunido al ejército para organizarlo en batallones y regimientos y entrenarlos antes de que comenzaran las grandes batallas (64).
Aun así el general Brigadier Taylor consideró esto muy a la ligera. Algunos oficiales que no se habían visto en años estimaron la concentración como una mera reunión social, una oportunidad de fraternizar.
Las escenas en Corpus Christi fueron descritas por John P. Hatch, 2º teniente del 3er Batallón de Infantería, quien llegó hasta capitán, que estuvo presente en las batallas de (Contreras-Churubusco y Chapultepec), y que después fue general brigadier de los voluntarios de los Estados Unidos durante la Guerra Civil:
Encontré aquí a muchos de mis compañeros y amigos de clase… daba risa ver algunos de los oficiales de los dragones con el cabello largo colgándoles por la espalda e inmensos bigotes y barbas de cinco o seis pulgadas de largo, vestidos en el estilo más fantástico imaginable. Casi todos los oficiales prefieren usar ese tipo de arreglo, no dejan que la navaja toque sus caras. He sido muy afortunado en venir, pues es muy probable que no los vuelva a ver en 20 años. Muchos oficiales veteranos jamás habían visto tal cantidad de tropas reunidas. Debimos de ser cerca de 3 mil hombres. Mi regimiento (el tercero) es uno de los mejores, sino es que el mejor. Sentimos mucho orgullo interno por pertenecer a él. Hubo un muy buen clima entre todos los oficiales, todos se mezclaron con todos, el lugar donde estamos es muy amplio, con mesas, platos, muebles, vajilla. Todos la pasamos muy bien y nos divertimos mucho, la carne es muy buena y el pescado es de la mejor calidad (65).
Dos semanas más tarde continúa su narración en otra carta:
Los diferentes segmentos del ejército varían mucho en sus niveles de disciplina. Algunos de ellos no habían estado juntos durante muchos años. El quinto regimiento, por ejemplo, no se había reunido en 9 años, y por ello no habían tenido entrenamiento como el resto de los oficiales, por lo que, sin práctica, se les olvidaron todas las tácticas que les habían enseñado. Tenemos un buen campo de entrenamiento como a un cuarto de milla de aquí, 150 o 200 acres que han sido limpiados por los soldados y les quedó muy bien. El 3º y el 4º han estado practicando ahí juntos, y la semana que viene esperamos al 8º de artillería para que practique con nosotros (66).
Rechazo a la guerra de miembros del ejército regular
El entusiasmo por la campaña contra México no siempre prevaleció entre los oficiales del ejército. No era una cosa rara la aceptación de obedecer tácitamente, o la determinación para hacer lo que fuera necesario, independientemente de sus propios sentimientos. El teniente coronel Ethan Allen Hitchcock (67),quien actuó como inspector en la campaña de Scott en la Ciudad de México, fue más abierto en su postura en contra de la guerra. En una carta, en la que deja ver la influencia de sus estudios de Spinoza y Swedenborg, Hitchcock hace unas fuertes declaraciones antibélicas a su pastor en Nueva Inglaterra, Theodore Parker, sobre su malestar por lo que llama “abominable guerra”:
Aprovecho esta oportunidad… para decirle que coincido con usted en su punto de vista sobre esta abominable guerra en la que nuestro país se ha involucrado con México. Desde mis propias observaciones y por el conocimiento derivado a partir de fuentes confiables, yo podría, si tuviera el tiempo, darle información que sería nueva para usted y que le harían confirmar las opiniones que se ha atrevido a expresar públicamente. Confieso humildemente que no quiero ser víctima de esta guerra sin antes expresar mi protesta contra ella, ya que la considero injusta de nuestra parte, innecesaria y perversa; que atenta contra los mandatos de la Constitución otorgándole ciertos poderes al Congreso. Estoy aquí no por opción, sino porque estando en el ejército es mi deber obedecer las órdenes que dicten los mandos superiores, hasta que el pueblo mismo cambie a esas autoridades. Nuestro gobierno como tal, solamente puede existir bajo este principio. Como individuo condeno y abomino esta guerra, como miembro del gobierno debo proseguirla hasta que a alguien le regrese a la cabeza el sentido de la justicia, aunque creo que sentiría con menos carga esta obligación si me pudiera conducir libremente y con justicia en este aspecto. (68)
Frivolidad militar
Imagen 12. Gardner, Alex-(1864). General Ethan Allen Hitchcock, tarjeta de visita- (Library of Congress, digital Collection, Washington D.C.. LC-MSS-44297-33-188).
Los soldados voluntarios se quejaban continuamente de lo que ellos percibían como favoritismo entre el ejército regular. El coronel William B. Campbell del 1er Regimiento de voluntarios de Tennessee, en una carta escrita cerca de Jalapa, declaraba que los voluntarios aparte de sus propios méritos nunca recibirían justicia de los oficiales del ejército regular:
Jamás volveré a tomar un mando en el ejército si no es en el servicio regular, pues existe un enorme celo y oposición hacia los voluntarios. Mientras todo el control y el mando del ejército y todos sus departamentos estén en manos de los oficiales regulares, jamás se hará justicia a los voluntarios. La totalidad de los oficiales parece que se olvidan de que la victoria en la batalla de Buena Vista (La Angostura) fue de los voluntarios, reconocer eso destruiría al ejército; pareciera que no se alegraran del triunfo de nuestras armas, salvo que sea del ejército regular. Los soldados voluntarios tienen los peores lugares, tienen menos comodidades y privilegios que los soldados regulares, y de cualquier logro que se obtiene, el mérito se lo llevan los soldados regulares. Jamás volveré a entrar como soldado voluntario a menos que sea para defender mi tierra natal o mis más sagradas posesiones (69).
Desde el lado de los soldados regulares, otro furioso crítico acusó al general mayor Scott de favorecer a la élite de West Point a expensas de otros soldados de carrera. Samuel Henry Starr se enlistó como soldado raso y fue promovido a sargento de la Compañía G del 4º de Artillería el 26 de octubre de 1837, luego fue transferido a la Compañía A de Ingenieros en junio de 1846. A pesar de su pesimista reporte, se le nombró teniente 2º el 13 de julio de 1848, luego 1er teniente en 1851, y capitán en 1858, para luego retirarse con el rango de coronel en 1870. Recibió tres condecoraciones durante la Guerra Civil.
He dejado de lado la idea de ganar esa espada por considerarlo imposible pues, aunque pudiera, sin ayuda y solo, rodear a todo el ejército mexicano, y hacerlo mi prisionero de guerra, incluyendo a Santa Ana, no tendría ningún mérito, pues aquí nada cuenta si uno no es graduado de West Point. Hay mucha insatisfacción de la toma de Veracruz. Muchos, como yo, piensan que todos sus esfuerzos fueron en vano, al no haber sido tomados en cuenta por el Comandante en Jefe, tal vez porque quería llevarse él todo el mérito, y llegar a cuestas de los conquistados hasta la silla presidencial (70).
Los nuevos reglamentos del ejército regular
Tan grave como cualquier otro problema, el más serio era el de los números. Era obvio que a fines de 1846 tenía que hacerse algo urgente para reforzar al ejército regular. A pesar de las medidas rigurosas para el reclutamiento, como reducir los requerimientos físicos y pagar $ 2.00 por persona a aquellos que se inscribieran como reclutas, los resultados no eran satisfactorios (71). En diciembre, el secretario de Guerra admitió en su reporte anual que el ejército estaba con 7,000 hombres por debajo de los niveles autorizados (72).Ante un Congreso al que solo lo movían los motivos económicos parecía más viable pedir que los estados siguieran aportando más regimientos de voluntarios que pudieran ser regresados rápidamente al término de la guerra (73).Cuando el presidente solicitó diez regimientos adicionales de soldados regulares, las discusiones políticas ensombrecieron rápidamente el panorama. Un Whig escribió: “Los regimientos se llenarán con demócratas de Polk” (74). Después de un largo período de indecisión, sobre todo en el Senado, el Congreso aprobó el 11 de febrero de 1847 la llamada “Propuesta de los 10 regimientos”. Por medio de esta se autorizaban 10 regimientos para servir durante la Guerra, pero no más allá de su término (75). A cada recluta se le prometieron 100 acres de tierra si terminaba su labor con honor. Dado que pocos oficiales sacrificarían sus carreras para ser transferidos a un regimiento que desaparecería al final de la guerra, los 10 regimientos fueron comandados, en general, por oficiales novatos (76). Algunos de ellos eran “hombres muy jóvenes, y con muy poca preparación” (77);otros habían sido catalogados en los informes de la última guerra como “reservas” que habían servido en la milicia y renunciado para integrarse a la vida civil, pero que de nuevo estaban listos para ser comisionados.
Además de que los reclutas eran “generalmente hombres muy apuestos” (78), los soldados regulares experimentados se referían a ellos como “crudamente frívolos”. En un comentario acerca de la calidad del 3er Regimiento de Dragones, que era uno de los diez nuevos regimientos, el coronel William H. Harney, comandante de la Brigada de Caballería, escribió al adjunto del general Scott:
78 – Ibíd.
El tercero de dragones fue puesto bajo mi mando el diez de julio en Puebla. Los oficiales y los hombres eran perfectamente ignorantes de cualquier asunto relacionado con la instrucción militar y la disciplina. Desde entonces he hecho lo humanamente posible para inducir a los oficiales para que aprendan sus deberes, y para que instruyan a sus hombres, pero hasta ahora los resultados han sido muy pobres. Los oficiales están cerca de ser unos caballeros y los hombres son tan buenos como cualquier soldado del ejército regular, pero los oficiales requieren de disposición para aprender sus deberes, y parece que no tienen ningún orgullo por su profesión ni por sus compañías. Bajo estas circunstancias, llevará mucho tiempo hacer eficientes a estos oficiales y soldados (79).
Raphael Semmes, entonces un teniente de la Marina, destinado a ser el comandante de Alabama en la Guerra Civil, se dio cuenta de que los oficiales de los “nuevos regimientos” eran más astutos para la política que para las maniobras militares:
El general Franklin llegó a Puebla al mando de dos mil quinientos hombres, incluyendo un destacamento de trescientos marinos, bajo el mando del teniente coronel S.E. Watson. Estos hombres, con excepción de los marinos pertenecían todos a los diez nuevos regimientos que han sido autorizados por el Congreso tan pronto dio comienzo la guerra (sic. 11 de febrero de 1847). Muchos de los oficiales de estos regimientos eran evidentemente gente de ciudad, que necesitaban de arduos entrenamientos y disciplina para poder llegar a ser considerados útiles. Sus uniformes parecían haber sido hechos por el sastre del pueblo. Cuando llegó el momento de reunirlos miraban a sus caballos con recelo y no sabían cómo portar sus armas ni sus sables, como caballeros muy inteligentes, que más bien parecía que estaban en una carrera de caballos o en una demostración, pero que evidentemente tenían poca familiaridad con barracas o campos de batalla. Lo más vergonzoso era tener que desacreditar las elecciones que los oficiales veteranos habían hecho al seleccionar estos regimientos –con el consecuente disgusto general-.No es que esos oficiales esperaran que los civiles se quedaran fuera, sino que se esperaba que por lo menos reunieran un mínimo de capacidad. Olvidaron por un momento que no eran políticos, destinados a ser alabados, sino patriotas que estaban defendiendo a su país, que habían sido removidos de los precintos de las urnas para enviarlos a un cuartel.(80)
A pesar de las fricciones con los “frívolos” soldados regulares, se constituyeron en una fuerza de pelea admirable. Tras largas horas de entrenamiento, y con una adecuada organización, se formaron regimientos como la 2ª División del general Worth, que estuvo en la batalla de Monterrey y que sorprendió hasta a los voluntarios. Uno de estos era el capitán John R. Kenly, de la compañía E del batallón de Baltimore y Washington (81), quién escribió:
Por la mañana escuche que a la División del general Worth (82) se le había ordenado regresar a acción en el lado oeste del pueblo (Monterrey) y que estaban ya en marcha. Fui a su campamento y los vi partir; los hombres tenían una moral alta, y esa división de tropas regulares presentaba un aspecto que nunca se borrará de mi memoria. Era entre militar y marcial, se veían tan limpios, sus armas y aparejos tan bellamente ordenados, que todo mi entusiasmo por los soldados fue grandemente gratificado. El batallón de artillería (83) llamó particularmente mi atención: “la artillería de las piernas rojas” (como eran llamados por la franja roja que corría por un costado de sus pantalones azules). Jamás un uniforme lució tan bien en un desfile militar (84).
Profesionalismo de los soldados regulares
El general Mayor Winfield Scott, en una carta al general William L. Macy, secretario de Guerra, describe la contundente eficiencia de un regimiento de soldados regulares al realizar las funciones diarias de campo, en amplio contraste con la falta de cuidado y menor eficiencia de los voluntarios de su ejército:
Los controvertidos voluntarios
Los soldados voluntarios (86), con prácticamente ningún entrenamiento, poca disciplina y mala organización, se encontraron de repente sufriendo las privaciones y peligros de la guerra y eran el ojo del huracán. Los soldados regulares los denominaban como “viles voluntarios”, y sus oficiales no los defendían de esos ataques. Porque sus servicios eran necesarios creían que podían ser peleoneros, petulantes, sin interés de aceptar ninguna disciplina, con apariencia de vagos, y algunas otras cosas más; todo eso era puesto en contrapunto frente al aburrimiento del campamento, los horrores de marchas absurdas, las enfermedades a las que se exponían, los errores de sus comandantes y su propio coraje en batalla.
Aparentemente no se les describe mucho. La ley del 13 de mayo de 1846 dedicada a los regimientos de voluntarios especificaba que no deberían tener los mismos uniformes que los otros cuerpos militares del ejército de los Estados Unidos. En lugar de la casaca azul y los pantalones de soldado, las vestimentas variaban de una compañía a otra y de un regimiento a otro (87).El batallón Baltimore (88) tuvo suerte porque estaba ligado a un regimiento del ejército y usaron orgullosamente su uniforme azul. Mientras que otros tenían “curiosos uniformes y sombreros”. Un observador, que solo firmó como “Dan”, en una carta al Charleston Mercury describió al Regimiento de Palmetto, Carolina del Sur, como un “desfile de pillos” y llegó a decir: “imaginen a 700 hombres, componiendo 10 compañías, cada una, a excepción de las de Charleston y Richland adornada con rojo, azul, verde, a cuadros y camisas blancas sobre sus “inmundicias”, capotes de Kilmarnock o sombreros de algodón blanco como cascos o cortados al modo antiguo, queriendo buscar protección de las consabidas tormentas, mientras que sus piernas lucían una variedad de botas, zapatos y calcetines! (89) “ Los “cazadores de Kentucky” (90) se llevaron la categoría de vestimenta más pintoresca, al igual que su título.
El regimiento de caballería del coronel Humphrey Marshall consta de 100 hombres fuertes y marciales. Por lo general son hombres muy atléticos que montan espléndidos caballos, y su pintoresca vestimenta les da un aire romántico. El sombrero en particular es muy singular, es un castor deslucido en forma de tricornio adornado con estrellas y un lazo dorado. Usan la barba sin recortar, y traen botas arriba de los pantalones hasta arriba de la rodilla, armados con grandes espuelas en los tobillos pintadas de rojo. (91) Tal vez los voluntarios más llamativos por su apariencia eran los comandados por el coronel Alexander W. Doniphan (92).
Un joven observador, recién llegado a Nueva Orleáns, los describe como si hubieran llegado de una odisea que los hubiera llevado de Missouri hasta Santa Fe, de ahí al Río Grande a El Paso, después a Chihuahua, de ahí a Saltillo, Matamoros y finalmente a Nueva Orleáns:
La más grande atracción en el pueblo es el coronel Doniphan y su regimiento de voluntarios de Missouri que se hacen llamar “los Leones”, pero en mi opinión parecen más osos de las rocallosas que personas de Nueva Orleáns o cualquier otra clase de leones que yo haya podido ver. El coronel Doniphan parece un conductor. Mide seis pies y cuatro pulgadas, pesa cerca de 240 a 260 libras, tiene los dedos de cerca de 9 pulgadas, y sus pies van en proporción. Tiene el cabello rojo arena y se le hace como espinas de puerco espín. Sus hombres dicen que no le teme ni al diablo ni a Dios que lo crearon. Muchos de sus hombres parecen más bien gigantes que hombres, pues miden de seis pies a seis pies y cuatro pulgadas y media de alto, si puedes imaginar a un hombre de ese tamaño con una piel de venado, camisa de cazador y pantalones cosidos con el mismo material y una careta de piel de oso. Si puedes imaginar una gran porción de los hombres de ese regimiento, son una mezcla que nunca antes has visto y que no se parece a nada que conozcas. (93)
Imagen 14. Grant, Jewet. (1850). “Coronel Alexander W. Doniphan, grabado ca 1846”, en Taylor Hughes, John, Doniphan´s expedition. Cincinnati, J.A. & U.P. James, p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/n5
El acuartelamiento de los nuevos soldados voluntarios
Imagen 15. Anónimo. (1846). Daguerrotipo del cuerpo de Voluntarios de New Hampshire desfilando en su partida hacia México (New Hampshire Historical Collection, 1974.045.08.011).
Mediante un comunicado de guerra, enviado apresuradamente al Congreso, y que se hizo decreto de ley el 13 de mayo de 1846, se le concedió al presidente Polk la autoridad para utilizar el ejército, la milicia, y las fuerzas navales contra México. En él, a la vez, se hacia una petición por “no menos de 50 mil voluntarios”; y el general de brigada John E. Wool (94), que había ganado fama en la batalla de Plattsburg, en la Guerra de 1812, fue nombrado para coordinar los varios puntos de acuartelamiento en el valle del Mississippi, al cual llegaron miles de voluntarios de Alton, Cincinnati, Louisville, y otros centros de reclutamiento.
En un reporte mandado al secretario de Guerra Marcy, escrito a finales de la primera semana de junio, Wool revelaba el tremendo desorden en que se estaba transformando la llegada de los voluntarios a los campamentos de reclutamiento:
Cerca de mil voluntarios provenientes del estado de Ohio están ya reunidos en esta plaza (Cincinnati), y se espera que lleguen 500 a 600 hombres esta semana. La cuota requerida se dará probablemente en unos 10 días. La mayoría de los voluntarios ya está acá, pero no están organizados en compañías, como se supone que debería ser de acuerdo con la orden dada por el Gobernador del Estado para enlistarlos en el ejército de los Estados Unidos. Al parecer las compañías se están formando según se fueron apuntando los hombres. Cuando se completa la compañía, por su número, no por su organización, se les recluta como miembros del ejército al servicio de Estados Unidos. Una vez que se han concentrado, el Gobernador los organiza en regimientos y me los entrega. Ese es el estado en el que se encuentran los voluntarios de Ohio, por lo que seguramente tomara dos semanas más de lo planeado el poder llevar todo este trámite de organizarlos como regimientos y que estén listos para entrar al servicio.
Los tres regimientos de Kentucky estarán listos en Louisville mañana, según me lo han reportado, y serán inspeccionados y reclutados por el coronel Croghan (95),tras de lo cual saldrá para Memphis con el fin de inspeccionar y reclutar las tropas de Tennessee donde se reporta que tres regimientos ya están formados.
Después de revisar las tropas en ese sitio el coronel Croghan procederá a enlistar el regimiento de Mississippi, que se reunirá en Vicksburg. El coronel Churchill ha sido enviado a reclutar las tropas de Indiana y de Illinois. Jefes de cuartel y comisarios han sido enviados con provisiones de los diferentes Estados a los diversos puntos de acuartelamiento para aprovisionar las tiendas del cuartel general y en cuanto lleguen los voluntarios darles alojamiento.
El coronel Yell (96) que está en su ruta a Arkansas me llamó esta mañana, para decirme que el presidente le había instruido para que se pusiera a mis órdenes y recibiera órdenes sobre el manejo de su contingente. Le hice ver que mis indicaciones no incluían a su Regimiento y que yo suponía que el recibiría instrucciones directas de Washington. Sin embargo, le recomendé que era mejor que preparara su regimiento para ponerse en marcha tan pronto como pudiera. Mientras eso sucede voy a escribir a Washington para hablar sobre el particular.
He escrito al general adjunto y le he informado de la conversación que tuve con el coronel Yell.
Debo partir para Louisville mañana por la tarde, y deberé ir a otras muchas partes donde se requiera mi presencia, y cuando haya acabado ahí regresaré a Cincinnati a tiempo para recibir al Regimiento de Ohio….
P.D. No he tenido noticias del teniente coronel Talcott (97)sobre la provisión de armas y equipos que se deben de dar a los voluntarios. Esto se debe solucionar y enviarse a los diferentes campos de acuartelamiento lo antes posible. Muchos de los voluntarios están muy ansiosos por partir hacia México. (98)
Los soldados voluntarios no cumplían con la imagen del militar perfecto. Samuel Ryan Curtis, adjunto del gobernador de Ohio, estaba consternado y se desanimó cuando conoció a los nuevos reclutas en Columbus:
Era tal reunión de chicos torpes y poco elegantes como nunca se había visto… Deberías de verlos cuando se les dio la primera orden: “¡flanco derecho!”. Si conoces a mi pequeño Henry cuando le doy la misma orden, bueno, él es un “veterano” comparado con estos. Espero que no le muestres esto a nadie. Nuestros Voluntarios de Ohio lo tomarían como un reproche. Y no quiero ofenderles con esto. No dudo que ellos tengan tanta experiencia como yo la tenía cuando apenas entré a West Point. Creo que debí de ser la burla de todos los cadetes mayores. Me acuerdo perfectamente de esa época. Yo estaba en la parte este de la barraca norte y podía hacer una reverencia de más de nueve pulgadas con la espalda firme y recta. No hay duda de ello. (99)
Una visión germana de las tropas fue dada por Alexander Konze (100), un inmigrante alemán y reconocido escritor de la prensa de habla alemana en Milwaukee, que se unió a los voluntarios que habían sido llamados a su reclutamiento. Su visión sobre sus compañeros de armas fue benévola, pero no pudo evitar hacer una comparación entre el desorden y la torpeza de los soldados americanos y la pulcritud y disciplina de la vida militar alemana.
Pero no se desanimó ya que, después de todo, algunos americanos por lo menos se estaban dejando crecer la barba:
Como es sabido, Alton es el campo donde se concentran los voluntarios de Illinois y créanme el lugar está muy bien elegido, es de fácil acceso por vía fluvial por los ríos de Mississippi y de Illinois, en la cercanía de una gran ciudad como San Luis, y el panorama es bonito. Todo esto lo convierte en un muy buen sitio de reunión. Han llegado cerca de treinta compañías y el regimiento Baker de Springfield (101) está por llegar hoy. Muchas divisiones están acuarteladas en el pueblo mismo y muchos soldados han ido a un campo que está a cerca de una milla de Alton.
La vida dentro y fuera del pueblo tiene mucha actividad, uno se encuentra en este sitio donde miles de jóvenes, la mayoría sin educación alguna, han sido confinados en un área relativamente chica y, sin embargo, no existe ninguno de los excesos ni libertinaje que hacen de los campos de reclutamiento europeos un espectáculo desagradable para el espectador. Los castigos se aplican muy rara vez y las costumbres de las personas los controlan más que lo que lo hacen las leyes y las normas estrictas en cualquier otra parte. Es la bendición de tener una Constitución libre, bajo la cual cada hombre aprende como auto gobernarse y no depende de un hombre que esté más alto para que domine sus pasiones con miedo esclavizante. Viéndolo exclusivamente desde el punto de vista militar, el prospecto luce mucho menos brillante. Mis compañeros de armas están muy alejados, por no decir que no tienen ninguna experiencia en el uso de armas y sus uniformes son meros remedos. Hay coroneles que andan por ahí en abrigos desgastados y con pantalones inadecuados de un color que ya no se distingue. Muchos capitanes dirigen sus tropas usando zapatos y una vez pude ver a uno con las mangas arremangadas, presentando sus hombres a su coronel. Los oficiales, a los cuales ha guiado la ambición, son los menos adecuados para merecer respeto pero están más conscientes de esta ventaja, no se cansan de preparar sus espadas, de probar su filo y limpiarlas. La forma tan provinciana de verse y de comportarse de estos “señores de la guerra” solo puede ser descrita por este observador. Sin embargo, existen oficiales y compañías que ya pintan para tener un aire marcial, y de manera general la psique de los soldados es poderosa y decidida. Algunas veces yo mismo me siento menos, como cuando un leñador de siete pies de alto se para junto a mí, pero me consuela saber que en la batalla tendré la ventaja de que estará a mi lado.
Los uniformes, que son diferentes en cada compañía, consisten en chaquetas cortas o abrigos, usualmente azules o grises con vivos amarillos o rojos. La ropa más bien parece de verano, no hay telas gruesas, no he visto prácticamente otra arma que mosquetes, aunque algunas compañías están provistas de rifles largos y dagas que sólo tendrían sitio en un museo de curiosidades. Por cada seis hombres hay una tienda que desde lejos se ve bonita, pero que sería mucho más si fuere más espaciosa y no tan caliente. La colina donde se han instalado las tiendas está llena de robles así que es un lugar muy bien sombreado. El campamento presenta un aspecto que no sería despreciable a ningún pintor a excepción hecha de que el artista sea amante de la música, dado que las desentonadas notas de flauta y tambores que hacen estos hombres lo harían salir huyendo.
El destino de las tropas de Illinois, tal y como se sabe hoy, parece ser el Río Grande y se espera que el senador Semple (102) se haga cargo de ellas esta semana. La compañía de la cual formo honrosamente parte es la primera de Belleville del condado de Santa Clara y se les llama los Rangers de Texas. De entre sus 94 miembros solamente hay 19 americanos por nacimiento, el resto son alemanes; de entre los oficiales solo el primer teniente es americano, dado que nuestro excapitán Morrison ha sido ascendido al grado de mayor. La capitanía la ha ocupado Julios Raiht que es alemán, así que las fuerzas heroicas con las que se pretende defender Texas honrarán el nombre de Alemania para humillación de los nativos. De entre los miembros de la compañía hay personas espléndidamente educadas, de las cuales el mayor Morrison (103) se expresó muy bien cuando me dijo: “Se sientan a discutir temas de metafísica”.
Antes de terminar, me gustaría decir algo que me parece de relevancia en este momento histórico. Los americanos están comenzando a dejarse crecer el bigote y algunos de ellos logran poseer unos envidiables. Yo veo en esto un buen síntoma de que está desapareciendo el puritanismo extremo que es la maldición de esta tierra. Mis más grandes saludos a los muchachos de Milwaukee.” (104)
Falta de disciplina entre los soldados voluntarios
Imagen 16. F &S Palmer. (1846). “As you were…” (A pesar de…), caricatura de los soldados voluntarios de Texas, señalando la diversidad cultural y poca preparación de los soldados voluntarios de Texas (Library of the Congress, Digital Collection, Washington D.C. LC-USZ62-1272)
En general las opiniones acerca de la conducta de los soldados voluntarios varían mucho, sin embargo hay una constante: su falta de disciplina. Esto era probablemente inevitable dado que era un ejército de civiles, creado cuando el individualismo rampante era patente, mucho más que solo ser un valor político. Un oficial señaló que muchos de los reclutas del batallón de Baltimore “Han sido marinos, bomberos, pescadores, etc., que no están acostumbrados a ninguna disciplina, son inquietos, solo quieren estarse divirtiendo y son muy difíciles de controlar en el campo…”. (105) Era imposible transformar a un “americano libre” en un soldado solo por el hecho de haberlo enlistado. Ellos deberían “pelear como tigres hasta no ver la bandera de las barras y las estrellas ondear sobre las murallas de México…” (106), pero, como no había aún mucha pelea que dar, estaban muy impacientes.
Aún antes de que dejaran sus campamentos ya circulaban varios chismes de “su propensión a la indisciplina”, lo cual apareció en los periódicos de Cincinnati y Louisville y fue reimpreso por diarios como el Nile’s Nacional Register:
Campo Washington (Cincinnati). Estamos satisfechos de decirles que uno o dos regimientos de voluntarios saldrán esta semana. En cuanto más rápido se marchen, mejor. La situación que ha existido en el campamento es una verdadera desgracia para todos aquellos que la han presenciado. El domingo había un clima de insubordinación (ayudado por el alcohol), sin que cualquiera que quisiera imponer la ley y el orden fuera tomado en cuenta. Las tropas a las que se les había pagado por la mañana dos meses de salario adelantado no hacían sino pensar en donde podrían gastar su dinero.
Nos duele mucho ver la predisposición al desorden y a los excesos, manifestada por los ciudadanos soldados voluntarios en servicio. Las compañías en Louisville han dado muchas muestras de tener un carácter inapropiado, en donde cuchillos, pistolas y otros instrumentos (armas) sureños han tenido que ser decomisados. El señor Marshall (107) casi pierde la vida en un intento por detener una de estas peleas.
El Louisville Journal del 29 de junio dice: “hubo otro penoso incidente entre ciudadanos y voluntarios ayer por la tarde en la calle Green. Se sabe que un hombre llamado Davis fue tan seriamente golpeado por los voluntarios que se teme por su vida. La policía llegó rápido al lugar de los hechos y numerosos ciudadanos se unieron a ellos. Pierce Buttler (108) y el coronel McKee (109) contuvieron a la multitud, que se dispersó después. Uno de los voluntarios, el principal actor en esta gresca, fue puesto en la cárcel”. (110)
Selección de los oficiales de los soldados voluntarios
El que hubiera un sentido de igualdad, ausente en el ejército regular, contribuyó a la indisciplina; los oficiales eran superiores en rango, pero no en aptitudes. Este hecho era aumentado porque el ascender a través del escalafón, de acuerdo con las leyes estatales, debería de hacerse por la elección de los propios hombres que formaran el batallón, y si hubiera una sospecha de que este derecho sería anulado las protestas no tardarían en surgir.
El St. Louis Republican protestó sobre un ex miembro del Congreso, Sterling Priece, que organizó un regimiento en Missouri y fue acusado de presionar para ser elegido coronel, amenazando al regimiento con disolverlo si no lo elegían. Había revancha política en esto (111), pero los oficiales de los tres regimientos de Illinois también descubrieron que la administración de Polk y los miembros del Congreso consideraban las comisiones militares sinónimo de dádiva. El diario de St. Louis presenta así el caso:
La elección de los oficiales frecuentemente daba como resultado inconformidades y protestas por fraude, que no solamente sostenían aquellos que habían perdido y que habían sido nominados por sus compañeros. Por ejemplo, en el 2º Regimiento de Voluntarios de Indiana el coronel Joseph Lane, que era quien mandaba ahí, fue promovido a general brigadier y asignado para controlar la brigada de Indiana. La elección se realizó en el campamento Withcomb, cercano a New Albany, en donde el capitán W.L. Anderson, de los “Grises de Spencer”, recibió la más alta cantidad de sufragios; pero debido a que los votos de la compañía del capitán Walter no fueron contabilizados, ya que no llegaron a tiempo, el capitán William A. Bowles fue elegido coronel. Las tres compañías se negaron a firmar sus certificados de elección, otra más se hizo cuando los soldados llegaron a México (Brazos Santiago) y Bowles fue electo, pero no pudo tomar posesión hasta que recibió su nombramiento (113). Un acontecimiento de índole electoral que fue muy significativo fue la “revuelta” de una compañía del condado de Covington, Mississippi. Cuando la elección del primer teniente no les favoreció, abandonaron el ejército y regresaron a sus casas, solo para ser regresados por un frente ciudadano de su condado. El general Scott les concedió permanecer solo como “aficionados” que eran más o menos independientes. Fue una solución innovadora y a la compañía se le llegó a conocer como “los hagan lo que quieran”. Su historia fue relatada por Kenneth McKenzie, nativo de Mississippi y parte de los “Muchachos del Condado de Covington”, quien se unió a la revuelta, pero no fue a México con la compañía. Así lo describe en una carta a Duncan Mc Laurin de Carolina del Norte:
No sabes cuantos de nuestros voluntarios se enlistan por menos de 12 meses, mucho antes de que acabe la guerra. Creo que puedo aclararte el asunto. Te daré los detalles de cómo se formó nuestro cuerpo. Nos encontramos muchas veces en nuestro propio condado e hicimos lo que pudimos, luego fuimos al campo militar de Laurence, Monticello e hicimos algunas cosas más. Supimos que 30 hombres estaban listos para unírsenos en Gallean, el campo de Copiah. Ahí se cubrió la cuota para formar la compañía. Por orden expresa del Gobernador Brown se nos envió a Jackson sin ningún oficial al mando. Ahí se nos indicó que elegiríamos a nuestros oficiales. Elegimos como capitán al asistente del general Benjamín C. Buckl pero por aclamación los “Muchachos del Condado de Covington” escogimos al primer teniente, pero la elección dolosamente fue anulada, nos revelamos y deshicimos la compañía a causa del fraude realizado por la máxima autoridad del estado, el Gobernador Brown. Yo mismo fui testigo de su actitud deshonesta y estaba plenamente consciente de ello. Regresamos a casa completamente en insatisfechos. Se había reunido un fondo de varios miles de dólares para beneficio de los voluntarios de Covington, el cual los mencionados aceptaron. Yo iba a aceptar ese dinero, pero me detuvo el que lo supieran mis amigos y mis padres. Ahora los chicos están por su cuenta pero fueron retenidos por el general Scott para acallar sus protestas, y cuando quieran renunciar deben venir a Nueva Orleáns a expensas del gobierno (114).No estoy de cuerpo presente con ellos, pero de forma espiritual sí y te digo de corazón que he derramado lágrimas en silencio por sus vidas y por sus sufrimientos y por todos los que han dejado (115).
Veamos un escrito hecho después del incidente por el hermano de Kenneth McKenzie, Daniel C. McKenzie, quien se encontraba en México:
Después de que te escribí desde Tampico, el general Scott llegó con una solicitud mediante la cual se nos permitía entrar a cualquier porción del ejército de voluntarios como “simpatizantes” por cualquier lapso de tiempo que deseáramos, con la oportunidad de intercambiar con otros y tener todos los beneficios de los oficiales sin rango; por ejemplo, podríamos comprar cualquier cosa en la tienda del cuartel como comida, lo cual no les está permitido a los soldados rasos. Pagaríamos por nuestro transporte, no recibiríamos paga y no tendríamos que realizar ninguna labor de soldados, al menos que nos enfrentáramos cara a cara con el enemigo… Solamente he estado en una batalla en México que fue la de Veracruz, en esa escaramuza yo diría que la pase muy mal. 16 georgianos y 7 de nosotros tuvimos que contender contra un regimiento de criaturas morenas comandadas por el general Juan Morales.116
Valoración de los voluntarios como soldados
Característicos de los juicios descalificativos hacia los voluntarios, son los que dan el teniente Thomas Williams del 4º de Artillería y el Mayor Luther Giddings de los Voluntarios de Ohio. Williams los juzgó no dándoles ningún mérito:
El ejército está en buenas condiciones y dispuesto a seguir adelante. Algunos de los voluntarios, sin embargo, no saben distinguir ni siquiera las partes de su mosquete, pero los soldados se encargarán de todo. Si los bravos voluntarios corren al primer disparo nunca regresarán a casa como héroes, aunque estos asuntos de reputación se arreglan fácilmente hoy gracias a los escritores. Es un hecho notorio del ejército aquí que los voluntarios de Baltimore que han sido aplaudidos y que han recibido las gracias de la legislatura de Maryland, por su conducta en Monterrey, sean tan poco aptos para el combate. La mayoría salió corriendo y dejó el cadáver de su coronel ahí tirado. Los militares jamás hubieran hecho eso. ¡Como pudieron hacer eso! Ellos que quieren tener todo lo que constituye a un verdadero soldado. Estoy seguro de que los civiles concuerdan conmigo en que el abrigo no hace al hombre. Este es el sentimiento popular, y los demagogos lo propagan para ganar votos. Si el país no deja de enviar voluntarios se va a crear una deuda enorme comparable a la que tenemos con Gran Bretaña. Son inútiles, inútiles, inútiles –son un caro desperdicio- buenos para nada. (117)
Los Rangers de Texas
El Mayor Luther Giddings, del 1º de Voluntarios de Ohio, veía a los Rangers de Texas (118)de una manera diferente. En un libro, que se publicó cinco años después de que terminara la guerra, escribió:
El ejército de voluntarios está compuesto principalmente de jóvenes que recién han alcanzado la edad en la que el entusiasmo de la juventud y el vigor de la virilidad se juntan. La “Guardia Juvenil” de Napoleón no tenía en sus filas tanta energía, valor y arrojo, que el que se encuentra en este grupo. Ha habido soldados en varios regimientos a quienes he conocido cuando éramos todos jóvenes, quienes contemplaban el prospecto de una campaña ardua con mayor gusto del que jamás encontraron en recitar Tucídides o Juvenal. Para muchos de ellos, una batería era un lugar más deseado que estar ante un pizarrón y estoy convencido de que muchos de mis ex compañeros de clase se han lanzado a la tarea con mayor ahínco que el que tuvieron para demostrar el pons asinorum de Euclides. Muchos espíritus aventureros, que fracasaron en obtener un puesto decente en la infantería y que estaban decididos a participar en la guerra, aunque fuera como soldados rasos; atraídos por la escasa disciplina, y porque el servicio en la caballería Texana era demasiado peligroso, se hicieron Rangers. Había dos regimientos de tropas texanas en el ejército, comandados por los coroneles Hays (119) y Wood (120), pertenecientes a la brigada del general Henderson (121). Su conocimiento del carácter del enemigo, su familiaridad con la frontera adquirida por largas luchas, les daban un gran valor durante la invasión. El carácter de los Rangers de Texas es bien conocido por amigos y detractores. Dado que es un soldado a caballo no tiene comparación con ningún otro país, ni con ninguna otra época. Ni los Caballeros, ni los Cosacos, Mamelucos, ni los Mosstroopers escoceses son como ellos, pero de algún modo tienen elementos de todos. (122)
De todos los voluntarios los Rangers fueron los más controvertidos, pero en lo que todos coincidían era en que se trataba de hombres desaliñados, indisciplinados, brutales hacia los mexicanos, devastadores como guerrilleros e invaluables como exploradores. Brantz Mayer en su “Historia de la Guerra entre México y Estados Unidos”, publicada en 1848, describe a estos texanos montados:
RANGERS DE TEXAS… Eran los más rebeldes e inquietos hijos de la frontera, que siempre vivieron en una especie de guerra entre los ataques de los indios y los asaltos de los pillos mexicanos que arrasaban los asentamientos del oeste de Texas en las cercanías de Guadalupe, La Vaca, y San Antonio. Se organizaron en compañías para su mutua defensa a lo largo de la frontera. Vivían continuamente preparados para la batalla o estar en un campamento, y estaban siempre peleando contra el enemigo más allá de las fronteras de la civilización.
Como es de suponer, estos hombres que habían pasado su vida en el bosque, en el llano, o alrededor del fuego, en invierno no podían presentar el aspecto gallardo de las tropas en un desfile; además son descuidados en su aspecto y adaptan su ropa estrictamente a lo que es funcional para la batalla. Su preocupación primordial es proveerse de un caballo fornido y ágil, capaz de aguantar la fatiga y el clima del sur. Su sable español es cubierto cuidadosamente por una funda de piel y a sus lados tiene una serie de cordones de donde penden todos los artefactos que necesita para sobrevivir en el bosque. No se le permite llevar equipaje, un lazo trenzado y un cavaros de crin es enrollado alrededor de su silla de montar, para desenrollarlo más tarde al dormir y puesto en el suelo para formar círculos que no dejan pasar a las alimañas porque al rozar con su áspera textura desisten de su intento. Mientras que su caballo amarrado con un lazo más largo puede caminar alrededor sin apartarse nunca de su amo.
Polainas de gamuza fuerte, camisa cazadora y capa lo protegen de las espinas de cactus y maleza. Sus armas tienen su atención casi tanto como su caballo, su largo y pesado rifle carga de 50 a 60 balas. En su cintura lleva un cuchillo y a veces un juego de pistolas son agregadas a esta poderosa armadura. En su lado derecho carga la bolsa de las municiones y el cuerno de la pólvora, y la tira de la cual cuelgan estas está acolchonada en el hombro para aligerar la presión de las pistolas. Como es un tirador muy preciso puede disparar aún en plena cabalgata y acertar. Se puede decir que es un escogido, pero no en el que se usa en el lenguaje militar. De ninguna manera escogió ser soldado, sino un hombre rudo que ha encontrado su lugar en la frontera y que se alía con otros a causa de la peligrosa vida a la que se enfrenta.(123)
Un grupo de historiadores hispanos a principios del siglo XXI lanzó el Proyecto “Negándose a Olvidar”, para colocar en la memoria pública de Estados Unidos las matanzas de mexicanos, tejanos e indígenas,registradas a manos de los «Rangers de Texas»; sobre todo las mejor documentadas, que fueron las que hubo entre 1910 y 1920, con investigaciones que revelan la existencia de un oscuro capítulo histórico de limpieza étnica.
Los Rangers mataron a cientos, posiblemente a miles, de mexicanos y tejanos de origen hispano residentes del sur de Texas. Algunas de las víctimas eran bandidos que delinquían en el lado estadunidense, pero muchas de ellas fueron personas inocentes. Los especialistas persuadieron a la Comisión Histórica de Texas de erigir marcadores conmemorativos en los sitios en que ocurrieron las principales matanzas del conflicto que enfrentó a texanos contra los “tejanos”, como se les conoce a los residentes de Texas de origen mexicano.
Esta parte de la historia importa porque el Estado nunca ha asumido la responsabilidad de las masacres. Hay una gran disparidad sobre el número de víctimas del genocidio, debido a la naturaleza extralegal de la violencia y a los intentos de sus autores por no dejar ningún registro oficial incriminatorio.
Múltiples historias de asesinatos individuales se han ido pasando a través de las familias originarias pero este periodo no ha llegado a los libros aún, es una tarea la recuperación de esta vergonzosa memoria para el futuro.
Virtudes y defectos de los soldados voluntarios
S. Compton Smith fue cirujano (124) en el ejército del general Taylor en México. Después de la guerra realizó un juicio muy justo sobre las virtudes y defectos de los voluntarios, incluyendo a los Rangers:
Las primeras fuerzas de soldados voluntarios que, en obediencia a los mandatos en los diferentes estados, se apresuraron para reforzar las tropas del general Taylor se conformaron de muy distintos elementos de las que se enviaron hacia el final de la guerra.
Las primeras estaban impulsadas por motivos generosos, no por sentimientos mercenarios. Eran los mejores hombres del país, en su mayoría jóvenes, muchos de los cuales provenían de las mejores familias, eran instruidos y refinados.
Era posible encontrar entre las filas del ejército a caballeros que portaban sus rifles como soldados rasos, y no era raro que un soldado raso saludara a su comandante mientras hacía una ronda, cosa que de estar en circunstancias normales jamás hubiera sucedido, ya que se movían en diferentes mundos. Ellos eran valientes y llenos de decisión, que no se ensoberbecían por sentir que todos los ojos y esperanzas de la nación estuvieran puestos en ellos. Cada uno de ellos tenía muy claro su sentido de responsabilidad para con su nación y sabía que sería el único en que podía descansar su propia responsabilidad. Así eran los regimientos armados de Texas y Mississippi, los de Luisiana y los de los estados sureños, los de Kentucky, Tennessee Illinois y Ohio. También es cierto que muchos otros regimientos que llegaron a México después de la batalla de Monterrey estaban muy bien dispuestos, compuestos por buenos elementos que los comandaban bien. De todos los voluntarios sureños del ejército del general Taylor, los de Mississippi y los hombres de los Rangers de Texas se distinguían entre todos. Ellos estuvieron en todas las batallas; Palo Alto, Resaca de la Palma, Monterrey y Buena Vista (La Angostura). Estas tropas eran inmisericordes. Escasamente una décima parte de ellos fueron enviados de regreso a sus casas, y los que así les aconteció fue porque estaban mal físicamente. Los primeros Rangers de Texas de los que hablo eran auténticos, los más valientes pioneros de esas tierras; son los hombres de Goliat y San Jacinto, cuyo deporte favorito eran las batallas a campo abierto con los incansables comanches. Ellos han medido sus armas con los mexicanos y tienen respeto por ellos. Los texanos saben de las debilidades de los contrarios y saben cómo tomar ventaja de ello. Pero muchos de los Rangers que llegaron después eran aventureros y vagabundos, cuyo único objeto era el pillaje. Como los pillos de Falstaff “de hecho nunca fueron soldados, sino rechazados, hombres sometidos a servicio injustamente, hijos y hermanos todos ellos, jóvenes – bodegueros, rebeldes, proxenetas sinvergüenzas cuyo comercio se había venido abajo, diez veces más execrables que lo peor de lo peor”. (125)
La pandilla de sinvergüenzas bajo el mando de “Mustang Grey”(126) era de esta calaña. Esta partida mató a casi toda la población de varones en el Rancho de Guadalupe donde ¡no se encontró ningún arma, defensa o resistencia! Su único objetivo era asesinar. (127)
Los caminos hacia la guerra
Cuando todo el ejército: regulares y voluntarios, oficiales y soldados rasos, héroes y villanos, estuvo, por fin, reunido debía ser trasladado al escenario de la guerra. Las tropas fueron enviadas directamente río abajo hasta el Golfo de México o directamente desde los puertos del este hacia a Brazos de Santiago, Tampico o Veracruz. Algunos fueron por tierra, atravesando Texas o por el camino de Santa Fe hasta Nuevo México y de ahí a través del desierto hasta la costa del Pacífico; otros tomaron la larga ruta rodeando Cabo de Hornos hasta California.
Ocasionalmente, tuvieron experiencias singulares: “Durante el viaje atrapamos dos tiburones al llegar al Golfo, y después de destazarlos los sazonamos bien para comerlos. No había probado un pescado con mejor sabor en mi vida.”(128)Otros incidentes, aunque ordinarios, despertaron la curiosidad de los miembros del ejército: “Te escribí a Nueva Orleans que deberíamos llegar a Arkansas el día 14… La primera noche que estuvimos en el Golfo, se me informó que una mujer de las que acompañaban a la compañía se había enfermado, ¡pobre! Le di mi cuarto, y a la mañana siguiente ¡Había tenido un bebé! Este fue el segundo nacimiento que tuvimos mientras estábamos en camino. Ambas madres están bien y siguen haciendo sus trabajos de limpieza para mis hombres”.
128 – T. M. Cook a William H. Leevis, 12 de octubre de 1847, Western Americana MSS, Beinecke.
Carne de tiburón y recién nacidos eran algo excepcional. Algo más común era la navegación hasta Nueva Orleans río abajo. Ciertamente no era un crucero de lujo pero, para algunos curiosos, la vida ribereña tenía cosas interesantes que mostrar. Desde luego había cierta insatisfacción debida en mucho al conflicto entre oficiales y soldados rasos. Cada uno de estos bandos tenía resentimientos contra el otro, y todos se auto justificaban. La fuente de la irritación estaba más en el sistema que entre los hombres. (129)
Llegar a Nueva Orleans era el fin del camino fluvial, las tropas eran acomodadas en la ciudad hasta que se les consiguieran transportes para que los llevaran por mar a Tampico, Veracruz o a los puertos texanos. La discordia tendía a incrementarse durante el trayecto. La razón era muy simple: los hombres querían ir al pueblo y los oficiales les negaban el permiso. Hubo también algunas quejas sobre las condiciones del campamento, pero estas fueron las menos, privarlos de la tentación de la ciudad era la queja may.
Imagen 18.: Wells Champney, J. (1875) “Barco de vapor Gran República (1846)”. En King, Edward, The Great South; A Record of Journeys in Louisiana, Texas, the Indian Territory, Missouri, Arkansas, Mississippi, Alabama, Georgia, Florida, South Carolina, North Carolina, Kentucky, Tennessee, Virginia, West Virginia, and Maryland. Hartford Connecticut. American Publishing Co. xiv, [17]-802, [4] p., ill. number (North Carolina Collection, University of North Carolina at Chapel Hill C917 K52).
El capitán John W. Lowe, de la Compañía C del 5º Regimiento de los Voluntarios de Ohio (130), nos cuenta las peripecias de un oficial en un bote ribereño lleno de soldados cuando la Compañía C levantó el campamento y se embarcó en el Trenton, el 22 de septiembre de 1847. Él escribió esta carta el 26 de septiembre, solo cuatro días después de que había comenzado el trayecto:
Los muchachos son muy descuidados y van a sufrir mucho por sus imprudencias; esta mañana se me enfermaron doce hombres, principalmente de fiebre y disentería, nada muy serio. Aún estamos en Memphis Tennessee, pero me temo que las cosas se pondrán peor cuanto más avancemos al sur. No hemos tenido ninguna noticia de cómo vayan las negociaciones para la paz desde que nos fuimos de ahí (Cincinnati), así que no puedo hacer ninguna especulación de cuando vayamos a regresar.
(…) mis tareas son muy complicadas y ponen a prueba mi paciencia y me ocupan todo el tiempo. No te imaginas lo que tengo que soportar sabiendo que tengo a mi mando 80 muchachos salvajes, torpes y descuidados, a los que debo cuidar con la misma dedicación que si cuidara a miembros de nuestra familia. He estado sentado en mi despacho ¾ de hora y he recibido no menos de 15 a 20 llamadas de cómo se están comportando estos muchachos. Primero fue Bill Davis: “capitán quiero mi estuche para rasurar, se lo presté al teniente Howard (131) y lo perdió”. Lo hice salir y llegó otro: “El capitán Townsley está ardiendo en calentura, ¿Podría dar la orden de que lo trasladen a la enfermería?” Una vez que hice esto llega otro: “El capitán Turner no desayunó esta mañana y quiere algo de comer” atendí también eso; y llegó George Croshaw: “capitán me daría una hoja de papel, quiero escribir a mi casa” “con gusto George, aquí está… pero Ritchey ¿qué quieres tú?” “Bueno, capitán, es que el dolor de diente me está matando, ¿Quiere autorizar al doctor a que me lo saque?” “Si John aquí está el doctor, él lo arreglará” “¿Qué quieres tú, Wilson?” “capitán alguien me robó mi plato y mi taza” “Bueno sobre eso no puedo hacer nada, debes cuidarte tu solo” “Bueno, Blair, ¿Qué quieres tu?” “El agua del Mississippi y yo no nos llevamos, creo que me voy a enfermar” “Ve y consigue un vaso de agua y te daremos algo…” ¿Qué se puede hacer al respecto? Mi puerta está cerrada, y tomo de nuevo mi pluma para escribirte cuando suena de nuevo “Adelante, ¿Qué sucede?” “Ah, capitán, es que quiero pedirle prestados un par de dólares para comprarme calcetines cuando lleguemos a Memphis”…”Ah… ¿no tienes calcetines?”… “No, señor” “Acaso no te adelante 8 dólares en Cincinnati para que te compraras ropa?” “Sí, señor, pero lo que compre fueron pistolas”.
Y esto es cosa de todos los días. Me la tomo con filosofía porque esto me evita estar pensando en casa, pero cuando deseo estar a solas para meditar un poco es realmente engorroso. Los chicos son muy rudos pero no tan problemáticos como lo esperaba. Hay un asunto del que debo avisarte: antes de que dejáramos Cincinnati compré un sello para marcar a fuego y poner mi nombre en los postes de mi tienda, mangos de hacha, cajas, etc. El sello sólo dice J.W. Lowe, Los chicos lo encontraron en mi ausencia y marcaron sus mochilas (en las partes de piel) la parte de enfrente de sus capas y los mangos de sus cuchillos, así que si te llega un reporte de que alguien fue asesinado con alguna cosa que tenga mi nombre no concluyas que se trata de tu esposo, sino que era de alguien de mi compañía. Esto te va a evitar pasar por muchas penas.(132)
Abusos durante la ruta
El capitán Lowe escribió de los abusos que hubo por la irresponsabilidad de quienes estaban a su cargo. Alexander Konze, un voluntario alemán de Wisconsin, hablando por los soldados rasos, más que disgustado, estaba furioso:
Nuestro viaje río abajo del Mississippi fue rápido y exitoso, aunque tuvimos que lidiar con algunos contratiempos. El espacio reducido en el que se nos confinó, el calor en el barco, el agua caliente del río que teníamos que beber para calmar nuestra sed y, encima de todo, la conducta inapropiada de los oficiales sobre sus subordinados, todo esto hizo que el viaje no fuera tan placentero. Nuestros valiosos superiores, quienes recién han aprendido algo de ciencias militares, tan limitados como podría esperarse de un filisteo, parece que al fin de cuentas se percataron de que el soldado común está muy por debajo de ellos y por lo cual no merece que se molesten en nada que le concierna. Estos caballeros, que alcanzaron esas posiciones gracias al voto de los propios soldados, se la pasan gozando de la vida en grandes salones mientras que sus camaradas son sometidos a toda clase de desagradables privaciones. Permítaseme relatar un hecho específico que ejemplificará lo que digo.
Mientras que a los soldados se les prohibía tomar cualquier clase de alcohol en los barcos, aunque estuvieran en el bar, los oficiales se ponían “contentos”, aunque no necesitaran descansar ni distraerse como nosotros. La única cosa que sus graciosas majestades nos dejaban beber era “limonada”, hecha con hielo, agua y las rodajas de limón y cáscaras sobrantes de lo que se había usado para hacer las verdaderas limonadas de los oficiales, y para tener esta asquerosa bebida el soldado común debía de pagar 10 c. por vaso. El mismo precio que los oficiales pagaban por el mejor ponche de clarete o madeira. Eso, puede imaginarse, haría que mis sueños republicanos se disolvieran rápidamente pero el trato con mis compañeros y algunas cosas que sucedían me confortaban un poco. En Nueva Orleáns, nosotros, pobres diablos, nos repusimos del viaje por el Mississippi. Las deliciosas frutas sureñas, los vinos fuertes, las deliciosas ostras… ¡qué bien sabía todo esto a un paladar acostumbrado solo a consumir puerco!
Acampamos en un lugar que estaba como a cuatro millas de la ciudad, cerca del campo de batalla donde Packenham(sic)(133)cayó con sus valientes compañeros. Nuestro comandante, el general Wool (134),para proteger a la flor de la juventud de Illinois de los peligros de la vida de un pueblo porteño, decidió que ninguno de los voluntarios debería de abandonar el campo. Y pomposamente anunció que se acababan los días de campo, que era hora de que nos enfrentáramos de manera seria a la vida de los guerreros. Tomamos la advertencia de su vieja excelencia de tal manera de corazón que muchos de nosotros nos dedicamos a pasar más tiempo en la ciudad que en el campamento; mientras que los oficiales, que eran forzados a una dieta de hambre con café y pan, en verdad de lo que estaban hambrientos era de la “carne” que se ofrecía en la ciudad de Nueva Orleans y no hacían, ni querían por nada, obedecer estos mandatos. Después del aburrimiento de los primeros días, nos coronamos de laureles porque matamos un lagarto que era lo suficientemente grande para haber causado estropicios en el campamento. Finalmente abordamos varios barcos y partimos hacia La Bacca (sic, La Vaca). (135)
Diario de un soldado voluntario en su camino a la guerra
Imagen 19. Anónimo (1846). “Lo último de nuestro ejército” (caricatura). En Yankee Doodle-(New York, noviembre de 1846, p. 114 (American Antiquarian Society, Worcester, Massachusetts). Ironiza sobre la necesidad vital de los soldados norteamericanos de comunicar por escrito a sus familiares sus experiencias en la guerra.
John Kreitzer, un soldado raso del primer regimiento de (infantería) de voluntarios de Pennsylvania, salió de Filadelfia el 9 de diciembre de 1846. Su diario (136),quizá demasiado idílico, es el recuento de tal vez uno de los más placenteros viajes hacia el campo de batalla a través de Pennsylvania, en tren, carreta y bote hasta llegar por el Mississippi a Nueva Orleans:
Miércoles, 9 de diciembre de 1846
(…) a las 8 en punto los vagones avanzaron despidiéndonos con vítores a los que nosotros respondimos. Los vagones aumentaron su velocidad y la ciudad del amor fraterno se perdió de vista. Durante el trayecto no sucedió nada interesante a excepción de que donde los vagones se detenían la gente tenía los bares y tiendas cerrados, gracias al primer destacamento y en especial a la “Pandilla Rowdy”, conocida también como “Los Asesinos”, por su comportamiento indigno de un soldado. Llegamos a Lancaster a las 2 y fuimos recibidos por el padre Wilt, que nos acompañó hasta que llegamos a Harrisburg. A las 7 fuimos escoltados a la armería de Harrisburg Riffle & Co., donde se nos sirvió algo de comer gracias a los ciudadanos del lugar. Después de hacerle justicia a los alimentos y a nosotros mismos nos formamos y marchamos al canal donde nos esperaban los barcos, pero debido a algunas dificultades regresamos a la armería donde por primera vez nos tocó dormir en el suelo. Algunos de nuestros compañeros solo durmieron un rato y se fueron de parranda a las calles de Harrisburg, Eurico. Ahí Danner y yo nos fuimos a la cama a descansar.
Jueves, 10 de diciembre de 1846
(…) Dejamos Harrisburg en cuanto amaneció. En nuestro viaje pasamos los pueblos de Greensburg (137) y llegamos al transbordador de Clark, donde tuvimos que jalar el bote con una cuerda para cruzar el río. Estaba nevando como nunca he visto en mi vida… Hoy ha hecho mucho frío, ha nevado mucho, y sin embargo las personas son muy amables en estas heladas regiones, y lo hubieran sido más de no haber sido por la serie de crímenes que cometieron “Los asesinos” a todo lo largo del canal. Las personas dicen que llegan y toman lo que necesitan sin pagarles nada y si se atreven a protestar los amenazan de muerte.
Viernes, 11 de diciembre de 1846
Esta mañana llegamos al muelle de Lewistown. Se nos formó en doble fila y fuimos al Ayuntamiento donde el señor Insenbise nos dio una estupenda comida… Cuando acabamos el desayuno dimos tres hurras por los ciudadanos de Lewistown y tres por nuestro patrocinador. Después de eso nos fuimos al barco y desde que zarpó hurra tras hurra no dejaron de oírse hasta que al dar la vuelta en el canal perdimos de vista el pueblo… Hoy uno de los nuestros cayó al río, estaba tan frío que el pobre Henry temblaba como una hoja cuando lo sacamos.
Sábado, 12 de diciembre de 1846
(…) Hoy además de que nevó, hubo ventisca. No pude estar en cubierta porque el río estaba lleno de patos salvajes y eso se me hizo muy raro. Tanto como ver las cimas de la Montaña Azul y Jack Mountain cubiertas de nieve. Pasamos junto a otro bote donde iba la tropa del capitán Moorehad (sic) (138) y trataron de rebasarnos, pero nuestros compañeros pusieron a toda máquina y logramos vencerlos dejándolos atrás. (…)
Viernes, 18 de diciembre de 1846
Hoy todos en el barco nos despertamos muy temprano preparándonos para las elecciones. Cada hombre hará su tarea para elegir a nuestro capitán para ascenderlo a coronel, si es que podemos lograrlo. Si no deberemos someternos a la mayoría. La elección abrió a las 6 en punto y las peleas estuvieron a la orden del día. Nuestros compañeros peleaban como perros si alguien se atrevía a decir algo en contra de nuestro capitán. Todo el día se reservó para este asunto. Por la tarde, cuando la votación cerró, todo parecía que favorecería al capitán Small (139). Eso era lo que pensaba la mayoría de los oficiales. Pero, para nuestra desgracia, cuando se leyeron los resultados el triunfo lo obtuvo Francis M. Wincoop (sic Wynkoop) (140), Samuel W. Black para coronel y J.W. (sic Francis L.) Bowman para Mayor. Por la tarde los compañeros se dedicaron a beber, pelear y vagabundear por las calles para aliviar su pena. (…)
Domingo, 20 de diciembre de 1846
Esta mañana nos formamos y fuimos a la iglesia Presbiteriana donde escuchamos un excelente sermón. Los soldados asistieron con gran decoro (…)
Lunes, 21 de diciembre de 1846
Esta mañana nos levantamos una hora más temprano. Todos estuvimos muy ocupados empacando nuestras cosas para irnos de Pittsburgh a las 12 del día. Nos embarcamos en uno de los mejores barcos que navegan por el río, llamado el “Mensajero”. La compañía B(141) también vino con nosotros. Cuando todo estuvo listo, el sonido de la fiesta de despedida era ensordecedor, los cañones lanzaron cuatro tiros que hicieron temblar la tierra (…)
Martes, 22 de diciembre de 1846
Esta mañana al despertar no supe dónde estaba, escuché el motor del barco hacer su sonido a través del hielo y de pronto supe que estaba en el ancho Río Ohio. Todo ha pasado tan rápido y no ha habido ningún problema serio. El río es muy grande y está lleno de hielo, lo que es favorable para nosotros. Hay muy pocos patos salvajes que ver en estas latitudes. Hace mucho frío y ha estado nevando la mayor parte del día. Pero aún así los compañeros están muy ansiosos de ver el escenario de la batalla, lo cual es realmente grandioso. Aunque la tierra está cubierta de nieve hay partes de la orilla que no deben dejar de verse. La tarde la terminamos jugando cartas (…)
Miércoles, 23 de diciembre de 1846
Esta mañana vinieron algunos compañeros a avisarnos que había un grupo de ciervos en la rivera. Nos apresuramos y alcanzamos a verlos retirarse. El cielo está lleno de patos silvestres y el hielo flota. En nuestro paso vimos muchos poblados que se ven agradables. Muchas poblaciones tienen la bandera americana ondeando en nuestro honor, y en algunos agitan pañuelos blancos a nuestro paso. Una cosa es segura, todos tienen un pariente o conocido en el ejército. Hace frío pero no tanto como ha estado haciendo. Todo lo malo va pasando y el escenario se vuelve más interesante día con día.(142)
El suplicio de los fusileros del Mississippi cerca de Nueva Orleans
En algunas ocasiones el camino hacia la guerra fue tan mortal como el mismo campo de batalla. Tal fue el caso del 2º Regimiento de Fusileros del Mississippi. Un soldado del regimiento dijo: “Sesenta de los ochocientos cincuenta hombres murieron y casi todo el resto estaba enfermo, algunos quedaron ciegos” a causa del sufrimiento que padecieron. En Nueva Orleans el doctor Thomas N. Love, médico del regimiento, lo describe en un reporte:
Seis meses antes de que nuestro regimiento entrara en servicio, tuvimos la pérdida de 167 por muerte, y 134 por discapacidad. Esto sería suficiente para investigar las causas que causaron tal destrucción en nuestras filas. El motivo de este reporte es hacer una breve historia de las epidemias que hemos sufrido y asimismo dar una historia de la tropa, de sus condiciones, privaciones, sufrimientos, el tiempo, el clima y todas las demás circunstancias que han tenido influencia en la salud de los hombres.
Las diez compañías de voluntarios… se concentraron en Vicksburg entre el 2 y el 16 de enero de 1847. Durante la marcha de las respectivas compañías desde el sitio donde viven hasta el de la concentración el clima fue muy agradable, casi como si fuera el verano indio. Muchos de ellos dejaron sus casas sin proveerse con suficiente ropa, con el propósito de recibir lo que el gobierno les había prometido, pero muy pocos fueron provistos con ropa de lana y escasamente uno de cada diez con una franela. El Gobernador del Estado rentó bodegas que podían usarse como barracas para las compañías tan pronto se iban formando. Estas eran muy poco confortables para los hombres que estaban acostumbrados a las camas de plumas y a las casas tibias (…)
Los oficiales citaron con el efecto de organizar a los regimientos en un campamento situado a dos y media millas de Vicksburg, el cual un educado oficial llamó “Campo McClung”. Los hombres fueron apresuradamente reclutados sin haber sido sujetos a una revisión. El resultado de esto fue que muchos de ellos eran débiles, de constitución enfermiza y aun así entraron al ejército. Tan rápido como se les reclutó marcharon al campamento, el cual demostró ser una locación muy mal escogida, estaba situado en un banco del río, expuesto a que los vientos del sur y del norte los golpearan. Mucho antes de que los hombres hubieran logrado levantar sus tiendas o descansar para proseguir la marcha, el clima se puso inclemente. Todo el campamento se cubrió de lodo y agua. Las cobijas y la ropa de los hombres estaban mojadas. Los soldados jóvenes dormían en el lodo y en la tierra helada, expuestos a la enfermedad y a la muerte. Para empeorar las cosas comenzaron a comer la dieta del campamento.
El 10 de enero sucedió uno de los cambios más drásticos en el clima que recuerdo haber visto. La noche anterior todos los vientos del cielo parecían haberse desbocado, y torrentes de lluvia caían sobre el campamento. Temprano por la mañana el viento del norte arrasaba desde el nacimiento del Mississippi, trayendo una tormenta de aguanieve y granizo. La situación de las tropas se volvió desesperada. La inclemencia del tiempo fue tal que era imposible proveer de madera o alimento necesario con regularidad, algunos se enrollaron en sus cobijas chorreantes y se agruparon uno contra el otro en sus frías y poco confortables tiendas; otros se quedaban inmóviles junto a los fuegos humeantes calmadamente soportando todas las inclemencias de la tormenta, y unos más enredados en sus cobijas congeladas vagabundeaban por las calles sin amigos, sin hogar y sin casa. Las palabras no son suficientes para dar una idea del sufrimiento de nuestros hombres, ellos sentían que estaban a punto de congelarse hasta los huesos.
Las causas que he enumerado brevemente: fatiga, exposición a los elementos, alimentación y ropa insuficiente tuvieron consecuencias desastrosas como influenza, reumatismo, neumonía, y una enfermedad peor que todas ellas, la plaga de la gripe. En estas circunstancias el regimiento se embarcó hacia Nueva Orleans, nuestros hombres estaban postrados por docenas, sin medicinas y aun sin resguardo, y se les invitó a que pidieran que sus amigos les ayudaran. La situación de las tropas se volvió tan desesperada que fueron enviados lo antes posible al campo de batalla debajo de Nueva Orleans. Todas las compañías menos dos fueron transportadas entre el 13 y el 14 de enero, dos compañías se habían instalado en Vicksburg y no hubo medio de transportarlas hasta el 18. Los ciudadanos de Vicksburg recordarían con claridad las excentricidades del capitán que hizo marchar a su compañía en medio del fango y del agua, a todas horas, lo que produjo una mortandad más elevada que en ninguna otra compañía.
Durante el transporte de las tropas al campo de batalla sus sufrimientos se incrementaron, si esto pudiera ser posible. Cada día teníamos más o menos lluvia, el viento helado llegaba de todas direcciones. Los hombres eran amontonados en botes con sus mantas y tiendas empapadas, casi a la intemperie y sin lugares donde cocinar. Era tremendo ir caminado entre ellos por la noche y escuchar los incesantes tosidos de miles, y los incesantes lamentos de los enfermos sufriendo por el frío pidiendo ayuda.
Fue en medio de una tremenda tormenta, con vientos helados, cuando ellos erigieron sus tiendas sobre el campo de batalla y sobre una tierra inundada pusieron sus camas. El sol salió por una hora y a la siguiente los soldados tuvieron que enredarse en sus cobijas por el viento. A la hora siguiente tuvieron que refugiarse en sus tiendas por la lluvia. No había un solo pie ni pedazo de tierra seco en todo el campamento. El calor de los enfermos de fiebre vaporizaba a través de las cobijas empapadas, creando un vapor sofocante dentro de las tiendas.
En estas condiciones, el tratamiento médico era inútil y no fue hasta que el sello de la muerte fijó el destino de muchos de nuestros valientes soldados, a los que los oficiales gubernamentales pretendieron ofrecer la última asistencia, dándole a un soldado moribundo un colchón de paja y un sitio más abrigado que, por mucho, era mejor que en las condiciones que nosotros lo teníamos. Muchos de nuestros enfermos se tuvieron que pagar sus tratamientos en hospitales privados y en dispensarios. Los oficiales en sus confortables cuarteles bien acondicionados, y que deberían de haber trabajado para dárnoslos, solamente otorgaban el justo permiso a nuestros soldados para que buscaran en la ciudad un alojamiento para curarse. El traslado de los enfermos a los hospitales era una cosa tremenda.
En una ocasión más de 50 fueron llevados al hospital del Dr. Luzenberg (143). Primero se les llevó en cabriolé al río, ahí se les metió apretujados en una cabina de un bote, luego de ahí los llevaron de nuevo en cabriolé al tren metidos en los vagones y, por fin, cuando llegaron al hospital era casi la medianoche, muchos sufriendo de un reumatismo severo, así que cada intento por moverlos se transformaba en gritos de agonía.
El siguiente paso era trasladar a la tropa a los transportes, para lo cual habíamos esperado algunos días, aquí nuestra lista de enfermos seguía en aumento. La situación de la tropa era aún así mejor que en el campamento. Después de tres barcos, se habían juntado casi 800 hombres y sus tiendas, cobijas y ropa estaban aún empapadas. El clima era tan inclemente que era imposible secarlas. Los camastros se hacían de ramas de pino que estaban tan frías y duras como el mármol. En ellas se confinaban nuestros enfermos. No se permitían colchones de paja, además de que eran un artículo de lujo y estaban muy escasos y se cobraban hasta a un dólar por pieza. He visto a soldados enfermos delirantes enfurecer con locura y dando órdenes bajo el terror de la enfermedad, para al final desvanecerse sobre los rudos flancos de su transporte.
Al final todos nuestros enfermos fueron llevados del barco al hospital, y el 30 de enero partimos rápidamente en barco dejando la escena de la desolación, con la débil esperanza de que habíamos dejado atrás la calamidad. De hecho, dejamos a 80 de nuestros hombres que estaban destinados a nunca volver con nosotros. Pero la esperanza pronto se terminó. La nube negra de la enfermedad aún se abatía sobre nosotros. Los espacios de los barcos ofrecían escenas desastrosas aun para los más templados. La evaporación de las cobijas empapadas y tiendas se transformaba en grandes gotas en el techo. Los barcos pronto se llenaron con los enfermos. Los olores eran intolerables. Los enfermeros eran jóvenes e inexpertos. El mar se embraveció y los compañeros de los enfermos no pudieron seguirles dando cuidados, se quedaron sin nada que comer. A lo largo de la noche el barco, que se movía, hacía chocar a los enfermos contra los bordes de sus camastros haciéndolos que se hirieran. Los gritos salvajes de los delirantes, los lamentos de los enfermos, la tristeza y estertores de los moribundos mantenían un continuo ambiente de confusión. Tuvimos un largo y tedioso viaje de regreso, cuatro semanas en las que estuvimos confinados en este barco y antes de haber llegado a Brazos debimos de sepultar en las aguas oscuras los cadáveres de 28 de nuestros compañeros. (144)
Las penurias que sufrieron los voluntarios en los campamentos cercanos a Nueva Orleans, en su camino hacia la guerra, se revirtieron en cargos contra los oficiales militares por discriminación de los ciudadanos-soldados. El Matamoros American Flag(145) publicó un artículo en el que llegaba más lejos, decía que los sufrimientos de los voluntarios eran una afrenta para la democracia:
Un escritor en un reciente número del Jeffersonian de Nueva Orleans se queja de las distinciones hechas entre voluntarios y tropas regulares en los reclutamientos en esa ciudad. Comenta:
“No bien ha llegado cualquier compañía, regimiento, o parte de una compañía de reclutas regulares cuando ya están siendo acomodados en confortables casas, en barracas donde sus necesidades de bienestar y salud son satisfechas; pero, por el otro lado, nuestros voluntarios que van presurosos al llamado de su Patria son colocados en albergues abiertos, sin suelo, a la intemperie, sin ninguno de los beneficios, ni facilidades para una vida adecuada.”
Las quejas del escritor están sin duda justificadas por los hechos existentes, nosotros mismos lo hemos atestiguado, lo cual nos lleva a plantear la pregunta ¿De dónde ha salido el mandato para hacer tales distinciones? No queremos pensar que existan motivos egoístas o mercenarios que posiblemente podrían influir al voluntario a cambiar la comodidad y facilidades de su hogar por las privaciones y peligros de la guerra, que podría justificar tal distinción. Nos complace informar que el asunto está llamando la atención pública. Nuestro sistema militar entero es defectuoso, rayando en la corrupción, y en cuanto más rápido el Congreso lo disuelva y coloque en su lugar una institución que concuerde más con los principios originales de nuestro gobierno, será mejor.(146)
El viaje por mar a México
Imagen 20. Walke H. LT (1874). La fragata de vapor norteamericana “Mississippi” al mando del Comodoro M.C. Perry cerca de Vera Cruize (sic), Marzo 21 de 1847. New York Sarony & Major (Library of the Congress Digital Collection: LC-USZC4-6214).
Los periódicos, diarios y cartas hacen un recuento de los días en el Atlántico o el Golfo de México. Tienen mucho en común: mareos, tormentas, sobrecogimiento ante la grandeza y límites infinitos del océano y la vida marina vista desde los muelles. Por supuesto, también estaban las quejas. Los cuarteles estaban llenos y los hombres se aburrían, aunque estaban emocionados esperando su gran aventura. El voluntario William Watts Hart Davis, era un joven de Pennsylvania que fue a Massachusetts durante 1846 para estudiar leyes en Cambridge. En diciembre se enlistó en el Regimiento de voluntarios de Massachusetts. Ayudado por la influencia política de su padre, un delegado demócrata en Filadelfia, y de que John W. Forney, un prominente editor de periódicos, le diera una comisión, llegó a ser el ayudante del coronel Caleb Cushing. Una carta escrita desde Boston describe a su madre cómo se embarcó su regimiento:
El regimiento subió a bordo de un transporte el martes a medio día, estaremos listos para zarpar en un tiempo muy corto. Yo viajaré en el barco Remittance, un buque de 700 toneladas. El hospedaje será muy bueno. Tenemos dos amplias cabinas en la cubierta superior con buenas literas para dormir. Somos casi 300 a bordo, lo que nos hace sentir como una gran familia. Cuando todo esté solucionado y dispuesto en orden, nos colocarán en nuestras habitaciones. Estaremos tan confortables como uno podría esperar si se encuentra en un barco. Fue una hermosa vista ver a los soldados subiendo a bordo. Marchamos por compañías, algunas portan armas otras no. Una multitud nos siguió por las calles y había miles alrededor del barco donde nos vitorearon pidiendo por nuestro triunfo y nuestra seguridad. Nuestro destino es Los Brazos en la desembocadura del Río Grande, aunque no desembarcaremos ahí, solamente esperaremos órdenes. Enseguida esperamos que nos manden a Tampico, Tuxpan o Veracruz, donde supongo que pisaremos tierra y nos uniremos a la campaña activa y tal vez hasta asistamos a la rendición de Veracruz… Tuvimos una dificultad con una compañía el día que embarcamos. Tuvimos que hacer uso de la fuerza para evitar que usaran el mismo barco para transportarse. Cuando se negaron a irse, el coronel Cushing ordenó un destacamento de 80 hombres con mosquetes cargados e ir contra ellos si era necesario, los forzaron a moverse bajo amenaza. Viendo que las cosas tomaban un aspecto peor del que se imaginaron, cambiaron su parecer, permitiéndoseles subir al barco. Todo el problema se suscitó por un malentendido y fue creciendo por los ánimos de gente sin escrúpulos.
Nuestra compañía es la de mayor rango en el barco y nuestro capitán (Crowningshield)(147)ha sido propuesto para comandar a los hombres a bordo, lo cual es todo un honor. Yo me quedé a bordo del barco la noche del jueves y estuve al cargo hasta el día siguiente al mediodía. Durante la noche del jueves algunos hombres se portaron mal y mandé a dos sargentos esposados a la celda para mantener el orden. Se les aplicará el consejo de guerra y serán severamente castigados. Yo dirijo a nuestra compañía cuando estamos a bordo. Mi residencia aún está en la costa y ahí seguirá hasta uno o dos días antes de que zarpemos, cuando me mudaré al barco con todas mis pertenencias. Estoy ocupado en mis labores de la oficina y no tengo tiempo para atender las tareas de mi compañía. El teniente coronel (148) viene en nuestro barco, el coronel (149) va en un buque más chico. (150)
De una manera más inocente y sensible el joven Davis da su impresión del viaje por mar, sus novedades, miserias y emociones.
Dejamos Boston el 23 de febrero y anclamos esa misma tarde en Nantucket nueve millas más abajo de la ciudad. La mañana siguiente nos hicimos a la mar con fuertes vientos del oeste y nos topamos con otro barco que llevaba dos compañías a bordo. Navegamos juntos por dos días y después los dejamos y no los he vuelto a ver. El clima fue bueno y el viento agradable hasta la mañana del sábado cuando comenzó a soplar fuertemente desde el noroeste, y para medio día se había transformado en un vendaval que duró 36 horas. No te imaginas la furia del viento. Nuestro barco era como una cáscara de nuez a expensas del viento y las olas… Durante lo más álgido de la tormenta casi perdimos a un hombre. El teniente Cremony (151)salió para asegurar un trozo de carne en la cabina superior. El barco se agitó tanto que no se pudo detener. Todo lo que había en la cabina cayó al mar. Se salvó de milagro de caer al agua, pero se golpeó muy fuerte y regresó cojeando a nuestra cabina.
Naturalmente te preguntarás en qué me entretengo mientras estamos en el mar. Me divido entre mis tareas habituales, leer y hacer mi diario. Mis tareas son considerables pero no son arduas, algunos piensan que debo dirigir todo, desde el gobierno del barco hasta la comida. Ahora estoy leyendo mis libros de texto militares, de esta forma sabré perfectamente mis deberes cuando lleguemos a las costas mexicanas y no deberé preguntarle a nadie sobre qué hacer o cómo hacer las cosas. Los tambores despiertan a los hombres al amanecer, y las tareas terminan a las 10 cuando todos deben retirarse y apagar las luces La música suena muy hermosa sobre las aguas como si fuera traída sobre las alas de amables céfiros.
Mañana es domingo y se hará un servicio religioso a los hombres, leyéndoles algo. Todos se presentarán en uniforme, limpios y aseados. Será algo muy solemne el tener un servicio a bordo en medio del mar, muy diferente que tenerlo en tierra. Estos servicios continuarán mientras estemos navegando. (…)
Tenemos 19 oficiales y 300 hombres a bordo, lo que nos hace parecer una gran familia que habitara en una cabaña de madera. Los hombres hacen su comida y lavan sus ropas, lo que los capacitará en las labores domésticas muy pronto.
Los oficiales se sientan todos en la misma mesa, y aunque no tenemos las mejores viandas creo que engordaremos un poco. Te daría risa vernos sentados a la mesa todos juntos cada vez que el barco hace un movimiento brusco, debemos de agarrar la mesa con una mano mientras que con la otra debemos tomar el plato para evitar que el contenido caiga gentilmente sobre nuestro regazo. Algunas veces debemos de tomar nuestros platos y tazas y sentarnos en diferentes lugares como única forma de tener una comida en paz… Estamos solo a dos días de navegación de la isla de Santo Domingo, esperamos verla el domingo por la tarde o el lunes por la mañana. Pasaremos entre Santo Domingo y Cuba y de ahí nos enfilaremos directo hasta nuestro destino. Estamos navegando por Los Brazos y pasamos por la isla de Lobos que está debajo de Tampico. (152)
De esta manera fue reunido y entrenado, con muchas carencias y limitaciones, un ejército que no estaba formado ni por monstruos ni por santos, sino por norteamericanos ordinarios que fueron llevados al escenario de la guerra. La cual ya había iniciado antes de que se enrolaran.
Relación de imágenes:
Imagen 1: Whiting Powers, Daniel, Capitán 7o Infantería- Swinton G. Frederick, litògrafo. (1847) Vista a ojo de pàjaro del campamento del ejército de ocupación, comandado por el general Taylor cerca de Corpus Christi, Texas, (desde el norte) octubre 1845. New York, G & W Endicott (Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZC4-4557).
Imagen 2: Anónimo (1849).Joel R. Poinsett, Ministro plenipotenciario en México (1825-1830). Secretario de Guerra (1837-1841). Daguerrotipo, tarjeta de presentaciòn (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 1816794).
Imagen 3: Anónimo. (ca. 1555-1857). Secretario de Guerra William L. daguerrotipo. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington D.C. LC-USZ62-99520).
Imagen 4: Brady Mathew B. (1849) Daguerrotipo de James Knox Polk, 11o presidente de los Estados Unidos (The Digital Public library of America. The Miriam and Ira D. Wallach Division of art, prints and photographs: print collection, 424556).
Imagen 5: Anónimo (1846). Tarjeta de presentaciòn del general Humphrey Marshall- (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC-US Z62-78472).
Imagen 6: Anónimo (1847). Panfleto invitando a unirse al ejército de los Estados Unidos a pelar contra México (Biblioteca de la Universidad de Texas, Arlington, División de colecciones especiales, Colección Jenkins Garrett).
Imagen 7. Anónimo. (1555).General Lewis Wallace, ca 1855 (daguerrotipo), autor de Ben Hur (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, LC- 2016649637)
Imagen 8: Anónimo. (1847). Daguerrotipo de un soldado regular norteamericano. (Graham Pilecki Historical Collection).
Imagen 9: Anónimo (1847). Cartel de convocatoria a soldados voluntarios en New Hampshire (New Hampshire Historical Collection, rbpe0930170b).}.
Imagen 10: Anónimo (1843). Daguerrotipo del teniente Ulysses S. Grant en 1843, a los 21 años de edad, recién graduado de West Point (Keya Morgan Collection 2012648872).
Imagen 11. Anónimo. (1846). Teniente George B. McClellan, con su padre y hermano, con 20 años de edad. (Brady Handy photograph collection, Library of the Congress, Washington DC. mss31898, box D27; reel 81).
Imagen 12: Gardner Alex- (1864). General Ethan Allen Hitchcock, tarjeta de visita- (Library of Congress, digital Collection, Washington D.C. LC-MSS-44297-33-188).
Imagen 14. Grant, Jewet. (1850). “Coronel Alexander W. Doniphan, grabado ca 1846”. En Taylor Hughes, John. Doniphan´s expedition. Cincinnati, J.A. & U.P. James. p. 199. Recuperado de: https://archive.org/details/doniphansexpedit00hugh_2/page/n5
Imagen 15: Anónimo. (1846). Daguerrotipo del cuerpo de Voluntarios de New Hampshire desfilando en su partida hacia México (New Hampshire Historical Collection, 1974.045.08.011).
Imagen 16. F &S Palmer. (1846). “As you were…” (A pesar de…), caricatura de los soldados voluntarios de Texas,, señalando la diversidad cultural y poca preparación de los soldados voluntarios de Texas (Library of the Congress, Digital Collection, Washington D.C. LC-USZ62-1272)
Imagen 18: Wells Champney, J. (1875) “Barco de vapor Gran República (1846)”. En King, Edward, The Great South; A Record of Journeys in Louisiana, Texas, the Indian Territory, Missouri, Arkansas, Mississippi, Alabama, Georgia, Florida, South Carolina, North Carolina, Kentucky, Tennessee, Virginia, West Virginia, and Maryland. Hartford COnnecticut. American Publishing Co. xiv, [17]-802, [4] p., ill. number (North Carolina Collection, University of North Carolina at Chapel Hill C917 K52).
Imagen 19: Anónimo (1846). “Lo último de nuestro ejército” (caricatura). En Yankee Doodle-(New York, noviembre de 1846, p. 114 (American Antiquarian Society, Worcester, Massachusetts).
Imagen 20: Walke H. LT (1874). La fragata de vapor norteamericana “Mississippi” al mando del Comodoro M.C. Perry cerca de Vera Cruize (sic), Marzo 21 de 1847. New York Sarony & Major (Library of the Congress Digital Collection: LC-USZC4-6214).
Notas a pie:
1 Las fuerzas legalmente registradas eran 7,590, pero el número de hombres en servicio era casi mil menos que lo reportado.
2 Joel R. Poinsett, Departamento de Guerra (Washington DC) al presidente Martin Van Buren, 5 de diciembre de 1840. Cartas enviadas de la Secretaría de Guerra al presidente, Record Group 107, National Archives. En adelante Record Group será abreviado como RG y National Archives como Nat. Arch.
3 Von Steuben recibió su formación militar sirviendo a Federico el Grande de Prusia. El mandato de 64 soldados y oficiales no comisionados continuó hasta la guerra de 1812, cuando el número se incrementó a 100. La escuela francesa de táctica de guerra, que se puso de moda con Napoleón, enfatizaba que la disciplina podía hacer a una compañía de ese tamaño controlable con sólo un capitán. Por sugerencia del secretario de Guerra Marcy, el Congreso en 1846 de nuevo ordenó que fuera constituida así. Cf. “Nueva Organización”, en Nile´s National Register, vol. 70, 11 de julio de 1846, pp. 292-293.
4 Ballentine George, Autobiography of an English Soldier in the United States Army, Stinger & Townsend, New York, 1853, pp. 30-31,35.
5 NdT: El Partido Whig fue un partido político que existió durante el siglo XIX en los Estados Unidos. Es el antecesor en cierta medida de lo que hoy es el Partido Republicano. Fue creado para servir de oposición a la política de Andrew Jackson y se denominó Whig por analogía a los Whig británicos, que se habían opuesto al poder real durante la Restauración inglesa. Para 1844 los Whig estaban empezando a recuperarse del desastre de dos años antes y designaron a Henry Clay, que perdió frente al demócrata James K. Polk en una apretada votación, con la anexión reciente de Texas. Los Whig del Norte y del Sur, estaban fuertemente opuestos a la guerra con México, en la cual muchos (incluyendo al congresista Whig, Abraham Lincoln) veían una apropiación injusta de territorio. Estaban divididos, en cambio, y al igual que los Demócratas, ante la ley contra la esclavitud Wilmot Proviso de 1846. En 1848 los Whig, viendo el poco éxito de la candidatura de Clay y la apuesta por las políticas económicas tradicionales, eligieron a Zacarías Taylor, un héroe de la guerra con México. Taylor triunfó sobre el demócrata Lewis Cass y el candidato del partido anti-esclavista Tierra Libre, que había elegido al anterior presidente Martin Van Buren. La candidatura de Van Buren dividió el voto demócrata en Nueva York, dándole el voto a los Whig; al mismo tiempo, el partido Tierra Libre le costó, probablemente, muchos votos a los Whig en el Medio Oeste. De haber vivido, Taylor pudo haber iniciado la Guerra de Secesión diez años antes, ya que se oponía firmemente al Compromiso de 1850, en el que se reconocía a California como estado libre, y había anunciado que tomaría acciones militares para evitar la secesión. Pero el 4 de julio de 1850 Taylor contrajo una grave indigestión (probablemente el resultado del tifo o el cólera) y cinco días después se convirtió en el segundo presidente en fallecer en el cargo. El vicepresidente Millard Fillmore asumió la presidencia y apoyó el compromiso.
6 En 1845, El Ejército de los Estados Unidos consistía en catorce regimientos con diez compañías cada uno. Una parte considerable se encontraba en el Fuerte Jesup (25 millas -40.2 km- al suroeste de Natchitoches, Condado de Sabina, Luisiana) cuando vino la orden de avanzar sobre Corpus Christi. Las unidades se estacionaron ahí al mismo tiempo que los regimientos 3º y 4º de infantería y el 2º de dragones. Para noviembre de 1845, casi la mitad del ejército se encontraba en Texas. El secretario de Guerra Marcy explicaba en su informe anual que era “la malevolencia del Gobierno de México” el que “había puesto en marcha … extensivos preparativos para invadir y subyugar a Texas”, una vez que la República había aceptado los términos de anexión a los Estados Unidos, estos se veían obligados a actuar. Taylor recibió instrucciones de “rechazar las agresiones mexicanas y proteger al país de las invasiones de los indios, para mantener al Río del Norte (Río Grande) como la frontera occidental, y tomar posiciones … con respecto a esta frontera”.
7 William Walker de Evansville se desempeñó durante la guerra mexicana como capitán del 2º regimiento de voluntarios de Indiana. Murió en la batalla de Buena Vista o de la Angostura.
8 James Whitcomb, Indianápolis, a William L. Marcy (Washington, DC), 11 de septiembre de 1845, Cartas recibidas, Secretaría de Guerra, Series Registradas, RG 107, Nat. Arch.
9 Se refiere al general Brigadier Zacarías Taylor y sus fuerzas que habían sido enviadas a Corpus Christi en el verano de 1845.
10 Humphrey Marshall, Louisville a Thomas J. Read, Louisville, 14 de septiembre de 1845, Cartas Recibidas, Secretaría de Guerra, Series Registradas, RG 107, Nat. Arch.
11 El número de soldados voluntarios no fue hecho de una sola vez. Como en las previas guerras contra los indios, se deseaba llamar tropas de los estados que estuvieran más cercanos al área de conflicto. El 19 de mayo, una circular del Departamento de Guerra hizo un llamado a once estados para que enviaran voluntarios. De estos habría veintidós regimientos, un total de 3,945 caballos y 13,208 soldados a pie. Los once estados y la distribución de sus tropas es como sigue: Tennessee (789 caballos, 1554 soldados a pie); Kentucky (1789 caballos, 1554 a pie); Illinois (2331 a pie); Indiana (2331 a pie) y Ohio (2331 a pie); a cada uno se le pidieron tres regimientos. Arkansas (789 caballos, 388 a pie); Texas (789 caballos, 388 a pie); a cada uno se le pidió que proveyera un regimiento y medio. Mississippi (777 a pie), Alabama (777 a pie) y Missouri (789 caballos), cada uno se le solicitó un regimiento. Además, se enlistaron 39 regimientos con un total de 24,486 voluntarios de infantería, pero no fueron llamados a servicio hasta que recibieran nuevas órdenes. Estos estaban distribuidos en los estados como sigue: Nueva York, 7 regimientos; Pensilvania 6; Virginia 3, Maryland y Luisiana, 2 cada uno; Maine, Massachusetts, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Michigan, Iowa y Wisconsin con un regimiento cada uno; Nueva Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Vermont, Delaware, Florida y Alabama, cada uno con medio regimiento.
12 Blount Robertson John, Reminiscences of a Campaign in Mexico by member of the Bloody-First Tennessee Volunteers Regiment, Nashville, J. York & Co, 1849, pp. 57-60.
13 Wheat está en un error, creyendo que ningún regimiento de caballería sería aceptado de Tennessee. Cuatro días después de que escribió esto, una circular del Departamento de Guerra convocaba a Tennessee con 789 soldados de caballería. Wheat se desempeñó como teniente 2º en el Regimiento de Voluntarios Montados de Tennessee, y también como capitán de la Compañía Montada de Voluntarios de Tennessee que fue adscrita al Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia.
14 Quizá se refiera al teniente Nimrod R. Porter, adjunto del Regimiento Montado de Voluntarios de Tennessee que murió el 21 de abril de 1847 en Plan del Río, México.
15 Roberdeau Chatham Wheat, Memphis a George Maney, 15 de mayo de 1846, en John Kimberly Papers, Southern Historical Collection, Biblioteca de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. En adelante este fondo será citado como Hist. Soc. Col., NCa.
16 William T. Dickinson, Shady Grove Virginia, al Mayor Langhorne Scruggs, 17 de junio de 1846, Langhorne Scruggs Papers, Biblioteca de la Universidad de Duke, Durham, Carolina del Norte. En adelante este fondo será citado como Duke.
17 Jubal Anderson Early, graduado de la Academia de West Point como segundo teniente y tercer artillero en 1837. Se desempeñó en Florida en la guerra contra los indios Seminola como primer teniente el 7 de julio de 1838, renunciando el mismo mes. Fue consejero legal en Rocky Mount Virginia de 1840 a 1846. Después de la guerra contra México fue abogado confederado (1848-1852). Durante la guerra fue mayor en el Regimiento de Voluntarios de Virginia (a partir del 7 de enero de 1847). Fue gobernador de Monterrey (mayo-junio de 1847) e inspector general de la Brigada de Cushing en 1847.
18 Lindsay M. Shumaker fue comisionado y se desempeñó como primer teniente en el Regimiento de Voluntarios de Virginia.
19 William T. Dickinson, Shady Grove Virginia al mayor Langhorne Scruggs, 30 de diciembre de 1846, Documentos Langhorne Scruggs, Duke.
20 El Senado del Estado de Nueva York, sin embargo, no tomó medidas en ese sentido.
21 Nashville, Whig, 19 de mayo de 1846.
22 Louisville Journal, 21 de mayo de 1846, citado por Nile´s National Register, vol. 70 (30 de mayo de 1846), p. 202.
23 G. Mott Williams, Washington, DC, a John R. Williams, Detroit, 15 de mayo de 1846, Documentos John R. Williams, Colección Histórica Burton, Biblioteca Pública de Detroit, En adelante este fondo será mencionado como Burton.
24Una razón dada era que el gobierno no parecía estar suficientemente decidido a llevar la batalla hasta las puertas de la Ciudad de México, pues parecía que se conformaría con mucho menos que eso. Cf. E.F. Smith, Hertford, Carolina del Norte, a Josiah Townsend Smith, Charlottesville, Virginia, 10 de junio de 1846, Documentos de Josiah Townsend Smith. E.F. Smith escribe: “No tengo nada nuevo que contarte. No ha ocurrido nada que altere la monotonía de este aburrido lugar excepto que ayer tuvimos circo –algo bien pobre-. La guerra al principio produjo un poco de entusiasmo –pero este ha decaído, porque en opinión de todos, se le ha llevado a un límite-. Pero si no, tendríamos la posibilidad de montar un batallón de caballería y ofrecer nuestros servicios al gobierno –nuestra compañía está creciendo rápidamente- pero aún no es lo suficientemente grande como para el servicio… Si el gobierno tuviera la intención de invadir México y llevar la guerra hasta las puertas de la ciudad, creo que eso incrementaría el número de reclutas y tendríamos una oportunidad”.
25 En Nueva Inglaterra la relación de reclutamiento de población blanca era de 1 por 2,500 habitantes; en los Estados Atlánticos del Sur era de 1 por 1,080; en los Estados del Noreste central era de 1 por 255; en el Sureste Central era de 1 por 140; y en el Noreste Central era de 1 por 110; en los Estados del Suroeste Central era de 1 por 33. En parte, estas diferencias por región reflejan la política adoptada por el Departamento de Guerra al inicio de la misma, como fue la decisión de no llamar de inmediato a voluntarios al servicio de algunas regiones.
26 David Campbell de “Montcalm”, Abingdon, fue gobernador de Virginia de 1837 a 1841. Apoyó a Andrew Jackson, pero cambio por Van Buren y se pasó al partido Whig.
27 William Bowen Campbell era coronel del 1er Batallón de Voluntarios de Tennessee durante la guerra con México. Estudió derecho con David Campbell y había peleado como capitán voluntario en la guerra contra los indios en Florida. En 1851, fue electo gobernador de Tennessee, el último gobernador Whig de ese estado. Durante la Guerra de Secesión, era unionista del Norte y por un tiempo fue Brigadier general en la Armada de la Unión.
28 El 16 de noviembre de 1846, el secretario Marcy hizo un llamado para nueve regimientos de voluntarios más (6750 hombres). Estos regimientos vendrían de Massachusetts, Nueva York, Pennsylvania, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Mississippi, Luisiana y Texas –un regimiento por cada Estado-. Florida (el 27 de noviembre) recibió el llamado para formar una compañía y en diciembre a Pennsylvania se le solicitó que organizara un segundo regimiento.
29 David Campbell, “Montcalm” Virginia, a coronel William B. Campbell, 7 de diciembre de 1846, Fondo David Campbell, Duke.
30 Id. a Id, 14 de enero de 1847, Ibíd.
31 Capitán Patrick M. Henry, Regimiento de Voluntarios de Carolina del Norte.
32 Probablemente Peter Scales, 1er teniente, Regimiento de Voluntarios de Carolina del Norte.
33 Posiblemente teniente Sewell L. Fremont, 3º de Artillería
34 Mayor Samuel Ringgold, 3º de Artillería, herido mortalmente en la batalla de Palo Alto (cerca de Brownsville, Texas). Murió el 11 de mayo de 1846.
35 Cf. Diario de Juliana Paisley Gilmer MS, Greensboro, Carolina del Norte, anotaciones de 5 de enero y 10 de 1847, Duke. Ver también el diario de William D. Valentine MS, anotación del 30 diciembre de 1846. Colección Histórica, Carolina del Norte. Valentine escribe: “El día de ayer la milicia del Condado de Hertford (Carolina del Norte) se presentó en el salón de la justicia para reclutar voluntarios. Todo el día sonaron los tambores y las flautas, y pronunciaron algunos discursos llenos de patriotismo a nuestros hombres para arengarlos, invitarlos y estimularlos a que se enlistaran para la lucha. Ocho hombres, sólo ocho, se apuntaron. Recibieron el agradecimiento del condado y del Estado… Ellos merecen más de lo que quizá recibirán.”
36 (Cartel de reclutamiento) “¡VOLUNTARIOS!…”, Feb.. 1, 1847. Fondo Caleb Cushing, División de Manuscritos, Biblioteca del Congreso, Washington, D.C. De aquí en adelante lo nombraremos como DLC.
37 “Rudos y listos”, Cambridge, Mass., Chronicle, 10 de junio de 1847.
38 Capitán Edmund L. Dana, 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania.
39 Folleto, Francis L. Bowman, inspector de Brigada, 2ª Brigada, 8ª División, Milicia de Pennsylvania, Wilkes-Barre, Pa., “¡VOLUNTARIOS!….” 23 de Noviembre de 1846, en Biblioteca de la Universidad de Yale, Biblioteca Beinecke de manuscritos y libros raros. Francis L. Bowman, el autor de este folleto, fue mayor en el 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania durante la guerra mexicana.
40 Thomas Paine: Revolucionario liberal (Thetford, Norfolk, Inglaterra, 1737 – Nueva York, 1809). De religión cuáquera, tuvo una juventud aventurera y polifacética trabajando como marino, industrial y recaudador de impuestos. Ya desde esa época adquirió una intensa preocupación social por los pobres y los marginados, que lo llevó a defender ideales igualitarios y democráticos, que le situarían entre los radicales en el proceso de revoluciones liberales que le tocó vivir. En 1774, por sugerencia de Benjamin Franklin, emigró a la colonia cuáquera fundada por William Penn en Norteamérica (Pennsylvania). Allí publicó Sentido común (1776), un influyente panfleto en el que propugnaba la independencia de las Trece Colonias británicas de Norteamérica y su unificación política; aquella obra tuvo gran difusión entre los colonos, considerándose a Paine uno de los principales ideólogos y publicistas de la revolución que condujo a la guerra con Gran Bretaña, a la independencia y a la formación de los Estados Unidos de América.
41 El tema fue debatido en el Congreso, si los voluntarios llamados en la convocatoria del 13 de mayo de 1846 “por doce meses, o durante la guerra”, podían ser retenidos en el servicio por más de un año, hasta por diez o veinte años si fuese necesario, o si la limitante de “doce meses” fuese un imperativo, y el “durante la guerra” se aplicase sólo en el caso que la guerra durase menos de un año. Cf. “El comandante general”, en Nile´s National Register, vol. 7, 1 de diciembre de 26, 1846, p. 262.
42 Folleto W.P. Richards, Science Grove, Carolina del Norte, “A los Voluntarios de Davidson”, 25 de noviembre de 1846, Western Americana MSS, Beinecke.
43 Las raíces nativistas de Filadelfia crecieron cuando los directores de escuela de Filadelfia permitieron a sus alumnos católicos usar la versión Douay de la Biblia y fueron eximidos de las prácticas religiosas protestantes. Para la primavera de 1844, la controversia tomo un tono electoral, y en mayo culminó en protestas masivas, peleas callejeras e incendios de vecindarios en el barrio irlandés y más violencia, que las tropas de la guardia sofocaron después de la muerte de treinta personas.
44 Morris Longstreth, Whitemarsh, a James Buchanan, 31 de mayo de 1846, Fondo James Buchanan, Sociedad Histórica de Pennsylvania, Filadelfia, De aquí en adelante este fondo será nombrado como Hist. Soc. Pa.
45 Nathan Burdit, Boston, a Caleb Cushing, 13 de febrero de 1846 (sic, 1847), Fondo Caleb Cushing, DLC.
46 Regimiento de Voluntarios de Virginia, a cargo del coronel John F. Hamtramck Jr.
47 El habeas corpus es una institución jurídica que garantiza la libertad personal del individuo, con el fin de evitar los arrestos y detenciones arbitrarias. Se basa en la obligación de presentar a todo detenido ante el juez, en el plazo de 24 horas, el cual podría ordenar la libertad inmediata del aquel si no encontrara motivo suficiente de arresto.
48 No hubo ningún capitán Smith en el Regimiento de Voluntarios de Virginia.
49 Teniente John K. Cooke, Regimiento de Voluntarios de Virginia.
50 James Miller, Regimiento de Voluntarios de Virginia a teniente coronel Thomas B. Randolph, Regimiento de Voluntarios de Virginia, China, México, 10 de mayo de 1847. Fondo Jubal A. Early, DLC.
51 Ward Benjamin Burnett, graduado en West Point, fue 2o teniente del 2o batallón de artilleros en 1 de abril de 1834; renunció en 31 de julio de 1836. Él fue coronel del Primer Regimiento de Voluntarios de Nueva York en 3 de diciembre de 1846.
52 “Cuerpo de Guardia”, El Soldado Alto, con una completa y excitante historia de los Voluntarios de Nueva York, Nueva York, no publicado, 1848, pp. 7-10, 14-16, 19-20, 22, 25. En el interior de la portada con esta anotación: “Recibido en un acto del Congreso, en el año de mil ochocientos cuarenta y ocho por Albert Lombard”.
53 John Bell (Departamento de Guerra, Washington, D.C.) a John Tyler, 29 de junio de 1841. Cartas enviadas de la Secretaría de Guerra al presidente, RG 107, Nat. Arch. La advertencia de John Bell fue recogida en una declaración hecha por el teniente William Montgomery Gardner, del 2º de Infantería, en diciembre de 1847. Gardner escribe: “Hay un gran número de oficiales súper inútiles e inconsistentes, que están en servicio, que son incapaces de soportar el rigor de una campaña regular”. Cf. Teniente William Montgomery Gardner a su hermano, 4 de diciembre de 1847. Fondo William Montgomery Gardner, So. Hist. Col, NCa.
54 Cadmus M. Wilcox, Historia de la Guerra Mexicana, Mary R. Wilcox, ed., Washington, Church News Pub. Co., 1892, pp. 115-116. Cadmus Marcellus Willcox nació en Carolina del Norte, se graduó en West Point y fue 2º teniente en el 4º batallón de Infantería el 1 de julio de 1846; y 2º teniente en el 7º batallón de infantería para el resto de la guerra con México.
55 Gideon Johnson Pillow, cuñado del presidente Polk, fue general brigadier de los Voluntarios en 1 de julio de 1846 y general Mayor en 13 de abril de 1847.
56 Teniente James Stuart, 1er teniente del batallón montado de fusileros en 1 de julio de 1846 y 2º teniente en 9 de octubre de 1847. Ganó dos medallas en la guerra con México por la batalla de Padierna y Churubusco y por la de Chapultepec.
57 Wilcox, Mexican War, pp. 113-114.
58 Grant se graduó en West Point como 2º teniente del cuarto batallón de infantería en 1 de julio de 1843; 2º teniente en el 7º de infantería en 30 de septiembre de 1845; 1er teniente en el 4º de infantería en 16 de septiembre de 1847 y adiestrador de regimiento de 1 de abril de 1847 a 23 de julio de 1848. Ganó dos medallas en la guerra contra México por las batallas de Molino del Rey y Chapultepec.
59 George Brinton McClellan se graduó como segundo en su clase en West Point y fue 2º teniente del Cuerpo de Ingenieros en 1 de julio de 1846; 2º teniente el 24 de abril de 1847. Sus dos medallas por la guerra contra México fueron por las batallas de Padierna-Churubusco y por Chapultepec.
60 Este es un reporte exagerado y erróneo de la batalla de Palo Alto (Brownsville), que tuvo lugar el 8 de mayo de 1846. Para un relato de este acontecimiento, ver capítulo II.
61 Los prejuicios nativistas contra los alemanes y otras nacionalidades eran comunes en el ejército. Por ejemplo, cuando el capitán Kendrick del 2º batallón de artillería tuvo que seleccionar a sus hombres en la primavera de 1848 “el principio de selección es elegir americanos por nacimiento y aquellos que el inglés sea su lengua materna”. De los cuarenta que escogió, había dos alemanes, aunque más de las tres cuartas partes del cuerpo de reclutas de entre los que hizo su selección eran alemanes. Cf. Teniente Coronel John Munroe, 2º artillería, Chapultepec, a capitán George Deas, A.A.G. 1er División, 2 de mayo de 1848, Cartas recibidas, Ejército de Ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch. El prejuicio racial no era sólo contra los alemanes. Un esclavo llamado “Dan” que escapó de su amo haciéndose pasar por blanco, se enlistó en Voltigeurs en Nueva Orleans, cuando fue descubierto fue “deshonorablemente degradado del servicio del Ejército de los Estados Unidos sin paga ni reconocimiento”. Esto sucedió en Veracruz. Cf. Teniente Coronel Henry Wilson, comandante en Veracruz, al general Brigadier Roger Jones, general adjunto, Washington, D.C. 4 de abril de 1848, Cartas enviadas, Cuartel de Veracruz, 20 de noviembre, 1847- 14 de julio de 1848, libro de copias. Fondo Persifor F. Smith, Hist. Soc. Pa. “A menos que sea muy recomendado” ningún “ciudadano naturalizado” se le permitirá enlistarse en la Compañía de Ingenieros. Cf. Coronel Joseph G. Totten, Washington, D.C., a capitán A. J. Swift, Cuerpo de Ingenieros, West Point, N.Y., 19 de mayo de 1848 (copia), Fondo George B. McClelan, DLC.
62 General Mariano Arista que comandaba a las Fuerzas Mexicanas contra Taylor en las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma, Texas.
63 George B. McClellan, Academia Militar de los Estados Unidos, West Point, a su hermana, mayo 3-13, 1846, Fondo George B. McClellan, DLC.
64 El secretario de Guerra Marcy escribió en su reporte anual de 1845: “La distribución de tropas… en pequeños destacamentos y el esqueleto de las compañías a lo largo de nuestra ampliamente extendida frontera, nos exige la adquisición de mayor conocimiento práctico para tener un alto grado de disciplina y eficiencia. Con esta oportunidad (p. ej. la posibilidad de concentrar en Corpus Christi), regimientos y batallones por mucho tiempo dispersos, reuniéndolos bajo la misma cadena de mando e instrucción en todas las tareas de campo y servicio”.
65 Teniente John P. Hatch, campamento cerca de Corpus Christi, Texas, a su hermana, 14 de octubre de 1845. Fondo John Porter Hatch, DLC.
66 Id. a id., 28 de octubre de 1845, ibíd., John Porter Hatch fue 2º teniente en el 3er Batallón de Infantería el 1 de julio de 1845; fue transferido al Montado de fusileros el 17 de julio de 1846, y fue 2º teniente el 18 de abril de 1847; de 1 de noviembre de 1847 a el 1 de mayo de 1850 fue adjunto del regimiento. Durante la Guerra Civil fue ascendido como general brigadier y luego general mayor de Voluntarios. Ganó una medalla de honor por bravura en la Batalla de South Mountain en 1862.
67 Ethan Allen Hitchcock nació en Vergennes, Vermont en 1798; su padre era un distinguido abogado, y su madre era hija de Ethan Allen. Se graduó en West Point, y en 1842 fue teniente coronel del 3er batallón de Infantería. Durante la Guerra con México, fue ascendido a Coronel por su participación en la batalla de Padierna-Churubusco y elevado a general brigadier por su participación en la batalla de Molino del Rey.
68 Teniente coronel Ethan Allen Hitchcock, barco, Massachusetts a Isla de Lobos, al Rev. Theodore Parker, West Roxbury, Mass., 27 de febrero de 1847, Fondo Ethan Allen Hitchcock.
69 Coronel William B. Campbell, campamento cerca de Jalapa, a David Campbell, 25 de abril de 1847, Fondo David Campbell, Duke.
70 Samuel Henry Starr, Veracruz, a la Sra. Eliza Starr, Nueva York, 5 de abril de 1847, Fondo Samuel Henry Starr, Colección Bixby, Sociedad Histórica de Missouri, San Luis Mo.
71 Plazos de servicio más cortos, más flexibilidad en la disciplina, permitir servir en la misma compañía a vecinos, familiares y amigos, fueron los incentivos para incrementar el número de reclutas.
72 Las actas del Congreso al inicio de la guerra autorizaban un ejército regular de 17,812 efectivos, pero en noviembre de 1846 solamente 10,690 se encontraban en servicio: dos regimientos de dragones, uno de fusileros montado, cuatro de artillería (aunque la mayor parte de la artillería estaba peleando como infantería), ocho de infantería, y una Compañía A de Ingenieros. Las tropas de apoyo eran las siguientes: Departamento de Ordenanzas, Cuerpo de Ingenieros, Cuerpo de Ingenieros Topógrafos, Departamento Médico, Departamento de Paga, Departamento del Comisario, Departamento de Asistencia a generales, Departamento de Mando y Departamento de Compras. Para noviembre de 1847 los efectivos del ejército regular eran de 21,686, pero los oficiales en México consideraban esas cantidades como excesivas respecto a la efectividad de las tropas en servicio. En noviembre de 1848 el ejército se redujo de nuevo a 10,035 hombres. De los 6,562 efectivos a principios de la guerra (mayo de 1846), 35,000 soldados y 1,016 oficiales se sumaron por reclutamiento (5 de julio de 1848); esto hizo un total de 42,587 que sirvieron en el ejército regular durante la guerra. De estos; sin embargo, 30,954 participaron en la guerra. El número de soldados norteamericanos que intervinieron, incluyendo Regulares Voluntarios y Marinos fue de 113,230.
73 Cf. William M. Tredway, Washington, D.C., a Jubal Anderson Early, 9 de diciembre de 1846, Fondo Jubal Anderson Early, DLC. Tredway escribe: “No creo que haya algún incremento del ejército regular. Los voluntarios lo han hecho tan bien que creo que el Congreso preferirá apoyarse en ellos que aumentar nuestras fuerzas armadas… Hay serias objeciones para sumar el número de efectivos en el ejército regular porque sería muy difícil reducirlo en tiempos de paz.”
74 David Campbell, Montcalm, Virginia a coronel William B. Campbell, 6 de febrero de 1847, Fondo David Campbell, Duke.
75 Los diez regimientos fueron: 3er Regimiento de Dragones, coronel E. G. W. Butler; 9º Regimiento de Infantería, coroneles T. B. Ransom, J.M. Withers y H.L. Webb; 10º Regimiento de Infantería, coronel R.E. Temple; 11º Regimiento de Infantería, coroneles M.C. Meigs, E. D. Keyes y W.S. Ketchum; 12º Regimiento de Infantería, coroneles L.D. Wilson y M.L. Bonham; 13º Regimiento de Infantería, coroneles R.M. Echols y J.J. Fay; 14º Regimiento de Infantería, coronel William Trousdale; 15º Regimiento de Infantería, coronel G.W. Morgan; 16º Regimiento de Infantería, coroneles Franklin Pierce, J. W. Tibbatts; Regimiento de Voltigeurs (infantería ligera) y Fusileros, coronel T. P. Andrews. El número agregado de reclutas en los nuevos regimientos fue de 10,562; 5,200 de estos reclutas fueron organizados en el camino a México en 60 días a partir de su acuartelamiento. Un acta complementaria del 3 de marzo de 1847 autorizó la organización de los diez regimientos en “Brigadas y Divisiones, con porciones del ejército regular, y de las fuerzas de voluntarios, si así se veía, y el nombramiento de (y no excediendo) dos generales mayores, tres generales brigadier y otros oficiales.”
76 Un acta del 19 de julio de 1848 señala “que todos los oficiales del antiguo ejército, adscritos a cualquiera de los Regimientos adicionales, debe ser restituido a su Regimiento o Corporación como oficiales adicionales, reconociéndoles los grados que hayan adquirido y llenando las vacantes disponibles.”
77 Cf. Nelson McClanahan, Nueva Orleans, a John McClanahan, Jackson, Tenn., junio 19-21, 1847, Fondo McClanahan-Taylor, So. Hist. Col., NCa.
78 Ibíd.
79 Coronel William S. Harney, comandante de Brigada, Cuartel General de la Brigada de Caballería, a capitán H. L. Scott, A.A.A. general, Cuartel General del Ejército, 23 de octubre de 1847, Cartas recibidas, ejército de Ocupación, AGO, RG 94, Nat. Arch.
80 Raphael Semmes, The Campaign of general Scott in Valley of Mexico, Cincinnati, Moore & Anderson, 1852, pp. 202-203.
81 Kenly posteriormente fue mayor del Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia.
82 El 18 de agosto de 1846, el general Taylor, a través de una orden emitida en Camargo, dividió su fuerza regular en dos divisiones. La segunda división bajo el Mando del general brigadier William J. Worth, formada por los Regimientos 5º, 7º y 8º de Infantería, el Batallón de Artillería del coronel Thomas Child, la Infantería ligera del coronel F. Smith y las baterías de cañones de Duncan y Mackall; también bajo el mando del general Worth estaba la Compañía de Blanchard y los Voluntarios de Luisiana y la fuerza Montada de los Rangers de Texas de McCulloch. Los efectivos de esta división eran alrededor de 1,800 hombres.
83 El general adjunto Roger Jones, en su informe de 30 de noviembre de 1847, escribe: “Mientras probablemente no más de diez compañías de las cuatro regimientos de artillería regular están sirviendo con el armamento apropiado –las otras treinta y ocho armadas y equipadas como infantería- hay dos baterías con el ejército principal en México con hombres (y algunos oficiales), y una formada por una compañía del Regimiento de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia.” Cf. Documentos Ejecutivos del Senado, No. 1, 30 Cong., 1 sesión, p. 80.
84 John R. Kenly, Memoirs of a Maryland Volunteer. War with Mexico, Philadelphia, J.B. Lippincott & Co., 1873, p. 98.
85 General mayor Winfield Scott “The Brassos”, a William L. Marcy, 16 de enero de 1847, Documentos William L. Marcy, DLC, coronel Joseph G. Totten, jefe de ingenieros, tenía opiniones parecidas a las de Scott. Cf. Totten, Washington D.C., al capitán J.F. K. Mansfiel, Ejército en México, Cuerpo de Ingenieros, 7 de julio de 1846, Copiador Totten, Oficina del Jefe de Ingenieros, RG 77, Nat. Arch. Totten escribe: “en el futuro habrá una mayor proporción del ejército tan ignorante y sin experiencia como hombres pueda haber; y la falta de conocimientos militares no estará restringida al rango y grado pues será por igual en los oficiales y en una gran parte de las fuerzas armadas, incluyendo hasta generales; por esto continuemos en la búsqueda recíproca confiada de que no debemos dejar de exigir –el coraje, aunque exaltado y totalmente genuino, así como muy común entre nuestros compatriotas, nos lo recompensará-“
86 El número de voluntarios total involucrado en la guerra con México (incluyendo tropas de milicianos) fue de 73,260 -3,131 oficiales y 70,129 hombres enlistados-. Cf. Francis B. Heitman, Historical Register and Dictionary of the US Army, Washington, Government Prtg. Office, 1903, vol. I, p. 282; Thomas H.S. Hamersly, Complete Regular Army Register of the United States for one hundred years (1779-1879), Washington, D.C., T.H.S. Hamersly, 1889, p. 204 (segunda paginación). Las cifras de Hamersly difieren ligeramente de las de Heitman. De acuerdo con Hamersly, la participación de voluntarios por estados fue como sigue: Alabama, 3,026; Arkansas, 1,323; Florida, 370; Georgia 2,132; Illinois, 6,123; Indiana, 4,585; Iowa, 253; Kentucky, 4,842; Luisiana, 7,947; Maryland y el Distrito de Columbia, 1,355; Massachusetts, 1,057; Michigan, 1,103; Mississippi, 2,423; Missouri, 7,016; Nueva Jersey, 425; Nueva York, 2,396; Carolina del Norte, 935; Ohio, 5,536; Pennsylvania, 2,503; Carolina del Sur, 1,077; Tennessee, 5,865; Texas, 8,018; Virginia, 1,320; Wisconsin, 146.
87 Comentando el acta del 13 de mayo de 1846, el secretario de Guerra Marcy escribe: “La ley… establece que los voluntarios adquieran su propia ropa… la manera en que están uniformados no necesita cambiarse; como están, ni contemplar el uniformarlos, están en libertad de adoptar lo que ellos consideren apropiado; pero es recomendable que aquellos que sean convocados al servicio adquieran su vestimenta lo más cercana a lo que las circunstancias lo permitan, de acuerdo a la naturaleza del servicio que van a prestar y a las características del país y el clima donde van a servir…” (William L. Marcy a William F. Giles, Casa de Representantes, Washington, D.C., 19 de mayo de 1846, citado en Nile´s National Register, vol. 70, 23 de mayo de 1846, p. 181). En lugar de uniformes los voluntarios de algunos Estados recibían dinero para comprar ropa y equipo que necesitaran. La cantidad era de $42 por soldado en los regimientos de Illinois, esto provocó que el editor del Nile´s comentara que si el voluntario recibía la cantidad total destinada para ropa para un período de doce meses de servicio, “las arpías que siempre rondan por el campamento tras la raya de los soldados” se llevarían la mayoría del dinero, y los pobres voluntarios estarían descalzos y desnudos antes de que llegaran a la Ciudad de México (Cf. “Pay for Clothing”, Ibíd., julio11, 1847, p. 294). Aunque a los almacenes de ropa para los soldados regulares en México se les había ordenado por indicación del general Taylor no surtir de ropa, excepto uniformes oficiales, los oficiales del nuevo Regimiento de Voluntarios de Massachusetts solicitaron que les autorizaran la compra de uniformes oficiales (pagando cada quien el suyo): abrigo gris sencillo, cuello blanco, mangas blancas con dos pulgadas de ancho, y bufandas blancas. Ellos también pidieron que les surtieran espadas y cuchillos de los que usaban el ejército regular. (Cf. Caleb Cushing, Boston, al Gobernador George N. Briggs, Boston, 5 de febrero de 1847, Fondo Caleb Cushing, DLC).
88 Batallón de Voluntarios de Maryland y del Distrito de Columbia, bajo el mando del teniente coronel William H. Watson (muerto en Monterrey), eran seis compañías; cuatro reclutadas en Maryland y dos en el Distrito de Columbia.
89 “Del Regimiento Palmetto”, carta firmada como “Dan”, fechada en la Isla de San Antonio de Lizardo (Antón Lizardo, Ver), México, 9 de marzo de 1847, Charleston Mercury, 1 de abril de 1847
90 El nombre del Regimiento de Voluntarios de Caballería de Kentucky (coronel Humphrey Marshall) fue tomado del título de una canción popular llamada “Los Cazadores de Kentucky”, que alaba a los fusileros de Kentucky que estaban con Jackson contra los británicos en la batalla de Nueva Orleáns. Era simbólico para la confianza de los americanos tradicionales poner en las cualidades de lucha de los soldados-ciudadanos –especialmente los buenos tiradores de las fronteras-. Es por tanto irónico que en la guerra con México se cuestionara, más que en cualquier otro conflicto, las cualidades de los voluntarios civiles en el ejército. Los ciudadanos, desde los revolucionarios “hombres al minuto o minute man” a los voluntarios gringos en la Guerra Mexicana, no han sido reivindicados por el folclor americano, pero las campañas de Taylor y Scott, al menos en algún grado deben su triunfo a su actuación. En los “Cazadores de Kentucky” como símbolo de la época de Jackson. (Cf. John William Ward, Andrew Jackson, symbol for an age, New York, Oxford University Press, 1962, pp. 13-29).
91 “Volunteer Army”, en Nile´s National Register, vol. 70 (22 de agosto de 1846), p. 386.
92 Soldado Alexander Doniphan, Compañía C, Voluntarios Montados de Missouri, fue elegido coronel de ese regimiento en 18 de junio de 1846. Para un relato más amplio de la actuación de Doniphan en la guerra, ver capítulo III.
93 Nelson McClanahan, Nueva Orleáns, a John McClanahan, Jackson, Tenn., junio 19-21, 1847, Fondo McClanahan-Taylor, So. Hist. Col., NCa.
94 Brigadier general John Ellis Wool fue capitán en el 13º de Infantería, 14 de abril de 1812; ascendido a coronel después de la batalla de Plattsburg (11 de septiembre de 1814); inspector general de 1816 a 1841; teniente coronel del 6º de Infantería, 20 de mayo de 1820, y general brigadier, 25 de junio de 1841. Fue ascendido a general mayor por la batalla de Buena Vista (La Angostura) en la guerra con México, y en la Guerra Civil fue general mayor por el ejército de la Unión (norte), 16 de mayo de 1862. Se retiró el 1 de agosto de 1863.
95 Coronel George Croghan, fue inspector general desde 1825.
96 Coronel Archibald Yell, Regimiento Montado de Voluntarios de Arkansas. Fue muerto en la batalla de Buena Vista (Angostura).
97 Teniente coronel George Talcott, Jr., fue teniente coronel, Ordenanza, el 30 de mayo de 1832, coronel y Jefe de Ordenanzas, 25 de marzo de 1848, y ascendido a Brigadier general por sus servicios durante la Guerra con México. Sin embargo, fue degradado del ejército el 10 de julio de 1851.
98 General brigadier John E. Wool, Cincinnati, a William L. Marcy, Washington, D.C. 7 de junio de 1846, Fondo William L. Marcy, DLC.
99 Samuel R. Curtis, asistente a la Oficina del general, Columbus, Ohio, a su esposa Belinda Curtis, Wooster, Ohio, 21 de mayo de 1846. Fondo Samuel R. Curtis, Beinecke. Samuel Ryan Curtis se graduó en West Point y fue comisionado en 31 de julio de 1831 como 2º teniente al 7º de Infantería. Después de un trabajo en la frontera en el Fuerte Gibson, en territorio indio, renunció en 30 de junio de 1832. En su vida civil fue ingeniero civil y abogado; oficinista en las milicias de Ohio (coronel, 1843-1845) y, de 20 de mayo a 24 de junio de 1846, Asistente general de Ohio “con el propósito especial de convocar y organizar la cuota del estado de voluntarios para la guerra con México”. Entonces fue nombrado coronel del 2º Regimiento de Voluntarios de Ohio. Después de que el regimiento fue formado en junio de 1847, se desempeñó en el equipo del Brigadier general Wool como asistente adjunto general y gobernador civil y militar de Camargo, México.
100 Alexander Konze herido mortalmente en la batalla de Buena Vista (Angostura). Tan inspiradora fue su personalidad que después de su muerte un compañero suyo soldado, Herman Upmann, escribió desde su cama de hospital en Saltillo que “mientras esperábamos en el campo la noche del veintitrés de febrero el contra ataque de Santa Ana, el pensamiento más consolador para varios de los compañeros de Konze era que la muerte al día siguiente nos haría compañeros de Melquiades, de Sócrates y de Konze”. El teniente Nathaniel Niles, del 2º de Voluntarios de Illinois, escribió un elogio que apareció en el Boston Evening Post: “en la misma parte del campo de batalla en Buena Vista (la Angostura)… otro compañero, herido por una lanza, cuyo nombre es digno de colocarlo entre los más honrosos: Soldado Alexander Konze, de la Compañía H, 2º regimiento de Illinois… su conducta en el campo fue de lo más solidaria, amable, calmada, razonada, y era pronto para obedecer las órdenes. Su valor era contagioso, aún en el momento de su muerte, cuando rehusó rendirse. No tiene familiares excepto un hermano en América del sur. No dejó parientes en este continente. Su madre viuda vive en Bueckeburg, en Hanover, cerca de su ciudad natal Hamburgo. El recibió una espléndida educación en las Universidades de Jena y Goettingen. Había estado apenas un año en los Estados Unidos cuando se unió a nuestro regimiento en Alton…Tenía veintisiete años de edad y probablemente era el hombre más instruido del ejército. Sus conocimientos en filología eran amplios y profundos. Para él era tan familiar el latín que al examinar un día una gramática española era capaz de leer este idioma con facilidad. Muchas horas agradables pasamos juntos explorando las planicies y montañas de México, mientras él llenaba su mochila con nuevas especies de plantas para enviarlas a Alemania y con sus conocimientos de botánica a menudo lo veíamos clasificarlos por género y especie. Un corazón tan bueno y valiente jamás pisó un campo de batalla… Este hombre murió por un país del cual no era ciudadano; podemos decir que ¿El republicano hijo de Alemania, no era un verdadero americano?”
101 Cuarto Regimiento de Voluntarios de Illinois, comandado por el coronel Eduard D. Baker.
102 James Semple (1798-1866) fue senador por Illinois (1843-1847), pero no fue candidato para su reelección en 1846; después del 3 de marzo de 1847 regresó a Alton, donde se unió al negocio de bienes raíces. Un Demócrata en la política, parecía que se le iba a dar como a otros de sus compañeros una comisión como coronel. No fue así, sin embargo comandó un regimiento de Illinois y participó en la guerra con México.
103 Mayor James L.D. Morrison, después promovido a teniente coronel del 2º Regimiento de Voluntarios de Illinois.
104 Alexander Klonze, Alton, Illinois, al Editor, Milwaukee Wisconsin Banner, 2 de julio de 1846, citado en el Milwaukee Wisconsin Banner, 18 de julio de 1846 (copia tipografiada),Fondo Alexander Konze, Sociedad Histórica del Estado de Wisconsin, Madison, Wisconsin. De aquí en adelante este fondo nos referiremos como Wis. Hist. Soc.
105 Kenly, Maryland Volunteer, p. 77.
106 James Crabb a Henry H. Keeling, 14 de julio de 1846, Western Americana MSS, Beinecke.
107 Coronel Humphrey Marshall.
108 Probablemente Pierce M. Butler, después coronel del Regimiento de Voluntarios de Carolina del Sur (“Regimiento Palmetto”).
109 Coronel William R. McKee, 2o Regimiento de Voluntarios de Kentucky. Murió en la batalla de Buenavista (La Angostura).
110 “Volunteers”, Nile´s National Register, vol. 70, 25 de julio de 1846, pp. 325-326.
111 El señalamiento de la administración del presidente Polk de los miembros del Congreso al comando de los regimientos de voluntarios fue debido a las críticas de Joel R. Poinsett, que era Secretario de Guerra: “Si las medidas de la administración Demócrata van a servirnos como precedente, el poder y el patrocinio del Ejecutivo va a ser excesivo”. Joel R. Poinsett, al gobernador Kemble, Cold Springs, Nueva York, 27 de julio de 1846, Fondo Gilpin-Poinsett, Hist. Soc. Pa.
112 “Illinois Volunteers”, en St. Louis Missouri Republican, 7 de Julio de 1846.
113 Isaac Smith, Reminiscences of a Campaign in Mexico, Indianapolis, Chapman & Spann, 1848, p. 6.
114 Aparentemente este fue un arreglo extraordinario, pero numerosas compañías independientes de varios Estados sirvieron durante la guerra con México.
115 Kenneth McKenzie, Condado de Covington, Mississippi, a Duncan McLaurin, Richmond County, Carolina del Norte (fragmento), Fondo Duncan McLaurin, Duke.
116 Daniel C. McKenzie, a Duncan McLaurin, mayo (fecha deducida), 1847, Ibíd.
117 Teniente Thomas Williams, Cuartel general del Ejército, barco Massachusetts fuera de Isla de Lobos, a John R. Williams, Detroit, 28 de febrero de 1847, Fondo John R. Williams, Burton. El teniente Thomas Williams, 4º Artilleros, fue asistente de campo del general Scott; ascendido a capitán en la batalla de Contreras y Churubusco, y a Mayor por Chapultepec.
118 Ranger es un término militar de origen anglosajón que define a un soldado especializado en la vigilancia, cuidado y labor policial de un territorio específico. Originalmente se especializaban en el seguimiento y captura de individuos o grupos que de por sí no constituyen ejércitos regulares, pero que tienen cierta estructura militar, y que generalmente actúan en territorios lejanos frecuentemente aislados. Por estas características, suelen ser individuos aventureros, voluntarios y nativos de la propia zona, que originalmente se dedicaban a labores de cacería y exploración, En la guerra con Texas fueron fuertemente combatidos y eran odiados por los mexicanos, pues, aunque no está aún bien documentado, eran unos genocidas limpiando el sur de los Estados Unidos de mexicanos e indígenas. Tan solo entre 1910 y 1920 se cree que entre 300 y 5 mil estadunidenses de origen mexicano fueron asesinados por los Rangers de Texas.
119 Coronel John C. Hays, 1er Regimiento Voluntario de Fusileros Montado de Texas.
120 Coronel George T. Wood, 2º Regimiento de Fusileros Montado de Texas.
121 Gobernador James P. Henderson fue general mayor de los Voluntarios de Texas.
122 Luther Giddings, Sketches of the Campaign in Northern Mexico, Nueva York, Publicado por el autor por George P. Putnam & Co, 1853, pp. 96-97, Giddings fue Mayor del 1er Regimiento de Voluntarios de Ohio.
123 Brantz Mayer, History of the War between Mexico and the United States, Nueva York, Wiley & Putman, 1848, pp. 158-160.
124 Dr. S. Compton Smith fue un “cirujano activo”, es decir un cirujano contratado por el ejército de Taylor.
125 John Falstaff es un personaje de ficción creado por William Shakespeare. Su carácter es festivo, cobardón, vanidoso y pendenciero. La cita es de Enrique IV acto I.
126 La Compañía Montada del capitán Mabery B. Gray.
127 S. Compton, Chile con Carne; o The Camp and The Field, Nueva York, Miller & Curtis, 1857, pp. 292-295.
128 T. M. Cook a William H. Leevis, 12 de octubre de 1847, Western Americana MSS, Beinecke.
129 Ephraim Kirby Smith, To Mexico with Scott, Letters of Captain E. Kirby Smith to his wife, Emma Jerome Blackwood ed., Cambridge, Harvard University Press, 1917. Esta carta está fechada en Corpus Christi, Texas, 18 de septiembre de 1845.
130 El 2º Regimiento de Voluntarios de Ohio fue fusionado con el 5º, pero Lowe y otros oficiales aún continuaron identificándose como el 2º de Ohio. El teniente coronel William Irving del 2º Regimiento pasó a ser coronel del 5º Regimiento.
131 Teniente William Howard fue 2º teniente en el 5º de Voluntarios de Ohio.
132 Capitán John W. Lowe, vapor Trenton en el Río Mississippi, a la Sra. Manorah F. Lowe, Ciudad de Nueva York, 26 de septiembre de 1847, Fondo John W. Lowe; Biblioteca pública del Condado de Dayton y Montgomery, Dayton, Ohio. De aquí en adelante el fondo será referido como Dayton.
133 Sir Edward Pakenham, comandante de las tropas británicas cerca de Nueva Orleans, murió en 8 de enero de 1815, mientras intentaba conquistar la posición del general Jackson.
134 General Brigadier John E. Wool con sus tropas del valle superior del Mississippi estaba en camino a la costa de Texas; de ahí debería marchar tierra adentro a San Antonio de Béjar.
135 Puerto La Vaca, Texas, en la Bahía de Lavaca, junto a la Bahía de Matagorda, como a veinticinco millas al sureste de Victoria. Alexander Konze, Campo Crockett cerca de San Antonio de Béjar, al editor del Milwaukee Wisconsin Banner, 10 de septiembre de 1846, citado en Milwaukee Wisconsin Banner, 2 de noviembre de 1846 (copia tipografiada), Wis. Hist. Soc.
136 El diario de John Kreitzer, conservado en la Biblioteca de la Sociedad Histórica de Pennsylvania, fue transcrito a mano de su original primitivo; la sociedad adquirió este diario en 1920, pero no ha podido darnos más información de su procedencia. Cualquiera que consulta el diario de Kreitzer inmediatamente se da cuenta del cercano paralelismo con el diario impreso de J. Jacob Oswandel (Notes of the Mexican War, 1846-47-48, Filadelfia, inédito, 1885). El soldado Kreitzer, un impresor por tradición y el sargento Oswandel estaban ambos en la Compañía C del 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania. Oswandel menciona a Kreitzer (pronunciando su nombre como Kritser) en su diario. En su anotación del 29 de diciembre de 1847, Oswandel dice: “Uno de nuestros miembros, llamado John Kritser, un impresor, trabaja en el (The American Star, un periódico del ejército durante la ocupación de México)”. Al comparar los diarios de estos soldados, las similitudes son tan grandes que es difícil no concluir que uno utilizó el diario del otro. El diario de Oswandel, sin embargo, es más sofisticado, más pulido que el de Kreitzer; El de Oswandel es más extenso y en sus notas incluye cartas, etc. El de Kreitzer se ve más simple, y menos especulativo. En una anotación del 24 de diciembre de 1846, Kreitzer discute sobre una “poney purse”; Oswandel al relatar el mismo suceso parece no comprender el término. Lo más probable es que Oswandel haya usado y embellecido el diario de Kreitzer.
137 Es un error, una confusión en el nombre del poblado. Greensburg está en el Condado de Westmoreland, al este o sureste de Pittsburg. El pueblo por el que pasó probablemente era Dauphin.
138 Capitán Turner G. Morehead.
139 Capitán William F. Small.
140 Coronel Francis M. Wynkoop, 1er Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania, reclutado como soldado (28 años) en la Compañía B del 1º de Voluntarios de Pennsylvania en 1 de diciembre de 1846 en Pottsville; fue elegido coronel del regimiento en 18 de diciembre de 1846.
141 El capitán James Nagle comandó la Compañía B.
142 Diario de John Kreitzer MS, 1846-1848, anotaciones del 9-23 de diciembre, 1846, Hist. Soc. Pa.
143 Dr. Charles Luzenberg, un médico austriaco de Verona, Italia, abrió este hospital donde los soldados eran atendidos; no tenía nombramiento oficial, involucrado en la guerra por situaciones políticas. Otros médicos en Nueva Orleans, especialmente el Dr. E.D. Fenner, asistieron a los médicos del ejército. Los editores están en deuda con la Sra. Virginia Gray, Asistente Curadora del MSS, Biblioteca de la Universidad de Duke, por la información de las condiciones médicas en Nueva Orleans durante la Guerra con México. Estamos agradecidos por el permiso para leer sus excelentes fuentes sobre el tema.
144 Thomas N. Love, “Notas sobre las enfermedades que hubo en el 2º Regimiento de Fusileros del Mississippi en los primeros seis meses de su servicio” en The New Orleans Medical and Surgical Journal, vol. 5 de julio de 1848, pp. 3-6.
145 Este era un periódico de ocupación publicado después de la toma de la ciudad. Para más periódicos de soldados ver el Capítulo VI.
146 “Injustice to Volunteers” en Matamoros American Flag, 17 de enero de 1847.
147 Capitán Charles R. Crowninshield, Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.
148 Teniente coronel Edward W. Abbott.
149 Coronel Caleb Cushing.
150 Teniente William Watts Hart Davis, a su madre Sra. Amy H. Davis, “Davisville” Doylestown, Pennsylvania, 13 de febrero de 1847, Fondo W.W.H. Davis, Beinecke.
151 Teniente John C. Cremony, 2º teniente del Regimiento de Voluntarios de Massachusetts.
152 Teniente William Watts Hart Davis, barco Remittance en alta mar, a su madre (Sra. Amy H. Davis), 6 de marzo de 1847, Fondo W.W.H. Davis, Beinecke.
Deja un comentario